Agustín Valcarce, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, defiende desde hace ocho años los intereses del sector eólico en Cantabria, convencido de que la energía del viento es la única oportunidad que tiene la región para iniciar su propia transición energética, toda vez que la solar y la eólica marina plantean muchas más dificultades.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Julio 2022

Pregunta.– ¿Qué pasa con la energía eólica en Cantabria, que tras más de veinte años de intentos sigue a la cola de España en la implantación de esta tecnología?
Respuesta.– Bueno, lo cierto es que Cantabria tiene sus peculiaridades y aquí el desarrollo eólico siempre ha sido un tema polémico y con mucha contestación incluso entre los propios partidos políticos de la región, que no terminan de ponerse de acuerdo sobre qué modelo energético quieren para la comunidad autónoma. Es curioso porque somos una comunidad con escaso aprovechamiento de la energía solar fotovoltaica; no tenemos grandes parques solares. Es muy difícil hacer hidráulica ya nueva y la eólica era casi la única salida natural en una región que además dispone de este recurso. Tenemos 35 MW instalados comparados con los más de 1.000 que tiene Burgos, los 3.000 de Galicia, Navarra, País Vasco, Asturias… Todos los territorios limítrofes, siendo igualmente montañosos, tienen bastantes más megavatios instalados que Cantabria.

P.– Se queja de que seguimos perdiendo un tiempo precioso. ¿Hay riesgo de que lleguemos ya demasiado tarde?
R.– Nunca es tarde. Todos tenemos que apostar por la generación de energía limpia y sostenible. Además, la UE está continuamente aumentando los objetivos en este sentido para todos los países. Dicho esto, Cantabria ha perdido muchas oportunidades de sumarse al tren de desarrollo eólico y de atraer inversiones, digamos colaterales con esta tecnología.

P.– ¿De quién es la culpa de este retraso?
R.– Está claro que cuando los tribunales anularon el plan eólico es porque no se hizo como debía. Pero tampoco Cantabria ha sido un lugar atractivo para las empresas, que han preferido irse a otras comunidades en las que les resultaba más fácil desarrollar un proyecto. Todo es relativo. También se han registrado muchos cambios normativos. Aquí contábamos con una pequeña ventaja, que era la evacuación de la energía que no tenían otras regiones, y pese a ello no lo hemos sabido aprovechar.

P.– ¿A qué achaca el fuerte rechazo que esta energía despierta entre la población?
R.– Hay mucha falta de información veraz. Realmente en Cantabria han tomado la iniciativa los contrarios a la energía eólica, que en las redes sociales y los medios de comunicación han dibujado de forma intensiva un panorama que no se corresponde con la foto de lo que hay ni de lo que va a haber. Estamos a la cola de España en desarrollo eólico y la tramitación de los proyectos no va a ser todo lo exitosa que desearían los promotores, sino más bien lo contrario. Se sabe que los técnicos y las autoridades ambientales de la región son muy, muy conservadores en cuanto a nuevos proyectos, con lo cual va a ser muy difícil que Cantabria remotamente se acerque al escenario que presentan los anti eólicos, no digo los ecologistas.

P.– Defiende que, en el corto plazo, la eólica terrestre es la única que tiene una oportunidad viable de desarrollo respecto a otras energías renovables, como la fotovoltaica o la eólica marina. ¿Está convencido de que es la mejor opción que tiene Cantabria para iniciar su propia transición energética?
R. Desde luego. Más aún cuando la implantación de la solar, que tiene que hacerse, va a ser fundamentalmente por la vía del autoconsumo, pero será muy difícil ver grandes instalaciones fotovoltaicas en la región porque tenemos muchísimas menos horas de radiación solar que otras comunidades y es lógico, por tanto, que los proyectos vayan a zonas más viables. En cuanto a la eólica marina, es complicado porque se trata de una tecnología bastante más cara a la que, en nuestro caso, hay que añadir el problema de la existencia de una plataforma continental profunda que requiere de sistemas de anclaje muy caros. No dejaría de ser curioso iniciar este aprovechamiento sin haberlo hecho antes con lo que tenemos en tierra, que es lo más viable. De hecho, todas las regiones están aprovechando los recursos terrestres para después empezar a estudiar el litoral.

P.– Sin embargo, el Gobierno regional ya ha declarado que casi el 94 % del suelo cántabro no va a ser apto para instalaciones eólicas. ¿Encuentra justificada esta limitación?
R.– Es que más del 70% del territorio ya tiene figuras de protección, sean reservas, parques nacionales, naturales… Ya partimos por tanto de un porcentaje muy alto. Si luego le añadimos otros factores paisajísticos, culturales, orográficos o del propio viento, porque no todos los lugares sirven, entonces nos vamos a estos valores tan elevados de protección que realmente en otras comunidades no existen. Viniendo de donde venimos, lo que ha quedado sí parece razonable, aunque llama la atención tanto territorio protegido.

P.– Este mapa de exclusión eólica plantea, según expuso recientemente en el Parlamento el consejero de Obras Públicas, Ordenación del Territorio y Urbanismo, José Luis Gochicoa, que solo se podrían instalar aerogeneradores cerca de El Escudo, en zonas altas del Besaya y al sur del pantano del Ebro, aunque esto no quiere decir que necesariamente sea así ya que, puntualizó, cada parque deberá seguir con su correspondiente tramitación urbanística y ambiental. ¿Precisamente ahí –en la lentitud de la tramitación– está el principal problema?
R.– La lentitud es un factor clave. Por cuestiones del propio Ministerio, que impuso unos hitos que los promotores estaban obligados a cumplir si no querían perder los avales depositados, todos los proyectos se han tenido que tramitar al mismo tiempo. Y la Administración dispone de los recursos y los medios humanos de los que dispone. De ahí que la tramitación esté resultando más lenta de lo que los promotores quisieran. Son proyectos que, sobre todo en su parte ambiental, requiere de unos análisis muy rigurosos, y eso lleva su tiempo. Al margen de la exposición pública, en la que han recibido cientos de alegaciones que hay que tramitar y contestar.

P.– Sostiene que el desarrollo eólico es sinónimo de desarrollo rural y una herramienta para combatir el despoblamiento. ¿Son ustedes los únicos que lo ven así?
R.– Supongo que no, pero a estas alturas, el desarrollo eólico tiene que ser desarrollo rural e implicar al territorio en el que se asienta. Volvemos a la necesidad de explicar bien los proyectos y que el mensaje llegue a sus destinatarios. La realidad es que en España hay más de 1.200 parques eólicos en más de 800 municipios y no se ha visto despoblamiento en ninguno de ellos. Todo lo contrario, donde existe un parque eólico hay recursos económicos. Mientras no se demuestre lo contrario, el desarrollo rural y fijar población en municipios aislados requiere de inversión.

Agustín Valcarce, presidente de la Asociación Eólica de Cantabria.

P.– ¿Echa de menos una mayor voluntad de entendimiento entre las partes afectadas –administraciones implicadas, empresas promotoras y habitantes del territorio–?
R.– Nosotros hemos encajado hasta con deportividad el papel de malos de la película. Hemos ido a todos los foros a los que nos han invitado a participar. Incluso dentro de la Asociación hay promotores que tienen puntos de vista diferentes sobre cómo enfocar el negocio y entrar en una comunidad como Cantabria. Lo que ocurre es que lo peor que hace uno, se lo achacan a todos. Y cuando delante tienes personas que lo que quieren es que no haya absolutamente nada en la región, la verdad es que entonces no queda mucho margen de maniobra para alcanzar consensos. Nuestro papel es el de intentar presentar proyectos que sean técnica, medioambiental y económicamente viables. La Administración, por su parte, debe velar por que se cumpla la legislación vigente. Luego, hay mucha parte de la población que quiere que se hagan proyectos que respeten al máximo el entorno, y otro sector, que es el que hace más ruido, que no quiere nada en Cantabria y que se haga en otras comunidades, pero no aquí. Realmente, en las propias juntas vecinales se quejan en ocasiones de que las personas más reacias a este desarrollo ni siquiera son vecinos empadronados. Es curioso. Si hablamos de representatividad, muchas veces no la tienen quienes más salen en los medios de comunicación.

P.– Ya que lo cita, las plataformas en contra del desarrollo eólico en Cantabria han convocado una gran manifestación este 25 de junio en Santander para expresar su rechazo a estos proyectos que tildan de faraónicos y que afirman destruirán el paisaje de la comunidad y la vida en las zonas rurales. ¿Teme que la sociedad cántabra pueda secundar mayoritariamente estos argumentos?
R.– Sinceramente, no. Si preguntas, hay un consenso unánime sobre la necesidad de apostar por las energías limpias, por frenar el cambio climático y nuestra dependencia del gas ruso y argelino y de todo aquello que no seamos capaces de producir. Hablamos de producción local, sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Entonces, ¿qué quiere la industria y el usuario de Cantabria? Energía limpia y barata. Seguramente no quiere que se hagan las cosas mal. Pero eso no lo quiere ni la sociedad, ni los promotores, ni el Gobierno. Si opinara cada cántabro, seguramente no llevaríamos muchas sorpresas. Si se hacen las cosas bien, que se pueden hacer, ¿por qué no vamos a tener aquí un desarrollo eólico como tienen otras comunidades que suponga creación de empleo y actividad económica?

P.– Hasta la fecha, la única referencia eólica en Cantabria es el parque de Cañoneras, en Soba, sobre el que la asociación que usted preside ha llevado a cabo un estudio para conocer cómo ha afectado a la actividad turística y ganadera de la comarca. ¿A qué conclusiones ha llegado este trabajo?
R.– Más que un estudio, lo que hemos tenido es mucho contacto con los representantes municipales. La conclusión, según nos trasladan, es que la aceptación en Soba es de más del 90%; que la convivencia con la ganadería es estupenda en cuanto a compartir las infraestructuras de acceso; y en materia turística nos comentan que desde 2010 han abierto más de quince establecimientos relacionados con la hostelería. Lo que nos piden a los promotores es que ampliemos o que hagamos más parques en el municipio. Todos los años, el ayuntamiento y las juntas vecinales se reparten del orden de 300.000 euros en concepto de alquileres de locales y pagos de impuestos, cuya mayor parte se destina a la mejora de infraestructuras y abastecimientos. Además, los ganaderos de la zona disfrutan del agua más barata de la región. Después de tantos años, se caen todos los argumentos negativos que pesan sobre los aerogeneradores y queda patente que sin recursos económicos es muy difícil fijar población y mantener servicios.

P.– Prevé que a principios de 2023 finalice la construcción del parque eólico de El Escudo. ¿Mantienen estos plazos?
R.– Sí. Se está trabajando para que sea así, aunque cuesta mucho porque son varias las administraciones implicadas. Es muy complicado dar una fecha más concreta, pero en 2023 tiene que estar en marcha.

P.– ¿Será el primer paso para una electricidad más barata?
R.– Una de las medidas sociales del parque es la implantación en los cuatro municipios afectados de una tarifa reducida para los vecinos. En general, este tipo de proyectos favorecen precios de la energía más baratos. De hecho, nadie discute ya que cada vez que sopla el viento, la tarifa eléctrica baja y se consigue una energía más limpia.

P.– Recientemente se ha hablado del hallazgo de restos arqueológicos de un castillo y un campamento romanos en plena Sierra del Escudo. De confirmarse este extremo, ¿podría suponer la paralización del parque eólico de El Escudo?
R.– Este informe de un arqueólogo se ha puesto en conocimiento de la Administración, que nos ha pedido que, en las prospecciones arqueológicas a las que estamos obligados, incluyamos esta serie de indicios para comprobar su veracidad y si realmente son restos arqueológicos, qué valor tienen y cuál es su estado de conservación para proponer en su caso las medidas que sean pertinentes. De confirmarse, lo que haría la Consejería es establecer medidas de conservación, como ha hecho con los demás restos arqueológicos de la zona. Tendría lógicamente una afección, como no puede ser de otra manera, porque primaría la protección arqueológica y el parque se redimensionaría para no afectar a estos restos. De todas maneras, el propio autor del estudio reconoce que los restos no son tan claros como en otras ocasiones. Ahora los promotores están llevando a cabo unos estudios y se van a hacer campañas de prospección geofísica y con drones para identificar esos posibles restos. Y si es un elemento que se tiene que conservar, se conservará y se implementarán las medidas necesarias para ello.

P.– El proyecto de ampliación de la central de bombeo de San Miguel de Aguayo, ¿cree que podría generar un ecosistema favorable para el desarrollo eólico?
R.– Bueno, para Cantabria y para el sistema eléctrico español el proyecto de Aguayo de llevarse a cabo sería un proyecto estupendo. Porque realmente uno de los problemas que tenemos con las energías renovables es la falta de regulación. Podríamos decir que este proyecto es una gran batería de acumulación de energía porque toda esa agua que bombeamos al embalse superior luego la podemos usar en el momento que queramos. ¿Cuál es el problema? Si esa energía la bombeas al embalse superior con energía producida con fuentes fósiles, poco avanzamos. Lo que necesitamos por tanto son fuentes limpias para hacer ese bombeo y poder así cerrar el ciclo.

P.– Entre los objetivos de los famosos Fondos Europeos de Recuperación está favorecer la transición energética. ¿En qué medida las empresas del sector renovable están pudiendo utilizar esos recursos para este fin y qué repercusión pueden tener de cara al futuro?
R.– En concreto, de los proyectos eólicos presentados en Cantabria ninguno lleva aparejados fondos europeos. Esto es una de las ‘mentirijillas’ que dicen los anti eólicos. Todos estas financiados por el promotor o por entidades financieras sin necesidad de recursos públicos. Hay que recordar, además, que estos parques ya van a mercado por lo que no reciben ningún tipo de prima ni de subvención como ocurría hace quince años. Si los proyectos son viables, no necesitan de ayudas públicas, que muchas veces van destinadas a aquellos otros que precisamente tienen algún problema de viabilidad. Entiendo que estas ayudas europeas van más destinadas a proyectos de transformación del modelo energético y de investigación y desarrollo, que sí tienen más sentido, como pueden ser fabricar turbinas más eficientes o conseguir mejoras tecnológicas.

Tras algo más de un año al frente de la Cámara de Comercio de Torrelavega, este consultor de empresas que fuera vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios aspira a cumplir tres objetivos: favorecer la reconversión industrial, fomentar la atracción de empresas a la comarca y afrontar la transformación digital del comercio. En su repaso a la situación económica y social, Carlos Augusto Carrasco aplaude la creación del Clúster de la industria del Besaya, defiende la necesidad de impulsar el espíritu emprendedor, aboga por crear suelo industrial sostenible y reclama una mayor descentralización administrativa.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Mayo 2022

Pregunta.– Desde que Fernández Rincón dejara el cargo en 2018, la Cámara ha visto desfilar a varios presidentes en muy poco tiempo. ¿Decidido a romper esa dinámica?
Respuesta.– Sí, claro. Lógicamente. Cuando Quintanilla [su predecesor en el cargo] toma la decisión de dimitir a finales de enero de 2021, ya teníamos claro que queríamos lograr una continuidad. A raíz de la pandemia, estamos viviendo años muy complicados, sobre todo por cuestiones empresariales. No podemos olvidar que aquí estamos en representación de empresas. Por tanto, cuando dejas esa empresa, automáticamente dejas de representarla ante esta institución cameral.

Carlos Augusto Carrasco, en el salón de actos de la Cámara de Comercio de Torrelavega, de la que es presidente.

P.– Tras algo más de un año en el cargo, ¿qué lectura hace de la actual situación económica de la comarca del Besaya?
R.– No nos podemos engañar. A nadie se le escapa el declive industrial y comercial que sufre la comarca. Llevamos años, desde 2017, oyendo la necesidad de que la comarca sea declarada como zona de urgente reindustrialización. Veníamos de una crisis económica aún no superada que la pandemia del coronavirus no ha hecho sino acrecentar, aumentado aún más las dificultades que ya soportaban las empresas, comercios y ciudadanos. A esta difícil situación se ha sumado el incremento de los costes energéticos de los últimos meses. Pero si algo tenemos claro es que, pese a los problemas, de esta crisis saldremos más fortalecidos. Vamos a salir con líderes más resilientes.

P.– En el caso de instituciones camerales pequeñas como la que usted preside, ¿hay vida más allá de las subvenciones?
R.– Hay vida y debería haberla habido desde 2014, cuando se eliminó la obligación de pagar la cuota cameral. Pero no podemos obviar que las cámaras viven en gran medida de las subvenciones de la Cámara de España y de las ayudas autonómicas. Con todo, creo que la conversión para ofrecer servicios del siglo XXI debería haberse afrontado de forma más acelerada. Pero para eso necesitamos herramientas más acordes a los tiempos actuales. En estos tres últimos años hemos hecho mucho hincapié en la digitalización para intentar alcanzar ese cambio acelerado que estimo tan necesario. La supervivencia de la Cámara descansa en dotar al entorno empresarial de esas herramientas que les permitan contribuir al desarrollo económico y social de la comarca. Hasta ahora se había hecho mucho en temas de emprendimiento pero no tanto en digitalización y reconversión industrial. Debemos ser capaces de llegar a todo los confines del entramado empresarial, al tiempo que generamos sinergias con otras cámaras de comercio y atraemos inversiones al Besaya. Pero tenemos cierto retraso en cuanto a reformas y medidas que ahora estamos intentando superar teniendo muy presente cuáles son los tres verdaderos objetivos de la Cámara: favorecer la reconversión industrial, fomentar la atracción de empresas a la comarca y afrontar la transformación digital del comercio acompasada a todo el sector del retail, que no podemos olvidar que cuenta con perfil de edad avanzada.

P.– Sostiene que la colaboración público-privada va en el ADN de las cámaras de comercio a las que, además, reserva un papel crucial en las ayudas de los fondos europeos. ¿Si no existieran, habría que inventarlas?
R.– Sí. O buscar una entidad que tuviera una forma jurídica similar. ¿Por qué? Porque cuando hablamos de los fondos europeos, lo que más preocupa es disponer de entes intermedios cercanos al tejido empresarial, pero que sean considerados objetivos. En esta asunto vamos a jugar un papel central como entidad semipública y con amplia experiencia en gestión de fondos.

P.– ¿Cómo califica su relación con el Ayuntamiento?
R.– La verdad es que buena. La posición de la Cámara es la de una organización asesora de la administraciones. En este sentido lo tenemos muy claro y siempre buscado esa colaboración, tanto con el Gobierno de Cantabria como con el Ayuntamiento de Torrelavega. Hemos colaborado activamente con el Consistorio para conseguir el crecimiento social de la ciudad y la comarca.

P.– Cantabria es una comunidad con escasa vocación de asociacionismo empresarial. ¿Lo suscribe?
R.– No del todo. Habría que distinguir por sectores. A nivel industrial existen organizaciones como la CEOE-Cepyme. De igual modo que dentro del sector comercial existen diversas asociaciones, mayoritariamente de ámbito local. Si en algún sector hemos tenido carencia es más a nivel empresarial. De ahí, la creación del Clúster Industrial de Besaya, que creo se ha convertido en una herramienta fundamental en los últimos años.

El presidente de la Cámara de Comercio y del Clúster de la Industria del Besaya, en un momento de la entrevista.

P.– Ya que lo cita, su institución impulsó a mediados de 2020 la creación del Clúster de la Industria del Besaya (Cinbesa), que usted también preside, con el objetivo de mejorar la reindustrialización, internacionalización e innovación en la comarca y ser germen de un cambio productivo en Cantabria. ¿Está más cerca o lejos de conseguirlo de lo que pensaba?
R.– Lógicamente es un objetivo que se diseña con una perspectiva a medio y largo plazo. No es una meta que se pueda conseguir de hoy para mañana. A mí en este caso me importa más el trabajo entre bambalinas que su trascendencia pública. Y no cabe duda de que el hecho de que hayan calificado al clúster de agrupación de interés económico nos permitirá atraer más fondos. Si miramos hacia atrás, podemos ver que la declaración de zona de urgente reindustrialización se ha quedado en agua de borrajas. Creo que hacía falta un ente que aglutinara a las grandes empresas de la comarca y también a las pymes del Besaya, que en muchos casos han sido olvidadas, han sufrido mucho y las que en mayor medida han ido despareciendo. Cuando se apostó por ser zona de urgente reindustrialización, la comarca no estaba en condiciones de afrontar más endeudamiento. Vivimos que otras comarcas deprimidas de España conseguían fondos de 18 millones de euros. Pero también que contaban con un clúster empresarial. Entonces decidimos hacer lo propio y crear uno en la comarca del Besaya.

P.– Espacio Emprendedores arranca de nuevo como un proyecto que anuncia más ambicioso para guiar a los futuros empresarios en todas las fases de creación y puesta en marcha de nuevas iniciativas. ¿Qué espera conseguir?
R.– El objetivo prioritario es el impulso del espíritu emprendedor. Queremos focalizar todo el entramado empresarial en la Cámara. Una cosa que tenemos muy clara es que el relevo generacional necesita de nuevos emprendedores que gocen de un espacio adecuado para iniciar su aventura. Queremos dar a esta iniciativa una vuelta de tuerca más porque las dificultades con las que se van a encontrar en su andadura profesional no solo van a ser a nivel empresarial. Los primeros meses de vida de un proyecto son claves para determinar su éxito o fracaso. Y para fortalecer las posibilidades de éxito en esos primeros meses, que son cruciales, es fundamental que cuenten con el acompañamiento de mentores. Pero además faltaba otra parte fundamental: la formación. Ahora van a disponer de ellas y en las distintas áreas empresariales porque en muchos casos se tratan de autónomos que van a tener que afrontar ellos solos todas las parcelas de dirección comercial, ventas, marketing, financiero…

P.– Hay quien sostiene que el edificio de la sede cameral está infrautilizado. ¿Alguna idea para que deje de estarlo?
R.– Sí, sí. Precisamente hace unos semanas lanzamos la idea del Espacio Coworking Torrelavega. Se trata de un espacio de 500 metros cuadrados capaz de dar cabida a quince proyectos emprendedores que durante un año podrán estar bajo el paraguas cameral.

P.– Muchos opinan que el comercio local languidece pese a los planes e iniciativas para promover su digitalización, mejorar la competitividad y fomentar el relevo generacional. ¿Hay motivos para creer en la remontada?
R.– Como dije antes, no podemos abocar el éxito del comercio, o que tenga la relevancia de antaño, basándonos solo en la digitalización. Somos conscientes de que la transformación del comercio tiene que ir muchísimo más allá. Un aspecto es sin duda la digitalización, pero otro es comprender al nuevo usuario, al nuevo cliente. La compra es cada vez más experiencial. Así lo señalan los expertos del retail, que apuntan a que el futuro descansará en la capacidad del comerciante de dar un trato personalizado y que la compra también lo sea. Que el cliente diseñe su propia compra. Hay que ajustar el producto a las demandas del cliente. Tenemos que volver a los orígenes del comercio, que muchos aún lo tienen presente, que es lo que va seguir marcando las diferencias con las ventas ‘online’, pero sin que eso suponga perder de vista la tienda virtual. En este sentido, me siento esperanzado. En estos últimos tres años hemos visto que por muchas herramientas digitales que pongamos a su disposición también hace falta un cambio de mentalidad del comerciante y del empresario. Y estamos empezando a percibir ese cambio de mentalidad.

P.– La Administración y el sector privado coinciden en que la falta de suelo industrial disponible es el principal hándicap de Torrelavega para su desarrollo empresarial. ¿Usted también?
R.– Sí. Lo cierto es que en Torrelavega, cuando hablamos de la necesidad de suelo industrial, los ritmos no han ido acompasados a la realidad. Seguimos teniendo necesidades de suelo porque hay grandes empresas que no tienen más posibilidades de crecimiento en la propia ciudad viéndose abocadas a irse fuera. Creo que las administraciones, por encima de todo, pero también teniendo en cuenta la colaboración público-privada, deben afrontar estos cambios y las necesidades de suelo industrial. Pese a La Pasiega, uno de los grandes proyectos del Gobierno autonómico, no podemos obviar que en Torrelavega todavía estamos a medio camino de satisfacer esas necesidades. Es verdad que nos anuncian nuevos proyectos de suelo industrial, pero es cierto que este proceso debería haberse acelerado hace años. Por otro lado, cuando en Europa se habla de suelo industrial, se habla de las nuevas necesidades de suelo industrial. Debemos ser conscientes de que los nuevos polígonos industriales deben ser inteligentes y sostenibles capaces de producir su propia energía. Si afrontamos nuevos proyectos, debe ser bajo esas premisas. Esa es al menos nuestra esperanza para no seguir acumulando retraso y evitar que otras zonas nos ganen la partida.

P.– Sniace afronta la recta final para su liquidación. ¿Qué conclusiones extrae de esta muerte anunciada hace ya más de dos años?
R.– En el tema de Sniace las expectativas eran por desgracia muy negativas. A pesar de que era como un final anunciado, creo que desde un punto de vista de colaboración público-privada se podían haber hecho muchas más cosas para que precisamente ese no fuera su final. Hemos visto que cuando se inicia el proceso de liquidación es cuando ha salido algún que otro proyecto interesante para ese suelo industrial. Es decir, esos terrenos sí que parece que despiertan interés, si bien el mayor problema son las licencias. Creo que, entre las diferentes administraciones e instituciones, e incluso desde la red de contactos de los propios empresarios cántabros, o quizá si hubiera existido un clúster como el de Cinbesa, podríamos haber conseguido de forma conjunta algo mejor. Con todo, en la Cámara somos positivos en cuanto a que la liquidación tenga buen fin para que de este proceso salga un proyecto más interesante a medio y largo plazo para la comarca del Besaya. Somos conscientes de que hay proyectos e inversores interesados y nuestra esperanza respecto de los administradores es que este proceso llegue a buen puerto y el final de Sniace sea un nuevo comienzo.

P.– La futura rehabilitación de La Lechera como nuevo centro artístico y cultural abrirá sin duda nuevas oportunidades de negocio en la ciudad y su comarca. ¿Torrelavega puede aspirar a ser un foco de atracción cultural?
R.– Sí. Creo que a Torrelavega se le ha denostado durante los últimos años respecto a algunos proyectos, como pudo ser incluso el del Mupac. Se ha hablado mucho de Torrelavega como un nuevo ejemplo de descentralización administrativa, pero tampoco ha sucedido. Todos somos conscientes del declive industrial y de los problemas de la comarca, pero parece ser que a la hora de afrontar nuevos proyectos muchas veces no se piensa en Torrelavega como destino. Creo que tenemos instalaciones e infraestructuras en la ciudad para acoger esos nuevos emplazamientos culturales y artísticos, pero también de la propia Administración. Este cambio es necesario y más ahora que Torrelavega corre el peligro de perder los 50.000 habitantes. Pero para eso necesitamos una implicación real por parte del Gobierno autonómico.

P.– El Gobierno de España parece decidido a terminar con el tradicional centralismo. ¿Seria deseable que también lo hiciera el Ejecutivo regional?
R.– Cuando se habla de descentralización hay un aspecto que diferencia a Torrelavega de Santander: el ámbito rural. Estamos hablando de la necesidad de frenar el despoblamiento y desarrollar un medio rural inteligente. En este aspecto, creo que Torrelavega podría tener un papel fundamental, incluso desde el punto de vista de la Administración. En su momento, desde la Cámara ya trasladamos al Ejecutivo cántabro la posibilidad de crear una oficina de atención al medio rural que impulsara a afianzar esa transformación hacia un medio rural inteligente. En la pandemia hemos visto la importancia del sector primario. Y en la comarca existen empresas, como puede ser Aspla, que tiene una importancia muy relevante en el sector agroalimentario. Y creo que junto a la Administración podríamos hacer proyectos interesantes y llegar a acuerdos con la Consejería para que, por ejemplo, descentralizara la Dirección General de Medio Rural o que se buscara alguna entidad, dentro del ámbito público, que enlazara con esos lazos estrechos que la ciudad de Torrelavega tiene con el medio rural.

P.–¿Es posible una Torrelavega sin sus referentes industriales de Solvay, Sniace o el Grupo Armando Álvarez?
R.– No. Somos conscientes de que son grandes empresas con un histórico en la comarca. Ahora vemos los problemas a los que se enfrentan, que por lo general llevan aparejados grandes inversiones, aunque en algunos casos, como es de Solvay, sus órganos de decisión no están en Cantabria. Estamos hablando de proyectos, como es el de descarbonización de esta planta, de muchos millones de euros para que estos grupos industriales puedan mantener su actividad en la zona. En este sentido, Solvay empieza ya a considerar urgente un apoyo a nivel nacional, al igual que ha ocurrido en otros países. Somos conscientes de que a nivel autonómico se ha hecho, dentro de lo posible, ese apoyo para hacer llegar al Gobierno de España esta necesidad, pero parece que estamos un poco vendidos y a la espera de que el Ejecutivo central tome una decisión al respecto. A esto se ha ido sumando el incremento de los costes energéticos. Por eso, entiendo que la colaboración público-privada debe ser no solo necesaria, sino articularse con rapidez. Vivimos un tiempo muy complicado y por desgracia vamos a vivir unos años muy difíciles en sectores, como el industrial, en el que las necesidades van a ser acuciantes para no perder tejido productivo y para que los órganos decisorios de estas empresas vean un apoyo verdadero por parte de la Administración, pero también por parte de las propias organizaciones empresariales.

P.–¿Será 2022 el año de la recuperación económica de la comarca del Besaya?
R.– Derivado precisamente de todos estos problemas a los que aludía, empezamos a oír hablar de la estanflación como un peligro factible a nivel nacional. ¿Lo vemos nosotros así? Cuando se habla de estanflación, la mayoría de los economistas hablan de distintas fases, que creo es la perspectiva más acertada. La estanflación no es negro o blanco. Creo que ahora mismo a nivel nacional estaríamos en fase tres, con un crecimiento del PIB del entorno del 5%, una inflación del 7% y un paro muy elevado. Pero estos no son los datos a nivel regional. En Cantabria, el crecimiento es del 2,8, no del 5%. Con esta tasa, para no entrar en estanflación la inflación no debería llegar al 10%. El peligro es que, si la guerra de Ucrania se prolonga mucho en el tiempo, sí corremos el riesgo de llegar a ese 10%, más aún si el Gobierno de España no acomete reformas estructurales que son necesarias, como por ejemplo la bajada de impuestos a las empresas. Cuanto más nos alejemos de ese 10% de inflación, menor será el peligro de que comarcas como la del Besaya lleguen a no tener crecimiento económico. Y crecer es, precisamente, el objetivo que nos hemos marcado desde la Cámara en conjunción con las Administraciones.

Es la primera decana del recién creado Colegio de Periodistas de Cantabria, una entidad que convivirá con la veterana Asociación de Periodistas y que compartirá con esta buena parte de sus fines, pero que actuará con la representatividad que le da el carácter de corporación de derecho público que tiene cualquier institución colegial. Desde esa condición, Olga Agüero confía en conseguir una mejor defensa de la profesión, combatir las malas prácticas y el intrusismo y contribuir a revertir la creciente visión negativa que la sociedad tiene del periodismo y de los periodistas.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Febrero 2022

El halo de solemnidad que rodea a cualquier institución colegial, e incluso la propia denominación del cargo que ostenta, casa mal con la combinación de emoción y proyectos con la que Olga Agüero (Santander, 1969) ha accedido a la condición de decana del recién nacido Colegio de Periodistas de Cantabria. Todo en el discurso de la periodista cántabra remite a la relevancia de los hechos fundacionales, algo perfectamente coherente si tenemos en cuenta que la entrevista se producía apenas unos días después de la asamblea constituyente de la nueva entidad, pero algo menos si consideramos que el proyecto del colegio nació en el seno de la centenaria Asociación de la Prensa de Cantabria –denominada hoy Asociación de Periodistas de Cantabria– con la que el colegio comparte buena parte de sus fines. Olga Agüero, que cuenta con una larga trayectoria periodística y hoy es la responsable de prensa del Parlamento de Cantabria, accedió al cargo encabezando una candidatura con presencia de profesionales que desarrollan su trabajo en medios escritos, radio, agencias o, como es su caso, en tareas de comunicación institucional. No hubo candidatura alternativa, en lo que la decana valora como una muestra del consenso con el que ha nacido el colegio, algo que considera fundamental para avanzar en la consecución de los objetivos que persigue: la defensa de la profesión y la lucha contra el intrusismo y contra todo aquello que ha contribuido al desprestigio del periodismo, con las ‘fake news’ y las malas prácticas a la cabeza.

Olga Agüero, decana del Colegio de Periodistas de Cantabria, en el monumento a José Estrañí, uno de los fundadores de la centenaria Asociación de la Prensa de Cantabria. (Foto: Nacho Cubero)

Pregunta.- Existe ya una Asociación de Periodistas, heredera de la antigua Asociación de la Prensa, con una historia centenaria y unos fines muy similares a los que persigue el recién creado Colegio de Periodistas de Cantabria. ¿Por qué entonces la creación de este nuevo organismo?
Respuesta.- El colegio lo ha impulsado la propia Asociación de Periodistas, que es quien en un momento dado decide dar ese paso, en sintonía con lo que se había hecho ya en otras Comunidades Autónomas. El de Cantabria es, de hecho, el colegio número diez entre los que existen en España. ¿Qué aporta respecto a la asociación? La Asociación de la Prensa tiene un carácter gremial, derivado de esa historia centenaria, y agrupa a profesiones muy distintas. Pero lo que antes era un oficio, hoy se ha profesionalizado, con titulaciones universitarias que existen desde los años setenta. Es importante que nosotros, los periodistas, tengamos lo mismo que otras profesiones: un colegio que nos represente. E insisto: fue la misma Asociación de Periodistas la que vio esa necesidad. Y bienvenido sea.

P.- ¿Cómo va a ser la relación con la asociación? ¿Esta pensado compartir locales o algún tipo de estructura?
R.- En principio son dos entidades absolutamente diferentes. El colegio es una corporación de derecho público que se convierte en el órgano oficial que representa a los periodistas de Cantabria, en tanto que la asociación es eso, una asociación con los fines que tiene, que por supuesto uno es la defensa del periodismo. ¿Que se comparten muchos objetivos? Es evidente. Hasta ahora esa defensa y la custodia del legado histórico la han hecho ellos. ¿A partir de ahora? Nosotros nos constituimos el sábado y ayer martes ya pedí una reunión para hablar con la directiva de la Asociación de Periodistas para sentar las bases de esa relación, que yo tengo la convicción de que será de fraternidad, de convivencia y de colaboración, porque no puede ser de otra manera. Pero es verdad que en este proceso nadie nos ha dicho que vayamos a compartir locales o cualquier otra cosa. Eso dependerá de la voluntad de las personas que están al frente del colegio y de la asociación y de los acuerdos a los que podamos llegar.

P.- La asociación, por esa trayectoria centenaria que mencionábamos y por la actividad desarrollada en ese tiempo, tiene un patrimonio con el que el Colegio de Periodistas no cuenta. ¿Cómo va a financiarse?
R.- Soy socia de la Asociación de Periodistas pero nunca he estado en su directiva y no sé el patrimonio que pueden tener. Pero es verdad que esta es una pregunta que me están haciendo mucho y que tiene una respuesta sencilla: nuestro colegio se va a financiar exactamente igual que el resto de colegios que existen en Cantabria, con las cuotas de los colegiados. Es cierto que cuando empiezas a cobrar una cuota, y no has podido ahorrar, o no has tenido aportaciones extraordinarias, o no heredas un patrimonio, naces desnudo. Pero el dinero no tiene que ser un problema, porque además me parece positivo que nos nutramos de las aportaciones de nuestros colegiados y no de otras fuentes, o del dinero público. Eso no quita que en determinado momento nosotros podamos ofrecer servicios, a otras instituciones o entidades, de los que puedan derivarse ingresos. Pero de entrada vamos a tener una economía ajustada, eso está claro. Respecto a la sede, no hemos decidido nada. Perfectamente podríamos funcionar sin una sede, o con una sede virtual, que de hecho quizá sea lo mejor teniendo en cuenta las circunstancias. Lo valoraremos entre todos en una próxima asamblea.

P.- El Colegio echa a andar con 187 colegiados…
R.- Esa es, en efecto, la cifra del primer censo, pero ahora ya tenemos 205 porque hubo gente que no llegó a tiempo y se ha colegiado más tarde. Ha habido muchos compañeros que se han enterado de la creación del Colegio cuando hemos tenido la asamblea constituyente, porque no estaba en la Asociación de Periodistas, porque no trabaja en Cantabria o acaba de graduarse.

P.- Más allá incluso de la propia cifra, ¿en qué medida es representativa la nómina de colegiados de la realidad de la profesión periodística en Cantabria?
R.- El 92% de quienes se han colegiado hasta ahora están en activo. Un centenar de ellos no estaban en la asociación, pero están activos en los medios y se han colegiado. Están representadas prácticamente todas las redacciones, todos los gabinetes de comunicación y hay también muchos autónomos. Porque esta es una profesión que camina hacia el autoempleo, en la que es muy difícil tener un trabajo fijo, y eso lo vemos muy representado. Y tenemos también jóvenes que se han incorporado mientras buscan empleo. Sí creo que formamos un colectivo muy representativo de lo que es la realidad de la profesión.

P.- ¿Cómo valora que la suya haya sido la única candidatura? ¿Es reflejo de la existencia de un consenso o simplemente es que nadie más ha querido afrontar el reto de ponerse al frente del proyecto, no sé si por su dificultad?
R.- Lo interpretamos como fruto de un gran consenso, y ha sido una enorme satisfacción para los que hemos dado forma a la candidatura. Ha sido impulsada por un número muy grande de colegiados, del que se ha seleccionado a un grupo de personas que creemos que representa casi todos los sectores: hay profesionales de la radio, de la prensa digital e impresa, de agencias, de gabinetes de comunicación… nos ha parecido que era muy plural en su composición. Todos somos personas en activo y eso también es un elemento conciliador. Creo que es un gran comienzo el que haya existido una candidatura de unidad, y que no haya habido ningún adversario. Es importante.

P.- El objetivo es la defensa de la profesión, pero quizá la primera dificultad es identificar de qué profesión hablamos, porque los cambios que se han dado en los últimos años han sido tremendos.
R.- Hoy precisamente lo hablaba con una compañera, que me decía que no es que haya cambiado el periodismo, que lo que cambia es la sociedad. Esa nostalgia del periodismo con olor a tinta, con una rotativa funcionando, con las imágenes de Lou Grant que podemos reconocer los de nuestra generación… todo eso ha muerto, o casi ha muerto porque es un campo de trabajo muy menor. Han surgido otros formatos, otras experiencias y nosotros, los periodistas, ampliamos nuestras funciones a un campo mayor, que es la comunicación. En el caso de Cantabria, por ejemplo, los jefes de gabinete, las personas más importantes que apoyan a los consejeros, son en su mayoría periodistas. Tenemos la capacidad de manejar redes sociales, que muchas veces se han dejado en manos de personas con menos experiencia en comunicación y eso está volviendo a nosotros. Hay también amenazas, el intrusismo, las noticias falsas… pero la profesión está muy viva.

Olga Agüero, junto a varios miembros de la primera junta directiva del Colegio de Periodistas, en el encuentro con la consejera de Presidencia. La decana encabeza un equipo que completan Cristina Dosal, Laro García, Teresa Díez, Jésica Quintero, José María Gutiérrez y Alexia Gómez Pelayo. (Foto: Silvia Bouzo)

P.- Es cierto que hay una presencia relevante de periodistas en tareas de comunicación política, o en la empresa, pero en realidad estamos hablando de dos profesiones distintas. ¿En qué medida pueden defenderse los intereses de ambas desde el colegio?
R.- Es un reto. De hecho, cuando hablamos de trabajar en comunicación los periodistas solemos definirlo como pasar al otro lado, o incluso pasar al lado oscuro. Yo he estado en los dos lados, que es algo muy habitual porque es muy difícil tener un trabajo fijo y trabajamos donde nos llaman. Pero es que además creo que la experiencia de trabajar en ambos lugares es enriquecedora y no debería suponer ningún estigma ni ninguna etiqueta. Del mismo modo que trabajas para una cabecera con una línea editorial, y luego para otra con otra completamente diferente, puedes trabajar en comunicación política. Tenemos que respetarnos y vernos a nosotros mismos como profesionales técnicos que hacemos esa labor. Y los primeros que tenemos que defenderlo somos nosotros. Lo importante es ejercer la comunicación, o el periodismo, con una reglas éticas que no se transgredan.

P.- Quizá no sea tanto un problema de puertas adentro, entre los profesionales, como en lo que puede afectar a la forma en que se ve a los periodistas por parte de los receptores de la información, que pueden cuestionar la independencia de quien ha trabajado en comunicación política para un determinado partido, y luego vuelve a ejercer el periodismo. O viceversa.
P.- Desde luego queremos combatir esa imagen, que como decía es un estigma que parte de una idea preconcebida bastante absurda. Un partido político no solo contrata a un periodista para que le lleve la comunicación, contrata también a una persona que está en la secretaría, otro en la base de datos… Yo nunca he oído que en los colegios de gestores administrativos se les tache de tener determinado color político por trabajar aquí o allí. Pero, ojo, porque ese es un estigma que también ha existido en los medios de comunicación: si uno trabaja para ‘La Sexta’, o ‘La Razón’ parece que está defendiendo intereses distintos, y no. Los periodistas estamos haciendo y defendiendo lo mismo en todas partes: la información elaborada según los criterios profesionales que corresponden. Los periodistas defendemos nuestra independencia con mucho coraje, con más del que la gente piensa. Jefes y cabezas pensantes tenemos en ambos lados, en la comunicación y en el periodismo, solo que parece más descarado cuando trabajas directamente bajo las siglas de determinado partido, pero hay medios de comunicación también muy vinculados a determinadas siglas. Contra eso, contra los ataques a la independencia, es contra lo que tenemos que luchar, vengan de donde vengan..

P.- En las asociaciones de la prensa se sientan en la misma mesa las empresas y los periodistas, lo que alguien podía pensar que dificulta esa defensa de la independencia frente a los intereses puramente empresariales de los medios de comunicación. No sé si este es un riesgo que también puede cuestionar la labor del colegio.
R.- Esta es un asociación de periodistas, no una asociación de medios de comunicación, y nosotros estamos aquí para defender a los periodistas, no a las cabeceras, las líneas editoriales o los intereses empresariales. Los periodistas escribimos para la gente, para los ciudadanos, y no debemos hacerlo ni para las instituciones ni para los consejos de administración. Esa es la independencia que tenemos que defender. ¿Que no es fácil y que las cosas cuestan? Por supuesto, es que esta es una profesión complicada, de equilibrios complejos. Pero tenemos el compromiso de defender con voz firme la independencia de los periodistas y, por supuesto, denunciar cuando nos conste que existan presiones que la cuestionen. Presiones que en ocasiones silenciamos o que incluso tendemos a considerar normales, y que no lo son.

P.- Una de las diferencias de los colegios, respecto a las asociaciones, es que entre sus obligaciones está no solo la de dar servicio a sus asociados, si no también a la sociedad, atiendo las reclamaciones que puedan producirse por una mala práctica profesional. ¿Hay previstas iniciativas en este campo?
P.- Queremos crear una comisión de deontología o de quejas, pero sobre todo lo que nos gustaría es que los periodistas nos abriésemos más a la sociedad. Nunca somos noticia, salgo ahora por ejemplo con la creación del colegio, pero sí debemos ser capaces de escuchar a la sociedad, conocer opinión que tienen sobre nosotros… que por cierto, es bastante negativa. La nuestra es una profesión desprestigiada, en línea con la visión que se tiene de los políticos. Eso queremos cambiarlo: escuchar a la sociedad, debatir, dialogar y reflexionar sobre lo que nos digan. Y explicar a los ciudadanos cómo trabajamos, lo que debería servir para distinguirnos de todo ese intrusismo del que hablaba antes. Hay pseudomedios de comunicación, plataformas digitales, redes sociales… que creen que la información es solo un negocio, que es verdad que también lo es, pero no se puede es traficar con algo tan delicado como eso. Halagar o criticar en función del dinero público que recibes, por ejemplo, no es periodismo. Tampoco lo es una plataforma que replica los comunicados oficiales: eso puede ser propaganda, pero no es periodismo. Parte de la mala fama que arrastramos ahora los periodistas creo que puede venir de ahí.

P.- ¿Y cómo se proponen combatirlo?
Queremos trabajar en dos líneas. Primero haciendo unos debates con los ciudadanos, en los que escuchar y explicar cómo hacemos las cosas. También queremos hacer un registro que distinga entre lo que es o no es un medio de comunicación, a partir de criterios objetivos. Alguien puede tener un blog en el que vierte sus opiniones, perfecto, eso está bien y no hay ningún problema. Pero eso no es un medio de comunicación. ¿Qué criterios objetivos son esos que nos permiten diferenciar quién es o no es un medio de comunicación? Por ejemplo, contar o no con información propia, tener al menos un periodista en plantilla, actualizar los contenidos con cierta regularidad… Esto ya está inventado, no es idea nuestra y otros colegios ya lo están haciendo. Eso también nos permite trabajar con el Gobierno para tratar de impulsar una regulación del reparto de la publicidad institucional, con criterios objetivos y transparentes, y que esos criterios, y lo que recibe cada uno, esté en el portal de transparencia, de manera que los ciudadanos puedan conocerlo. Me parece que eso es un sistema ético y justo.

P.- Ya en el caso de la Asociación de Periodistas, y ahora también en el proceso de la creación del colegio, la titulación de los profesionales ha centrado buena parte del debate. Puede dar la sensación que la batalla contra el intrusismo se plantea ahí, y no tanto en esas malas prácticas de las que habla.
P.- No es así. Yo precisamente pongo el acento en la identificación y denuncia de esas malas prácticas, y me da igual que quien las haga tenga o no la titulación de periodista. Esto me parece fundamental.

Olga Dasgoas es directora ejecutiva de Recursos Humanos y Responsabilidad Social Corporativa del Grupo FAED y acaba de recibir el premio de Mujer Empresaria 2021 que otorga la Asociación Empresa Mujer de Cantabria, ADMEC, un galardón que recibe con “respecto e ilusión”.

Cristina Bartolomé |  @criskyraFebrero 2022

Olga Dasgoas comenzó su trayectoria profesional como cajera en un supermercado, aunque el objetivo apuntaba a otra meta: pagarse un máster de gestión. En 1996, cuando se constituye Fundiciones de Aceros Especiales D, se incorpora formalmente a la empresa, donde se ocupa de la gestión administrativa y posteriormente de las funciones de directora financiera y de recursos humanos durante dos décadas. Desde hace cuatro años se encarga de la dirección de personas y la responsabilidad social corporativa.

Pregunta.- ¿Qué sensaciones le ha producido recibir este premio de las empresarias de Cantabria? ¿Ha sido una sorpresa?
Respuesta.- Lo recibo con mucha respeto e ilusión. Estoy contenta, sobre todo por mi hermano y mi familia, ya que la nuestra es una empresa familiar. Todos nuestros trabajadores me han felicitado y están muy orgullosos también de este reconocimiento.

P.- A lo largo de su carrera, ¿ha tenido que solventar dificultades por trabajar en un sector tradicionalmente masculino?
R.- Al ser una empresa familiar y desempeñar mis funciones y responsabilidades desde la dirección de la empresa, no he tenido dificultades por mi género. En el núcleo familiar quizá mis padres me encasillaron más, con buen criterio, en la gestión de la empresa y a mi hermano, Tomás Dasgoas, en la parte más técnica y operativa, pues él empezó trabajando como hornero en la fundición. Pero desde luego con mis trabajadores y equipos el trato siempre ha sido muy respetuoso y afectivo hacia mí, yo creo por que han vivido el crecimiento mío y de la empresa muy de cerca con ellos, con total transparencia, con esfuerzo y compromiso.

P.- ¿Es real la imagen que tenemos de la industria metalúrgica como especialmente complicada para las mujeres? ¿Cómo definiría la presencia femenina en este sector tanto a nivel directivo como de producción?
R.- La presencia femenina en este sector es escasa, pero necesaria al igual que en cualquier otro sector. Más aún con la dificultad que tenemos hoy las empresas de incorporar personal cualificado. El porcentaje de mujeres en los departamentos de administración suele ser el más alto, sobre el 90%, en tanto que en los departamentos técnicos o de mandos intermedios podría ser de en torno a un 40%. Pero en la parte de producción es donde mas tenemos que reforzar la presencia femenina con políticas de integración y formación, pues gracias a la incorporación de nuevas tecnologías, los procesos productivos ya no son tan penosos y tenemos unas condiciones laborales muy buenas en este sector.

Olga Dasgias, junto a las autoridades que acudieron a la gala celebrada el pasado 16 de diciembre, en la que se le entregó el premio como mujer empresaria de 2021.

P.- ¿Cuáles son los retos que plantea profesionalmente ser la directora ejecutiva de Recursos Humanos y Responsabilidad Social Corporativa de un grupo empresarial como FAED?
R.- Trabajar con las personas es siempre un reto en sí mismo. Dar respuesta a sus inquietudes y expectativas a veces es complejo, pero en Grupo FAED las personas son nuestra prioridad, las hacemos crecer profesionalmente y damos mucha importancia al trabajo en equipo. A lo largo del año 2021 hemos desarrollado una nueva estructura organizativa interna, con la creación de nuevos departamentos y la incorporación de nuevos profesionales que viene a dar una mayor robustez a toda la estructura para dar respuesta a las necesidades futuras del grupo, que no está eximido de grandes retos por delante.

P.- Faed ha crecido en los últimos años, ha comprado otras industrias y ha asumido inversiones importantes. ¿Hasta qué punto el tamaño es imprescindible para poder competir?
R.- Estamos en un momento de madurez y de consolidación del crecimiento sostenido que hemos tenido en estos últimos 25 años, pero también de seguir creciendo en un mundo globalizado muy competitivo con grandes retos por delante para dar respuesta a las necesidades de nuestros clientes en un entorno industrial y sostenible. La empresa ha crecido porque tenemos una actividad industrial que ha ido ampliando los servicios en función del cliente. Se trata de buscar siempre las oportunidades para que tu actividad permanezca viva. Nosotros empezamos fabricando piezas muy pequeñas, y esto ha ido cambiando. Si no hubiéramos ampliado el volumen de las piezas no estaríamos ahora en el mercado. Lo que tenemos por delante es la tarea de consolidar lo que hemos hecho, principalmente con un crecimiento muy importante en dos años y medio. Ahora nos toca robustecer y consolidar la nueva estructura. En líneas generales, iremos creciendo en servicios al cliente, viendo dónde necesitamos reforzar, dónde nos demandan determinado servicio… Por ejemplo, últimamente nos están solicitando servicios de mantenimiento, es por ahí por donde ahora podemos crecer.

P.- En general, ¿cómo ve el panorama industrial actual en nuestra región?
R.- La industria en Cantabria está ante la gran oportunidad de definir qué va a ser en los próximos 10 años. Dependerá de la gestión que las empresas hagamos para desarrollar las capacitaciones necesarias ante retos como la digitalización, la colaboración entre empresas y, especialmente, la capacidad de atraer personal que dé respuesta a nuestras necesidades de contratación. Todo eso va a marcar el futuro de la industria de la región.

P.- ¿El sector siderúrgico en Cantabria, tiene el peso que debiera o pudiera tener?
R.- Al sector siderúrgico en Cantabria se le debe reconocer la importancia que tiene para la sociedad cántabra. Somos empresas especialmente exportadoras, con empleo estable y de calidad, y medioambientalmente comprometidos con la sostenibilidad. La imagen que hay de nosotros esta distorsionada por años pasados y debemos cambiarlo.

P.- En general, ¿qué aporta Cantabria en este sector industrial y qué puede llegar a aportar?
R.- Cantabria como sociedad debe conocer mejor la importancia del sector industrial y lo que supone para la economía. Por su parte, el Gobierno de Cantabria debe seguir apoyando los intereses de la industria, debemos vencer las barreras administrativas que dificultan los planes de crecimiento o implantación de las empresas, apostar por una formación profesional que cubra las necesidades del sector, atraer los fondos europeos a tiempo para desarrollar los proyectos que ya hay… En definitiva, Cantabria debe trabajar para tener un sector industrial fuerte.

P.- Dice que el sector no tiene el reconocimiento debido. ¿Podría cuantificar la aportación a la economía de Cantabria de las empresas metalúrgicas presentes en la región y/o la de Grupo FAED?
R.- Las cuestiones económicas o datos numéricos son muy importantes, pero han de ser otros los que los cuantifiquen y valoren. Lo que es diferenciador de este sector es lo que aporta a nivel de estabilidad, empleabilidad, calidad del empleo y aportación a la sociedad. Las empresas industriales en las últimas crisis hemos sido las que mejor han aguantado y más han contribuido a la economía de Cantabria. El Grupo FAED es una más de las excelentes empresas que Cantabria tiene en este sector.

P.- La UE parece mantener un compromiso político de reindustrializar Europa, ¿cree que es posible hacerlo y de qué depende que pueda conseguirse ese objetivo?
R.- Europa apuesta ahora más por la sostenibilidad, por energías renovables, por la descarbonización… Todo esto es un reto para las industrias porque nos hacen menos competitivos con respecto a otras empresas del sector de fuera de Europa, y nos dificulta el crecimiento. Porque no hay que olvidar que estamos en un mundo globalizado, con grandes competidores como China o Estados Unidos, donde no hay restricciones. Ahora la apuesta importante son los fondos europeos, sin embargo echamos en falta algo más de transparencia: no hay protocolo de gestión, no sabemos dónde hay que dirigirse, qué se financia, qué no… Al final parece que esos fondos se van a aprovechar para reforzar ayudas que ya existían, el CRECE del Gobierno de Cantabria o el I+D. Pero no sabemos con qué condiciones van a salir o cómo se van a cumplir ciertos requisitos. Estoy en bastantes asociaciones de empresarios y se comenta este tema de la burocracia, la opacidad… Seguimos sin ver muy claro cómo se va a desarrollar el proceso. Por otra parte, la metalurgia se ha visto siempre como una industria muy contaminante, cuando en realidad somos la mayor recicladora: reciclamos toda la chatarra. Además, las energías que utilizamos son todas renovables y el nivel de carbono que emitimos está muy por debajo de lo que se exige. Podemos decir que hacemos un acero ecológico, no se nos puede pedir más.

P.- ¿De qué depende que la industria de Cantabria, y en particular la metalúrgica, pueda recuperar el protagonismo que ha venido perdiendo en los últimos años?
R.- Creo que de una apuesta por el sector a nivel político. Las empresas que exportamos necesitamos buenas vías de comunicación, sobre todo en el transporte de mercancías y es una pena que una vez mas Cantabria se quede fuera de estas importantes inversiones. Nos hemos quedado fuera del Corredor del Atlántico y de la red transeuropea, pero es que tampoco llegan las mejoras en las comunicaciones a Madrid o País Vasco. Necesitamos polígonos industriales dotados de servicios. Por ejemplo en nuestro caso, en el polígono de Requejada no tenemos fibra óptica para las empresas, con lo que esto limita la velocidad en la digitalización. La energía eléctrica, la seguridad jurídica… son asuntos en los que son muy importantes las decisiones políticas que se tomen. Por otra parte está la formación profesional: los grados que se ofertan no siempre se corresponden con las necesidades de mano de obra cualificada que se precisa en la industria. Ni siquiera tenemos centros de formación donde impartir los certificados de profesionalidad para moldeadores y horneros –en el caso particular de la fundición– y tenemos que formar a estos profesionales nosotros internamente, utilizando la contratación temporal en lugar de los contratos formativos ligados a estos certificados porque las exigencias en medios físicos e instalaciones que la norma pide a estos centros es imposible de cumplir. Para resolver esto llevamos años reclamando un cambio desde las administraciones, pero no se hace nada. Cuando el paro juvenil representa ya el 30% de la población y las empresas no encontramos profesionales, algo estamos haciendo muy mal.

Agustín Ibáñez dirige desde agosto de 2019 el Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA), un organismo con competencias en control de la calidad del aire y de las aguas, así como en divulgación en materia medioambiental. En esta entrevista desgrana las principales líneas de actuación presentes y futuras de la entidad que dirige y desgrana algunos de los retos pendientes.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Febrero 2022

Agustín Ibáñez sostiene que, en términos generales, la calidad del aire de Cantabria es buena o muy buena, apela a la necesidad de que Administración y sociedad aborden juntos la transición ecológica y estima que hay suficiente regulación ambiental, aunque reconoce que lo que seguramente falta es aplicarla y cumplirla mejor.
Pregunta.– ¿Que la sede del CIMA esté en Torrelavega obedece más al deseo de descentralización de organismos o a esa tradicional mayor preocupación medioambiental que existe en la comarca del Besaya?
Respuesta.– Obedece un poco a las dos cosas, aunque seguramente algo más a la segunda. Hace treinta años, cuando se creó el CIMA, el contexto social, económico e industrial de Cantabria era muy diferente al de ahora. En aquella época se decidió, y creo que con acierto, ubicar el centro en Torrelavega, a escasos metros del río Besaya, como una clara apuesta por la investigación medioambiental en una cuenca por aquel entonces más industrializada. Sobre la descentralización que comenta, considero que es bueno que haya centros de trabajo que no estén en Santander. Estamos a 24 kilómetros de la capital y en una localización privilegiada porque este es casi el centro de la región: por aquí se pasa para ir al sur, a occidente… Es decir, creo que estamos muy bien ubicados y que fue un claro acierto abrir aquí el CIMA.

P.¬ El CIMA dispondrá en 2022 de un presupuesto de casi tres millones de euros. ¿Suficiente?
R.– Un director de un centro siempre quiere más. Pero estoy satisfecho. Hay que tener en cuenta que formamos parte de una gran Consejería, como es la de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, con cerca de 1.300 trabajadores, desde la que atendemos las necesidades del sector primario, del mundo rural y por supuesto también las medioambientales. En ese contexto, entiendo que esos tres millones de euros han de ser suficientes para seguir desarrollando en 2022 los proyectos clásicos del CIMA y acometer nuevas líneas de trabajo.

P.– El recientemente creado Consejo Asesor de Cambio Climático y Medio Ambiente, que sustituye al Consejo Asesor de Medio Ambiente (CAMAC), cuenta con una representación social más amplia y un mayor componente técnico. ¿Qué espera de este órgano?
R.– Es un órgano al que damos mucha importancia a la hora de asesorar, aconsejar y emitir informes que ayuden a la Consejería a poner en práctica una política más eficaz y participativa. Reconocemos y agradecemos el trabajo del CAMAC, pero como bien dice hemos querido dotarle de una representación social más amplia, con más de 60 miembros de diferentes entidades, y con un carácter más técnico. Tenemos el compromiso de dinamizar desde aquí ese consejo asesor y convocar en enero una primera sesión constitutiva de este nuevo órgano que está presidido por el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Creemos que va a ser un órgano muy relevante de participación ciudadana que va a ayudar a que la gestión de esta Consejería sea en los próximos años también más transparente y participativa.

P.– La última cumbre mundial sobre el clima celebrada en noviembre se ha cerrado con un acuerdo de mínimos y con mensajes descafeinados, pese a que todos los gobiernos reconocieron que están fallando en su lucha contra el cambio climático ¿Una cosa es predicar y otra dar trigo?
R.– Sin duda. Pero ocurre en todas las cumbres, no solo en esta última celebrada en Glasgow. Está claro que este tipo de encuentros siempre arrancan con unas expectativas muy altas y al finalizar los resultados suelen defraudar a casi todas las partes. Pero en el caso de la COP 26 también hubo buenas noticias, como el acuerdo de no superar 1,5 grados centígrados a final de siglo, que medio millar de grandes firmas financieras gestionarán 130 billones de dólares destinados a objetivos climáticos relacionados con el Acuerdo de París, o que más de un centenar de países se han comprometido a salvar los bosques y acabar con la deforestación en 2030.

P.– Los combustibles fósiles, ¿deberían tener las horas contadas?
R.– Pues deberían. Eso nos está diciendo Europa y todos los organismos internacionales. Creo que el proceso de transición ecológica no tiene marcha atrás y que todos hemos de adaptarnos al mismo, por lo que es inevitable la descarbonización de los procesos productivos en el plazo corto-medio. No obstante, y enlazando con la pregunta anterior, lo cierto es que en la reciente COP 26 los negociadores finalmente no acordaron la eliminación progresiva de combustibles fósiles como el carbón, si bien pienso que es cuestión de tiempo. Pero estoy convencido de que esta transición ecológica tiene que hacerse no de forma impuesta, sino teniendo en cuenta a los agentes económicos y sociales. Ha de ser fruto de un camino compartido, de una negociación y un entendimiento entre Administración y sociedad. Si no lo hacemos así, no tendrá éxito.

P.– Cantabria reconoció en 2019 la situación de emergencia climática. ¿Somos conscientes los cántabros de lo que nos jugamos?
R.– Quiero entender que sí. Pero no dejo de reconocer que queda mucho por hacer. Esta declaración ponía sobre la mesa el camino de no retorno que hemos emprendido de degradación y abuso de los recursos naturales y el Gobierno de Cantabria alertaba de la necesidad de cambiar el paso y de apostar por una economía circular, por una bioeconomía. Lo que nos quedaría seguramente es hacer llegar ese mensaje a más estratos de la sociedad. Es sin duda uno de los retos que tenemos por delante porque, al final, todos somos parte del problema y de la solución.

P.– ¿A qué o a quién hay que achacarle los males que sufre nuestro medio ambiente?
R.– Todos tenemos la culpa. Todos somos responsables de lo bueno y de lo malo que le ocurre al planeta. Evidentemente, nuestro estilo y calidad de vida supone una huella ecológica sobre el medio ambiente. Pero igualmente, como decía antes, creo que todos debemos ser parte de la solución. Por eso, considero que la educación ambiental es una herramienta fundamental para, de alguna manera, revertir esta situación de degradación medioambiental.

P.– El respiro que dimos al medio ambiente con el confinamiento, ¿ha venido para quedarse o hemos vuelto a las andadas?
R.– Pues creo que lamentablemente fue algo efímero. Fue una auténtica pasada cómo descendieron los índices de contaminantes y de partículas en el aire, sobre todos en esos primeros meses de marzo, abril y mayo de 2020. Evidentemente dimos un respiro al planeta, pero unos meses después, con la famosa desescalada, los índices de calidad del aire volvieron a límites bastante normales. Con lo cual hay que deducir que aquel descenso no obedeció a que nos volviéramos de repente muy sostenibles, sino que fue la única parte positiva de la maldita pandemia. Ahora mismo estamos en una situación muy parecida a la que teníamos en 2020. Con todo, hay que decir que la calidad del aire en Cantabria es entre buena y muy buena, aunque tenemos algún punto como son el área metropolitana de Santander y el eje Torrelavega-Los Corrales de Buelna más preocupantes lo que, por otra parte, no debe sorprender a nadie. Y ahí debemos incidir todos: Gobierno regional, ayuntamientos, empresas y sociedad para construir ciudades más habitables y sostenibles. Pero por concluir, se puede decir que en el cómputo anual no hay superaciones en los niveles de calidad del aire. Y si los hubiera, para eso estamos nosotros. De hecho, una de las prioridades de trabajo del CIMA en 2022 será adaptar los procedimientos establecidos de aviso a la población en materia de calidad del aire, dado que ahora son más exigentes los parámetros nacionales e internacionales y en Cantabria deberemos adaptar los protocolos a la nueva normativa.

P.– ¿Tienen alguna otra prioridad?
R.– Mirando al futuro, estamos pendientes de distintas convocatorias nacionales y europeas a las que podamos presentarnos. Mientras tanto, el CIMA seguirá participando en proyectos europeos que suponen atraer a Cantabria financiación externa, como por ejemplo el Proyecto LIFE3E, que coordina MARE y del cual el CIMA es socio beneficiario, con el objetivo de investigar distintos aspectos del proceso de depuración de aguas residuales; o el Proyecto Interreg BIOMIC, coordinado en Cantabria por la Mancomunidad de Municipios Sostenibles, para impulsar el uso de nuevos bioindicadores que apoyen la gestión preventiva y la recuperación de las zonas costeras con medidas que favorezcan la adaptación al cambio climático.

Los laboratorios del CIMA, en la imagen, tienen encomendada la vigilancia de la calidad del aire y de las aguas de Cantabria.

P.– Un reciente informe señalaba que Santander es la tercera ciudad española con peor calidad de aire por contaminación de vehículos. ¿Es así?
R.– No es así. Lo desmiento. Lo primero, ese estudio que está ligado a determinadas organizaciones o por qué no decirlo, a determinadas corrientes políticas, no toma como referencia los valores legales oficiales del Ministerio de Medio Ambiente, sino los niveles que establece la OMS, que son mucho más exigentes, y que son recomendaciones y, por tanto, no son como tal vinculantes. Por eso, no lo podemos considerar fidedigno. En cualquier caso, alguien podría decirme que, aunque sean los valores de la OMS y no los oficiales, seguimos estando mal. Nos sorprende muchísimo. Santander es una ciudad pequeña-mediana y no parece razonable pensar que la capital de Cantabria tenga más contaminación que Zaragoza, Valencia o Sevilla. De hecho, los informes anuales del Ministerio confirman que en Cantabria la calidad del aire es muy buena.

P.– ¿Echa algo de menos en la actual legislación medioambiental para luchar contra la contaminación?
R.– Creo que es profusa y que hay suficiente regulación. Lo que falta seguramente es aplicarla y cumplirla mejor. Y también nos falta, y aquí hago un poco de autocrítica, coordinarnos mejor las distintas administraciones porque para el ciudadano, cuando tiene un problema real, puede resultar un tanto mareante no saber a quién tiene que acudir, si al Gobierno, al ayuntamiento, a la confederación… Lógicamente, la legislación medioambiental tiene que ir mejorando con el paso del tiempo pero, insisto, lo que tenemos que hacer es ser capaces de aplicarla y coordinarnos mejor para que ese famoso problema de las competencias deje de ser tal.

P.– Sostiene que el CIMA es mucho más que la medición del aire que respiramos. ¿Quizá hace falta una mayor labor de difusión del trabajo que desarrolla?
R.– Es verdad que el CIMA es mucho más que la medición del aire que respiramos, si bien otorgamos una importancia capital a la Red Automática de Vigilancia y Control de la Calidad del Aire de Cantabria porque, a la postre, estamos hablando de medio ambiente pero también de salud. Pero es igualmente muy importante la labor de nuestro laboratorio de calidad –uno de los emblemas del centro–, y el trabajo que desempeñamos en el ámbito de la información y educación ambiental, voluntariado, etc., con programas como el Centro de Documentación y Recursos para la Educación Ambiental de Cantabria (Cedreac) y el Programa de Educación Ambiental y Voluntariado de Cantabria (Provoca).

P.– Desde su organismo han hecho un esfuerzo por acercar la información ambiental al ciudadano a través de diferentes páginas y plataformas en internet. Sin embargo, la lectura e interpretación de los datos que ofrecen no están siempre al alcance de todos. ¿No es un poco tratar de matar moscas a cañonazos?
R.– Puede ser. Somos conscientes de que la información ambiental es árida. Y que muchas veces hay que traducirlo. Por eso tratamos de emitir mensajes claros a través de la página corporativa del CIMA, que es más asequible y digerible para el ciudadano de a pie. Por otro lado, también apostamos en los últimos tiempos por las redes sociales, donde se lanzan píldoras de información ambiental en formatos populares y de fácil comprensión; e incluso, vinculado al Cedreac, tenemos nuestro propio canal de YouTube con mensajes de información ambiental. Con todo ello creo que seremos capaces de comunicar mejor lo que queremos.

P.– ¿Cómo calificaría la calidad de las aguas en Cantabria?
R.– Ha experimentado un cambio brutal. Recuerdo cómo era la calidad de las aguas de Cantabria hace veinte años y es evidente que ha mejorado mucho gracias a los esfuerzos de los ayuntamientos y del Gobierno regional para habilitar infraestructuras. Aquí también ha sido importante la labor de investigación de laboratorios como el del CIMA. Dicho esto, es claro que todo es mejorable. Seguramente tenemos un problema todavía en el mundo rural con muchos núcleos muy pequeños y muy aislados pendientes de depurar sus aguas residuales. Conseguir la depuración de todos estos pequeños núcleos es sin duda un reto. Y aquí, pensado en nuevas soluciones, hay que hablar de biotecnología, un campo en el que ya existen experiencias de fitodepuración de aguas residuales en las que ya participamos y en las que se puede seguir trabajando en los próximos años. A todo esto, hay que recordar que la competencia en este capítulo corresponde a la Consejería de Obras Públicas, con la que trabajamos de la mano aportando nuestro granito de arena.

P.– ¿El riesgo de contaminación en Cantabria viene más por tierra (industrias y vehículos a motor), mar (transporte marítimo) o aire (tráfico aéreo)?
R.– Los focos emisores son múltiples. Los principales son el tráfico rodado y los centros productivos, pero al final todos, incluidos los edificios y los hogares, contribuimos a esa contaminación. Con todo, creo que el mundo de la empresa en Cantabria, la industria y otros sectores productivos han hecho un esfuerzo muy importante en los últimos años para reducir esas emisiones y adaptarse al cambio. Está claro que la adaptación inherente a la transición ecológica es algo muy fácil de decir, pero muy complicado de hacer.

P.– Ya que lo cita, para preservar el medio ambiente los expertos abogan, entre otros objetivos, por incorporar mejores técnicas industriales en las empresas. ¿Lo están cumpliendo?
R.– Totalmente. La empresa de Cantabria es una empresa responsable. En este sentido, también reconozco la labor de organizaciones como la CEOE y la Cámara de Comercio, que a través de sus distintos foros medioambientales les asesoran en este proceso. Muchas empresas tienen autorizaciones ambientales e implantados sistemas de gestión ambiental e, incluso, otras que en el marco de la responsabilidad social corporativa llevan a cabo actuaciones ambientales. Pero como es lógico hay empresas más ejemplares que otras. Y en este camino, Gobierno y empresas debemos caminar juntos. De hecho, colaboramos con ellas, a través de distintas líneas de ayuda, en ese proceso de adaptación y transición ecológica hacia una economía más sostenible. No obstante, como no todo es de color de rosa, cuando las empresas incumplen, ahí está la Administración y el vigilante para actuar.

P.– ¿Qué nos falta entonces para que Cantabria sea realmente verde?
R.– Cantabria es verde, pero lo podría ser más. Es una comunidad extraordinaria. Tenemos numerosos espacios naturales protegidos y están en camino las declaraciones de otros nuevos parques. Somos un paraíso, pero evidentemente también tenemos riesgos. Por eso, desde organismos como el CIMA debemos estar vigilantes para que los impactos que genera la propia vida en las ciudades y los pueblos, la actividad industrial y el transporte no impidan que Cantabria siga siendo verde. Desde este centro y desde la Consejería vamos a seguir velando por el cumplimiento de la normativa medioambiental que, en términos generales, se está cumpliendo. Se puede decir que el comportamiento de empresas y personas es bueno en general y que cuando se produce algún incumplimiento, que claro que lo hay y seguirá habiendo, entra en vigor la ley y la Administración. En este sentido, quiero poner en valor el trabajo de organismos como el nuestro para ayudar al Gobierno de Cantabria a que la comunidad siga siendo infinita, también desde el punto de vista ambiental.

Tomás Dasgoas, presidente de la Federación Cantabria Metal (FCM), reivindica en esta entrevista el papel de su organización para contribuir a la mejoría de un sector que, pese a la crisis, asegura que mantiene unos niveles altos de empleo y negocio y que cuenta con proyectos de inversión muy importantes para relanzar la economía regional.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Noviembre 2021

Pregunta.– Hace unos meses decidieron dar un nuevo impulso a una organización creada en 2007 pero que llevaba años dormida. ¿Por qué?
Respuesta.– El impulso viene dado por el interés de los diferentes presidentes de las asociaciones que conforman esta federación –Asiecan, Acemetal, Energía Cantabria, Asecove y Acometal– en algo tan importante y tan trascendental para las empresas del sector como es la negociación de los convenios colectivos del Metal y del Comercio del Metal, que están vencidos. Este es uno del principales objetivos de la FCM que motivaron su reactivación. También está el contar con una asociación que busque mejorar la situación actual de la industria del metal en Cantabria.

P.– Asegura que los empresarios del metal necesitan un referente sectorial representativo y solido que sepa defender sus intereses. ¿Este papel no lo cumple ya Pymetal Cantabria, la patronal más representativa del sector? ¿Quieren discutir esta representatividad?
R.– La representación de Pymetal no la discutimos, porque es un hecho; lo que sí discutimos o no compartimos es que represente los intereses del sector. De hecho, no organiza, que nosotros conozcamos, ninguna acción que favorezca la relación entre las empresas. Su labor está más enfocada hacia su actividad formativa, que no deja de ser parte de un negocio, y a seguir conservando esa representatividad que le da el poder de negociar el convenio en nombre de un sector al que, a nuestro juicio, no defiende.

P.– Aboga por definir bien cuáles son las necesidades del sector. Le escucho.
R.– Las necesidades del metal no son muy distintas a las del resto del sector industrial en Cantabria. Le recuerdo, en este sentido, que la FCM es una asociación que está integrada en la CEOE, al igual que el resto de asociaciones que pertenecen a la federación, porque creemos que la Confederación es el máximo exponente de la representación de la patronal en la región. Pymetal no lo entiende así y por eso no está dentro de la CEOE. Nosotros, por nuestra parte, queremos tener asociaciones unidas y no alejadas en sus acciones. En la reunión de seguimiento de la Alianza por la Industria expondremos las condiciones para mejorar la situación del sector y contribuir al mantenimiento del empleo y la creación de nuevos puestos de trabajo. ¿Cuáles son las necesidades? Entre ellas, una histórica reivindicación que es la agilidad en la gestión administrativa, tanto en la obtención de licencias como en los trámites burocráticos que hacen que nuestra actividad se ralentice. Además, está la necesidad, de regular los costes energéticos, que es trascendental. Sabemos que un gobierno como el de Cantabria poco puede incidir en esa mejora, pero tiene la obligación de al menos mediar ante el Gobierno de España. Porque los precios a los que ahora mismo la industria está pagando la energía nos dejan fuera de cualquier competitividad en Europa.

Tomás Dasgoas, presidente de la Federación Cantabria Metal, en un momento de la entrevista.

P.– Asimismo reclama abordar los retos futuros de forma conjunta en una comunidad poco acostumbrada a grandes colaboraciones. ¿Qué propone para superar el tradicional individualismo que ha caracterizado al tejido empresarial cántabro?
R.– Pues cosas tan básicas como las que vamos a empezar a hacer este mes de octubre: encuentros mensuales entre una empresa tractora de la región y otras ocho de diferentes tamaños para compartir opiniones y experiencias sobre la actual situación coyuntural de incremento de los precios de las materias primas, escasez de componentes… Pretendemos conocer cómo gestionan cada una de ellas estas cuestiones para poder extraer de ahí una especie de manual de buenas prácticas. Creo que es positivo que haya ese interés en compartir información, prácticas y consejos sobre cómo actuar ante estas situaciones. Mes a mes iremos planteando la participación de nuevas empresas, lo que sin duda nos permitirá que sus directivos y responsables de producción se conozcan entre sí y crear en consecuencia una red de contactos y de relaciones que nos permita generar sinergias.

P.– ¿Cómo se presenta la próxima negociación de los dos convenios colectivos aplicables en el sector –Metal y Comercio del Metal– que regulan las relaciones laborales de más de 30.000 empleados en la región?
R.– Los convenios están vencidos y la mesa de negociación está ya denunciada. La FCM no va a poder participar en esta ocasión porque no tiene la representatividad reconocida. Pero del mismo modo que ahora va a haber tres sindicatos en la negociación, no entendemos por qué no puede haber también dos representantes de la patronal. Creemos que tenemos suficiente representatividad para al menos estar sentados, aunque está claro que no se nos va a invitar. En cualquier caso, esperamos poder conseguir la representación necesaria para que en el siguiente convenio sí podamos estar sentados en la mesa y contribuir a la mejoría del sector.

P.– La industria metalúrgica cántabra ha sido históricamente uno de los sectores más fuertes y con un mayor peso en la economía regional. Tras la recesión económica de 2008, el sector llevaba años tratando de recuperar la fortaleza anterior cuando llegó la pandemia. ¿Cómo les ha afectado esta crisis?
R.– Esta crisis ha vuelto a demostrar la fortaleza de la industria del metal como un sector que prevalece. Me explico: en el año 2008 hubo una crisis fortísima y las empresas del sector industrial y del metal no solo sobrevivieron, sino que generaron exportación y crearon o mantuvieron empleo. Ahora, en la crisis de la covid, las empresas del metal siguen manteniendo unos niveles de empleo y de negocio altos y con unos proyectos de inversión muy importantes que pueden contribuir a que el futuro de Cantabria sea aún mejor del que es actualmente.

P.– Algunos expertos lamentan que la industria en Cantabria siempre ha estado en un segundo plano y que los responsables políticos solo se acuerdan de ella cuando existe el riesgo de cierres o deslocalizaciones. ¿Qué hace falta para que los inversores industriales se fijen en la región?
R.– Es cierto. Ahora en la CEOE el sector industrial ya cuenta con una alta representatividad en el comité ejecutivo y tomamos parte de las soluciones. ¿Qué hace falta? Como decía antes, es necesario una mayor agilidad por parte de la Administración para facilitar la creación de nuevos centros productivos o la ampliación de los ya existentes. Por desgracia, hay ejemplos de empresas que han querido instalarse en Cantabria y por los plazos administrativos tan largos han optado por buscar localizaciones en otras comunidades. Por otro lado, no tenemos desde hace muchos años una imagen hacia la sociedad que realmente transmita los valores de la industria y lo que representamos para la economía regional. Lejos de eso, somos visto como los que contaminamos y generamos problemas cuando, en realidad, la industria del metal es la que está creando empleos de mayor calidad y estabilidad y donde las inversiones conllevan grandes periodos de permanencia en la región. Es difícil deslocalizar empresas de nuestro sector.

P.– La Confederación Española de Organizaciones Empresariales del Metal (Confemetal) reclamaba hace unos días terminar con la “crónica inestabilidad regulatoria” del sistema energético español, para lo que pedía el diseño de un nuevo modelo que favorezca la competitividad industrial y se aleje de las decisiones de carácter político. ¿Comparte esta visión?
R.– Por supuesto. Creemos que es fundamental que se aborde un cambio en este sentido.

P.– La rápida recuperación de la demanda ha triplicado en los últimos meses los precios del acero. ¿Considera que esta escalada es algo coyuntural o que ha venido para quedarse?
R.– Los precios de las materias primas, no ya solo del acero, sino también de la madera o de los plásticos, han experimentado un incremento muy importante. Y creo que ese nivel de precios se va a mantener durante muchísimo tiempo. Difícilmente vamos a ver en el corto plazo bajadas de precios a niveles conocidos no hace mucho. Por tanto, es una realidad con la que ya todos tenemos que empezar a convivir. Es evidente que este aumento está haciendo caer los resultados de las compañías. Todo esto va contra el margen empresarial porque es casi imposible trasladar en el corto plazo estos precios a los clientes. Y, en consecuencia, plantea dificultades para crecer, invertir y mejorar las condiciones de las empresas. Esperemos que el mercado se vaya adecuando a esta realidad y podamos ir actualizando los precios. Lo que es claro es que esta escalada de precios se va a trasladar finalmente al consumidor, que somos todos.

P.– La transformación digital se presenta como el reto más importante para la competitividad de las empresas metalúrgicas. ¿Cómo ve esa evolución de la industrial tradicional a la industria 4.0?
R.– Antes se veía como una necesidad; ahora es una obligación que está siendo una realidad. Todas las empresas estamos abordando esta transformación. Ahora nadie discute si es o no necesario. Es posible que aún tardemos años en hacer un buen uso de estas herramientas digitales, pero es cuestión de adaptarse a ellas y de saber cómo utilizarlas.

P.– La especialización y la internacionalización aparecen igualmente como dos aspectos claves para el desarrollo del sector. Sin embargo, junto a la grandes empresas del metal, el sector también está cuajado de talleres de pequeño y mediano tamaño a los que no les resulta tan fácil acceder al mercado exterior. ¿Cómo se puede superar esas dificultades a salir fuera?
R.– La internacionalización no tiene que ser una obligación, tiene que ser una oportunidad. No todas las empresas tienen que exportar. Si una organización entiende que su producto es exportable, entonces lo tiene que acometer, pero se puede vivir en un sector como el de la industria del metal sin exportar. Existen multitud de empresas que no son exportadoras pero sí muy importantes y necesarias para la cadena de suministro de otras empresas de la región. Por eso, precisamente, la Federación Cantabria Metal busca que estas empresas más pequeñas participen en encuentros y proyectos donde, además de compartir información, puedan hacer valer su posición en esa cadena de suministros tan necesaria.

P.– La falta de profesionales cualificados es otro de los tradicionales problemas que afecta al sector. Pese al alto grado de inserción de los estudios relacionados con la fabricación mecánica, sigue faltando mano de obra. ¿A qué achaca esta falta de interés por este tipo de trabajos?
R.– Creo que existe una falta de interés por tener en la sociedad lo que antes se llamaban los oficios. A la gente cada vez le importa menos tener un trabajo en el que desarrollar una carrera profesional. Es verdad que son generalidades, pero cada vez vemos más currículos de personas que han trabajado por ejemplo de soldadores, pero también en empresas logísticas, en hostelería… Muchos no crean una carrera profesional sobre un sector concreto. Trabajan donde más le interesa en ese momento porque les pagan más o porque se da la casualidad de que hay trabajo. Existe poca gente formada pero es que existe poca gente que quiera trabajar. Y no conseguimos en ningún sector cubrir las necesidades de los puestos de trabajo. Y esto, que parece incongruente y que va en contra de la realidad del número de parados que existe en nuestro país, está sucediendo. El Gobierno dice que envidia las tasas de paro de otros países, que pueden rondar el 5 o el 6%. Pero cada vez que en Cantabria te acercas a tasas de paro por debajo del 11% no encuentras personas para trabajar. Esa es la realidad. A esto se suma el hecho de que durante muchos años la sociedad no ha dado valor a la FP y a los estudios técnicos, cuando resulta que prácticamente todos los jóvenes que optan por esta formación encuentran trabajo. Para bien o para mal, los valores de la sociedad han cambiado. La gente cada vez aprecia más la salud, el tiempo libre o el deporte, aspectos que parece que van en contra de estas profesiones. No se cómo explicarlo, pero es así. La juventud no da ya tanta importancia al puesto de trabajo y prefiere que su ocupación esté más relacionada con sus hobbies y hábitos de vida.

P.– Los fondos europeos están llamados a ser la oportunidad histórica para la reindustrialización de España. ¿También de Cantabria?
R.– Los fondos europeos están llamados a ser el gran fracaso de España. Porque después de todo el tiempo que llevamos hablando de ellos, todavía no conocemos ni cómo ni cuándo ni a quién se les van a dar. Solo sabemos una cosa: que a la gran mayoría de las empresas españolas, que son las pymes, no les van a llegar. Y las grandes, que pueden generar tracción con sus inversiones, a día de hoy aún no saben ni cuándo ni cómo se les van a conceder. Y hay muchas empresas en Cantabria con proyectos ciertos que ya veremos cuáles se benefician de estos fondos europeos. Ahora mismo, yo no conozco ninguno que tenga la garantía de que vaya a ser aceptado por estos fondos. Y el tiempo se está acabando. Por eso digo que va ser el gran fracaso. En otros países, como Francia, Italia o Alemania, ya hay empresas que han recibido ayudas de esos fondos y aquí en España no conozco a ninguna. No sé a qué están esperando.

P.– El Gobierno ha anunciado que el esperado Pacto de Estado por la Industria, que ya tiene borrador, esté listo antes de fin de año y, con él, una nueva Ley de Industria que sustituya a la anterior de 1992. ¿Confía en que esta sea la apuesta definitiva para sacar a la industrial del cajón del olvido?
R.– No, porque no se está trabajando en colaboración con el empresariado ni con la CEOE. Ni tampoco se están atendiendo las necesidades reales. Entiendo que se priorizará los temas ideológicos y partidistas de los partidos que sustentan al gobierno. Por tanto, mientras no se haga de una manera consensuada con todas las partes interesadas en que esta ley sea realmente una norma transformadora, creo que se quedará en algo partidista.
De otro lado, creo que la sociedad española no está aprovechando o entendiendo el momento en el que estamos. Y vamos a dejar escapar la oportunidad de hacer una transformación real del tejido industrial en España. En alguna otra ocasión, podíamos echar en falta la financiación, pero ahora no. Con todo, soy optimista porque, pese a todo, el sector industrial ha demostrado que sabe hacer valer sus buenas prácticas y su conocimiento. Las necesidades de trasformación a nivel mundial en temas de energía, logística y movilidad van a permitir que existan oportunidades, que no sé si se van a saber aprovechar si continúan los actuales enfrentamientos y la visión partidista. Si no conseguimos cambiar esto a corto plazo, no vamos a ser capaces de aprovechar esa oportunidad.

Francisco Javier López Marcano, consejero de Industria, analiza en esta entrevista las fortalezas y riesgos de la industria regional, un sector con el que asegura va de la mano y que, a su juicio, está demostrando una sorprendente capacidad de generar nuevas iniciativas. Aboga por desterrar personalismos y por construir consensos, y defiende la importancia de las grandes empresas, aunque reconoce que no son tiempos propicios para su implantación. Afirma que trabaja para crear cuatro millones de metros cuadrados de suelo industrial y confía en que las máquinas entren en La Pasiega antes de que finalice esta legislatura. Destaca el potencial del sector sociosanitario y apuesta por jugar un papel clave en la industria del hidrógeno. Dejado atrás ya el tiempo de los ERTE, augura que el próximo año será el de las ejecuciones de proyectos y sostiene que Cantabria seguirá siendo un destino turístico seguro, saludable, natural y, por ende, preferente. Eso sí, siempre que el cielo no nos juegue una mala pasada y lleguen vacunas. ¡Que lluevan vacunas!, reclama.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Junio 2021

Pregunta.– Tras más cinco años alejado de la primera línea política regresa para hacerse cargo de un departamento que no le es en absoluto ajeno, pero al que en esta ocasión se añade de forma singular la industria regional. ¿Percibe que le van a exigir más en esta nueva responsabilidad que en otras como el turismo, un sector al que ha estado más íntimamente ligado?

Respuesta.– Debo aclarar que soy una persona muy autoexigente y que soy consciente de la enorme responsabilidad que he asumido. No diré que mi primer juez voy a ser yo, pero se aproxima muchísimo a la realidad. Estoy convencido de que hay que echar el resto en beneficio de un sector que tiene una enorme pujanza histórica en una tierra de vocación industrial contrastada. Por eso, mis esfuerzos estarán como mínimo en consonancia con la importancia que la industria representa para nuestro PIB, que actualmente está en torno al 22%. Nuestra intención es incrementarlo hasta el 24% a lo largo de esta y la próxima legislatura. Mi reto personal es esforzarme en estos dos años que restan como si fueran los cuatro de una legislatura ordinaria.

P.– Pese a que la industria alimentaria tiene un importante peso específico dentro del sector industrial de Cantabria, su gestión es competencia de otra Consejería. Aunque sea liderada también del PRC, ¿no lo considera una cierta incongruencia?

R.– Es una competencia del Gobierno, que es lo más sustantivo. Sí que es cierto que esta parcela en el día a día puede generar situaciones de difícil gestión, pero no es menos cierto que cuando un Ejecutivo cuenta en estos dos aspectos con consejeros de la misma adscripción política todo resulta más fácil. Por si eso fuera poco, los dos consejeros titulares somos vecinos y tenemos una buena relación.

P.– También es muy destacado el papel de la industria auxiliar de la automoción, un subsector en el que Cantabria cuenta con empresas altamente competitivas pero que dependen absolutamente de las decisiones que adopten las grandes multinacionales, todas ellas localizadas fuera de la región. Ante esta realidad, ¿qué papel puede desempeñar el Gobierno cántabro, además de dar ayudas?

R.–  Son los rigores de la globalización. Las decisiones son en ocasiones globales y hay puntos importantes, sobre todo en ese mapa europeo, pero también tiene sus ventajas. Hay un papel que no nos resignamos a dejar de jugar que es el de la demanda permanente conjuntamente con el sector. Hay que equilibrar las reglas de juego porque el mercado de componentes del automóvil es un mercado global que va dirigido a las grandes marcas. Dicho esto, que las grandes decisiones a veces se tomen fuera de Cantabria es como mínimo una incomodidad. Más allá de las ayudas, los responsables del Gobierno deben ser la voz de estas empresas y un interlocutor válido de sus demandas ante el Gobierno de España. Nosotros no decimos no sistemáticamente a sus proyectos de emprendimiento e innovación por más que esos mercados y las empresas matrices estén fuera de la región.

P.– Las escasas grandes industrias que hay en Cantabria son las mismas desde hace décadas, aunque en ocasiones hayan cambiado de nombre: Solvay, Dinasol, Sidenor, SEG Automotive, Armando Álvarez, Global Steel, Ferroatlántica… ¿Le preocupa la dependencia que existe de estas compañías, que en su mayor parte son las que obedecen a lo que conocemos como industria tradicional o la vieja economía?

R.– Me preocupa más que el cambio de nombre la causa que lo motiva, que es el cambio de propietarios. Resulta doloroso para un consejero de Industria muy arraigado a su tierra que las grandes decisiones se tomen en China o en Alemania porque sus propietarios son chinos o alemanes. Sin embargo, nuestras grandes empresas también tienen autonomía para tomar decisiones y están en una fase de elaboración de proyectos que a mí me ha sorprendido muy gratamente. Dicho esto, no cabe duda de que son una seña de identidad de nuestro tejido industrial, integrado en un 90% por pymes y micropymes. Los tiempos, de todos modos, no son propicios para la implantación de grandes empresas. Eso pertenece más, salvo casos excepcionales, a épocas pretéritas.

Francisco Javier López Marcano, consejero de Industria, Turismo, Innovación, Transporte y Comercio

P.– Precisamente una de ellas, Solvay, necesita sacar adelante su plan de transición energética para garantizar su continuidad. El Ejecutivo regional ya ha anunciado que brindará su apoyo para facilitar este proceso, que suma una inversión prevista de más de 120 millones de euros, pero ¿cuál es la postura de Madrid y de Bruselas?

R.– El proyecto de Solvay es modélico, ejemplar. No solo por la fuerte inversión que conlleva sino también porque se adapta perfectamente al Acuerdo de París y a las exigencias en este ámbito de 2030 y 2050. Supone la eliminación de 170.000 toneladas al año de gases de efecto invernadero. Y nosotros vamos de la mano con la empresa. Estamos al tanto y seguimos sus pasos, desde el propio presidente, que ha liderado esas demandas ante el Estado, hasta la última persona de esta consejería estamos empeñados en ser la voz y el brazo armado de la necesidad de ese proyecto para esta empresa de larguísima tradición y una de las grandes de nuestra economía.

P.- Precisamente, en esta transición energética el hidrógeno verde está llamado a ser una pieza clave. España aspira en su conjunto a producir el 10% del total de la UE y a desarrollar toda la cadena de suministro. ¿Cantabria también va a jugar en esta liga?

R.– No solo queremos jugar la Liga, queremos jugar la Champions. Hemos puesto en marcha una iniciativa, que es la Plataforma del Hidrógeno de Cantabria (PH2C), a la que ya se han adherido 46 o 47 entidades que representan a nuestro tejido industrial, tecnológico y económico. Todas las grandes empresas forman parte de esta plataforma, empeñadas en sacar adelante sus proyectos en Castro Urdiales, Torrelavega, en el área de Santander y en otros muchos lugares de la geografía regional. Queremos cumplir esos parámetros; secundamos esos proyectos y hemos firmado manifestaciones de interés PH2C cuando así se nos ha requerido, siendo copartícipes y aliados de las empresas promotoras de estos proyectos. Si me pidiera un resumen de lo que va de legislatura, la Plataforma del Hidrógeno aparecería en los primeros lugares de logros conseguidos.

P.– Hay consenso en que el coste de la energía lastra la competitividad de la industria no solo en Cantabria, sino en toda España. ¿De verdad no puede hacerse nada desde la administración regional?

R.– Es una pregunta querida (se ríe). Tiene que ver mucho que ver con la Alianza por la Industria, con la imperiosa necesidad de implantar herramientas que equilibren esas diferencias porque, como ya he comentado antes, el mercado en que se mueven nuestras empresas va mucho más allá de nuestras fronteras. En alguna ocasión he aludido a la diferencia existente entre la Europa unida y la de los mercaderes. Y a veces esas diferencias se aproximan mucho más a esta última Europa.

P.–En el proceso de liquidación de Sniace parece que hay algún comprador interesado en quedarse con la fábrica, ya sea en todo o en parte. ¿Realmente existe esta posibilidad? Se lo pregunto porque con los antecedentes de esta empresa solo cabe ser escéptico.

R.– El objetivo es que ese privilegiado espacio productivo de Sniace siga funcionando como tal. Nos encontramos en un momento decisivo de ese larguísimo proceso. Hace unos días se ha abierto el plazo del plan concursal para que los posibles licitadores presenten sus ofertas. A lo largo de estos meses he ido conociendo el interés de distintos grupos no solo por adquirir la empresa sino también por hacerla rentable. Y he conocido proyectos diversos, unos que mantienen todas las unidades productivas que pueden resistir las reglas del mercado en la actualidad, y otros que incorporan fórmulas mixtas, como por ejemplo algunas vinculadas con el hidrógeno. En cualquier caso, es una imperiosa necesidad para Cantabria en general y muy en particular para Torrelavega y su comarca que ese polígono industrial, conectado por autovía y tren y a quince minutos del Puerto de Santander, vuelva a funcionar.

P.– Crear suelo industrial en Cantabria nunca ha sido una tarea fácil. ¿Qué relación existe actualmente entre la oferta y demanda de suelo? ¿Baraja algún uso o alternativa para la extensa superficie que dejará libre Sniace, incluso en el hipotético caso de que la fábrica vuelva a funcionar?

R.– Nosotros estamos trabajando en estos momentos por poner a disposición en torno a cuatro millones de metros cuadrados de suelo industrial. No solo los dos millones del Llano de la Pasiega, sino también los 515.000 metros cuadrados del polígono de Laredo; los más de medio millón de Los Tanagos y de La Hilera, la ampliación del polígono de Castro… Y a todo eso hay que añadir que quedan parcelas en Morero y en Marina de Cudeyo… No tengo ninguna duda de que una vez terminemos las tramitaciones, que son costosas y laboriosas, esos polígonos se van a llenar. Estamos en el momento procesal oportuno en este y en los próximos años para llenar esos espacios industriales y no descarto que en los próximos meses vayan produciéndose buenas noticias.

P.– A las diferentes administraciones, y no solo a ésta, siempre se les ha achacado que buscan un gran proyecto (GFB, Haulotte, Nestor Martin, la reapertura de la mina de Reocín…) que casi siempre acaba mal. ¿La Pasiega es uno de esos grandes proyectos que no llega a ningún lado?

R.– Han acabado mal o no han acabado, porque algunos aún continúan. La Pasiega se encuentra en el mejor momento conocido. Hasta finales de este mes estará en exposición pública y tenemos un calendario que es muy posible que podamos cumplir y que antes de que finalice la presente legislatura nos dé alguna satisfacción. En cualquier caso, en este largo itinerario de tramitación de La Pasiega, que se inicia hace muchos años y que fue suspendido en 2013 –hubo un Gobierno que tardó dos años, de 2011 a 2013, en decidir la suspensión– nos encontramos en el momento más avanzado. Tengo que confesar que el día que el expediente de La Pasiega salió de esta consejería con dirección a Obras Públicas me sentí muy satisfecho. Y eso supuso, junto con la muy estrecha colaboración de esta otra consejería, la aprobación inicial que creo recordar fue el 9 de abril. El mejor de los calendarios es que haya máquinas en el Llano de la Pasiega antes de que acabe la legislatura. Eso sería extraordinario.

P.– En términos industriales, ¿qué espera de los fondos europeos de recuperación? En este sentido, ¿no teme que, dado que la mayoría del tejido industrial cántabro está integrado por pymes con muy poca estructura y escasa capacidad para moverse por los laberintos burocráticos, al final haya menos proyectos que dinero, y que éste termine por perderse?

R.– Tengo un sentimiento doble. Por una parte, me preocupa la incertidumbre y la ambigüedad sobre la distribución de esos 70.000 millones de euros destinados a proyectos. En este momento no sabemos aún si su selección y, por tanto, la distribución de fondos va a estar o no centralizada, ni si todos los ministerios se van a comportar de igual manera. No sabemos tampoco cómo se van a resolver los PERTES (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica), los fondos de los Next Generation… Hay incógnitas que deberán ir resolviéndose en los próximos meses. De otra, tengo una fe de mucho peso en los extraordinarios proyectos que están presentando las empresas interesadas. Empresas que no son una isla y que conocen muy bien el funcionamiento y requerimientos de la Administración a las que nosotros apoyamos desde el primer minuto procesal. En nuestro ánimo, además, está el seguir ese recorrido conjuntamente con ellas. De todas formas, estoy firmemente convencido de que algunos proyectos deben ejecutarse con o sin fondos europeos, verbigracia La Pasiega.

P.– En muchos foros económicos se apunta al enorme potencial que presenta el sector sociosanitario en Cantabria. ¿Qué hace falta para que esta previsión se concrete y qué argumentos tiene que hacer valer la región para que finalmente pueda conseguirlo?

R.– Estoy totalmente de acuerdo que tiene mucho poderío. Esta fortaleza del sector sociosanitario entronca directamente con una de las direcciones de esta consejería, que es la del turismo de salud. En los tiempos actuales, las personas buscan destinos seguros y saludables y, en ese ámbito, Cantabria, liderada por el buque insignia que es Valdecilla, tiene que mostrar su poderío industrial. Hay que tener en cuenta que desde Sodercan tenemos una línea de ayudas dirigida no solo a las TIC y la creación e internacionalización de las empresas, sino también a la salud. Creemos firmemente en el Clúster de la Salud del que formamos parte.

P.– Usted ha anunciado que el próximo cuatro de junio se constituirá la Alianza por la Industria que servirá para fijar “objetivos comunes” de lo que debe ser el futuro de la comunidad autónoma en este ámbito. ¿Nace con el consenso de todos los implicados –Gobierno regional, grupos parlamentarios y agentes sociales y económicos–?

R.– Sí. Hace tiempo que lo pusimos en manos de todos los grupos parlamentarios. Nace como un ejercicio de fe en el consenso. Los individualismos en la época que vivimos no conducen a buen puerto. Sabemos que es un documento que tiene contenidos, pero que su espíritu corre el riesgo de quedarse en una declaración de intenciones, en una aventura que tiene un inicio feliz pero que luego, si no la gestionas, puede conducir a la nada. No tenemos esa voluntad. Tenemos la de buscar acuerdos y consensos y de eso es fiel reflejo esta Alianza por la Industria, como también lo son los acuerdos a los que intentamos llegar con otras comunidades autónomas vecinas. Creo que por principio y por también mi concepción de la gestión pública tenemos que ser una consejería a la escucha y los problemas y necesidades de la industria, del turismo, del comercio, del transporte y de la innovación.

P.– Asegura que sobre la mesa de su despacho se acumulan proyectos de empresas “dinámicas” de la región que, de materializarse en un 70 u 80% de los casos, contribuirán a un futuro de prosperidad y riqueza.

R.– Estoy convencido de que va a ser así. También estoy convencido del riesgo que entraña este tipo de afirmaciones que dependen de muchas cuestiones. En los últimos días suelo enriquecer la explicación. Siempre he dicho que si se cumple ese porcentaje, nos esperan tiempos de prosperidad. Luego también he añadido siempre que han de ejecutarse antes del 2025, porque de lo contrario no los ejecutaremos antes del 2040. Pero, como le decía, ahora lo expreso de otra manera. Si lo que se presentaba el pasado año en esta y otras consejerías eran ERTE, en 2021 son proyectos, el próximo año serán ejecuciones y en 2023 realidades. Este es el calendario que creo debe cumplirse para fortalecer el peso de nuestra industria.

P.– Igualmente, sostiene que de los 19 proyectos eólicos en tramitación solo prosperarán los que sean “sumamente respetuosos con la ley, con el paisaje y con el medio ambiente”. ¿Conoce ya cuáles son?

R.– No. Como sabe, hay proyectos de tramitación autonómica, hasta 50 MW, y a partir de ahí otros de tramitación estatal. A esto siempre añado que nuestro plan de sostenibilidad energética, otra de las buenas noticias de esta legislatura porque ya ha salido a exposición pública, solo contempla 700 MW de eólica terrestre y otros 50 de eólica marina. Si esos 19 proyectos suman del orden de 1.700 MW, es una obviedad que no todos van a salir. Pero el objetivo general es cumplir la legislación, como los estados miembros de la UE también tienen que cumplir la suya, y contribuir a mejorar los datos de producción eólica que hay en España.

P.– Augura que el mayor problema que va a tener Cantabria este verano en términos turísticos es que quepamos todos. ¿Realmente lo piensa así?

R.– (se ríe). Bueno, no sin antes afirmar que las mayores crisis del turismo vienen de arriba, cuando llueve. Eso es lo peor que nos puede suceder en años normales y en circunstancias normales. Lo peor que nos puede suceder ahora es que no estemos vacunados, un extremo que no se va a producir porque ya en estos momentos tenemos unos datos de vacunación muy superiores a la media española. Cuando acabe junio, este porcentaje de vacunados va ser muy elevado, como también será muy relevante el de inmunizados. Eso aporta tranquilidad. Cantabria es un destino preferente. En 2020 ya fuimos junto con Asturias la comunidad con mayor ocupación de España. Somos un destino saludable, seguro, natural y que conjuga tantísimas fortalezas que es imposible encontrar en el mundo otros 5.300 kilómetros cuadrados con tamaña variedad turística. Yo no soy un consejero estático. Cuando puedo, recorro la región y además hago semanalmente mis muestreos sobre cómo están las reservas, los alquileres, incluso las compras de vivienda y tengo mucha fe en que esto va a ser así. Si no llueve y hay vacunas. ¡Que lluevan vacunas!

P.– ¿El turismo ya no será nunca como antes del covid? ¿Y el comercio?

R.– Nada va a ser como antes. Ni el turismo ni el comercio. Esta crisis nos ha cambiado la vida, no solo los hábitos de trabajo y de conducta, sino también el urbanismo, la arquitectura, la demanda de espacios verdes y abiertos… Un hostelero me decía que un alto porcentaje de las personas que entran a un bar a una cafetería a partir de las diez de la noche lo hace para comprar tabaco. Eso antes era impensable. El ocio nocturno se ha ido adaptando en los lugares que ha podido adaptarse, que no son todos. Los hosteleros de la noche son supervivientes y saben mucho de su negocio. La hostelería se está adaptando porque está gestionada por profesionales que, como digo, conocen muy bien su negocio y hacen sus propios estudios y prospecciones. En la profesionalidad de nuestra gente hemos avanzado siglos en décadas. En el caso del comercio, diría que su futuro descansa sobre dos líneas fundamentales: conectividad y digitalización.

Lidera junta a su hermana Marián un grupo hostelero volcado en generar diferentes conceptos gastronómicos. Con la tortilla como buque insignia, defiende la importancia de la materia prima y quiere que el cliente sea consciente de lo que come. Sostiene que su ventaja competitiva está en sus trabajadores y aventura que la hostelería ya nunca será igual que antes de la pandemia. Reconoce que esté año acumula una caída de las ventas del 50% con relación a otros ejercicios en los que estaban vivos, porque afirma que ahora están muertos. Critica que el Estado les haya dejado solos y reclama un poco más de empatía con un sector tan importante para la economía regional.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Mayo 2021

Pregunta.– Un grupo, tres marcas, quince establecimientos, decenas de empleados y un lema que es su seña de identidad: Sabor con-partido. ¿Imaginó alguna vez que la tortilla daría para tanto?

Respuesta.– Pues la verdad es que no. La tortilla, de la que en la actualidad ofrecemos 22 referencias, nos permitió posicionarnos en el mercado e introducirnos en el mundo de la hostelería hace 35 años. Pero, a partir de ahí, lo que hemos ido haciendo es generar nuevos conceptos y proyectos, que es al final a lo que ahora más nos dedicamos. Así, nos hemos introducido en la cocina de ración, japonesa, las pizzas y muy pronto vamos a poner en marcha La Puchera, un espacio personalizado que combinará la nutrición con la gastronomía para que el cliente tome conciencia de lo que realmente come.

José Ramón Martínez Maza, junto a su hermana Marián a la entrada de uno de sus cafeterías. Ambos lideran un grupo que ofrece distintos conceptos gastronómicos a través de diferentes establecimientos y marcas.

P.– En su ideario de empresa apuesta por un crecimiento constante como única forma de supervivencia. ¿También en épocas de crisis como esta?

R.– Sí, ¿por qué no? En tiempos de crisis también se puede crecer. Por ejemplo, tienes acceso a locales en condiciones que antes eran impensables. Además, siempre se ha dicho que cuando pasas hambre agudizas el ingenio, te vuelves más atrevido para hacer determinadas cosas. Una vez despojado de los egos, creo que te permite tomar licencias y encarar nuevos proyectos. Nosotros así lo hemos hecho. El pasado verano, en plena pandemia, abrimos La Patita; en febrero, Giuseppe Neli, nuestra primera pizzería. Si todo va bien, este mes de mayo haremos lo propio con La Puchera y Wasabita, lo que ahora es Lolas Peruvian, dedicado exclusivamente a comida japonesa. Tenemos pendiente un Quebec en el nuevo centro comercial Bahía Real y Momentos Café, en la calle San Luis. Y continuamos con nuestro propósito de crear una cocina centralizada que, además de abastecer al grupo, nos permita también llegar a las casas. En todo caso, esto no acaba aquí. Estoy convencido de que cuando estos proyectos estén abiertos ya estaremos en otro. Estamos aquí para ayudar a transformar las cosas. Vivimos al límite, al borde del fuera de juego. Nuestro objetivo es no tener un fracaso estrepitoso ni un éxito escandaloso, porque eso también te mata. Preferimos tener pequeños fracasos que nos animen a seguir mejorando.

P.– Por tanto, ¿diría que el mayor riesgo es no innovar?

R.– El mayor riesgo es no seguir caminando, quedarse estacando; no generar nuevos proyectos, nuevas cartas… Con la edad, y yo ya voy teniendo mis años, te vas acomodando. No te puedes quedar dormido, hay que ilusionarse con nuevos retos.

P.– De Ampuero a Santander; de ahí a Torrelavega y después a Madrid. ¿Dónde será el próximo desembarco?

R.– Hemos apostado por Santander. Por lo menos hasta 2025. Queremos que esta ciudad sea un lugar en el que haya diversas culturas gastronómicas que poder visitar. Queremos generar conceptos para la ciudad de Santander.

P.– La pandemia le ha obligado a asumir importantes recortes de plantilla. ¿Cómo se enfrenta a esta responsabilidad?

R.– Es verdad. Hemos tenido que tomar decisiones muy difíciles. Nos gusta crecer, crear equipos de trabajo, motivar al personal, introducirles en nuevos proyectos… Pero no en todos los casos hemos podido renovar contratos que finalizaban. Seguimos en contacto con estos trabajadores por si les podemos ayudar en algo y a muchos les hemos recolocado en la medida de lo posible en los nuevos establecimientos.

P.– Defiende que el coaching profesional es uno de los sectores con mayor relevancia y de mayor potencial de crecimiento. ¿Cómo ha sido su abordaje a esta disciplina?

R.– De casualidad (se ríe). En ocasiones desembarcas en lugares que no te esperas. Me apunté a un curso esperando descubrir unas enseñanzas y me encontré con que se trataba de un proceso de transformación personal. Aprendes a encarar los conflictos, a mejorar la comunicación interna… Es una práctica muy interesante por la que también ha pasado ya toda la cúpula de grupo. Nuestra ventaja competitiva es nuestro personal. Por eso dedicamos horas y esfuerzos a formarlo.

P.– Recientemente ha entrado también en el mundo de la consultoría con ‘Manager emocional’, una fórmula que si bien reconoce que no garantiza el éxito sí al menos permite minimizar el fracaso. ¿A veces se asumen demasiados riesgos innecesarios en hostelería?

R.– Sí, aunque creo que estamos en un proceso de profesionalización de todo el sector. En todas las áreas encuentras personas que no te lo esperas pero son tremendamente profesionales. Y a eso ayudamos nosotros. Desde el concepto de negocio y la creación de equipos hasta la decoración, la confección de cartas o el acompañamiento en sus primeras etapas. A nosotros lo que nos apasiona es la hostelería.

P.– La emoción desempeña un papel fundamental en su modelo empresarial. ¿No hay negocios sin alma?

R.– Cualquier negocio tiene que tener un significado. Detrás de cada local hay una historia. Por eso nos motiva homenajear con cada uno de ellos a una persona. Un local te tiene que inspirar, que te sientas emocionalmente conectado cuando entres. En nuestro caso buscamos esa especie de conexión, ese intangible que te haga sentirte a gusto.

El gerente de Quebec, en el interior de uno de sus establecimientos, cerrado con motivo de la crisis sanitaria.

P.– Ya que lo cita, en sus proyectos empresariales ha homenajeado a su padre (Ramonoteca) a su madre (Lolas) y a su abuela (La Patita); también a su hijo, a su mujer… ¿Quién será el próximo?

R.– No tenemos familiares japoneses (risas). Buscamos personas y personajes que nos inspiren. Que sean especiales. Que veas el local a través de la persona. En el caso de mis padres han sido personas que han metido un millón de horas detrás de la barra. Son de una hostelería muy perfeccionista. Aparecen poco por los locales, pero de vez en cuando aún nos echan la bronca.

P.– En sus establecimientos apuesta por un modelo de ‘casual food’ (comida rápida, pero con ingredientes saludables y de calidad). ¿La cocina avanza también hacia la concienciación ecológica?

R.– Sí, claro. Hacia el ‘kilómetro cero’ y el producto de temporada. Nosotros damos toda la importancia del mundo a la materia prima. Queremos que el cliente sea consciente de lo que come. La gente cada vez mira más las etiquetas de los productos que consume.

P.– Los expertos aseguran que comer bien es fácil si sabes cómo. ¿Nos falta cultura gastronómica?

R.– Bueno. Yo diría que nos falta más conocimiento nutricional que gastronómico. Le pongo un ejemplo un tanto absurdo. Cuando pides un café, pides eso, un café sin más. Sin embargo, si pides un vino, la mayoría de las personas ya no se limita a pedir un vino, sino que especifica si quiere un Rioja, un Ribera, un crianza o un reserva… Ha habido un proceso de educación al cliente. Con La Puchera, un espacio que combinará restauración y supermercado, pretendemos que los clientes conozcan en todo momento cuántas calorías y el valor nutricional de lo que compran o ingieren. Por ahí creo que va a ir el futuro de la gastronomía.

P.– No cree demasiado en que detrás del mundo de las franquicias hosteleras haya una rentabilidad cierta. ¿Por qué?

R.– No, porque cuando estableces un sistema de franquicia tienes unos costes muy elevados que necesariamente repercutes en el franquiciado. Hay que tener en cuenta que somos un sector que trabajamos con una rentabilidad muy pequeña, en torno al 4 o el 5% de las ventas. Si quiere, un Ebitda del 8%, no más. Al final, un hostelero lo que hace es magia porque vendiendo productos a un euro, dos, tres o cinco euros y pico tiene que hacer frente a unos costes fijos muy elevados. Vendemos productos a unos pocos euros cuando soportamos costes fijos de digamos 10.000 euros. ¿Cuánto hay que vender a esos precios? Al fin de cuentas la hostelería es como una obra de teatro en la que están los actores, el guion y las instalaciones, que son el teatro. Y todo eso, como ya he dicho, tiene unos costes fijos elevadísimos. La mayoría de establecimientos vamos muy justos.

P.– En el ADN del grupo y de la familia hay un gen solidario. ¿Las personas antes que los números?

R.– Sí, de algún modo sí. Venimos de un entorno rural, del mundo de la ganadería. De una infancia feliz, pero dura. Por eso, en la medida que podemos tratamos de ayudar. Hemos trabajado con niños autistas, con síndrome de Down, con personas sordas… Hay que intentar devolver a la sociedad lo que te da.

P.– La hostelería acusa al Gobierno de Cantabria de demonizar al sector al señalarle continuamente como el principal foco de contagios, especialmente en los interiores de los locales. ¿Comparte esta crítica?

R.– Lo que no entiendo es que países como Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica o Italia, que llevan meses con toda su hostelería cerrada, tengan curvas de contagios superiores a las de España. No parece por tanto que haya una relación entre la hostelería y el número de casos. Además, este segundo cierre [el de los interiores de los locales, decretado el pasado 14 de abril] ha sido mucho peor que el primero. Cuando estábamos empezando a recuperar la clientela perdida, nos vuelven a cerrar. No tiene sentido, máxime si tenemos en cuenta que echar a andar de nuevo un negocio cuesta de media unos 3.000 euros. Y hablo de la hostelería de día; la del ocio nocturno aún está peor. Va a costar que los clientes vuelvan a entrar en los interiores.

La barra de Gastrotortilla

P.– ¿Cómo valora las ayudas aprobadas por las distintas Administraciones para contribuir a que la hostelería supere esta crisis?

R.– Yo no sé nada de ayudas. Creo recordar que recibimos en mayo, junio y julio del pasado año alrededor de 1.000 euros cada mes y se acabó. No sé cómo valorarlas. Y eso que es relativamente sencillo porque todos los negocios tenemos una contabilidad. Podían haber creado, por ejemplo, un departamento de asesoramiento para los locales, pero el Estado no ha querido saber nada de nosotros cuando, lo más lógico, es que hubiera asumido una parte de los costes fijos, como han hecho en Alemania y otros países. Me parece una falta de respeto hacia un sector tan importante para la economía. En Cantabria, en temporada alta, generamos 25.000 puestos de trabajo, lo que representa que uno de cada cuatro empleos está relacionado con el turismo. Hace falta un poco más de empatía con el sector. Se trata de salvar proyectos detrás de los cuales hay mucho dinero, tiempo y emociones. ¿Por qué en una época tan difícil nos dejan de lado? Pese a todo, creo que la meta está ahí, pero que aún nos falta superar el último repecho, que será duro.

P.– Este verano, ¿será como el pasado?

R.– La hostelería ya nunca va a ser igual. El cambio ya está ahí. En un año hemos avanzado veinte en digitalización, flexibilización del trabajo, conciencia ecológica… Ha habido una disrupción del mercado y lo vamos a notar. Habrá modelos de consumo que seguirán, pero se va a potenciar la comida a domicilio y las cenas ya no serán como antes. Por otro lado, hay que tener en cuenta que esté año acumulamos una caída de las ventas del 50% con relación a cuando estábamos vivos. Ahora estamos muertos. Este año no se puede comparar con nada y como ejercicio será malo. Le pongo un ejemplo: la Semana Santa fue peor que la semana anterior, que no era festiva.

Luis Marina ha creado la sociedad Área 391 para vender tecnología y talento desde Cantabria para el mundo. Reclama más ambición y menos vagancia, reniega de las subvenciones púbicas y augura un futuro prometedor para la región en los ámbitos sanitario y tecnológico, siempre que se actúe con audacia.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Enero 2021

Luis Marina (Santander, 1968) no es un empresario al uso. Ni en el fondo –solo le gusta estar en primera línea hasta que el negocio alcanza cierta madurez– ni en las formas –lo que dice rara vez encaja en lo políticamente correcto y reconoce que su relación con la Administración es más bien tensa–. Con una tarjeta de visita de 32 millones de euros de facturación al año y más de 200 empleos, este año se ha unido a otros empresarios para crear la sociedad Área 391 y vender tecnología y talento desde Cantabria para el mundo. Reclama más ambición y menos vagancia, reniega de las subvenciones púbicas y asegura que en el futuro lo que más se valorará es la calidad de vida, que es lo que precisamente Cantabria más tiene, según defiende. Critica que aún no se conozca el plan de negocio del Llano de la Pasiega –“solo hemos oído declaraciones voluntaristas de que es muy positivo para la región, cuando hay suelo industrial baldío a patadas”, explica–; augura un futuro prometedor para la región en los ámbitos sanitario y tecnológico, siempre que se actúe con audacia; y lamenta que en estos momentos no esté ocurriendo nada que le haga pensar que en 2030 estaremos mejor que ahora. “Somos una generación blanda”, concede con cierta pesadumbre.

Pregunta.– Dice ser un impulsor de proyectos más que un empresario. ¿Se siente un poco bicho raro?
Respuesta.– Bueno, en realidad sí me considero empresario. Lo que ocurre es que por mi trayectoria profesional siempre he estado en el arranque de los proyectos, cuando hay que convertir una idea en una empresa. ¿Por qué? Seguramente porque estudié Arquitectura, que se basa precisamente en llevar a cabo proyectos. En la génesis es donde me siento más cómodo. Ese es mi ciclo y lo que hago bien. Cuando se empieza a jugar fuerte lo que tiene que haber es un buen equipo de gestión. Entonces, me quedo en una posición de consejero y cambio la figura de impulsor por la de accionista.

P.– ¿Qué y quiénes son Área 391?
R.– Es una sociedad limitada que se dedica básicamente a evaluar proyectos, gestionar los ya existentes y, en muy contadas ocasiones, tomar participación en terceros proyectos. Actualmente somos cinco socios, pero su número no está cerrado. De hecho, en el primer trimestre de 2021 se incorporarán dos personas más. La condición ‘sine qua non’ para formar parte es la de ser empresario, porque eso lo hace más sencillo y evita muchos problemas. Además, pedimos que quien quiera sumarse sea para diversificar su actividad o negocio profesional; que tenga una habilidad o un conocimiento especial, es decir, que sea bueno en algo; y que le pueda dedicar tiempo a nuevas iniciativas. Como le decía, además de mí, Área 391 tiene otros cuatro socios: Luis García del Río (Tecniobras), Roberto Medrano (Viavox Interactive), Aníbal de la Fuente (Planilandia Agencia Creativa) y José Ramón Pérez Gañán (Ibio Infraestructuras).

P.– Transforman una idea en realidad. Apuestan por hacer que las cosas ocurran. ¿Qué está ocurriendo?
R.– Lo que está ocurriendo es que no ocurren cosas. Y además le echan la culpa a la Administración Pública. Todo el mundo cree tener derechos pero no obligaciones. Y la obligación del empresario es crear riqueza, que parece ser una palabra prohibida. Riquez social, económica… Lo que tampoco ocurre es riesgo. Cada día se asumen menos riesgos. Es claro que cualquier iniciativa comporta un riesgo, pero si le dedicas tiempo, suele salir bien. Y ahí la palabra riesgo no tiene cabida. ¿Qué sí tiene que ocurrir? Hacer que las cosas pasen. Mire, si hace tres años no hubiéramos montado Ibio Infraestructuras –proyecto para implantar la fibra óptica en zonas rurales alejadas de los núcleos de población–, Cantabria estaría ahora mismo en una situación lamentable en materia de telecomunicaciones. Lo que hicimos es que ocurriera; hicimos realidad una iniciativa privada que conlleva un beneficio social y económico para el entorno. Creo que se pueden hacer muchas cosas. Hagámoslas. Me niego a pensar que Cantabria no sea un lugar tan bueno como los demás para desplegar iniciativas. No tiene ninguna ventaja competitiva, pero tampoco ninguna desventaja. ¿Las claves? Lo único que hay que tener en cuenta es que no puedes depender de la Administración, que está arruinada; que hay que apostar por negocios basados en el conocimiento y el talento y que no requieran grandes inversiones en infraestructuras; y finalmente que tengas muy claro que tu proyecto no se lo tienes que vender aquí a nadie. Se lo tienes que vender al mundo entero.

P.– Aseguran que buscan nuevas oportunidades en áreas muy especializadas o nuevas soluciones a necesidades conocidas. ¿Cuáles son los sectores con más oportunidades de negocio?
R.– Nosotros ponemos el foco en lo que se conoce como negocios digitales. Y nunca desarrollaríamos una iniciativa que fuera una oportunidad exclusivamente para Cantabria, sino para el mundo. Creemos, en este sentido, que se puede impulsar todo lo que sea negocios a distancia, sea ingeniería, servicios o conocimiento. Con este criterio, Cantabria tiene potencialidades en el ámbito sanitario. Creo que hay una buena oportunidad en la prestación de servicios sanitarios a personas que no viven aquí. Los pacientes cada vez miran más dónde se van a intervenir. Contamos con unas infraestructuras hospitalarias espectaculares pero infrautilizadas. El mayor peligro que tiene Valdecilla es quedarse vacío por falta de contenido en una serie de años.

P.– Sostiene que Cantabria tiene condiciones objetivas para convertirse en una referencia internacional en servicios sanitarios de alto nivel, al igual que en negocios tecnológicos y servicios financieros. Pero eso ya se viene diciendo desde hace años. ¿Por qué aún no ha cuajado y ahora sí puede hacerlo?
R.– No ha cuajado por esperar cosas que no van a llegar. Cualquiera que plantea un servicio sanitario cree que está obligado a hablar con la Administración Pública. Y así jamás saldrán adelante. Hasta el momento, todas las iniciativas públicas no han tenido más proyección que la de emplear personas, pero no han generado ingresos a la región de ningún tipo. Tampoco salen porque piensan que siempre hay alguien que antes tiene que hacer algo. El País Vasco, por ejemplo, que está apenas a 100 kilómetros de aquí, se ha convertido en un polo de atracción de servicios financieros. En este campo hay una grandísima oportunidad porque estoy convencido de que los bancos tal y como hoy los conocemos van a desaparecer y comenzarán a emerger las Fintech (actividades que implican el empleo de la innovación y los desarrollos tecnológicos para el diseño, oferta y prestación de productos y servicios financieros). En definitiva, creo que la audacia, y no la subvención pública, es la que nos puede distinguir y ofrecer una ventaja competitiva.

P.–¿Somos una región subvencionada?
R.– Absolutamente. Cantabria es una sociedad subvencionada en todos los sentidos. El que vive de la subvención aspira a tener un sueldo a final de mes. Nosotros, eso, nos lo buscamos aparte. Lo que perseguimos es que nuestras iniciativas trasciendan y, para ello, no puedes depender de la subvención y tienes que buscar capital privado. En Cantabria sobra dinero privado. De hecho, para que un proyecto sea creíble tienes que proponer inversiones superiores a los cinco millones de euros.

P.– Aboga por promover e implantar proyectos que aúnen rentabilidad empresarial y rentabilidad social. Eso es lo que predican todos, pero pocos lo consiguen. ¿Por qué sí lo van a hacer posible ustedes?
R.– Queremos volver a repetir el éxito de Ibio Infraestructuras. En el primer trimestre de 2021 vamos a presentar un proyecto de 5G centrado en una solución para mejorar el emplazamiento de las antenas. No puedo adelantarle mucho más, pero sí puedo decirle que detrás de este negocio está un grupo inversor muy cántabro y muy llamativo que nos está acuciando a arrancar cuanto antes. De otro lado, con Ween –uno de los dos proyectos que actualmente desarrolla Área 391– nos hemos introducido en el sector de los videojuegos, uno de los que más está creciendo y a la vez uno de los más especulativos. Nuestra idea se basa en montar un centro de desarrollo sobre componentes tecnológicos basados en la competición. O dicho de otro modo, una máquina capaz de conciliar cualquier tipo de juego con el rendimiento de los juegos en competición. Hasta la fecha hemos invertido unos 650.000 euros. Iniciamos el análisis hace un año y su desarrollo en marzo pasado. La primera versión muy básica la lanzamos en julio y desde septiembre estamos ya en modo comercial. Trabajamos en doce países y mantenemos 19 cuentas (clientes), entre los que están Tommy Hilfiger o el Banco de Bahréin, marcas que quieren dirigirse al público que juega –jóvenes de entre 16 y 35 años de alto poder adquisitivo–, convencidos de que el ocio digital es el ocio del siglo XXI. También hemos llegado a acuerdos con Nintendo para integrar nuestra máquina en algunos de sus juegos futuros; IBM o Microsoft, además de con River Plate, en Sudamérica, para llevar sus competiciones electrónicas, y la cadena colombiana Caracol. Queremos crear una empresa tecnológica con base en Cantabria con un equipo de desarrolladores y comerciales que hablen el idioma del mundo. En tres meses de trabajo hemos facturado 150.000 euros y esperamos alcanzar cerca de dos millones en 2021. Actualmente somos unas veinte personas y quizá el año que viene lleguemos a treinta. Pero lo más significativo es que en seis meses va a entrar un fondo de capital de origen americano vinculado a Sony con entre cinco y diez millones de euros que nos ayudará a posicionarnos en las grandes cadenas tecnológicas. Ese es el objetivo de todos los negocios que planteamos: ponemos el capital semilla y, cuando el proyecto está maduro, permitimos mediante rondas de financiación la entrada de capital internacional, que son los fondos de capital riesgo. Todo el dinero que queremos es dinero privado.

P.– El otro proyecto que han puesto en marcha es El Markeet, una plataforma digital para que pequeños establecimientos hosteleros disfruten de las mismas ventajas de compra que las grandes cadenas. ¿Es una idea de terceros?
R.– Sí. Parte de un proyecto previo que la empresa Viavox había desarrollado para gestionar el ciclo de aprovisionamiento de NH Hoteles. Es una solución con más de 70.000 productos a los que añadimos nuevos catálogos y de la que ya forman parte cerca de 300 proveedores, en su mayoría locales, y una serie de clientes demo para testar el servicio que está integrado por medio centenar de residencias de mayores, encargadas de probar la logística; una red de establecimientos rurales de la que participan 150 casas; y un grupo de restauración con 25 restaurantes repartidos por toda España. El test finaliza el próximo uno de febrero y, a partir de ahí, la plataforma se abrirá a cualquier comprador. Nuestros cálculos es que El Markeet facture alrededor de 17 millones de euros en 2021 y que esa cantidad se duplique cada seis meses.

Luis Marina, en una reunión mantenida el pasado 20 de noviembre con el consejero de Industria y el director general de transportes para tratar la extensión de la fibra óptica a los polígonos industriales.

P.– ¿Cómo seleccionan los proyectos?
R.– Ideas hay muchas, pero las únicas que valen son las que se pueden llevar a la práctica. En Área 391 valoramos una o dos iniciativas a la semana. ¿Qué no cogemos? En primer lugar, las que parten de problemas societarios, que es lo más habitual. Luego, además, tenemos en cuenta que sean capaces de aportar algo realmente diferencial y la experiencia de quienes las impulsan. Hasta el momento habremos valorado una quincena de propuestas y solo una, relacionada con el sector sanitario, tiene buena pinta. Nos ha llamado la atención porque cumple con los criterios de digitalización, de poder venderse al mundo entero y de aportar un talento específico y especializado que puede ser del interés de una segunda ronda de financiación. Las más sencillas de colocar al capital privado son las ligadas al sector tecnológico o sanitario. Las más complicadas, las que tienen que ver con el ámbito industrial.

P.– Afirma que sobra individualismo, que hace falta saber colaborar y sumar capacidades e intereses sobre proyectos de transformación y no sobre encuentros para la foto y el postureo. ¿Nos falta cultura de asociacionismo?
R.– El asociacionismo como tal, como banco de favores, está muerto. El cáncer del pueblo son las subvenciones. Creo que las acciones colectivas tienen necesariamente que pasar por acciones de lobby, un concepto que conviene explicar y que resulta interesante en la medida en que sea capaz de tener un contenido. Es decir, pensamos esto de estas cosas; sea capaz de comunicarlo y defenderlo y sea capaz de ayudar a que se desarrolle su resultado o de invitar a que lo dejen. Por poner un ejemplo, Si Revilla dice que el Llano de la Pasiega es la solución a Cantabria, pero nadie ha visto aún un plan de negocio ni nadie sabe por qué se necesita, pues entonces el asociacionismo convertido en lobby debería ser el que tuviera una idea y una medida establecida sobre lo que necesita la comunidad en materia de suelo industrial y, por lo tanto, quien tiene criterio para saber si es bueno o malo. En segundo término, tiene información para conocer si éste en concreto funciona o no funciona y, en último término, es capaz de comunicarlo y de explicarlo. El asociacionismo orientado de este modo y como recurso de la sociedad civil tiene muchísimo futuro, pero no si es para repartirse subvenciones e impartir cursos de formación.

P.– ¿Qué necesita Cantabria para que deje de pensar en una sociedad de servicios y se convierta en una sociedad de valor añadido?
R.– El problema es que en Cantabria si hablamos de servicios siempre hablamos de hostelería y no de médicos especialistas, del grupo de Astronomía que diseña una nueva óptica o de otros servicios de altísimo valor añadido. Además, en este sentido, el valor añadido es entregado por personas que tienen a su vez en sí mismo gran valor añadido. Lo que va a cambiar en los próximos años es que esta gente lo que va a valorar es la calidad de vida, que es precisamente lo que Cantabria más tiene.

P.– La era post-covid apuesta por un uso más intensivo de la tecnología. ¿El reto pasa por tanto por aumentar las habilidades STEM (científicas, tecnológicas, ingenieriles y matemáticas) de los futuros profesionales?
R.– Es una cuestión de meritocracia. De cómo convences a una persona de que en lugar de ser funcionario o vivir de la ‘paparda’ se embarque en un proyecto empresarial. Hay un problema de ambición. No somos ambiciosos y, además, serlo esta fiscalmente criminalizado. El problema principal de la educación es la falta de ambición. Deberíamos recuperar un vocabulario que tenían nuestros abuelos, que salieron de la Guerra Civil con ambición, con ganas de comerse el mundo. Nosotros, en cambio, somos una generación blanda.

P.– ¿Cómo ve Cantabria en 2030?
R.– [Se lo piensa un rato y contesta con ironía] Si no cambia nada, veo un 2030 en el que Revilla sigue gobernando y, por lo tanto, que no ha habido un motivo para el cambio porque Cantabria va bien. El AVE estará a punto de llegar y el Llano de la Pasiega será una realidad en unos años. Además, estaremos encantados de que los ayuntamientos contraten parados durante seis meses y formaremos parte de un gran grupo del norte de España de pobres pero con orgullo. Más en serio, ¿qué me gustaría a mí? Pues una sociedad despierta y autónoma que avance, que sea capaz de impulsar términos como la ambición, que no criminalice la expresión ganar dinero y en la que el éxito estuviera valorado. Me encantaría, además, que las ‘estrellas de Tetuán’ estuvieran ocupadas por quienes han hecho algo por cambiar esta espiral de debacle en Cantabria, sean del ámbito cultural, económico, empresarial o político. Que el pabellón Ruth Beitia se llamara Piero Crespo, uno de los principales científicos de esta región, y que el Día de Cantabria fuera el Día del Departamento de Astronomía de la UC, que colaboró con el acelerador de partículas. Por desgracia, me temo que vamos a ver más de lo primero que de lo segundo porque en estos momentos no está ocurriendo nada, ni hay previsión de que ocurra ningún cambio social o de mentalidad, que ayude a pensar que el año 2030 vaya a ser mejor que el año 2020. Este cambio social, en cualquier caso, solo lo pueden liderar quienes tienen proyección social. Yo no la tengo.

Tomás Cobo Castro es desde hace poco más de un mes el nuevo presidente de los más de 252.000 médicos colegiados en España. Especialista en Anestesiología y Reanimación, se declara médico de pasillo de hospital, crítico con la Ley de Eutanasia y defensor del pasaporte de vacunación covid, que asegura no es nada nuevo porque ya existe para otras patologías. Sostiene que en España no faltan médicos y sí más plazas MIR para que los nuevos titulados puedan formarse, también fuera de nuestras fronteras. Apuesta por crear sinergias y una mayor conciliación con la sanidad privada para acercar la salud a los ciudadanos y reconoce que durante esta pandemia le hubiera gustado que el Gobierno de España hubiera contado más con la opinión del colectivo.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Abril 2021

Pregunta.– “No tenéis a un gran científico ni a un gran investigador como presidente, pero os puedo asegurar que tenéis a un médico hasta las trancas, que es lo que he hecho toda mi vida”. Con esta palabras, agradeció su reciente elección como presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España. ¿Usted nació ya médico?
Respuesta.– No. De hecho, no tengo antecedentes en mi familia. A partir de los 16 años me empezó a llamar mucho la atención la medicina y enfoqué hacia ella lo que luego ha sido y es mi vida. Dije lo de médico hasta las trancas porque tradicionalmente los presidentes de los colegios de médicos, cuando llegaban a la presidencia, era como el culmen a una carrera científica e investigadora de gran prestigio. Yo, sin embargo, no correspondo a esa figura. Pero lo que sí he sido toda mi etapa profesional es un médico asistencial, de pasillo de hospital y de centro de Atención Primaria. Mi vida ha sido completamente asistencial y he tenido muy poco tiempo para realizar acciones de investigación científica de altura. También es verdad que he querido desarrollar mi profesión en el ámbito de la cooperación internacional. Por eso dije lo que dije. Me siento médico y muy cerca de los pacientes.

P.– Critica que los médicos en España, además de estar peor pagados que sus colegas europeos, no cobran lo mismo, a igual desempeño, en todas las comunidades. ¿La brecha salarial no es solo cuestión de género, que también?
R.– Vivimos en una España divergente con 17servicios de salud diferentes. Efectivamente existe una brecha salarial en su conjunto pero sin ninguna duda existe una brecha de género que es conjunta. Es paradójico que haya comunidades autónomas en las que se paguen las guardias de una manera y haya otras en que lo hagan de un modo inferior o superior haciendo exactamente el mismo trabajo. Sobre la brecha salarial de género, hace tiempo creamos el Observatorio de Género y Profesión para conocer cómo estaba la profesión en España y ahora tenemos en marcha una encuesta de género en la que queremos recoger la percepción que tiene la profesión médica sobre temas importantes como son el techo de cristal, la brecha salarial, el acoso laboral o la conciliación. En este sentido, hay que tener en cuenta que, por debajo de 45 años, hay más médicas que médicos, un porcentaje que llega a ser casi del 70% a medida que bajamos en la franja de edad. Las mujeres, además, representan el 73% de los ingresos en las universidades.

Tomás Cobo Castro, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España, frente a la sede del Colegio de Médicos de Cantabria, que presidió entre los años 2011 y 2017.

P.– La crisis sanitaria ha desvelado que nuestra sanidad pública no era tan buena como creíamos. ¿Urge aumentar el gasto para al menos llegar a la media de la UE?
R.- Aquí hay dos temas. De un lado, el modelo sanitario que tenemos, que ha costado muchísimo construirlo, y que es el modelo universal, público y gratuito, eje del estado de bienestar social. Del otro, el sistema, que es el encargado de mantener el modelo. Sin duda, para mantener este modelo firme y potente necesitamos más inversión, que el sistema aporte más. Además, el modelo español es casi similar, con alguna variación, al que existe en Europa pero no al que existe al otro lado del océano, lo que provoca injusticia social. A partir de este modelo universal, público y gratuito lo que hay que crear son sinergias y conciliación con la sanidad privada.

P.– Un reciente estudio ponía de manifiesto que un 57% de los españoles son partidarios de aumentar la colaboración público-privada en sanidad para garantizar una correcta asistencia. ¿Lo ve usted también necesario?
R.– Pero sin ninguna duda. Todo lo que sea promocionar la salud, la prevención de las enfermedades y el diagnóstico y el tratamiento lo más eficaz posible, sin ninguna duda. Pero siempre que mantengamos el modelo. Ya existe la colaboración público privada y no atenta contra el modelo. Por ejemplo, aquí en Cantabria se operan listas de operaciones quirúrgicas en el Hospital de Santa Clotilde desde hace muchísimos años. Con gobiernos de un color y de otro. ¿Con qué objetivo? Claramente con el de acelerar las cirugías, los tratamientos y los diagnósticos de los pacientes. Y eso es generar sinergias, no demonizar a la sanidad privada. Hay margen de conciliación y de crear sinergias sin ningún género de dudas. De hecho, se hace. Quizá haya que potenciarlo. Pero hay que tener en cuenta que, dentro del modelo que tenemos, hoy no se entiende que los hospitales funcionen de 8 de la mañana a tres de la tarde y que los quirófanos estén como norma parados a partir de esa hora. Eso también hay que agilizarlo.

P.– ¿Faltan médicos en España –existen 3,9 facultativos por cada 1.000 habitantes, cunado la media en la OCDE es de 3,4– o el problema estriba más en el reparto de especialidades?
R.– En España no faltan médicos. Tenemos una bolsa de más de 7.500 profesionales que terminan la carrera y no pueden acceder a formación especializada ni incorporarse al Sistema Nacional de Salud. Lo que nos faltan son plazas MIR para que estos titulados puedan formarse. Porque se da la paradoja de que tenemos que importar médicos de fuera para cubrir las plazas de atención especializada. Es muy simple: lo que hay que convocar son más plazas MIR, más centros de docencia y agilizar y movilizar esa bolsa de profesionales porque no puede ser que realicemos un esfuerzo tremendo en formar a médicos con una altísima calidad para luego dejarles en la estacada. Y para eso es clave que la Administración y el ministro o ministra de turno cuenten con la profesión.

P.– Los expertos sostienen que al coronavirus no se le vence en la UCI de los hospitales, sino en la calle y en los centros de salud. Sin embargo, el gasto sanitario sigue muy centrado en la atención hospitalaria y muy poco en la primaria. ¿Nos hemos olvidado de la prevención y promoción de la salud?
R.– Sí. Con una precariedad del 50% es muy difícil que la medicina familiar y comunitaria ejerza su profesión. La Atención Primaria (AP) ha sido una de los grandes perjudicadas en los últimos años por los recortes y necesita un refuerzo sin ninguna duda. Las carteras de hoy en día de los médicos de Atención Primaria son abrumadoras. Sí que ha habido un tiempo en que la medicina ha sido mucho más hospitalaria, mucho más de grandes hospitales e hIperespecializada en la que se ha desatendido a los profesionales de AP, que son tan especialistas como los que trabajan en el entorno hospitalario. La pandemia ha puesto de manifiesto que se necesita un empuje a esta parcela de salud y que hay tres herramientas claves –el uso de la mascarilla, el lavado frecuente de manos y el distanciamiento social– que sabemos que funcionan y que son de la más elemental solidaridad. Son una lucha directa y eficaz contra el coronavirus que podemos utilizar cada uno de nosotros en cada instante de nuestra vida. Hablamos de solidaridad, pero también creo que hace falta educación cívica para que cumplamos estas medidas con naturalidad y sin que tenga que venir la policía a decírnoslo.

P.– De los últimos cinco ministros de Sanidad –cuatro de ellos mujeres–, ninguno ha permanecido en el cargo más de 20 meses. ¿Reflejo de la precariedad y temporalidad que vive la profesión?
R.– No. Es un ejemplo de las circunstancias políticas en las que vivimos. Teniendo en cuenta el modelo sanitario al que me refería antes, que es la columna vertebral de ese bienestar social del que todos presumimos, pero especialmente los políticos, resulta llamativo el hecho de que se haya dado tan poca importancia a quién es el ministro de Sanidad. Y digo poca importancia porque los relevos son tan rápidos que es obvio que no hay alguien ahí de peso capaz de mantenerlo, no ya al titular de la cartera, sino a los equipos que trabajan a su lado. Es cierto que el ministerio de Sanidad ha perdido competencias en favor de las comunidades autónomas, pero no podemos olvidar que, pese a ello, sigue siendo el coordinador de todo el SNS. Últimamente estamos viendo que el Consejo Interterritorial toma más relevancia y se reúne con más frecuencia y fluidez. Pues a ver si compactamos eso. Pero en este vaivén político en el que estamos ya no es solo un problema del ministerio, sino también vemos cómo bailan las consejerías autonómicas de Sanidad. ¿Si sería deseable que el ministro fuera médico? Yo creo que sí. Sería mucho más fácil comunicarse con un ministro o ministra que fuera sanitario. Dicho esto, yo comprendo que el titular de Sanidad cumple una labor institucional y que tienen que ser los equipos que tiene alrededor los que estén. En este caso, sí quiero subrayar que el director general de Ordenación Sanitaria, Vicent Martínez, es un cirujano pediátrico de altísimo nivel asistencial y un conocedor profundo de la realidad asistencial y de la sanidad pública en España.

P.–Son muchos los que censuran la excesiva politización del sistema público de salud. ¿Necesitamos instituciones con menos política y más conocimiento experto?
R.– Sin ninguna duda. La política ha penetrado hasta dentro del SNS de tal forma que, cuando hay un cambio de Administración, de cualquier signo, inmediatamente se cambian los gerentes de los hospitales. Es decir, la gerencia de los hospitales son ya cargos políticos. Hombre, sería deseable que esos cargos perduraran más en el tiempo para dar mayor solidez y más facilidad de interlocución a los jefes de servicio, que esos sí son figuras absolutamente claves para el buen funcionamiento de los hospitales. Y éstos tienen la necesidad de tener un interlocutor que sea el mismo durante un tiempo prudente que, en ningún caso, puede ser menos de cuatro años. Porque si cada vez que cambian el gerente, cada uno de los jefes de servicios le tiene que ir a contar cuál es el plan de su departamento, pues realmente entonces tenemos un problema.

P.– Asegura que su organización médica es un asesor gratuito del Ministerio de Sanidad. ¿Le hubiera gustado que su voz hubiera tenido más protagonismo en esta pandemia?
R.– Sí, sin duda. Me hubiera gustado que nos hubieran hecho más caso y que se hubiera contado más con nosotros.

P.– ¿Cómo valora la gestión de la pandemia por parte del Gobierno?
R.– Hablar a toro pasado es muy fácil. En medicina hablamos del ‘minuto de oro’ cuando tienes que salvar un paciente politraumatizado. Luego viene la ‘hora de oro’ en la que tienes que conseguir estabilizarle y trasladarle a un hospital. Pues bien. En este caso creo que al principio por lo menos perdimos dos o tres semanas de oro. Fue cuando nos llevó el ‘tsunami’ por delante y nos encontramos sin equipos de protección individual, sin normas claras de qué teníamos que hacer… Ahí sí que perdimos un tiempo precioso, aunque insisto que esto es muy fácil decirlo ahora. Pero lo que tenemos que sacar de aquí es lo positivo, que ha sido la capacidad del modelo de adaptarse a un impacto tremendo gracias al esfuerzo de todos los profesionales sanitarios. Nos hemos adaptado con mínimos medios y hemos conseguido montar unidades híper especializadas en poquísimo tiempo. Eso es lo bueno. De ahí la importancia de la formación médica continuada en competencias transversales.

P.– Sanidad mantiene su objetivo de llegar al 70% de la población vacunada al final del verano. ¿Lo ve realista?
R.– La bola de cristal. Dependerá de lo que pase con la vacuna de AstraZeneca. Ahora están produciendo la de Johnson & Johnson… Estamos en un periodo de incertidumbre y no me atrevo a aventurar cifras. Lo que sí es cierto es que antes íbamos al paso y ahora parece que empezamos a ir progresivamente al trote. Ojalá muy pronto podamos ir al galope. En cualquier caso, tengo que decir que me consta que se está haciendo todo lo posible y que no hay ninguna demonización de los médicos de la atención privada, aunque se ha dado la paradoja de que todavía tengamos profesionales de este sector mayores de 55 años sin vacunar.

P.– El CGCOM solicitó hace unas semanas al Ministerio de Sanidad la revisión de su estrategia de vacunación con el fin de dinamizar el ritmo de inmunización y eliminar las trabas autoimpuestas que exceden las recomendaciones de organismos como la EMA y la OMS. ¿Es partidario de extender la de AstraZeneca a los mayores de 55 años?
R.– Nos referíamos a la de AstraZeneca. Lo que pedíamos es que si tenemos vacunas, que se pongan ya. Aún está por demostrar que existe un vínculo entre esta vacuna y los casos de trombos y complicaciones que se han conocido. En esto hay diversas teorías. Hay científicos más conservadores que abogan por que no se inoculen hasta que haya la máxima seguridad y otros más intrépidos que defienden su uso. Bueno, esto sucede en la medicina todos los días. Hay profesionales más intrépidos y otros más conservadores. Este es el debate y de ahí sacar una conclusión.

P.– Los retrasos en la entrega de algunas vacunas cuestionan las prácticas seguidas por algunas empresas farmacéuticas, más preocupadas al parecer por obtener beneficios que por salvaguardar la ética empresarial. ¿Con la salud se negocia?
R.– Las farmacéuticas tienen un buen negocio. Y tanto. En los años 60, le preguntaron a un joven directivo de una grandísima industria farmacéutica qué es lo que querría para su empresa, que cuál era su objetivo; a lo que respondió: hombre, yo vender a los sanos porque los enfermos son muy pocos. Comprendo que tenga que haber negocio, porque para eso está la industria, pero que sea un negocio adecuado. Es decir, que el beneficio que obtengan sea el justo y adecuado porque están trabajando para la salud. Lo que no puede ser son las cifras escandalosas que a veces vemos. Aquí volvemos una vez más al modelo, pero sin demonizar a la industria, que creo que ha colaborado, en particular en España en el tema de la formación médica continuada. Pero tenemos que ser muy cuidadosos con el tema de conflicto de intereses de compañeros que, en un momento dado, puedan tenerlo con el sector. Que lo que enseñemos en esos cursos no esté dirigido hacia un terreno en particular, sino que sea equilibrado, científico y con cero influencia y conflicto de intereses. De otro lado, deberíamos exigir también una justicia distributiva de las vacunas para que lleguen a los países en desarrollo. Aquí tenemos que reclamar un esfuerzo tanto a las farmacéuticas como a los gobiernos de Europa y del mundo.

P.– ¿Comparte la propuesta de crear un pasaporte de vacunación para facilitar la movilidad?
R.– Sí, pero si ya existe para otras patologías. No es nada nuevo. Yo cuando voy a África tengo que llevar mi pasaporte de vacunación y, si no, no me dejan entrar. ¿Por qué lo vamos a excluir para la covid? Claro que estoy a favor de la identificación porque su uso facilitará sin duda la libre circulación de personas. ¿Discriminará a quien aún no haya sido vacunado? Hombre, pues sí, pero estamos hablando de meses. Lo que nos hace falta son dosis, y creo que van a llegar.

P.– Usted ha criticado que la Ley de Eutanasia, aprobada hace unos días, desprotege al médico al permitir crear un registro de objetores que se nieguen a practicarla. Sus defensores aseguran que se trata de una norma extraordinariamente garantista con el paciente, pero ¿lo es también con los profesionales sanitarios?
R.– En este asunto hay cierta confusión entre lo que es la sedación terminal, los cuidados paliativos, la eutanasia como tal… Hay que hacer un ejercicio pedagógico desde la profesión para tratar de explicarlo. Nuestro código deontológico, que es la esencia de los colegios médicos, lo que apuesta es por la vida y no contemplamos la eutanasia como un acto médico en ningún caso. Pero también nos obliga a cumplir la ley. Dicho esto, creo que en esta norma hay un artículo, el 16, en el que se habla del registro de objetores que tiene una mala redacción y que, a mi juicio, es discriminatorio y vulnera la protección de datos. Además, parece que exige una objeción absoluta cuando depende de cada paciente. Cada vida es diferente y única y no se puede plantear una objeción absoluta. Nos preocupa cómo se va a aplicar la ley porque deja en vilo cantidad de incertidumbres que queremos ver y en las que queremos ahondar. ¿Se va a privatizar? ¿Van a existir conciertos y centros de eutanasia o se va a llevar a cabo dentro del modelo sanitario que tenemos, que es en el único entorno en el que creo que se debería hacer? Insisto, el papel lo aguanta todo, pero aún pesan demasiadas incertidumbres.

P.– Hay quien sostiene que en Cantabria contamos con unas infraestructuras hospitalarias espectaculares pero infrautilizadas, y que el mayor peligro que tiene Valdecilla es quedarse vacío por falta de contenido en una serie de años. ¿Lo comparte?
R.– No. Valdecilla es un centro de referencia europeo y mundial en determinados ámbitos. Ahí está el ejemplo del Hospital Virtual. Es una grandísima suerte que en una comunidad pequeña como Cantabria tengamos un centro hospitalario como es Valdecilla. Y al tiempo tenemos otros dos hospitales, como son Sierrallana y Laredo, junto con el de Reinosa, que son las puntas, los arietes de este modelo en el que apostamos por acercar la salud a las personas. ¿Tendremos que potenciar y seguir trabajando por Valdecilla? Pues sin duda, pero yo creo que es un hospital moderno, del siglo XXI y que durante esta pandemia ha sido ejemplar y ha soportado muy bien el impacto, seguramente uno de los que mejor lo ha hecho de España. No podemos olvidar que vamos hacia la europeización, hacia grandes hospitales de referencia en los que haya especialistas altamente cualificados que operen las patologías que no son comunes. Estoy convencido de que Valdecilla irá muy bien y de que el Hospital Virtual seguirá siendo un referente en el mundo.