Europa aportará 180 millones de euros para la ampliación de la central hidroeléctrica de bombeo que Repsol tiene en Cantabria, en lo que supone un importante respaldo a un proyecto presentado hace 15 años y cuya definitiva puesta en marcha sigue pendiente de autorizaciones administrativas.

José Ramón Esquiaga | Marzo 2026

Aunque esta sería una consideración a la que pueden optar muchos candidatos, la ampliación de la central de San Miguel de Aguayo es probablemente el proyecto más antiguo entre los que optaron en su día a convertirse en la mayor inversión privada acometida en Cantabria. Lo sería, al menos, si tenemos en cuenta solo aquellos nunca del todo descartados, una posibilidad esta última que llegó a ponerse sobre la mesa en varios momentos pero que hoy parece desdibujarse, después de que la Comisión Europea aprobara aportar 180 millones de euros para sacar adelante esta iniciativa, a la que respalda con cargo al programa que financia proyectos de infraestructura energética transfronteriza que contribuyan a la seguridad de suministro, a la integración de renovables y, en último término, a la competitividad europea. En esa enumeración se resumen las virtudes de una ampliación que E.On, la por entonces propietaria de la infraestructura, presentó en marzo de 2011 y que, pese a todos esos argumentos favorables, ha permanecido desde entonces en el listado de asuntos pendientes, enredada en una madeja burocrática y legal que implica a todas las administraciones, y con una rentabilidad cuestionada en varios momentos por los cambios del escenario económico y energético que se han dado en ese tiempo.

De todo eso, de cuestiones administrativas, regulación del mercado y rentabilidad, sigue dependiendo la definitiva puesta en marcha de un proyecto que con el respaldo europeo despeja alguna de las incógnitas que lo cuestionan, pero no todas. La central hidroeléctrica de San Miguel de Aguayo es la que aporta más potencia entre todas las que generan electricidad –por unos medios u otros– en Cantabria, y se situará en las posiciones de cabeza de España y Europa si sale adelante la ampliación. En todo caso, y al tratarse de una central hidroeléctrica de bombeo, la generación eléctrica a la que da lugar esa potencia no se produce en términos netos: la central almacena agua a dos niveles, consumiendo electricidad para subirla desde el inferior al superior, y produciéndola en una cantidad equivalente dejándola caer de nuevo. En la repetición constante de ese ciclo se resume tanto el funcionamiento de una instalación de este tipo como las ventajas que han dado lugar al apoyo europeo a la ampliación pero también, y en último término, las cuestiones de las que todavía depende la luz verde al proyecto.

Ese subir y bajar entre los dos embalses funciona como un método indirecto de acumulación de energía, consumiéndola en periodos en los que la demanda es muy baja pero no es posible, o conveniente, detener la generación por otras fuentes –como las renovables y, singularmente, la eólica– y ‘almacenándola’ en forma de agua para producir electricidad cuando es necesario. Ese respaldo a las renovables, y en general a todo el sistema energético, alinea la central de San Miguel de Aguayo con los objetivos que persigue la Comisión Europea, y explica la concesión de la ayuda para la ampliación.

Plano de la situación de la central hidroeléctrica de Aguayo. Fuente: Repsol.

En términos de explotación, la rentabilidad de una central como la de Aguayo depende de la diferencia entre el precio pagado por la energía consumida para bombear al agua al depósito superior, y al que se facture la electricidad generada al dejarla caer. Aunque la aportación de las renovables al sistema hace que en muchos momentos el precio de la energía se sitúe incluso por debajo de cero, para rentabilizar una inversión como la que aquí plantea, Repsol espera que el nuevo marco regulatorio pendiente de la aprobación por parte del Ministerio de Transición Ecológica establezca una remuneración adecuada al mayor respaldo y fiabilidad que Aguayo II dará al sistema eléctrico español. En paralelo, y en la que es otra de las cuestiones administrativas pendientes directamente vinculadas con la continuidad del proyecto, Repsol debería conseguir renovar la concesión para el uso del agua para 50 años más.

El proyecto de ampliación de Aguayo prevé sumar 1.000 megavatios de potencia a los 360 con los que actualmente cuenta la central, en una actuación que cuando se presentó hace 15 años se presupuestó en 600 millones de euros y que hoy se estima en unos 900 millones. Por lo demás, el proyecto es idéntico al de entonces: los trabajos, que se calcula que durarán cinco años, se concentrarán bajo tierra, con la excavación de una caverna para la sala de generación en la que se instalarán cuatro grupos de turbinas reversibles con una potencia unitaria aproximada de 250 MW, sumando los 1.000 MW de potencia que se añaden a los actuales. Repsol, actual propietaria de la central que fue de Viesgo, luego de E.On y después otra vez de Viesgo, no prevé ningún condicionante medioambiental que pueda afectar a la actuación, toda vez que considera que esta no contempla obras en superficie.

En lo que se refiere al empleo, la principal generación de puestos de trabajo se producirá en la fase de construcción, en la que se calcula que participarán un millar de trabajadores.

El Parlamento de Cantabria rindió homenaje en noviembre al dibujante que a lo largo de seis décadas de trabajo contribuyó decisivamente a divulgar la historia de la región a través de personajes como Laro El Cántabro, la más popular de sus creaciones, pero también ilustrando clásicos de la literatura regional o comentando la actualidad en su labor como viñetista en varios periódicos. Presencia habitual en la prensa diaria durante medio siglo y autor de albumes que recogían las aventuras de sus personajes, Andy Torre repasa su trayectoria en un oficio al que llegó por vocación, pero al que nunca se dedicó profesionalmente: “El dibujo para mí era un hobby y lo que no me gustaba tanto, porque no era lo mío, era con lo que me ganaba el cocido”.

Juan Carlos Arrondo | Marzo 2026

Durante seis décadas, los dibujos de Andrés Torre han contribuido a divulgar el legado cultural e histórico de una tierra, Cantabria, que cuando su mano cogió por primera vez un lápiz ni siquiera era reconocida por este nombre. En los años cuarenta, para un niño de una aldea de Cabuérniga no era fácil comprender por qué su enciclopedia mencionaba a Santander como una provincia castellana mientras en el pueblo se hablaba de subir a Castilla. Tampoco lo era leer sobre las guerras cántabras y apenas conocer nada del territorio de los guerreros que luchaban contra los romanos. Con los años, siempre presente la inquietud por los avatares de la región y con su destreza como dibujante, ese niño se convirtió en Andy, un prolífico autor que ha ilustrado la actualidad política, social y deportiva en la prensa diaria, ha plasmado sus paisajes y ha creado personajes mediante los que ha situado a Cantabria en el mapa de la historia. Una trayectoria que, en perspectiva, ha tenido cierto peso en la formación de su actual autonomía.

Nacido en Santander en 1938, tras el incendio Andrés Torre se instaló con su familia en Ucieda, donde pasó la infancia. En aquellos crudos inviernos en los que salir era casi imposible, dio rienda suelta a su afición: “Como al que le da por jugar al futbol o a otra cosa, a mí me dio por el dibujo”. Aprovechaba para pintar y borrar sobre los azulejos del fogón que hizo su padre, algo que también repetía en la escuela, con peores resultados: “Lloré más de una vez porque se perforaba el papel con la goma de tanto borrar. Pero poco a poco fui aprendiendo. Fue algo innato, no tuve influencia de nadie”. En el pueblo apenas disponía de una enciclopedia y no fue hasta su regreso a la ciudad, con nueve años, cuando conoció cómics –entonces llamados ‘chistes’– de la época, como ‘El guerrero del antifaz’ o ‘Roberto Alcázar y Pedrín’: “Empecé a copiarlos y a hacer mis propias historietas. Imaginaba un guion, hacía unas viñetas y así seguí para adelante”.

En su juventud empezó a difundir sus dibujos y probablemente fuera la revista de Standard Eléctrica, donde trabajaba, el primer medio en publicarlos. En 1962 inició su colaboración en ‘El Diario Montañés’ con ‘Colás’, un personaje que ilustraba las crónicas futbolísticas de José Ignacio Viota: “Le hice cosas para la Peña Miera y me propuso hacer algo del Racing. No tenía contrato ni cobraba, pero sentía la satisfacción de ver mis dibujos publicados”. Poco después, el periodista se incorporó al ‘Alerta’ y le pidió acompañarle. Pese a haber tenido algún desencuentro previo con su director, Francisco de Cáceres, por unos dibujos que había enviado y no fueron publicados, finalmente se reconciliaron y dio el paso: “Allí ilustraba sucesos, recorridos de la Vuelta a España o lo que aconteciera”. Durante un tiempo simultaneó ambos periódicos: “En ‘Alerta’ disimulaba el trazo y, en vez de firmar Torre, empecé a poner Andy. Pepe Viota me decía que pusiera mi apellido para que se viera que iba en serio. Pero Andy me parecía más artístico y con ese nombre me quedé”.

Algunas de las viñetas que Andy publicaba en prensa diaria, en este caso el diario ‘Alerta’. Arriba, las realizadas cada lunes para comentar los partidos del Racing. Abajo, una tira de Laro El Cántabro, de publicación diaria.

Bautizado para la posteridad como Andy y asentado ya únicamente como colaborador del ‘Alerta’, durante muchos años ilustró la actualidad racinguista en sus páginas. Inicialmente no iba al campo a presenciar los partidos y, como el periódico no salía hasta el martes, para sus viñetas se empapaba de la crónica de la ‘Hoja del Lunes’. Aunque alguna vez se comentó que ni siquiera le gustaba el futbol, Andy lo niega: “Nunca he sido muy deportista. Me gustaba el ciclismo y no me perdía las traineras, porque soy muy ‘pedreñero’. El futbol me gusta, pero no soy forofo: ni del futbol, ni de la política, ni de nada. Después he sido socio del Racing, pero al principio el bolsillo no daba para muchas cosas”. Sus análisis gráficos rebosaban chispa y eran un fiel reflejo de los partidos y su popularidad hizo que durante una temporada esas mismas viñetas se publicaron en el ‘Marca’ y en ocasiones también en periódicos de las ciudades de los equipos contra los que jugaba el representativo cántabro.

Desde niño sintió curiosidad por la historia de su tierra, aunque los medios de que disponía no le aclaraban mucho: “Cogía la enciclopedia y hablaba de las guerras cántabras contra los romanos. ¿Quiénes eran esos cántabros? Más adelante leí que ocupaban esta zona y dije: ¡si estos son los míos! Era la provincia de Santander porque de Cantabria no se hablaba”. Esta inquietud le acompañó siempre, ampliando sus lecturas con autores como Joaquín González Echegaray, el padre Martino o Ángel Ocejo. En literatura de ficción, declara su devoción por los dos autores que más huella le han dejado: “Manuel Llano, que vivió en Sopeña, cerca de Ucieda, y que lo que relataba yo lo he vivido; y José María de Pereda, pero sobre todo lo que escribió de la mar”. No es casualidad que uno de sus primeros trabajos para el suplemento semanal de ‘Alerta’ fuera una adaptación de ‘Sotileza’: “Empecé a dibujarlo en viñetas. Tuve la suerte de que Simón Cabarga estaba en la redacción y me ayudaba cuando tenía alguna duda”.

Cuando acabó ‘Sotileza’, el suplemento del ‘Alerta’ la sustituyó por ‘Laro el cántabro’, que sin duda ha sido la creación más importante y reconocida de la carrera de Andy: “Había leído ‘Los cántabros’ y tenía el conocimiento de la historia tal y como la contaba González Echegaray. Pero luego había que tener imaginación para inventar los personajes y las aventuras, que eso el libro no me lo daba. Me daba fechas y circunstancias, el resto corría por mi cuenta”. Quienes han indagado en sus orígenes aseguran que ‘Laro’ se estrenó en diciembre de 1972, pero él, que confiesa no fijar muy bien algunas de estas fechas, cree que fue justo un año antes. Tras una primera publicación en plancha –a página completa–, el director del periódico estaba tan entusiasmado con las aventuras del guerrero cántabro que decidió seguir dándolo en tiras en la edición diaria: “Compartía página con las americanas de la King Feature Syndicate: ‘Phantom’, que aquí era ‘El hombre enmascarado’, ‘Johnny Hazzard’ y otras”.

“Hasta 1971 aquí nadie se llamaba Laro. Ramón Bohigas me dijo que un mérito que nadie podía quitarme es que soy el ‘padre’ de mucho Laro en Cantabria», Andy Torre, dibujante.

Las tiras de ‘Laro el cántabro’ siguieron publicándose hasta 1985 y su éxito ha trascendido a ámbitos que sorprenden a su propio autor: “He hecho muchas cosas, pero esto es por lo que me conocen en todos los sitios. No lo valoré hasta que me fui dando cuenta de cómo había calado: me paraban por la calle, me escribían. Incluso hicieron una pintada en un puente que ponía: Laro, resucita, Cantabria te necesita”. Un detalle elocuente del impacto que ha generado puede encontrarse en el Registro Civil: “Hasta 1971 aquí nadie se llamaba Laro. Ramón Bohigas me dijo que un mérito que nadie podía quitarme es que soy el ‘padre’ de mucho Laro en Cantabria. A la gente le gustó el nombre y luego también se ha ido sacando de ahí alguno más: Caelia, Tedo…”. A pesar de su gran éxito, algunos cambios en la dirección y ciertas decisiones mermaron su importancia en el periódico, de modo que su autor decidió darle un descanso y crear otros personajes.

En 1985 sustituyó al célebre guerrero, por ‘El chico de Laredo’, fruto de otra de sus inquietudes personales: “La participación que tuvo nuestra región en la Guerra de la Independencia contra los franceses era un tema que siempre me había interesado”. Y tampoco fue casual que las aventuras se localizaran en la zona oriental: “Para la prensa de Santander lo que pasaba más allá de Laredo estaba dejado de la mano de Dios y yo quería que también se tuviera en cuenta”. Finalizada esta serie en 1992, durante algunos meses repitió el patrón de crear un personaje de Cantabria situado en un determinado contexto histórico con ‘Héctor el conquistador’, en este caso en el descubrimiento de América. Pero los frecuentes desencuentros con la dirección del periódico le llevaron a dejar Alerta ese mismo año –en 2009 regresó fugazmente a su suplemento con una versión en color y a toda página de ‘Laro el cántabro’– y pasó brevemente por la efímera edición cántabra de Diario16, lo que prácticamente cerraría su trayectoria en la prensa.

Más allá de las mencionadas, es imposible recopilar en estas páginas todas sus colaboraciones periodísticas. A modo de ejemplo, ilustró las reseñas que Juan G. Bedoya en ‘De la A la Z’ y Mann Sierra en ‘De pueblo en pueblo’ hicieron de los municipios de Cantabria, hizo viñetas de crítica política o social y creó el ‘Cantabringo’, personaje que simbolizaba un juego que ‘Alerta’ ofrecía a sus lectores; todas ellas con el humor como rasgo común. “Que se tiene o no se tiene, pero también se cultiva”, matiza Andy y subraya cómo se formó mediante un curso por correspondencia: “En CEAC me acreditaron como dibujante humorístico con sobresaliente. Por cierto, es el único título que tengo”. No obstante, aclara que no ha tenido mejor escuela que el propio periódico: “Empecé llevando regla, cartabón, goma… Al final llevaba un bolígrafo y punto. Aprendí que siempre había que hacer las cosas con rapidez, que no te podían estar esperando, y que lo que hiciera no había que borrarlo”.

Andy saluda a Laro, el más popular de sus personajes, en una imagen recogida en el cartel del homenaje que le tributó el Parlamento de Cantabria.

En paralelo a su carrera en la prensa ha desarrollado una amplia actividad como ilustrador de libros. A grandes rasgos, destaca el encargo de ilustrar cuatro obras de una colección de Nova Editorial sobre grandes protagonistas de la historia: Cristóbal Colón, los hermanos Pinzón, Juan de la Cosa y los Reyes Católicos. Ya fuera solo como dibujante o también como guionista, ha participado en diversos proyectos de divulgación de la historia de Santander y de Cantabria, además de adaptar a este formato a Pereda –con ‘Sotileza’ y algunos otros relatos– y su propio ‘Laro el cántabro’. Ha colaborado con su amigo Javier Rodríguez en algunos títulos de temática circense y de un remoto rincón de su memoria recupera una de las primeras cubiertas que dibujó: la de la novela ‘Abigail’, publicada en 1973 por ‘El Machinero’, por entonces compañero en el periódico: “Era cronista de sucesos en ‘Alerta’ y también escribía artículos con un humor muy agradable. Me pidió hacer la portada e hice dos, para la primera y la segunda edición”.

Viñetista, ilustrador, cartelista, en varias ocasiones también ha expuesto su obra de paisajes de Cantabria a plumilla, una técnica que, siendo una persona nerviosa, asegura que le relaja. Llama la atención cómo ha podido lograr una obra tan voluminosa simultaneándola siempre con su trabajo en la fábrica: “Durante muchos años, salía de la empresa, llegaba a casa y me ponía a dibujar. Pero es que el dibujo para mí era un hobby y lo que no me gustaba tanto, porque no era lo mío, era con lo que me ganaba el cocido”. Aunque en sus comienzos tuvo alguna oportunidad de ser profesional en Barcelona o Valencia, las condiciones laborales que ofrecían las editoriales no compensaban el tener que abandonar su tierra: “No pagaban muy bien y los dibujantes que trabajaban a jornada eran obreros que ni siquiera tenían derechos de autor. Yo estaba en una de las mejores empresas de España, los salarios de Standard no los había en ninguna parte, y ni se me pasó por la imaginación marcharme de Santander”.

Andy fue uno de los firmantes en 1976 del ‘Manifiesto de los cien’, embrión de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), en cuya fundación también fue partícipe. En la medida de sus posibilidades, cree que ha contribuido a la formación de la comunidad autónoma de Cantabria, un nombre que apenas se conocía cuando empezó a dibujar a ‘Laro’: “La gente ignoraba la historia y los orígenes de esta palabra”. El pasado noviembre fue homenajeado en un acto en el Parlamento regional cuyo lema –‘Andy el cántabro. Historia regional y cultura gráfica popular’– deja entrever la influencia que ha tenido su obra: “Mentiría si dijera que no me ha agradado, aunque nunca busqué esta meta: siempre me he dado por satisfecho viendo mis trabajos publicados y apreciados. Sí que me considero partícipe en la autonomía de esta tierra y en dar a conocer nuestras cosas, pero no le he dado mayor importancia. He hecho lo que quería y luego he visto con satisfacción que eso ha gustado”.

La entidad volvió a batir su récord de facturación en 2025 y prevé volver a hacerlo durante el ejercicio que acaba de comenzar, algo para lo que considera fundamental captar proyectos de investigación de las pequeñas y medianas empresas de Cantabria. El que es el único centro tecnológico de la región, que ha trabajado con prácticamente todas las grandes industrias de Cantabria, funciona como departamento de I+D+i externo, una condición que considera especialmente atractiva para las empresas que carecen del tamaño y la estructura necesaria para mantener uno propio.

José Ramón Esquiaga | Febrero 2026

Encadenar un nuevo récord de actividad a los ya alcanzados en los tres ejercicios anteriores, y hacerlo incrementando en más de un 27% los ingresos, son hitos que se considerarían más que notables en cualquier empresa, pero que para el Centro Tecnológico CTC han supuesto ajustar a la baja unas previsiones que eran incluso más ambiciosas cuando arrancó el ejercicio. Se confiaba entonces en sumar más de un 40% a la cifra de ingresos de 2024 para superar los tres millones de euros, un objetivo que se ha visto frustrado tanto por el cada vez más complejo escenario en el que se produce la competencia por los proyectos financiados con fondos europeos, como por las dificultades para captar trabajadores, un problema cada vez más común en todos los sectores y al que no es ajeno un centro que tiene una mayoría de titulados de posgrado en su plantel de investigadores.

El que es el único centro tecnológico de Cantabria ingresó 2,5 millones de euros por sus actividades de I+D+i en 2025, una cifra notable que supone sumar más de medio millón de euros a la de 2024, que constituía el récord de facturación hasta ese momento. Al dato de este pasado año se llega de una forma prácticamente idéntica a la que ha propiciado el gran salto adelante dado por CTC en los últimos ejercicios, con un 60% de la actividad vinculada a los proyectos ganados en financiación competitiva a –la categoría en la que se encuadran las investigaciones apoyadas con fondos europeos– y el resto procedente de encargos bajo contrato con empresas. Esos capitulos definen las que pueden considerarse como las dos grandes líneas de negocio del centro, que ofrece a sus clientes investigación avanzada en tres grandes áreas de especialización: industria y energía, materiales, e industria y energía.

En el balance de las cifras del último año, la mejora en los ingresos por su labor de investigación llega tras acometer un número de proyectos muy similar a los de 2023, lo que refleja una de las tendencias del mercado al que atiende el Centro Tecnológico CTC: los trabajos son cada vez de mayor cuantía. los mismos proyectos, pero de más cuantía. La entidad ha desarrollado 40 proyectos en 2024, la mayor parte de ellos con presupuestos relevantes que dan cuenta de esa cada vez mayor dimensión que están alcanzando los trabajos del CTC. Iniciativas como la bautizada Co2Mchrete’, liderada por Técnicas Reunidas y presupuestada en 1,3 millones de euros, con la que se trabaja para mineralizar Co2 en cementos y hormigones a partir de residuos activados y escorias.

Beatriz Sancristóbal, directora general del Centro Tecnológico CTC. Foto: Nacho Cubero.

Además de por su notable cuantía, el proyecto es significativo de la labor que desarrolla el CTC por sus características, objetivos e intervinientes. En su condición de centro tecnológico, CTC opera como proveedor externo de investigación, desarrollo e innovación, una tarea que asume bien por encargo de empresas que asumen el pago por estos servicios, o bien acudiendo junto a estas, y en compañía o no de otros centros tecnológicos, a los programas de financiación. El impulso de esta última línea ha sido una de las claves que explica los sucesivos máximos históricos que desde 2021 está marcando la cantidad captada por CTC en investigación. Otras tienen que ver con la propia naturaleza del centro, y con lo que Beatriz Sancristóbal, su directora general, identifica como sus principales fortalezas: “La especialización y el conocimiento de nuestro equipo es nuestro principal vector competitivo”, resume.

El Centro Tecnológico CTC, que conmemora en 2026 su vigesimoquinto aniversario, prevé sumar este año su quinto ejercicio consecutivo con un crecimiento de doble dígito, con el consecuente nuevo récord en ingresos. Según lo que contemplan sus presupuestos, lo facturado en proyectos de investigación crecerá este año un 21%, lo que supondría superar la cifra de los 3 millones de euros y situarse en la cota que se contemplaba en las relativamente frustradas previsiones de 2025.

Beatriz Sancristóbal vincula el crecimiento experimentado en los últimos años, y también el esperado para este, con lo contemplado en la hoja de ruta diseñada por el centro para el periodo 2023-2025 y en su especialización en procesos de transferencia tecnológica orientados al tejido productivo. “Esta planificación estratégica, que tendrá su continuidad con el Plan Estratégico 26-27, nos ha permitido alinear nuestras capacidades con las prioridades europeas en descarbonización, digitalización y mejora de la competitividad empresarial”, explica.

Además de superar las dificultades para captar talento y la creciente competitividad que exigen la concurrencia a la financiación europea –los factores que situaron el crecimiento del año pasado por debajo de lo esperado– el principal reto que contemplan los planes de CTC tiene que ver con su cartera de clientes, que confían ampliar con pequeñas y medianas empresas, sobre todo de Cantabria. “Nos gustaría que nuestra experiencia y nuestras capacidades ayudasen al tejido productivo de la región a ser más competitivo”, dice Beatriz Sancristóbal, que subraya que el Centro Tecnológico CTC trabaja o ha trabajado ya con la práctica totalidad de las mayores industrial de la región, por lo que el objetivo es captar proyectos de las pymes: “Animamos a cualquier entidad con ADN innovador a contactar con nosotros para explorar posibles vías de colaboración“.

 Trabajos en los laboratorios del Centro Tecnológico CTC. Foto: Nacho Cubero.

La directora general de CTC considera que son precisamente las empresas con una menor estructura las que en mayor medida pueden beneficiarse externalizando sus proyectos de I+D+i con el centro tecnológico cántabro. “Son empresas dimensionadas para producir o para dar servicios, y no tanto para buscar oportunidades que a medio plazo podrían darles resultados en sostenibilidad, en productividad… Nosotros somos muy activos y se nos puede aprovechar. Queremos que las pymes vean que trabajamos en proyectos de innovación que responden a lo que realmente las empresas van a necesitar, o van a poder vender en el mercado”.

Como referencias en lo que son las tres áreas de trabajo del centro, CTC ha venido desarrollando una importante labor en nanomateriales, ya sean para un posible aprovechamiento comercial o para su uso en la industria. En el área de robótica ha trabajado en proyectos para el sector agrícola y para aplicaciones industriales, en tanto que en el área de industria y energía ha participado en el desarrollo de plataformas vinculadas a la gestión eficiente de edificios, además de en la aplicación de gemelos digitales para la gestión de plataformas eólicas flotantes.

Además de asentar su competitividad en la especialización y en las capacidades de su equipo investigador, el centro ha realizado inversiones para adquirir equipamientos que permitan abordar proyectos complejos. Entre las últimas incorporaciones destaca una plataforma robótica para experimentar soluciones de navegación y un horno pirolítico para transformar recursos orgánicos de bajo valor añadido en materiales como el biochar, un carbón vegetal que se usa aplicándolo al suelo como un mejorador agrícola.

En términos de empleo, el Centro Tecnológico CTC prevé acercarse a los 50 trabajadores al cierre del año que acaba de comenzar, una cifra que supondría sumar en torno a una decena a los 38 que hoy componen su plantilla. Es este un objetivo estrechamente vinculado con el de actividad, y en ambos sentidos: no es solo que la captación de nuevos proyectos sea un elemento decisivo para la contratación de nuevos investigadores, sino que poder o no contar con esos investigadores es uno de los principales condicionantes para poder acceder a nuevos proyectos. “Estamos generando empleo de calidad y contribuyendo a que el talento que se forma en nuestro sistema universitario encuentre una salida profesional sin tener que abandonar Cantabria”, destaca Beatriz Sancristóbal.

El Ayuntamiento de Santander y las asociaciones de Comerciantes del Mercado de La Esperanza y de Cocineros de Cantabria valoran la evolución de este espacio público, abierto en abril de 2025, y buscan nuevas iniciativas que contribuyan a promocionar los productos locales de temporada y a impulsar su conocimiento entre los ciudadanos.

Manuel Casino | Febrero 2026

Muy positiva. Esta es la valoración que de forma unánime comparten el Ayuntamiento de Santander, la Asociación de Comerciantes del Mercado de La Esperanza y la Asociación de Cocineros de Cantabria, sobre La Cocina de la Plaza, un espacio público abierto el pasado mes de abril para promocionar y poner en valor los productos del mercado. Para el concejal de Mercados, Álvaro Lavín, la evolución seguida en estos meses por esta aula gastronómica, como así la definen desde el consistorio santanderino, ha sido “espectacular”.

“Vamos cogiendo ritmo. Ya hemos llevado a cabo diferentes jornadas gastronómicas y varias campañas de promoción de productos de kilómetro ‘cero’, y todas las semanas acuden alumnos de Primaria de los centros educativos de la ciudad. Además, rara es la semana que no tengamos peticiones de alguna entidad para celebrar una iniciativa”, explica satisfecho.

Con todo, Lavín aclara que esta cocina aún tiene por delante “muchísimo recorrido”. “Mi objetivo es llenar la cocina todos los días y generar un mayor y más amplio conocimiento entre los santanderinos para que no haya ni un solo día sin actividad”, precisa sobre este espacio que se apresta a destacar “no está pensado para hacer negocio”.

Según detalla, esta iniciativa municipal está orientada a divulgar las bondades del producto de Cantabria y generar un vínculo entre los comerciantes de la plaza y sus clientes más allá de la mera compra. “Nuestra idea es maximizar al 100% el uso de esta cocina. La inversión ya está hecha; ahora hay que ponerlo en valor para los que comerciantes de la plaza, los organismos sociales y las asociaciones de vecinos puedan desarrollar aquí sus iniciativas, pero siempre sin ningún fin lucrativo, porque aquí no se puede cobrar”, insiste en matizar.

Álvaro Lavín, concejal de Mercados del Ayuntamiento de Santander. Foto: Nacho Cubero.

En su repaso, el concejal de Mercados cita el taller de despiece de un atún, la primera actividad con la que se inauguró este espacio y que contó con la colaboración del ayuntamiento gaditano de Barbate, o el más reciente para la elaboración de rosco de Reyes, y avanza las conversaciones que mantiene con la Asociación de Hostelería y con la Oficina de Calidad Alimentaria (Odeca) del Gobierno de Cantabria para definir alguna propuesta.

Entre estos posibles nuevos proyectos, también señala el taller que promueve junto con Serafina sobre la elaboración de sobaos pasiegos; el acuerdo que ultima para que la Escuela de Hostelería y Turismo de Santander, integrada en el instituto Peñacastillo, pueda realizar las fases finales de sus cursos formativos en La Cocina de la Plaza, o en el que trabaja, junto con la Asociación de Comerciantes del Mercado de La Esperanza, para celebrar un concurso de recetas de la abuela que contribuya a recuperar esos platos tradicionales y que no se pierdan. “Vamos bien y estamos creciendo, pero este espacio vivo y abierto a todos los santanderinos tiene mil ángulos. Hemos empezado por los niños, pero queremos llegar también a los mayores y a las personas con discapacidad”, reitera Lavín convencido del potencial de esta cocina que desde su lanzamiento ha pasado de celebrar una o dos actividades mensuales a acoger diez o doce.

Para hacerlo realidad, este responsable municipal apela a promocionar este espacio sabedor de que todavía no es lo suficientemente conocido por los ciudadanos, pese a que el Mercado de La Esperanza es el segundo edificio más visitado de Santander, después del Palacio de la Magdalena. “La Cocina de la Plaza es un gancho de marketing inmejorable. Ahora hay que saber explotarlo y ser capaces de llegar a cuantas más personas, mejor. Si al acabar la legislatura todos los santanderinos la conocen, habrá sido un éxito”, concede.

El origen de La Cocina de la Plaza

La presidenta de la Asociación de Comerciantes del Mercado de la Esperanza, Marta Gómez Arce, conviene sin dudarlo en esta visión optimista de Lavín. “¡Cómo no voy a estar contenta!”, exclama sobre esta iniciativa que, según rememora, tiene sus orígenes en las campañas de dinamización de productos que a principios de la segunda década de este siglo organizaban los comerciantes junto al presidente de la Asociación de Cocineros de Cantabria, Floren Bueyes.

“En aquellos años hacíamos lo que podíamos, pero le dábamos mucha vida a la plaza”, recuerda Gómez y corrobora Bueyes, quien evoca cuando, antes de 2012, ya celebraban jornadas de degustación coincidiendo con las costeras del bocarte y del bonito, y promocionaban las carnes, las verduras, los quesos y, en general, todos los productos del mercado, aprovechando en ocasiones los espacios que brindaban los puestos cerrados y en otras en el propio ‘hall’ de entrada al mercado.

Floren Bueyes, presidente de la Asociación de Cocineros de Cantabria. Foto: Nacho Cubero.

El presidente de los cocineros cántabros resalta que esas iniciativas le llevaron a él, y al por aquel entonces presidente de los comerciantes de la plaza, Antonio Movellán, a plantear al Ayuntamiento la oportunidad de crear un aula para acercar a los escolares de la ciudad a una alimentación sana y saludable. “Le fuimos dando forma y, en 2013, con la colaboración municipal y también de la Consejería de Educación, surge este proyecto de aula saludable que en sus inicios celebrábamos entre toldos en la parte trasera de la planta baja, donde hoy se ubica la zona de almacén de los comerciantes”, recuerda.

Así funcionó con la participación también del cocinero Emiliano Martín, que acompañó a Bueyes durante años en esta travesía, hasta que la pandemia lo paró todo.

Por eso, ahora ambos aplauden la creación de esta cocina. “Estamos contentos. La cocina es nuestra si queremos que así sea, pero, más allá de eso, lo importante es el fin, que no es otro que conseguir un beneficio para la plaza”, subraya la presidenta de esta asociación que reúne a la totalidad de los comerciantes del mercado, alrededor de ochenta.

Gómez comparte con el concejal que el objetivo principal es promover el producto de temporada y, por tanto, local. Un propósito que ha llevado a estos comerciantes a organizar en estos poco más de ocho meses alrededor de trece actividades y campañas promocionales. La primera, la del bocarte, a la que después han seguido las del bonito, la sidra, el tomate, la carne para barbacoa, o la castaña, entre otras, además de diferentes jornadas en las que, bajo el título genérico de Saber comer, varios nutricionistas explicaron a los asistentes, todos ellos clientes del mercado, las pautas para adoptar una alimentación equilibrada, completa y consciente. Entre los eventos más celebrados, también menciona con orgullo la jornada solidaria con los enfermos de Alzheimer del pasado mes de septiembre, en la que consiguieron recaudar 6.000 euros.

Atraer a los jóvenes

La representante de los comerciantes de La Esperanza aclara que, aunque algunas de estas propuestas se han llevado a cabo entre semana, su objetivo principal es organizarlas los sábados por la mañana, que es el día que más gente joven acude a la plaza. “Si lo programamos un día laborable, asisten los clientes habituales, que ya nos conocen y también conocen los productos, por lo que nos les descubrimos nada. Sin embargo, si lo celebramos un sábado, acuden familias con niños y jóvenes que hacen la compra semanal y se interesan y preguntan por este tipo de actividades. Y de lo que se trata es de atraer a nuevo público”, afirma esta mujer que lleva 42 años trabajando en la plaza.

Entre las actividades que baraja de cara a este nuevo año, Gómez avanza su intención de celebrar en febrero jornadas sobre el verdel y la sarda, además de alguna dedicada a legumbres de invierno. “Y surgirán más cosas, seguro”, augura. A su juicio, el reto es utilizar este espacio todos los sábados de cada mes. “Aunque pueda parecer un objetivo no muy ambicioso, conseguirlo no va a ser nada sencillo y nos va a exigir un gran esfuerzo a todos porque nosotros somos comerciantes. No podemos estar a dinamizar la cocina, estamos a vender”, advierte lamentando los pocos recursos de los que dispone la asociación, pero agradeciendo la colaboración que en muchos caos reciben de comerciantes jubilados que siempre que pueden acuden desinteresadamente a echar una mano. “Necesitamos más implicación al Ayuntamiento. Nos gustaría que tirara más del carro y que programara más actividades”, reclama.

Marta Gómez Arce, presidenta de la Asociación de Comerciantes del Mercado de la Esperanza. Foto: Nacho Cubero.

En su lectura del momento que vive el mercado, la presidenta de esta asociación asegura que los comerciantes están bien. “No nos podemos quejar, a pesar de la competencia de las grandes superficies y del resto de supermercados de la ciudad. La plaza no sé si va a más, pero no va a menos”, resuelve.

Pese a ello, alerta de que el principal problema al que se enfrentan es la falta de relevo generacional. “Tenemos varios puestos cerrados y da un poco de pena que no haya jóvenes que quieran ponerse al frente de ellos, en parte quizá desanimados por el fin de las actuales concesiones municipales, que expiran en 2032, y que abrirá la puerta a un nuevo modelo del mercado”.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Cocineros de Cantabria no duda tampoco en ofrecer una valoración positiva de este proyecto. “Hemos conseguido crear un espacio cerrado y definido con siete cocinas y una grada para seguir las exposiciones que se lleven a cabo”, sostiene sobre este espacio que no le gusta definir como gastronómico, sino como un lugar en el que dar a conocer la cocina con productos de mercado.

Aula saludable

Tras reiterar que “lo ideal” sería que esta cocina fuera un centro de demostración de todos los productos que se comercializan en el mercado, Bueyes se muestra complacido por haber trabajado ya con más de 180 productos agroalimentarios de la plaza y por haber consolidado el aula saludable, un proyecto por el que durante el último trimestre de 2025 han pasado más de 300 niños de once colegios de la ciudad.

Sobre esta iniciativa, su coordinador puntualiza que cada miércoles recibe a una treintena de escolares a los que les explican el valor arquitectónico del edificio y les guía, acompañados de representantes de la asociación de comerciantes, en un recorrido por el mercado para comprar los productos que posteriormente ellos mismos van a cocinar y degustar.

Los alumnos elaboran por turnos y bajo la supervisión de Bueyes y otros cocineros de la asociación un menú integrado, generalmente, por un plato de arroz de mar y tierra, cuyos ingredientes cambian según la época del año; una brocheta de pollo y una macedonia de frutas naturales. En total, tres horas de convivencia y aprendizaje sobre las ventajas de disfrutar de una alimentación saludable en las que también colabora en ocasiones una nutricionista.

“Ojalá tuviéramos tres espacios como este y que cada mercado municipal tuviera su propia cocina”, Álvaro Lavín, concejal de Mercados del Ayuntamiento de Santander

Lavín, que espera que más de 750 alumnos de colegios de Santander participen a lo largo de este curso escolar de esta propuesta municipal, celebra que programas de televisión como Master Chef hayan contribuido a acercar la cocina a los niños. “Han ayudado mucho a generar una cultura de cocinar y que a los niños les apetezca hacerlo”, mantiene.

A vueltas con La Cocina de la Plaza, la presidenta de los comerciantes no duda en señalar el protagonismo que en esa iniciativa tienen los profesionales que venden en la plaza: “Si existe es por nosotros. Aunque la hubiéramos hecho de otra forma, lo importante ahora es que la podamos utilizar y llevar a cabo cada vez más actividades”, resume esperanzada. “Ojalá tuviéramos tres espacios como este y que cada mercado municipal tuviera su propia cocina”, cierra por su parte el concejal de Mercados del Ayuntamiento de Santander

El sector de la música en directo ingresó en 2024 cerca de 719 millones de euros, un 77,1 % más que en 2019. Los factores que explican este incremento son una mayor asistencia a los eventos, el aumento del precio para ver a los grandes nombres y también el mayor poder de convocatoria de los festivales, responsables ya del 55,4 % de todos los ingresos por la música en directo en España.

Francisco Rouco del Olmo | Febrero 2026

En 2024, último año con cifras disponibles, la recaudación por eventos de música en directo en España alcanzó los 718,872 millones de euros, según el anuario de la SGAE. Esta cifra, un 25,4% superior al año anterior, no solo afianza la recuperación del sector tras la debacle de 2020, cuando se recaudaron 103,3 millones de euros fruto de las medidas de protección durante la pandemia, sino que los números recientes suponen un récord histórico de recaudación. Cinco años después de la pandemia, el sector se apunta una mejora del 77,1% sobre los ingresos de 2019 (405,8 millones de euros).

Las cifras de conciertos también subieron. En 2024 se celebraron 120.510 conciertos, un 9,4% más que el año anterior y un 32,3% más que en 2019. Al hablar de récords absolutos de recaudación, podríamos suponer que en 2024 se celebraron más conciertos que nunca, pero lo cierto es que desde 2005 hasta 2011 siempre se superaron holgadamente los 120.000 eventos en directo, llegando al pico en 2008, con 138.613 conciertos.

En cuanto a la asistencia, 2024 sí destaca notablemente, con 33,9 millones de personas, un 18,9% más que en 2023, un 20,6% más que en 2019. Solo encontramos una cifra superior en las últimas décadas en 2008, con 35,7 millones, pero la cifra, la de 2024, tiene truco, como se verá más adelante.

Con estos datos, 2024 se consolida como el año de la recuperación para el sector tras lo vivido en 2019: hubo más conciertos (+32,3% sobre 2019) y más asistentes (+20,6% sobre 2019). Pero, ¿son ambas magnitudes suficientes para explicar un aumento de la recaudación de +77,1% con respecto a aquel año?

“También hay que decir que las entradas han subido, pero no es solo eso, sino que viene todo un poquito enlazado”, introduce Samuel Pacheco, que forma parte de la asociación Industrias Portugal, organizadora del festival Torrelavega SoundCity, que se celebra en agosto coincidiendo con las fiestas grandes de la localidad y cuenta con una subvención del ayuntamiento de 100.000 euros. Para Pacheco, el punto de partida para el buen momento que vive la música en directo fue el aumento explosivo de la demanda de conciertos que se vivió tras la pandemia, especialmente entre 2021 y 2022. La gente acudió con tantas ganas a ver música en directo que los aforos se quedaron cortos.

“Las bandas pequeñas que antes podías ver en la sala Sol o en Copérnico [ambas en Madrid, con aforos de 640 y 800 personas, respectivamente], ahora van a La Riviera [con capacidad para 1.800 personas en su sala principal], y las que antes hacían La Riviera ahora van al Wizink [ahora Movistar Arena, con aforo entre las 3.600 y las 17.450 personas]. Pero es que las que ya hacían el Wizink, ahora hacen dos o tres días de Wizink y te organizan gira a un año o dos vista”, explica Pacheco en referencia a la gira de Dani Martín, cuyas entradas para 2026 pudieron comprarse en noviembre de 2024.

Aumentan los aforos, suben los cachés

Actuar para más gente y llenar salas cada vez más grandes supuso que las bandas inflaran sus cachés hasta cifras insospechadas incluso antes de la pandemia, cuadruplicando e incluso quintuplicando sus tarifas, apunta Pacheco. Con estos números, la capacidad de recaudación de las salas medianas y grandes resultó cada vez más insuficiente para afrontar el caché de los artistas: ni con ‘todo vendido’ era posible recaudar el dinero necesario para asumir determinados conciertos. La consecuencia fue doble. Por un lado, los artistas multiplicaron los aforos de las salas repitiendo concierto varios días seguidos en la misma ubicación. Por otro, los grupos populares o en la rampa para serlo se dejaron querer por los grandes festivales, capaces de pagar cachés elevados.

“Los festivales han cambiado el negocio”, explica Pacheco. “Se pagan mucho mejor [que las salas], porque tienes mucha más asistencia de gente, y la banda no cobra igual si actúa para 2.000 personas que para 6.000. Así que hay bandas quepueden seguir haciendo el circuito de salas en invierno y tocar en algún festival en verano. Pero también hay otras que entran en una dinámica de hacer 10 festivales entre abril y septiembre, que están muy bien pagados, y no les merece la pena económicamente desgastarse en salas”.

Para Javier Palacios, responsable de El Silencio Music, empresa detrás de Escenario Santander o el festival Estéreo Live, de Camargo, los festivales suponen un incentivo para las bandas, pero también tienen sus desventajas: “Un grupo nacional no te va a cerrar un circuito de salas si ve que puede actuar en siete festivales a 30.000 euros al día, que va a tocar 65 minutos, con la escenografía justa y sin tener que llevar la furgoneta porque está todo montado. Sacrifican cosas de su gira, como tocar para su público, porque el de los festivales es el que es y te hacen poco caso. Pero a cambio consiguen una rentabilidad económica muy alta”. Y lo mismo pasa con los grupos internacionales que, explica, “hacen cinco fechas en toda Europa, muchas veces con compromisos de exclusividad con los festivales que les impiden hacer giras, y se llevan 40.000 euros limpios por día en vez de los 25.000 o 30.000 que se llevarían en eventos más pequeños dentro de sus giras”.

Javier Palacios, responsable de El Silencio Music, empresa detrás de Escenario Santander y varios festivales en la región. Foto: Nacho Cubero.

Los festivales tiran del sector

Cuántos festivales se celebran al año en España es una pregunta que nadie responde. Son entre 800 y 900. Lo que sí es posible encontrar, paradójicamente, es la cifra aproximada de sus asistentes, dato que ofrece la SGAE para lo que denominan ‘macrofestivales’, que son eventos con una duración mínima de 12 horas y, por lo menos, 10.000 asistentes por jornada (bajo este criterio, la SGAE deja sin contabilizar como festivales un buen número de eventos locales, como es el caso del Torrelavega SoundCity, con unos 6.000 asistentes por día).

En 2024 asistieron a este tipo de eventos más de 8 millones de personas, un 22,8% más que en 2023 y un 23% más que en 2019. Al comparar las cifras de público en festivales con las de todos los eventos musicales, desde 2016 se puede observar que siempre han rondado en torno al 20%: dos de cada 10 personas que asisten a un evento en directo van a un festival. Tiempo atrás este porcentaje era más reducido: en 2015 fue del 17,6%, en 2008, del 5,2%.

En cuanto a la recaudación en 2024, los macrofestivales supusieron por sí solos 398,4 millones de euros, un 30,9% más que en 2023 y con respecto a 2019, un muy reseñable aumento del 86,6%. Si se analiza qué parte del total de recaudación corresponde solo a los festivales, la cifra es concluyente: el 55,4%. Récord absoluto de toda la serie que permite comparaciones interanuales, esto es, 2008. Desde que hay datos, hubo que esperar casi una década hasta encontrar un equilibrio tan igualado entre el peso de festivales y el del resto de eventos musicales: 2017, con el 52,8%. Antes de esa fecha, el reparto siempre dejaba por debajo a los festivales en favor del resto de eventos musicales: 36% en 2014, 19,9% en 2011, 20,4% en 2008. (Aquí se explica el truco que se mencionaba antes al hablar del récord de asistentes de 2024: si se excluyen los 8 millones de personas que acudieron a los macrofestivales ese año, esas cifras quedarían por debajo de todas las registradas entre el periodo 2008-2011, cuando rebasaban fácilmente los 25 e incluso los 30 millones de asistentes). Al combinar esas cifras inéditas de asistencia a festivales con el precio para acceder a estos eventos (100 euros por día, entre 200 y 400 euros por abono), se explica, en parte, la recaudación récord de 2024.

Las entradas para ver a Bruce Springsteen en Anoeta, en junio de 2025, oscilaban entre los 88 euros en pista y lejos del escenario y los 445 euros del palco VIP

Otra vía de ingresos que ha contribuido a esos números son los extras que añaden un sobreprecio a la entrada a cambio de mejoras. Son los pases VIP que dan acceso a palcos con catering o a zonas de pista más cercanas al escenario, o que permiten entrar antes al recinto. Las entradas VIP y la división de zonas de visionado del concierto con distintos precios (zonificación) empiezan a ser comunes en los grandes festivales, pero hay un tipo de evento donde son particularmente habituales: los conciertos-acontecimiento, aquellos que se celebran en estadios y sitúan sobre el escenario a grandes artistas internacionales. Por ejemplo, a Bruce Springsteen, que visitó España en dos citas en Anoeta en junio de 2025, cuyas entradas se pusieron a la venta en octubre de 2024 y se agotaron en minutos. Para acceder a pista se pagaron 88 euros en la parte trasera y 140 euros en la delantera. Un palco VIP, con asiento reservado y catering de bebidas y comidas, se pagaba entre 268 y 300 euros. Y aún podía mejorarse con la opción ‘Hospitality’, que ofrecía un asiento todavía mejor situado y el acceso a una sala exclusiva. Todo ello por 445 euros, es decir, más de cuatro veces el precio de la entrada básica.

A estas vías de ingreso hay que sumar otro fenómeno reciente: los precios dinámicos de las entradas. Cuanta más gente intenta comprar una entrada a través de la web de la tiquetera, más se infla su precio. El resultado es que, de nuevo con Springsteen, las entradas de pista en los primeros momentos de venta llegaron a superar los 400 euros.

Javier Palacios, de El Silencio Music, reconoce que estas fórmulas son necesarias porque el precio de la entrada básica no es suficiente para pagar el caché de estos artistas. Pero también aclara que los festivales y los conciertos-acontecimiento de 100 euros la entrada poco tienen que ver con el día a día de las salas en nuestro país. La suya, Escenario Santander, que gestiona como concesión del ayuntamiento, tiene un aforo para 976 personas, y una asistencia media de unas 600 –“antes eran 400 y pico”–. Programa unas 140 actuaciones al año, de las cuales un tercio provocan pérdidas. “Funcionamos con el 70% restante, que aguanta el golpe y con 10-12 llenos de gente que vemos que va a funcionar. Es verdad que ahora hay más público, pero, vamos, si quitas a Rosalía, a Bad Bunny, a Oasis cuando anuncien su gira, si quitas a Coldplay… hay entradas para comprar. Las salas están parecidas, de vacías, y hoy hay tantas entradas para comprar como antes. ¿Boom de la música en vivo? No hay ningún boom”.

El Gobierno de Cantabria teje una alianza con la Cámara de Comercio y la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) para poner en marcha ‘Cantabria Tech Talent’, un programa de formación en competencias digitales para jóvenes, con prácticas remuneradas y contratación preferente. La selección de candidaturas estará abierta hasta el mes de marzo.

No son las únicas empresas para las que la captación de trabajadores se ha convertido en un factor estratégico de primer orden, pero es este un reto que en el caso de las que operan en el sector tecnológico presenta características singulares y produce efectos de especial relevancia en lo económico. A diferencia de otros sectores en los que las ocupaciones a cubrir pueden considerarse poco atractivas por parte de los candidatos, aquí se trata de trabajos que requieren de cualificación y permiten desarrollar una carrera profesional en empresas que desarrollan productos y servicios de alto valor añadido y con una incidencia directa en la competitividad de sus clientes y en la economía del territorio en el que tienen su sede. Cerrar la brecha que separa a quienes ofertan y demandan empleo en tecnologías de la información y las comunicaciones –lo que se conoce como TIC– pasa a ser un desafío con un alcance que va más allá de lo sectorial, y que hace imperativa la identificación, la captación y la retención de talento.

En ese marco, y con esos propósitos, se posiciona ‘Cantabria Tech Talent’, una iniciativa del Gobierno de Cantabria que, a través de la Consejería de Industria, Empleo, Innovación y Comercio, ha tejido una alianza con la Cámara de Comercio y la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) para poner en marcha un programa de formación en competencias digitales con el que formar especialistas en las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Como principal elemento distintivo, ‘Cantabria Tech Talent’ promueve una colaboración público-privada, con la participación directa de las empresas que son potenciales empleadoras de los alumnos, a los que guían en su formación, ofrecen prácticas remuneradas y convierten en candidatos preferentes para cubrir sus necesidades de personal. La parte más vinculada con lo académico correrá a cargo de UNIR, una universidad con una dilatada y reconocida trayectoria en formación en el ámbito de las tecnologías de la información, que se encargará de ejecutar un programa que comprende actividades para la atracción de perfiles TIC, tanto de dentro como de fuera de Cantabria, y la posterior selección de los captados en función de las necesidades de las empresas colaboradoras.

‘Cantabria Tech Talent’, una iniciativa que forma parte de la Agenda Digital de Cantabria, busca candidatos con formación base en especialidades relacionadas con las tecnologías digitales y el ámbito STEM (las siglas inglesas que hacen referencia a Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que se encuentren en el último curso de estudio o que los hayan completado en los últimos cinco años, tanto en titulaciones de FP como universitarias. Quienes sean seleccionados, en un proceso que tendrá en cuenta las necesidades reales del tenido empresarial cántabro, accederán a un programa formativo tipo ‘bootcamp’, esto es, desarrollado de forma intensiva y centrado en enseñar habilidades prácticas y muy específicas, y diseñado para acceder a una rápida inserción laboral. El programa incluye la realización de prácticas remuneradas en las empresas participantes, que a su vez se comprometen a valorar prioritariamente la contratación de quienes superen con éxito el curso.

Proceso de selección

El proceso de selección, que permanecerá abierto hasta el próximo mes de marzo, incluye una fase de atracción de perfiles, que se desarrollará a través de los canales de UNIR y del ecosistema Universia, la plataforma de empleo global del Banco de Santander que cuenta con una red de más de 100 universidades y centros asociados. Los candidatos se elegirán para cada empresa y vacante concreta, a través de una evaluación de competencias y la realización de entrevista personales. Quienes superen este proceso de selección accederán a la formación, que durante siete meses combinará la realización de prácticas remuneradas en las empresas en horario de mañana, y la formación intensiva práctica por las tardes, siempre con un acompañamiento personalizado, de tal manera que cada alumno contará con un mentor o coach.

“’Cantabria Tech Talent’ es un proyecto pionero para afrontar un fallo de mercado como es la escasez de perfiles TIC, lo que evidencia, una vez más, el firme compromiso de este Gobierno con la transformación digital de la región”, subrayó Eduardo Arasti durante la presentación del programa, del que destacó su carácter innovador y el atractivo que para los alumnos tiene al tratarse de una formación diseñada junto al sector TIC y de acuerdo a las necesidades expresadas por las empresas de la región. El consejero Industria, Empleo, Innovación y Comercio recordó que en Cantabria una de cada cinco empresas que quieren contratar a estos especialistas se encuentra con dificultades para hacerlo: “Es crítico, urgente y un imperativo competitivo en el actual contexto digital asegurar la existencia y fidelización de estos especialistas digitales en nuestro tejido empresarial”.

El programa, que ha completado la nómina de empresas participantes a lo largo del pasado mes de diciembre, está diseñado para la formación de 100 alumnos en una o dos ediciones. La primera está previsto que se desarrolle entre los meses de marzo y septiembre, tras haber desarrollado el proceso de selección a lo largo del primer trimestre del año. En caso de que en esta primera edición no se cubriese el centenar de becas previstas, podría desarrollarse una segunda edición del ‘Cantabria Tech Talent’ entre julio de 2026 y enero de 2027.

Toda la información del programa, que se presenta como el primero de estas características financiado en España por una administración pública, se centraliza en una única web, en la que también se recogerán las candidaturas de las personas interesadas.

Sodercan impulsa un curso para formar profesionales con los que generar un ecosistema que permita el desarrollo de una industria del videojuego en Cantabria, aprovechando el potencial de una actividad que en España suma ya una facturación mayor y crea más empleo que el cine y la música conjuntamente.

El programa académico, que imparte la Universidad de Cantabria con participación de profesionales en activo, se desarrolla desde el pasado 3 de octubre y hasta el próximo 21 de marzo, estructurado a partir de cinco asignaturas que cubren tanto aspectos técnicos como de mercado, con un precio de matrícula de solo 50 euros y una carga lectiva de 29 créditos. Concebido para dar respuesta a un sector que demanda un amplio abanico de perfiles profesionales, el objetivo es dar continuidad al curso en próximas convocatorias.

Aunque sigue padeciendo una injusta consideración menor en términos artísticos, la industria del videojuego es con mucho la actividad de mayor relevancia económica entre las que crean contenidos para el ocio, por delante de la facturación conjunta del cine o la música, por ejemplo. Es una situación a la que ha llegado en muy pocos años y a pesar de la escasez de referentes y la casi total carencia de itinerarios formativos específicos, condicionantes estrechamente vinculados entre sí y que desde Sodercan se quiere ayudar a superar con la puesta en marcha de un curso específicamente concebido para fomentar el desarrollo de una industria en este ámbito.

Para avanzar en ese objetivo, la empresa pública, dependiente de la Consejería de Industria, Empleo, Innovación y Comercio, ha impulsado la primera edición del Curso Universitario de Formación Permanente de Desarrollo e Industria del Videojuego, una propuesta formativa que se desarrolla en el marco de la I Agenda Digital de Cantabria y que busca no solo dotar de profesionales a una actividad que se considera tiene un enorme potencial de desarrollo en Cantabria, sino contribuir a generar un ecosistema propicio para el emprendimiento, la atracción de empresas y la creación de proyectos en un sector joven y constituido mayoritariamente por pymes.

De las 524 empresas españolas vinculadas a los videojuegos, solo 8 son cántabras

Los datos de la Asociación Española de Videojuegos que se expusieron durante la presentación de la iniciativa confirman la posición relevante que España ocupa dentro de la industria mundial del videojuego, pero también la modesta aportación de Cantabria a este hecho. Las 524 empresas españolas que operaban en el sector en 2023 –último año con datos cerrados– sumaron una facturación de 2.339 millones de euros ese ejercicio, con un incremento de un 16,3% en relación con el precedente. De ese total de empresas, que generaron 7.108 puestos de trabajo, solo 8 eran cántabras, que empleaban a un total de 29 personas. “Los datos hablan por sí solos de lo poco que se ha hecho hasta ahora y del gran potencial de crecimiento de la industria del videojuego en Cantabria”, subrayó Eduardo Arasti, consejero de Industria, Empleo, Innovación y Comercio, para explicar las razones que han motivado la organización y puesta en marcha del curso.

Además de con el propio Arasti, la presentación del proyecto formativo contó con la presencia de Conchi López, rectora de la Universidad de Cantabria, y de Gonzalo Guirao, director del programa PlayStation Talents, entidades con las que ha contado Sodercan para el desarrollo del apartado académico, y que serán las responsables de impartirlo. El curso se estructura en torno a cinco asignaturas relacionadas directamente con todas las fases de creación de un videojuego: diseño, desarrollo, mercado y negocio, producción de videojuegos y proyectos, dentro de un programa formativo con una carga lectiva de 29 créditos que se completará con la presentación de un trabajo final.

Amplio abanico de perfiles

Tanto por el diseño de sus contenidos, como por la diversidad de tareas que implica la creación de un videojuego, el curso es atractivo para un amplio abanico de perfiles profesionales, desde los vinculados más directamente con las tecnologías de la información, en la parte de programación, hasta los más artísticos y creativos, imprescindibles para el diseño y desarrollo de la historia del juego, pasando por todos los relacionados con el mercado y la administración de empresas. Para dar respuesta a esa diversidad de contenidos, se ha buscado la orientación práctica que aporta la plataforma PlayStation Talents y el prestigio académico de la UC, que cuenta con una oferta formativa consolidada en las áreas que componen este Curso Universitario de Formación Permanente de Desarrollo e Industria del Videojuego, que quedará incorporado a su catálogo de titulaciones propias.

El precio de la mátricula será de 50 euros, gracias al convenio firmado por la Universidad de Cantabria

El papel de Sodercan y el Gobierno de Cantabria no solo ha sido fundamental para organizar y dar forma a esta propuesta formativa, sino también para garantizar que cualquiera con talento e interés para ello pueda acceder a ella y alcanzar las competencias para trabajar en la creación de videojuegos y su puesta en el mercado. Para ello ha garantizado un precio público para la matrícula, que tendrá un coste simbólico de solo 50 euros gracias al convenio firmado con la UC por la empresa pública.

“Estamos haciendo una apuesta muy fuerte para incorporar a Cantabria a la revolución tecnológica que supone la transformación digital, y orientar nuestro modelo productivo hacia los sectores con mayor valor añadido”, explicó Eduardo Arasti, que destacó el carácter práctico del curso, impartido por profesionales en activo en el sector y en el que la mayoría de las clases serán no presenciales, lo que permitirá que los estudiantes puedan compatibilizar la formación con sus circunstancias académicas o profesionales.

Poco más de un año después de su apertura, la concejala de Empleo, Emprendimiento y Desarrollo Empresarial, Chabela Gómez-Barreda, analiza el papel que desempeña en el ecosistema innovador el Centro de Iniciativas Empresariales, un espacio que apuesta por un entorno colaborativo y que aspira a construir un itinerario de emprendimiento único que permita a quienes intentan sacar adelante un proyecto contar con una oferta de recursos ordenada y planificada en el tiempo.

Manuel Casino | Enero 2026

El Centro de Iniciativas Empresariales (CIE) de Santander ha posicionado a la ciudad en el mapa de la innovación tecnológica. Así lo estima la concejala de Empleo, Emprendimiento y Desarrollo Empresarial, Chabela Gómez-Barreda, para quien existe un antes y después de la puesta en marcha de este espacio, del que ahora se cumplen poco más de catorce meses desde su entrada en funcionamiento. “El CIE ha superado nuestras expectativas y se ha consolidado como el epicentro del ecosistema tecnológico y emprendedor de Santander”, valora claramente satisfecha.

Según destaca, este centro ideado para fomentar la creatividad y la colaboración permite que los emprendedores dispongan en la actualidad de una instalación en la que desarrollar su proyecto empresarial. “Hemos sido capaces de crear desde cero un centro integral que atienda el emprendimiento en la ciudad. Pero no lo hemos hecho solos”, advierte para resaltar el valioso apoyo prestado desde el inicio por Banco Santander y la Asociación Cántabra de Empresas de Nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Ascentic), sus dos socios estratégicos, pero también por el Gobierno de Cantabria y por una amplia comunidad tecnológica de la que participan empresas del sector, entidades bancarias y un conglomerado de hasta cerca de cuarenta entidades, entre las que se incluyen la Universidad de Cantabria y UneAtlántico, la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) la patronal CEOE-Cepyme y la Cámara de Comercio, así como varias asociaciones y federaciones sectoriales, colegios profesionales y centros educativos.

Y las cifras así parecen avalarlo. Desde su inauguración, el centro ha sido escenario de alrededor de 75 eventos que han reunido a más de 2.500 personas; ha formado a más de 130 profesionales en competencias digitales avanzadas y ha acompañado a 93 emprendedores en diferentes programas de aceleración, además de recibir la visita de trecientos jóvenes estudiantes de institutos de la ciudad para fomentar entre ellos la cultura emprendedora, desgrana la concejala de Empleo.

Chabela Gómez-Barreda, concejala de Empleo, Emprendimiento y Desarrollo Empresarial de Santander, en las instalaciones del CIE. Foto: Nacho Cubero.

Pero con ser importante, Gómez-Barreda no se conforma. “Todas las entidades y empresas han demostrado su compromiso de trabajar por la empleabilidad y la competitividad del tejido económico de Santander mediante actividades de formación y divulgación, fundamentalmente en el sector TIC”, apunta la concejala, que en todo caso subraya que el objetivo que se persigue es sumar, no competir: “Lo que pretendemos es construir un itinerario de emprendimiento único para para que cualquier emprendedor tenga ante sí una oferta de recursos ordenada y planificada en el tiempo”, anuncia.

Más allá de estas cifras y de la concentración de recursos y esfuerzos en un espacio emblemático y de referencia, esta responsable municipal destaca la creación de una estrategia clara de atracción y retención del talento tecnológico que ha sido capaz de generar, en primer lugar, “un ecosistema vivo” donde confluyen emprendedores, empresas consolidadas, centros educativos, inversores y administración pública. Además, explica, se ha conseguido conectar formación con empleo real, de tal forma que cada programa propuesto ha respondido a demandas concretas del mercado laboral. Así, relata, que los 600 demandantes de empleo que han participado en los llamados ‘encuentros sectoriales de empleo’ han podido conectar directamente con empresas que buscan cubrir puestos.

Asimismo, y frente a actuaciones en materia de innovación que antes eran la más de las veces “temporales, dispersas y sin masa crítica suficiente”, Gómez-Barreda apunta a que el CIE ha permitido profesionalizar el emprendimiento. “El recién estrenado programa ‘Tech Club’ refuerza nuestra apuesta por ofrecer espacios de calidad, mentorización especializada y servicios avanzados que hasta ahora no existían de forma estructurada”, detalla a modo ejemplo.

Por último, asegura que este innovador espacio está generando ‘marca ciudad’. “Santander empieza a ser reconocida como ciudad tecnológica, no solo turística. ‘Las Tardes de Ametic’, con la participación de setenta profesionales del sector digital nacional; o eventos de comunidades tecnológicas como Google Developers, Power Platform o Coders Cantabria, nos sitúan en el radar”.

Por todo ello, la concejala de Empleo no duda en mostrar su satisfacción por haber impulsado un modelo de formación con compromiso de contratación, de espacios profesionales para emprendedores y de networking que, además de general valor real, funciona para retener talento y conseguir atraer empresas tecnológicas a la ciudad.

El emprendimiento, en el centro

Sobre talento, tecnología y emprendimiento, las tres razones de ser del Centro de Iniciativas Empresariales, Gómez-Barreda no duda en priorizar este último objetivo. “El emprendimiento es la base sobre la que se sostienen las otras dos”, razona al tiempo que apunta la necesidad de digitalizarse del tejido empresarial tradicional. “Nuestro deseo es crear un círculo virtuoso en el que formar talento adaptado a las necesidades reales de las empresas para que éstas contraten y crezcan aquí y generar en consecuencia un ecosistema atractivo para nuevos emprendedores tecnológicos”, precisa.

En este sentido, reconoce que, además de tener una idea innovadora, para llevar el emprendimiento a buen puerto se necesita un plan de negocio sólido, habilidades personales, conocimiento de mercado y financiación, aunque advierte que el dinero no es lo más importante, al menos en las fases iniciales. “De hecho, muchos proyectos fracasan no por falta de dinero, sino por algunas de las otras cuestiones, ya sea falta de validación, de equipo o de conocimiento del mercado”, clarifica. Así, ahonda que en el CIE se trabaja con metodología ‘lean startup’: “Primero valida tu idea con el mínimo coste, después construye tu producto y, solo entonces, busca financiación para escalar”.

Presentación de la edición número 13 de Coworking, programa de la EOI y el Ayuntamiento de Santander para la mentorización de proyectos de emprendimiento. Foto: Nacho Cubero.

En este análisis, Gómez-Barreda especifica que los 25 emprendedores del programa Coworking Santander no han recibido dinero, sino algo que considera más valioso: mentorización de calidad, espacio profesional sin costes y metodología probada para evitar los errores típicos, y que de los 18 proyectos finalmente seleccionados, varios de los cuales –puntualiza– están facturando sin haber necesitado inversión externa.

Según prosigue, una vez el proyecto está validado, y solo entonces, desde el CIE les ayudan a acceder a rondas de inversiones con la Fundación Innovación y Desarrollo (Fidban) una organización que ofrece alternativas de financiación a proyectos empresariales relacionados con la innovación, las tecnologías y el I+D+i a través de inversores privados que aportarán sus recursos, su experiencia, sus conocimientos y sus contactos (business angels)–, subvenciones públicas, fondos europeos o microcréditos de entidades bancarias para impulsar el emprendimiento y las startups.

De otro lado, admite que desde el ámbito municipal poco se puede hacer para reducir la excesiva burocracia o la inseguridad fiscal, dos de los frenos más importantes para el emprendimiento en España, según recogen varios estudios. Para compensar esa complejidad y a la espera de que lleguen las reformas estructurales en fiscalidad que permitan menores cargas en los primeros años o una simplificación del IVA para digitales, entre otros aspectos, y también en burocracia con la ventanilla única real o procedimientos digitalizados, la concejala de Empleo asegura que desde el CIE “acompañan” a los emprendedores para que pueda destinar “todo su tiempo, esfuerzo e ilusión” a desarrollar su proyecto.

Un acompañamiento que se concreta en asesoramiento para elegir la forma jurídica más adecuada a cada proyecto; en orientación sobre regímenes fiscales, deducciones aplicables y obligaciones contables, así como en materia de contratación, bonificaciones, convenios a aplicar o de propiedad industrial y patentes; y en la tramitación de subvenciones un servicio que Gómez-Barreda considera “crítico” porque, como reconoce, “las ayudas existen, pero el laberinto administrativo hace que muchos emprendedores no accedan a ellas”.

Claves para retener el talento

En cuanto a la retención del talento, esta responsable municipal explica que conseguirlo requiere de la combinación de tres aspectos: oportunidades profesionales de calidad, calidad de vida y ecosistema dinámico. “Y Santander cuenta con ventajas competitivas claras en los dos primeros”, apunta. Así, razona que las oportunidades profesionales se han multiplicado con la apertura del CIE. “Es el factor crítico en el que más hemos avanzado al poder ofrecer empleo tecnológico de calidad, proyección de carrera y emprendimiento viable”.

En calidad de vida, por su parte, no duda en afirmar que Santander es una referencia por tratarse de una ciudad de tamaño “humano”, contar con un entorno “privilegiado”, un coste de vida “más bajo” que el de las grandes capitales y “buenos” niveles de seguridad, además de servicios de “calidad” y una oferta cultural “creciente”. Por último, expone que el ecosistema dinámico es lo que se está construyendo con este centro mediante la creación de una comunidad profesional, networking de calidad y una cada vez mayor masa crítica: “Pero necesitamos más. Más empresas tractoras tecnológicas que ofrezcan proyectos de nivel internacional. Una conexión más fuerte con la Universidad de Cantabria para que los graduados vean oportunidades reales aquí. Salarios competitivos para retener el talento digital, y comunicar los casos de éxito para conseguir mayor visibilidad. Y el CIE es la pieza que faltaba en este puzle”, desglosa.

Para convertirse en una referencia tecnológica en el norte de España y tener un ecosistema vibrante que genere empleo de calidad, Gómez-Barreda reconoce que es necesario mantener el esfuerzo durante años para consolidar la marca, así como profundizar en la atracción activa de empresas tecnológicas mediante políticas fiscales favorables, la creación de suelo industrial adaptado y de servicios de atracción de inversión. Además, también apunta la necesidad de asistir a eventos internacionales y atraer congresos tecnológicos y de “escalar” el CIE, que es “un primer paso excelente, pero necesitamos más espacios”.

En la última etapa de su mandato al frente de Empleo, Emprendimiento y Desarrollo Empresarial antes de las próximas elecciones municipales de 2027, la concejala sostiene que aún quedan por delante muchos meses intensos de trabajo y varios proyectos estratégicos que apuntalar. Entre ellos, cita en primer lugar la consolidación del CIE como referente permanente. “Debe ser una infraestructura que trascienda gobiernos y que funcione a pleno rendimiento”, enfatiza.

“Hay que diversificar la financiación maximizando la captación de fondos europeos y reforzando la esponsorización privada de eventos y programas o la firma de convenios estatales con universidades y empresas”, Chabela Gómez-Barreda, concejala de Empleo, Emprendimiento y Desarrollo Empresarial de Santander.

Un desafío para el que reclama ante todo su sostenibilidad financiera más allá de presupuestos municipales. “Hay que diversificar la financiación maximizando la captación de fondos europeos y reforzando la esponsorización privada de eventos y programas o la firma de convenios estatales con universidades y empresas”, reseña. Asimismo, avanza su intención de lanzar un programa específico para mujeres en tecnología que permita aumentar la presencia femenina en un sector en el que, según lamenta, actualmente apenas uno de cada cuatro profesionales tecnológicos son mujeres. Y, finalmente, apunta a la celebración el próximo otoño, coincidiendo con el segundo aniversario del centro, de la primera edición de un evento propio que sitúe a Santander en el calendario tecnológico nacional.

En su opinión, el CIE es mucho más que un edificio o un conjunto de programas: “Es una apuesta estratégica por el futuro de Santander donde el talento quiere quedarse, donde emprender es viable y donde la tecnología genera empleo de calidad. Hemos demostrado en catorce meses que funciona. Ahora toca consolidar, escalar y convertirlo en algo permanente”, cierra.

A lo largo de una carrera profesional que se prolongó casi cuatro décadas, Juan Antonio Mazo dio testimonio con su cámara de los grandes acontecimientos y de los eventos más pequeños, con un sello personal muy reconocible: buscar la cotidianidad en el pequeño detalle. Meticuloso a la hora de guardar los negativos y documentar cada toma, el fotógrafo dejó no menos de 200.000 instantáneas en blanco y negro y otras 30.000 en color que, todas ellas perfectamente catalogadas y ya digitalizadas por su hijo Cacho, componen el Archivo Foto Mazo. Una vez puesto a salvo ese legado, el objetivo es divulgar unas imágenes que ofrecen una mirada diferente y cercana sobre la historia de Santander y de Cantabria.

Juan Carlos Arrondo | Enero 2026

Susan Sontag, en su célebre libro de ensayos ‘Sobre la fotografía’, afirma que “las fotografías, que almacenan el mundo, parecen incitar al almacenamiento”. En el caso de Juan Antonio Mazo, fotógrafo que durante casi cuatro décadas capturó en imágenes desde grandes acontecimientos políticos, sociales o deportivos hasta pequeños detalles de la vida cotidiana, sería más preciso sustituir el verbo ‘almacenar’ por ‘archivar’. Además de su talento como reportero gráfico, que dotó de un enfoque personal muy reconocible cada una de las decenas de miles de instantáneas que componen su obra, hay una trazabilidad, fruto de un rigor profesional que le llevó a anotar la fecha y las circunstancias de todas ellas y a referenciar en estricto orden cada negativo, cada rollo que fue guardando a lo largo de su carrera. Recogiendo ese espíritu del trabajo escrupulosamente organizado, sus hijos tratan hoy de asegurar la conservación de dicho legado, a la vez que ponen en marcha el Archivo Foto Mazo con el objetivo de abrir a la sociedad este patrimonio cultural.

Nacido en 1925, la trayectoria de Juan Antonio Mazo abarca desde 1947 hasta 1982. No se sabe exactamente por qué, cumplido el servicio militar y finalizados sus estudios, empezó a interesarse por captar en imágenes la cotidianeidad de Santander. “Por afición o por la circunstancia que fuera consiguió una cámara y sacó un permiso, el registro en el Gobierno Civil, para poder hacer fotografías con ella en la calle”, explica su hijo, Cacho Mazo. Aclara que a finales de los años cuarenta, junto a los que prestaban sus servicios a la prensa, los profesionales generalmente se dedicaban a la fotografía de galería y en menor medida a la denominada ‘del minuto’, hecha en lugares públicos con un tipo de máquina fija que permitía revelar las fotos al instante. “Fue de los primeros que, ya con una cámara portátil, salió a la calle y empezó a reflejar momentos sociales de toda índole en la ciudad. Se hizo visible y hoy en día hay muy pocas casas que no tengan una foto suya”.

La naturaleza de su trabajo fue muy variada a lo largo de su carrera. A la hora de la comida y de la cena acudía diariamente a varios restaurantes santanderinos donde ofrecía sus servicios a los comensales y también se ocupaba de los encargos que recibía para inmortalizar eventos familiares, institucionales o de otro tipo. Todo ello compatibilizándolo con sus colaboraciones en prensa, nunca como asalariado, como destaca su hija, Mercedes Mazo, a pesar de que no le faltaran ofertas para contratarle: “Incluso en la época en que el fotógrafo de ‘El Diario’ estuvo una larga temporada de baja, les decía que no, que él era autónomo, que les pasaba las facturas sobre sus fotos y se acabó. Siempre quiso ser independiente y lo consiguió”. Apunta que tampoco se dedicó a la fotografía de estudio, algo que confirma una anécdota familiar: “Recuerdo haberle preguntado cómo es que a mí me había hecho la foto de la comunión Ángel de la Hoz y él me respondió: no te equivoques, yo soy reportero gráfico”.

Mercedes y Cacho Mazo, hijos del fotógrafo santanderino. Foto: Nacho Cubero.

Por libre o por encargo de algún periódico, acudía a todo tipo de acontecimientos públicos, ya fueran deportivos, sociales o culturales, en Santander o en cualquier otro lugar de España donde pudiera estar la noticia. “Tenía olfato para saber lo que había, dónde, quién iba a ir y quién no”, señala Mercedes Mazo. Su hermano recuerda que cubría frecuentemente los partidos del Racing y la cantidad de desplazamientos que durante los sesenta sirvieron para organizar un viaje familiar: “Se lo ofrecía a los periódicos. Les decía, me voy a Zaragoza, o a Gijón, o a Orense… Íbamos al partido, hacía las fotos, al día siguiente las revelaba y las entregaba”. Sería imposible citar todos los medios que publicaron sus fotografías: con mayor regularidad o esporádicamente, desde la ‘Hoja del Lunes’, ‘Alerta’, ‘El Diario Montañés’, la ‘Gaceta del Norte’, ‘Dicen’, ‘Pueblo’, ‘Ya’, ‘Informaciones’, ‘ABC’ hasta innumerables cabeceras provinciales llevaron alguna vez una instantánea suya en sus páginas. “Colaboró con todos: prensa local, nacional, de deportes. Con todos”, subraya Cacho Mazo.

Muchas de esas colaboraciones para medios de otras provincias estaban relacionadas con eventos como el Festival Internacional de Santander o actos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, visitas de autoridades con motivo de alguna inauguración o de celebridades en algún restaurante local. En 1965 y 1966, la Cámara de Comercio organizó un par de ediciones de lo que denominó ‘quincena comercial’. La Plaza Porticada abarrotada ante una gran tómbola donde se sorteaba de todo, lavadoras, televisores, incluso vacas, y algunos famosos, como Fernando Fernán Gómez, Joaquín Prat o Carmen Sevilla, entre otros, dejándose ver por diferentes establecimientos para promocionar el consumo. Todo esto también lo documentó Mazo al detalle. “Tenemos rollos y rollos de aquellas quincenas comerciales, que eran impresionantes y muy imaginativas”, indica Mercedes, que llama la atención sobre la calidad de todos estos trabajos que realizó su padre: “Es digno de estudio cómo concebía el reportaje gráfico, cómo se centra en lo que está sucediendo, pero no sólo en eso, sino en todo el contexto”.

Cabe preguntarse cómo podía conseguir capturar el ambiente de cada momento del modo en que lo hacía, algo que, a juicio de sus hijos, hace su obra muy reconocible. Mercedes Mazo lo define como “fotografías en movimiento. Cada una, por sí sola, te cuenta una historia”. Para su hermano Cacho, la explicación está en el detalle: “Todo lo que es lateral es relevante y lo relevante quizás sean las cosas más sencillas. Él siempre decía que lo grande lo hace cualquiera, lo complicado es hacer lo sencillo”. Y hace hincapié en ese gusto que le acompañó siempre, en cualquier contexto, por documentar escenas de la vida cotidiana: “El archivo de nuestro padre está repleto de imágenes que no son, en absoluto, el objetivo del reportaje. Ves que ha ido a hacer un banquete de alto postín en un hotel, pero, de repente, se va a la cocina y saca al camarero, vestido de chaqué, bailando con la cocinera. O al botones en la puerta junto a un coche de lujo”.

“Era riguroso hasta límites insospechados. Decía una frase: ‘cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa’”. Mercedes Mazo, hija del fotógrafo

Además de sus rasgos distintivos como fotógrafo, su olfato periodístico o su enfoque social y artístico, hay otra característica de su trabajo que hace que su legado pueda ir más allá de una enorme recopilación de imágenes de calidad. “Era riguroso hasta límites insospechados. Decía una frase: ‘cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa’. Y ahora, cuando Cacho ha hecho su modelo de orden con la digitalización, ha seguido la misma estructura que nuestro padre, su metodología a la hora de la conservación, etc”, describe Mercedes Mazo. Fruto de ese rigor, cada vez que tomaba una fotografía aseguraba la trazabilidad mediante su registro e identificación y conservaba cada rollo con un minucioso sistema de organización. De esta forma, todas esas imágenes contienen algo más que la captura de un instante y es la información del contexto en que fueron hechas. “Por eso creemos que es importante que se sepa que no estamos hablando de una colección, es un archivo. El Archivo Foto Mazo”.

Salvar el archivo

Como primer objetivo, los hermanos Mazo estimaron necesario salvaguardar el archivo, por lo que era necesario digitalizar las aproximadamente doscientas mil fotografías en blanco y negro que incluye. Gracias a la colaboración de la Consejería de Industria, en 2007 pudieron procesar mediante maquinaria especializada una tanda de cincuenta mil. Después, adquiriendo de forma autodidacta los conocimientos técnicos necesarios, Cacho ha ido digitalizando una por una las restantes. “Ha sido muy laborioso, pero, con mis posibilidades, el rendimiento ha sido máximo porque lo he logrado en un año. Viendo los resultados, he conseguido que la captura sea de una fidelidad mayor que las que se hicieron con máquinas industriales”. Su próximo paso será repasar manualmente todo lo que se hizo industrialmente, mientras, debido a su complejidad, queda en suspenso el futuro de las algo más de treinta mil imágenes en color de que disponen. “La degradación de los negativos de color es tremenda y dos fotos en el mismo sitio, la misma luz, con todo igual, tienen un envejecimiento distinto. Ya veremos lo que hacemos”.

Aunque el archivo nunca ha estado totalmente parado, pues han sido muchas las colaboraciones de imágenes que ha atendido desde hace años, es ahora cuando cobra un nuevo impulso. Con las copias de seguridad digitales cubriendo posibles riesgos de pérdida física, toca seguir dando pasos según el método de trabajo establecido. “La primera parte ya está y ahora sigue la estrategia de dinamización. Queremos darle un soporte legal, que nos gustaría hacerlo por medio de una asociación, y también conseguir que tenga un reconocimiento cultural”, resume Cacho Mazo. En pleno proceso de divulgación, Mercedes recalca la importancia que puede tener, no solo para el disfrute de quienes se acercan a las presentaciones que están realizando, sino también en las posibilidades de investigar sobre todo aquello que durante cuarenta años fotografió su padre: “Desde 2007 estamos en contacto con la Universidad de Cantabria para lo que quiera. Ahora se le ha dicho a la nueva rectora que el archivo está ahí para quien quiera disponer de él”.

Una visitante contempla las fotos de la muestra organizada por la Fundación Bruno Alonso en noviembre. Foto: Nacho Cubero.

Mercedes Mazo advierte sobre el alcance limitado que tienen las exposiciones: “¿Quién decide qué fotos se seleccionan y por qué esas y no otras?”. Reconoce que hay técnicos en la materia con esa capacidad, pero remite a los más de seiscientos mil impactos en la web ‘El Tomavistas’ de una que ella misma les envió y que probablemente no hubiera pasado el filtro experto. “¿Por qué ese impacto? Porque se ve la [sala de fiestas] ‘Belle Epoque’ y hay un recuerdo entre quienes vivieron aquella época que es lo que lo genera”. La conclusión es que debe tenerse en cuenta también ese componente emocional, algo que incide aún más en la necesidad de una apertura pública del archivo, que por ahora plantea algunas dudas legales. Si bien tienen los derechos sobre la obra del padre, su hija confirma que están consultando qué es exactamente lo que pueden publicar: “Es decir, esa foto que está pedida como un trabajo, de una familia en la calle o de una boda en un salón, ¿es pública o es privada?”.

La implementación de una herramienta en línea que permita al gran público acceder al archivo aún parece algo lejana, lo cual no preocupa a Cacho Mazo, que ahora contempla otras prioridades: “De momento, nos damos por satisfechos con esta faceta de dinamizarlo y en el futuro ya veremos”. Es consciente de las dificultades con las que suelen encontrarse grandes instituciones en casos análogos y esto reafirma la sensación de que su trabajo para visibilizarlo circula por el camino correcto. “En nuestro foro interno, Mercedes y yo podemos pensar que nos mueve una pasión de hijos, pero vemos que los apoyos se multiplican en cuanto hacemos lo más mínimo”. Aunque no le gusta tener que estar pidiendo ayuda, porque considera que están haciendo lo que les gusta y tampoco quieren perder su independencia, sabe de las exigencias económicas del proyecto y lanza la idea de acompañarles con su mecenazgo a entidades que quieran sumarse: “Entendemos que es un bien de un impacto social brutal y creemos que a las empresas les interesará aprovechar esa proyección”.

En un año creen que podrán dar por concluida la digitalización y completar la salvaguarda digital, también están pendientes de decidir el futuro del archivo físico, compuesto por un material bastante vulnerable al deterioro. “Se trata, sobre todo, de dónde protegerlo, no puede estar en cualquier lado. Ya tenemos una oferta y veremos si hay otras”, revela Mercedes Mazo. Como perspectiva de futuro, su hermano Cacho sostiene que, dado su impacto y repercusión, el Archivo Foto Mazo debería estar presente en recursos culturales, tanto en Santander y Cantabria como a nivel nacional. También sugiere que, mediante instrumentos como la inteligencia artificial y, en general, las nuevas tecnologías, se abren grandes oportunidades para que el archivo digital pueda proyectarse a las nuevas generaciones: “Queremos ser referentes con la dinamización que estamos haciendo. Estamos preparados para los retos que vengan y por eso es perfecta esa foto que hemos seleccionado como imagen ‘corporativa’ en la que nuestro padre está subido a una escalera mirando el horizonte”.

El software para automatización industrial de Manfacter, la cosmética natural de Banbú y la tecnología de control de intrusos de Panssari convierten a estas ‘startups’ cántabras en las ganadoras de los primeros premios en los galardones que reconocen las mejores iniciativas entre las que participan en el Programa para la Creación y Escalado de Empresas Innovadoras de Base Tecnológica (EIBTs) de Sodercan.

Soluciones digitales para mejorar la seguridad, entendida esta en su concepción más amplia, ingeniería para los sectores de mayores requerimientos, aplicación práctica de la inteligencia artificial y automatización de procesos industriales, pero también el mecanizado de precisión, la cosmética sostenible o el monitoreo del ganado. El detalle de los proyectos que han completado el Programa para la Creación y Escalado de Empresas Innovadoras de Base Tecnológica da cuenta del amplísimo campo de actuación al que puede dar lugar el enunciado de esta iniciativa, que cerró la edición correspondiente a este año con la entrega de los premios que reconocen a los mejores entre los participantes. Manfacter, que desarrolla software para la automatización industrial, Banbú, que fabrica productos cosméticos sin utilizar plásticos y minimizando el consumo de agua, y Panssari, que ofrece tecnología inteligente para seguridad y control de intrusos, han sido los ganadores respectivos del primer, segundo y tercer premio en una convocatoria que ha entregado además siete accésits entre el total de 44 empresas que se han presentado a esta última edición.

Estructurado en tres fases ­–formación, mentoring individual y premios para los proyectos con mayor proyección–, el Programa para la Creación y Escalado de Empresas Innovadoras de Base Tecnológica (EIBTs) forma parte de la Agenda Digital de Cantabria y del Plan de Apoyo al Empleo Autónomo, y ofrece el marco y los instrumentos con los que Sodercan apoya, acompaña y reconoce las mejores iniciativas de emprendimiento en un ámbito fundamental no solo para la competitividad de las empresas que pueden beneficiarse directamente de este plan, sino también para los clientes que pueden utilizar los productos o servicios que ofrecen.

Ecosistema emprendedor

“Este programa demuestra que Cantabria tiene una cantera innovadora sólida y un ecosistema emprendedor cada vez más preparado para competir en mercados nacionales e internacionales”, subrayó Eduardo Arasti, consejero de Industria, Empleo, Innovación y Comercio, durante el acto de entrega de premios, en el que detalló algunas cifras para explicar el salto adelante dado en los dos últimos años: en ese tiempo, explicó, el Gobierno de Cantabria ha duplicado su inversión en I+D+i vía presupuestos, pasando de 38 millones en 2023 a 79 millones en 2025, escalando diez posiciones en el ranking europeo de innovación. Si atendemos el total de la inversión en innovación, incluyendo lo destinado a esta partida por empresas, universidades o centros de investigación, el gasto de I+D+i en Cantabria creció en 2024, por encima de la media, según los datos del INE. “Nuestro objetivo es convertir Cantabria en una región capaz de generar y retener proyectos de alto valor añadido”, resumió.

Los participantes en el programa, que forma parte del proyecto TECH FABLAB, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia financiado con fondos europeos Next Generation EU, han completado un itinerario que se inicia con talleres de formación grupales en los que se analizan las cuestiones básicas para crear un negocio y las competencias clave para emprender con éxito en el ámbito de las ‘startups’, en materias como el liderazgo, la estrategia y desarrollo de negocio, las finanzas, el marketing o la comunicación.

En una segunda etapa, los emprendedores acceden a una mentorización personalizada, dirigida a prestar orientación y asistencia especializada para elaborar, complementar o perfeccionar el plan de negocio del proyecto. La adjudicación de los premios a las mejores iniciativas culmina la tercera fase de un programa que se cierra formalmente con el acto de entrega de esos reconocimientos, dotados con 30.000, 25.000 y 20.000 euros a los tres primeros, y con otros 10.000 para cada uno de los siete accésits.

Completan el palmarés BoloTrack Technology, Valientes, Phytobatea, Takumi Parts, Deduce Data Solutions, Envisad e Idresa Services

Los proyectos que completan el palmarés de esta última edición son los presentados por las ‘startups’ BoloTrack Technology, Valientes, Phytobatea, Takumi Parts, Deduce Data Solutions, Envisad e Idresa Services. La primera ha creado un sistema para monitorizar internamente al ganado, mejorando con ello la salud, bienestar y rendimiento de los animales. Valientes ha diseñado una solución digital para la prevención y detección temprana del acoso escolar, Phytobatea depura de forma natural el agua usando plataformas de plantas, Takumi Parts hace mecanizado de precisión para fabricar piezas técnicas en pequeñas series y Deduce Data Solutions aplica la inteligencia artificial para la optimización de procesos y decisiones en los sectores de la industria y la logística. Envisad, por su parte, ofrece monitorización avanzada de la calidad del agua y ecosistemas, en tanto que Idresa presta servicios de ingeniería de alta tecnología para la ciencia, la industria aeroespacial y el sector nuclear.

Durante la última fase del programa, los diez finalistas seleccionados tras su paso por las dos anteriores –los tres premiados y los siete accésits– presentaron sus propuestas ante un jurado formado por representantes de Sodercan y de la Consejería de Industria, Universidad de Cantabria, CEOE y Cámaras de Comercio de Cantabria y Torrelavega. Además de la dotación económica, los proyectos premiados recibirán acompañamiento y apoyo para presentarse ante redes de inversores y entidades de financiación.

El Programa para la Creación y Escalado de Empresas Innovadoras de Base Tecnológica tiene ya convocada una nueva edición, La presentación de candidaturas estará abierta hasta el 26 de enero a través de la web https://ayudas.sodercan.es.