
Las iniciativas de Cantabria Film Commission y de los productores locales buscan propiciar el crecimiento de un sector audiovisual que tiene potencial para generar actividad y empleo, pero que depende mucho de la capacidad para atraer rodajes y que todavía enfrenta desafíos en infraestructuras, ayudas y consolidación económica.
Ana Bringas | Diciembre 2025
Hablar de cine, para muchos, evoca la imagen de una gran industria: productoras con enormes presupuestos, rodajes internacionales y nombres de alfombra roja, lo que en definitiva sería cine en mayúsculas, pero, ¿qué ocurre en Cantabria? La región empieza a hacerse un hueco en el mapa audiovisual, aunque la situación del sector sigue siendo “incipiente”, en palabras de sus propios productores. Así lo describe el cineasta Rodolfo Montero, natural de Valderredible, quien insiste en que todavía hay que convencer a nuestros políticos y ciudadanos de que tienen ahí una industria cultural importante.
En esta visión coincide Víctor Lamadrid, director de la Cantabria Film Commission, la oficina creada por el Gobierno regional para facilitar la labor de las empresas y profesionales que quieran rodar en la región, que resume el momento actual afirmando que el sector “progresa adecuadamente”. Reconoce que Cantabria “parte con desventaja”, al no contar con televisión autonómica, estudios públicos de cine y, hasta hace pocos años, con ayudas muy limitadas. Sin embargo, subraya que, pese a ese hándicap, la región también tiene muchas ventajas: “A veces es mejor tener la pizarra en blanco y empezar a escribir todo de cero con sentido y en la misma dirección, que tener veinte cosas diferentes”.
Nacho Solana es director de cine y productor audiovisual cántabro. Reconoce que el punto de partida en Cantabria ha sido “complicado” debido a la “falta de tradición cinematográfica”. En este sentido, recuerda que las principales referencias del cine cántabro son directores que tuvieron que desarrollar su carrera fuera de la región, como Nacho Vigalondo, que ha trabajado sobre todo en el País Vasco. Ahora, poco a poco, muchos de esos profesionales están regresando. “Quedarse en Cantabria supone asumir un éxito más pequeño en cierto modo al margen de la gran industria”, señala. Aun así valora muy positivamente el papel de la Cantabria Film Commission como catalizador para la evolución del tejido audiovisual de la comunidad que, dice, “está en proceso”.

El cineasta Rodolfo Montero y Victor Lamadrid, director de la Cantabria Film Comission. Fotos: Nacho Cubero.
El reciente Festival de Cine de Santander, celebrado este septiembre, ha puesto el foco en esta realidad. Productores, cineastas y responsables institucionales coinciden: Cantabria tiene talento, localizaciones únicas y cada vez más rodajes nacionales e internacionales, pero, aunque vive un momento de creciente visibilidad, aún carece del impulso económico, las ayudas y la infraestructura necesarias para competir con comunidades como el País Vasco, Navarra o Canarias. Pese a ello, la región ya se ha abierto camino en la economía audiovisual nacional y todo apunta a que tiene un gran potencial de crecimiento. Entre 2019 y 2022, acogió seis producciones internacionales incentivadas, que dejaron en el territorio un gasto de 35,6 millones de euros, según un estudio de la Spain Film Commission.
Si miramos al conjunto de España, en ese mismo periodo se contabilizaron 80 producciones incentivadas, incluyendo largometrajes y series de televisión, que generaron un gasto total de 660,5 millones de euros. Más del 70% de ese gasto se concentró en cuatro comunidades: Madrid (194,8 millones de euros con 31 producciones), Cataluña (119,8 millones y 19 producciones), Canarias (106,3 millones y 12 producciones) y Andalucía (95,3 millones y 31 producciones).
Ahora bien, aunque Cantabria no está todavía entre las primeras posiciones por volumen de rodajes, sí figura dentro del grupo de comunidades con un gasto relevante. De hecho, el impacto económico en la región (35,6 millones de euros con solo seis producciones) supera al registrado en la Comunidad Valenciana (28,2 millones con ocho producciones) y se acerca al de Baleares (38,3 millones con 11 producciones).
Todo ello refuerza la idea de que, con una estrategia de atracción de rodajes, Cantabria puede consolidarse como un destino competitivo dentro de la industria audiovisual española, aprovechando sus paisajes, patrimonio y localizaciones singulares para seguir creciendo en este sector, y aunque las cifras de la región no son ni de lejos las más altas del país, demuestran que incluso comunidades con menor tradición audiovisual pueden beneficiarse de manera significativa de la llegada de rodajes. Lo cierto es que Cantabria nunca ha contado con una televisión autonómica propia ni con estudios públicos superiores en materia audiovisual.
En este sentido, Rodolfo Montero reconoce que Cantabria se queda por detrás de otras comunidades, en primer lugar por su tamaño. Aun así, recuerda que la región siempre ha sido muy creativa y ha aportado grandes nombres a la cinematografía española, como Mario Camus –a quien califica como su maestro–, Manolo Gutiérrez Aragón, Álvaro Longoria, Jesús Garay o él mismo, con más de 20 películas producidas a lo largo de tres décadas de trayectoria. Montero reconoce que sacar adelante un proyecto desde Cantabria no es fácil, aunque aclara que esto nunca ha sido sencillo en ningún sitio, ni siquiera donde ahora existen grandes incentivos fiscales. Por eso defiende la necesidad de incentivos vinculados a los entornos rurales. Explica que, aunque ya existen ayudas por insularidad, sería igualmente importante aplicarlas a las zonas con déficit de población, para fomentar que la gente se quede y se establezca en el medio rural.
Obstáculos reconvertidos en oportunidades
Montero prefiere no hablar de obstáculos, sino de evolución. “Estamos en una fase incipiente y hay que tener una visión más amplia del sector, además de convencer a la clase dirigente de que merece la pena apoyarnos”, señala. Lamadrid tampoco quiere hablar de obstáculos –“ahora mismo no hay nada que nos impida avanzar”, dice– pero sí reconoce algunas debilidades, aunque cree que pueden transformarse en fortalezas. Cantabria, explica, es una comunidad periférica y uniprovincial, y además compite con el País Vasco, que cuenta con un incentivo fiscal más atractivo. Aun así, señala que Cantabria se sitúa al nivel del resto de España en este aspecto y que, pese a ello, muchas producciones deciden venir porque los costes resultan más bajos: todo está más cerca, los rodajes están menos masificados y los permisos se obtienen con mayor facilidad. “No son obstáculos, lo importante es entender cómo está el terreno de juego y aprender a ponerlo a nuestro favor”, resume el director de la Cantabria Film Commission.
“Es fundamental tener luces largas”, incide Montero: “Se puede hacer cine desde Cantabria, pero hay que salir, porque esto es algo que se hace para la gente y no te puedes circunscribir a una región. Los proyectos, aunque en origen y producción sean locales, tienen que ser lo más transitables posibles para toda la sociedad”.
Por su parte, Lamadrid insiste en que su obsesión es que el crecimiento sea desde dentro, aunque pide equilibrio y reconoce que está muy bien que lleguen proyectos de fuera. Para ello, la Cantabria Film Commission ha desarrollado varias iniciativas que buscan fortalecer el talento local y generar comunidad: jornadas formativas de diálogo de cine y producción que capacitan a futuros cineastas, un catálogo de cortometrajes para que las producciones cántabras circulen por todo el mundo sin coste para los directores, jornadas de encuentro entre productores y directores, talleres de desarrollo de proyectos cántabros y acuerdos con festivales para que el talento de la región tenga espacios donde mostrarse y desarrollarse. “No creo en una comunidad que solo busque atraer rodajes de fuera, porque igual que llegan, se van. Está muy bien llamar la atención y difundir lo que tenemos, de hecho es una de nuestras tareas principales. Pero el talento local, los proyectos cántabros, tienen que desarrollarse para mostrar nuestra voz y nuestro punto de vista cultural, patrimonial y etnográfico”, explica.
A su juicio, impulsar proyectos propios es lo que realmente permite generar industria y fortalecer el tejido local. De este modo, cuando llegan producciones externas, encuentran en Cantabria técnicos con experiencia, profesionales cualificados y todos los servicios que necesitan. “Lo importante es encontrar ese equilibrio perfecto”.

El director y productor Nacho Solana, en la Filmoteca de Cantabria Mario Camus. Foto: Nacho Cubero.
Para Nacho Solana, una de las ventajas de trabajar en Cantabria es que “somos pocos y bien avenidos”. Esto facilita entrar en los circuitos de ayudas disponibles, que aunque son limitadas, hacen de este un buen momento para comenzar proyectos en la región. Además, destaca que la descentralización del sector audiovisual está cada vez mejor valorada, y que ya empiezan a suceder iniciativas que podrían dar frutos en el futuro cercano. Lamadrid celebra que cada vez haya más representantes cántabros en festivales nacionales y reconoce que “lo más difícil es que el tren comience a caminar; pero ahora ya ha cogido velocidad”. También advierte de la importancia de mirar a otras comunidades, como el País Vasco, pero siendo conscientes de que Cantabria es uniprovincial y tiene limitaciones que se pueden convertir en ventajas: todo está cerca, todo puede individualizarse. “Vamos por el buen camino”, concluye.
Avances importantes recientes
En la última década se han dado pasos importantes, como la creación del grado en Comunicación Audiovisual en la Universidad Europea del Atlántico, que empieza a formar nuevo talento local. Montero cree que existen grandes oportunidades gracias a iniciativas como esa y al talento local. Explica que éste puede nacer y desarrollarse en un espacio, pero luego necesita abrirse al mundo. “En esa apertura puede ser que generes talento en Cantabria, pero al final tu película se haga en Brasil. Eso no es lo más importante; lo que sí importa es que el talento vuelva y pueda demostrarse en su territorio”, señala.
A ello se suman los atractivos naturales de Cantabria. Rodajes como ‘Diecisiete’ de Daniel Sánchez Arévalo, la serie Gran Hotel o la reciente ‘La bola negra’ de Los Javis han situado a la región en el escaparate nacional e internacional, demostrando el potencial de sus localizaciones: en apenas 45 minutos se puede pasar de una estación de esquí en Alto Campoo a una playa en Oyambre, con una gran diversidad de paisajes y muchas horas de luz durante el verano. Además, existe un equipo técnico cada vez más preparado. Si a estos factores se añaden los incentivos estatales ya existentes y la posibilidad de desarrollar incentivos autonómicos aún pendientes, Cantabria tiene todas las condiciones para consolidarse como un destino recurrente para rodajes nacionales e internacionales.
Montero asegura que en Cantabria cuenta con espacios que pueden parecer un desierto del Sáhara o, al sur, en la zona de Valderredible, bosques que recuerdan a la Selva Negra. “Y eso sin mencionar nuestro litoral. Las posibilidades son muchas: la naturaleza aquí es rica en casi cualquier rincón. Debemos exportar esa riqueza paisajística, siempre con el cuidado que merece nuestro entorno, que es mucho”. En este punto, Nacho Solana señala que Cantabria tiene muchos recursos aún por explotar. En su opinión, en el País Vasco, donde se rueda mucho gracias a los incentivos fiscales, las localizaciones ya están bastante saturadas, lo que convierte a Cantabria en una alternativa atractiva para nuevos proyectos.
Sinergias para diversos sectores
Los datos del estudio de Spain Film Comission muestran que los principales polos de producción siguen siendo Madrid, Cataluña, Canarias y Andalucía, pero también señalan la importancia creciente de territorios como Baleares, Cantabria y la Comunidad Valenciana. En el caso de Cantabria, los 35,6 millones de euros generados por seis producciones entre 2019 y 2022 han tenido un efecto notable: más del 50% de ese gasto se destinó a sectores fuera del audiovisual, como hostelería, transporte, logística o servicios locales. Cabe destacar que los datos recogidos se refieren a producciones rodadas en España antes de que se introdujera el incentivo a la producción de Bizkaia en enero de 2023. Esto significa que cada rodaje en Cantabria impulsa tanto a la industria audiovisual como al resto de sectores por lo que se convierte en un motor económico transversal, capaz de dinamizar distintos ámbitos de la economía regional y generar beneficios que van mucho más allá de la pantalla. En vista de estos resultados, para Lamadrid lo audiovisual “no está tan lejos de convertirse en otro motor económico para Cantabria”.
Solana considera que, por ahora, el sector audiovisual aún no se ha consolidado como un motor económico en Cantabria. Según él, los mayores beneficios los generan los rodajes procedentes de fuera, pero cree que el empujón definitivo llegaría si las productoras cántabras crecieran y pudieran asumir proyectos más grandes. Pone como ejemplo a Las Hermanísimas, una empresa que ha cambiado el modelo de producción: captan rodajes y llevan la producción directamente desde Cantabria, lo que les permite atraer proyectos que de otra manera no habrían venido. Además, llenan los rodajes de equipo técnico local, favoreciendo que los profesionales del sector se queden en la región. Aunque algunos también trabajan fuera, este modelo garantiza que los perfiles técnicos permanezcan en Cantabria, de modo que las productoras locales tengan personal cualificado disponible para sus proyectos. Según Solana, esto hace solo unos años no sucedía. En su opinión, producir en Cantabria es tan rentable como en cualquier otro lugar; la clave está en conseguir la financiación adecuada.

El director de cine Oliver Laxe, en el Centro Botín durante su presencia en el último Festival de Cine de Santander. Foto: Nacho Cubero.
De cara al futuro, Montero apuesta por una “crecida exponencial” del sector en Cantabria. Cree que habrá personas que lleguen a ocupar posiciones relevantes en la industria. Su objetivo es que la sociedad no vea al sector audiovisual como elitista o glamuroso, sino como un grupo de profesionales comprometidos con la cultura y la identidad de la región. “Los Premios Goya son un día. El resto del tiempo hay que asumir responsabilidades, levantarse pronto, pagar nóminas… Eso no se cuenta. Vendemos ‘glamour’, que es importante, pero hay que visibilizar el esfuerzo”.
Dice Solana que por naturaleza es “optimista”. Recuerda su regreso a Cantabria desde Madrid hace más de 15 años: “Volví sabiendo que aquí había poco, pero con la ilusión de que, con trabajo, puedes llegar a donde quieras. Ha sido un camino largo, pero me siento afortunado. Siempre pienso que hay cosas bonitas por venir”. Para él, ese futuro pasa por su compromiso con el diálogo con interlocutores políticos y culturales, junto con trabajo, perseverancia y la reivindicación de los logros cántabros en el sector audiovisual.