Raúl Huerta Fernández, el decano más joven de la historia del Colegio Oficial de ingenieros Técnicos Industriales de Cantabria (Coitic), que cuenta con 1.200 colegiados y que durante el pasado ejercicio visó proyectos de presupuesto de ejecución material superior a los 150 millones de euros, repasa en esta entrevista los principales retos de su profesión, reclama situar a la industria en el centro de las políticas públicas y señala a la capacidad eléctrica como el principal desafío estructural del sector industria en la región.
Manuel Casino | Agosto 2026
Pregunta.– Tras su toma de posesión en el Coitic, hace algo más de dos meses, anunció que asumía el mandato con el compromiso de fortalecer la profesión de la ingeniería en la rama industrial, reforzar la presencia institucional y seguir aportando rigor técnico, seguridad y progreso a la sociedad. ¿Por ese orden?
Respuesta.– No, no importa el orden. Son prioridades de una entidad de derecho público como es un colegio profesional. Al final, somos una herramienta para los profesionales de la rama industrial que buscamos reforzar la presencia institucional del colegio y seguir aportando rigor técnico, seguridad y progreso a la sociedad. Tenemos un papel muy importante en la sociedad cántabra como es garantizar el desarrollo industrial en las condiciones de seguridad y sostenibilidad correctas. Para ello, necesitamos estar conectados con los nuevos titulados, con los jóvenes, estar enlazados con la universidad y la Escuela Superior de Ingeniería Industrial y Telecomunicaciones de Cantabria, porque de ahí salen los nuevos profesionales y tiene que haber reposición y profesionales que empiecen a desarrollar las nuevas áreas que ya están ahí. Ya no hablo de inteligencia artificial, sino de gemelos digitales, automatización, robótica… Necesitamos más que nunca profesionales de la industria. Si queremos que Cantabria sea una comunidad donde el producto interior bruto del sector industrial esté por encima de la media nacional y que no siga perdiendo peso frente a otros sectores.
P.– ¿Cree que el peso de la industria en Cantabria está en retroceso, que está perdiendo fuelle?
R.– Bueno, ahí están los indicadores. Cantabria sigue por encima de la media nacional, pero ¿cuánto? Ahora estaremos en el 20 o 21% del PIB regional, cuando hace diez años estábamos cerca del 25%. Es evidente que ha ido perdiendo protagonismo frente a otros sectores, como puede ser el sector servicios y el turístico. En el Coitic creemos que la industria tiene que estar en el centro de las políticas públicas y sobre todo de las del Gobierno de Cantabria, que es quien tiene capacidad para plasmar en sus presupuestos y en sus acciones estratégicas que la industria es el sector que mayor empleo de calidad genera y que mueve otros sectores auxiliares.
P.– ¿Echa de menos una política industrial más clara en Cantabria?
R.– Creo que en Cantabria tiene que haber un pacto entre todos los entes y agentes que tienen algo que decir en el sector: empresas, administración pública, universidades, escuelas de ingeniería y colegios profesionales. Entre todos tienen que marcar una hoja de ruta clara, que no es otra que priorizar las políticas industriales de Cantabria. Prácticamente todos conocemos el diagnóstico, pero poco se hace en cuanto a implementar medidas estructurales para que Cantabria siga siendo un referente industrial y un polo de atracción de inversión. ¿Por qué? Porque tenemos unas condiciones muy buenas. Somos una comunidad pequeña, con mucho talento, con un buen bagaje industrial y con sectores muy importantes en Cantabria, como es por ejemplo la automoción. Es importante que haya un consenso para promover un pacto por la industria en Cantabria que pase del diagnóstico a la acción.

Raúl Huerta Fernández decano-presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Cantabria (Coitic). Foto: Nacho Cubero.
P.– ¿En qué aspectos considera que el colegio tiene más margen de mejora?
R.– Los colegios tienen que estar muy apegados a la sociedad, a la empresa industrial y a la universidad. Ahí es donde nos tenemos que acercar. Lo que ocurre es que las dinámicas de los colegios se han ido un poco alejando de estos tres ámbitos. Pero no podemos olvidar que al final somos una pieza que une universidad con empresa y que garantiza que los profesionales tengan la seguridad y los servicios necesarios para desarrollar su profesión en las mejores condiciones.
P.– En su profesión, coexisten el colegio y una asociación que usted también preside. ¿Dónde está la utilidad de contar con dos organismos que en teoría defienden los mismos intereses y que, además, comparten sede?
R.– Los colegios son entidades reconocidas en la Constitución que tienen unas funciones y unos objetivos concretos. En nuestro caso, todos los colegios de Ingeniería Técnica Industrial de España estamos reunidos en el Consejo General, que a la postre es el máximo interlocutor de los profesionales con la Administración y con la empresa en la redacción de leyes, la defensa de las atribuciones, la adaptación a nuevos nichos de trabajo… Y después está la asociación que es, digamos, un instrumento más acotado a la vida social y cultural del colegio. Ahí radica un poco la diferencia. El colegio ejerce la representatividad institucional de la profesión y la asociación, que nace del propio colegio, está más vinculada a la vida social.
P.– El modelo de las profesiones de ingeniería en España, con dos niveles –técnico y superior– resulta totalmente insólito en el contexto europeo y mundial. ¿Qué se necesita para superar esta singularidad?
R.– No hay una ingeniería superior. Hay una ingeniería y una ingeniería técnica que convergen en el ámbito europeo a partir de Bolonia cuando se crean los grados universitarios y se eliminan lo que era la licenciatura y la ingeniería y la diplomatura y la ingeniería técnica. La idea era que se mantuviesen los grados generalistas o históricos –mecánica, electricidad, química y electrónica y automatización industrial– y que, a partir de ahí, se desarrollaran los másteres de especialización. ¿Qué ha ocurrido? Que ha habido una barra libre y demasiada permisividad para desarrollar grados de todo tipo sin atribuciones. Por lo tanto, alguien que se titula en una ingeniería sin atribuciones, que llamamos coloquialmente grados blancos, como pueden ser las ingenierías de tecnologías industriales y de organización industrial, no puede firmar proyectos. Y lo que no puede permitirse es que estos estudiantes de ingenierías de grado blanco queden descubiertos. Es evidente que existe un excesivo abanico de grados de ingeniería que requiere hacer un diagnóstico y poner orden. Y, a partir de ahí, establecer qué es lo que necesita el tejido productivo y la sociedad. Desde los colegios profesionales de los grados oficiales y con atribuciones reclamamos que se establezca un criterio para que los profesionales que desarrollen cualquier ingeniería tengan, en primer lugar, competencias. Y después, de alguna forma, intentar converger para dar cabida y cobijo a todos esos titulados mediante atribuciones parciales, que es el debate que ahora mismo estamos teniendo en el seno del Consejo General. En definitiva, necesitamos un diagnóstico, orden y una hoja de ruta para intentar normalizar esa situación y que podamos acoger a esos profesionales y que puedan desarrollar sus funciones en las mejores condiciones.
P.– Al hilo de esto, ¿estima necesaria una Ley de la Ingeniería que ordene de forma integral su ejercicio profesional?
R.– Sí, ahora mismo ya existe un borrador. Lo que se plantea es como la Ley de la Edificación u otras leyes que persiguen establecer un orden tras la barra libre que ha habido en cuanto a la acreditación de grados. Creemos que es importante ordenar, regularizar y dejar claro las reglas y el terreno de juego. Y, a partir de ahí, estamos abiertos a un consenso con las demás ingenierías, que hay muchas ingenierías con atribuciones, como pueden ser obra civil, telecomunicaciones, forestal, montes, agrícolas…, con las que deberíamos consensuar una norma que venga a poner cierto orden en este ámbito.
“Hace años se exigían notas de corte para entrar en estas carreras y ahora algunas ingenierías no cubren el cupo”
P.– Los últimos estudios señalan que el número de estudiantes que optan por carreras de ingeniería de rama industrial no crece al ritmo que exige la demanda del mercado laboral. ¿Falta talento técnico?
R.– Los últimos estudios del Instituto de Graduados en Ingeniería e Ingenieros Técnicos de España (Ingite) viene a indicar que hay comunidades, entre ellas Cantabria, que están perdiendo vocación industrial. Hace años se exigían notas de corte para entrar en estas carreras y ahora algunas ingenierías no cubren el cupo. Creo que la empresa, la Administración y los colegios profesionales tenemos que colaborar para promocionar e inculcar entre los jóvenes estudiantes de Secundaria y de Bachillerato las especialidades y diferentes ingenierías existentes y recuperar así el potencial que Cantabria siempre ha tenido para generar profesionales de muy alto nivel.
P.– Además, las ingenierías, en cualquiera de sus ramas, siguen sin despertar demasiado interés entre las universitarias españolas. ¿A qué achaca esta escasa vocación femenina en un sector que, además, tiene una elevada empleabilidad?
R.– Históricamente, la ingeniería no ha sido muy permeable al talento femenino, aunque hay ramas, como la química, que sí ha sido más receptora de ingenieras. Es una asignatura pendiente en la que sería importante contar con referentes en el ámbito científico y de la ingeniería para que las chicas y jóvenes vean que también existen mujeres con muchísimo talento y altas capacidades en la industria. Y conocemos ejemplos en Cantabria.
P.– ¿Cuál es a su juicio el sector o actividad empresarial en la que mejor se moverá el ingeniero técnico industrial en un futuro?
R.– La ingeniería técnica industrial es una profesión basada en disponer de las capacidades necesarias para resolver los problemas. Somos, en este sentido, profesionales multidisciplinares y muy versátiles, que abarcamos desde el ámbito más ingenieril y de diseño de instalaciones y procesos, hasta el ámbito de la calidad, medio ambiente, prevención de riesgos laborales y ahora, cómo no, también en los sectores emergentes de inteligencia artificial, gemelos digitales, realidad aumentada y virtual… Además, estamos tanto en oficinas de proyectos y de diseño como a pie de fábrica, y tanto en ejecución de obras como en la mejora de procesos industriales, de eficiencia, de descarbonización, de sostenibilidad… Es una profesión muy trasversal que te da una visión muy amplia de las necesidades de la empresa, ya no solo industriales, sino logísticas, agroalimentarias, químicas, portuarias…
P.– ¿En qué ámbitos industriales Cantabria cuenta con mayor potencialidad?
R.– Existen dos tipos de modelos: el monocultivo, en el sentido de que hay estrategias que priorizan uno o un par de sectores, y otro modelo más abierto y diverso donde esa diversidad genera enriquecimiento entre la complejidad de sectores. Al apostar por uno o dos sectores estratégicos puedes correr el riesgo de entrar en ser un sector maduro e ir saliendo del mercado, sobre todo ahora cuando los avances tecnológicos son tan rápidos y los sectores aparecen y desaparecen. Por ello, creo que Cantabria tiene la capacidad de apostar por un modelo diverso en el que aprovechar todas sus potencialidades de capital humano, de ser una comunidad estratégicamente situada en el centro de la cornisa cantábrica y de contar con un puerto natural y con universidades capaces de generar profesionales, así como con una FP muy moderna, actualizada, dual y cada vez más vinculada a las necesidades de las empresas. Evidentemente hay asuntos que tenemos que resolver, como es la alta burocratización de la Administración Pública, un lastre que ralentiza y hace en ocasiones que se alejen las inversiones y las ampliaciones y mejoras de las empresas. No solamente vale con aprobar una Ley de Simplificación Administrativa, sino hay que ejercerla, desarrollarla y convencer de que esa norma permite que la Administración sea ágil. Además, necesitamos disponer de suelo industrial capaz de atraer proyectos industriales de mayor envergadura y seguir fomentando la vocación técnica y profesional en el ámbito industrial. Y eso está en las manos de una comunidad como Cantabria, con 600.000 habitantes, que tiene capacidad de adaptarse, cambiar rápidamente, mejorar y estar siempre en continuo dinamismo, La Administración Pública no puede jugar a un papel de no desgaste, sino que tiene que ser proactiva y a veces tiene que arriesgar. Para eso están. No podemos tener un gobierno autonómico o un ayuntamiento que solamente ofrezca una mera gestión administrativa, sino que tiene que liderar las políticas necesarias para que Cantabria sea una comunidad atractiva. Porque contamos con una alta calidad de vida, estabilidad institucional y una paz social suficientes poder atraer talento y retener el que ya tenemos.
P.– ¿Cuáles son a su juicio los desafíos estructurales que marcarán el futuro de la industria durante los próximos años?
R.– Ahora mismo tenemos uno que es clave, que es el suministro eléctrico. Las empresas tienen que tener suelo, energía, agua y personas. Eso es básico y lo tenemos que garantizar. No podemos estar en Cantabria intentando atraer proyectos con gran impacto o desarrollos de suelo industrial si no podemos enchufar las empresas y no podemos garantizarles la energía.

Raúl Huerta Fernández es el decano-presidente más joven de la historia del Coitic, que cuenta actualmente con 1.200 colegiados. Foto: Nacho Cubero.
P.– El Gobierno de Cantabria ha reclamado al Estado un incremento en la capacidad eléctrica de la región para poder hacer frente a los nuevos proyectos industriales y no perder inversiones o proyectos de mayor envergadura. ¿Falta energía en Cantabria o solo se infrautiliza? R.– Aquí se juntan diferentes factores. Creemos que el mayor problema actualmente es la propia infraestructura de distribución. Hemos ido evolucionando a un mix energético donde las energías renovables cada vez tienen mayor peso frente a las fósiles y eso ha cambiado también la forma de gestionar la energía. Además, Cantabria siempre ha dispuesto de una industria electrointensiva que hay que mantener. La siderurgia y la metalurgia necesita mucha capacidad energética a la que se unen ahora nuevos sectores emergentes, como pueden ser los centros de datos que, además de energía, requieren agua. Es decir, las infraestructuras tienen que correr parejas a las oportunidades y a la evolución de los sectores. Y no siempre vamos acoplados
P.– ¿Cómo califica la gestión de los fondos Next Generation que ahora tocan a su fin?
R.– Los fondos europeos venían para intentar mejorar las condiciones económicas de España sobre sectores estratégicos o que había que relanzar. ¿Qué ocurre siempre con este tipo de fondos? Pues que son altamente burocratizados y eso hace que, al final, lleguen ingentes cantidades de fondos pero no tengamos los mecanismos adecuados para que las empresas sean permeables a esos fondos y todas tengan por igual las capacidades de poder disponer de ellos para invertir y mejorar y ser así más eficientes y productivos. A tenor de los datos macro de empleo y de actividad económica dentro del contexto europeo, parece ser que a España le han venido muy bien estos fondos. Veremos el impacto que tienen a medio y largo plazo y si han sido realmente fondos que han transformado la estructura económica española o han sido solo fuegos artificiales para tapar ciertas carencias.
P.– Según el informe de la empresa tecnológica IFS, especialista en inteligencia artificial industrial, el 89% de las compañías que han adoptado inteligencia artificial han incrementado su rentabilidad, y nueve de cada diez empresas de construcción e ingeniería elevarán su inversión en IA en 2026. ¿La IA es la nueva palanca de la productividad industrial?
R.– No soy especialista en inteligencia artificial, pero en mi empresa ya se está aplicando y es una revolución. Es una revolución que va a transformar la forma de actuar y de gestionar. Evidentemente la empresa o el profesional que no se adapte y trabaje con las herramientas de IA lo va a tener mucho más complicado. Porque estamos hablando de automatización, de eficiencia, de dar valor añadido al talento de las personas y suprimir la reiteración de acciones… Digamos que estamos eliminando mucho ruido del trabajo del día a día para centrarnos en lo realmente importante y terminar con la burocratización no ya solo que tiene la Administración, sino también muchas empresas de grandes corporaciones. Y porque tenemos un marco jurídico que muchas veces nos asfixia en requisitos legales y burocráticos.
“Una misma ley no puede ser aplicada de forma diferente en distintos territorios o Administraciones, según qué servicio o técnico público lo tramite”
P.– ¿Hay una excesiva regulación?
R.– Más que una excesiva regulación, que nos permite a todos jugar con unas ciertas mismas reglas de juego y normalizar, estandarizar y ser competitivos en cualquier mercado, lo que no puede ser es que sea un gravamen más en el desarrollo industrial. Es decir, no podemos caer en que la normativa sea una herramienta arrojadiza hacia las empresas y los profesionales. Además, tampoco puede ser cambiante, arbitraria e interpretable de forma continua en diferentes espacios administrativos y en diferentes espacios territoriales. Es decir, una misma ley no puede ser aplicada de forma diferente en distintos territorios o Administraciones, según qué servicio o técnico público lo tramite. No podemos permitir una Administración en la que haya diferentes voces y criterios porque, bajo un mismo paraguas normativo, las reglas de juego no pueden ser cambiantes. Y porque eso crea incertidumbre entre las empresas y los profesionales.
P.– ¿Cómo ve el futuro de la industria en Cantabria?
R.– A la industria hay que permitirle disponer de los recursos con que antes comentaba: suelo, energía, agua, una Administración ágil y talento humano. Con esos ingredientes, los empresarios y los profesionales pueden desarrollarse. Y con una Administración no enfrentada a las empresas, sino compartiendo hombro con hombro para poder enfrentarse a los retos que continuamente van apareciendo. No tenemos intereses diferentes. Y hace falta una reflexión colectiva para ver hacia dónde va Cantabria. Creo que las políticas en el ámbito productivo, económico y de desarrollo tienen que estar centradas en una industria potente a la que se le garantice esos recursos y a la que se apoye para ser cada vez más eficiente, productiva e internacional.
P.– ¿Es razonablemente optimista?
R.– Los datos del PIB apuntan a una pérdida muy lenta pero paulatina de la importancia del sector industrial al igual que también se refleja en todos los países europeos. Pero con la pandemia del covid-19 nos dimos cuenta de que Europa tenía que producir. Y eso solo lo podemos hacer a través de una industria fuerte. En Cantabria tenemos empresas históricas y muy arraigadas que tienen capacidad de adaptarse. Además, en Cantabria la empresa familiar, que tiene una gran importancia, está abocada, y así lo han entendido muchas de ellas, a profesionalizarse, internacionalizarse y a invertir en innovación y colaborar. Hay que fomentar la colaboración empresarial porque de ese modo la industria será mucho más fuerte. Estoy convencido de que hay muchos puntos en común que nos van a permitir, entre el sector tecnológico y de innovación que cada vez es más potente en Cantabria, y el sector industrial, hacer una buena palanca para que la industria no ceda ni un miligramo de porcentaje frente a otros sectores que generan empleo menos estable, con peores prestaciones y con mayor impacto de huella ambiental. En este sentido, es claro que la industria avanza hacia la sostenibilidad y la descarbonización, que son sinónimos de eficiencia y competitividad. La empresa que no invierte en mejorar procesos para evitar la producción de residuos está tirando materias primas. Y la que no invierte en eficiencia energética o gestiona eficazmente el agua está gastando energía o despilfarrando recursos. No cabe duda de que este cambio, que ya se ha operado en las empresas de grandes corporaciones, irá cada vez siendo más permeable en las pequeñas y medianas empresas.


























