
El Ayuntamiento de Santander y las asociaciones de Comerciantes del Mercado de La Esperanza y de Cocineros de Cantabria valoran la evolución de este espacio público, abierto en abril de 2025, y buscan nuevas iniciativas que contribuyan a promocionar los productos locales de temporada y a impulsar su conocimiento entre los ciudadanos.
Manuel Casino | Febrero 2026
Muy positiva. Esta es la valoración que de forma unánime comparten el Ayuntamiento de Santander, la Asociación de Comerciantes del Mercado de La Esperanza y la Asociación de Cocineros de Cantabria, sobre La Cocina de la Plaza, un espacio público abierto el pasado mes de abril para promocionar y poner en valor los productos del mercado. Para el concejal de Mercados, Álvaro Lavín, la evolución seguida en estos meses por esta aula gastronómica, como así la definen desde el consistorio santanderino, ha sido “espectacular”.
“Vamos cogiendo ritmo. Ya hemos llevado a cabo diferentes jornadas gastronómicas y varias campañas de promoción de productos de kilómetro ‘cero’, y todas las semanas acuden alumnos de Primaria de los centros educativos de la ciudad. Además, rara es la semana que no tengamos peticiones de alguna entidad para celebrar una iniciativa”, explica satisfecho.
Con todo, Lavín aclara que esta cocina aún tiene por delante “muchísimo recorrido”. “Mi objetivo es llenar la cocina todos los días y generar un mayor y más amplio conocimiento entre los santanderinos para que no haya ni un solo día sin actividad”, precisa sobre este espacio que se apresta a destacar “no está pensado para hacer negocio”.
Según detalla, esta iniciativa municipal está orientada a divulgar las bondades del producto de Cantabria y generar un vínculo entre los comerciantes de la plaza y sus clientes más allá de la mera compra. “Nuestra idea es maximizar al 100% el uso de esta cocina. La inversión ya está hecha; ahora hay que ponerlo en valor para los que comerciantes de la plaza, los organismos sociales y las asociaciones de vecinos puedan desarrollar aquí sus iniciativas, pero siempre sin ningún fin lucrativo, porque aquí no se puede cobrar”, insiste en matizar.

Álvaro Lavín, concejal de Mercados del Ayuntamiento de Santander. Foto: Nacho Cubero.
En su repaso, el concejal de Mercados cita el taller de despiece de un atún, la primera actividad con la que se inauguró este espacio y que contó con la colaboración del ayuntamiento gaditano de Barbate, o el más reciente para la elaboración de rosco de Reyes, y avanza las conversaciones que mantiene con la Asociación de Hostelería y con la Oficina de Calidad Alimentaria (Odeca) del Gobierno de Cantabria para definir alguna propuesta.
Entre estos posibles nuevos proyectos, también señala el taller que promueve junto con Serafina sobre la elaboración de sobaos pasiegos; el acuerdo que ultima para que la Escuela de Hostelería y Turismo de Santander, integrada en el instituto Peñacastillo, pueda realizar las fases finales de sus cursos formativos en La Cocina de la Plaza, o en el que trabaja, junto con la Asociación de Comerciantes del Mercado de La Esperanza, para celebrar un concurso de recetas de la abuela que contribuya a recuperar esos platos tradicionales y que no se pierdan. “Vamos bien y estamos creciendo, pero este espacio vivo y abierto a todos los santanderinos tiene mil ángulos. Hemos empezado por los niños, pero queremos llegar también a los mayores y a las personas con discapacidad”, reitera Lavín convencido del potencial de esta cocina que desde su lanzamiento ha pasado de celebrar una o dos actividades mensuales a acoger diez o doce.
Para hacerlo realidad, este responsable municipal apela a promocionar este espacio sabedor de que todavía no es lo suficientemente conocido por los ciudadanos, pese a que el Mercado de La Esperanza es el segundo edificio más visitado de Santander, después del Palacio de la Magdalena. “La Cocina de la Plaza es un gancho de marketing inmejorable. Ahora hay que saber explotarlo y ser capaces de llegar a cuantas más personas, mejor. Si al acabar la legislatura todos los santanderinos la conocen, habrá sido un éxito”, concede.
El origen de La Cocina de la Plaza
La presidenta de la Asociación de Comerciantes del Mercado de la Esperanza, Marta Gómez Arce, conviene sin dudarlo en esta visión optimista de Lavín. “¡Cómo no voy a estar contenta!”, exclama sobre esta iniciativa que, según rememora, tiene sus orígenes en las campañas de dinamización de productos que a principios de la segunda década de este siglo organizaban los comerciantes junto al presidente de la Asociación de Cocineros de Cantabria, Floren Bueyes.
“En aquellos años hacíamos lo que podíamos, pero le dábamos mucha vida a la plaza”, recuerda Gómez y corrobora Bueyes, quien evoca cuando, antes de 2012, ya celebraban jornadas de degustación coincidiendo con las costeras del bocarte y del bonito, y promocionaban las carnes, las verduras, los quesos y, en general, todos los productos del mercado, aprovechando en ocasiones los espacios que brindaban los puestos cerrados y en otras en el propio ‘hall’ de entrada al mercado.

Floren Bueyes, presidente de la Asociación de Cocineros de Cantabria. Foto: Nacho Cubero.
El presidente de los cocineros cántabros resalta que esas iniciativas le llevaron a él, y al por aquel entonces presidente de los comerciantes de la plaza, Antonio Movellán, a plantear al Ayuntamiento la oportunidad de crear un aula para acercar a los escolares de la ciudad a una alimentación sana y saludable. “Le fuimos dando forma y, en 2013, con la colaboración municipal y también de la Consejería de Educación, surge este proyecto de aula saludable que en sus inicios celebrábamos entre toldos en la parte trasera de la planta baja, donde hoy se ubica la zona de almacén de los comerciantes”, recuerda.
Así funcionó con la participación también del cocinero Emiliano Martín, que acompañó a Bueyes durante años en esta travesía, hasta que la pandemia lo paró todo.
Por eso, ahora ambos aplauden la creación de esta cocina. “Estamos contentos. La cocina es nuestra si queremos que así sea, pero, más allá de eso, lo importante es el fin, que no es otro que conseguir un beneficio para la plaza”, subraya la presidenta de esta asociación que reúne a la totalidad de los comerciantes del mercado, alrededor de ochenta.
Gómez comparte con el concejal que el objetivo principal es promover el producto de temporada y, por tanto, local. Un propósito que ha llevado a estos comerciantes a organizar en estos poco más de ocho meses alrededor de trece actividades y campañas promocionales. La primera, la del bocarte, a la que después han seguido las del bonito, la sidra, el tomate, la carne para barbacoa, o la castaña, entre otras, además de diferentes jornadas en las que, bajo el título genérico de Saber comer, varios nutricionistas explicaron a los asistentes, todos ellos clientes del mercado, las pautas para adoptar una alimentación equilibrada, completa y consciente. Entre los eventos más celebrados, también menciona con orgullo la jornada solidaria con los enfermos de Alzheimer del pasado mes de septiembre, en la que consiguieron recaudar 6.000 euros.
Atraer a los jóvenes
La representante de los comerciantes de La Esperanza aclara que, aunque algunas de estas propuestas se han llevado a cabo entre semana, su objetivo principal es organizarlas los sábados por la mañana, que es el día que más gente joven acude a la plaza. “Si lo programamos un día laborable, asisten los clientes habituales, que ya nos conocen y también conocen los productos, por lo que nos les descubrimos nada. Sin embargo, si lo celebramos un sábado, acuden familias con niños y jóvenes que hacen la compra semanal y se interesan y preguntan por este tipo de actividades. Y de lo que se trata es de atraer a nuevo público”, afirma esta mujer que lleva 42 años trabajando en la plaza.
Entre las actividades que baraja de cara a este nuevo año, Gómez avanza su intención de celebrar en febrero jornadas sobre el verdel y la sarda, además de alguna dedicada a legumbres de invierno. “Y surgirán más cosas, seguro”, augura. A su juicio, el reto es utilizar este espacio todos los sábados de cada mes. “Aunque pueda parecer un objetivo no muy ambicioso, conseguirlo no va a ser nada sencillo y nos va a exigir un gran esfuerzo a todos porque nosotros somos comerciantes. No podemos estar a dinamizar la cocina, estamos a vender”, advierte lamentando los pocos recursos de los que dispone la asociación, pero agradeciendo la colaboración que en muchos caos reciben de comerciantes jubilados que siempre que pueden acuden desinteresadamente a echar una mano. “Necesitamos más implicación al Ayuntamiento. Nos gustaría que tirara más del carro y que programara más actividades”, reclama.

Marta Gómez Arce, presidenta de la Asociación de Comerciantes del Mercado de la Esperanza. Foto: Nacho Cubero.
En su lectura del momento que vive el mercado, la presidenta de esta asociación asegura que los comerciantes están bien. “No nos podemos quejar, a pesar de la competencia de las grandes superficies y del resto de supermercados de la ciudad. La plaza no sé si va a más, pero no va a menos”, resuelve.
Pese a ello, alerta de que el principal problema al que se enfrentan es la falta de relevo generacional. “Tenemos varios puestos cerrados y da un poco de pena que no haya jóvenes que quieran ponerse al frente de ellos, en parte quizá desanimados por el fin de las actuales concesiones municipales, que expiran en 2032, y que abrirá la puerta a un nuevo modelo del mercado”.
Por su parte, el presidente de la Asociación de Cocineros de Cantabria no duda tampoco en ofrecer una valoración positiva de este proyecto. “Hemos conseguido crear un espacio cerrado y definido con siete cocinas y una grada para seguir las exposiciones que se lleven a cabo”, sostiene sobre este espacio que no le gusta definir como gastronómico, sino como un lugar en el que dar a conocer la cocina con productos de mercado.
Aula saludable
Tras reiterar que “lo ideal” sería que esta cocina fuera un centro de demostración de todos los productos que se comercializan en el mercado, Bueyes se muestra complacido por haber trabajado ya con más de 180 productos agroalimentarios de la plaza y por haber consolidado el aula saludable, un proyecto por el que durante el último trimestre de 2025 han pasado más de 300 niños de once colegios de la ciudad.
Sobre esta iniciativa, su coordinador puntualiza que cada miércoles recibe a una treintena de escolares a los que les explican el valor arquitectónico del edificio y les guía, acompañados de representantes de la asociación de comerciantes, en un recorrido por el mercado para comprar los productos que posteriormente ellos mismos van a cocinar y degustar.
Los alumnos elaboran por turnos y bajo la supervisión de Bueyes y otros cocineros de la asociación un menú integrado, generalmente, por un plato de arroz de mar y tierra, cuyos ingredientes cambian según la época del año; una brocheta de pollo y una macedonia de frutas naturales. En total, tres horas de convivencia y aprendizaje sobre las ventajas de disfrutar de una alimentación saludable en las que también colabora en ocasiones una nutricionista.
“Ojalá tuviéramos tres espacios como este y que cada mercado municipal tuviera su propia cocina”, Álvaro Lavín, concejal de Mercados del Ayuntamiento de Santander
Lavín, que espera que más de 750 alumnos de colegios de Santander participen a lo largo de este curso escolar de esta propuesta municipal, celebra que programas de televisión como Master Chef hayan contribuido a acercar la cocina a los niños. “Han ayudado mucho a generar una cultura de cocinar y que a los niños les apetezca hacerlo”, mantiene.
A vueltas con La Cocina de la Plaza, la presidenta de los comerciantes no duda en señalar el protagonismo que en esa iniciativa tienen los profesionales que venden en la plaza: “Si existe es por nosotros. Aunque la hubiéramos hecho de otra forma, lo importante ahora es que la podamos utilizar y llevar a cabo cada vez más actividades”, resume esperanzada. “Ojalá tuviéramos tres espacios como este y que cada mercado municipal tuviera su propia cocina”, cierra por su parte el concejal de Mercados del Ayuntamiento de Santander