
Un estudio de la consultora Atlas Real Estate Analytics calcula que unos 4.000 estudiantes buscan alojamiento en Cantabria cada curso, una cifra que cubren residencias, colegios mayores y, sobre todo, pisos de alquiler compartido. La gestión de esa demanda, tanto con los inquilinos como con los arrendadores, ha dado pie a la actividad de empresas especializadas en ese mercado, que en ocasiones prestan servicios y opciones similares a los que ofrecen las residencias. Con una temporalidad que se complementa casi exactamente con la del alquiler vacacional, la posibilidad de compatibilizar ambas categorías aporta un atractivo añadido para los propietarios.
Juan Carlos Arrondo | Octubre 2025
Llega el inicio del curso y, antes de abrir un solo libro, los estudiantes procedentes de otros países, de otras partes de España, o incluso de zonas de la propia comunidad alejadas de los centros de educación superior, ya han tenido que enfrentarse al reto de procurarse un lugar donde residir a lo largo de los próximos meses. Según el estudio ‘Estado actual del mercado de residencias de estudiantes’, publicado el pasado mayo por la consultora Atlas Real Estate Analytics, en 2024 demandaron alojamiento en Cantabria 3.000 alumnos de grado universitario, 528 de máster y 698 de Erasmus. De las varias opciones a su disposición, fuentes del sector especifican que, si bien el Colegio Mayor Torres Quevedo cubre la totalidad de sus 120 plazas ofertadas, la ocupación de residencias como la privada MiCampus –mixta, 415 camas– o Alto de Miranda, de las Hermanas Trinitarias –femenina, 120 camas– solo está en torno al 60%. La mayor parte, bien sea por el precio o por resultarles una alternativa más atractiva, se decanta por compartir un piso alquilado.
En los últimos años, alrededor de la gestión de alquileres de pisos para estudiantes han surgido algunas iniciativas empresariales que tratan de ir algo más allá, aportando ciertos servicios que añaden valor al simple arrendamiento. Es el caso de Notel Student Club, cuyo fundador y director, Ignacio Gutiérrez Breñosa, describe como un modelo de alojamiento a mitad de camino entre una residencia de estudiantes o un colegio mayor y una vivienda alquilada: “En las setenta plazas que tenemos incluimos limpieza todas las semanas, así como cambio de sábanas y toallas, y se puede contratar servicios de comida y comedor de lunes a viernes. Además, agrupamos a los estudiantes en función de un análisis de su personalidad, de su afinidad o de lo que están cursando”. En definitiva, aunar los servicios que proporciona una residencia con los beneficios de alojarse en un piso: “Hay una mayor sensación de hogar y no de hotel. En un hotel puedes estar de maravilla una semana, pero igual no estarías viviendo en él nueve meses”.

Ignacio Gutiérrez Breñosa, fundador y gerente de Notel Student Club, en uno de los pisos que su empresa pone a disposición de los estudiantes. Foto: Nacho Cubero.
Su amplia experiencia en el ámbito universitario, primero en Cesine y después como director de MiCampus en Santander, ha permitido a Ignacio Gutiérrez Breñosa conocer las necesidades de jóvenes y familiares a la hora de optar por un modelo de alojamiento: “Para los estudiantes es el ‘todo incluido’, no tener que preocuparse de limpiar, recoger o hacer la comida, poder centrarse solo en sus estudios, y tener un espacio privado en el que estar a gusto. Lo que demandan las familias es la seguridad de que, ante cualquier problema o necesidad que puedan tener, sus hijos van a tener atención, van a poder contactar con alguien; y, lógicamente, el precio es un factor determinante”. Durante estos años ha observado que, por magnificas instalaciones y comodidad que le ofrezca una residencia, el alumno tiende a preferir compartir un piso: “Quiere tener independencia. Por eso se me ocurrió unir lo mejor de la residencia de estudiantes, todos sus servicios, con lo mejor de los apartamentos: la sensación de estar en casa y, por supuesto, el precio”.
Mercado estudiantil y mercado vacacional
Tras ir fraguando esta idea de añadir una serie de servicios al arrendamiento tradicional de pisos para estudiantes, en 2022 lanzó su empresa con quince plazas distribuidas en cinco pisos pertenecientes a su entorno más cercano. A partir de unos buenos números iniciales, comenzó a contactar con otros propietarios e inversores inmobiliarios, lo que se ha traducido en un crecimiento en volumen, pero también en una diversificación, al compartir el modelo con el mercado vacacional. “Gestionamos inmuebles por valor de más de 20 millones de euros. Tenemos cuarenta y cuatro apartamentos, de los que veintiséis, con setenta plazas, son para estudiantes y el resto son de uso turístico durante todo el año”, detalla el fundador de Notel. Explica que este desdoblamiento surgió de empezar a alquilar en los meses de verano los pisos que quedaban vacíos una vez finalizado el curso, si bien la evolución de ambos nichos ha sido distinta: “Ahora tenemos mayor volumen de negocio en la parte vacacional porque el turismo cada vez es menos estacional en Santander y Cantabria”.
Todos los apartamentos que gestiona Notel están ubicados en un radio razonablemente cercano al núcleo universitario de Santander y gozan de todo tipo de comodidades, algo que les permite diferenciarse del grueso de la oferta convencional de pisos estudiantiles, no siempre confortables y en ocasiones con mobiliario y equipamiento anticuados. Si la idea es que los estudiantes se sientan en casa con los servicios de una residencia, en opinión de su director, los inmuebles también tienen que disponer de las mejores instalaciones: “Solo alquilamos apartamentos nuevos o completamente reformados, con un mínimo de tres dormitorios, todas las habitaciones tienen que ser exteriores y zonas comunes para un mínimo de una persona más que el número de dormitorios que tenga. Tampoco trabajamos con pisos por encima del tercero en caso de que el edificio no tenga ascensor”. Además, deben contar con el menaje completo, cocina con vitrocerámica, calefacción, así como televisión en todas las habitaciones y en el salón: “Están equipados al máximo nivel, como el mejor hotel en que se pueda estar”.
«Nosotros no competimos con el apartamento que está en Idealista, sino con las residencias de estudiantes y los colegios mayores». Ignacio Gutiérrez Breñosa, fundador de Notel Student Club.
El alto nivel de exigencia que debe cumplir cada inmueble lo compensa su dueño con una rentabilidad en torno al 40% mayor a la que obtendría si lo alquilase por su cuenta. “Nosotros no competimos con el apartamento que está en Idealista, sino con las residencias de estudiantes y los colegios mayores. Nuestro rango de precios es más barato que el de las residencias, pero también más caro que el alquiler normal de un piso”, apunta Ignacio Gutiérrez Breñosa. Y considera que, además de cubrir confortablemente las necesidades de los estudiantes, su modelo de negocio ofrece un valor añadido a los propietarios: “Les damos la tranquilidad de que su apartamento está controlado porque todas las semanas lo visita alguien del equipo, se hace una limpieza semanal, se repara cualquier cosa sobre la marcha. El mantenimiento es tan bueno que se mantienen en perfecto estado. Por tanto, tienen más ingresos, la seguridad de que no va a haber impagos y su propiedad controlada en todo momento”.
Además del coste, la limpieza y manutención y otras comodidades, para el joven inquilino es muy importante congeniar con quienes va a convivir durante los meses del curso académico. Cabe la posibilidad de que no encaje bien y necesite cambiar de piso o que sus amigos vivan en otro y prefiera irse con ellos. Como podría hacer una residencia o un colegio mayor, Notel Student Club tiene la capacidad de trasladarle a otra habitación en el mismo día.
Emancipia: una empresa y un proyecto de investigación
En una línea análoga de dar respuesta a este y a un sinfín de problemas ordinarios a los que puede tener que enfrentarse el alumno foráneo que estudia en nuestra comunidad es en la que trabaja Emancipia, un ‘spin-off’ de la Universidad de Cantabria ubicado en su Centro de Desarrollo Tecnológico, que desde 2013 ha gestionado el alojamiento de unos 2.600 estudiantes –en torno al 80% de ellos extranjeros– y los ha proporcionado apoyo ante incidencias cotidianas, desde las relacionadas con la salud o la convivencia hasta reparaciones o trámites burocráticos, entre otras.
Alfonso Nicholls –fundador junto a Martín Ruiz Oceja, quien ya no está en el proyecto– aclara que Emancipia, si bien es un negocio dado de alta como sociedad limitada, se trata sobre todo de una investigación enfocada a definir un modelo de alojamiento en pisos compartidos, para lo cual tienen una amplia muestra de estudiantes, propietarios e instituciones con los que han trabajado: “Hemos diseñado un servicio apoyado en una aplicación muy potente y sustentado en hipótesis validadas, longitudinal y transversalmente, durante trece años con esos miles de usuarios, con el objetivo de poder replicar de manera sencilla en cualquier ciudad de España o de Europa lo que hacemos aquí”. Esta gestión, sistematizada y con una base tecnológica, del arrendamiento de inmuebles en el mercado estudiantil se complementa con un servicio de acompañamiento, personal y gratuito, a los inquilinos: “Porque hay chicos jóvenes que viven fuera de casa, especialmente si son extranjeros, con competencias de autocuidados muy bajas y hay que apoyarlos a la hora de solventar incidencias, averías, etc”.
Según el Sistema Integrado de Información Universitaria, en el curso 2022/2023 hubo 2.299 alumnos extranjeros matriculados en los centros públicos y privados de Cantabria. Aunque cualquier estudiante que está fuera de su casa puede requerir la ayuda de Emancipia, los españoles, a priori, tienen más cercano el apoyo familiar o de sus amigos y carecen de los problemas idiomáticos que tienen los de otros países. “Los chavales extranjeros son más susceptibles de necesitar nuestros servicios por la seguridad y el confort que les dan”, indica su responsable, que destaca cómo se ha ido difundiendo de boca a boca: “Es más, algunos nos han pedido colaboración para hacer trabajos de fin de Erasmus que expliquen cómo es nuestro servicio de alojamiento. Porque, claro, es difícil ver algo así: que les esperemos en el portal para acompañarlos a hacer un trámite, que les traduzcamos en una consulta, etc. Y ellos han visto ese apoyo que damos, que es vocacional. Una vocación de servicio a los demás que nos ha movido para tirar adelante hasta hoy”.

Alfonso Nicholls, director de Emancipia, una empresa nacida en el seno de la Universidad de Cantabria que desde 2013 ha gestionado el alojamiento de unos 2.600 estudiantes, la mayor parte de ellos extranjeros. Foto: Nacho Cubero.
Los servicios que presta Emancipia, entre los que no se incluye la limpieza y la comida, son gratuitos, siendo su fuente de ingresos la tarifa que cobra a los dueños de los inmuebles. El alquiler de un piso de tres habitaciones, aunque depende de su estado de conservación, equipamiento y ubicación, suele situarse entre los 700 y 900 euros al mes. “Un estudiante podría encontrar ahora una habitación, con luz, agua, gas e internet incluidos, por una media de entre 325 y 350 euros”, señala Alfonso Nicholls. Añade que han podido contener los precios porque, además de los propietarios que buscan maximizar la rentabilidad de su inversión, han logrado incorporar a algunos con otra visión: “Hemos conseguido que el sistema no centrifugue a los que, por su edad u otra razón, tienen una brecha digital y eso les aleja de alquilar. Y a los que, buscando sacar algún beneficio, son más empáticos porque quizás han tenido hijos que han estudiado fuera o tienen ese carácter de ayudar a los demás”.
El fundador y responsable de Emancipia hace hincapié en esa vocación social que envuelve el proyecto. Desvela que conserva un correo de HousingWell, la mayor multinacional del alojamiento de estudiantes extranjeros, proponiéndole fusionar ambas marcas en España, una oferta que declinó porque su idea encaja más con el interés público que está convencido tiene este modelo: “Con nuestra aplicación cualquier ayuntamiento, concejalía de juventud o universidad puede montar un servicio de alojamiento funcional en media hora. No es una idea, son hipótesis ya validadas y contrastadas”.
«Hay jóvenes que necesitan una vivienda para los que es una odisea, una angustia, encontrarla». Alfonso Nicholls, director de Emancipia.
La clave está en que durante estos años han ido investigando y desarrollando una gestión de pisos compartidos con resultados tangibles en el ámbito estudiantil, pero que puede ser extrapolado a dar soluciones a otros: “Hay jóvenes que necesitan una vivienda para los que es una odisea, una angustia, encontrarla. Ahora, por ejemplo, hemos conseguido que un chico holandés recién incorporado al trabajo elija quedarse en Santander por la facilidad que ha tenido para encontrar un alojamiento con nosotros”.
Cabe preguntarse si los vaticinios sobre una futura caída de la población estudiantil por causas demográficas o un declive de la movilidad por la diversificación territorial de la oferta académica pueden poner una fecha de caducidad a este nicho del alquiler de viviendas. Alfonso Nicholls no lo cree así, de momento no percibe que haya menos universitarios demandando pisos y, de hecho, sí que nota que también hay alumnos de ciclos superiores de formación profesional que se desplazan de unas ciudades a otras. En todo caso, insiste en que su modelo de gestión de alojamientos aún tiene mucho recorrido: “Algunos de nuestros inquilinos se han convertido en trabajadores y hemos ido pivotando e iterando. Todo lo que hemos estado investigando se ha añadido a la aplicación y lo que necesitamos ahora es financiación para automatizarlo todo, para replicarlo de forma inmediata y con poco coste en cualquier sitio. Necesitamos el apoyo de algún inversor que aporte 100.000 o 150.000 euros, al que le podríamos devolver diez veces más”.































