Practicante amateur de ciclismo, Laura Fomperosa comenzó a diseñar ropa técnica de este deporte para ella y su pareja, el ciclista profesional David Galarreta, pasó después a hacerlo para amigos con los que comparten afición y, en una evolución que califica de natural, terminó creando Ebbro, una marca propia con la que comercializar sus productos tanto de forma directa como a través de distribuidores. Con un conocimiento de primera mano de lo que precisan los practicantes del deporte de las dos ruedas, los principales retos para poner en marcha la idea han tenido que ver con la logística y la tramitación administrativa, cuestiones para las que ha contado con el asesoramiento del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres de Cámara Cantabria.

José Ramón Esquiaga | Febrero 2026

No es insólito encontrar en la propia afición la base sobre la que cimentar un proyecto empresarial, pero es menos habitual que para ello haya que abrirse camino en un sector tan complejo como el textil y dentro de un nicho altamente especializado, con requerimientos muy específicos y en un mercado caracterizado por su alta exigencia. Esa ha sido, sin embargo, la vía elegida por Laura Fomperosa cuando este pasado verano decidió poner los medios y crear la estructura necesaria para comercializar profesionalmente la ropa técnica de ciclismo de su marca Ebbro, hasta entonces distribuida a pequeña escala entre los aficionados al deporte de las dos ruedas con los que tenían un trato más o menos directo, y sin más promoción que la que hacían quienes ya la utilizaban.

Aunque visto desde fuera el salto pueda dar cierto vértigo, lo cierto es que Laura Fomperosa, practicante amateur y pareja del ciclista profesional David Galarreta, considera este como el último paso de una evolución en la que cada nueva etapa ha sido la consecuencia lógica de la anterior: comenzó diseñando las prendas que utilizaban ellos mismos en sus salidas a la carretera, siguió haciéndolo para los amigos con los que comparten afición, de ahí pasó a atender la incipiente demanda generada por el boca a oído para, finalmente y vista la aceptación de los productos, generar la estructura necesaria para llegar con ellos al mercado. “Lo bonito es que no fue algo que hiciéramos pensado en montar una empresa, todo ha ido surgiendo de manera muy natural”.

La experiencia ciclista de David y la suya propia, unida al talento de Laura para dar forma a esas ideas, dieron lugar desde el principio a una ropa caracterizada por combinar la adecuación a lo que demanda la práctica deportiva con unos diseños atractivos y, en el caso de los destinados a mujeres, especialmente adaptados a la anatomía femenina: “Hacemos prendas de ciclismo que sean técnicas, cómodas y que sienten bien. Como mujer, yo me encontraba con que la mayor parte de las marcas de ropa de ciclismo no cuentan con tallajes específicos para nosotras, Nosotros buscábamos ropa que se adapte bien al cuerpo de chicos y de chicas, y que siente bien a todos”.

Con el aval de la aceptación que su propuesta estaba teniendo, primero en su entorno más cercano y luego ya entre los que conocían el producto a través de las redes sociales, avanzar en la profesionalización del proyecto se convirtió ya no en un paso natural, sino poco menos que obligado. El empujón definitivo llegó este pasado verano, cuando se encontraron con la necesidad de buscar proveedores tras haber agotado rápidamente toda la ropa que tenían para la temporada. “Ahí ya me dije que había que ir para adelante”, recuerda Laura, que para afrontar esa nueva etapa contó con el asesoramiento del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres (PAEM), una iniciativa que gestiona la Cámara de Comercio de Cantabria con apoyo de Sodercan. “Cuando te enfrentas a toda la parte burocrática que implica montar una empresa es como cuando empiezas a aprender un idioma, no entiendes nada. En esa parte la Cámara me ha salvado la vida”.

Parte del catálogo de la marca técnica para ciclismo Ebbro. Foto: Nacho Cubero.

La creadora de Ebbro no tiene dudas a la hora de señalar a toda esa tramitación como el aspecto más complicado de la puesta en marcha del proyecto, junto con aquello no directamente relacionado con el conocimiento práctico que aportaba su experiencia ciclista y de diseño, cuestiones en las que de nuevo fue clave la aportación de la institución cameral. Encontrar proveedores adecuados a sus necesidades, establecer y resolver las necesidades logísticas, poner en marcha una web o ajustar la oferta de tallas son algunas de las materias que han tenido que resolver en estos últimos meses. “Todo son cosas que no ves cuando estás al otro lado, como cliente, y que tampoco tienen que ver con lo que sabemos de ciclismo o de diseño”.

A partir de los requerimientos técnicos que identifica David y de los diseños que realiza Laura –”formamos un buen equipo”, subraya esta– Ebbro confecciona sus prendas en talleres de Portugal con los que mantienen un trato directo y continuo. En cuanto a la comercialización, que hasta ahora ha sido siempre directa y apoyada en el conocimiento generado en redes –las sociales, pero también las generadas por las relaciones de toda la vida–, el objetivo es profesionalizar la labor comercial y dar forma a una red de distribuidores, que comenzaría por Cantabria, donde ya hay tiendas especializadas en ciclismo que han mostrado su interes por vender los productos de Ebbro. “Es una ventaja estar aquí, donde hay una gran comunidad de aficionados al ciclismo y donde ya se nos conoce. Ver nuestras prendas rodando por Cantabria es muy especial, y para los que nos ven desde fuera no hay mejor promoción que cualquier foto que hagamos aquí. Siempre quedan bien”, celebra Laura.

La subida en el precio que se paga por la leche y la incorporación de tecnología a las explotaciones anima a algunos jóvenes a dar continuidad a la actividad ganadera de sus familias, en lo que puede apuntar a un cambio de tendencia en un sector cada vez más envejecido y en el que cada vez hay menos profesionales en activo. Directivos y ganaderos de Valles Unidos del Asón, una de las mayores cooperativas de Cantabria, confirman el creciente interés de las nuevas generaciones por el campo, pero también expresan las dudas sobre las posibilidades de transformar la actual realidad: el cambio, dicen, llega demasiado tarde y depende en exceso de la actual coyuntura de precios.

Ana Bringas | Enero 2026

El buen precio de la leche ha llegado como una marea tardía. Tras décadas de números rojos y ayudas que apenas tapaban las grietas, la ganadería cántabro respira un poco mejor. Las nuevas tecnologías se abren paso en el sector empujando hacia una forma más moderna de trabajar, aunque su avance sea lento y caro. Cada año son menos, pero siguen encendiéndose algunas luces. Jóvenes que deciden continuar con el negocio familiar o arrancar desde cero para evitar que un oficio esencial, y a menudo invisible, desaparezca. Este es el diagnóstico de Germán Cantera, gerente de la cooperativa Valles Unidos del Asón, una de las más grandes de Cantabria, que observa el relevo generacional con preocupación, pero también con esperanza.

Valles Unidos del Asón, con 376 socios, es comparable en tamaño y movimiento con la Sociedad Cooperativa Ruiseñada Comillas, y juntas suman un volumen similar al de la principal referencia regional, Agrocantabria. Desde esa posición, Germán Cantera apunta a la sucesión como la línea roja del sector, y observa la foto fija de la ganadería con inquietud: “Cada año hay menos ganaderos”, advierte apenado. No es un mal exclusivo del campo, dice, pero en la ganadería pesa el doble. Durante décadas, muchos padres animaron a sus hijos a buscar una vida lejos de las cuadras, convencidos de que fuera estarían mejor. Los hijos crecieron viendo jornadas de 365 días, sin vacaciones, dos o tres ordeños diarios y no precisamente en un buen horario y trabajo entre la humedad. La llegada de los robots ha suavizado parte del esfuerzo, liberando a algunas explotaciones del ritual diario de los ordeños, aunque no de la vigilancia constante. Sin esa tecnología, la rutina sigue siendo larga, física y a veces tediosa, un argumento decisivo para que muchos jóvenes tomen otro camino.

Germán Cantera, gerente de Valles Unidaos del Asón, en la fábrica de piensos de la cooperativa. Foto: Nacho Cubero.

Con todo, en los últimos años la ganadería cántabra ha ido girando, poco a poco, hacia la tecnología. Las explotaciones trabajan cada vez más con datos y menos con intuiciones, y los robots de ordeño se han convertido en una insignia de esa transición. En Valles Unidos del Asón solo una decena de los 376 socios tiene uno, aún son pocos, admite Cantera, pero recuerda que hasta hace nada eran “tres o cuatro”. El avance es lento, aunque real, y, en parte, ha sido posible gracias al precio de la leche, que por fin se ha estabilizado en niveles que el gerente de Valles Unidos del Asón considera “razonables”.

Cada robot puede atender unas sesenta vacas y su precio onda los 150.000 o 160.000 euros, una inversión difícilmente asumible en épocas en que las ‘vacas gordas’ apenas duraban cuatro o cinco meses antes de que el mercado volviera a desplomarse. Durante años, la rentabilidad dependió casi por completo de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC). Por eso, el gerente de Valles Unidos mira con inquietud el nuevo borrador de la política agrícola, que recorta un 22% el presupuesto destinado a España. “No vemos una razón para ello”, advierte.

En relación con esto, Cantera insiste en que las subvenciones están mal entendidas: “La ayuda no es un regalo para los ganaderos, es una compensación de renta que, en la práctica, abarata el alimento para los ciudadanos. Hay que llamar a las cosas por su nombre”. Recuerda que la PAC nació como una forma de equilibrar la pérdida de ingresos del sector, pero durante muchos años ni siquiera logró eso. El precio de la leche caía, los costes subían y la ayuda no alcanzaba para cubrir la diferencia. Abonos, semillas, piensos, materias primas… todo se encarecía mientras la rentabilidad se quedaba por el camino. Ahora, estima el director de Valles Unidos del Asón, el impulso de los precios favorecerá la modernización de las instalaciones, así como también la irrupción de algunos jóvenes en el sector. Cantera cree que, si el actual precio de la leche y el avance tecnológico hubieran llegado antes, quizá el éxodo juvenil habría sido menor.

Hoy la ganadería vuelve a ser rentable, pero durante demasiado tiempo no lo fue. Esa falta de horizonte expulsó a varias generaciones hacia otros oficios, y ahora el sector arrastra una edad media cercana a los 60 años. Aun así, el gerente de Valles Unidos del Asón ve posibilidades si la tendencia se mantiene: “Dada la rentabilidad podrían surgir explotaciones que funcionen como empresas más allá del modelo familiar”, algo casi impensable hasta hace poco. La incógnita es si el mercado acompañará. “Es complicado saber si el precio se va a mantener, pero a priori, viendo la falta de relevo generacional y la necesidad de producir alimentos, sería lógico que siguiera en estos valores”, señala.

Rubén Muñoz, con las vacas de su granja de Lss Heras, en el Valle de Soba. Foto: Nacho Cubero.

Rubén Muñoz se incorporó hace un año a la ganadería de sus padres, Las Heras, en el Valle de Soba. Aunque oficialmente empezó hace apenas un año, siempre ha trabajado en la explotación familiar desde niño. Con 20 años, decidió quedarse porque siempre le ha gustado el trabajo con las vacas y encontró una buena base de ganado e instalaciones. Actualmente cuentan con 180 vacas y robot de ordeño. Algo que él mismo reconoce como un gran avance en términos de calidad de vida.

El sector le ha recibido con los brazos abiertos porque desde que llegó los precios “son muy buenos”, aunque también ha visto épocas menos favorables en casa. No le asusta el trabajo: “Es duro, porque es de lunes a domingo y 24 horas, hay que estar siempre, pero si te gusta y las instalaciones son adecuadas, no requiere tanto esfuerzo; no es lo de antes ni lo que todos creen”. Recuerda que antes de incorporarse la situación “estaba fastidiada”, pero ahora “se está bastante bien”.

Rubén tiene claro que no quería dejar la explotación ganadera familiar: “Siempre lo he tenido claro, quería quedarme en casa con las vacas. Años atrás, cuando no estaba incorporado pero sí ayudaba en la ganadería, se pasó muy mal; hace tres o cuatro años todo era muy caro y nos pagaban poco, pero muchos hemos aguantado”. Sobre animar a otros jóvenes a seguir su ejemplo, afirma: “Aquí en el valle vamos a quedar muy pocos, y en los demás sitios también. Animo a continuar”.

En Valles Unidos del Asón no existen incentivos específicos para atraer a nuevos ganaderos, aunque la cooperativa sí acompaña a quienes empiezan con asesoramiento técnico y programas formativos pensados para hacer rentable la explotación desde el primer día. Pese a ello, Germán Cantera reconoce que el reloj juega en contra: “Veo un buen futuro para las ganaderías familiares si el precio de los productos se mantiene como está”, resume, aunque admite que este cambio llega tarde. Cada vez menos jóvenes pueden y quieren quedarse; muchos de los hijos de ganaderos de 60 años —que es la edad media de los titulares de las explotaciones— ya se han ido de casa y se han formado en otros ámbitos, por lo que el relevo generacional se ha perdido.

Nacho Martínez, que tras una vida dedicada a la ganadería tiene previsto jubilarse la próxima primavera. Su explotación, en Ruesga, no tendrá relevo. Foto: Nacho Cubero.

Es el caso de Nacho Martínez, ganadero en Riva de Ruesga, cuya explotación no tiene quien la recoja. Ha llegado a tener 110 vacas y se jubilará en marzo de 2026. “Lo estoy quitando poco a poco, pero no he encontrado a nadie que continúe con la explotación”, reconoce. Con 64 años, admite estar cansado: cada vez es más duro y, según él, han tenido “cero reconocimiento y cero apoyo”: “Siempre he entendido que han hecho con nosotros lo que les ha dado la gana, desde las empresas hasta la administración, especialmente con el precio de la leche”, lamenta. Recuerda sus inicios: recién llegado de la mili, con 21 o 22 años, trabajó codo con codo con su padre. “Hicimos una cuadra y, después, me casé y continué yo solo”. Desde entonces, la transformación ha sido completa: “Ha cambiado todo, y a mejor, porque antes el trabajo conllevaba mucho esfuerzo físico y ahora hay maquinaria y tecnología que ayuda”. Aun así, el número de ganaderos sigue disminuyendo, y lo atribuye a la falta de reconocimiento y a los precios insuficientes: “De nosotros se han reído mucho las empresas y la administración. La gente de nuestro alrededor veía que lo que trabajábamos era una barbaridad y que la compensación era muy pequeña. ¿Cómo un padre va a apoyar a un hijo para que se quede con la ganadería con los precios que hemos tenido hasta ahora?”, interpela.

Aun así, encuentra motivos para disfrutar de su labor: “Es bonito porque nos ha gustado, nos gusta trabajar, las vacas y el campo. Nos gusta estar donde estamos; si no, no hubiéramos aguantado, sería imposible”. Para él, los incentivos para los jóvenes pasan por el reconocimiento a su labor, que considera fundamental tanto para la producción de alimentos como para la conservación del medio ambiente: “El campo no está verde porque alguien dice que tiene que ser así, lo está porque se siega, cultiva y abona gracias a los ganaderos”. Añade que, además del reconocimiento, el precio sigue siendo un factor clave.

“Yo creo que se puede vivir bien si los precios tienen un equilibrio”, Nacho Martínez, ganadero

Sobre los que empiezan ahora, Martínez anima a los jóvenes: “Yo creo que se puede vivir bien si los precios tienen un equilibrio”. Sin embargo, visualiza el futuro de la ganadería no como un negocio familiar, sino como una empresa más grande con empleados, porque las nuevas generaciones no quieren el sacrificio que él ha vivido. “Me da mucha pena, porque esto te tiene que gustar”, concluye.

Si desaparece el relevo generacional, el gerente de la cooperativa Valles Unidos del Asón advierte de un “casi apocalipsis” para la ganadería. “Se irán cerrando más explotaciones. Hasta ahora se pensaba que las que quedaban podían absorber el trabajo de las que cerraban. Pero las nuevas ganaderías son menos, aunque más grandes y competitivas, y llega un punto en el que simplemente ya no pueden cubrirlo. Sin una solución, las consecuencias serán graves: pueblos deshabitados, cambios ambientales importantes y dificultades en los accesos rurales”, pronostica Germán Cantera, que subraya que el paisaje y el medio ambiente que disfrutamos hoy son fruto del trabajo y cuidado de generaciones de ganaderos, incluida la actual.


Ganadería familiar: ¿puede cambiar el modelo?

Existen experiencias en Asturias: Germán, asturiano de nacimiento, creó un servicio de sustituciones en una cooperativa de la región. Contaban con cuatro operarios para cubrir los reemplazos, pero en las épocas de mayor trabajo no eran suficientes. Hoy, la referencia es CLAS (Central Lechera Asturiana), que aun así ha perdido operarios en los últimos años. Los trabajadores estaban contratados como autónomos y con un mínimo garantizado, pero en los momentos de mayor carga laboral faltaban manos, y en invierno, con menos actividad, quedaban parados.

En Cantabria no existe un modelo similar, y según explica Germán, no hay intención de implementarlo, ya que el servicio nunca cubriría las necesidades: cuando hay mucho trabajo se sobresatura, y cuando hay poco, los operarios no saben qué hacer. Para él, la mejor solución pasa por la robotización: no elimina todo el trabajo, pero supone una ayuda sumamente importante que alivia la carga de los ganaderos. En este sentido, Nacho Martínez, dice que lo ve muy complicado. “Esto no se puede dejar en manos ajenas, tiene que ser alguien igual de profesional que el dueño pero nosotros somos los primeros que pensamos que como nosotros no lo hace nadie”.

Las iniciativas de Cantabria Film Commission y de los productores locales buscan propiciar el crecimiento de un sector audiovisual que tiene potencial para generar actividad y empleo, pero que depende mucho de la capacidad para atraer rodajes y que todavía enfrenta desafíos en infraestructuras, ayudas y consolidación económica.

Ana Bringas | Diciembre 2025

Hablar de cine, para muchos, evoca la imagen de una gran industria: productoras con enormes presupuestos, rodajes internacionales y nombres de alfombra roja, lo que en definitiva sería cine en mayúsculas, pero, ¿qué ocurre en Cantabria? La región empieza a hacerse un hueco en el mapa audiovisual, aunque la situación del sector sigue siendo “incipiente”, en palabras de sus propios productores. Así lo describe el cineasta Rodolfo Montero, natural de Valderredible, quien insiste en que todavía hay que convencer a nuestros políticos y ciudadanos de que tienen ahí una industria cultural importante.

En esta visión coincide Víctor Lamadrid, director de la Cantabria Film Commission, la oficina creada por el Gobierno regional para facilitar la labor de las empresas y profesionales que quieran rodar en la región, que resume el momento actual afirmando que el sector “progresa adecuadamente”. Reconoce que Cantabria “parte con desventaja”, al no contar con televisión autonómica, estudios públicos de cine y, hasta hace pocos años, con ayudas muy limitadas. Sin embargo, subraya que, pese a ese hándicap, la región también tiene muchas ventajas: “A veces es mejor tener la pizarra en blanco y empezar a escribir todo de cero con sentido y en la misma dirección, que tener veinte cosas diferentes”.

Nacho Solana es director de cine y productor audiovisual cántabro. Reconoce que el punto de partida en Cantabria ha sido “complicado” debido a la “falta de tradición cinematográfica”. En este sentido, recuerda que las principales referencias del cine cántabro son directores que tuvieron que desarrollar su carrera fuera de la región, como Nacho Vigalondo, que ha trabajado sobre todo en el País Vasco. Ahora, poco a poco, muchos de esos profesionales están regresando. “Quedarse en Cantabria supone asumir un éxito más pequeño en cierto modo al margen de la gran industria”, señala. Aun así valora muy positivamente el papel de la Cantabria Film Commission como catalizador para la evolución del tejido audiovisual de la comunidad que, dice, “está en proceso”.

El cineasta Rodolfo Montero y Victor Lamadrid, director de la Cantabria Film Comission. Fotos: Nacho Cubero.

El reciente Festival de Cine de Santander, celebrado este septiembre, ha puesto el foco en esta realidad. Productores, cineastas y responsables institucionales coinciden: Cantabria tiene talento, localizaciones únicas y cada vez más rodajes nacionales e internacionales, pero, aunque vive un momento de creciente visibilidad, aún carece del impulso económico, las ayudas y la infraestructura necesarias para competir con comunidades como el País Vasco, Navarra o Canarias. Pese a ello, la región ya se ha abierto camino en la economía audiovisual nacional y todo apunta a que tiene un gran potencial de crecimiento. Entre 2019 y 2022, acogió seis producciones internacionales incentivadas, que dejaron en el territorio un gasto de 35,6 millones de euros, según un estudio de la Spain Film Commission.

Si miramos al conjunto de España, en ese mismo periodo se contabilizaron 80 producciones incentivadas, incluyendo largometrajes y series de televisión, que generaron un gasto total de 660,5 millones de euros. Más del 70% de ese gasto se concentró en cuatro comunidades: Madrid (194,8 millones de euros con 31 producciones), Cataluña (119,8 millones y 19 producciones), Canarias (106,3 millones y 12 producciones) y Andalucía (95,3 millones y 31 producciones).

Ahora bien, aunque Cantabria no está todavía entre las primeras posiciones por volumen de rodajes, sí figura dentro del grupo de comunidades con un gasto relevante. De hecho, el impacto económico en la región (35,6 millones de euros con solo seis producciones) supera al registrado en la Comunidad Valenciana (28,2 millones con ocho producciones) y se acerca al de Baleares (38,3 millones con 11 producciones).

Todo ello refuerza la idea de que, con una estrategia de atracción de rodajes, Cantabria puede consolidarse como un destino competitivo dentro de la industria audiovisual española, aprovechando sus paisajes, patrimonio y localizaciones singulares para seguir creciendo en este sector, y aunque las cifras de la región no son ni de lejos las más altas del país, demuestran que incluso comunidades con menor tradición audiovisual pueden beneficiarse de manera significativa de la llegada de rodajes. Lo cierto es que Cantabria nunca ha contado con una televisión autonómica propia ni con estudios públicos superiores en materia audiovisual.

En este sentido, Rodolfo Montero reconoce que Cantabria se queda por detrás de otras comunidades, en primer lugar por su tamaño. Aun así, recuerda que la región siempre ha sido muy creativa y ha aportado grandes nombres a la cinematografía española, como Mario Camus –a quien califica como su maestro–, Manolo Gutiérrez Aragón, Álvaro Longoria, Jesús Garay o él mismo, con más de 20 películas producidas a lo largo de tres décadas de trayectoria. Montero reconoce que sacar adelante un proyecto desde Cantabria no es fácil, aunque aclara que esto nunca ha sido sencillo en ningún sitio, ni siquiera donde ahora existen grandes incentivos fiscales. Por eso defiende la necesidad de incentivos vinculados a los entornos rurales. Explica que, aunque ya existen ayudas por insularidad, sería igualmente importante aplicarlas a las zonas con déficit de población, para fomentar que la gente se quede y se establezca en el medio rural.

Obstáculos reconvertidos en oportunidades

Montero prefiere no hablar de obstáculos, sino de evolución. “Estamos en una fase incipiente y hay que tener una visión más amplia del sector, además de convencer a la clase dirigente de que merece la pena apoyarnos”, señala. Lamadrid tampoco quiere hablar de obstáculos –“ahora mismo no hay nada que nos impida avanzar”, dice– pero sí reconoce algunas debilidades, aunque cree que pueden transformarse en fortalezas. Cantabria, explica, es una comunidad periférica y uniprovincial, y además compite con el País Vasco, que cuenta con un incentivo fiscal más atractivo. Aun así, señala que Cantabria se sitúa al nivel del resto de España en este aspecto y que, pese a ello, muchas producciones deciden venir porque los costes resultan más bajos: todo está más cerca, los rodajes están menos masificados y los permisos se obtienen con mayor facilidad. “No son obstáculos, lo importante es entender cómo está el terreno de juego y aprender a ponerlo a nuestro favor”, resume el director de la Cantabria Film Commission.

“Es fundamental tener luces largas”, incide Montero: “Se puede hacer cine desde Cantabria, pero hay que salir, porque esto es algo que se hace para la gente y no te puedes circunscribir a una región. Los proyectos, aunque en origen y producción sean locales, tienen que ser lo más transitables posibles para toda la sociedad”.

Por su parte, Lamadrid insiste en que su obsesión es que el crecimiento sea desde dentro, aunque pide equilibrio y reconoce que está muy bien que lleguen proyectos de fuera. Para ello, la Cantabria Film Commission ha desarrollado varias iniciativas que buscan fortalecer el talento local y generar comunidad: jornadas formativas de diálogo de cine y producción que capacitan a futuros cineastas, un catálogo de cortometrajes para que las producciones cántabras circulen por todo el mundo sin coste para los directores, jornadas de encuentro entre productores y directores, talleres de desarrollo de proyectos cántabros y acuerdos con festivales para que el talento de la región tenga espacios donde mostrarse y desarrollarse. “No creo en una comunidad que solo busque atraer rodajes de fuera, porque igual que llegan, se van. Está muy bien llamar la atención y difundir lo que tenemos, de hecho es una de nuestras tareas principales. Pero el talento local, los proyectos cántabros, tienen que desarrollarse para mostrar nuestra voz y nuestro punto de vista cultural, patrimonial y etnográfico”, explica.

A su juicio, impulsar proyectos propios es lo que realmente permite generar industria y fortalecer el tejido local. De este modo, cuando llegan producciones externas, encuentran en Cantabria técnicos con experiencia, profesionales cualificados y todos los servicios que necesitan. “Lo importante es encontrar ese equilibrio perfecto”.

El director y productor Nacho Solana, en la Filmoteca de Cantabria Mario Camus. Foto: Nacho Cubero.

Para Nacho Solana, una de las ventajas de trabajar en Cantabria es que “somos pocos y bien avenidos”. Esto facilita entrar en los circuitos de ayudas disponibles, que aunque son limitadas, hacen de este un buen momento para comenzar proyectos en la región. Además, destaca que la descentralización del sector audiovisual está cada vez mejor valorada, y que ya empiezan a suceder iniciativas que podrían dar frutos en el futuro cercano. Lamadrid celebra que cada vez haya más representantes cántabros en festivales nacionales y reconoce que “lo más difícil es que el tren comience a caminar; pero ahora ya ha cogido velocidad”. También advierte de la importancia de mirar a otras comunidades, como el País Vasco, pero siendo conscientes de que Cantabria es uniprovincial y tiene limitaciones que se pueden convertir en ventajas: todo está cerca, todo puede individualizarse. “Vamos por el buen camino”, concluye.

Avances importantes recientes

En la última década se han dado pasos importantes, como la creación del grado en Comunicación Audiovisual en la Universidad Europea del Atlántico, que empieza a formar nuevo talento local. Montero cree que existen grandes oportunidades gracias a iniciativas como esa y al talento local. Explica que éste puede nacer y desarrollarse en un espacio, pero luego necesita abrirse al mundo. “En esa apertura puede ser que generes talento en Cantabria, pero al final tu película se haga en Brasil. Eso no es lo más importante; lo que sí importa es que el talento vuelva y pueda demostrarse en su territorio”, señala.

A ello se suman los atractivos naturales de Cantabria. Rodajes como ‘Diecisiete’ de Daniel Sánchez Arévalo, la serie Gran Hotel o la reciente ‘La bola negra’ de Los Javis han situado a la región en el escaparate nacional e internacional, demostrando el potencial de sus localizaciones: en apenas 45 minutos se puede pasar de una estación de esquí en Alto Campoo a una playa en Oyambre, con una gran diversidad de paisajes y muchas horas de luz durante el verano. Además, existe un equipo técnico cada vez más preparado. Si a estos factores se añaden los incentivos estatales ya existentes y la posibilidad de desarrollar incentivos autonómicos aún pendientes, Cantabria tiene todas las condiciones para consolidarse como un destino recurrente para rodajes nacionales e internacionales.

Montero asegura que en Cantabria cuenta con espacios que pueden parecer un desierto del Sáhara o, al sur, en la zona de Valderredible, bosques que recuerdan a la Selva Negra. “Y eso sin mencionar nuestro litoral. Las posibilidades son muchas: la naturaleza aquí es rica en casi cualquier rincón. Debemos exportar esa riqueza paisajística, siempre con el cuidado que merece nuestro entorno, que es mucho”. En este punto, Nacho Solana señala que Cantabria tiene muchos recursos aún por explotar. En su opinión, en el País Vasco, donde se rueda mucho gracias a los incentivos fiscales, las localizaciones ya están bastante saturadas, lo que convierte a Cantabria en una alternativa atractiva para nuevos proyectos.

Sinergias para diversos sectores

Los datos del estudio de Spain Film Comission muestran que los principales polos de producción siguen siendo Madrid, Cataluña, Canarias y Andalucía, pero también señalan la importancia creciente de territorios como Baleares, Cantabria y la Comunidad Valenciana. En el caso de Cantabria, los 35,6 millones de euros generados por seis producciones entre 2019 y 2022 han tenido un efecto notable: más del 50% de ese gasto se destinó a sectores fuera del audiovisual, como hostelería, transporte, logística o servicios locales. Cabe destacar que los datos recogidos se refieren a producciones rodadas en España antes de que se introdujera el incentivo a la producción de Bizkaia en enero de 2023. Esto significa que cada rodaje en Cantabria impulsa tanto a la industria audiovisual como al resto de sectores por lo que se convierte en un motor económico transversal, capaz de dinamizar distintos ámbitos de la economía regional y generar beneficios que van mucho más allá de la pantalla. En vista de estos resultados, para Lamadrid lo audiovisual “no está tan lejos de convertirse en otro motor económico para Cantabria”.

Solana considera que, por ahora, el sector audiovisual aún no se ha consolidado como un motor económico en Cantabria. Según él, los mayores beneficios los generan los rodajes procedentes de fuera, pero cree que el empujón definitivo llegaría si las productoras cántabras crecieran y pudieran asumir proyectos más grandes. Pone como ejemplo a Las Hermanísimas, una empresa que ha cambiado el modelo de producción: captan rodajes y llevan la producción directamente desde Cantabria, lo que les permite atraer proyectos que de otra manera no habrían venido. Además, llenan los rodajes de equipo técnico local, favoreciendo que los profesionales del sector se queden en la región. Aunque algunos también trabajan fuera, este modelo garantiza que los perfiles técnicos permanezcan en Cantabria, de modo que las productoras locales tengan personal cualificado disponible para sus proyectos. Según Solana, esto hace solo unos años no sucedía. En su opinión, producir en Cantabria es tan rentable como en cualquier otro lugar; la clave está en conseguir la financiación adecuada.

El director de cine Oliver Laxe, en el Centro Botín durante su presencia en el último Festival de Cine de Santander. Foto: Nacho Cubero.

De cara al futuro, Montero apuesta por una “crecida exponencial” del sector en Cantabria. Cree que habrá personas que lleguen a ocupar posiciones relevantes en la industria. Su objetivo es que la sociedad no vea al sector audiovisual como elitista o glamuroso, sino como un grupo de profesionales comprometidos con la cultura y la identidad de la región. “Los Premios Goya son un día. El resto del tiempo hay que asumir responsabilidades, levantarse pronto, pagar nóminas… Eso no se cuenta. Vendemos ‘glamour’, que es importante, pero hay que visibilizar el esfuerzo”.

Dice Solana que por naturaleza es “optimista”. Recuerda su regreso a Cantabria desde Madrid hace más de 15 años: “Volví sabiendo que aquí había poco, pero con la ilusión de que, con trabajo, puedes llegar a donde quieras. Ha sido un camino largo, pero me siento afortunado. Siempre pienso que hay cosas bonitas por venir”. Para él, ese futuro pasa por su compromiso con el diálogo con interlocutores políticos y culturales, junto con trabajo, perseverancia y la reivindicación de los logros cántabros en el sector audiovisual.

Tras una larga y exitosa trayectoria como regatista en varias clases olímpicas de vela, y después de cursar dos carreras universitarias, Berta Betanzos se enfrentó en 2020 a las dificultades que implica incorporarse al mercado laboral sin contar con una experiencia previa. Con el apoyo del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres de Cámara Cantabria, puso en marcha Tanndem, un centro en el que ofrece preparación física y comparte espacio con una fisioterapeuta, llevando a la práctica una vocación por la salud y el deporte que ya tenía muy presente cuando todavía competía.

José Ramón Esquiaga | Diciembre 2025

Es un paso que se sabe obligado, al que cada vez se llega con una mejor preparación y en el que puede aprovecharse buena parte de lo aprendido en la competición, pero el salto de la carrera deportiva al mercado laboral implica salvar un abismo al que es imposible asomarse sin vértigo. Después de una larga carrera como regatista en varias clases olímpicas de vela, la santanderina Berta Betanzos se encontró tras su retirada con todos los obstáculos que supone incorporarse al mercado laboral cerca de cumplir los 30 años y sin contar con experiencia profesional previa en aquello para lo que se había formado. Contaba ya para entonces con titulación como ingeniera técnica naval, un ámbito en el que era especialmente complicado introducirse sin contar con experiencia, y estaba terminando el grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, el área hacia la que quería orientar su futuro. “Siempre tuve mucho interés por todo lo que tiene que ver con la salud, incluso cuando me formé como ingeniera buscaba la forma de combinar ambas cosas. Con la segunda carrera, que inicié cuando todavía estaba en activo, y con la ayuda y el consejo de la psicóloga de la federación, empecé a ver la forma de canalizar eso profesionalmente”.

Recién graduada, Berta trabajó para la Federación Española de Vela, en lo que podía haber sido una vía con la que continuar vinculada al deporte de élite aprovechando de forma directa su experiencia como regatista, pero con la que dejaba desatendida su vocación por la salud y con la que podía comprometer la conciliación entre la vida profesional y personal que anhelaba tras catorce años compitiendo por todo el mundo. Tras finalizar la vinculación con la federación, la opción de trabajar por cuenta propia se confirmó como la alternativa más viable para llevar a término ese proyecto vital.

Berta ya conocía a Elena Vila, una fitoterapeuta especializada en suelo pélvico, con la que valoró la forma de aunar sus respectivas disciplinas en un centro que ofreciera pautas de entrenamiento y tratamientos personalizados a quien necesitase recuperarse de lesiones de cualquier tipo o, en general, mejorar su condición física. La idea tomó forma en 2022 con la apertura de Tanndem, un gimnasio y clínica ubicado entre el Palacio de Festivales y el CEAR de Vela de Santander, en el que atienden a clientes que pueden serlo de ambas o utilizar solo los servicios de una de ellas.

“Tratar con la gente, ayudarles a solucionar sus problemas… eso es lo que me gusta y lo que se me da bien”, Berta Betanzos, de Tanndem.

Para la puesta en marcha del proyecto, recuerda Berta, las principales dificultades que hubo de superar no tuvieron que ver tanto con lo relacionado directamente con la actividad, como con la tramitación administrativa y el control de los tiempos en las diferentes fases del proceso: “Tanto en mi carrera deportiva como ahora, siempre he sido una persona que disfruta con lo que hace, con el trabajo. Tratar con la gente, ayudarles a solucionar sus problemas… eso es lo que me gusta y lo que se me da bien. La parte de gestión me gusta menos y se me da peor, pero es muy importante cuando quieres tener un proyecto propio. Ahí la Cámara de Comercio fue muy importante”, explica la exregatista, que se refiere con ello al asesoramiento recibido por parte del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres (PAEM), creado por Cámara España y que se gestiona desde las delegaciones camerales con financiación de la Comisión Europea, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, la Unidad Administradora del Fondo Social Europeo y el Ministerio de Igualdad y, en el caso de Cantabria, con apoyo económico de Sodercan. “Fueron muy meticulosos en el planteamiento del proyecto, de todas las ayudas, de los tiempos, que son gestiones que requieren unos plazos que, si no se tienen en cuenta, pueden acarrearte problemas. Y te ayudan a organizar tus propias ideas, que también es muy importante”.

Tanndem, explica Berta Betanzos, es un centro con unas características y servicios que lo diferencian, ubicado en un entorno único, en el que es posible entrenar o recibir tratamientos con vistas a la bahía, y en el que se propicia una relación muy cercana con quienes utilizan sus servicios. En los tres años que lleva funcionando, Tanndem ha consolidado una amplia base de clientes, siguiendo lo que Berta Betanzos describe como una “curva ascendente”, con un crecimiento continuo pero controlado: “Cuando abrimos ya tenía mi primer hijo, y luego he tenido el segundo, y eso ha llevado a que la subida no haya sido lo intensa que hubiera podido ser, pero porque yo tampoco lo he querido, porque mi idea siempre ha sido compatibilizar los dos proyectos, el vital y el profesional. Posiblemente ahora puede ser el momento de dar otro paso adelante. Este es un proyecto al que todavía le queda mucho por crecer”.

Un estudio de la consultora Atlas Real Estate Analytics calcula que unos 4.000 estudiantes buscan alojamiento en Cantabria cada curso, una cifra que cubren residencias, colegios mayores y, sobre todo, pisos de alquiler compartido. La gestión de esa demanda, tanto con los inquilinos como con los arrendadores, ha dado pie a la actividad de empresas especializadas en ese mercado, que en ocasiones prestan servicios y opciones similares a los que ofrecen las residencias. Con una temporalidad que se complementa casi exactamente con la del alquiler vacacional, la posibilidad de compatibilizar ambas categorías aporta un atractivo añadido para los propietarios.

Juan Carlos Arrondo | Octubre 2025

Llega el inicio del curso y, antes de abrir un solo libro, los estudiantes procedentes de otros países, de otras partes de España, o incluso de zonas de la propia comunidad alejadas de los centros de educación superior, ya han tenido que enfrentarse al reto de procurarse un lugar donde residir a lo largo de los próximos meses. Según el estudio ‘Estado actual del mercado de residencias de estudiantes’, publicado el pasado mayo por la consultora Atlas Real Estate Analytics, en 2024 demandaron alojamiento en Cantabria 3.000 alumnos de grado universitario, 528 de máster y 698 de Erasmus. De las varias opciones a su disposición, fuentes del sector especifican que, si bien el Colegio Mayor Torres Quevedo cubre la totalidad de sus 120 plazas ofertadas, la ocupación de residencias como la privada MiCampus –mixta, 415 camas– o Alto de Miranda, de las Hermanas Trinitarias –femenina, 120 camas– solo está en torno al 60%. La mayor parte, bien sea por el precio o por resultarles una alternativa más atractiva, se decanta por compartir un piso alquilado.

En los últimos años, alrededor de la gestión de alquileres de pisos para estudiantes han surgido algunas iniciativas empresariales que tratan de ir algo más allá, aportando ciertos servicios que añaden valor al simple arrendamiento. Es el caso de Notel Student Club, cuyo fundador y director, Ignacio Gutiérrez Breñosa, describe como un modelo de alojamiento a mitad de camino entre una residencia de estudiantes o un colegio mayor y una vivienda alquilada: “En las setenta plazas que tenemos incluimos limpieza todas las semanas, así como cambio de sábanas y toallas, y se puede contratar servicios de comida y comedor de lunes a viernes. Además, agrupamos a los estudiantes en función de un análisis de su personalidad, de su afinidad o de lo que están cursando”. En definitiva, aunar los servicios que proporciona una residencia con los beneficios de alojarse en un piso: “Hay una mayor sensación de hogar y no de hotel. En un hotel puedes estar de maravilla una semana, pero igual no estarías viviendo en él nueve meses”.

Ignacio Gutiérrez Breñosa, fundador y gerente de Notel Student Club, en uno de los pisos que su empresa pone a disposición de los estudiantes. Foto: Nacho Cubero.

Su amplia experiencia en el ámbito universitario, primero en Cesine y después como director de MiCampus en Santander, ha permitido a Ignacio Gutiérrez Breñosa conocer las necesidades de jóvenes y familiares a la hora de optar por un modelo de alojamiento: “Para los estudiantes es el ‘todo incluido’, no tener que preocuparse de limpiar, recoger o hacer la comida, poder centrarse solo en sus estudios, y tener un espacio privado en el que estar a gusto. Lo que demandan las familias es la seguridad de que, ante cualquier problema o necesidad que puedan tener, sus hijos van a tener atención, van a poder contactar con alguien; y, lógicamente, el precio es un factor determinante”. Durante estos años ha observado que, por magnificas instalaciones y comodidad que le ofrezca una residencia, el alumno tiende a preferir compartir un piso: “Quiere tener independencia. Por eso se me ocurrió unir lo mejor de la residencia de estudiantes, todos sus servicios, con lo mejor de los apartamentos: la sensación de estar en casa y, por supuesto, el precio”.

Mercado estudiantil y mercado vacacional

Tras ir fraguando esta idea de añadir una serie de servicios al arrendamiento tradicional de pisos para estudiantes, en 2022 lanzó su empresa con quince plazas distribuidas en cinco pisos pertenecientes a su entorno más cercano. A partir de unos buenos números iniciales, comenzó a contactar con otros propietarios e inversores inmobiliarios, lo que se ha traducido en un crecimiento en volumen, pero también en una diversificación, al compartir el modelo con el mercado vacacional. “Gestionamos inmuebles por valor de más de 20 millones de euros. Tenemos cuarenta y cuatro apartamentos, de los que veintiséis, con setenta plazas, son para estudiantes y el resto son de uso turístico durante todo el año”, detalla el fundador de Notel. Explica que este desdoblamiento surgió de empezar a alquilar en los meses de verano los pisos que quedaban vacíos una vez finalizado el curso, si bien la evolución de ambos nichos ha sido distinta: “Ahora tenemos mayor volumen de negocio en la parte vacacional porque el turismo cada vez es menos estacional en Santander y Cantabria”.

Todos los apartamentos que gestiona Notel están ubicados en un radio razonablemente cercano al núcleo universitario de Santander y gozan de todo tipo de comodidades, algo que les permite diferenciarse del grueso de la oferta convencional de pisos estudiantiles, no siempre confortables y en ocasiones con mobiliario y equipamiento anticuados. Si la idea es que los estudiantes se sientan en casa con los servicios de una residencia, en opinión de su director, los inmuebles también tienen que disponer de las mejores instalaciones: “Solo alquilamos apartamentos nuevos o completamente reformados, con un mínimo de tres dormitorios, todas las habitaciones tienen que ser exteriores y zonas comunes para un mínimo de una persona más que el número de dormitorios que tenga. Tampoco trabajamos con pisos por encima del tercero en caso de que el edificio no tenga ascensor”. Además, deben contar con el menaje completo, cocina con vitrocerámica, calefacción, así como televisión en todas las habitaciones y en el salón: “Están equipados al máximo nivel, como el mejor hotel en que se pueda estar”.

«Nosotros no competimos con el apartamento que está en Idealista, sino con las residencias de estudiantes y los colegios mayores». Ignacio Gutiérrez Breñosa, fundador de Notel Student Club.

El alto nivel de exigencia que debe cumplir cada inmueble lo compensa su dueño con una rentabilidad en torno al 40% mayor a la que obtendría si lo alquilase por su cuenta. “Nosotros no competimos con el apartamento que está en Idealista, sino con las residencias de estudiantes y los colegios mayores. Nuestro rango de precios es más barato que el de las residencias, pero también más caro que el alquiler normal de un piso”, apunta Ignacio Gutiérrez Breñosa. Y considera que, además de cubrir confortablemente las necesidades de los estudiantes, su modelo de negocio ofrece un valor añadido a los propietarios: “Les damos la tranquilidad de que su apartamento está controlado porque todas las semanas lo visita alguien del equipo, se hace una limpieza semanal, se repara cualquier cosa sobre la marcha. El mantenimiento es tan bueno que se mantienen en perfecto estado. Por tanto, tienen más ingresos, la seguridad de que no va a haber impagos y su propiedad controlada en todo momento”.

Además del coste, la limpieza y manutención y otras comodidades, para el joven inquilino es muy importante congeniar con quienes va a convivir durante los meses del curso académico. Cabe la posibilidad de que no encaje bien y necesite cambiar de piso o que sus amigos vivan en otro y prefiera irse con ellos. Como podría hacer una residencia o un colegio mayor, Notel Student Club tiene la capacidad de trasladarle a otra habitación en el mismo día.

Emancipia: una empresa y un proyecto de investigación

En una línea análoga de dar respuesta a este y a un sinfín de problemas ordinarios a los que puede tener que enfrentarse el alumno foráneo que estudia en nuestra comunidad es en la que trabaja Emancipia, un ‘spin-off’ de la Universidad de Cantabria ubicado en su Centro de Desarrollo Tecnológico, que desde 2013 ha gestionado el alojamiento de unos 2.600 estudiantes –en torno al 80% de ellos extranjeros– y los ha proporcionado apoyo ante incidencias cotidianas, desde las relacionadas con la salud o la convivencia hasta reparaciones o trámites burocráticos, entre otras.

Alfonso Nicholls –fundador junto a Martín Ruiz Oceja, quien ya no está en el proyecto– aclara que Emancipia, si bien es un negocio dado de alta como sociedad limitada, se trata sobre todo de una investigación enfocada a definir un modelo de alojamiento en pisos compartidos, para lo cual tienen una amplia muestra de estudiantes, propietarios e instituciones con los que han trabajado: “Hemos diseñado un servicio apoyado en una aplicación muy potente y sustentado en hipótesis validadas, longitudinal y transversalmente, durante trece años con esos miles de usuarios, con el objetivo de poder replicar de manera sencilla en cualquier ciudad de España o de Europa lo que hacemos aquí”. Esta gestión, sistematizada y con una base tecnológica, del arrendamiento de inmuebles en el mercado estudiantil se complementa con un servicio de acompañamiento, personal y gratuito, a los inquilinos: “Porque hay chicos jóvenes que viven fuera de casa, especialmente si son extranjeros, con competencias de autocuidados muy bajas y hay que apoyarlos a la hora de solventar incidencias, averías, etc”.

Según el Sistema Integrado de Información Universitaria, en el curso 2022/2023 hubo 2.299 alumnos extranjeros matriculados en los centros públicos y privados de Cantabria. Aunque cualquier estudiante que está fuera de su casa puede requerir la ayuda de Emancipia, los españoles, a priori, tienen más cercano el apoyo familiar o de sus amigos y carecen de los problemas idiomáticos que tienen los de otros países. “Los chavales extranjeros son más susceptibles de necesitar nuestros servicios por la seguridad y el confort que les dan”, indica su responsable, que destaca cómo se ha ido difundiendo de boca a boca: “Es más, algunos nos han pedido colaboración para hacer trabajos de fin de Erasmus que expliquen cómo es nuestro servicio de alojamiento. Porque, claro, es difícil ver algo así: que les esperemos en el portal para acompañarlos a hacer un trámite, que les traduzcamos en una consulta, etc. Y ellos han visto ese apoyo que damos, que es vocacional. Una vocación de servicio a los demás que nos ha movido para tirar adelante hasta hoy”.

Alfonso Nicholls, director de Emancipia, una empresa nacida en el seno de la Universidad de Cantabria que desde 2013 ha gestionado el alojamiento de unos 2.600 estudiantes, la mayor parte de ellos extranjeros. Foto: Nacho Cubero.

Los servicios que presta Emancipia, entre los que no se incluye la limpieza y la comida, son gratuitos, siendo su fuente de ingresos la tarifa que cobra a los dueños de los inmuebles. El alquiler de un piso de tres habitaciones, aunque depende de su estado de conservación, equipamiento y ubicación, suele situarse entre los 700 y 900 euros al mes. “Un estudiante podría encontrar ahora una habitación, con luz, agua, gas e internet incluidos, por una media de entre 325 y 350 euros”, señala Alfonso Nicholls. Añade que han podido contener los precios porque, además de los propietarios que buscan maximizar la rentabilidad de su inversión, han logrado incorporar a algunos con otra visión: “Hemos conseguido que el sistema no centrifugue a los que, por su edad u otra razón, tienen una brecha digital y eso les aleja de alquilar. Y a los que, buscando sacar algún beneficio, son más empáticos porque quizás han tenido hijos que han estudiado fuera o tienen ese carácter de ayudar a los demás”.

El fundador y responsable de Emancipia hace hincapié en esa vocación social que envuelve el proyecto. Desvela que conserva un correo de HousingWell, la mayor multinacional del alojamiento de estudiantes extranjeros, proponiéndole fusionar ambas marcas en España, una oferta que declinó porque su idea encaja más con el interés público que está convencido tiene este modelo: “Con nuestra aplicación cualquier ayuntamiento, concejalía de juventud o universidad puede montar un servicio de alojamiento funcional en media hora. No es una idea, son hipótesis ya validadas y contrastadas”.

«Hay jóvenes que necesitan una vivienda para los que es una odisea, una angustia, encontrarla». Alfonso Nicholls, director de Emancipia.

La clave está en que durante estos años han ido investigando y desarrollando una gestión de pisos compartidos con resultados tangibles en el ámbito estudiantil, pero que puede ser extrapolado a dar soluciones a otros: “Hay jóvenes que necesitan una vivienda para los que es una odisea, una angustia, encontrarla. Ahora, por ejemplo, hemos conseguido que un chico holandés recién incorporado al trabajo elija quedarse en Santander por la facilidad que ha tenido para encontrar un alojamiento con nosotros”.

Cabe preguntarse si los vaticinios sobre una futura caída de la población estudiantil por causas demográficas o un declive de la movilidad por la diversificación territorial de la oferta académica pueden poner una fecha de caducidad a este nicho del alquiler de viviendas. Alfonso Nicholls no lo cree así, de momento no percibe que haya menos universitarios demandando pisos y, de hecho, sí que nota que también hay alumnos de ciclos superiores de formación profesional que se desplazan de unas ciudades a otras. En todo caso, insiste en que su modelo de gestión de alojamientos aún tiene mucho recorrido: “Algunos de nuestros inquilinos se han convertido en trabajadores y hemos ido pivotando e iterando. Todo lo que hemos estado investigando se ha añadido a la aplicación y lo que necesitamos ahora es financiación para automatizarlo todo, para replicarlo de forma inmediata y con poco coste en cualquier sitio. Necesitamos el apoyo de algún inversor que aporte 100.000 o 150.000 euros, al que le podríamos devolver diez veces más”.

Después de varios años de experiencia como profesora, Ángela Bollada decidió en 2019 crear su propia academia de danza, una idea para la que contó con el apoyo del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres de Cámara Cantabria. Bendita Locura es hoy una realidad que da trabajo a un equipo de nueve personas e imparte formación a más de 400 alumnos de todas las edades.

José Ramón Esquiaga | Octubre 2025

Por muchos conocimientos que se tengan sobre la actividad a desarrollar o el mercado al que se quiere atender –y Ángela Bollada los tenía en ambas cuestiones– dar el paso de crear una empresa implica avanzar por caminos nunca antes recorridos y enfrentarse a imprevistos que nadie espera. Muy a su pesar, afrontar el confinamiento al que dio lugar la pandemia del Covid-19 fue una inmejorable escuela para aprender lo que supone verse asaltado por lo inesperado, y ello apenas unos meses después de haber completado los trámites burocráticos y legales necesarios para dar cobertura administrativa al proyecto, un laberinto que Ángela superó con la ayuda de la Cámara de Comerio de Cantabria.

El estudio de danza Bendita Locura abrió sus puertas en 2019, recogiendo la experiencia de su fundadora como profesora de baile en otras academias. La idea de iniciar un proyecto propio siempre estuvo en el ánimo de Ángela Bollada, que lo consideraba un paso natural dentro de su carrera profesional. En la búsqueda de información para poder hacerlo, alguien le habló de la Cámara de Comercio y de un programa especialmente dirigido a facilitar la creación de empresas por parte de mujeres.

Creado por Cámara España, el Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres (PAEM) nació en los primeros años del siglo como un instrumento con el que contribuir a cerrar la brecha de género en el emprendimiento. Con financiación de la Comisión Europea, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, la Unidad Administradora del Fondo Social Europeo y el Ministerio de Igualdad, el programa funciona por medio de una red de gabinetes en las delegaciones camerales, que en Cámara Cantabria opera con apoyo de Sodercan, ofreciendo asesoramiento, formación y acompañamiento en cada uno de las fases por las que ha de pasar el proyecto de creación de una empresa. “La verdad es que empiezas con mil miedos, pero a partir de dar con la Cámara de Comercio fue todo más sencillo. La verdad es que me lo pusieron todo muy fácil”, recuerda Ángela Bollada, que con el apoyo de los técnicos camerales elaboró un plan de negocio que luego fue clave para lograr financiación a través de un crédito de La Caixa.

Por las características de su negocio, la fundadora de Bendita Locura recuerda como especialmente complicada la obtención de licencias y el cumplimiento de todos los requisitos necesarios para poner en funcionamiento unas instalaciones por las que iban a pasar cientos de personas, muchas de ellas menores. “Un estudio de danza conlleva muchísimas cosas, debes garantizar que el local reúna unas condiciones, que sea accesible para personas con movilidad reducida, por ejemplo. Y luego tienes que acondicionarlo y equiparlo”. A partir de lo que era un espacio grande, pero vacío, se habilitaron aulas y vestuarios. “De una nave diáfana construimos una academia de danza”, resume la fundadora y directora de Bendita Locura.

Un arranque complicado

Aquel proyecto nacido hace seis años da hoy clases de baile a unos 400 alumnos de todas las edades, a cargo de un equipo formado por nueve personas. El estudio de danza mantiene además acuerdos con varios colegios para ofrecer sus clases dentro de las actividades extraescolares. Lejos queda ya la incertidumbre a la que dio lugar el confinamiento de la primavera de 2020, coincidiendo con los primeros meses de actividad de la academia. “Hubo miedo al principio, claro, pero rápidamente pasamos a dar clases ‘online’ y a hacer todo aquello que en aquellos momentos se podía. Cuando ya nos dejaron retomar la actividad, la gente respondió muy bien, siempre he contado con un alumnado muy fiel”.

Superados ya los plazos críticos que marcan la supervivencia o no de una empresa, Ángela considera consolidado el proyecto de Bendita Locura, que además de las clases organiza galas y participa con sus equipos en competiciones en toda España.

De cara al futuro, la directora del estudio de danza prioriza mantener lo conseguido hasta ahora –«que es mucho”, puntualiza”– antes que el crecimiento. “Mi intención es invertir para que los pequeños que llegan, y obviamente todo el alumnado, estén lo más a gusto posible y podamos evolucionar juntos. Somos una escuela de danza moderna y urbana que desde el principio ha funcionado muy bien. Tenemos que mantener eso”.

Marcos Saro, ingeniero informático y jugador de bolo-palma, ha desarrollado una ‘app’ para seguir los resultados de las competiciones en las cuatro modalidades bolísticas que se juegan en Cantabria. Con más de 10.000 usuarios activos, la aplicación se ha abierto camino en un ámbito, el de las boleras, que puede considerarse poco inclinado al uso de las nuevas tecnologías, pero al que el gran número de partidos, los muchos jugadores y la gran cantidad de datos asociados al juego convierten en un escenario especialmente propicio para aprovechar todas sus funcionalidades.

Juan Carlos Arrondo | Julio 2025

Si hay un juego popular, en sus diversas modalidades, cuyas raíces se hunden en la noche de los tiempos es el de los bolos. En Cantabria ha sido muy común que, junto a la iglesia y la taberna o la tienda, la bolera fuera uno de los centros de la vida social de los pueblos y de algunos barrios de las ciudades. Los niños pasaban las horas tirando bolas y los mayores –‘arriba los gananciosos’, como reza la costumbre– se jugaban en el corro el blanco o simplemente la honrilla de la localidad. Simultáneamente, ha ido reglándose y se han dado forma a una serie de competiciones que hoy le confieren la condición de deporte.

Marcos Saro, ingeniero informático y hasta el pasado año jugador de primera categoría, intenta que algo tan tradicional y con tanto arraigo pueda adaptarse a los tiempos y con tal fin ha desarrollado ‘Resultados de Bolos’, una aplicación para dispositivos móviles que desde su lanzamiento, hace unos cuatro años, ya suma más de diez mil usuarios activos.

La idea surgió cuando Marcos Saro cursaba el grado de Ingeniería Informática en la Universidad Europea del Atlántico, sin más pretensión inicial que aprender y, dada su afición al deporte de los bolos, entretenerse: “Viendo que la aplicación pintaba bien publiqué un vídeo de lo que estaba haciendo y a la gente le gustó, tuve mucho apoyo, lo que me motivó a continuar. Publiqué una beta cerrada para cien personas, pero en cinco minutos ya se habían llenado todas las plazas, así que lo amplié y en unas horas más de quinientas personas se habían descargado la prueba”.

El ingeniero informático Marcos Saro, autor de la ‘app’ Resultados de Bolos. Foto: Nacho Cubero.

Viendo el respaldo que estaba teniendo su iniciativa, decidió dedicar más esfuerzos a su desarrollo, hasta llegar a la versión que finalmente lanzaría al público: “Empezó siendo, básicamente, la típica aplicación para mostrar resultados deportivos, en este caso de bolo palma. A partir de ahí, fue escalando y ahora cualquier aficionado de las diferentes modalidades que se juegan en Cantabria –bolo palma, pasabolo tablón, bolo pasiego y pasabolo losa– puede encontrar información de todas las competiciones”.

Herramienta de promoción para los bolos

Además de los datos completos de los partidos, desde la localización de la bolera hasta los resultados, así como las clasificaciones de todas las competiciones, es una herramienta para que los jugadores puedan inscribirse para participar en los concursos, con lo que ello supone de mejora en un proceso que hasta ahora consistía en llamar por teléfono al organizador y que este lo apuntara en un bloc de notas. Junto a este tipo de utilidades en torno al ámbito deportivo, también tiene el afán de contribuir a la promoción de este juego. Los más jóvenes tienen mucha oferta de ocio entre la que elegir y cada vez lo practican menos, escaseando su presencia como público en los corros. En este sentido, su desarrollador destaca otra importante funcionalidad de la aplicación: “Tiene recopiladas las escuelas de Cantabria porque hasta ahora había gente que quería apuntar a sus hijos y no sabía dónde hacerlo. Aquí pueden encontrar las más cercanas, lo que ayuda a que los niños empiecen a jugar a los bolos”.

Otra contribución al fomento de los bolos puede encontrarse en el apartado de juegos de la ‘app’, donde se puede aprender de forma lúdica, por ejemplo, los nombres de los jugadores, cómo son los escudos de las peñas o en qué localidades están las boleras. Asimismo, su desarrollador ha introducido unos cromos, digitalizando una idea que en su día se puso en práctica en soporte físico pero que no llegó a cuajar: “Para conseguir los sobres que los contienen hay que participar en los juegos. Después se pueden abrir e ir coleccionando jugadores y peñas, algo que ha gustado mucho y engancha”. Según los últimos datos de los que dispone, los usuarios han participado en más de doscientas mil partidas de los diferentes pasatiempos y han abierto más de cuarenta mil sobres de cromos. Estas cifras también ayudan a aumentar el tiempo medio de uso de la aplicación, que actualmente está en los tres minutos y cincuenta y cinco segundos, aunque en momentos decisivos de las competiciones se alcanzan los seis minutos y ocho segundos.

El juego de bolas de Marcos Saro y el móvil con la aplicación que ha desarrollado para seguir los resultados del juego. Foto: Nacho Cubero.

Como único administrador, Marcos Saro no solo se encarga de mejorarla, de dar el soporte técnico y de la atención al usuario, sino que además recopila los contenidos. Dado su volumen actual, considera que es la base de datos de referencia en el mundo de los bolos: “Hasta ahora no había absolutamente nada. He intentado añadir todas las boleras de Cantabria y de más partes del mundo. Están las de Madrid, Cádiz… u otras que no están en uso o han desaparecido, como la de Valencia. También hay jugadores ya retirados o peñas históricas que no están en activo”. Aunque en la web de la Federación Cántabra afirma que no aparece ni la mitad de los deportistas que sí se pueden ver en la ‘app’, es consciente de que este organismo dispone de gran cantidad de información sin digitalizar: “Este año he empezado a hablar con ellos y la idea sería colaborar y no descartaría que si se avanza se pudieran introducir esos datos en la aplicación”.

Más descargas que la ‘app’ del Real Madrid

‘Resultados de Bolos’ puede descargarse en las tiendas digitales Google Play, para dispositivos con sistema operativo Android, y Apple Store, para iOS. Marcos Saro aclara que llegar a entrar en estas plataformas es una tarea laboriosa: “Para subir la aplicación a la de Android hay que tener una licencia de desarrollador –que cuesta 25 dólares y es para siempre– y cada vez que quieres hacer una actualización te lo revisan todo. Hay mucho papeleo, aprobación de permisos, justificaciones de políticas de privacidad, etc.”. No obstante, el coste y la complejidad se multiplica en la otra: “En Apple son mucho más estrictos. Hay que pagar 99 dólares al año por la licencia de desarrollador y en cada revisión hay que hablar con ellos, con el soporte, explicarles todo y comprobar que no haya ningún problema”. A pesar de todos estos obstáculos y dificultades para publicarla, la buena noticia es que desde que fue lanzada en 2021 más de diez mil personas la han bajado a sus dispositivos móviles.

Dado que, como ocurre con cualquier aplicación, hay quienes la instalan y al cabo de un tiempo la borran, el número total de descargas no es la magnitud que más le interesa a su creador: “Le doy más valor a que hay más de diez mil usuarios activos, que son los que entran regularmente, al menos una vez a la semana. Siendo un deporte cada vez más olvidado, creo que es una cifra considerable”. Debe tenerse en cuenta que incluso en Cantabria se trata de un juego minoritario, por lo que tampoco es razonable pensar que puede llegar a captar una cantidad de usuarios mucho mayor. Sin embargo, llama la atención que, estando la práctica de los bolos y su afición tan concentrada territorialmente, quienes la utilizan se ubiquen en varios países. Los últimos datos disponibles indican que –además de los 9.800 que hay en España– 151 están en los Estados Unidos, 77 en Francia, 50 en Portugal, 38 en México, 33 en el Reino Unido y 31 en Italia.

“Ves a gente de 80 años que no tenía móvil y que se lo ha comprado sólo para usar la aplicación y estar informados”. Marcos Saro, creador de la ‘app’.

Antes de su aparición no había ninguna herramienta para informarse de la actualidad de los bolos con tanta inmediatez, de modo que su lanzamiento concentró en poco tiempo entre mil y dos mil descargas. “En la tienda de Apple, al haber tantas de golpe, apareció en el top de aplicaciones más descargadas de España y estuvo dos días por encima de la del Real Madrid, la del diario As u otras por el estilo que tienen ese número diariamente”, subraya Marcos Saro. Después del ‘boom’ inicial, su difusión ha seguido una tendencia más regular, fruto sobre todo del boca a boca entre los aficionados. Esto ha llevado a que su uso se haya popularizado en las boleras, donde suele acudir un tipo de espectador de avanzada edad poco habituado al uso de estas tecnologías y a quien tiene que enseñar sus hijos o nietos: “Ves a gente de 80 años que no tenía móvil y que se lo ha comprado sólo para usar la aplicación y estar informados”.

Patrocinios locales para la ‘app’

Marcos Saro recalca que los gastos de la aplicación, cuya descarga es gratuita, son elevados e indica que trata de cubrirlos incluyendo publicidad de empresas locales y de la Dirección General de Deportes del Gobierno de Cantabria: “Con esta colaboración se financia el proyecto, que no es un negocio. Yo tengo mi trabajo a jornada completa y vivo de él, esto lo hago por afición. Si sigue adelante es gracias a estos patrocinadores”. También insiste en que no tiene los típicos reclamos, por ejemplo, de ropa u ordenadores recomendados por Google –que se monetizan clicando sobre ellos– puesto que prefiere promocionar firmas de Cantabria y relacionadas con los bolos: “La mayoría continúa año a año y suele estar vinculada a alguna peña. Al final, saben que ahí está su público objetivo, que va a ver los anuncios todos los días en la aplicación, y que esta publicidad no es cara”. En este sentido, le interesa aumentar el uso de la ‘app’ y una forma de incentivarlo es añadiendo mejoras y nuevas funcionalidades.

Incorporar novedades supone para el administrador una notable carga de trabajo durante su tiempo libre y, aunque lo sobrelleva gracias a su pasión por los bolos, reconoce que le vendría bien algo más de colaboración: “Los usuarios están verificados y ellos mismos meten los resultados, pero yo me encargo de todo lo de los jugadores y las peñas, de comprobar que los datos están bien, de dar soporte a la gente, etc. Aunque me gustaría tener ayuda para hacer más cosas, consigo el dinero justo para mantener el proyecto y no puedo pagar a nadie”. No obstante, confía en que de sus conversaciones con la Federación Cántabra salga el apoyo para introducir alguna nueva funcionalidad, como su propuesta de digitalizar las actas de las partidas, que hasta ahora se rellenan a mano y son enviadas por correo ordinario: “La idea, que quiero meter para el año que viene, es que los árbitros las hagan desde la aplicación y que esos datos se actualicen en tiempo real”.

A plazo más lejano, cuando la aplicación esté ya estabilizada y no necesite mucho trabajo de soporte, revisiones y testeos para actualizarla, Marcos Saro podría plantearse nuevos retos: “Me gustaría incluir otras modalidades de bolos, porque aquí se juegan estas cuatro, pero fuera de Cantabria hay más. Por ejemplo, el bowling, aunque para eso tendría que ponerme en contacto con la Federación Española”. Apunta que a la hora de introducir novedades también se inspira en otras ‘apps’ que están funcionando bien y por eso querría implementar una funcionalidad similar a la de PlayTomic, que permite al usuario buscar rivales para jugar un partido de pádel: “Tengo en mente algo parecido para que la gente pueda encontrar a alguien con quien tirar unas bolas y pasárselo bien o una bolera disponible para entrenar”. Mientras, trabaja en una web que, si bien ya está lanzada, advierte que necesita mejoras: “Está muy verde. No es tan funcional como una aplicación móvil, pero quizás sea más accesible y creo que sería útil para atraer más público a este deporte”.

“Está claro que aquí no hay negocio. Si quisiera haber ganado dinero la habría hecho, por ejemplo, de fútbol. Esto lo he hecho por amor a los bolos, porque he jugado desde pequeño y me gustan mucho”.

Detrás de todo el esfuerzo que ha supuesto desarrollar y mejorar ‘Resultados de Bolos’ es obvio que no hay un interés lucrativo, sino la voluntad de apoyar a este deporte: “Está claro que aquí no hay negocio. Si quisiera haber ganado dinero la habría hecho, por ejemplo, de fútbol. Esto lo he hecho por amor a los bolos, porque he jugado desde pequeño y me gustan mucho”. En su opinión, hacía falta una herramienta así para emprender el camino de la digitalización, como ya está ocurriendo en la mayor parte de las disciplinas deportivas. “Hay personas mayores a las que igual les cuesta porque no controlan estas tecnologías, pero ven que es el futuro, que es lo mejor y poco a poco van entrando en ellas”, explica Marcos Saro, que no oculta la satisfacción que le produce ver a los aficionados utilizando su aplicación en las boleras: “Es algo que a mí me llena y me motiva a seguir con ella porque veo que gusta el trabajo que estoy haciendo”.

La ‘startup’ cántabra, ganadora de la última edición del premio Emprendedor XXI, buscará financiación para iniciar la comercialización de su metodología para mejorar la calidad del golpeo al balón por parte de futbolistas de cualquier nivel, pero sobre todo de aquellos que juegan en categorías base. El objetivo de Optimum Grade Response es llegar a usuarios que, además de poder acceder a un análisis pormenorizado de todos los parámetros que recoge la aplicación, generen comunidad planteando juegos y retos. En paralelo, se ofrecerán las botas y medias que ha desarrollado y patentado la empresa y que complementan el proceso digital.

Juan Carlos Arrondo | Mayo 2025

Probablemente, ninguno de los ‘gentlemen’ que se reunieron el 23 de octubre de 1863 en la Freemasons Tavern londinense para fundar la Football Association estuviera cerca de pensar que con aquel paso, además de inventar el futbol moderno, estaban poniendo la primera piedra de lo que, después de más de siglo y medio, es un pujante negocio a escala global. A modo de ejemplo, según publica LaLiga, solo en España y exclusivamente en el ámbito profesional, alcanza un volumen equivalente al 1,5% del PIB. Una industria con infinidad de ramificaciones y gran capacidad de generar oportunidades, con un enfoque cada vez mayor hacia las soluciones tecnológicas, y en la que una joven empresa cántabra, Optimum Grade Response, reclama su lugar con un sistema digital basado en una innovadora metodología para mejorar la calidad técnica individual del futbolista. Tras ser finalista en 2024, el pasado febrero recibió el premio Emprendedor XXI, siendo reconocida como la ‘startup’ de base tecnológica con mayor potencial innovador de Cantabria de la presente edición.

La idea de negocio de Optimum Grade Response se asienta sobre la creación de una metodología pionera que permite al jugador de futbol mejorar exponencialmente su técnica de golpeo al balón. En su génesis está Omar Gómez, socio fundador de la empresa y actual responsable del área técnica. Su experiencia y conocimientos adquiridos como jugador y entrenador nacional le llevaron hace años a averiguar si había algún patrón que explicara por qué algunos futbolistas chutaban la pelota con mayor calidad que otros. En colaboración con otros entrenadores y ‘hubs’ de innovación deportiva comenzó a deconstruir los ‘chuts’ de los grandes especialistas, a recabar datos y a analizarlos, llegando a la conclusión de que dicha excelencia en el disparo se alcanza en función de una serie de movimientos corporales innatos que conducen a que el contacto con el esférico se produzca con una zona específica del pie. Tras identificarla, se propuso desarrollar un método que hiciera posible conocer e interiorizar esta técnica a cualquiera que lo ponga en práctica.

Testado previo

La metodología fue testada en más de mil sesiones con diferentes jugadores, de perfiles físicos y biométricos, edades y categorías diversas. El resultado fue que entre quienes consiguieron adquirir la técnica de golpeo con la que denominaron ‘zona OGR’ se producía una mejora del 70% en parámetros como la precisión, potencia y ejecución del disparo.

El software que recoge y analiza los datos de golpe. Foto: Nacho Cubero.

Creado y probado el método, la idea de negocio tomaba cuerpo mediante la visita a clubes que pudieran estar interesados en llevarlo a la práctica en sus entrenamientos. “Se empezó a difundir de una manera presencial y muy académica, hasta que, de la mano de Sodercan, se dio un salto muy importante a la base tecnológica y hemos pasado de esa modalidad tangible, sobre el terreno de juego, a un sistema cien por cien digital”, indica África Álvarez, CEO y responsable del área de desarrollo de negocio. Esta evolución se ha concretado en una aplicación para dispositivos móviles, en la que cualquier futbolista, cualquiera que sea su categoría, puede avanzar de manera personalizada en el aprendizaje a través de un tutorial.

La entrada en la convocatoria de ayudas a empresas de base tecnológica de Sodercan, en 2022, supone un cambio de enfoque para el proyecto de Optimum Grade Response. “Nos dimos cuenta de que la escalabilidad que podíamos tener era mínima. La capacidad de llegar a cualquier parte del mundo era complicada y decidimos que, en vez de visitas de nuestro ‘staff’ a los clubes, íbamos a crear un aplicativo que pudiera explicar el método. Era un salto a un modelo totalmente diferente, a un modelo de negocio: una membresía anual que paga cualquier futbolista por hacer uso de un servicio”, explica África Álvarez. A partir de ahí, apunta, se puede escalar y ofrecer al usuario un abanico de posibilidades: “Puede enviar un video con su entrenamiento y analizar su técnica o incluso certificar su nivel como jugador. El corazón de lo que estamos haciendo es innovador porque hay muchos aplicativos e implementos centrados en la mejora táctica e incluso física-fisiológica, pero no en la mejora técnica”.

Omar Gómez, socio fundador de Optimum Grade Response y actual responsable del área técnica. Foto: Nacho Cubero.

Para favorecer la implementación del sistema OGR han creado varios registros de patentes o modelos de utilidad, como una bota y una media que pueden adquirir las personas que estén desarrollando el método como ayuda a entender mejor con qué zona del pie se debe golpear al balón. Usuarios que generalmente serán futbolistas de base, el principal tipo de cliente al que, como señala su responsable de negocio, se enfoca la empresa: “Está orientada al proceso en el que el jugador o la jugadora del fútbol se está desarrollando. De esa manera lo va a interiorizar, que es lo que buscamos: que sea totalmente intuitivo y no tenga que pensar en cómo golpear. Esta es la manera de que sea efectivo”. Y aunque no descarta su implantación también en clubes profesionales, es consciente de su dificultad: “Puede gustarles y probarlo en las categorías de base e incluso en su primer equipo, pero a ese nivel están a otras cosas y esto es un trabajo más personal, más directo con el deportista de élite”.

Botas propias, acceso a comunidad y certificación

Con la ventaja que les otorga ofrecer un servicio único en el mercado, han trabajado con especial interés en la manera de crear pertenencias. “Cuando un deportista haya adquirido la propiocepción de este golpeo, ¿qué vamos a ofrecerle para que se mantenga dentro del sistema?”, se pregunta la CEO de Optimum Grade Response. Detalla que la membresía básica de la aplicación será gratuita, pero el paso a una categoría con más servicios, como una enseñanza pormenorizada, el análisis del golpeo o la certificación del nivel deportivo, costará 2,50 euros al año: “Y ahí también se entra a una comunidad de retos y juegos”. Paralelamente, se ofrece al usuario el material deportivo patentado que complementa el proceso digital: “Tiene un margen de beneficio industrial mucho más bajo y un riesgo más alto, pero es un producto realmente interesante. El precio de salida de la bota puede estar entre 100 y 130 euros, en función del número de pie”. Con todo ya testado y prototipado, el proyecto está ahora mismo en proceso de implementación y comercialización.

“El modelo de negocio es totalmente escalable y recurrente. Ya hemos hecho la inversión en el prototipo, en el aplicativo informático, y ahora lo más importante es el posicionamiento de marca, que llegue a todas partes y que todo el mundo quiera usarlo”, subraya África Álvarez. En su opinión, el primer paso ya está dado, demostrando que la metodología creada es buena, algo que ya ha sido ha sido reconocido a nivel nacional e internacional. Además, quieren aumentar el contacto presencial con clubes y, en tercer lugar, poner en marcha una potente campaña de marketing digital: “Para que todos los chicos y chicas que juegan al fútbol sepan que tienen la opción de usar ese aplicativo que quizás lo tenga su club, pero, si no, ellos lo pueden usar a título personal”. Con este tipo de consumidor individual en el foco, esperan que el uso de la aplicación empiece a escalar a partir de mayo o junio, con vistas al comienzo de la temporada deportivo-escolar.

África Álvarez, CEO de la empresa y responsable del área de desarrollo de negocio. Foto: Nacho Cubero.

Su objetivo inmediato es llegar a más público y una de las vías para hacerlo es acudir a eventos especializados. El negocio deportivo, desde la actividad propiamente dicha hasta la venta al detalle de productos, pasando por las aplicaciones tecnológicas, vive actualmente un alto nivel de consumo y son muchos los foros en los que en los que es absoluto protagonista, también los específicamente dedicados a ser un punto de encuentro de la industria de futbol. “Hemos estado en algunos formatos muy potentes, como el World Football Summit, y ahora vamos a estar en la MadCup”, destaca África Álvarez. En la quinta edición de este torneo de futbol base masculino, femenino e inclusivo que se celebrará en junio en Madrid los más de 40.000 participantes, procedentes de 52 países, podrán tener acceso a la aplicación de Optimum Grade Response: “Todos los que hagan uso de ella no solo podrán aprender a golpear el balón y mejorar técnicamente, sino que también podrán certificar su grado de futbol”.

Un proyecto avalado desde Cantabria

Un hito destacado para el refuerzo de su posicionamiento de marca ha sido la reciente concesión del premio Emprende XXI, otorgado por Caixabank y Enisa y con la colaboración en nuestra comunidad de Sodercan. Para la CEO de Optimum lo fundamental es que el galardón les da reconocimiento y visibilidad: “Ahora ya estamos en el ecosistema de la innovación y eso es una valoración muy positiva para otras convocatorias y una garantía para posibles inversores”. Además de recibir 6.000 euros, tendrán acceso a un programa de formación ‘Moonshot Thinking’ en colaboración con Esade y viajarán a Berlín en una iniciativa de acompañamiento internacional organizada por ICEX. Una ayuda que, si bien tienen una larga trayectoria en el marco deportivo empresarial, reconoce como muy importante: “Porque en el desarrollo de negocio de la máxima innovación, en poner un aplicativo de cero a cien, es ir de la mano de los mejores”. Algo que se complementa con la oportunidad que van a tener como ganadores de contactar con inversores en las jornadas ‘Investors Day Emprende XXI’.

África Álvarez, con el premio Emprendedor XXI, junto a Eduardo Arasti, consejero de Industria (izq.); Emilio Cuadrado, director comercial para Asturias y Cantabria de CaixaBank; y Borja Cabezón, consejero delegado de Enisa.

Llega un momento en que, si no se lanza al mercado, el desarrollo de una ‘startup’ es imposible, por lo que la entrada de inversión se convierte en vital para la empresa. África Álvarez considera que esto no se puede conseguir si no se cuenta con cierto reconocimiento previo, lo que en su caso cree que ya han logrado, por lo que ahora estarían con todas las garantías de poder levantar una ronda de inversión: “Podemos buscar una lanzadera o un fondo de inversión privado de confianza, que no sea agresivo, que no te haga diluirte y perder el control de la compañía”. No obstante, matiza que lo que marca la diferencia en cuanto a la dependencia de inversores externos es la velocidad con la que se prevé vaya creciendo el proyecto, entre ir poco a poco o comenzar de inmediato: “Después de todo lo que hemos hecho hasta ahora, nuestro objetivo es lanzarlo ya al mercado y que empiece a monetizarse por sí solo, hacer un buen trabajo financiero”.

Salir al mercado, monetizar el ‘sistema OGR’ y crecer son hitos que también supondrán una ampliación de la plantilla en todos los departamentos de la empresa, donde ahora se combinan los perfiles internos con otros de fuera de la organización. “En la dirección estamos tres personas, otra trabaja desde Washington en el área de marketing y comunicación a nivel internacional y una más hace todo el seguimiento de ingeniería. Todo lo relacionado con servicios de consulta de ingeniería informática, de posicionamiento de marca y de marketing lo externalizamos”, describe su ejecutiva principal. Añade que la actividad de la compañía cuenta con la necesaria colaboración de un grupo de unos setenta entrenadores nacionales de futbol, mentorizados en la metodología, que conocen cómo trabaja Optimum y acompañan a Omar Gómez en las visitas a los clubes y en las sesiones presenciales, así como en los análisis de golpeo al balón: “Es importante tener ese ‘staff’ de apoyo y si hay algún jugador que golpea así que pueda ser prescriptor de marca también sumaría”.

“Algunos llevamos una trayectoria que, a lo mejor, nos da un poco más de experiencia y de solvencia, pero emprender hoy en día no es fácil». África Álvarez, CEO de Optimum Grade Response 

Ultimando los detalles en el área de comercialización para un inminente lanzamiento al mercado, algunas de las actividades más inmediatas que figuran en su agenda son acudir a los próximos grandes eventos del sector con un simulador de futbol y mostrar allí sus sistema, tratar de firmar algunas alianzas con clubes relevantes e incluso intentar que algún jugador se preste a ser prescriptor de su marca. Y, sobre todo, llevar a cabo una potente campaña de marketing y comunicación con el foco puesto a nivel europeo, un objetivo especialmente ambicioso para una incipiente empresa de una pequeña comunidad autónoma. “Algunos llevamos una trayectoria que, a lo mejor, nos da un poco más de experiencia y de solvencia, pero emprender hoy en día no es fácil. Teníamos la opción de desarrollar el proyecto y establecer la ‘start up’ en otros sitios y hemos apostado por Cantabria. Creo que apostar por lo nuestro es importante y nosotros lo llevamos así allá por donde vamos”, recalca África Álvarez.

La Fundación Botín clausura la primera edición de Talento Rural Joven, una iniciativa con la que quiere fomentar la transformación de las áreas rurales a través de las ideas, la innovación y el emprendimiento de los jóvenes que las habitan. Desarrollado a la largo de diez meses de encuentros y actividades, durante los que se completó un variado recorrido formativo, de mentorización y de trabajo en equipo, el programa culminó el pasado mes de febrero con la elección de dos proyectos piloto: Impulso Ganadero, que quiere favorecer la digitalización del sector primario, y Todo Rural, que busca soluciones a la movilidad en entornos rurales.

Juan Carlos Arrondo | Abril 2025

La población cántabra, cada vez más concentrada en los núcleos urbanos y en una estrecha franja costera, está marchándose del interior de la comunidad y con ella se está yendo el futuro de sus pueblos. La Fundación Botín trabaja desde hace años en diversas iniciativas que tratan de revertir esta tendencia, especialmente en los municipios del valle del Nansa y comarcas aledañas. Su enfoque consiste en ir generando paulatinamente un cambio cultural entre sus propios habitantes, promoviendo la formación y, en definitiva, la adaptación a todos los obstáculos que dificultan la vida social, económica y cultural. A modo de experiencia, la pasada primavera puso en marcha el programa Talento Rural Joven, con la finalidad de fomentar el potencial de un grupo de jóvenes para protagonizar la transformación en el entorno al que están arraigados. Casi un año de capacitación especializada en liderazgo, innovación y emprendimiento se sustanció en la presentación de cuatro ideas de actuación en el medio rural, de las que, atendiendo a su impacto en el territorio, innovación, viabilidad y escalabilidad, en enero se seleccionaron dos.

Catorce chicos y chicas, mayoritariamente del entorno del Nansa y Liébana, pero también de los Valles Pasiegos e Iguña, respondieron a la convocatoria en marzo de 2024. Basada en una dilatada trayectoria trabajando con jóvenes del ámbito rural, la Fundación Botín quería probar un proyecto piloto que reuniera el buen funcionamiento de sus actividades formativas y el intercambio de experiencias entre los participantes, para lo cual se decidió reunirlos en diferentes momentos e ir avanzando en su desarrollo. “El primer encuentro fue un fin de semana en Polaciones, con sesiones de creatividad en las que identificar los desafíos del medio rural. Esa propuesta inicial, de la que quizás esperábamos que saldrían retos más amplios, la acabaron bajando a sus necesidades”, explica Bruno Sánchez-Briñas, coordinador del área de Desarrollo Rural. Durante el verano, en Madrid, llevaron a cabo una segunda sesión con ponentes –procedentes de otros programas de la Fundación, como el de Latinoamérica o el de Educación– que les instruyeron, entre otras materias, en habilidades de comunicación o de liderazgo.

En noviembre tuvo lugar el tercer hito del programa, un fin de semana en Somo en el que, señala Bruno Sánchez-Briñas, introdujeron una importante novedad: “Para meter savia nueva pedimos a los chicos que invitasen a compañeros o amigos suyos de entornos urbanos. Esto fue bastante bien; trabajaron el formato de ‘design thinking’ y desde sus ideas iniciales fueron sacando cuatro prototipos que pudiesen ponerse en marcha”.

Participantes de la primera edición de Talento Rural Joven, junto con los miembros del comité que evaluó las propuestas y eligió a los proyectos ganadores.

Esas actividades se complementaron con otras de creatividad y de ‘team building’ en el club de remo de Pedreña, donde los jóvenes pudieron apreciar la importancia del trabajo en equipo. Concluido un recorrido formativo y de mentoría especializada de unas ochenta horas, restaba evaluar los diseños: “Les dijimos que, pasadas las Navidades, nos enviaran un video que recogiera cómo habían hecho sus prototipos y cómo iban a intentar ponerlos en marcha. Y a finales de enero les pedimos que nos presentasen las propuestas”. Un comité de expertos seleccionó finalmente dos de ellos: A Todo Rural, de Mario González Lavín y Helga Martínez Cobo, el Impulso Ganadero, de Paula Floranes Hoyal.

El coordinador de Desarrollo Rural de la Fundación Botín destaca el carácter experimental de la iniciativa y el hecho de que, sin convocatorias previas ni involucrar a otros agentes sobre el terreno, han conseguido una interesante participación: “Muchos de ellos ya nos conocían; han estado trabajando con nosotros en dinamización y han recibido clases de inglés y otra formación desde pequeños. Intentamos llegar a un cambio cultural, por lo que decidimos trabajar con el talento, con chicos vinculados al entorno rural y que piensan en proyectos que puedan mantener ese arraigo”. Define esa idea, que subyace detrás de toda la propuesta, con la expresión ‘agentes del cambio’: “Lo que queremos es que empiecen a generar las mejoras para que el que quiera quedarse se pueda quedar, porque son ellos los que tienen el futuro del territorio. Les incentivamos para que cojan el relevo, que empiecen a participar, y lo que queremos es que tengan herramientas para poder trabajar, presentar proyectos de financiación europea o comunicarse con las administraciones públicas”.

A Todo Rural

A Todo Rural es una iniciativa piloto enfocada a implementar un sistema de transporte público flexible que trate de ajustarse a la demanda en horarios y rutas de la población rural. “Uno de los problemas que identificamos en el encuentro de Polaciones fue el de la movilidad. La población que está residiendo aquí muchas veces se acaba marchando porque le falta acceso a servicios básicos. Y si no se dan esas condiciones de vida tampoco va a desplazarse población de las zonas urbanas a las rurales”, subraya Mario González Lavín, uno de los promotores junto a Helga Martínez Cobo. A partir de esa premisa, definieron los problemas que planteaba y en la sesión de noviembre los dieron respuesta con la creación del proyecto. Y aclara que, en principio, se trataría de una prueba de alcance limitado: “De momento, el piloto será aquí, en el valle del Nansa. Quizás más adelante se pueda desarrollar también en el valle del Saja, más vinculado a este en cuanto a servicios y otro tipo de necesidades”.

Antes de planificar rutas y horarios y al inicio de un periodo de prueba, deben conocer las necesidades de movilidad de la población. Para ello están haciendo encuestas, tanto presenciales como mediante herramientas digitales, entre los habitantes de los cinco municipios del valle del Nansa: “Preguntamos sobre el transporte existente, preferencias horarias o cuál sería el desplazamiento en el que cubriría la mayor parte de sus necesidades básicas, lo que hemos llamado núcleos cabecera”, indica Mario González, que detalla algo más los siguientes pasos del proceso, tras obtener y analizar los resultados obtenidos: “Nuestra intención es reunirnos con instituciones públicas, tanto ayuntamientos como mancomunidades, o grupos de acción local, porque la idea es que sean quienes lo financien. Posteriormente habría que contactar y concretar el servicio con empresas de transporte que lo quieran prestar”. Su papel como promotores sería intermediar entre vecinos, administraciones y empresarios para lograr un modelo de movilidad eficiente y satisfactorio para todos, para lo que piensan incorporar una aplicación móvil, una web y materiales físicos que lo faciliten.

Hacer realidad sus planes aún llevará tiempo y superar ciertas dificultades. No van a estar solos, pues Talento Rural Joven, además de aportar un pequeño capital semilla, les asegura un acompañamiento especializado en el proceso. Mario González –graduado en Geografía y residente en Tudanca– no es ajeno a la importancia de esa colaboración, ya que atesora una amplia experiencia en diversas iniciativas de la Fundación Botín, además de recibir su apoyo en para cofundar Asociación Entre Valles, dedicada a dinamizar la comarca Saja-Nansa. Helga Martínez –estudiante de Pedagogía, vecina de Cosío y secretaria de Entre Valles– coincide: “La Fundación Botín ha estado presente en todas las etapas de mi vida. Ya sé cómo trabaja, es una metodología donde me siento cómoda”, y reflexiona sobre qué le llevó a participar en esta experiencia: “La principal motivación fue que el eje del programa se basara en buscar soluciones a los problemas o retos que surgen en el entorno rural y poder aportar mi granito de arena mejorar sus condiciones de vida”.

Impulso Ganadero

Paula Floranes –residente en Camaleño, compagina su trabajo en la yeguada militar de Ibio con sus estudios de grado superior de Integración Social– se define como “una apasionada del mundo rural” y cuando vio la convocatoria de Talento Rural Joven le pareció interesante, creyó que podría aportarle un aprendizaje. Aunque en principio no tenía ninguna idea de negocio en mente, a medida que fue desarrollándose el programa tuvo claro hacia qué ámbito pensaba guiar su propuesta: “En mi casa, aquí, en Liébana, siempre ha habido vacas y siento que es un trabajo, además de muy sacrificado, que no está lo suficientemente valorado. Quería crear un proyecto que tuviese que ver con el sector ganadero, con el sector primario”. Lo primero que hizo fue analizar las necesidades de los ganaderos de su entorno y, si bien hay muchas en la que ella no podía incidir, descubrió que hay un significativo déficit de formación: “Todo lo relacionado con las subvenciones, bajas, altas, nacimientos, partes de cubriciones… Hay que tener unas mínimas nociones, unos conocimientos básicos”.

Paula Floranes, promotora del proyecto Impulso Ganadero.

El objetivo de Impulso Ganadero es fomentar la autosuficiencia de los ganaderos y que no dependan de terceros para gestionar su negocio de manera eficiente. Es un proyecto de formación que se sustancia en un curso intensivo articulado en tres fases: capacitación en gestión empresarial, uso de tecnología e innovación y desarrollo de nuevas formas de comercialización. Paula Floranes reconoce como una primera barrera a vencer la creencia de que pueden prescindir de esos conocimientos: “Para qué voy a necesitarlos si bajo a la oficina comarcal y me lo hacen todo. Pero el mundo cambia, todo está cada vez más digitalizado y a largo plazo lo van a necesitar. Se llegará a un punto en que esas gestiones, algunas tan sencillas como hacer una guía, no te las hagan en la oficina”. En su opinión, llevar su propuesta a la práctica sería sencillo si logra captar el interés de su público objetivo: “He pensado que ganaderos que sean una referencia, con los que ya he hablado, puedan echarme una mano y le pidan al resto que participe”.

Aunque pensado inicialmente para el entorno de Liébana, en el proyecto tendrían encaje todos los ganaderos de Cantabria. Su promotora es consciente de la importancia de dar con la ubicación adecuada, tratando de evitarles largos desplazamientos, y de definir el mejor momento: “Tendríamos que adaptarnos a los ganaderos. Aquí en invierno no se puede porque tienen las vacas estabuladas; tendría que ser en primavera o al tardío”. Se marca como horizonte para afinar detalles y empezar a desarrollarlo este mismo año, a partir del final del curso académico: “Me gustaría llevarlo directamente a la práctica, poder contar con profesionales que pudiesen ayudarme con el curso, que todavía no tengo claro si debería ser de tres días o más”. Además, sabe que puede seguir contando con el acompañamiento y apoyo de la Fundación Botín, algo que por su parte considera recíproco: “Si podemos echarles una mano para la siguiente edición de Talento Rural Joven, creo que cualquiera de nosotros estaríamos dispuestos a hacerlo”.

Segunda edición

Bruno Sánchez-Briñas cree que el resultado de la primera edición de Talento Rural joven ha sido muy favorable: “Los chicos han avanzado en conocimiento y han madurado mucho. Vamos a intentar seguir ayudando a generar el cambio haciendo una segunda edición”. Está previsto lanzar la convocatoria en abril y comenzar el programa en septiembre y en esta ocasión le gustaría que su impacto no se limitara al territorio Nansa-Liébana, sino que abarcara toda Cantabria: “¿Y cómo queremos hacerlo? Poniendo estos dos proyectos como ejemplo de que se pueden hacer cosas”. Mario González valora positivamente la experiencia y afirma que proporciona un bagaje de herramientas en torno al pensamiento creativo, al liderazgo o al emprendimiento, entre otras, de las que no disponen en el día a día: “Los programas de la Fundación Botín siempre son muy resolutivos y te hacen pensar muchas cosas. En este se han incluido desde temas sobre comercio hasta cómo comunicar y defender tu proyecto y todas esas partes han sido enriquecedoras”.

El coordinador de Desarrollo Rural de la Fundación Botín matiza que, aunque hayan sido finalmente seleccionadas dos de las propuestas surgidas de Talento Rural Joven, las otras dos, quizás menos maduras aún, no caen en saco roto y continuarán apoyándolas. También desvela su intención de reunirles para que les comenten sus impresiones de qué les ha parecido todo el proceso. Helga Martínez considera que su paso por el programa ha alternado momentos en los que era muy fácil encontrar soluciones y otros que suponían un reto, pero los profesionales que les han guiado y sus compañeros han allanado el camino: “Hemos creado una red bastante interesante para que pudiesen salir los proyectos adelante y aportar algo para mejorar el entorno rural”. Paula Floranes ha visto cumplidas sus expectativas y no duda en animar a la participación: “Es una experiencia muy enriquecedora, conoces a gente que te ayuda, se aprende mucho y te da la opción de llevar a cabo un proyecto con el que puedes ganarte la vida donde realmente quieres estar”.

El informe GEM Cantabria 2023, publicado por el Observatorio del Emprendimiento en España, analiza el fenómeno emprendedor en la región, y concluye que aumenta la confianza para sacar proyectos adelante y la percepción de oportunidades (aunque solo las ven una de cada cuatro personas).

Francisco Rouco | Enero 2025

“Hay que olvidarse de que el emprendedor es un chaval joven, universitario, que monta una empresa en un garaje”, explica Ana Fernández-Laviada, presidenta del Observatorio del Emprendimiento en España y directora también del informe GEM, el estudio que desde hace 25 años radiografía el emprendimiento a partir de encuestas a una muestra demoscópicamente representativa de la sociedad. Según la edición cántabra de este informe, el perfil de emprendedor montañés es hombre, de unos 44 años, tiene educación secundaria, trabaja como autónomo o tiene menos de cinco profesionales a su cargo, se dedica al sector servicios y sus clientes se encuentran casi con total probabilidad entre sus vecinos de comunidad autónoma. Su relación con la tecnología es nula y dice no innovar ni en los productos y servicios que ofrece ni tampoco en los procesos para elaborarlos.

El informe GEM Cantabria 2023 analiza el emprendimiento regional desde cuatro enfoques: la autopercepción de quienes lanzan sus proyectos, el escenario actual (donde son expertos del ámbito público y privado quienes responden), cómo son quienes emprenden y cuáles son las características de sus proyectos.

Ana Fernández-Laviada, presidenta del Observatorio del Emprendimiento en España y directora también del informe GEM, en su despacho de la Universidad de Cantabria. Foto: Nacho Cubero.

Uno de los bloques más reveladores es el que se centra en las percepciones que tienen las personas emprendedoras de sí mismas y su entorno. Variables como la percepción de oportunidades de emprender en los próximos seis meses, tener acceso a una red social emprendedora o la autopercepción sobre los conocimientos son, para la directora del GEM, una referencia consensuada para evaluar el fenómeno emprendedor, además de factores que terminan por influir en el nivel de crecimiento de una región.

Tres de cada cuatro cántabros no ven oportunidades

El porcentaje de cántabros que ven oportunidades de emprender en los próximos seis meses es del 25,6% para la población en general, del 24,3% entre la población no emprendedora y del 34,4% en la población que ya tiene un proyecto. Esto significa que tres de cada cuatro cántabros no ven oportunidades para emprender a corto plazo. A pesar de este dato, desde el informe se pone el foco en el incremento del optimismo con respecto al año pasado: en la población en general aumentó en 5,9 puntos porcentuales (o pp); en la no emprendedora, 4,2 pp; y en la emprendedora, 17 pp.

Como el informe regional utiliza las mismas métricas que las ediciones española y de otros países, se pueden comparar los resultados domésticos con los de aquellos. El 25,6% de cántabros que ven oportunidades está por debajo de la media nacional (31%) y todavía más al comparar el dato con Alemania (41%), Reino Unido (47%), la media de la UE (49%), Francia (51%), Estados Unidos (54%) o Países Bajos (67%). La posición de España en la cola del optimismo es habitual en el histórico de informes.

Otra variable que también describe el entorno emprendedor es el acceso a una red social de emprendedores y actores clave que puedan servir de guía. El porcentaje de cántabros con este acceso es del 43,5% en general, del 40,5% entre personas no emprendedoras y del 64,5% entre quienes sí tienen sus proyectos en marcha. En las tres variables hay una mejora importante con respecto al año pasado: en la población en general, 7,9 pp; entre no emprendedores, 5,9 pp, y entre emprendedores, 22,5 pp.

Desde GEM valoran muy positivamente contar con la ayuda de una red social emprendedora, pero matizan que dicha red suele concentrarse en el arranque de los proyectos y no en las fases posteriores. “Faltan programas de seguimiento. Levantar la persiana es difícil, pero mantenerla, más. Al final, hablamos de hombres y mujeres orquesta que tienen que hacer de todo, vender, facturar, comprar… y algo que ayudaría sería buscar equipos, que no emprendan solos y solas. Una solución serían las cooperativas, para las que ahora hay bastantes ayudas”, explica Ana Fernández Laviada.

Una formación especializada de nivel medio

La formación es otra de las claves del Informe GEM Cantabria 2023, y se aborda de diversas formas: autopercepción, educación para emprender, educación financiera y formación académica. El dato más rotundo aparece en la consulta sobre autopercepción, que se refiere a la confianza en los propios conocimientos, experiencia y habilidades para sacar un proyecto adelante. La población en general se reconoce confiada en un 50,7%, la no emprendedora, en un 42,7% y la emprendedora, en un 100%. Ante esta rotundidad, la directora del GEM recuerda que una cosa es la percepción sobre los conocimientos y otra “muy distinta” que existan dichos conocimientos.

El contraste entre percepción y realidad se deja entrever cuando se pregunta por la formación concreta. En el caso de la formación específica para emprender, la pregunta se dirige a tres colectivos precisos: las personas que quieren iniciar un proyecto en los próximos tres años (que llamaremos potenciales), quienes tienen un proyecto con menos de 3,5 años en funcionamiento (proyectos jóvenes, “TEA” en la gráfica que se muestra en la página siguiente) y quienes tienen un proyecto con una vida superior a los 3,5 años (proyectos consolidados). Entre los potenciales sobresale la formación “intermedia” (30,8%) y “ninguna” (26,9%); entre los proyectos jóvenes destacan la “intermedia” (37,3%), “ninguna” (18,4%) y la “avanzada” (16,5%); y entre los proyectos consolidados son notables la “intermedia” (26,6%), la “alta” (21,1%) y la “básica” (18,6%). Es decir, la formación específica sobre emprender que más se repite en los tres segmentos analizados es la “intermedia”.

Detalle del informe donde se muestra la formación especializada del emprendedor cántabro según sus propias respuestas.

El informe consulta también sobre la educación financiera. En este caso, los tres segmentos estudiados repiten un resultado equidistante: se declaran con una formación “media” el 50% de los potenciales, el 59,4% de los proyectos jóvenes y el 37% de los consolidados (es importante señalar que el 28,9% de este segmento reconoce un nivel “bajo”).

El capítulo de la educación se cierra con la pregunta sobre el nivel de formación académica, que puede ser primaria, secundaria o universitaria. En dos de los tres segmentos estudiados, la formación más alta es la educación secundaria: tanto para los proyectos jóvenes (53,5% secundaria, 31,9% universitaria) como para los consolidados (56,3% secundaria y 31,5% universitaria). El segmento de potenciales se separa de este escenario, si bien con un margen muy estrecho: el 42,3% alcanza el nivel universitario frente al 40,8% que tiene la secundaria.

“Se ha vendido un emprendimiento muy bonito, comercial, universitario, ligado a startups y tecnológicas, pero esto no es así. Tener una idea es fundamental, pero antes hay que hacer números, tener fondos para aguantar un negocio que no va a ser rentable de la noche a la mañana y formarse en educación empresarial y financiera, no solo en emprendimiento, sino en saber cómo gestionar un negocio, algo que se suele olvidar”, subraya la presidenta del Observatorio del Emprendimiento en España. “Me gusta bajar los pies a la tierra y decir que en España tenemos muchos emprendedores que no voy a decir vulnerables, pero sí menos glamurosos de lo que vendemos”.

Inicio tardío y poco entusiasmo de la juventud

Al comparar los datos nacionales y de Cantabria sobre la edad para emprender se obtienen los resultados que cabría esperar: la edad media en el segmento de emprendedores potenciales es de 38,1 años en España, de 40 en Cantabria; en proyectos jóvenes (menos de 3,5 años en funcionamiento), de 40,8 años en España, de 43,7 en Cantabria; y en proyectos consolidados (más de 3,5 años desde su puesta en marcha), de 49,4 años en España, de 49,7 en Cantabria.

Todos estos datos resultan esperables en una comunidad con una edad media de 46,6 años, superior a la nacional (44,2) y la cuarta más alta, solo por detrás de Asturias (49,3), Castilla y León (48,3) y Galicia (48,2). Sin embargo, sí hay un dato que enciende las alarmas en el Observatorio: la caída en la franja de 18-24 años de emprendedores potenciales, que el año pasado estaba situado en el 25% y este se encuentra en el 4,2%.

«Muchas veces pido que levante la mano la gente que quiera crear una empresa, y en clases de 30 o 40 personas levanta la mano uno, que suele ser extranjero». Ana Fernández-Laviada, presidenta del Observatorio del Emprendimiento en España.

La directora del GEM se muestra preocupada al respecto, y espera a los resultados del informe del próximo año para comprobar si es una anomalía estadística o una tendencia preocupante. Aunque duda, su experiencia como profesora de Economía Financiera y Contabilidad en la Universidad de Cantabria le sugiere una de las dos opciones. “Muchas veces pido que levante la mano la gente que quiera crear una empresa, y en clases de 30 o 40 personas levanta la mano uno, que suele ser extranjero. Entonces pregunto si van a opositar, y se levantan muchas más. Pero quedan muchas más manos sin levantar. Esto me preocupa. ¿Qué quieren hacer [los estudiantes]? No lo saben, pero tampoco veo que les preocupe”, remarca. “Me gustaría saber qué estamos haciendo para que esto esté pasando, porque es importante. La gente joven que se plantea emprender es lo que alimenta todo el sistema. Si la tendencia no cambia, en unos años no tendremos emprendedores en Cantabria”.