La ampliación de la central hidroeléctrica de Aguayo, un paso más cerca
Europa aportará 180 millones de euros para la ampliación de la central hidroeléctrica de bombeo que Repsol tiene en Cantabria, en lo que supone un importante respaldo a un proyecto presentado hace 15 años y cuya definitiva puesta en marcha sigue pendiente de autorizaciones administrativas.
José Ramón Esquiaga | Marzo 2026
Aunque esta sería una consideración a la que pueden optar muchos candidatos, la ampliación de la central de San Miguel de Aguayo es probablemente el proyecto más antiguo entre los que optaron en su día a convertirse en la mayor inversión privada acometida en Cantabria. Lo sería, al menos, si tenemos en cuenta solo aquellos nunca del todo descartados, una posibilidad esta última que llegó a ponerse sobre la mesa en varios momentos pero que hoy parece desdibujarse, después de que la Comisión Europea aprobara aportar 180 millones de euros para sacar adelante esta iniciativa, a la que respalda con cargo al programa que financia proyectos de infraestructura energética transfronteriza que contribuyan a la seguridad de suministro, a la integración de renovables y, en último término, a la competitividad europea. En esa enumeración se resumen las virtudes de una ampliación que E.On, la por entonces propietaria de la infraestructura, presentó en marzo de 2011 y que, pese a todos esos argumentos favorables, ha permanecido desde entonces en el listado de asuntos pendientes, enredada en una madeja burocrática y legal que implica a todas las administraciones, y con una rentabilidad cuestionada en varios momentos por los cambios del escenario económico y energético que se han dado en ese tiempo.
De todo eso, de cuestiones administrativas, regulación del mercado y rentabilidad, sigue dependiendo la definitiva puesta en marcha de un proyecto que con el respaldo europeo despeja alguna de las incógnitas que lo cuestionan, pero no todas. La central hidroeléctrica de San Miguel de Aguayo es la que aporta más potencia entre todas las que generan electricidad –por unos medios u otros– en Cantabria, y se situará en las posiciones de cabeza de España y Europa si sale adelante la ampliación. En todo caso, y al tratarse de una central hidroeléctrica de bombeo, la generación eléctrica a la que da lugar esa potencia no se produce en términos netos: la central almacena agua a dos niveles, consumiendo electricidad para subirla desde el inferior al superior, y produciéndola en una cantidad equivalente dejándola caer de nuevo. En la repetición constante de ese ciclo se resume tanto el funcionamiento de una instalación de este tipo como las ventajas que han dado lugar al apoyo europeo a la ampliación pero también, y en último término, las cuestiones de las que todavía depende la luz verde al proyecto.
Ese subir y bajar entre los dos embalses funciona como un método indirecto de acumulación de energía, consumiéndola en periodos en los que la demanda es muy baja pero no es posible, o conveniente, detener la generación por otras fuentes –como las renovables y, singularmente, la eólica– y ‘almacenándola’ en forma de agua para producir electricidad cuando es necesario. Ese respaldo a las renovables, y en general a todo el sistema energético, alinea la central de San Miguel de Aguayo con los objetivos que persigue la Comisión Europea, y explica la concesión de la ayuda para la ampliación.

Plano de la situación de la central hidroeléctrica de Aguayo. Fuente: Repsol.
En términos de explotación, la rentabilidad de una central como la de Aguayo depende de la diferencia entre el precio pagado por la energía consumida para bombear al agua al depósito superior, y al que se facture la electricidad generada al dejarla caer. Aunque la aportación de las renovables al sistema hace que en muchos momentos el precio de la energía se sitúe incluso por debajo de cero, para rentabilizar una inversión como la que aquí plantea, Repsol espera que el nuevo marco regulatorio pendiente de la aprobación por parte del Ministerio de Transición Ecológica establezca una remuneración adecuada al mayor respaldo y fiabilidad que Aguayo II dará al sistema eléctrico español. En paralelo, y en la que es otra de las cuestiones administrativas pendientes directamente vinculadas con la continuidad del proyecto, Repsol debería conseguir renovar la concesión para el uso del agua para 50 años más.
El proyecto de ampliación de Aguayo prevé sumar 1.000 megavatios de potencia a los 360 con los que actualmente cuenta la central, en una actuación que cuando se presentó hace 15 años se presupuestó en 600 millones de euros y que hoy se estima en unos 900 millones. Por lo demás, el proyecto es idéntico al de entonces: los trabajos, que se calcula que durarán cinco años, se concentrarán bajo tierra, con la excavación de una caverna para la sala de generación en la que se instalarán cuatro grupos de turbinas reversibles con una potencia unitaria aproximada de 250 MW, sumando los 1.000 MW de potencia que se añaden a los actuales. Repsol, actual propietaria de la central que fue de Viesgo, luego de E.On y después otra vez de Viesgo, no prevé ningún condicionante medioambiental que pueda afectar a la actuación, toda vez que considera que esta no contempla obras en superficie.
En lo que se refiere al empleo, la principal generación de puestos de trabajo se producirá en la fase de construcción, en la que se calcula que participarán un millar de trabajadores.




