Nacida en 1990 para dar servicio a las grandes empresas industriales de la comarca, Talleres Hergulan ha completado una trayectoria marcada por la continua búsqueda de nuevos clientes y mercados, en un proceso de constante reinvención que le ha permitido sortear las sucesivas crisis que han afectado al sector de la construcción metálica y dar forma a un catálogo en el que cada vez tienen más peso los desarrollos y productos propios. Con la calderería como núcleo de la actividad, la empresa campurriana fabrica chasis para camiones de uso minero, contenedores y depósitos, ha desarrollado maquinaria para la industria agroalimentaria y participa en un proyecto para fabricar un modelo de vehículo eléctrico para transporte de pasajeros y mercancías.

José Ramón Esquiaga | Julio 2026

Profundamente arraigada en la tradición industrial de la comarca, no hay nada demasiado excepcional en el nacimiento y los primeros pasos de Talleres Hergulan, pero sí en una trayectoria que le ha permitido eludir las peores consecuencias de las sucesivas crisis a las que ha tenido que enfrentarse el sector de la construcción metálica en las últimas cuatro décadas. A partir de una estrategia en la que la diversificación en clientes y mercados ha constituido el núcleo de su cultura corporativa, la empresa ha ido ampliando su catálogo al compás de los proyectos en los que participa, pero evitando depender en exceso de clientes o sectores concretos. En ese marco, y en lo que sus responsables consideran una evolución natural, Hergulan busca ahora aumentar el peso que en su actividad tienen la innovación y el desarrollo de productos propios, en un objetivo del que se esperan resultados a medio y largo plazo, pero en el que ya se han cubierto etapas de notable relevancia.

Hergulan nació en 1990 como un pequeño taller de forja ubicado en Reinosa, que tenía a la cercana planta de Cenemesa –hoy Gamesa Electric– como principal y casi único cliente. A partir de ese origen, y tanto por el incremento de la actividad para ese cliente como por la que fue sumándose con la incorporación de otras fábricas de la comarca, la empresa alcanza un tamaño que obliga al traslado a unas nuevas instalaciones en Salces, lo que además de otorgar margen para futuras ampliaciones permitió sentar las bases para la diversificación en productos y sectores que ha caracterizado a Hergulan desde entonces, ya con la calderería como núcleo en torno al que articular la oferta.

Las ventajas de la diversificación

La crisis financiera que siguió al estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008 cierra la que puede considerarse primera etapa de la historia de la empresa, que en ese momento ve cómo cae a plomo la demanda de los depósitos y contenedores que constituían entonces buena parte de su cartera de productos, poniendo a prueba las virtudes de una flexibilidad en la oferta que ya formaba parte de su estrategia. Hergulan fabricaba en aquel momento depósitos de hasta 90.000 litros, utilizados tanto en edificación como en construcción civil para el gasóleo que da servicio a la obra. También contenedores homologados para transporte en carretera. “Aquello fue un ‘boom’, con muchas empresas que se dedicaban en exclusiva a ello y que cuando llegó la crisis sufrieron mucho, o incluso cerraron. Afortunadamente, y por la idea que habían seguido mi padre y mi tío casi desde los inicios de la empresa, nosotros no dependíamos de un único producto o un único cliente, y nos afectó menos”, explica Fernando Gutiérrez, director de Hergulan.

Fernando Gutiérrez, director de Talleres Hergulan. Foto: Nacho Cubero.

Con la calderería como corazón de la empresa, la Hergulan que salió de la crisis de 2008 tenía ya buena parte de los rasgos de lo que es hoy. El amplio catálogo de homologaciones con que contaba el taller le abrió la puerta a clientes como Putzmeister, a la que provee de los chasis de los vehículos para minería que fabrica en su planta ibérica. La empresa, que contaba ya con una línea de mecanizado que inicialmente puso en marcha solo para completar sus propios procesos, fue incorporando clientes también para esta área de negocio, siempre a partir de proyectos concretos en los que se identificó una posibilidad de desarrollo, y dentro de un proceso que ha replicado cada vez que ha incorporado nuevos productos a su oferta.

Los chasis para Putzmeister

El caso de Putzmeister es muy representativo de esta forma de trabajar de la empresa campurriana. La relación con el fabricante alemán, dedicado al desarrollo, producción y venta de maquinaria muy especializada, se inició en los primeros años de la pasada década, cuando la planta de Putzmeister en Madrid buscó proveedores con los que externalizar parte del proceso de fabricación, con idea de concentrarse únicamente en labores de montaje. “Hubo una evolución. Al principio mandaban piezas y todas las indicaciones de cómo hacer el producto. Con el tiempo, nuestra aportación ha sido mayor, y hoy les mandamos el chasis completo”, relata el director de Hergulan, que destaca los requerimientos de resistencia que tiene un componente sobre el que se montan después vehículos usados para trabajos en entornos tan complicados como en los que habitualmente se desarrolla la actividad minera. De la planta de Hergulan en Salces salen cada año en torno a una treintena de estos chasis, un producto que por sus características es imposible fabricar en grandes series.

Además de los chasis, el catálogo de Talleres Hergulan mantiene la fabricación de depósitos y contenedores industriales, a los que se suma la fabricación de tanques a presión, prototipos y piezas a medida. Todos ellos tienen en común el tratarse de productos de alto valor añadido, una condición que no solo tiene una aportación que puede medirse en términos de rentabilidad, sino que permite a la empresa aprovechar el conocimiento adquirido para estar en disposición de aprovechar nuevas oportunidades y entrar en mercados diferentes a los tradicionales.

El catálogo de Talleres Hergulan incluye la fabricación de chasis, depósitos y contenedores industriales, a los que se suman tanques a presión, prototipos y piezas a medida

En esa línea, la empresa ha puesto el foco en el desarrollo de soluciones innovadoras que den lugar a productos propios, con los que pueda llegar directamente al cliente final. Aunque es un objetivo con el que no se buscan resultados inmediatos, Hergulan ha dado ya pasos relevantes con el diseño y fabricación de lo que pueden considerarse prototipos, pero puestos ya a prueba en condiciones reales. Es el caso de una línea de maquinaria destinada a su uso por productores de frutos secos, desarrollada inicialmente para su uso con pistachos –un producto con tratamiento especialmente complejo, por la estricta gestión del tiempo en la que debe realizarse la recolección y el secado– y adaptado posteriormente a avellanas y almendras. Como en el caso de los chasis, el proyecto partió de un encargo concreto, en el que la empresa identificó potenciales mejoras que dieron lugar a la búsqueda de soluciones diferentes a las que existían en el mercado y, en último término, a la creación de un modelo propio. Hergulan, que comercializa sus máquinas con la marca Sunnutz, ha instalado ya una línea completa para un productor del sur de Francia, que completa con ella todo el proceso que va de la recolección al envasado de las avellanas que cultiva él mismo. “Ahora mismo ese sería el perfil del cliente que buscamos, aquel que tiene una pequeña instalación industrial con la que da servicio a su propia producción”, explica Fernando Gutiérrez, que destaca el potencial de una línea que puede utilizarse con un amplio abanico de productos alimentarios, y asociada a un software que permite un igualmente amplio catálogo de soluciones para cualquier planta dedicada a su procesado.

Vehículo eléctrico

Con todo, la más llamativa entre las iniciativas que combinan la innovación con el objetivo de diversificar la producción es la que dará lugar a la salida al mercado de un vehículo eléctrico de diseño, fabricación y comercialización cántabra. Hergulan participa como socia en el proyecto de Voltaris-EV SL, la empresa con sede en Reinosa que ha completado el desarrollo de un vehículo destinado a lo que se conoce como última milla, adaptable tanto al transporte de pasajeros como de pequeñas mercancías. En todos los casos, su uso sería en entornos no abiertos al tráfico y con una velocidad máxima inferior a los 20 kilómetros por hora, lo que reduce mucho la necesidad de homologaciones. Sobre Talleres Hergulan descansa el proceso industrial de un proyecto que, a falta de concretarse en términos de fabricación, cuenta ya con una cadena hotelera española muy interesada en la adquisición de cinco unidades con destino a alguno de sus ‘resorts’ en México.

Una de las carrocerías del vehículo eléctrico de Voltaris, la empresa reinosana en la que participa Hergulan.

Como en cualquier otro proyecto que implique entrar en mercados nuevos, el director de Hergulan considera prematuro valorar el alcance que puede tener esa línea de producción dentro de la actividad de su empresa, pero destaca lo que puede suponer en términos estratégicos, al tratarse de un desarrollo acometido desde cero y que permite avanzar en el objetivo de dotarse de un catálogo de productos propios. Con una treintena de trabajadores en plantilla y una facturación que se mueve en el entorno de los cuatro millones de euros, la empresa campurriana asume las dificultades de competir en un entorno y un momento que no especialmente propicios para la industria, pero en los que confía en seguir haciendo valer la flexibilidad que ha caracterizado a Talleres Hergulan desde su fundación.

Cantabria ha perdido un tercio de su flota pesquera en los últimos 25 años un periodo en el que las pesquerías tradicionales se han visto afectadas por la disminución de capturas, la presión regulatoria, el aumento de los costes y la falta de relevo generacional para las tripulaciones. Con todo, suponen la práctica totalidad de la actividad pesquera de la región y aportan un producto de alta calidad que es fundamental para la hostelería y la industria alimentaria.

Juan Carlos Arrondo | Julio 2026

El declive de las pesquerías tradicionales no se le escapa a nadie que durante los últimos años haya observado con cierta atención lo que ocurría en las dársenas de nuestra comunidad. Según el último censo publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la flota pesquera artesanal de Cantabria contaba en abril con 110 barcos en activo, de los cuales 58 han sido dados de alta desde 2001, periodo en el que causaron baja 112 embarcaciones. Es decir, en este cuarto de siglo han cesado su actividad casi el doble de los que se han incorporado a ella. Aunque a veces se tiende a vincular esta decadencia con problemas a corto plazo, como puede ser una mala costera o la subida del combustible, que efectivamente existen y tienen su importancia, no conviene olvidar obstáculos y dificultades más de fondo que ponen en riesgo su futuro y el de unas localidades que tienen en este sector no solo su pilar económico, sino también aquello que vertebra sus relaciones sociales y su legado cultural.

Laura García, profesora asociada de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo e investigadora en el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot), advierte de que la pesca artesanal es un concepto que carece de una definición estándar. Así como en la Unión Europea se habla de ‘small scale fisheries’ –pesquerías a pequeña escala– para englobar a las flotas con embarcaciones de menos de 12 metros de eslora que no utilicen artes remolcadas, en España y Portugal la descripción es algo más difusa: “Hay ciertas características en común, como que suelen ser barcos relativamente pequeños, pero no hay un límite claro”. De hecho, algunos de los que encuadraríamos en este sector poseen mayores dimensiones, por lo que apunta algunas particularidades técnicas más: “Suelen hacer mareas de un día, tienen un poder de pesca pequeño o moderado, utilizan artes estáticas y su impacto potencial en el medio marino, en general, es menor”. Además, otro rasgo distintivo es que normalmente responden a estructuras de negocio muy básicas, pequeñas empresas familiares o autónomos.

Laura García, profesora asociada de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo e investigadora en el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio. Foto: Nacho Cubero.

La mala situación de la pesca artesanal en Cantabria es prácticamente igual a la de las comunidades vecinas y apenas difiere de la del resto del litoral peninsular. Independientemente de las singularidades locales que pueda haber, en todos los puertos pesqueros se enfrentan a obstáculos parecidos. Laura García destaca como, por ejemplo, la subida del precio del combustible es un problema que ahora está afectándoles, y si bien sus mareas son de proximidad y el consumo es menor que el de la flota industrial, también lo es su capacidad financiera, por lo que el negocio se resiente: “Además, su profesión es ir a la mar, no son profesionales de la gestión. Son estructuras demasiado pequeñas y esto les limita, porque tienen poco margen de maniobra”. Esto se refleja nítidamente cuando se trata de cumplir la regulación a la que están sometidos: “Cada vez vemos más protestas por las exigencias crecientes de la normativa. A veces no tienen ni espacio a bordo para llevar el instrumental o los dispositivos obligatorios”.

Para la investigadora del Indurot de la Universidad de Oviedo, junto a este tipo de inconvenientes coyunturales hay otros obstáculos más estructurales, de fondo y difíciles de revertir a corto plazo: “Hay un problema muy importante con el cambio climático, que está modificando las reglas del juego muy rápidamente y es un enemigo invisible al que estos barcos no están pudiendo adaptarse con rapidez”. A pesar de que suelen pescar una cesta diversificada de especies y por las características de su faena no utilizan artes agresivas ni incurren en una sobreexplotación de los bancos, a veces incluso sujetos a planes de gestión, la realidad es que las capturas disminuyen: “Lo estamos viendo con la caballa: el recurso está, pero a una profundidad mayor de la que habitualmente ellos pescan a la cacea, o con líneas de mano, que es muy artesanal. Es un ejemplo claro, pero hay muchos más, desde el pulpo hasta el bonito, que cada vez se va más al norte, especies de las que son altamente dependientes”.

Otro problema estructural es el del envejecimiento de las tripulaciones, cuya edad media supera los 50 años, y que está agravado por muy bajas perspectivas de reemplazo. “Podemos decir que menos del 20% de los barcos –seguramente en algunos censos y comunidades autónomas incluso menos del 10%– tienen una esperanza de relevo y, salvo tripulantes extranjeros, no se encuentra quien quiera ir a la mar”, indica Laura García. Considera que opera una especie de barrera sociológica, incluso generacional, que crea cierta desafección: “Existe un capital humano que ha aprendido y transmitido el oficio de padres a hijos durante generaciones, que acumula un conocimiento tradicional muy arraigado, pero eso en el mundo de hoy no atrae y no hay esa vocación por la mar”. Tampoco ayuda la irregularidad de los ingresos, que supone un importante desincentivo al embarque: “Hay un sistema de retribución que es un reparto en el que si no se sale a la mar y no se pesca, no se gana. Esto supone una incertidumbre que para mucha gente actualmente no vale”.

Sector controlado

El pesquero es un sector sujeto a una exhaustiva normativa y para estos barcos artesanales suele resultar difícil cumplirla. En opinión de la profesora de la Universidad de Oviedo, nunca se les ha tenido en cuenta a la hora de tomar decisiones regulatorias o de planificación marina que les afectan directamente, porque siempre han tenido una relativa invisibilidad, algo que subraya como una debilidad estructural: “Es un segmento menos estudiado, poco monitorizado, que no se sabía muy bien dónde pescaba porque no estaba obligado a llevar geolocalización a bordo. Esto les ha convertido en invisibles: estaban ahí, pero no se les ha considerado para nada y eso para mí es una vulnerabilidad”. Aboga por avanzar en su conocimiento y que las exigencias se flexibilicen a la realidad de embarcaciones que muchas veces no superan los dos tripulantes. Y que esa visibilidad sirva para demostrar qué días han podido salir a pescar, para delimitar las zonas que deben protegerse de otras actividades porque ahí están sus caladeros y, en suma, para defender mejor sus intereses.

A nivel nacional, su volumen de capturas está en torno al 10% del total de pesquerías y las flotas artesanales representan aproximadamente el 80% de los pesqueros españoles, aunque esa proporción en Cantabria es bastante mayor, elevándose al 97% de los barcos que se encontraban en activo en el último censo de abril. La investigadora del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio cree que hay un entramado económico y social que queda fuera de la valoración de estas cifras: “Es una actividad que vertebra socialmente y que fija población. Da soporte a otros sectores, como astilleros, conserveras, restauración o turismo, que influye en la cultura e incluso en el paisaje”. Su situación es delicada y no se augura un futuro halagüeño, por lo que si desapareciera, la pérdida sería irremplazable: “Se seguiría comiendo pescado, pero se perdería un patrimonio cultural único que forma parte de la razón de ser de los pueblos pesqueros y su vida en torno a la lonja y a unos productos de una calidad excelente”.

“El problema de la mar es la incertidumbre, que hoy saben lo que ganan y, si empiezan a fallar los recursos pesqueros, las especies a las que tradicionalmente se han dedicado y sobre las que tienen unos conocimientos, mañana no lo saben”. Laura García, investigadora.

En clave económica y basándose en sus investigaciones, Laura García resalta la capacidad tractora que tienen las pesquerías artesanales: “Son capaces de generar actividad y empleo a su alrededor en mayor medida e intensidad que las industriales porque son mucho más dependientes de la mano de obra y porque sus productos tienen más valor en primera venta. Esto le convierte en un sector altamente interesante y que no es sustituible. Perderíamos mucho con su desaparición”. Como contraste, se trata de un negocio con estructuras empresariales débiles, escaso músculo financiero y rentabilidad incierta: “El problema de la mar es la incertidumbre, que hoy saben lo que ganan y, si empiezan a fallar los recursos pesqueros, las especies a las que tradicionalmente se han dedicado y sobre las que tienen unos conocimientos, mañana no lo saben”. Además, tampoco se puede salir a faenar de cualquier manera, hoy los barcos tienen que ser modernos, seguros y bien dotados, pero un horizonte con más sombras que claros desalienta cualquier posibilidad de inversión.

Resiliencia frente al porvenir

A pesar de todas sus vulnerabilidades y de las amenazas que ponen en riesgo su futuro, la pesca artesanal siempre ha logrado sobrevivir a infinidad de adversidades. Mientras en algunas comunidades, como Asturias y en buena medida también Cantabria, la flota industrial prácticamente ha desaparecido, las artes menores y otras modalidades tradicionales van capeando las dificultades gracias a algunas de las fortalezas que las caracterizan. En primer lugar, hay que tener en cuenta que tienen la capacidad de cambiar tres o cuatro veces al año los aparejos y equipos de pesca, poner y quitar nasas, palangres, trasmallos u otros según la costera o la especie a la que en cada momento van a buscar a sus caladeros. “Son embarcaciones altamente adaptativas, muy flexibles, rotan y alternan distintos oficios. Tienen un margen de adaptación a los cambios mucho mayor que un barco grande y esto es una ventaja porque les hace más resilientes”, señala la investigadora del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio de la Universidad de Oviedo.

Una segunda fortaleza es que poseen un conocimiento tradicional del oficio, que se traduce en la obtención de un producto de mejor calidad y, en consecuencia, de mayor valor en la lonja o en los restaurantes. “Saben pescar muy bien porque no pesca la tecnología, sino el pescador. Y se dedican a un producto más gourmet, por lo que son capaces de generar más valor añadido por kilo, que en algunas especies, como pueden ser la lubina o la merluza, es una diferencia bastante grande”, afirma Laura García, que añade una tercera potencialidad que conviene recalcar: “Al pescador moderno le permite conciliar mejor su vida profesional y familiar”. Mientras en los barcos grandes, donde cuentan con el atractivo de una estabilidad en los ingresos, los marineros pueden pasarse semanas en la mar, esto no ocurre en los artesanales, cuyas mareas son de un día: “Vuelven a mediodía y paran el fin de semana. Ese pescador llega a casa a las dos y por la tarde puede tener una vida relativamente normal”.

Participantes en el I Congreso Ibérico de Pesquerías Artesanales, celebrado en las caballerizas del Palacio de la Magdalena en abril. Foto: Nacho Cubero.

Reconociendo la dificultad de revertir unos problemas que en buena medida exceden la capacidad de cualquier política pesquera, cabe preguntarse si puede haber soluciones para que la pesca artesanal tenga un futuro mejor del que se atisba. “Sería positiva cualquier medida pública o de gestión que facilite el enrolamiento y buscar fórmulas de retribución y de estabilidad de los ingresos. Esforzarse por dignificar el oficio en la mar”, explica Laura García. Además, enfatiza en el cambio de mentalidad que habría de producirse en el consumidor, para que sepa valorar y pagar bien estos productos: “Es un tipo de pesca alineada con la conservación del medio marino y con una serie de externalidades sociales y culturales muy fuertes. Esto lo tienen que reconocer y premiar los consumidores, que es una de las vías más poderosas para hacer algo por ella”. Y también estima que, sobre todo en pesquerías muy locales, podrían explorarse fórmulas de cogestión, es decir, de participación en la gestión del recurso que explotan y llegar así a apreciarlo como algo suyo.

Las perspectivas no son positivas y cuesta augurar un buen porvenir a una actividad en la que parece que pesan más las debilidades que las fortalezas. Laura García, que el pasado abril ha participado en Santander en el I Congreso Ibérico de Pesquerías Artesanales junto a un centenar y medio de académicos de diversas especialidades, profesionales del sector y representantes de la Administración de España y Portugal, alerta sobre el peligro de caer en el catastrofismo y confía en que se logre salir adelante. Sostiene que un conocimiento científico cada vez mejor abre una puerta a la esperanza, pero especialmente apela a la experiencia pasada: “Si miramos con perspectiva histórica, vemos todo lo que han pasado estas flotas. Desde la motorización, han convivido con la gran pesca de altura, las crisis del petróleo o la competencia de sectores prósperos como la industria en los sesenta o setenta. Y han sobrevivido a todo. Siempre hemos tenido una pesca artesanal resistente y adaptativa que ha sabido encontrar su nicho y yo quiero pensar que puede seguir haciéndolo”.

La formación especializada impulsada por Sodercan y Playstation Talents ya ha propiciado la puesta en marcha de más de 50 proyectos de creación de juegos, mientras algunos alumnos ya se plantean crear empresas en la región pese a la debilidad del tejido empresarial actual. La creación y venta de juegos electrónicos generó una facturación de 2.408 millones de euros en España durante 2024, último año con datos, dando empleo a más de 11.000 personas en perfiles profesionales y formativos muy diferentes. Pese a estos datos, y al crecimiento que vienen registrando año tras año, es una actividad que en Cantabria mantiene un peso menor, algo que el director de Playstation Talents considera que no tiene que ver únicamente con el talento: “No se trata solo de desarrollar un buen producto, sino de saber comercializarlo”.

Ana Bringas | Julio 2026

Hay algo casi hipnótico en los videojuegos. Desde el sonido de las piezas del popular Tetris cuando encajan, hasta —en una versión mucho más moderna— el enganche por descubrir un nuevo capítulo de las innumerables sagas que reúnen a millones de adeptos en todo el mundo.

Es una industria en transformación. Los datos lo confirman y revelan que España es ya el tercer mayor mercado europeo de la industria del videojuego, con una facturación superior a 2.408 millones de euros en 2024, lo que supone un incremento interanual del 3%. El sector da empleo a más de 11.000 personas de forma directa y a miles más de manera indirecta, además de integrar a profesionales procedentes de ámbitos culturales como la música, el diseño o la arquitectura. Es lo que se desprende, en resumen, del último anuario de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), correspondiente al año 2024.

Además, cada vez más personas juegan. Su relevancia social queda más que patente al considerar que más de 22,1 millones de personas en España juegan a videojuegos habitualmente, un incremento del 10% frente a 2023. “Atrás queda la visión de los videojuegos como puro ocio, ya que conforman el espacio cultural de todos: somos el legado de lo que hemos leído, visto y jugado”, apunta el ministro de Cultura Ernest Urtasun en el citado informe.

Sin embargo, y pese a su alcance y prometedor futuro, algunos protagonistas del sector consideran que todavía queda mucho trabajo por hacer en la industria del videojuego en España, que en determinados ámbitos califican como incipiente por ser aún poco conocida. “Funciona como un tiro y hay mucho talento, pero no ha crecido el tejido de empresas”, valora Gonzalo Guirao, director del programa PlayStation Talents, quien recuerda que este diagnóstico no es nuevo. “Hace 25 años, cuando yo empecé en la industria, ya se decía que no había industria del videojuego en España”, explica. A su juicio, se trata de una percepción en parte engañosa: “No hay grandes industrias de casi nada; tenemos un modelo muy vinculado a los servicios. No es un problema exclusivo del videojuego, aunque es cierto que no existe todavía un tejido empresarial fuerte, en parte porque no ha habido grandes éxitos comerciales que permitan reinvertir”.

Alumnos y profesores del curso, en una visita realizada en febrero a las instalaciones de Playstation en Madrid.

En Cantabria, con el objetivo de abrirse un hueco en este mercado, Sodercan, en colaboración con la Universidad de Cantabria (UC) y PlayStation Talents, ha impulsado una iniciativa pionera: el curso de Industria del Videojuego PlayStation Talents, que ha finalizado ya con más de 50 proyectos desarrollados por sus alumnos, muchos de ellos publicados en plataformas internacionales como Ítch.io, con una amplia diversidad de géneros y formatos: videojuegos en 2D y 3D, proyectos móviles, experiencias online, así como propuestas narrativas, experimentales e innovadoras.

PlayStation Talents ha mantenido históricamente acuerdos con distintas instituciones para impulsar el desarrollo de talento en el sector. En el caso de Cantabria, según explica Guirao, la iniciativa partió del propio interés del Gobierno regional por fomentar esta industria.

El programa se ha estructurado como un curso completo de 29 créditos, orientado a que los alumnos conozcan de primera mano todas las fases del videojuego, tanto en su vertiente creativa como empresarial y desde un enfoque práctico. “No se trata solo de desarrollar un buen producto, sino de saber comercializarlo: marketing, venta… Lo interesante es vender los videojuegos; es tan importante como el propio desarrollo”, subraya.

Guirao pone el foco en la continuidad: “Si de esos 50 proyectos uno sigue adelante, ya es un éxito. Y no tiene por qué ser solo económico; puede ser en visibilidad, en usuarios o en descargas, incluso con un modelo gratuito”. “Eso puede animar a otros”, subraya, aunque insiste en que el recorrido de las iniciativas dependerá de un esfuerzo conjunto entre la Administración, la empresa privada y los propios alumnos: “Todos tienen que colaborar”. Sobre la calidad de los trabajos desarrollados, el director del programa destaca un nivel notable para tratarse de un entorno universitario. “No es muy diferente a videojuegos que llevamos mucho tiempo evaluando y publicando en PlayStation Talents”, afirma.

“Si de esos 50 proyectos uno sigue adelante, ya es un éxito. Y no tiene por qué ser solo económico; puede ser en visibilidad, en usuarios o en descargas, incluso con un modelo gratuito”. Gonzalo Guirao, director del programa PlayStation Talents.

En este contexto, el codirector del curso, Carlos Blanco, considera que la principal aportación de Cantabria a este sector pasa por el talento. A su juicio, iniciativas como esta pueden facilitar la creación de nuevas empresas y fomentar el emprendimiento en un ámbito en el que la ubicación física pierde peso. “Se puede trabajar desde cualquier parte y para cualquier parte; es lo que tiene el software: un mercado accesible”, señala.

Guirao también pone en valor las herramientas actuales, que han democratizado el acceso al desarrollo de videojuegos: “Hoy alguien puede ser diseñador, programador y artista al mismo tiempo, y eso simplifica mucho que pueda surgir un buen producto”.

Como ejemplo, menciona uno de los mayores éxitos independientes del sector: Stardew Valley. Desarrollado por una sola persona y con una estética aparentemente sencilla, se ha convertido en un fenómeno de ventas a nivel mundial, lo que, a su juicio, demuestra que proyectos nacidos en contextos como este curso pueden tener recorrido comercial.

En cuanto a las oportunidades laborales, Guirao subraya que muchos de los alumnos aún están finalizando sus estudios universitarios o ampliando su formación, pero considera que este tipo de programas abre distintas vías profesionales dentro del sector.

“Por un lado, se abre un camino orientado a dedicar tiempo y recursos a publicar un producto propio, es decir, a emprender. En este sector uno puede autopublicarse y es relativamente sencillo”, explica. Junto a esta vía, también señala la posibilidad de trabajar por cuenta ajena, aunque matiza que el tejido empresarial en España sigue siendo limitado: “No hay tantos estudios potentes; se pueden contar con los dedos de una mano”.

No obstante, apunta a un escenario cada vez más globalizado. “Sí hay mucha empresa internacional y, con el trabajo en remoto —que en este sector ya se utilizaba incluso antes de la pandemia—, es factible que muchos alumnos puedan seguir ligados al mundo del videojuego”. En este sentido, insiste en que lo determinante no es tanto el título como la capacidad práctica: “Tienen que demostrar que saben hacer videojuegos; por eso es tan importante el enfoque práctico del curso”. En resumen, concluye, hay opciones, más fuera de España que dentro, y más fuera de Cantabria que en la región, “pero las hay”, destaca

Los alumnos

El perfil de los alumnos que han participado en el curso es diverso, desde estudiantes de Ingeniería Informática hasta graduados en titulaciones específicas, como el Grado en Diseño y Desarrollo de Videojuegos de la Universidad Europea de Madrid. Todos ellos coinciden en valorar positivamente la experiencia, especialmente por su carácter práctico y su conexión con la industria.

Alicia Rubio y Asier Ortiz, ambos de 22 años y estudiantes de último curso de Ingeniería Informática en la Universidad de Cantabria, son un ejemplo de ello. Cuando conocieron la existencia del programa a través de sus profesores, decidieron adelantarse y desarrollar juntos un juego básico para adquirir conocimientos previos. Aficionados a los videojuegos desde hace años, los dos destacan la utilidad del curso. “Los profesores nos han enseñado mucho, pero además desarrollan videojuegos y tienen un contacto real con la industria”, explica Ortiz. Esa combinación, añade, es clave para desarrollar las propias capacidades: “Hace que termines con la sensación de que puedes enfrentarte a cualquier proyecto”.

Asier Ortiz, estudiante del curso. Foto: Nacho Cubero.

Ambos contemplan el sector como una posible salida profesional, aunque son conscientes de las dificultades. “Hay talento, pero no empresas”, lamenta Ortiz, quien, aun así, no descarta emprender en el futuro: “Podríamos crear una. Yo no lo descarto, aunque primero van los estudios”. En su caso, centrará su Trabajo de Fin de Grado en los videojuegos y continuará desarrollando su proyecto “por diversión”, aunque también lo contempla como una posible vía laboral.

Rubio, por su parte, destaca especialmente el valor del curso para construir un porfolio profesional. Aunque no continuará con el proyecto desarrollado durante la formación, sí tiene claro que seguirá creando otros propios: “Quiero explorar los videojuegos como una posible salida laboral, aunque crear una empresa da respeto. De momento, seguiré por diversión”.

En la misma línea, Lucía Muntean asegura que el curso ha superado con creces sus expectativas, destacando especialmente la cualificación del profesorado. Alumna del programa y actualmente becaria en la Consejería de Educación de Cantabria, cuenta con formación como técnica superior en Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma, por lo que, según explica, ya partía de una base previa. Aun así, valora que el curso haya sabido adaptarse a distintos perfiles: “Está planteado de forma que cada alumno pueda avanzar desde su nivel”, señala. Como sus compañeros, reconoce las dificultades que implica emprender en este sector, pero se muestra decidida a continuar desarrollando su proyecto, Auroris, iniciado durante la formación.

Alicia Rubio, quien ya ha completado el curso de desarrollo de videojuegos. Foto: Nacho Cubero.

El caso de Alejandro Aythami refleja el perfil de quienes aspiran a dar el salto al tejido empresarial del sector. Procedente de Madrid, se trasladó a Cantabria para cursar este programa tras graduarse en Desarrollo de Videojuegos en la Universidad Europea de Madrid. Con experiencia previa en la industria como becario, valora positivamente la formación recibida, especialmente por su orientación práctica y la posibilidad de desarrollar un porfolio propio, aunque señala que sería deseable reforzar contenidos en áreas como el 3D.

Más allá del aprendizaje técnico, Aythami pone el acento en el valor de los contactos generados durante el curso. “Ha sido una oportunidad muy buena para conectar con gente con intereses similares”, apunta. De hecho, no descarta dar el paso hacia el emprendimiento junto a algunos de sus compañeros. “Siempre he querido montar mi propia empresa, aunque da respeto”, reconoce. En su caso, ese objetivo podría incluso materializarse en Cantabria: si el proyecto avanza, se plantea instalarse en Santander y contribuir desde allí al desarrollo de un tejido empresarial vinculado al videojuego.

Impulso de las instituciones

El director del programa PlayStation Talents también introduce un factor clave en el desarrollo de la industria: el papel de las políticas públicas. Como ejemplo, menciona el caso de Canadá, que hace tres décadas se convirtió en un referente mundial. “Hace 30 años, Canadá pasó a ser una de las regiones con más estudios y ‘publishers’ fuera de los países donde había comenzado la industria. Todo porque el Gobierno promovió que las empresas se instalaran allí”, explica. A su juicio, España podría replicar ese modelo, aunque reconoce las dificultades: “Depende de un esfuerzo conjunto del Gobierno central y de las comunidades autónomas para generar un espacio reconocible a nivel internacional”. En el contexto actual, señala que algunas regiones están dando pasos en esa dirección, aunque con limitaciones presupuestarias: “Cataluña, Canarias, Madrid y Cantabria lo están haciendo bien, pero mientras el esfuerzo sea principalmente regional, es complicado competir”.

En este sentido, el director de Playstation Talents considera que el sector necesita un punto de inflexión que impulse la inversión. “Hace falta un gran éxito español que reactive el ecosistema”, afirma. Como referencia histórica, recuerda el caso de Commandos, la saga desarrollada por Pyro Studios a finales de los años noventa, que logró un notable reconocimiento internacional. Sin embargo, desde entonces, apunta, no ha habido un fenómeno de similar impacto que consolide definitivamente la industria en el país.

Al apóstrofe, Guirao valora positivamente esta primera experiencia y destaca el papel de este tipo de iniciativas para dinamizar el sector a nivel regional. “Estamos muy contentos con el resultado y, aparentemente, vamos a seguir con este proyecto muchos años más en Cantabria”, concluye.

La empresa cántabra realiza cada mes en torno a 8.000 envíos de comida a domicilio para entre 60 y 70 restaurantes de Santander, Camargo, Santa Cruz de Bezana, Mortera y Liencres, según un modelo de negocio que combina los encargos que llegan a través de su propia plataforma y los que subcontratan los propios establecimientos o incluso los de alguna de las grandes plataformas que lideran este mercado, como Just Eat, con la que tiene un acuerdo para gestionar una parte de sus pedidos. La renovada app desarrollada por la empresa, a través de la que llegan la mayor parte de los pedidos, ha incorporado nuevas funcionalidades y permitirá abrir otra línea de negocio: la comercialización de formatos publicitarios en la aplicación.

Juan Carlos Arrondo | Julio 2026

Desde que en mayo de 2021 Vicente Sarasúa y Lidia Revuelta pusieron en marcha Vikeve, el ‘delivery’ –reparto a domicilio– de comida no ha dejado de crecer, tanto a nivel nacional como internacional. La comodidad y la flexibilidad que para muchos consumidores supone encargar las comandas a sus restaurantes preferidos se han visto reforzadas por una oferta mayor y más variada y por un desarrollo tecnológico que ha contribuido a mejorar su experiencia. En un sector en el que un par de plataformas multinacionales copan la mayor parte del mercado, esta pequeña empresa santanderina ha logrado competir con ellas y en estos cinco años ha conseguido ser una firma de referencia a nivel local. Tras un crecimiento inicial muy rápido basado en un servicio más ágil y eficiente, busca ahora afianzar su posición ampliando el radio de acción hasta los municipios limítrofes a la capital cántabra, a la vez que acomete una renovación de su aplicación para dispositivos móviles para seguir optimizando sus procesos y explorar nuevas fuentes de ingresos.

A través de su web o de su aplicación para Android e iOS, de manera análoga a las demás plataformas de ‘delivery’, el usuario de Vikeve accede a un catálogo de restaurantes, donde puede elegir los platos que desee y gestionar el envío a su domicilio. Inicialmente, tanto dichos establecimientos como las zonas donde se repartían los pedidos se ceñían al área de Santander –incluyendo todos los códigos postales del municipio– y Soto de la Marina, pero a medida que la empresa ha ido consolidándose y creciendo sus expectativas, también lo ha hecho su cobertura a otras localidades cercanas: “Hace algo más de dos años estuvimos un invierno probando en Maliaño y luego hemos ampliado prácticamente al resto de Camargo, Astillero, Guarnizo y Pontejos”, detalla Vicente Sarasúa. Más recientemente, desde hace unos tres meses, la expansión geográfica también ha alcanzado a todo el término municipal de Santa Cruz de Bezana y a las localidades colindantes de Mortera y Liencres, poblaciones que suman una considerable cantidad de habitantes y mucho potencial de negocio.

Su principal fortaleza radica en un método de reparto a domicilio ágil y eficiente, muy apreciado por sus clientes. “En precios estamos en la media que cobra el sector, pero luego somos los que mejor servicio damos. Es lo que más destacan nuestros clientes tras haber probado otras flotas de reparto”, afirma Vicente Sarasúa. Esto ha supuesto que algunos restaurantes les requieran para que, además de los pedidos que entran por su plataforma, repartan los que les llegan de otras, como Just Eat o Uber Eats, e incluso de los que reciben directamente por sus propios medios. El gerente y cofundador de Vikeve señala que del total de servicios que actualmente realizan, en torno al 40% son propios y el 60% restante son de este otro tipo de encargos externos: “Hace dos años cerramos un acuerdo con Just Eat, que en 2025 hemos reforzado y ampliado, por el que nos dan los pedidos de grandes cadenas como McDonald’s o KFC u otros sitios de Santander más independientes, pero que mueven mucho volumen”.

La renovada app de Vikeve, a través de la que llegan la mayor parte de los pedidos, y que funcionará también como soporte publicitario. Foto: Nacho Cubero.

Con una plantilla que actualmente se compone de una treintena de personas, entre personal administrativo y repartidores, a Vikeve no le afectó directamente el cambio en el modelo de contratación que supuso en el sector la sentencia de 2025 que condenó a Glovo a regularizar a miles de falsos autónomos en España. No obstante, sí que le llegó indirectamente el eco de sus consecuencias. “Glovo tuvo que rehacer de la noche a la mañana toda su estructura de reparto y nos ofreció ser su flota subcontratada en Santander”, explica Vicente Sarasúa. Una propuesta importante que chocaba con otra que en ese momento tenían sobre la mesa: “Just Eat quería fortalecer el acuerdo con el que ya llevábamos un año y tuvimos que decidir, porque no podíamos atender a las dos”. Finalmente, decidieron seguir el camino que ya habían comenzado a recorrer con Just Eat, lo que ha significado un número sustancialmente mayor de pedidos a repartir: “Hemos crecido mucho y según Glovo ya somos su principal competidor en Santander”.

Con un área de reparto ampliado y, en virtud de su colaboración con Just Eat, una mayor cantidad de pedidos, hacer frente a sus poderosos competidores pasa por esmerarse en ofrecer un mejor servicio y que, a precios análogos, pueda ser rentable. El gerente de Vikeve apunta que, si bien ahora su cobertura se ha extendido, la han acotado por zonas para que no les suponga mayor coste: “Hay una lógica por códigos postales. Por ejemplo, un pedido no puede llegar de Maliaño al Sardinero, pero sí a zonas más cercanas de Santander. Las distancias siguen siendo más o menos las mismas que la media de reparto”. Cuentan con cinco motos propias, pero sobre todo trabajan con los vehículos de los propios repartidores, a los que abonan una cantidad adicional para su mantenimiento y repostaje: “Cuando ha subido tanto el combustible hicimos cálculos y el plus por pedido que les estábamos pagando cubría sus gastos y un poco más, incluida esta subida. De momento, no nos ha hecho falta tocarlo”.

“A veces no les podemos decir que sí [a los restaurantes que quieren servicio de Vikeve] porque hay restaurantes que, si van a hacer cinco pedidos al mes, no son interesantes. Son sitios que quieren estar en ‘delivery’, pero no tienen movimiento de ‘delivery’”. Vicente Sarasúa, cofundador.

La tarifa que paga el cliente por recibir el pedido en su casa no difiere del precio que tienen otras plataformas. De hecho, Vicente Sarasúa hace hincapié en que ellos siguen cobrando lo mismo que el primer día: “Lo que ha subido, porque lo ha hecho todo el sector, es el gasto de reparto: antes se cobraba 1,90 euros y ahora 2,90 euros de media. Y también hay un plus de reparto si se pide a un municipio diferente”. Además, subraya que llevan estos cinco años sin aumentar el porcentaje que perciben de los entre sesenta y setenta restaurantes que tienen en cartera. Esto supone un incentivo que, añadido a la buena reputación de su servicio, se traduce en que haya establecimientos esperando colaborar con Vikeve: “No podemos atender a todos los que quieren entrar. A veces no les podemos decir que sí porque hay restaurantes que, si van a hacer cinco pedidos al mes, no son interesantes. Son sitios que quieren estar en ‘delivery’, pero no tienen movimiento de ‘delivery’”.

Actualmente, entre propios o ajenos, reparten entre siete y ocho mil pedidos al mes, una cifra necesariamente variable debido a una demanda más concentrada en unos periodos del año que otros. De los correspondientes a Vikeve, la mayor parte se hacen por dispositivos Android o iOS, que poco a poco han ido superando a los recibidos por la web. Tras casi cinco años con la misma aplicación, recientemente ha sido completamente renovada: “Nos lo venían reclamando algunos clientes y desde hace unos tres meses ya la tenemos en marcha. Es más moderna y con nuevas funcionalidades”, indica Vicente Sarasúa, que destaca alguna de las mejoras en la experiencia del usuario: “Puede ver sus últimos pedidos o recordar los datos de su tarjeta, lo que agiliza mucho todo el proceso. Es mucho más intuitiva y rápida”. Para los restaurantes también contiene novedades atractivas, como un ranking que les permite posicionarse en la plataforma, algo que ya venían demandando, o la posibilidad de promocionarse en ‘banners’ u otro tipo de publicidad más estándar.

La publicidad como nueva línea de ingresos

Anuncios o patrocinadores durante dos o tres segundos en la pantalla al abrir la aplicación, ‘banners’ en el menú principal o diversas modalidades de posicionamiento componen la variada propuesta publicitaria que ofrece Vikeve, tanto para restaurantes como para cualquier otro tipo de negocio. Una nueva línea de ingresos interesante, reconoce su gerente, pero que aunque ya disponen de algunos acuerdos, todavía llevará cierto tiempo ponerla a pleno rendimiento: “No merece la pena meter los anuncios cuando hay muy pocos, preferimos hacerlo cuando tengamos diez o doce e introducirlos juntos. Hay cosas que van entrando poco a poco, algunas todavía estamos arrancándolas y por eso no están visibles”. Junto a dos comerciales sondea a empresas que puedan estar interesadas en este escaparate que ofrecen y entre ellas resalta un perfil muy concreto que creen puede ajustarse bien a él: “Estamos contactando con festivales que quieran anunciarse de cara al verano, ya que les gusta hacerlo en este tipo de plataformas muy enfocadas a una franja de edad que es la de sus potenciales clientes”.

La acogida que está teniendo la propuesta publicitaria entra las empresas está siendo positiva y a ella podría sumarse el interés que espera despertar con otra novedad que está empezando a desarrollar: “Cada restaurante puede tener su propia aplicación en Android e iOs o web, con su logo y colores corporativos, sus datos, la carta, etc. Podrá anunciarla, promocionarla en redes sociales, pero estará vinculada al sistema de Vikeve”, describe su responsable. La idea es que el consumidor, supongamos un cliente asiduo de ese establecimiento, pueda descargarse dicha app y hacer sus pedidos a través de ella, recibiendo automáticamente los repartidores de Vikeve para ir a buscarlo y llevarlo al domicilio del usuario. Una funcionalidad que su plataforma, a resultas del acuerdo de colaboración con Just Eat, ya tiene en marcha tras un arduo trabajo de integración de ambos sistemas que les ha llevado más de una año: “Ahora, por ejemplo, un pedido en la aplicación de McDonald’s nos entra directamente a nosotros para que hagamos el servicio de reparto”.

Vicente Sarasúa aclara que les resultan más interesantes los pedidos propios, los que gestiona su propia plataforma, pero que la colaboración con Just Eat les aporta muchos restaurantes, lo que supone un significativo incremento de su actividad: “Por ejemplo, una hamburguesería que hace 200 pedidos al mes en Just Eat, la metemos en Vikeve y también nos hace varios pedidos. Aunque estos nos resultan más rentables, al final repartimos más, los de un lado y los del otro, por lo que subimos el volumen de negocio”. Para el usuario final también supone más comodidad, ya que, haga donde haga el encargo, una sola empresa será la responsable de enviárselo y se pueden optimizar mejor los pedidos: “Uno de Just Eat y uno de Vikeve que van a la misma zona los lleva un solo repartidor, no tienen que ir dos de flotas de reparto diferentes. Con eso conseguimos que el cliente esté más tranquilo, que esté más contento y nos recomiende. Nosotros facturamos de dos formas diferentes, pero facturamos más y vamos creciendo”.

“Hay que seguir buscando crecer y querer dar un paso más allá, ponernos un poco más a la vanguardia de la tecnología del ‘delivery’”. Vicente Sarasúa, cofundador.

Aunque las novedades tecnológicas aún son recientes, algunas prácticamente acaban de arrancar y otras van implantándose paulatinamente, los clientes de Vikeve ya están disfrutando de las mejoras introducidas hasta el momento. Según su gerente, el ‘feedback’ que recibe de ellos es satisfactorio y reconoce que era un cambio necesario: “Iba haciendo falta. La anterior aplicación era de 2021 y se había quedado en otra época, porque esto avanza muy rápido”. Considera que, tras el fuerte crecimiento que experimentó la empresa inicialmente, no podía estancarse: “Hay que seguir buscando crecer y querer dar un paso más allá, ponernos un poco más a la vanguardia de la tecnología del ‘delivery’”. Y es consciente de que estos esfuerzos por ofrecer un servicio de un nivel cada vez más avanzado son imprescindibles si se tiene en cuenta la magnitud de sus competidores: “Comparados con estas multinacionales, Just Eat o Glovo, somos muy humildes. No tenemos el músculo publicitario, financiero y de personal que tienen ellas. Es la diferencia y lo que define con quién competimos”.

A corto plazo, su previsión es afianzar la recién incorporada zona de reparto de Santa Cruz de Bezana, Mortera y Liencres, a la que están dedicando mucha publicidad física y digital. Entre sus planes para estos próximos meses también está estabilizar las novedades de la aplicación, así como hacer un mayor esfuerzo por dar a conocer sus funcionalidades. “Y posicionarnos publicitariamente con los festivales, de cara al verano, y las grandes cadenas de alimentación, que siempre quieren anunciarse en plataformas de ‘delivery’”, añade Vicente Sarasúa. Tras cinco años, a pesar de la dificultad que supone competir con grandes multinacionales para una pequeña empresa local y familiar, han logrado hacerse un hueco y su ambición es seguir creciendo, con la prioridad de dar un servicio de calidad a restaurantes y usuarios finales: “Quien suele pedir comida a domicilio en Santander ya nos conoce como uno más en el panorama del ‘delivery’. Aquí hay gente con ganas de hacer cosas y de hacerlas bien, siempre respetando el mercado y al cliente”.

Con una dilatada experiencia en el asesoramiento a empresas y particulares, Manuel Torreiro, el nuevo rostro de la Asociación Española de Asesores Fiscales (Aedaf) en Cantabria, muestra en esta entrevista su preocupación por la creciente inseguridad jurídica y participa de la sensación de cierta voracidad recaudatoria por parte de la Administración. En su análisis, lamenta la pérdida del trato cercano con los funcionarios y aboga por un marco regulatorio propio que contribuya a poner en valor su profesión.

Manuel Casino | Junio 2026

Pregunta.– ¿Diría que vivimos una época de inseguridad jurídica en el ámbito tributario?

Respuesta.– Sí. Desde la asociación entendemos que hay una cierta inseguridad jurídica. Es más, y quizá motivado por ello, una de las iniciativas más recientes que hemos impulsado, entre otras cuestiones, ha sido el lanzamiento del Observatorio para la Derechos y Garantías de los Contribuyentes porque hemos visto una erosión de estas garantías en los últimos años, precisamente en parte por esta inseguridad jurídica. Sin duda, hay un exceso regulativo que, en cierta manera, hace que los cuerpos normativos se vean erosionados. Como yo entiendo el mundo jurídico tributario, existen unos cuerpos normativos que luego se van complementando y desarrollando. Pero este exceso de complementación o de desarrollo los complica, hace que pierdan su esencia y que los criterios para entenderlos cada vez sean más complejos. Y esto sin ninguna duda genera inseguridad jurídica. Y también, en parte, por la forma de aprobarse estos textos normativos, en el que parece que últimamente el poder Ejecutivo está sustituyendo al Legislativo.

P.– ¿Se abusa en demasía del decreto ley en materia impositiva?

R.– Sí. Se ha convertido en algo ordinario. Se han planteado, además, cuestiones de inconstitucionalidad de determinadas normas en las que se han obtenido sentencias favorables por ese exceso de uso del decreto ley.

P.– Desde su asociación defienden una simplificación drástica del sistema tributario en su conjunto y hacer las normas más claras. ¿Con la Iglesia hemos topado?

R.– Desde la asociación siempre defendemos la existencia de un sistema tributario justo y sostenible. En este contexto, el exceso de una regulación normativa no es compatible. Por eso sostenemos que el sistema tributario debería simplificarse. Creemos que hay determinados impuestos que deberían ser objeto de una revisión, principalmente los patrimoniales y los que están cedidos a las comunidades autónomas. Las leyes del impuesto de Sucesiones y de Patrimonio son muy antiguas.

P.– Cada vez se extiende más la percepción de que existe una voracidad recaudatoria por parte de Hacienda. ¿Hay motivos para pensar que es así?

R.– En nuestra opinión, creemos que los hay. Y son varios. Estamos viendo en los medios de comunicación que ahora estamos en máximos de recaudación de la Administración Tributaria. Hay un motivo que es la inflación, sin ninguna duda, pero el hecho de la no deflactación de las tarifas de los impuestos demuestra que sí hay una cierta voracidad recaudatoria. Por otro lado, está la intensificación de las campañas de control tributario, especialmente en lo que atañe al IRPF de autónomos o pequeños profesionales, que también contribuye a que se extienda esa idea. La cantidad de requerimientos que se reciben de la Administración se ha incrementado en los últimos años. Y es una constante. La justificación de los gastos por parte de los autónomos muchas veces es dificultosa. Y esa interpretación que hace la Administración tan finalista y tan estricta genera igualmente sensación de voracidad.

P.– ¿Encuentra sostenible que, en disputas fiscales, instituciones dependientes de Hacienda en muchas ocasiones no compartan los mismos criterios?

R.– Bueno. Esto quizá esto no lo he notado tanto. Al final, la Administración tiene un componente jerárquico que está alumbrado por unas directrices y que no está sujeta a la ley, que además es interpretable. Dentro de la Agencia Tributaria existe un organismo que depende de la Dirección General de Tributos que emite consultas interpretativas sobre cuestiones que los contribuyentes plantean y cuyas decisiones vinculan a la Administración. Y luego están los tribunales económicos administrativos donde el central también emite resoluciones que son vinculantes. La Administración tiene que respetar esos criterios interpretativos emanados por órganos del propio Ministerio. Hacienda siempre barre para casa y sus interpretaciones son favorables a sus intereses. Pero los tribunales en parte también corrigen determinados criterios o prácticas. Lo mismo ocurre con los tribunales de Justicia. De todas formas, llegar a una unicidad completa me parece imposible. Al final, el Derecho es interpretativo, no es una ciencia exacta. Creemos que a eso se podría llegar por la vía de la simplificación de las normas tributarias que reclamamos.

“La profesión específica de asesor fiscal no goza de un marco normativo propio como tienen otros profesionales colegiados o regulados”

P.– La profesión de asesor fiscal, ¿está lo suficientemente regulada y goza del necesario marco jurídico para poder desarrollar claramente su actividad?

R.– La profesión específica de asesor fiscal no goza de un marco normativo propio como tienen otros profesionales colegiados o regulados. Es una reclamación del sector que lleva muchos años encima de la mesa con la que se pretende garantizar que el asesor fiscal cuenta con unos conocimientos que se presumen básicos para poder ejercer su trabajo. El asesor fiscal no deja de ser un interlocutor o un intermediario entre el contribuyente y la Administración Tributaria. Cuando mejor y más esté formado el asesor, mejor y más productiva será esa relación. Desde Aedaf, además, abogamos por que el asesor fiscal ejerza un papel concienciador de lo que supone contribuir al sistema tributario.

P.– ¿Cree que la conciencia y responsabilidad fiscal ciudadana vive sus horas más bajas, que a este paso vamos camino de necesitar una nueva campaña como la de ‘Hacienda somos todos’ de principios de la democracia?

R.– Soy de la generación de los 80, y creo que hemos crecido con una conciencia tributaria y social relativamente alta. Quizá más alta que la de la generación de nuestros padres en la que existía cierta laxitud con los impuestos. Entonces había menos impuestos que suponían una menor carga impositiva. Creo que mi generación siempre ha estado más concienciada de que debemos ser partícipes del sistema tributario. Pero en los últimos años, esta voracidad recaudatoria de la que hablábamos antes y estas prácticas de la Administración que todos estamos notando en nuestro día a día, quizá está revirtiendo esa conciencia que habíamos venido ganando. ¿Qué estemos en las horas más bajas? Yo creo que no, pero sí que hay un cierto malestar o pesadumbre en muchos contribuyentes por la carga fiscal que soportan.

Manuel Torreiro, durante la entrevista. Foto: Nacho Cubero.

P.– Colegas suyos reclaman con insistencia la necesidad de contar con un canal de interlocución propio y directo con la Administración y los organismos públicos para agilizar trámites y aclarar o resolver dudas. ¿Lo comparte?

R.– Sí, lo comparto plenamente. Es algo que todos los profesionales venimos reclamando. Desde la pandemia para aquí se ha perdido el acceso a la Administración. Se ha perdido el contacto humano y ese trato más cercano con el funcionario. Sí hay profesionales que mantenemos relación con algunos funcionarios para poder acceder a determinados temas, pero la antigua conexión que existía antes de la pandemia no se ha vuelto a retomar. Y consideramos que recuperarla sería positivo para ambas partes.

P.– Otros lamentan que su trabajo se centra cada vez más en gestionar y menos en asesorar, que es realmente a lo que se deberían dedicar. ¿Hay que distinguir mejor la gestión del asesoramiento?

R.– Sí, creo que sí. Yo me considero más un asesor que un gestor. Entiendo que dentro del papel del asesor fiscal existen las dos vertientes: una parte mucho más de gestión, de documentación y de datos que luego se transmiten a la Administración Tributaria, una carga que por otra parte ha ido creciendo en los últimos años. No sé dónde acabará en el futuro con la integración de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, pero desde luego esta carga ha crecido y mucho. De otro lado, siempre ha estado en cuestión hasta qué punto la parte de asesoramiento es valorada o apreciada por los contribuyentes. Contar con un marco regulatorio propio es indudable que también daría valor al asesoramiento. Es una culpa compartida. Hay contribuyentes muy cortoplacistas que lo que buscan es solucionar ya la gestión, y hay otros que lo que necesitan es planificar y lo que requieren es un asesoramiento que normalmente implica un medio o largo plazo.

P.– ¿Le preocupa el intrusismo?

R.– Bueno. Como no es una profesión regulada, el intrusismo está ahí. Si una persona se considera preparada y quiere hacer más parte de gestión que de asesoramiento… ¿Existe el intrusismo? Existe. Pero el ámbito del Derecho Tributario conlleva una elevada complejidad y para que haya intrusismo tiene que haber detrás un cierto conocimiento. Si no, se cae por su propio peso.

P.– En la relación con la Administración se imponen la relación telemática por encima de la personal. ¿La cita previa y el teletrabajo no ha hecho sino complicar la vida de los ciudadanos?

R.– Sí, sí. Hay contribuyentes que están obligados a una relación completamente telemática, como son las personas jurídicas y los profesionales. Luego está el ciudadano de a pie. Desde la asociación hemos recurrido la obligación de presentar la declaración de IRPF de manera exclusivamente de forma telemática y el Tribunal Supremo nos ha dado la razón. Hay determinadas bolsas de la población a las que les cuesta mucho dar este paso. La solución que ofrece la Agencia Tributaria a estas personas es que vayan a sus dependencias y allí se la hacen. Pero también es verdad que para las generaciones digitales esta relación telemática facilita muchas interacciones. A mí, en mi papel del día a día de abogado tributario, que está más vinculado al recurso y la reclamación, la gestión telemática de los expedientes me facilita mucho el trabajo. Pero no entiendo esa necesidad de que todo sea telemático. Creo que los dos mundos tienen que poder convivir.

“Hay muchos contribuyentes que prefieren conformarse con el acto administrativo de liquidación, aunque no estén de acuerdo, porque acudir al recurso tiene un coste, en primer lugar de asesoramiento para que defiendan en esa vía tus intereses de manera adecuada”

P.– ¿Se recurre y se reclama más que nunca?

R.– No. Se recurre y se reclama sin ninguna duda, pero los incentivos que existen para no hacerlo también pesan en la balanza. Hay muchos contribuyentes que prefieren conformarse con el acto administrativo de liquidación, aunque no estén de acuerdo, porque acudir al recurso tiene un coste, en primer lugar de asesoramiento para que defiendan en esa vía tus intereses de manera adecuada. Por otro lado, en muchos expedientes que van acompañados de la pertinente sanción, el hecho de no recurrir genera unas reducciones sobre la sanción a las que los contribuyentes prefieren acogerse. La garantía en la vía del recurso de obtener una resolución favorable no existe. Y luego está la jurisdicción ordinaria en la que, además, del coste del asesor, existe siempre la posibilidad de perder con una condena en costas, lo que todavía incrementa el coste del recurso.

P.– ¿Y cómo es su relación como colaboradores sociales con la Agencia Tributaria?

R.– Ha mejorado en algunas cuestiones, como pueden ser la gestión de expedientes y de documentación, pero se ha perdido esa cercanía que había en otros tiempos. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los actos de comprobación que realiza la Administración son de gestión, que en todos los casos se resuelven por escrito. Y muchas veces el propio contribuyente te pregunta por qué no se puede hablar con el funcionario, porque no es lo mismo explicar determinadas cuestiones hablando las cosas que presentando un escrito.

P.– ¿Diría que los ciudadanos conocen en general sus derechos como contribuyentes?

R.– Hay todavía una labor didáctica pendiente. Y en esto, el Observatorio para los Derechos y Garantías de los Contribuyentes, creado en marzo, tiene la finalidad de examinar el grado de cumplimiento por parte de la Administración y de los poderes del Estado del respeto a los derechos de los contribuyentes y ciudadanos. Desde la asociación en Cantabria, por ejemplo, acabamos de tratar en una jornada formativa el tema de los derechos de los contribuyentes en la entrada y registro del domicilio constitucionalmente protegido.

P.– ¿Le preocupa el uso que Hacienda pueda hacer de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en cuanto a los derechos de los contribuyentes?

R.– Sí, efectivamente. La Administración, si no dispone ya, dispondrá de unos medios tecnológicos basados en la IA que sin duda pueden erosionar los derechos de los contribuyentes. Es decir, puede disponer de tal cantidad de información que nos veamos reducidos a meros números y comparsas. Esto es algo que nos preocupa mucho. Vemos que la Administración Tributaria está destinando recursos a formarse y adquirir programas, conocimientos y tecnologías que van en esa línea. Los asesores fiscales, por nuestra parte, también hemos dado ese paso y la propia Aedaf está a la vanguardia de la incorporación de las nuevas tecnologías. Creemos que la inteligencia artificial es una herramienta que va a acompañar al asesor y que ha venido para quedarse.

P.– ¿Cada vez hay menos fraude fiscal?

R.– La naturaleza humana siempre estará ahí pero, como le decía antes, las nuevas generaciones tienen más conciencia tributaria. El fraude fiscal se ha ido reduciendo tanto por esta mayor concienciación ciudadana como por el control de la Administración Tributaria. No sé ahora mismo las cifras, pero mi percepción es que se está reduciendo.

P.– La factura electrónica y el sistema Verifactu, cuya obligación el Gobierno ha retrasado como pronto al año que viene, ¿será un quebradero de cabeza para la mayoría de pymes y autónomos como auguran algunos?

R.– Es de nuevo un incremento del control por parte de la Administración Tributaria. En el País Vasco, donde ya está en vigor, parece que está funcionando. No sabemos si finalmente acabará incorporándose o no, pero adaptarse a ese sistema y hacer que funcione es una carga más para los administrados.

P.– ¿Cuál diría que es el mayor reto que tiene por delante su asociación?

R.– Son muchos los retos que la actual directiva está tratando de abordar. Desde el punto de vista interno, implementar nuevas tecnologías dentro de la asociación para que el asociado puede aprovechar todavía más toda la capacidad formativa y de documentación de la que disponemos. Y de manera externa, además de la IA, que es un reto al que la asociación y los asociados ya nos estamos enfrentando, está el reto de captación de talento joven. Queremos atraer jóvenes a la asociación. Hay asesores fiscales, pero quizá haya que impulsar el relevo generacional. El compromiso de la asociación es intentar captar nuevos asociados.

Las pequeñas queserías cántabras se abren paso en el mercado moderno posicionándose en el sector gastronómico y el turístico y saliendo de las fronteras españolas gracias a su cada vez mayor presencia en tiendas especializadas. Creada para dar respaldo a quienes mantienen viva en la región la tradición de elaboración de queso, la Asociación Cantabria Quesera quiere dar un nuevo impulso al sector, combinando tareas de promoción con iniciativas que buscan vincular la elaboración artesanal con el turismo, reforzando la vinculación entre los productores.

Ana Bringas | Junio 2026

Cantabria se puede recorrer de muchas maneras. Las tradicionales y más evidentes son las rutas por mar y montaña conociendo playas y pueblos, sin embargo, poniendo el foco en la oferta gastronómica, existe una cartografía menos clara que se dibuja de queso en queso. Un producto que ya cumple una función vertebradora del territorio y que es reflejo de la economía rural, en lo gastronómico, pero también en lo turístico. Hoy, el sector quesero cántabro vive un momento “interesante”, según definen sus protagonistas. César Campo, presidente Cantabria Quesera y parte de la Quesería Javier Campo Queso de Tresviso, detalla que se trata de un instante “meseta”, una etapa de estabilidad que llega tras un ciclo de expansión, con pequeñas empresas consolidadas, sin crecimiento en número de queserías, pero con una modernización progresiva que poco a poco va llegando al sector.

En Cantabria existen actualmente 41 queserías, la mayoría de ellas de escala reducida. Dentro de ese conjunto, la asociación Cantabria Quesera, integrada en la Oficina Agroalimentaria creada por CEOE-Cepyme de Cantabria para dar visibilidad a las pequeñas empresas regionales que operan en el sector, agrupa a 15 artesanos, lo que supone aproximadamente el 35% del total. El perfil de las queserías cántabras se corresponde casi en su totalidad con empresas muy pequeñas, de hecho todas salvo una excepción –Lafuente– son microempresas de carácter familiar o incluso personal.

La asociación, que se creó para dar respaldo a quienes mantienen viva la tradición quesera de la región, no se articula en función del tamaño de las empresas que la integran, sino desde un criterio transversal. Es decir, agrupa desde pequeñas queserías familiares hasta proyectos más estructurados bajo una misma idea de base que pasa por preservar y proyectar el valor del queso. César Campo reconoce que el objetivo de Cantabria Quesera es ampliar representación y sumar nuevos socios. Sin embargo, según explica, ese crecimiento ha sido limitado en los primeros años de vida del colectivo –nació en 2022–, en parte por la dificultad de construir argumentos sólidos que justificaran la adhesión. Esa situación, no obstante, ha comenzado a cambiar recientemente. Desde 2025, la asociación ha intensificado su actividad con nuevas iniciativas y una mayor comunicación interna entre los productores.

César Campo, presidente de Cantabria Quesera. Foto: Nacho Cubero.

Uno de los elementos clave del análisis del sector es el consumo. En España se consumen 9 kilogramos de queso por persona al año, mientras que en otros países europeos se alcanzan los 20. Por ello, la meta más cercana de la asociación es incidir culturalmente en el consumidor cántabro y nacional.

César Campo detalla que existe una diferencia cultural que explica estos datos y que buscan corregirla mediante acciones comerciales que transformen la forma histórica de acercarse al consumidor, haciéndola más moderna y eficiente. Entre las medidas previstas o en desarrollo se encuentran la renovación de la imagen de marca de las queserías, así como la creación de formatos de difusión más actuales, especialmente en el ámbito de los eventos gastronómicos. En este contexto se enmarcan iniciativas como Tardíu, un festival de quesos y bebidas artesanas de Cantabria que combina música, mercado y demostraciones gastronómicas, y que supone una alternativa más atractiva y experiencial a los modelos de mercadillo tradicionales.

En este contexto, César Campo sostiene que el sector quesero cántabro atraviesa un momento con muchas posibilidades, comparable –a su juicio– al que vivió el sector del vino hace unos años. Entonces, muchas bodegas dejaron atrás las imágenes heráldicas para apostar por diseños más atractivos y contemporáneos. Ese mismo camino es el que ahora empieza a explorar el queso: dejar de percibirse como un subproducto del sector ganadero para ganar entidad propia, también desde lo visual, renovando etiquetas tradicionalmente asociadas a pastores o animales aunque sin renunciar a su identidad. Con todo, el cambio no se limita a la imagen. Campo avanza que Cantabria Quesera trabaja en un “proyecto piloto” para acercar el queso a los consumidores más jóvenes en los colegios.

Además, la transformación pasa por convertir el producto en experiencia. En esa línea, cada vez más queserías apuestan por abrir sus puertas al público y mostrar el proceso de elaboración, acercando el consumidor a la producción. Más allá de la leche, el cuajo o los fermentos, los productores cántabros buscan aportar un valor añadido a través de propuestas turísticas que permitan entender el queso desde dentro. “Es interesante que el consumidor pueda conocer al detalle cómo se produce”, apunta.

Expositor de Cantabria Quesera en el Salón Gourmets celebrado el pasado mes de abril en Madrid, una de las principales ferias del sector en España.

Ejemplos de este modelo son iniciativas como los talleres de elaboración de queso pasiego en La Jarradilla, las experiencias en Quesoba en el Valle de Soba, las visitas a la Granja Quesería El Pendo, las catas en Quesería Tresgallo o los talleres de queso fresco en Granja Cudaña. Todas son propuestas que refuerzan el papel de las queserías como activo turístico. Su distribución por toda la geografía cántabra contribuye, además, a dinamizar pequeñas localidades menos frecuentadas, incorporándolas a nuevos itinerarios ligados a la gastronomía.

El reto

Según el presidente de la asociación Cantabria Quesera, el reto es mantener producciones pequeñas en un mundo globalizado. Campo reconoce la dificultad, pero también matiza que existen ejemplos que rompen esa lógica. “Siempre se dice que para exportar hace falta mucho volumen de producción. Sin embargo, hay queserías pequeñas con presencia en muchos países, sobre todo en tiendas especializadas”, explica. Es el caso de la Quesería Javier Campo, en Tresviso; o La Pasiega de Peña Pelada, en La Cavada. Aún así, el presidente de la asociación que agrupa a los queseros cántabros subraya que fuera de Cantabria la presencia es “muy de nicho”, aunque concede que “viajar fuera de España y encontrarte con queso cántabro produce un orgullo inexplicable”.

Campo detalla además que el acceso al mercado responde a una cuestión de fases. La primera, explica, es la venta directa en mercados o ferias, donde productor y consumidor se conocen y, de esta manera, se obtiene un “’feedback’ inmediato” a través de la prueba del producto. Ese primer contacto, añade, también permite ganar visibilidad ante tiendas especializadas y, a medida que crece el volumen de producción, facilita la entrada en canales de distribución.

En ese proceso se encuentran ejemplos como Granja Quesería El Pendo, en Escobedo de Camargo, o Quesos El Bardal, en Zurita, empresas jóvenes que han logrado abrirse paso y que ya están presentes en algunas cadenas de supermercados a nivel regional.

Valor a la leche cántabra

Por otra parte, las queserías desempeñan un papel clave a la hora de poner en valor la producción ganadera de la región. Con esta pequeña industria, la leche cántabra se transforma en proximidad –cerca de las propias explotaciones– gracias a “buenas manos y la tradición quesera”, como subraya César Campo. Así, en muchos casos, las queserías trabajan con leche de ganaderías vecinas, lo que refuerza el vínculo territorial y añade valor e identidad al producto final. En otros, son los productores quienes transforman su propia leche. En ambas opciones, la tradición lechera de Cantabria es fundamental, sentencia el presidente.

En términos estructurales, la situación de Cantabria guarda similitudes con la de comunidades vecinas como Asturias o el País Vasco. En todas ellas predomina un tejido formado por pequeñas empresas, acompañado de una o dos firmas de mayor tamaño. En el caso cántabro, ese papel lo representa Lafuente; en Asturias, Central Lechera Asturiana.

Aun así, el peso del sector recae principalmente en proyectos de pequeña escala. Un modelo que contrasta con el de Castilla y León, donde, por razones culturales y productivas, la estructura del sector responde a dinámicas diferentes.

El diseño de las licitaciones por las que se gestionará el mayor espacio dedicado a la flota deportiva en Cantabria reparte la dársena actual en tres áreas distintas, en un planteamiento que busca el equilibrio entre el componente social y deportivo de la náutica de recreo y su condición de motor económico y polo de atracción para un turismo de alto poder adquisitivo. Si las licitaciones se cubren tal y como están concebidas, se sumarían en torno a 300 amarres a los hoy existentes, además de renovarse toda el área dedicada a varadero, con una inversión total que podría alcanzar los 40 millones de euros. El Club Náutico Marina del Cantábrico, concesionario del puerto deportivo hasta 2027, optará a la denominada Marina Este, donde tendrán espacio preferente los amarristas actuales.

José Ramón Esquiaga | Junio 2026

Por más que sea habitual incluirla entre las actividades reservadas a quienes cuentan con economías muy saneadas, basta darse un paseo por cualquiera de las zonas en las que amarran embarcaciones de recreo para confirmar que con ese concepto –el de barco dedicado al ocio– se describen realidades muy diferentes, que forzosamente se corresponden con perfiles de propietarios y con usos que convierten en imposible cualquier generalización. Esa diversidad, que en su forma más evidente se mide en los muchos metros de eslora que separan a un pequeño bote de los yates de mayor tamaño, puede servir también para explicar la forma en que la Autoridad Portuaria de Santander (APS) ha diseñado el futuro de lo que hoy es el puerto deportivo de Marina del Cantábrico, cuya concesión caduca el 9 de julio de 2027 y para cuya renovación se ha optado por una triple licitación con la que se quiere dar respuesta a modelos de explotación que, a falta de que el resultado de la convocatoria confirme o no ese planteamiento, parten igualmente de visiones diferentes de la náutica deportiva.

Con una trayectoria que ha sido pródiga en episodios controvertidos, la que es la principal marina deportiva de Cantabria encontró una relativa estabilidad cuando el Club Deportivo Marina del Cantábrico asumió la gestión de la infraestructura, tras hacerse con la concesión en 2021, después de la quiebra y liquidación de la anterior concesionaria, Marina de Santander. Estabilidad relativa por cuanto el proceso fue posteriormente anulado por una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria –en una decisión que quedó sin efectos prácticos por el recurso presentado por la APS– y sobre todo porque lo cercano del final de la concesión abocaba a una provisionalidad incompatible con cualquier actuación de puesta al día de unas instalaciones que acusaban el casi medio siglo transcurrido desde su inauguración.

Aportar un marco estable que haga posible acometer las inversiones necesarias para la actualización de la infraestructura es el primer objetivo que se persigue con una triple licitación que, secundariamente, busca armonizar el componente sociodeportivo de la náutica de recreo con la condición que esta tiene de motor económico y de reclamo para un turismo de alto poder adquisitivo. Para alcanzar ese difícil equilibrio, la APS ha diseñado tres concesiones para la lámina de agua, la superficie en tierra y los servicios que hasta ahora se organizaban con solo una. Una de ellas será la destinada a la construcción, adecuación y explotación de una instalación para la varada, mantenimiento, reparación, construcción y puesta en seco de embarcaciones, asumiendo las taras que hoy realiza –con medios mucho más precarios que los que prevé la nueva licitación– la actual concesionaria. El puerto prevé además trasladar aquí el servicio de carro-varadero que hoy se presta en el Barrio Pesquero, lo que liberará ese espacio para la ciudad. Son 3.600 metros cuadrados de lámina de agua –destinados a muelles de espera y a las labores de izado y puesta a flote de las embarcaciones– y 30.200 metros cuadrados de superficie terrestre.

El esquema con el que la Autoridad Portuaria de Santander delimita las áreas correspondientes a cada una de las
futuras concesiones.

Las otras dos concesiones que salen ahora a concurso serán las destinadas propiamente a amarres, y a las que corresponde por tanto dar respuesta al que reiteradamente ha venido señalándose como principal condicionante –una oferta que no es capaz de cubrir la demanda potencial de puntos en los que atracar la flota, tanto la residente como la de paso– para el desarrollo de la náutica deportiva en Cantabria y, singularmente, en el área de la bahía de Santander, considerada especialmente propicia para este sector. Para ensanchar ese cuello de botella, y hacerlo sin inclinar la balanza hacia la orilla más elitista de la actividad, la APS ha dividido los 174.000 metros cuadrados de lámina de agua con que cuenta la dársena en dos zonas diferenciadas, que se licitarán por separado: una, a la que denomina Marina Oeste, de 85.000 metros cuadrados en un espacio hoy sin utilizar en su mayor parte; y otra, bautizada como Marina Este, con otros 89.000 metros cuadrados que se corresponden casi en su totalidad con la lámina de agua en la que se ubican los atraques de la actual concesión.

Condiciones diferentes, perfiles distintos

Con superficies muy similares, son las condiciones que se contemplan para ambas concesiones las que marcan las principales diferencias entre una y otra, y lo que presumiblemente establecerá perfiles muy diferentes entre los interesados en licitar por cada una de ellas. Quien se haga con la Marina Este –la que puede identificarse casi en su totalidad con la Marina del Cantábrico de hoy– deberá habilitar 850 amarres, de los que un 60%, como mínimo, deberá estar destinado a esloras iguales o menores a ocho metros; un 30%, como mínimo, a esloras entre 8 y 12 metros y un 10%, como máximo, a esloras entre doce y dieciocho metros. El reparto de esloras, que da preferencia a las que constituyen la mayoría de la flota de recreo con base en la bahía, aporta ya un primer indicio del papel que quiere darse a este espacio, destinado a facilitar la continuidad del uso actual. Este objetivo se recoge explícitamente en otra de las bases de la licitación, que obliga al futuro concesionario a dar preferencia a los actuales amarristas –entendiendo como tales a quienes ostenten esa condición durante al menos los seis meses anteriores al final de la actual concesión– a la hora de comercializar los atraques. Además, se obliga a que la totalidad de estos se destinen a embarcaciones de base, vetando por tanto la posibilidad de que el futuro concesionario pueda reservar amarres para la flota en tránsito o alquilarlos por temporada.

Las condiciones de la concesión de esta Marina Este se completan con las dos variables que, junto a la eslora y las condiciones de comercialización de los amarres, definirán la viabilidad de la explotación del puerto: la inversión y el precio máximo a cobrar a los futuros amarristas. Según establece el puerto, quien opte a la concesión deberá invertir entre 3,5 y 7,5 millones de euros en la renovación de las instalaciones, un mínimo y un máximo que se corresponderán con una mayor o menor puntuación en la valoración de la oferta. El precio máximo de comercialización establecido en las bases es de 0,5 euros multiplicados por día y por la eslora y manga –largo y ancho– del atraque, lo que daría como resultado una cantidad que oscilaría entre los 82.000 y los 263.000 euros –IVA aparte– para las esloras de entre 6 y 12 metros, superando el medio millón para las de más de 20 metros. Como referencia, y consideradas en pago anual, son cantidades comparables a las que contempla el diseño de tarifas del actual concesionario.

Si a la Marina Este le corresponde facilitar la continuidad de los usos del actual puerto deportivo –sea con el mismo concesionario o con quien le dispute la licitación– a la nueva Marina Oeste le compete dar respuesta a la demanda que puede quedar insuficientemente cubierta de esta manera: nuevos amarristas, ya sean de base o de temporada, y atraques para grandes esloras y flota en tránsito. En este caso no se establece un número fijo de amarres, que dependerán de la distribución de esloras que decida el futuro concesionario que, eso sí, estará obligado a que un 5% del total sean para embarcaciones de más de dieciocho metros de eslora, y un 10% se destinen a embarcaciones de tránsito. La inversión a acometer se sitúa entre los 10 y los 20 millones de euros –cantidades que dan lugar, respectivamente, a la mínima y máxima puntuación en el proceso de adjudicación–, en tanto que las tarifas máximas a cobrar a los amarristas se mueven entre los 8 y los 10 euros por día y metro cuadrado, en función de si se trata de embarcaciones con base en el puerto o en tránsito.

Barcos en la zona que se licitará como Marina Este. Al fondo, en tierra, la zona destinada a varadero y servicios, que también contará con una porción de lámina de agua para maniobras y pantalanes de espera. Forto: Nacho Cubero.

Al igual que sucede en el caso de la licitación de la Marina Este, en la puntuación se ponderará positivamente la rebaja sobre estos importes máximos, que en todo caso son notablemente superiores a los que se contemplan para los atraques de la parte del puerto con la que se busca dar continuidad al actual. Aunque la futura concesionaria es competente para fijar la distribución de espacios entre esloras y, por tanto, el número de atraques, la APS calcula que esta Marina Oeste podría ofertar en torno a 600 o 700.

Actual concesionaria

Por el momento, solo el Club Deportivo Marina del Cantábrico ha confirmado que acudirá a la licitación, en lo que será un intento de renovar la concesión que ahora ostenta. En términos prácticos, y de resolverse la licitación a su favor, eso supondría que los 850 socios deberán aportar la cantidad necesaria para afrontar la inversión que exige la APS, repartida en razón de la participación de cada cual, de lo que resultaría una media de unos 9.000 euros si la cuantía se mueve en el entorno de los 7,5 millones de euros que darían lugar a la máxima puntuación en el proceso de adjudicación. A partir de ahí, los pagos se limitarían a los gastos de luz y agua y a lo que el propio club cobrase a sus socios, como sucede actualmente. El escenario sería diferente en caso de que la licitación la ganase alguien ajeno a los actuales amarristas, que debería invertir con sus propios medios y comercializar posteriormente los atraques a la tarifa máxima recogida en las bases y dando preferencia a las embarcaciones que tienen ahora ahí su base.

David Muñoz, presidente del Club Deportivo Marina del Cantábrico recuerda que esta es una licitación abierta y no descarta tener que competir con otras ofertas, o que incluso sean estas las que consigan hacerse con la concesión. Con todo, considera muy improbable que con las condiciones en que está planteada la licitación de la Marina Este haya ninguna empresa interesada en hacerse con ella, sobre todo teniendo en cuenta que tiene la opción de hacerlo con números mucho más atractivos en la Marina Oeste. De haber algún interesado, augura, será un club sin ánimo de lucro, como el que él preside.

“Económicamente, nos hemos quitado un peso de encima, lo que no significa, eso quiero dejarlo claro, que vayan a darnos la concesión, hay que cumplir unos parámetros y puede haber algún otro club de España interesado en ella”. David Muñoz, Club Marina del Cantábrico.

“Estamos contentos con la forma en que la APS ha diseñado las concesiones, dividiéndolas en tres, porque para nosotros era absolutamente inviable optar a la totalidad. Económicamente, nos hemos quitado un peso de encima, lo que no significa, eso quiero dejarlo claro, que vayan a darnos la concesión, hay que cumplir unos parámetros y puede haber algún otro club de España interesado en ella”, advierte el presidente de Marina del Cantábrico, que en todo caso recuerda que la entidad que preside ha venido “haciendo los deberes”, saneando las cuentas, generando una reserva de fondos y planificando una reordenación de espacios que permita cumplir con lo que se pide en las condiciones de licitación.

El puerto actual cuenta con 1.200 atraques, entre los que se cuentan los de los cuatro pantalanes que se sitúan hoy en el espacio que corresponderá a la futura Marina Oeste, y a los que habrá que hacer sitio en el nuevo diseño de la concesión Este. David Muñoz no cree que vaya a haber ninguna complicación para hacerlo. “Nosotros somos 850 socios, el resto, hasta los cerca de 1.200 atraques, son tránsito, lista sexta, empresas, y según esta licitación no tienen cabida. Con eso, en los 90.000 metros cuadrados de lámina de agua que nos corresponderían entran los 850 atraques que pide el pliego, esperamos que incluso alguno más, pero los 850 con toda seguridad”, calcula el presidente del Club Marina del Cantábrico.

Al margen de lo que pueda deparar la resolución de las tres licitaciones, David Muñoz no tiene duda a la hora de calificar como muy positivo el diseño planteado para el que es el mayor espacio dedicado a la náutica deportiva en Cantabria. De todo el proceso debería resultar una inversión que, teniendo en cuenta el arco superior de lo recogido en las condiciones, rondaría los 40 millones de euros. Ello daría lugar a una renovación completa de las instalaciones actuales, una zona de varadero y actividades auxiliares con capacidad para dar respuesta a lo que hoy se reclama a instalaciones de estas características, y un aumento notable en el número de atraques, que pasarían de los 1.200 actuales a un número que rondaría los 1.500, dependiendo de cómo ordene el espacio quien se haga con la concesión de la Marina Oeste. “Pase lo que pase, vamos a tener 700 vecinos nuevos, y una empresa con interés y capacidad para invertir en generar una actividad que nos va a venir bien a todos”, recalca.

“Estábamos llegando al límite, con Puertochico lleno, Pedreña también completo y Marina del Cantábrico muy cerca de estarlo”. Jaime Piris, gerente de Yates y Cosas.

El incremento en el número de atraques incide sobre una cuestión estrechamente vinculada con el desarrollo de la náutica deportiva, tanto por su relación directa con el mercado de compraventa como por lo que puede aportar para incrementar la oferta de servicios de alquiler que hoy tienen una presencia mínima en la capital cántabra. “Estábamos llegando al límite, con Puertochico lleno, Pedreña también completo y Marina del Cantábrico muy cerca de estarlo”, admite Jaime Piris, gerente de Yates y Cosas, una de las principales empresas de la región dedicadas a la venta de embarcaciones y su reparación, además de prestar servicios asociados a su mantenimiento. Piris celebra unos planes de ampliación que, en lo que tiene que ver con el número de atraques, dan respuesta a uno de los factores que hoy afectan al proceso de venta de cualquier embarcación, condicionado por la posibilidad o no de disponer de un amarre adecuado para la eslora elegida. El gerente de Yates y Cosas, eso sí, continúa echando en falta que esas plazas para la flota deportiva se habiliten en lugares más cercanos al centro urbano santanderino, donde a su juicio se concentra la mayor demanda potencial.

Sobre el diseño del futuro de lo que hoy es Marina del Cantábrico, Jaime Piris coincide con David Muñoz a la hora de calificar como adecuada la triple licitación con la que se quiere dar respuesta a la variedad de usos del actual espacio. Considera también positivo el planteamiento de la futura zona industrial, aunque expresa dudas sobre la convivencia entre las flotas pesquera y deportiva a la que dará lugar el nuevo varadero que está previsto construir en la parte que da a la ría de Astillero.

La referencia de otros puertos, y su conocimiento de las necesidades de la flota deportiva en el entorno de la bahía, hace que tanto Jaime Piris como David Muñoz coincidan en mostrarse optimistas sobre las posibilidades de que las licitaciones de la Marina Oeste y el Varadero –las que exigen una mayor inversión– salgan adelante tal y como están concebidas. Cuestiones mencionadas reiteradamente al hablar de esta actividad, como el atractivo de la bahía de Santander y su condición especialmente adecuada para la práctica de la náutica de recreo durante todo el año, se suman a otras como la escasez de puntos de recalada para la flota en tránsito en el Cantábrico. También el tirón que el mercado registró tras la pandemia, que aun sin llegar a los niveles que se registraron en los años inmediatamente posteriores a aquella, ha mantenido esa tendencia desde entonces.

“La venta de barcos ha subido un 8% en el conjunto de España este último año. En Cantabria, como suele ser habitual, vamos algo por detrás de esas cifras, pero lo normal es que acabemos llegando ahí”, explica el gerente de Yates y Cosas, que en todo caso menciona la estabilidad como principal característica de un mercado que por el momento no se está viendo afectado por la complicada situación internacional. Es esa, en todo caso, una de las principales amenazas que penden sobre un sector directamente vinculado con el ocio y, como tal, objeto de un gasto que es siempre el primer candidato a recortes en cualquier ajuste de los presupuestos familiares.

Aunque el autónomo y el comprador particular siguen siendo minoría entre quienes optan por un alquiler a largo plazo del automóvil como alternativa a la propiedad, ambos colectivos representan ya el 14,2% del total de coches que circulan bajo esa fórmula, un porcentaje que multiplica por seis el dato de hace una década y que sigue manteniendo un potencial de crecimiento significativo.

Ana Bringas | Junio 2026

Después de la vivienda, el coche es la mayor inversión que un ciudadano promedio realiza en su vida. Ambas son decisiones económicas importantes que implican un fuerte desembolso y un compromiso a largo plazo, lo que explica que, en un contexto de incertidumbre, cada vez más consumidores busquen alternativas más flexibles. Cambios tecnológicos, nuevas normativas medioambientales, restricciones en las ciudades, un mercado en transformación… Para muchos particulares, comprometerse a largo plazo con la compra de un coche ya no resulta una elección tan evidente como antes y, en este caldo de cultivo, el ‘renting’ ha ido ganando terreno como una alternativa a la compra, más allá del ámbito empresarial, donde ya era una opción muy utilizada.

Conviene matizar, no obstante, que en los registros estadísticos los particulares no aparecen de forma aislada, sino agrupados junto a los autónomos en una categoría diferenciada de las empresas. Precisamente este segmento –particulares y trabajadores por cuenta propia– se ha convertido en el gran revulsivo del mercado en los últimos años. Si en 2015 los usuarios en este epígrafe apenas representaban el 2,35% del parque total de ‘renting’ en España, a cierre de 2025 su peso se ha elevado hasta el 14,19%, aunque sigue siendo minoritario frente a los clientes profesionales.

Según José Martín Castro, presidente de la Asociación Española de Renting de Vehículos, el alquiler en general se ha consolidado en España como una alternativa “plenamente madura” frente a la compra tradicional de vehículos. Una prueba de ello, explica, es que el año pasado se cumplió el hito de superar el millón de vehículos en el parque, con crecimientos sostenidos en los últimos años de entre el 5% y 7% anual. La cifra duplica el registro de 2015 y, de hecho, a nivel nacional el ‘renting’ ya representa una de cada cuatro matriculaciones de vehículos en nuestro país, un porcentaje que aumenta a una de cada dos en el caso de las furgonetas.

José Martín Castro, presidente de la Asociación Española de Renting de Vehículos. Foto: Nacho Cubero.

En Cantabria, este mercado continúa mostrando una evolución muy positiva en 2025, con un crecimiento del 9,85% del parque de vehículos, por encima de la media nacional que, como ya se ha citado, está entre el 5 y el 7%. “Este comportamiento refleja la consolidación del ‘renting’ como una solución de movilidad cada vez más atractiva en la región”, estima Castro. Es decir, Cantabria mantiene su peso dentro del mercado nacional, pero con un crecimiento superior a la media, lo que, tal y como prevé el presidente de la Asociación Española de Renting de Vehículos anticipa un recorrido de expansión “muy relevante” en los próximos años.

Más allá de las empresas

Para Fermín González, responsable en Cantabria de la empresa Northgate Renting Flexible, el sector se ha ido expandiendo con el segmento de particulares y autónomos como “un gran dinamizador”. Los datos revelan un aumento del 5,94% en el número de usuarios que se suma a un crecimiento del parque automovilístico, lo que pone de manifiesto una base cada vez más amplia y diversificada de usuarios que “refuerza la estabilidad y el potencial de desarrollo del ‘renting’ en la comunidad” según Castro.

En ello coincide González, quien apunta que las estadísticas muestran cómo esta tipología de cliente apuesta cada vez más por el alquiler al buscar soluciones para su movilidad profesional o personal: “El ‘renting’ ha pasado de ser considerado un producto financiero para grandes flotas a convertirse en una solución de movilidad masiva”. En el caso de Northgate, la penetración entre autónomos, explica, está consolidada: “Nuestro ‘renting’ flexible es la mejor solución ante necesidades de movilidad cambiantes, permitiéndoles dimensionar sus vehículos o flotas a las necesidades de cada momento. Y esta flexibilidad es también atractiva para particulares que, bien por tener necesidades cambiantes o por un cambio en el concepto de adquisición del vehículo, prefieren acceder a un vehículo por meses”, explica González. El presidente de la Asociación Española de ‘renting’ de Vehículos sostiene a su vez que esta tendencia confirma que el modelo se adapta cada vez mejor a las necesidades reales del tejido productivo y de los usuarios particulares.

En total, a nivel nacional el modelo cuenta con más de 277.000 clientes de todo tipo, un dato que en los últimos diez años se ha multiplicado por cinco, con especial crecimiento de los autónomos y particulares. Tal y como explica Castro, el ‘renting’ ha dejado de ser una solución exclusivamente corporativa. “Los beneficios del modelo han permeado a todos los tipos de consumidor”, detalla y confirma que el alquiler a personas físicas –particulares y autónomos– ha sido el responsable del gran crecimiento del ‘renting’. En 2015, este tipo de usuarios representaba en ‘renting’ el 2,35% del total del parque en alquiler a largo plazo en España, y a cierre de 2025 este porcentaje se eleva más de seis veces por encima, hasta el 14,19%, lo que ha supuesto multiplicar por 12 el número de vehículos. De hecho, un 49,53% de los clientes de ‘renting’ ya son personas físicas, multiplicándose en los últimos diez años por más de trece.

Las causas

Este fenómeno responde a varios factores, por un lado, tanto Castro como González hablan de un cambio cultural: del concepto de propiedad se ha pasado al modelo de pago por uso. El ‘renting’ le permite al usuario tener una previsibilidad económica y funcionar con presupuestos familiares más cerrados, en los que la movilidad es una partida más, en el caso del ‘renting’ con todos los servicios incluidos: mantenimiento, seguro, impuestos… “El particular hoy se encuentra en una situación en la que la flexibilidad de un servicio como el nuestro se ajusta como un guante”, anota el responsable de Northgate. Otro motivo que podría justificar esta tendencia es que el alquiler permite disfrutar de la última tecnología sin tener que hacer grandes desembolsos económicos y sin asumir riesgos, para Castro algo fundamental en un contexto como el actual en el que existen grandes incertidumbres.

Fermín González, delegado de Northgate en Cantabria. Foto: Nacho Cubero.

Por otro lado, las compañías de ‘renting’ han apostado por la incorporación de este tipo de cliente, ofreciendo procesos de contratación cada vez más sencillos, accesibles y digitalizados. “Poder disponer de un vehículo contratando por meses y sin permanencia elimina barreras: el cliente no asume compromisos a largo plazo, porque puede devolver el vehículo cuando quiera sin asumir penalizaciones, y disfruta del servicio a cambio de una cuota mensual con todo incluido. Con nuestro ‘renting’ flexible evita asumir una gran inversión comprando un activo que pierde valor cada día, o atarse en plazos a un ‘renting’ tradicional”, dice González.

“Desde el punto de vista del consumidor, el ‘renting’ resulta especialmente interesante cuando se busca tranquilidad y control del gasto; disponer de la última tecnología sin asumir riesgos de depreciación y disfrutar de la comodidad de tener todo incluido. El ‘renting’ es el servicio que mejor responde cuando se busca una movilidad sostenible en todos los aspectos”, subraya por su parte el presidente de la Asociación Española de ‘renting’ de Vehículos.

Con todo, el peso de los particulares sigue siendo minoritario, aunque con un gran potencial de crecimiento. “En el caso de Northgate, nuestro mayor peso lo siguen representando los clientes profesionales, que hace más de 45 años confían en nuestra modalidad flexible para configurar sus flotas”, apunta Fermìn González. Ante la pregunta de si estamos ante una moda o un cambio estructural, el responsable de Northgate descarta que se trate de algo pasajero, al representar ya una de cada cuatro matriculaciones en España: “Nosotros analizamos periódicamente la percepción del vehículo en propiedad por parte de los usuarios, y nuestro último estudio señaló que el 62,4% de los conductores no tiene en sus planes comprar un coche, mientras que el 34% considera que el vehículo en propiedad disminuirá en el futuro. Nuestro servicio está alineado con un nuevo estilo de vida, donde la flexibilidad cobra relevancia”.

En cuanto a las posibles limitaciones de optar por este modelo en lugar de la compra, Castro indica que es algo que depende de cada caso, aunque recomienda tener en cuenta aspectos como el número de kilómetros a realizar, para que el contrato se ajuste al máximo a las necesidades de movilidad y no haya ningún tipo de penalización. A esto, González añade un matiz de concepto: “Si el usuario lo interpreta como un inconveniente, hay que señalar que el vehículo no es de tu propiedad, sino que contratas su uso”.

Los mitos

Aunque cada vez menos, todavía persisten ideas erróneas o mitos sobre el ‘renting’: que es solo para empresas, que resulta más caro que comprar o que implica menos flexibilidad. Sin embargo estas y otras barreras comunicativas se reducen progresivamente.

En cierto modo, señala el representante de la Asociación Española de Renting, esta fórmula está ayudando a cambiar la relación de los ciudadanos con el automóvil, ya que el coche pasa de ser un bien en propiedad a convertirse en un servicio de movilidad integral. “Además, en la balanza decisoria cada vez pesan más conceptos como la sostenibilidad, la eficiencia y la comodidad, frente a otros más ligados a la apariencia o al estatus”, señala.

Los retos de este modelo son similares a los del conjunto de la movilidad. La electrificación, en la que el ‘renting’ ya ha sido pionero —con un 14% del parque electrificado, el más numeroso del sector—, es uno de ellos. El marco regulatorio también puede ser tanto una oportunidad como una barrera, según cómo las administraciones comprendan que este modelo no puede quedar discriminado, dado que se trata de una solución de movilidad cada vez más aceptada. Otra condición que puede influir positiva o negativamente es el contexto económico y social.

Varios de los modelos de la flota de Northgate. Foto: Nacho Cubero.

El futuro

Las perspectivas son para Castro “positivas” y pasan, en primer lugar, por mantener crecimientos sostenidos en todos los parámetros; y, en segunda instancia, por consolidarse como herramienta esencial para la descarbonización y el rejuvenecimiento del parque automovilístico. En este sentido, pone el foco en la edad media del parque español, que asciende a 14,6 años, mientras que el parque de turismos de ‘renting’ tiene una media de solo dos años. Finalmente, el presidente de la Asociación Española de Renting valora que el alquiler es la mejor respuesta a las necesidades de movilidad actuales, donde se demanda más previsibilidad, menos riesgo y mejor adaptación tecnológica, en un entorno en el que —como se ha comentado— existe una gran incertidumbre económica, regulatoria y tecnológica. En este punto, dice, el ‘renting’ ofrece soluciones “sencillas, transparentes y alineadas con la nueva movilidad: sostenible, segura, conectada y digital”, concluye.

El sector en general tiene una perspectiva optimista, y desde Northgate comparten esta previsión. “Nuestro crecimiento en flota está siendo constante, siempre acorde al ritmo de la demanda de nuestros clientes, y hace unos meses alcanzamos la cifra récord de 75.000 vehículos en nuestro país”, explica González. Señala que crecer en un segmento como el flexible requiere una fuerte especialización, que permita hacer frente al alto volumen de altas y bajas propio de este modelo de negocio. “Esta operativa es compleja, y lo podemos gestionar gracias a nuestra gran infraestructura, con 36 centros y 49 talleres propios. Hemos abierto seis centros en los últimos 18 meses y seguimos acompañando el crecimiento de flota con un incremento de nuestra capacidad operativa. Por eso esperamos afrontar nuevas aperturas este ejercicio, con la meta de alcanzar los 80.000 vehículos en flota”.

¿Puede sustituir a la compra tradicional? Fermín González afirma que ya lo está haciendo en ámbitos como el profesional, donde empresas y autónomos experimentan las ventajas de no tener una flota en propiedad, lo que aumenta la competitividad de sus negocios. Sin embargo, admite, el panorama es diferente entre particulares, donde se está afianzando progresivamente.

La entrada en servicio de la ampliación de la fábrica de paneles fibroyeso de Orejo libera a la empresa de los condicionantes que marcaba una capacidad productiva que hacía tiempo que se movía muy cerca de sus límites. Tras una inversión superior a los 150 millones de euros, cifra que la sitúa entre las mayores acometidas nunca por la multinacional propietaria, está previsto que la nueva línea genere 40 nuevos empleos en los próximos cuatro años, que se sumarán a los 121 trabajadores que hoy forman la plantilla de la factoría.

José Ramón Esquiaga | Junio 2026

Para cualquier observador ajeno que recorriera la planta de Fermacell en Orejo cuando esta fabricó su primer panel de fibroyeso, en mayo de 2013, pensar que aquella enorme nave solo parcialmente ocupada pueda llegar a quedarse pequeña entraba en la categoría de lo imposible. Esa perspectiva, sin embargo, empezó a verse más cercana apenas cuatro años después, cuando se implantó un quinto turno de trabajo para producir las 24 horas, siete días a la semana y durante todo el año, para convertirse en una realidad con la que la planta tuvo que convivir a partir de 2019, cuando fabricar más pasó a depender de una cada vez más complicada mejora en la productividad. Ensanchar ese cuello de botella, hasta hacerlo desaparecer, fue el objeto de la ampliación anunciada en mayo de 2023 que, cumpliendo los plazos adelantados entonces, ha permitido poner en marcha una nueva línea de producción que, además de liberar a la planta de los corsés que limitaban su capacidad de respuesta ante las demandas del mercado, ha situado a la fábrica entre las más modernas del mundo dentro de las dedicadas a la producción de paneles de fibroyeso para la construcción.

James Hardie, la multinacional propietaria de la planta que fabrica en Orejo bajo la marca Fermacell, ha invertido más de 150 millones de euros en la ampliación del espacio productivo y en la puesta en marcha de la nueva línea. Por su cuantía, la inversión no es solo una de las mayores realizadas nunca por cualquier industria cántabra, sino una de las actuaciones más relevantes de James Hardie en su historia. En cifras, supone añadir 11.000 metros cuadrados a la nave que hace algo más de una década parecía sobredimensionada, y sitúa a la filial española de la multinacional de origen australiano en disposición de ampliar su plantilla en 40 personas cuando la nueva línea fabrique a cinco turnos, algo que se prevé pueda suceder en un plazo de cuatro años. Para entonces se moverá en sus nuevos máximos, que permitirían duplicar la fabricación respecto a las cotas actuales, y elevar en la misma proporción la facturación, que se mueve hoy en el entorno de los 50 millones de euros.

Fabricados a partir de yeso calcinado y fibra de papel –este último procedente siempre del reciclaje– los paneles de fibroyeso son una alternativa al ladrillo que, en el catálogo de la factoría de Orejo –placas para construcciones de tabiques secos, placas para estructuras de madera y suelos para renovaciones y obra nueva–, se sitúa en el arco superior de prestaciones en aspectos como el aislamiento térmico y acústico, o la resistencia frente a golpes, a la humedad o el fuego. Estas características, junto a su adecuación a la construcción industrializada y la rapidez a la que dan lugar, sitúan al producto en línea con un mercado cada vez más sensible a todo lo relacionado con la sostenibilidad y la eficiencia. Además de incrementar la capacidad de producción, según explicaron los responsables de James Hardie en el acto de presentación de la ampliación, la nueva línea incrementa de forma notable el rendimiento y la consistencia del producto, dos factores cruciales para el segmento de la construcción industrializada en Europa, principal demandante de los sistemas de suelo, las placas de yeso para paredes y las soluciones prefabricadas que salen de Orejo.

Christian Claus, CEO y presidente de James Hardie Europe, en su intervención durante la inauguración de la planta. Foto: Nacho Cubero.

En lo geográfico, la producción de la filial española de James Hardie tiene como destino principal países como Francia, Suiza y Dinamarca, a los que se destina el 91% de lo que fabrica. La planta cántabra, que su propietario no duda en calificar como la la fábrica de placas de fibra de yeso más eficiente del mundo, aporta el 35% del total de la capacidad productiva con que cuenta James Hardie en Europa.

La inversión realizada por la multinacional en su planta cántabra es tanto un refuerzo como un aval a la trayectoria de la fábrica de Orejo. Desde que echara a andar con una plantilla de 30 trabajadores, la factoría de Orejo ha ido cubriendo etapas, en un crecimiento sostenido que llevó la cifra de empleados hasta los 60 en 2019, los 75 en 2021 o los 121 con los que cuenta actualmente. “Orejo se lo ha ganado”, resumió Christian Claus, principal ejecutivo de la multinacional en Europa, durante el acto de presentación de la inauguración, en el que destacó el alto rendimiento y la productividad de la fábrica cántabra a lo largo de su trayectoria.

“Tenemos con una planta moderna y sostenible que marca el estándar de las fábricas del futuro”, subrayó en el mismo acto Fernando Herrera, director de la fábrica, que destacó la flexibilidad y la calidad que ha caracterizado a Fermacell desde que iniciara su producción. En su intervención, Herrera se refirió especialmente a la labor de la plantilla de la empresa, y al compromiso de la empresa con el empleo local, una vinculación que se da desde que se inició la producción y que volverá a ponerse a prueba en próximas contrataciones: “Estos nuevos puestos de trabajo se cubrirán prioritariamente con personal de cercanía”, anunció.

El codirector del curso ‘Especialista Universitario en Guerra Electrónica’, Jesús Reyes, destaca el éxito de este título de postgrado de la Universidad de Cantabria promovido por el Clúster de la Industria de la Defensa (CID), que este año celebra su cuarta edición con la participación de 30 alumnos, y resalta el potencial del país en este ámbito tecnológico. Además señala que, en el contexto actual, en el que los pedidos a la industria española de defensa han aumentado de forma notable, los recursos humanos pueden convertirse en uno de los factores críticos para alcanzar los objetivos que se plantean.

Manuel Casino | Junio 2026

“En España somos punteros en guerra electrónica”. Así de rotundo se expresa Jesús Reyes, codirector del curso de ‘Especialista Universitario en Guerra Electrónica’, un título propio de postgrado de la Universidad de Cantabria promovido por el Clúster de la Industria de la Defensa (CID) que este año académico vive su cuarta edición. Para este experto, la guerra electrónica (electronic warfare, EW por sus siglas en inglés) se ha demostrado “esencial” para hacer frente a las crecientes tensiones internacionales y a la complejidad de los conflictos bélicos actuales que, según explica, se combaten simultáneamente en varios o en todos los dominios militares tradicionales –aéreo, terrestre, marítimo ciberespacial y espacial–, además de en una serie de ámbitos no militares –cultural, social, legal, económico y de infraestructuras, entre otros– que resultan, dice, “igualmente determinantes”.

“Más de hablar de dónde se libran ahora las guerras, si en el espacio o sobre el terreno, lo que cabría preguntarse es dónde se desarrollan las operaciones”, aclara este ingeniero de telecomunicaciones y exdirector de Guerra Electrónica en Indra para destacar el concepto de operaciones multidominio que impera hoy en el campo militar y poner en valor la oportunidad de esta iniciativa formativa que busca apoyar a la industria nacional de defensa contribuyendo a mejorar la formación de los nuevos profesionales que entran a trabajar en el sector y servir de complemento a oficiales de las Fuerzas Armadas (FAS) en su formación en EW. En su opinión, la obtención de este título que se imparte online –salvo las actividades prácticas– ofrece a quienes aún no han iniciado su carrera profesional, o a quienes trabajan fuera del sector de la defensa y aspiran a dar ese paso, un plus de formación que facilitará su incorporación en empresas que operan directamente en el ámbito de la defensa electrónica.

Jesús Reyes, quinto por la derecha en la primera fila, junto a alumnos del curso en una visita a las instalaciones del Centro Logístico de Armamento y Experimentación, en Madrid.

El curso ‘Especialista Universitario en Guerra Electrónica’ ofrece a estudiantes universitarios de postgrado y profesionales ya en ejercicio o que aún no han iniciado su trayectoria profesional, la formación específica que viene demandando la industria del sector con un enfoque muy práctico. El temario, impartido por seis profesores universitarios y otros tantos oficiales de las FAS, además de siete ingenieros con más de 20 años de experiencia en la materia, persigue un buen equilibrio entre las distintas áreas técnicas y operativas, de forma que el futuro especialista tenga, desde su primera toma de contacto, una visión global de la guerra electrónica.

Este curso “altamente especializado, profesionalmente muy demandado y de absoluta actualidad”, según resaltan sus promotores, consta de cinco asignaturas lectivas y una transversal que engloba las actividades prácticas y formativas complementarias. En total, más de 260 horas lectivas para un título de 26 créditos que aspiran a completar treinta alumnos, la mayoría procedentes del ámbito civil, salvo tres miembros de las Fuerzas Armadas becados por el CID, una entidad a la Reyes no duda en calificar como “el padre de la idea”.

Cruzado ya el ecuador de la presente edición e inmersos en la preparación de la que será su quinta convocatoria, su codirector destaca el éxito de este proyecto formativo. “No es algo habitual. Ha habido algunas otras iniciativas en este sentido antes que la nuestra, pero esta es la que más cuajado y la que ha tenido más amplitud porque es un curso que integra en su cuadro docente a la industria, a las Fuerzas Armadas (FAS) y al mundo académico. Y eso no es fácil. A veces te encuentras cursos que están muy sesgados hacia la academia u otros específicos que se imparten dentro del ámbito militar, pero no cuentan con la proyección exterior que tiene éste”, razona. Además, Reyes ahonda en que este tipo de cursos “no serían viables si la industria no los respaldara”, en alusión al apoyo prestado por cinco empresas tecnológicas del sector, todas ellas, al igual que la UC, pertenecientes al CID: Indra, Sener Aeroespacial y Defensa, Erzia Technologies, Celestia TTI y Acorde Technologies.

Larga experiencia

Sobre si quien controla el espectro electromagnético controla la guerra, este experto anticipa que no es sencillo dar una respuesta clara y concluyente, y prefiere, en este sentido, remitirse a un párrafo del documento Electromagnetic Spectrum Superiority Strategy, del Departamento de Defensa de EE UU, en el que se dice que el espectro electromagnético ‘no solo proporciona el tejido conectivo crítico que permite las operaciones en todos los dominios, sino que representa una costura natural y una vulnerabilidad crítica que afecta a las operaciones de la fuerza conjunta’. “En el ámbito de las operaciones electromagnéticas –desgrana– el objetivo esencial es emplear el espectro en nuestro favor: garantizar, por ejemplo, que nuestras comunicaciones funcionen con la calidad necesaria para sostener las operaciones y, al mismo tiempo, impedir que el adversario lo haga”. En este sentido, Reyes incide en que la industria española no solo tiene capacidad y desarrolla múltiples sistemas, sino que también exporta guerra electrónica.

Así, recuerda que el país “ya confió en que éramos capaces de desarrollar sistemas en este ámbito hace más de cuarenta años”. Una conjunción, según relata, “de confianza en lo que en aquel entonces era una industria embrionaria y también por parte de los dirigentes de esas empresas, que en ese momento apostaron por jóvenes recién titulados que empezábamos a trabajar en este campo, que nos ha permitido construir a lo largo de estas más de cuatro décadas una notoria capacidad en guerra electrónica”.

Buena parte de estos productos que se producen, precisa este experto, son para defensa de plataformas, sistemas fundamentales para su autoprotección. “Los barcos y aviones son los que más los utilizan, pero también las plataformas terrestres tienen que llevar en algunos casos sistemas de inhibición para defenderse de dispositivos explosivos improvisados y otros equipos más orientados al análisis del entorno electromagnético que hacen posible localizar fuentes de radiación electromagnética para mejorar la conciencia situacional”, desmenuza antes de explicar que “siempre debes conocer a tu adversario y tener muy presente que todo el mundo se observa para conseguir información de lo que tienes alrededor”.

Escuela de ingeniería de telecomunicación de la Universidad de Cantabria, de donde provienen buena parte de los alumnos del curso. Foto: Nacho Cubero.

Esta realidad no impide, sin embargo, que Reyes aluda a la falta de estabilidad presupuestaria de la que, dice, siempre se ha quejado la industria de defensa. Esta, y también otras industrias, recuerda, vivieron una situación “dramática” a partir de la crisis de 2008 y hasta 2015. “Durante ese periodo, hubo que coger las maletas e intentar conseguir mercado fuera de España para poder mantener la capacidad viva en defensa electrónica. Gracias en buena medida a esos contratos que se consiguieron en el extranjero se pudo mantener esa capacidad y que no se deshicieran los grupos de expertos de ingeniería que estaban trabajando dentro de esa área”, rememora.

Por ello, entiende que disponer de capacidad industrial es estratégico. “Si no la cuidas, y cuidarla significa asignarle una serie de tareas, de recursos y una orientación a largo plazo, puedes perderla”, observa.

Pero más allá de esta estabilidad presupuestaria y de una planificación y dimensión que permita una demanda sostenida en el tiempo y la asignación de los recursos necesarios, este experto considera igualmente fundamental contar con una especificación clara de las necesidades y capacidades que se quieren desarrollar para dotar a las Fuerzas Armadas de los equipos adecuados. “Sin esa definición –apunta– es igualmente muy difícil orientar el esfuerzo industrial”.

Además, defiende que, en el momento actual, en el que los pedidos a la industria española de defensa han aumentado de forma notable, los recursos humanos pueden convertirse en uno de los factores críticos para alcanzar los objetivos que se plantean. “Y no hablo solo de cantidad, sino, sobre todo, de calidad”, enfatiza para expresar su convencimiento de que es necesario contar con profesionales con una sólida formación de base, adquirida en las universidades y mediante la posterior especialización con programas y títulos específicos, como el de la UC que este ingeniero codirige.

Inversión en defensa

De otro lado, Reyes admite que España ha incrementado de forma significativa su gasto en defensa durante el pasado año, al pasar de algo más del 1 % del PIB al 2,1 %, que es el nivel de compromiso alcanzado de acuerdo con la información disponible. “Un aumento de casi un punto porcentual, con la previsión de que sea sostenido durante los próximos años, supone un reto para la industria española que tendrá que dimensionarse adecuadamente y responder en calidad y plazo a las entregas derivadas de los contratos que se están firmando”, aclara. En este contexto, considera que la actual industria española de defensa no compite, en general, en igualdad de condiciones que otros gigantes europeos del sector, como Rheinmetall, Leonardo o Thales, que “juegan en otra liga en términos de facturación”.

Una situación que el codirector de este curso asume que no es casual. “Durante décadas estas empresas han operado en países con presupuestos de defensa más elevados y se han beneficiado de políticas industriales que favorecieron la concentración de capacidades y la creación de campeones nacionales. Esa dimensión, además, les ha capacitado para acceder a mercados fuera de sus propios países”, revela. En España, por su parte, asegura que hay industria y talento, pero reitera históricamente ha habido un déficit de inversiones sostenidas y de una política industrial clara en materia de defensa. Por poner un ejemplo, ilustra que Indra tiene un volumen de negocio en defensa entre cinco y diez veces por debajo de las grandes europeas con las que deben competir y, al mismo tiempo, colaborar. Aun así, destaca que la industria española dispone de nichos de especialización muy sólidos en sistemas de mando y control, guerra electrónica, sensorización, ingeniería y construcción naval con Navantia, radar… “Es verdad que también tenemos bastante actividad en el sector aeronáutico, pero es a través de una empresa Airbus en la que la participación española es claramente minoritaria”, concede. Así las cosas, opina que el país cuenta con potencial suficiente, pero lo que falta es “una política de Estado que alinee objetivos industriales y capacidades militares con un compromiso de inversión firme y duradero”, resume.

“Ahora todo el mundo habla de la IA y cuando lo hace está pensando en ChatGPT, que es una IA generativa muy específica. Pero no es nuevo que sistemas militares utilicen este tipo de algorítmica”. Jesús Reyes, codirector del curso.

Finalmente, Reyes se refiere al papel que la inteligencia artificial (IA) puede desempeñar en guerra electrónica. “Parece que es algo que ha aparecido hace cuatro años con ChatGPT, cuando la realidad es que hay algoritmos asociados a la IA que nosotros ya venimos utilizando desde hace mucho tiempo. Concretamente, hace 30 años dirigía un grupo de desarrollo que abordó un clasificador de señales que utilizaba redes neuronales multicapa. Ahora mismo diría que estábamos utilizando IA, pero antes no lo llamábamos así. Eran algoritmos de los que se conoce como machine learning, es decir, aprendizaje automático”, clarifica. Según abunda, “ahora todo el mundo habla de la IA y cuando lo hace está pensando en ChatGPT, que es una IA generativa muy específica. Pero no es nuevo que sistemas militares utilicen este tipo de algorítmica”.

Lo que sí tiene claro es que la IA ha llegado para quedarse. Así, desarrolla que la inteligencia artificial es una tecnología trasversal a infinidad de actividades, con una “evidente conexión” con la robótica. “Veremos en qué queda la nueva IA generativa, aunque es evidente que desde el punto de vista de la defensa se va a utilizar; de hecho, se está empleando ya en los conflictos más recientes”, termina.