
El informe ‘Instrumentos para impulsar la I+D+i en Cantabria’ hace un diagnóstico de los factores que explican la escasa inversión en innovación que caracteriza a la región e identifica cinco ejes sobre los que avanzar para corregir un problema que limita las posibilidades de competir en una economía basada en el conocimiento. Impulsar el emprendimiento en sectores estratégicos, retener y atraer talento, establecer mecanismos de coordinación entre lo público y lo privado y reforzar la transferencia entre ciencia y empresa son algunas de las actuaciones que propone el estudio, elaborado por el grupo de investigación de Economía Pública y de la Salud de la Universidad de Cantabria a instancias de la Consejería de Economía y presentado en una jornada organizada por el Colegio de Economistas de Cantabria.
Juan Carlos Arrondo | Diciembre 2025
El rápido proceso de transformación tecnológica en que está inmersa la sociedad sitúa a nuestra comunidad autónoma ante el riesgo de rezagarse si no es capaz de dar el salto cualitativo necesario para implantar un ecosistema de innovación a largo plazo y una economía más basada en el conocimiento. Según el estudio ‘Instrumentos para impulsar la I+D+i en Cantabria’ –elaborado por el grupo de investigación de Economía Pública y de la Salud de la Universidad de Cantabria, a instancia de la Consejería de Economía, Hacienda, Financiación Autonómica y Fondos Europeos–, la región, a pesar de su importante potencial, adolece de un retraso estructural en inversión y dinamismo innovador, tanto en el ámbito institucional como en el empresarial. En un contexto que urge una toma de medidas ágil y decidida, el informe propone un plan de acción, estructurado sobre la base de principios como la colaboración público-privada, la gobernanza multinivel o la orientación a resultados, con el fin de contribuir a reforzar la competitividad, atraer inversión, crear empleo de calidad y, en definitiva, mejorar el bienestar.
Independientemente de la precisión con la que esos indicadores estadísticos puedan medir la magnitud del avance, el análisis cualitativo del sistema autonómico de I+D+i ofrece un diagnóstico de sus principales debilidades. De inicio, hay un ‘efecto frontera’, por la proximidad geográfica a polos de innovación fuertes, como las comunidades forales del País Vasco y Navarra, y un ‘efecto sede’, por una excesiva concentración en Santander frente a la periferia. Además, a diferencia de la especialización que ya experimentan otras comunidades, aún no están suficientemente definidos los sectores en los que enfocar la apuesta cántabra.

David Cantarero, director del grupo de investigación de Economía Pública y de la Salud de la Universidad de Cantabria. Foto: Nacho Cubero.
A partir de este contexto, David Cantarero, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Cantabria y director del grupo de investigación que ha elaborado el estudio, resume los aspectos críticos detectados: “La fragmentación y escasa masa crítica para innovar, la poca implicación de las pequeñas y medianas empresas, las dificultades para retener o atraer el talento y la baja conexión entre ciencia y empresa son cuestiones a mejorar. Otros dos aspectos también interesantes son la necesidad de una mayor cultura emprendedora y, aunque ya existe una ley de simplificación administrativa, reducir las trabas burocráticas”.
Vulnerabilidades y carencias
A esas vulnerabilidades habría que añadir las carencias estructurales en la digitalización, necesaria para que el reto de la I+D+i se haga efectivo más rápidamente, y los problemas derivados de una insuficiente planificación estratégica, así como de la atomización y falta de coordinación de programas a escala autonómica. Una fotografía fija de las debilidades del sistema innovador cántabro que convendría pasar por el filtro de la comparación con otros lugares en que se está avanzando mucho: “La idea es que Cantabria se enfrenta a un dilema: o hace una apuesta fuerte por la innovación o se queda atrás”, advierte el catedrático de Economía Aplicada, y alerta de que las referencias de dichos avances no solo están a pocos kilómetros de distancia: “Por ejemplo, en Munich está el Instituto Max Planck, que es un polo de innovación a dos horas de aquí en avión”. Precisamente, invertir en este campo produce este efecto de ‘hub’ o de foco de concentración de talento, pero también de ‘clusters’ o la creación de cadenas de valor.
La inversión en innovación, que influye positivamente en la productividad, en el empleo y en el crecimiento, tiene en último término un alto retorno económico y social. “Es el precio de comprar el futuro. Al final, son cambios en los procesos, en los productos, en los servicios, en los recursos humanos. Y cuando partes de una situación como la de Cantabria, su efecto multiplicador tiene más impacto”, indica Cantarero. Además, de acuerdo con su observación, el esfuerzo innovador en nuestra región tiene la característica de lograr un mayor alcance en la recaudación fiscal: “A través de la metodología ‘input-output’ se ve que las ayudas a la innovación en Cantabria revierten en torno al 40% a las arcas públicas”. En su opinión, desde una ‘visión 360’, la comunidad debería enfocar su potencial en aquellos sectores en los que sea capaz de concentrar la I+D+i: “Una especialización ‘smart’, inteligente, en el campo de la salud, el industrial y el digital, en el de la innovación inclusiva y en el de la Cantabria verde”.
Cinco ejes estratégicos
Completado el diagnóstico, el objetivo es establecer una perspectiva estratégica de cómo debería ir creándose el ecosistema cántabro de I+D+i a largo plazo, para lo cual se propone intervenir en cinco ejes. El primero de ellos sería impulsar una cultura emprendedora destinada a la innovación. “Consiste en acelerar la creación y el mantenimiento de ‘startups’ y ‘spin-offs’ y que tengan mejor acceso a las fuentes de financiación”, explica el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Cantabria. Precisa que el apoyo no debe enfocarse únicamente en la creación del mayor número de empresas, sino también, por una parte, en que estén en sectores estratégicos de la comunidad y, por otra, en que la apuesta sea plurianual y trascienda a la mera supervivencia de la compañía: “La innovación en estas empresas puede apoyarse tanto a través de ayudas, subvenciones o bonificaciones fiscales como con otro tipo de acciones. Esa parte cualitativa o intangible de respaldar la cultura innovadora creo que es ahora muy necesaria”.
El segundo eje parte del principio de que el talento es el recurso estratégico de la innovación, el factor humano –investigador, emprendedor o gestores altamente cualificados– como motor de la transformación del modelo productivo. Para el responsable del grupo de investigación de Economía Pública y de la Salud de la Universidad de Cantabria no solo es importante mejorar las condiciones laborales de este tipo de perfiles para evitar su fuga, sino también crear incentivos para la atracción o la vuelta de los que están fuera: “Hay comunidades autónomas, como las forales o Asturias, que tienen esta idea de los planes de retorno. Además, esto hay que vincularlo a los sectores estratégicos autonómicos”. Cree que, en el caso de nuestra región, se puede unir el turismo, tan pujante actualmente, a los ya mencionados anteriormente: “Ahí también se puede hacer innovación. Lo que es obvio es que parte de la idea de atracción y retención del talento tendrá que ver con una orientación internacional de la comunidad autónoma”.

Miembros del grupo que ha elaborado el estudio, representantes del Colegio de Economistas y autoridades públicas locales y regionales. Foto: Colegio de Economistas de Cantabria.
Un principio básico en la estrategia innovadora es que sin una participación efectiva del sector privado, el impacto del esfuerzo público se reduce. De esta idea nace la formulación del tercer eje, que trataría de reforzar la transferencia entre la ciencia y la empresa. Si bien la comunidad cuenta con polos de excelencia científica, como pueden ser el Idival, Ibbtec u otros de la Universidad de Cantabria, urge el desarrollo de estructuras que medien entre la investigación y la demanda empresarial, como pueden ser las oficinas de transferencia autonómica. “Otra idea es potenciar o crear nuevos ‘clusters’ y consorcios de innovación y también promover proyectos colaborativos”, apunta David Cantarero, quien, siendo consciente de que es difícil competir con los sistemas tributarios de otras autonomías, añade la importancia que deben tener los estímulos fiscales: “Del mismo modo que hay muchas subvenciones o reducciones en la parte autonómica para otras políticas de incentivación, creo que en el ámbito innovador se puede hacer bastante. Sobre todo sabiendo que retorna el 40% de las ayudas y bonificaciones”.
“La idea es que hay que cultivar la innovación”, afirma David Cantarero. Este es el fundamento del cuarto eje, que se resumiría en el impulso a la inversión inteligente en I+D+i y en digitalización. Para alcanzarlo se propone que, mediante políticas estables y con una perspectiva a largo plazo, haya un incremento del gasto público orientado a la obtención de resultados y en sintonía con los objetivos estratégicos de Cantabria. De manera análoga, será preciso ayudar a que también las empresas hagan el esfuerzo de apostar por las tecnologías digitales, la automatización, etc. Además, se deberán fortalecer las capacidades de los centros de investigación científica, entendidos en este modelo como motores tractores de la transformación. “Es fundamental no solo decir todo esto con palabras bonitas, sino con un presupuesto. Y no solamente inicial, sino con un presupuesto real. Es decir, que se ejecuten las partidas destinadas a la innovación, que no se queden sin ejecutar y, al final, acaben destinándose a otras cuestiones”, subraya.
Todo este proceso no puede llegar a buen puerto sin un elemento clave: la coordinación. Por tanto, el quinto eje estribaría en una gobernanza que integre a todos los agentes frente a la actual dispersión de competencias y de recursos, así como en una evaluación del impacto real que tienen las políticas públicas. En este sentido, David Cantarero aboga por crear una plataforma regional de innovación, que ya existe en algunas autonomías, como la valenciana; un instrumento que habría de ir acompañado por un sólido sistema de seguimiento, en lugar de limitarse a la observación de una serie de informes o indicadores: “Un cuadro de mando multidimensional en el que se vea objetivamente cómo avanza la comunidad en cuanto a la innovación”. Una evolución cuyo objetivo final tiene que ser la creación de un ecosistema que lidere el cambio cultural en el tejido productivo: “Que modificaría el statu quo no solo de las empresas innovadoras, sino también de los sectores de baja intensidad tecnológica”.

Evolución de la inversión en innovación como porcentaje del PIB de Cantabria.
Estamos acostumbrados a que se publiquen informes o se organicen foros de los que pueden salir conclusiones interesantes e incluso planes de acción con mayor o menor nivel de detalle, pero que posteriormente no suelen sustanciarse en la adopción de las medidas propuestas o no lo hacen en un periodo de tiempo adecuado. Para el responsable del estudio ‘Instrumentos para impulsar la I+D+i en Cantabria’ lo importante en este caso es tener un horizonte a largo plazo y entender la innovación como caldo de cultivo: “Como una lluvia fina que cale, que haya una capilaridad, sobre todo entre las pequeñas y medianas empresas, para no quedarnos rezagados en productividad y en crecimiento frente a otras comunidades autónomas”. Desde su punto de vista, es fundamental que Cantabria consiga ser mucho más competitiva atrayendo dos factores clave: “Primero, talento, que es un activo estratégico aunque no aparezca en el balance contable; y, segundo, inversiones destinadas a la innovación, a la mejora, al cambio de procesos o de productos, a hacer cosas distintas a las que hacen otros”.
La economía cántabra sigue desde hace algún tiempo una tendencia al alza del empleo, si bien esas cifras no acallan el debate sobre su precariedad y si habría que aspirar a un modelo de trabajo de calidad. De alguna manera, se tiende a oponer como dos alternativas enfrentadas al sector turístico y al industrial, sobre todo aquel orientado a la innovación. David Cantarero entiende el dilema, pero no ve su incompatibilidad: “Perfectamente se pueden hacer ambas cosas, conciliar esos intereses, porque cada uno tiene su sitio”. Pero cree que hay margen para ir más lejos y si se hacen esfuerzos, por ejemplo, en los ‘clusters’, en las pequeñas y medianas empresas, en las ‘startups’, en los parques tecnológicos y en los institutos de investigación se podrá crear un ecosistema innovador que contribuya a un mayor desarrollo de Cantabria: “Es un crecimiento más eficiente, más inclusivo, más justo, en el que se tiene que avanzar y, aunque es complicado competir con los recursos que tenemos, es mejor tener un plan que no saber a dónde vamos”.

























