Nacida en 1990 para dar servicio a las grandes empresas industriales de la comarca, Talleres Hergulan ha completado una trayectoria marcada por la continua búsqueda de nuevos clientes y mercados, en un proceso de constante reinvención que le ha permitido sortear las sucesivas crisis que han afectado al sector de la construcción metálica y dar forma a un catálogo en el que cada vez tienen más peso los desarrollos y productos propios. Con la calderería como núcleo de la actividad, la empresa campurriana fabrica chasis para camiones de uso minero, contenedores y depósitos, ha desarrollado maquinaria para la industria agroalimentaria y participa en un proyecto para fabricar un modelo de vehículo eléctrico para transporte de pasajeros y mercancías.
José Ramón Esquiaga | Julio 2026
Profundamente arraigada en la tradición industrial de la comarca, no hay nada demasiado excepcional en el nacimiento y los primeros pasos de Talleres Hergulan, pero sí en una trayectoria que le ha permitido eludir las peores consecuencias de las sucesivas crisis a las que ha tenido que enfrentarse el sector de la construcción metálica en las últimas cuatro décadas. A partir de una estrategia en la que la diversificación en clientes y mercados ha constituido el núcleo de su cultura corporativa, la empresa ha ido ampliando su catálogo al compás de los proyectos en los que participa, pero evitando depender en exceso de clientes o sectores concretos. En ese marco, y en lo que sus responsables consideran una evolución natural, Hergulan busca ahora aumentar el peso que en su actividad tienen la innovación y el desarrollo de productos propios, en un objetivo del que se esperan resultados a medio y largo plazo, pero en el que ya se han cubierto etapas de notable relevancia.
Hergulan nació en 1990 como un pequeño taller de forja ubicado en Reinosa, que tenía a la cercana planta de Cenemesa –hoy Gamesa Electric– como principal y casi único cliente. A partir de ese origen, y tanto por el incremento de la actividad para ese cliente como por la que fue sumándose con la incorporación de otras fábricas de la comarca, la empresa alcanza un tamaño que obliga al traslado a unas nuevas instalaciones en Salces, lo que además de otorgar margen para futuras ampliaciones permitió sentar las bases para la diversificación en productos y sectores que ha caracterizado a Hergulan desde entonces, ya con la calderería como núcleo en torno al que articular la oferta.
Las ventajas de la diversificación
La crisis financiera que siguió al estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008 cierra la que puede considerarse primera etapa de la historia de la empresa, que en ese momento ve cómo cae a plomo la demanda de los depósitos y contenedores que constituían entonces buena parte de su cartera de productos, poniendo a prueba las virtudes de una flexibilidad en la oferta que ya formaba parte de su estrategia. Hergulan fabricaba en aquel momento depósitos de hasta 90.000 litros, utilizados tanto en edificación como en construcción civil para el gasóleo que da servicio a la obra. También contenedores homologados para transporte en carretera. “Aquello fue un ‘boom’, con muchas empresas que se dedicaban en exclusiva a ello y que cuando llegó la crisis sufrieron mucho, o incluso cerraron. Afortunadamente, y por la idea que habían seguido mi padre y mi tío casi desde los inicios de la empresa, nosotros no dependíamos de un único producto o un único cliente, y nos afectó menos”, explica Fernando Gutiérrez, director de Hergulan.

Fernando Gutiérrez, director de Talleres Hergulan. Foto: Nacho Cubero.
Con la calderería como corazón de la empresa, la Hergulan que salió de la crisis de 2008 tenía ya buena parte de los rasgos de lo que es hoy. El amplio catálogo de homologaciones con que contaba el taller le abrió la puerta a clientes como Putzmeister, a la que provee de los chasis de los vehículos para minería que fabrica en su planta ibérica. La empresa, que contaba ya con una línea de mecanizado que inicialmente puso en marcha solo para completar sus propios procesos, fue incorporando clientes también para esta área de negocio, siempre a partir de proyectos concretos en los que se identificó una posibilidad de desarrollo, y dentro de un proceso que ha replicado cada vez que ha incorporado nuevos productos a su oferta.
Los chasis para Putzmeister
El caso de Putzmeister es muy representativo de esta forma de trabajar de la empresa campurriana. La relación con el fabricante alemán, dedicado al desarrollo, producción y venta de maquinaria muy especializada, se inició en los primeros años de la pasada década, cuando la planta de Putzmeister en Madrid buscó proveedores con los que externalizar parte del proceso de fabricación, con idea de concentrarse únicamente en labores de montaje. “Hubo una evolución. Al principio mandaban piezas y todas las indicaciones de cómo hacer el producto. Con el tiempo, nuestra aportación ha sido mayor, y hoy les mandamos el chasis completo”, relata el director de Hergulan, que destaca los requerimientos de resistencia que tiene un componente sobre el que se montan después vehículos usados para trabajos en entornos tan complicados como en los que habitualmente se desarrolla la actividad minera. De la planta de Hergulan en Salces salen cada año en torno a una treintena de estos chasis, un producto que por sus características es imposible fabricar en grandes series.
Además de los chasis, el catálogo de Talleres Hergulan mantiene la fabricación de depósitos y contenedores industriales, a los que se suma la fabricación de tanques a presión, prototipos y piezas a medida. Todos ellos tienen en común el tratarse de productos de alto valor añadido, una condición que no solo tiene una aportación que puede medirse en términos de rentabilidad, sino que permite a la empresa aprovechar el conocimiento adquirido para estar en disposición de aprovechar nuevas oportunidades y entrar en mercados diferentes a los tradicionales.
El catálogo de Talleres Hergulan incluye la fabricación de chasis, depósitos y contenedores industriales, a los que se suman tanques a presión, prototipos y piezas a medida
En esa línea, la empresa ha puesto el foco en el desarrollo de soluciones innovadoras que den lugar a productos propios, con los que pueda llegar directamente al cliente final. Aunque es un objetivo con el que no se buscan resultados inmediatos, Hergulan ha dado ya pasos relevantes con el diseño y fabricación de lo que pueden considerarse prototipos, pero puestos ya a prueba en condiciones reales. Es el caso de una línea de maquinaria destinada a su uso por productores de frutos secos, desarrollada inicialmente para su uso con pistachos –un producto con tratamiento especialmente complejo, por la estricta gestión del tiempo en la que debe realizarse la recolección y el secado– y adaptado posteriormente a avellanas y almendras. Como en el caso de los chasis, el proyecto partió de un encargo concreto, en el que la empresa identificó potenciales mejoras que dieron lugar a la búsqueda de soluciones diferentes a las que existían en el mercado y, en último término, a la creación de un modelo propio. Hergulan, que comercializa sus máquinas con la marca Sunnutz, ha instalado ya una línea completa para un productor del sur de Francia, que completa con ella todo el proceso que va de la recolección al envasado de las avellanas que cultiva él mismo. “Ahora mismo ese sería el perfil del cliente que buscamos, aquel que tiene una pequeña instalación industrial con la que da servicio a su propia producción”, explica Fernando Gutiérrez, que destaca el potencial de una línea que puede utilizarse con un amplio abanico de productos alimentarios, y asociada a un software que permite un igualmente amplio catálogo de soluciones para cualquier planta dedicada a su procesado.
Vehículo eléctrico
Con todo, la más llamativa entre las iniciativas que combinan la innovación con el objetivo de diversificar la producción es la que dará lugar a la salida al mercado de un vehículo eléctrico de diseño, fabricación y comercialización cántabra. Hergulan participa como socia en el proyecto de Voltaris-EV SL, la empresa con sede en Reinosa que ha completado el desarrollo de un vehículo destinado a lo que se conoce como última milla, adaptable tanto al transporte de pasajeros como de pequeñas mercancías. En todos los casos, su uso sería en entornos no abiertos al tráfico y con una velocidad máxima inferior a los 20 kilómetros por hora, lo que reduce mucho la necesidad de homologaciones. Sobre Talleres Hergulan descansa el proceso industrial de un proyecto que, a falta de concretarse en términos de fabricación, cuenta ya con una cadena hotelera española muy interesada en la adquisición de cinco unidades con destino a alguno de sus ‘resorts’ en México.

Una de las carrocerías del vehículo eléctrico de Voltaris, la empresa reinosana en la que participa Hergulan.
Como en cualquier otro proyecto que implique entrar en mercados nuevos, el director de Hergulan considera prematuro valorar el alcance que puede tener esa línea de producción dentro de la actividad de su empresa, pero destaca lo que puede suponer en términos estratégicos, al tratarse de un desarrollo acometido desde cero y que permite avanzar en el objetivo de dotarse de un catálogo de productos propios. Con una treintena de trabajadores en plantilla y una facturación que se mueve en el entorno de los cuatro millones de euros, la empresa campurriana asume las dificultades de competir en un entorno y un momento que no especialmente propicios para la industria, pero en los que confía en seguir haciendo valer la flexibilidad que ha caracterizado a Talleres Hergulan desde su fundación.




























