El sector industrial cántabro mantiene actividad y capacidad tecnológica, pero afronta una combinación de retos estructurales como la falta de perfiles, la presión regulatoria, el encarecimiento energético y la competencia internacional en un contexto de transformación acelerada.
Ana Bringas | Julio 2026
En los pasillos de muchas empresas industriales cántabras hay una frase que se repite cada vez más: “no encontramos perfiles”. Al mismo tiempo, muchos de los profesionales formados en la región trabajan ya en Madrid, País Vasco, Navarra, Cataluña o incluso en países como Holanda, Alemania o Reino Unido. La fuga de talento es uno de los grandes diagnósticos que comparte hoy la industria cántabra, junto al temor a una progresiva desindustrialización -especialmente en sectores como la automoción- y al desafío de competir en un mercado cada vez más globalizado e incierto.
Las guerras comerciales, el encarecimiento de la energía, la dependencia de Asia, las decisiones regulatorias europeas o la presión de países emergentes como Marruecos también forman parte de las conversaciones en las fábricas cántabras.
Pese a ello, el tejido industrial de la región mantiene carga de trabajo, capacidad tecnológica y oportunidades de crecimiento en ámbitos como la economía azul, la movilidad o la electrificación. El problema –al menos uno de ellos según sostienen empresarios y representantes sectoriales– no es la falta de actividad, sino la dificultad para crecer: faltan trabajadores especializados, suelo industrial, conexiones y capacidad para retener el talento que sale de las universidades y centros de formación de Cantabria.

Iñaki Calvo, presidente del clúster GIRA, que agrupa a fabricantes cántabros de componentes de automoción. Foto: Nacho Cubero.
Del último Boletín de Industria publicado por el Instituto Cántabro de Estadística (Icane) se desprende que la comunidad ha pasado de 2.054 empresas industriales en 2021 a 1.820 en 2025, una caída que apunta a una progresiva pérdida de peso industrial en la región. Sin embargo, el empleo asalariado del sector se mantiene relativamente estable, lo que evidencia que la industria que permanece es más especializada, tecnificada y resistente.
Así, en automoción, Iñaki Calvo, presidente de GIRA Cantabria Mobility Solutions –clúster que agrupa a los fabricantes cántabros de componentes para el automóvil– y director general de la fábrica de SEG Automotive en Treto, advierte de un proceso de “desindustrialización” que, a su juicio, no afecta solo a Cantabria, sino al conjunto de España y Europa. El directivo vincula la pérdida de peso industrial y los recientes ERE en grandes empresas –como el caso de Bridgestone, así como otros expedientes de regulación de empleo en fábricas de distintos sectores como Nestlé– con un entorno político y regulatorio que considera poco favorable para la industria y la inversión. “Las empresas generan riqueza y bienestar, pero se las está lastrando desde el punto de vista impositivo y regulatorio. Para el Gobierno central es como si estuvieran malditas», sentencia. Calvo sitúa además a la automoción europea en un momento de transformación profunda, marcado por la caída de la fabricación de vehículos en el continente, la presión de países emergentes como Marruecos y la creciente entrada de fabricantes chinos en el viejo continente. “Europa está sufriendo”, resume. En su análisis, la irrupción de los grupos chinos en el mercado europeo ha sido una de las principales sorpresas del sector en los últimos años. Explica que llegaron a Europa por países del Este, como Hungría, y ahora están instalándose en España, donde ya se están consolidando distintos movimientos industriales.
Entre los ejemplos recientes cita la entrada de Chery en la Zona Franca de Barcelona –antigua planta de Nissan– para la producción de la marca Ebro; la constitución en Linares de un hub multimarca con firmas como Dongfeng; las negociaciones en Valencia entre Ford y el grupo Geely para una posible línea de montaje; o la entrada de Leapmotor en instalaciones de Stellantis en Zaragoza. Un conjunto de operaciones que, según el directivo, muestran cómo los fabricantes tes chinos están utilizando España como puerta de entrada a Europa y pueden contribuir a amortiguar la caída de producción en el continente. “Hay que colaborar con los chinos”, defiende.
En el caso de Cantabria, recuerda que no se fabrican vehículos, pero sí componentes industriales vinculados a la automoción. “Estamos manteniendo el tipo”, señala. “Como presidente de GIRA te diría que estamos sobreviviendo”, continúa diciendo en su balance de un sector en plena reconfiguración internacional.
En las políticas industriales europeas, Calvo es especialmente crítico con la orientación regulatoria de Bruselas, a la que acusa de falta de realismo en sus decisiones. “Las políticas para la industria de automoción vuelven loco al consumidor final y están desalineadas con la realidad”. En su opinión, una parte del problema reside en que las instituciones comunitarias no siempre evalúan el impacto industrial de sus decisiones. Como ejemplo, cita el anuncio del fin del motor de combustión en 2035, una medida que –según explica– provocó una reacción inmediata en el sector de la automoción europeo, con inversiones millonarias orientadas a la electrificación. Sin embargo, advierte de que no se tuvo en cuenta la dependencia exterior de materias primas necesarias para la fabricación de baterías. A ello se suma, añade, la falta de una infraestructura eléctrica suficientemente desarrollada en muchos países europeos, lo que a su juicio cuestiona la viabilidad de la transición en los plazos inicialmente previstos. “El coche eléctrico evidentemente tiene futuro, no hay que negarlo, pero el cambio tiene que ser diferente”.

Juan Luis Sánchez, presidente del Clúster Marítimo de Cantabria (MarCa). Foto: Nacho Cubero.
En relación con el papel de la Administración, Juan Luis Sánchez, director de Astander y presidente del Clúster MarCA, que agrupa a empresas relacionadas con la construcción naval, reclama un carácter más facilitador para reforzar la competitividad industrial de Cantabria. A su juicio, la prioridad pasa por simplificar trámites y reducir las barreras que dificultan la instalación de empresas en la región. “La Administración lo que tiene que hacer es facilitar primero, simplificar los procedimientos para que las industrias se puedan instalar en Cantabria y no se instalen en otras comunidades vecinas», señala. En esa línea, subraya la necesidad de disponer de suelo industrial suficiente, a precios competitivos y con disponibilidad real para el crecimiento empresarial. Sánchez apunta también a los costes energéticos y al acceso a la red como factores determinantes. “Que la energía sea fácilmente accesible y a un precio adecuado”, resume, advirtiendo además de la importancia de las infraestructuras de conexión para aprovechar la producción energética. “Se puede producir energía, pero si no tenemos redes es difícil”, afirma.
Volviendo a la ralentización del proceso de electrificación, Iñaki Calvo incide en que este contexto está teniendo un impacto directo y positivo en determinados actores de la industria auxiliar europea. En el caso de SEG Automotive, empresa especializada en soluciones de hibridación, sostiene que esta transición más gradual ha sido positiva: “Nos ha venido muy bien. Ahora mismo estamos creciendo», destacando que la compañía cuenta por primera vez en siete años con trabajadores eventuales y que prevé cerrar el ejercicio cerca de sus máximos históricos de facturación. “Para un proveedor de automoción como nosotros, tener garantizado el 2026 y el 2027 casi completo ahora mismo es una ilusión”, señala.
El contexto
Las tensiones geopolíticas también están poniendo a prueba a la industria auxiliar de la automoción. Iñaki Calvo recuerda que empresas como SEG Automotive dependen en gran medida de proveedores asiáticos para mantener su competitividad. “Para ser competitiva una empresa como esta de componentes tienes que tener bastante de la red de proveedores en China y en Asia-Pacífico”, manifiesta.
Esa dependencia se ha hecho especialmente visible en los últimos años. El cierre del canal de Suez a finales de 2024 elevó los tiempos de tránsito marítimo de unos 45 días a más de dos meses, encareciendo los costes logísticos y complicando la planificación de las empresas. A ello se suman los efectos de la guerra de Ucrania sobre la energía y la inestabilidad en Oriente Medio, que mantiene la presión sobre el transporte internacional. “Hay un riesgo claro para nosotros”, resume Calvo, que señala tanto el aumento del coste de los fletes como la prolongación de las rutas comerciales de 40-45 días de media, a 65 o 70 días. Un escenario que, además, influye en el comportamiento del consumidor y añade incertidumbre a la evolución del mercado automovilístico.
En este punto, Juan Luis Sánchez matiza el alcance de estas tensiones sobre el sector marítimo y relativiza su impacto directo en las empresas de construcción naval de Cantabria. “No nos está afectando en gran medida ahora al sector marítimo. Estamos lejos, afortunadamente, del estrecho de Ormuz y nuestra zona de influencia está más en Europa y América”, señala. En su análisis, el efecto de la inestabilidad internacional se percibe de forma más indirecta que inmediata.
Sin embargo, reconoce que sí existen impactos relevantes a través del encarecimiento de la energía y de las materias primas. “El 90% del consumo mundial se transporta por barco y, cuando suben los fletes, terminan subiendo los precios”, señala. A su juicio, este incremento de costes está repercutiendo en los materiales que utiliza la industria, obligando a las empresas a trasladar parte del sobrecoste a sus clientes o, en caso contrario, asumir una reducción de márgenes.
“El sector marítimo, como parte muy importante de la economía azul, está creciendo año tras año. Podemos decir que se encuentra en muy buena situación”. Juan Luis Sánchez, presidente de MarCA
Sánchez considera que las medidas adoptadas hasta ahora no han logrado contener el impacto de la crisis energética sobre la industria. “Han valido para muy poco, porque tanto los combustibles como la electricidad han seguido subiendo”, afirma. El presidente de MarCA añade que las consecuencias de la inestabilidad internacional no han sido iguales para todas las empresas. Aquellas con actividad en mercados directamente afectados por los conflictos sufrieron interrupciones y retrasos, especialmente en los primeros meses. “Al principio hubo un parón productivo importante; ahora la situación ha ido normalizándose”, explica. En su valoración general, subraya el buen momento que atraviesa el conjunto de la industria marítima: “El sector marítimo, como parte muy importante de la economía azul, está creciendo año tras año. Podemos decir que se encuentra en muy buena situación”, afirma.
El también director de Astander recuerda que se trata de un sector amplio y transversal, compuesto por múltiples actividades. Entre ellas, sobresale la construcción y reparación naval, con unos astilleros que, según afirma, cuentan con una carga de trabajo “tremenda”, de la mejor que han tenido desde hace años, y que se trata además de una carga estable. Asimismo, señala la evolución de los puertos, que mantienen una tendencia de crecimiento continuado: “Siguen creciendo año tras año y las perspectivas para este año son de mejores resultados, con más toneladas de movimiento”.
A ello se suma la industria auxiliar marítima, que presta servicio a astilleros y puertos y mantiene una importante carga de trabajo. Además, destaca el papel del turismo vinculado al mar. “Cada año recibimos más turistas y los deportes náuticos tienen más actividad”, celebra.
En conjunto, Sánchez resume la situación con una valoración positiva: “El sector marítimo tiene muy buena salud y muy buena carga de trabajo y se espera que este año y el que viene al menos se mantenga este ritmo de crecimiento”.

Andrés García Fuentes, director técnico comercial y portavoz del consorcio Santander Global Metal. Foto: Nacho Cubero.
En ese ecosistema industrial se sitúa también el consorcio Santander Global Metal (SGM), integrado por seis empresas cántabras con proyección internacional en sectores como la energía, el transporte o las estructuras metálicas. Su portavoz, Andrés García Fuentes, explica que, al no estar directamente vinculado al ‘oil & gas’, el grupo no ha sufrido de forma directa el impacto de la inestabilidad global, aunque sí nota efectos en los costes. “Ahí hay costes que han crecido, pero no han afectado nuestra dinámica laboral”, señala.
El comportamiento del mercado, añade, se ha vuelto más exigente y centrado en el precio incluso en clientes internacionales. “Tenemos clientes que están orientados mucho a precio… se ha notado que nos han estado apretando por precio”, aclara, en un contexto en el que la actividad ha registrado un leve descenso. Ante ello, el grupo busca reforzar su posicionamiento en segmentos donde prime el valor añadido frente al coste. “Identificar ese mercado en el que no se compita por precio, sino por valor añadido de proyecto”, resume.
El desafío de encontrar y retener talento
Si hay un reto que preocupa de forma transversal a la industria es la falta de profesionales cualificados. Tanto Iñaki Calvo como Juan Luis Sánchez coinciden en señalar las dificultades para encontrar y retener talento en Cantabria, aunque cada uno pone el acento en aspectos distintos de un mismo problema.
Desde el ámbito tecnológico, Calvo destaca que las necesidades de las empresas están cambiando al ritmo de la transformación industrial. “Estamos muy contentos con la gente que sale de la universidad en Cantabria. En los últimos años hemos contratado nueve nuevos ingenieros”, afirma. La demanda, detalla, se concentra cada vez más en perfiles de ‘hardware’, ‘software’ y telecomunicaciones, en un contexto en el que la industria evoluciona hacia procesos más automatizados y productos con mayor componente electrónico.
“Se acabó el puesto de trabajo donde hay que alimentar una pieza, no tiene sentido”. Iñaki Calvo, presidente de GIRA.
En esa adaptación, reivindica además el papel de la formación profesional. A su juicio, la automatización está transformando los puestos de trabajo tradicionales y obliga anticipar las necesidades futuras de las empresas. “Se acabó el puesto de trabajo donde hay que alimentar una pieza, no tiene sentido”, sostiene el presidente de GIRA.
Sánchez comparte la preocupación por la escasez de personal especializado, pero amplía el foco hacia otros factores que, a u juicio, limitan el crecimiento industrial. Entre ellos cita el absentismo laboral, que sitúa entre el 10% y el 11%, y la dificultad para cubrir vacantes en sectores como el marítimo. “La industria podría crecer, pero no puede hacerlo porque le faltan recursos”, resume.
El responsable de Astander vincula además esta situación con la fuga de talento. Aunque reconoce la calidad de la formación universitaria de la región, lamenta que muchos profesionales terminen desarrollando su carrera fuera de Cantabria. “Tenemos unas fantásticas universidades, formamos a la gente y luego se van porque no tienen oportunidad de quedarse aquí”.
El futuro
El futuro del sector se presenta con una visión optimista tanto en la automoción como en la economía azul. Iñaki Calvo destaca el margen de crecimiento que ofrece la actual cartera de pedidos, que garantiza actividad para los próximos ejercicios. “Lo veo con ilusión. Tenemos muchas ideas en esta fábrica. Tenemos casi garantía de tener cubiertos este año y el 2027 y eso nos da oportunidad de pensar en nuevas ideas”, señala.
En ese escenario, apunta a nuevas líneas de diversificación vinculadas a la movilidad eléctrica, mientras el sector afronta el reto de una electrificación cuyo ritmo aún es incierto. “Sabemos que la electrificación viene, la cuestión es a qué velocidad”.
Desde la economía azul, Juan Luis Sánchez comparte el diagnóstico optimista y subraya el potencial de crecimiento en Cantabria, apoyado en el marco regulatorio europeo. “Hay muchísimas posibilidades y creo que deberíamos aprovechar las nuevas reglamentaciones europeas, en concreto las relativas a emisiones y certificaciones, para hacer que las empresas crezcan”, señala. A su juicio, el desarrollo futuro dependerá tanto de la adaptación tecnológica como del refuerzo de las infraestructuras. “Vamos a seguir creciendo durante los próximos dos años. Soy optimista con el sector marítimo”, afirma, aunque advierte de que la competitividad exterior exige mejorar las conexiones: “Podemos fabricar cosas fantásticas en Cantabria, pero si no son fácilmente exportables, no somos competitivos”.
En una visión más prudente del crecimiento industrial, el portavoz del consorcio Santander Global Metal (SGM), Andrés García Fuentes, defiende que la actividad requiere perspectiva de largo plazo. “Esto es una carrera de fondo. No es inmediato. El inmediatismo es complicado”. Por ello, insiste en la importancia de la constancia y el mantenimiento de las relaciones comerciales. “No solo basta sembrar, sino también hay que cuidar el terreno”, resume.
García Fuentes sitúa el crecimiento dentro de límites de sostenibilidad empresarial. “Hay mucha cautela en ese sentido”. En su balance, el grupo se encuentra en una fase de equilibrio entre capacidad y actividad.






























