Carlos Crespo Viadero (Santander, 1962) es ante todo un emprendedor. Curtido en mil batallas en el sector hostelero, en el que dio sus primeros pasos hace ya casi cuatro décadas con la apertura del bar ‘El Tubo’, en Solares, su voluntad de afrontar nuevos proyectos y retos le ha llevado a embarcarse solo o en compañía de terceros en más de una veintena de iniciativas empresariales, las más relacionadas con la hostelería, pero con destacadas incursiones en el comercio, el arte o el sector agroalimentario, en el que gobierna satisfecho una cabaña de vacas en Güemes.

Texto de Manuel Casino @mcasino8 Fotos de Nacho Cubero @Nachocuberofoto

Ahora, a caballo entre Santander y Madrid, donde participa de la gestión de algunos de los restaurantes de ascendencia cántabra más reconocidos en la capital de España (‘La Maruca’, ‘La Bien Aparecida’ y ‘La Primera’, junto a Paco Quirós y Teresa Monteoliva), Carlos Crespo está resuelto a seguir dando guerra y anuncia nuevas aperturas (la más inmediata ‘La Carnaza’, en Casimiro Sainz, la que será su segunda hamburguesería). Sincero y cercano, asegura que este ha sido un “buen verano”, aunque con un final “muy abrupto”, y que en sus fogones mandan más hombres que mujeres. Saluda que cada vez haya más cultura gastronómica, que los clientes sean más exigentes y se muestra partidario de horarios laborales más sostenibles en un negocio en el que reconoce que existe demasiada rotación.

Pregunta.– Quirós y Crespo son la cara del Grupo Cañadío. ¿Importa el orden?
Respuesta.– Sí. El grupo lo lidera Paco Quirós. Siempre se planteó así desde el inicio y también mi participación es menor. Mi labor está más vinculada al desarrollo y análisis de negocio, a buscar nuevos locales… Pero la gestión diaria de los restaurantes la lleva él. Yo no sé ni llevar una bandeja. Además, Paco vive en Madrid y yo aquí, aunque al menos voy allí tres días a la semana.

P.– De su mano han llevado el nombre de Santander a Madrid. ¿Hacía falta este acercamiento?
R.– Bueno. Por un lado, nos da una identidad propia a nuestros negocios y, por otro, entendíamos que a muchos madrileños Santander y todo lo que conlleva ese nombre les da buen rollo. Decir Santander te lleva muchas veces a pensar en vacaciones, el mar, el verano, buenos productos… Por tanto, asociarnos a la marca Santander es asociarnos a buenos momentos. Y eso ayuda a arrancar. De algún modo es lo que a nosotros, los santanderinos y cántabros, nos pasa con Cádiz.

P.– Hace unos meses se han hecho cargo de la Cafetería Santander, todo un emblema durante más de medio siglo de la glorieta de Alonso Martínez, que anuncian será la primera cafetería de Madrid puesta al día. Explíquese.
R.– Nos gusta el nombre e incide en lo que somos nosotros. Las cuatro esquinas de la Glorieta de Alonso Martínez tienen que ver con Santander. Tenemos previsto abrir en febrero próximo y seguramente lo hagamos con el nombre de ‘Gran Café Santander’. ¿Por qué esta apuesta? Porque el formato de cafetería, que parece estar un tanto en desuso, nos va a permitir tener una alta rotación desde primeras horas de la mañana: desayuno, aperitivo, comida, vino de tarde y cena. Nuestro reto es precisamente hacer atractivo todos los tramos del día. Y que se coma bien. En el fondo, no deja de ser una restaurante con barra con un horario amplio en el que se sirve de todo. Y en el que, además, puedes quedar a cualquier hora del día.

Carlos Crespo, fotografiado a la puerta de Días Desur, el ultimo establecimiento en incorporarse a la relación de bares, cafeterías y restaurantes que gestiona el empresario hostelero.

P.– En Santander gestiona algunos de los establecimientos con más solera de la ciudad, en los que ha tratado de preservar y mantener su esencia sin renunciar a la modernidad. ¿Se hace necesario mantener viva la memoria?
R.– Es que a mí este tipo de locales me gustan. Eso sí, el que es de verdad y tiene detrás una historia que contar. Entonces, me gusta poner en valor su identidad. Yo no conocí a Víctor Merino [creador de El Riojano], pero trato de seguir sus pasos y continuar, como él hacía, ligando de alguna manera el restaurante a la cultura, el deporte y a la sociedad cántabra. En el caso del Solórzano [el primer bar que abrió en Peña Herbosa, en 1941], es una vermutería que intento mantener con una puesta al día. Este año le quiero dar un nuevo impulso. Desgraciadamente, ya no quedan muchos locales así en Santander. Nosotros damos mucha importancia a la luz, a crear claroscuros y diferentes ambientes.

P.– En su estrategia empresarial apuesta por no repetir marca ni concepto pero manteniendo unas mismas señas de identidad. ¿Qué distingue a sus negocios?
R.– Podríamos repetir alguna de las marcas; de hecho, es una cuestión que no descartamos. Dicho esto, creo que la cocina es nuestro punto fuerte. Apostamos por una comida sabrosa, reconocible, accesible y cercana envuelta en unos locales agradables, bien iluminados y con buena sonoridad. Nos gustan que sean más atemporales que de una moda rabiosa y que sean elegantes pero sin estar nunca por encima del cliente. Por decirlo de otro modo, queremos que nuestros negocios sean coherentes y armoniosos.

P.– En Madrid existe mucha competencia pero también más clientes que consumen de una forma regular a lo largo del año. En Santander, en cambio, el mercado es bastante más pequeño y muy estacional. ¿Dónde es más difícil triunfar?
R.– Triunfar es difícil en todos los lugares. Y, la verdad, no sé si alguien sabe cómo se consigue. Es más, creo que suele ser un malentendido. La hostelería es un mundo de intangibles. A ti te gusta más salado y a mí más soso; a mí el Ribera y a ti el Rioja. Con frecuencia caemos en el error de hablar de la hostelería como si fuera un sector homogéneo. Y no lo es. Hay bares, restaurantes, hoteles, cafeterías en gimnasios… No lo sé. Creo que es muy difícil en todos los casos. Luego, claro, si aciertas, qué fácil se ve todo.

P.– La Asociación de Hostelería de Cantabria anunciaba hace unos días su intención de traer a Cantabria 400 camareros procedentes de Perú ante la falta de profesionales en la región. Este plan ha sido duramente criticado por los sindicatos y por la Consejería de Empleo y Políticas Sociales, que ha recordado que en las Oficinas de Empleo de Cantabria hay más de 4.000 personas esperando un empleo de camarero. ¿Qué opinión le merece este iniciativa?
R.– No conozco el detalle. Pero lo que sí es verdad es que en verano cuesta muchísimo hacer plantillas. Esa es la realidad. En cualquier caso, supongo que la propuesta de la patronal responde a una demanda del sector. A mí, insisto, me gustaría contar con plantillas más estables y mejor formadas. Pero la realidad es otra.

P.– La hostelería ha sido tradicionalmente un sector refugio para muchas personas sin empleo pero también sin ninguna experiencia ni conocimiento del sector. ¿La formación brilla por su ausencia?
R.– No. Yo creo que cada vez hay más formación y más específica aunque, efectivamente, la barrera de entrada a este negocio es nula. A mí no me parece mal que sea así, pero hay conductas que no entiendo. Para un camarero decir no debería estar prohibido. Se puede decir otra cosa, pero nunca no a un cliente.

P.– El sector continúa dando buenas noticias y ya supone cerca del 8% del PIB nacional. ¿Crisis superada?
R.– No, creo que no. En Madrid existe además una cierta burbuja. Da un poco de miedo. Hay muchísima oferta.

P.– Ya que lo dice. España es el país con más bares de Europa, con una media de tres locales por cada 1.000 habitantes, según reflejaba en 2017 el estudio ‘Benditos bares en datos’. ¿Hay espacio para todos?
R.– Mientras haya libre competencia… Es el juego de la oferta y la demanda. No es un mercado regulado. Y el que empieza siempre cree que a él le va a ir bien.

P.– Informes de consultoras especializadas apuntan a que la personalización, el delivery (envío a domicilio), la reserva de espacios como puntos de venta de alimentos o la sostenibilidad en su sentido más amplio (productos de dieta sana, de proximidad, cocina de mercado, uso de renovables, bienestar animal…) serán factores claves que marcarán el futuro del sector. ¿Lo comparte?
R.– Sí, desde luego. Los hábitos de consumo cambian y hay que estar atento a todas esas cuestiones que menciona, especialmente a lo sostenible que cada día tiene mayor importancia. Pero, pese a ello, creo que todavía lo que tiene más valor es la experiencia completa en el local: comida, servicio, atención, bebida, la interacción con otros clientes, la ubicación.. Hay cosas que no se pueden ofrecer por internet ni llevar a casa.

P.– El Gobierno y el sector de las telecomunicaciones lamentan el bajo nivel de digitalización de las pequeñas y medianas empresas españolas. ¿Qué papel desempeñan las herramientas tecnológicas en su modelo de negocio?
R.– El sector ha evolucionado mucho en este aspecto y ya hemos incorporado la digitalización a la gestión. Con todo, creo que aún no le sacamos todo el partido al ‘big data’. En este sentido, no cabe duda de que aún tenemos mucho camino que recorrer. Por ejemplo, relacionarnos con nuestros proveedores de un modo más digital nos ahorraría mucha estructura. Pero debe ser en ambas direcciones.

P.– Las redes sociales, en especial Instagram, son tendencia en la hostelería. ¿No corremos el riesgo de acabar comiendo con los ojos?
R.– Pues sí. Pero lo que más vende en la redes sociales son las fotos de gastronomía. Es lo que hay, aunque debo reconocer que es muy endogámico. Tú sigues a los que te siguen y al revés. Es innegable que tiene una cierta importancia pero aún debemos aprender cómo canalizar ese flujo y convertirlo en ventas. Por otro lado, si no estás en el lío, no estás. Y siempre habrá alguno que esté. Si no lo haces tú, vendrá otro y ocupará tu lugar. Aquí y en Madrid ha habido restaurantes conocidísimos y grandes cocineros de los que ya no se acuerda nadie. Están en cartel los que están.

P.– Un gran higienizante es pagar por lo que uno come. ¿Una comida de tres dígitos es un precio justo?
R.– Sí, puede serlo. En este caso habría que diferenciar entre el precio y el valor. Nadie lleva un Rolex por la hora. Con lo que cuesta te compras cien ‘Casios’, que te la dan igual, o la consultas en el móvil. ¿Y un vino? ¿Cómo es un huevo con patatas? Insuperable. Y un bocadillo de sardinas puede ser lo más sofisticado. Por eso, no me atrevo a ser juez del precio de las cosas. O qué decir del arte. ¿Qué obra es la que vale o no vale? ¿A quién no le gustaría quedarse una noche en el Palace o ir a comer a un restaurante de tres estrellas Michelin? Aunque solo sea por vivir la experiencia.

P.– Después de más de un lustro sin parar de crecer, ¿no siente vértigo?
R.– No, porque espero no haberme subido a ningún lado. Me gusta emprender. Es mi forma de ser y de vivir. Y, si puedo, voy a seguir haciendo cosas. A mí lo que más me gusta es el proyecto. Es cierto que cada local que abres te da miedo; de lo contrario sería un insensato. Vértigo a ese tipo de miedo sí que tengo; pero no en cuanto a estar muy arriba. Me encanta abrir una hamburguesería.

La normativa española para afrontar las insolvencias ha conseguido escasos resultados prácticos, ni como salvaguarda de los intereses de los acreedores ni como instrumento para favorecer la continuidad de las empresas en dificultades. Habituados a trabajar en su aplicación, los representantes de la recién constituida Asociación Profesional para la Administración Concursal en Cantabria achacan este fracaso a una combinación de factores, entre los que tiene un peso importante la cultura empresarial española, pero también cuestiones directamente relacionadas con la letra de la ley, como la protección que garantiza a la deuda con las Administraciones. Dando voz al colectivo, los administradores concursales cántabros confían en poder contribuir a corregir las ineficiencias de la norma, y en trasladar a los empresarios lo que puede aportar como instrumento de gestión.

Texto de José Ramón Esquiaga @josesquiaga Fotos de Nacho Cubero @Nachocuberofoto

El número de concursos de acreedores ha remitido claramente, como un indicio más de la salida de la crisis económica pero también sin que esta figura, pensada para hacer frente a las insolvencias, haya demostrado su eficacia para lograr aquello para lo que fue diseñada: proteger a los acreedores y, al tiempo, ofrecer una salida para que las empresas en dificultades tengan futuro. Ninguna estadística avala que se haya avanzado demasiado ni en lo uno, ni en lo otro, y de ese fracaso también da cuenta la experiencia de quienes más directamente trabajan en la aplicación de la norma, los administradores concursales. Con la situación económica ofreciendo una tregua, los fundadores de la recién nacida Asociación Profesional para la Administración Concursal en Cantabria creen que es el momento de encarar las ineficiencias de la normativa, que tienen que ver tanto con su propia redacción como con la forma en que se aplica, y con la visión que los empresarios tienen de un instrumento que nació para ayudarles, pero que nunca han entendido como tal.

Pregunta.- ¿Por qué una asociación, y por qué ahora, cuando la crisis ha ido quedando atrás y hay menos concursos de acreedores?
Ramón Cifrián (RC).– Somos una provincia pequeña y no somos muchos quienes nos dedicamos profesionalmente a la administración concursal, pero lo cierto es que no teníamos mucho contacto. Solo nos juntábamos en cursos de formación, aceptando un cargo en el Mercantil… Con la crisis en pleno auge, estábamos a otra cosa, ahora hay más sosiego y creemos que es un buen momento para asumir esa labor de representación que hasta ahora no teníamos. Hay que agradecer a uno de nuestros colegas, Jorge Fernández Sanz, la labor que ha realizado para dar impulso y empujar en la creación de esta asociación. Ahora a nosotros nos toca ponerlo en marcha, asumiendo la representación hasta que haya unas elecciones y la asociación comience a funcionar con normalidad.

P.- ¿Cuántos administradores concursales trabajan en Cantabria?
Belén Alonso (BA).- No es fácil saberlo. Básicamente son dos grandes colectivos los que nos dedicamos a esta actividad: abogados y economistas, incluyendo en estos también a los titulados mercantiles. Cada tiene su propia lista de profesionales.
R.C.- En todo caso, hay menos de los que había. Como referencia, hemos pasado de llenar el salón de actos del antiguo paraninfo de la UIMP, en las Llamas, a que cuando ahora organizamos una jornada de formación vayan una docena. No quiere decir que esos sean los profesionales de la administración concursal que trabajan en Cantabria, hay más, pero los que siguen el día a día de esta actividad no serán muchos más que esos. En la lista del Colegio de Economistas puede haber cuarenta o cincuenta, no más. También hay administradores que vienen de fuera, porque cualquier administrador, de cualquier lugar de España, puede atender un concurso.

P.- Mencionan la necesidad de realizar una labor de representación del colectivo. ¿Con qué objetivo?
R.C.- Podemos resumirlos en dos: mejorar aspectos relativos a la propia actividad de la profesión, tanto a nivel interno como para poder influir en reformas legales que mejore la eficacia de la ley y, en un segundo objetivo, conseguir transmitir a los empresarios lo que la Ley Concursal puede ofrecer como herramienta de gestión. La Ley Concursal no nació para cerrar empresas, como desgraciadamente está sucediendo, sino para afrontar dificultades, para que podamos sentarnos y encontrar una fórmula, que puede ser incluso extrajudicial, para satisfacer a los acreedores y que la empresa pueda salir adelante. Esto, lamentablemente, no ha funcionado así hasta ahora. Tener voz, a través de una asociación profesional, esperemos que nos dé una oportunidad para corregirlo.

Sonia Garzón, Ramón Cifrián y Belén Alonso, representantes de la Asociación Profesional para la Administración Concursal en Cantabria, en un momento de la entrevista.

P.- Parece evidente que la Ley Concursal no ha servido como vía para que las empresas salven sus dificultades, pero tampoco para salvaguardar los intereses de los acreedores. ¿Es un problema de la letra de la ley, o tiene más que ver con el uso que se hace ella, con esa cultura empresarial que menciona y que siempre la ha visto el concurso como algo a evitar, y no como un instrumento que puede ayudar a afrontar una insolvencia?
RC.- El empresariado no cree que la Ley Concursal pueda ayudarle. La idea es que si entro en concurso, comercialmente estoy hundido. Eso no ha cambiado con ninguna de las reformas que se han hecho de la ley y es lo que queremos contribuir a cambiar.
Sonia Garzón (SG).- Pero es verdad que, con la propia ley en la mano, es muy difícil cambiar esa percepción y que se vea la norma como un instrumento para tener una auténtica segunda oportunidad, para empresas y personas físicas. Porque cuando se tienen deudas con las administraciones públicas es muy difícil encontrar una vía para esa segunda oportunidad. Eso es un problema de la ley, no de su aplicación o de la cultura empresarial, y es una losa que condiciona todo lo demás.
RC.- Se pide el esfuerzo a los acreedores privados para que sacrifiquen parte de la deuda, o para que alarguen los plazos de cobro, pero hay un estricto proteccionismo a las administraciones públicas. En el último estado de la fase de liquidación, a la que llegan más del 90% de las empresas en concurso, la última oportunidad es segregar una parte de la actividad, o la unidad productiva completa, para que la pueda explotar un tercero. ¿Qué pasa? Que, como bien dice Sonia, las deudas con la Administración se convierten en una losa, y si se deben los seguros sociales de un año de treinta trabajadores, eso lo hereda el nuevo inversor. Lo habitual es que, ante esto, desista. Todos hemos visto empresas con potencial para continuar, con trabajadores y medios para seguir adelante, que se han quedado en el camino. No digo que toda la culpa sea de la deuda con la Administración, pero sí que es un obstáculo muy importante. Y que va en contra de los propios intereses públicos, porque si esos treinta puestos de trabajo no se pierden, los trabajadores no irán al paro y la Seguridad Social seguirá contando con esas cotizaciones.

P.- El caso es que ha habido siete u ocho reformas de la ley desde su promulgación en 2003, y ninguna ha ido en la línea de corregir eso.
R.C.- De hecho han ido en sentido contrario. Porque ha habido jueces intrépidos, por ejemplo en Cataluña, que cuestionaban que la venta de la unidad productiva conllevase la mochila de la deuda con la Seguridad Social, incluso con sentencias. Viendo que había esas referencias doctrinales, una de las reformas vino a establecer claramente que la deuda con la Seguridad Social la heredaba la nueva empresa. Sin interpretaciones. Hemos ido a peor, en ese sentido. No digo que la deuda con la Administración no merezca una protección, pero quizá habría que encontrar un punto intermedio, como sucede con el resto de acreedores. O estudiar caso por caso, que no sea algo inflexible que condicione toda negociación.
B.A.- Cuando precisamente la negociación es la base sobre la que funciona todo el sistema. Puedes plantear una propuesta de pagos a todos los acreedores, salvo a la Seguridad Social y a la Agencia Tributaria. Y aunque cierres un acuerdo con todos los acreedores privados, y pueden ser muchos y por un importe alto, siempre te quedan esos dos, que no negocian. Te pueden dar un aplazamiento, pero no salen de ahí, aplican su propia normativa que es la misma que aplicarían a cualquiera: no hay nada diferente por estar en un proceso de mediación concursal, o ya en concurso de acreedores.

P.- Que los empresarios recurran al concurso solo cuando no queda otro remedio puede indicar, en efecto, que algo no funciona. Pero también existe la percepción de que el procedimiento es caro, y en buena medida por los honorarios que cobra el administrador concursal.
R.C.- Es parte de esa labor de concienciación que queda por hacer, porque esa idea está equivocada: la percepción que se tiene de las retribuciones que reciben los administradores no es correcta. Casos como el de Martinsa-Fadesa, en los que se habló de honorarios de millones de euros, han dejado en los empresarios esa idea de que se pagan grandes cantidades. Pero es que concursos como ese, que por otro lado suponen una ingente carga de trabajo, no son representativos, han podido darse cinco o seis en toda España. Un concurso tipo, que puede durar dos años en el mejor de los casos, porque lo normal es que sea más, supone que el administrador concursal cobre una media de entre 10.000 o 15.000 euros en la fase común. Eso por dos, tres o más años de trabajo y en un concurso de cierto tamaño.
S.G.- Y para sacar adelante un concurso como ese necesitas tener un equipo detrás, no es solo el administrador concursal el que hace el trabajo.
R.C.- Añade a esto que lo normal es que, en un concurso como los que suelen llegarnos, con empresas en muy mala situación, no haya dinero para pagar a nadie, y no cobres. Un administrador concursal es una pieza necesaria y fundamental para que el concurso se tramite y se concluya. Por tanto deberían estar garantizados unos honorarios, los que se estime que sean adecuados, convenientes, justos… Hay un arancel que lo regula, en función del activo y del pasivo. Bien, si esos son los justos, correcto. Pero que se garantice el cobro. Lo que no puede ser es que se nos relegue al último de la fila. El argumento es que igual en este concurso no cobras, pero ya cobrarás en el siguiente. Eso no puede ser.
S.G.- Con todas las reformas que ha tenido la Ley Concursal, lo que está pendiente todavía es el desarrollo del Real Decreto que debería regular el arancel, precisamente. Los legisladores han obviado esa parte, y la jurisprudencia nos ha ido relegando.

P.- Las estadísticas reflejan que en España está aumentando el número de personas físicas, con o sin actividad empresarial, que recurren al procedimiento concursal para ordenar sus deudas. En Cantabria en cambio ese crecimiento no se ha dado, y el número de particulares que utilizan este mecanismo es residual. ¿Hay alguna lectura que hacer de ese dato?
S.G.- Son herramientas que no se están utilizando porque muchas veces el ciudadano no las conoce. Muchos deudores se encuentran en situaciones en las que tienen todo embargado, y no conocen la segunda oportunidad, cuando es una herramienta que puede ser muy útil.
R.C.- Está la cuestión de la falta de conocimiento que se tiene de la ley, en efecto, pero hay otro elemento que influye en el poco uso que se hace de la segunda oportunidad, y que de nuevo tiene que ver con  la retribución: la falta de mediadores. En un proceso de segunda oportunidad, antes de llegar al concurso se pasa por una fase inicial de mediación. Y son casos que se cobran muy mal, o no se cobran. Debería articularse alguna solución, un turno de oficio o similar, que garantice una retribución mínima. Porque yo puedo hacer una mediación, o dos, sin cobrar, pero a la tercera voy a renunciar.

B.A.- En una mediación, si cierras con acuerdo, bien. Has trabajado dos o tres meses, pero has llegado a ese acuerdo. El problema, como dice Ramón, es que la mayor parte de las mediaciones no tienen éxito, y tienes que ir a concurso, con el mismo procedimiento que si hubieras ido a concurso directamente sin pasar por esa mediación, y con todo lo que ello supone de carga de trabajo. Y cobrando, si es que cobras, la parte de la mediación, que es una cantidad muy pequeña. La parte del concurso, gratis. Y un concurso en una persona física puede ser algo más sencillo que una empresa, pero no mucho más: las fases son las mismas, y la carga documental muy parecida.
R.C.- En segunda oportunidad los concursos son siempre de liquidación: venda todo lo que pueda, pague a sus acreedores y a ese señor se le rehabilita. Es un proceso que puede ser más sencillo que en una empresa, en efecto, pero en una empresa tienes el auxilio de un contable, de un administrativo… hay una estructura con la que puedes contar en tu labor. Con las personas físicas te encuentras solo, sin ningún apoyo.

P.- ¿El colapso de los juzgados afecta también a la efectividad de la norma?
R.C.- No hay ya un colapso como el que llegó a existir en los años más duros de la crisis, pero en el caso de la segunda oportunidad sí que hay un problema claro relacionado con esto. Los juzgados especialistas en la Ley Concursal, que son los de Mercantil, pero los concursos de personas físicas que no son empresarios se tramitan ante los juzgados de Primera Instancia. Un juzgado de Primera Instancia de asuntos concursales generalmente no tiene ni idea, porque no tiene por qué tenerla. Eso se traduce en retrasos. La segunda oportunidad es una buena idea, pero que a mi entender se introdujo de una forma un tanto improvisada. No se la ha dotado de estructura, es un edificio que puede crecer mucho, pero que tiene un entramado muy débil para sostenerse. Estamos ante una oportunidad para que se nos escuche, a los administradores concursales, a los jueces, a quienes trabajamos con esto, y para que se realice una reforma con sosiego, ahora que parece que tanto la situación económica como la política tienen cierta estabilidad.

Cerca de cumplir su primer año al frente del Colegio –lo hará el próximo mes de abril–, el decano de esta institución con 1.055 colegiados analiza los desafíos y oportunidades de una profesión que ha recuperado el pulso tras años de profunda crisis. Reclama una revisión de la Ley de Contratos del Sector Público, especialmente en el caso de los contratos menores; aboga por el cumplimiento de los pliegos de adjudicación y por una reducción de los tiempos de tramitación, y defiende el papel de esta ingeniería en el progreso social.

Manuel Casino @mcasino8

Pregunta.– Su compromiso al acceder al cargo hace casi diez meses fue integrar la Universidad, el Colegio y las empresas. ¿Objetivo cumplido?
Respuesta.– Vamos por el buen camino. Tenemos una relación muy estrecha con la Universidad de Cantabria (UC) a través de la Escuela Técnico Superior (ETS) de Ingenieros de Caminos, con la que mantenemos reuniones periódicas todos los meses para tratar de fomentar esta carrera universitaria y analizar, entre otros asuntos, el nuevo plan de estudios o cómo captar alumnos para la Escuela, además de promover iniciativas como el concurso de puentes para estudiantes de 1º y 2º de Bachillerato. En este sentido, hay que tener en cuenta que esta carrera ha sufrido en Cantabria los efectos perversos de la paralización de la construcción durante los años de la crisis y la existencia de 33 escuelas en toda España, de las que 16, incluida la de la UC, imparten el máster habilitante para obtener la titulación de ingeniero de caminos. En la actualidad, el número de alumnos que cursan este máster en la ETS de Cantabria ronda la treintena, algunos de los cuales proceden de otras universidades sabedores del prestigio que tiene la de Cantabria y atraídos por el Instituto de Hidráulica Ambiental, que es un referente en nuestra escuela. Con las empresas, por su parte, estamos haciendo de puente para intentar conectar a estos alumnos de Máster con la empresa privada.

P.– Además, apeló a la necesidad de poner en valor la profesión. ¿Le preocupa el intrusismo?
R.– No especialmente. Lo que más preocupa es que todas las profesiones técnicas que de algún modo han estado vinculadas a la corrupción y a otras prácticas, como las bajas temerarias o el desvío en los costes iniciales de los proyectos, tenían una especie de mancha. Digamos que existía un cierto desprestigio de la profesión. Además, los colegiados se quejaban de que la sociedad ya no les percibía como profesionales serios, rigurosos y responsables. Lo que hemos hecho en estos meses para tratar de evitar esta percepción es organizar foros y debates sobre actividades relacionadas con nuestro desempeño profesional. Y en eso estamos, en divulgar el papel de la ingeniería y en qué beneficia nuestra labor a la sociedad en su conjunto.

P.– Hacer caminos, tender puentes, abrir canales y llegar a buen puerto. ¿Por este orden?
R.– (Se ríe). Bien, básicamente esta cuestión está relacionado con lo que apuntaba anteriormente. Partiendo de la base de que las infraestructuras constituyen el capítulo principal para el progreso de cualquier civilización, queremos que el trabajo del ingeniero de caminos sea valorado desde un punto de vista técnico, pero también social.  Por delante va la ejecución de la obra y por detrás el trasfondo social y el beneficio para la colectividad. Esto es lo que nos mueve.

P.– Poco antes de acabar el año solicitaba al Gobierno regional impulsar nuevas fórmulas para mejorar la Ley de Contratos del Sector Público y tratar de superar algunas dificultades. ¿Debo entender pues que no esta muy satisfecho con la nueva norma y que el escepticismo que levantó su aprobación aún sigue instalado?
R.– El problema va más allá y no afecta solo a los ingenieros de caminos, sino a cualquiera que sea proveedor de servicios de las administraciones públicas. Esta cuestión es especialmente preocupante en el caso de la adjudicación de contratos menores, en la  que existe una disparidad muy importante en la interpretación. Los distintos ayuntamientos de la región no aplican de la misma manera el criterio de objeto del contrato. Es un problema serio que en algunas ocasiones llega al absurdo al comprometer la compra de simples suministros. Por eso, desde el Colegio proponemos a las distintas administraciones que se revise la ley. Otro punto que nos preocupa y mucho es el de los excesivos plazos que maneja la Administración para adjudicar licencias. Amparándose en la seguridad jurídica, que entiendo sea una premisa fundamental en la toma de decisiones políticas, no puede ser que todo acabe en los tribunales. Sin duda es un tema complejo, pero no cabe duda de que, como sociedad, algo estamos haciendo mal que debemos cambiar.

Ezequiel San Emetario, decano del Colegio de Ingenieros de Caminos de Cantabria.

P.– Aunque esta nueva Ley venía a poner coto a las bajas temerarias, la ambigüedad de su redactado deja la puerta abierta a que esta práctica esté todavía a la orden del día. ¿Es así?

R.– Bueno, lo que sí tenemos claro en el Colegio no es tanto cuál es el mínimo para aceptar una baja como temeraria o no, sino algo más prosaico: que se cumplan los pliegos de adjudicación. Las bajas son un problema en sí, pero creo que el problema real descansa más en el cumplimiento de los pliegos de contratación.

P.– Reclaman que, estructuralmente, las competencias en la elaboración del Informe de Evaluación de Edificios (IEE) les pertenecen a ustedes. Pero muy pocas comunidades de propietarios acuden a ustedes para su redacción y sí, en cambio, a otros profesionales. ¿Por qué?
R.– Vuelve a ser un problema de interpretación de lo que dice la ley. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) lleva emitidas más de una decena de resoluciones en contra de lo que ellos llaman reserva de actividad. Es decir, es partidaria de que no se restrinja la evaluación del IEE a arquitectos y aparejadores porque supone un menoscabo de la competencia. Aunque entendemos que nosotros también somos competentes para la redacción de estos informes, lo que ocurre es que el Tribunal Supremo, al menos hasta ahora, no ha recogido en sus sentencias estas resoluciones de la CNMC. Y como es de competencia autonómica, las comunidades siguen manteniendo el criterio que marca la Ley de Ordenación de la Edificación. En Cantabria, se imparte un máster en rehabilitación y regeneración urbana al que acuden ingenieros de caminos, industriales, arquitectos y aparejadores. Pese a ello, se da la paradoja de que tan solo los alumnos de estas dos últimas titulaciones van a poder hacer el IEE, pese a que los cuatro grupos de profesionales cuenta con la misma formación de excelencia. Es un contrasentido que hay que tratar de corregir.

P.– Una de las funciones más relevantes del Colegio es el visado de trabajos profesionales. ¿Qué formulas plantea para extender este requisito que entiendo ya no es obligatorio?
R.– Lo que estamos haciendo es una cuestión principal: sentarnos con las diferentes administraciones y establecer con ellas convenios de visado para que sea la propia administración la que incentive y exija el visado.

P.– Los PGE de 2019 consignan para el Ministerio de Fomento y las empresas que dependen de él un total de 211 millones de euros de inversión para Cantabria, lo que representa un 8,2% menos que en 2018. ¿Teme que este recorte suponga un cierto parón en la obra civil?
R.– No lo temo ni lo supongo, lo aseguro. Los presupuestos van a ser un parón en la obra civil. Es una cuestión de números. Cuando vino el anterior ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, hablábamos de una inversión de 3.655 millones de euros, aunque es cierto que la mayor parte de este montante, en torno a 2.700 millones, iban destinados al ferrocarril e incluía tramos no solo en Cantabria sino también en Castilla y León. Con todo, le voy a poner dos ejemplos: si el anterior Ejecutivo contemplaba 123 millones para las obras de mejora en la A-67, éste ha reducido esta partida hasta los 38. Y mientras que antes se recogían 350 millones para la ejecución del tercer carril de la A-8, ahora se destinarán 100.000 euros. El argumento del Gobierno actual es que a lo largo de 2019 no va a haber máquinas trabajando y que estas cantidades se van a destinar a redactar proyectos y tramitar las diferentes fases administrativas. Mi pregunta es, ¿por qué van a tardar un año en tramitar la parte administrativa de todas las obras que estaban previstas? ¿Debemos entender por tanto que pasan a un segundo plano? ¿O es que los recursos de Fomento se van a destinar a otras comunidades autónomas? El hecho de que este año no se contemple inversión real en Cantabria invita a pensar que estas obras ya no son prioritarias. Esa es la duda que nos queda a nosotros, pese a que el ministro Ábalos dijo en su última visita a la región que todos los proyectos se mantenían.

P.– En este sentido, ¿cuál es el proyecto que despierta más interés entre los colegiados?
R.– Nosotros creemos que todos son importantes. Le doy otro ejemplo. El acceso al Puerto de Santander, que antes contaba con una consignación de 76 millones de euros, en los PGE de 2019 se reduce a 12,1 millones. ¿Qué antes las obras estaban infladas? No lo sé, pero estamos hablando de infraestructuras básicas para Cantabria que, además, están todas interconectadas entre sí.

P.– El Gobierno central decidió en septiembre pasado decretar la suspensión temporal e indefinida de la obra de los diques de la Magdalena. ¿Comparte la decisión?
R.– Técnicamente, no; y socialmente entiendo que el Colegio no debe ni puede posicionarse en estas obras que son tan controvertidas porque hay tantos puntos de vista como colegiados. En cualquier caso, creo que los diques solucionaban un problema que, de no continuar con las obras, persistirá.

P.– El ámbito laboral del ingeniero de caminos ha cambiado mucho en los últimos años. De estar prácticamente ligado solo a la construcción, ahora su presencia abarca otros campos como las energías renovables, la eficiencia energética, el cambio climático…El campo de juego se ha ensanchado y diversificado. ¿En qué terreno cree usted que se encuentra más cómodo?
R.– En nuestra profesión hay dos tópicos. Que los ingenieros siempre estamos asociados al movimiento de tierras y al hormigón y que, en consecuencia, estamos poco digitalizados. Pero lo cierto es que nuestra formación es mucho más amplia. El caso del Instituto de Hidráulica es, en este sentido, paradigmático. Participamos en la gestión de residuos y de la energía, en la calidad y tratamientos de las aguas… En estos y en otros muchos campos siempre ha habido algún ingeniero de caminos, aunque puede que ahora tengamos más relevancia. Del otro lado y para integrarnos en ese mundo digital, le diré que el Colegio de Caminos en sede nacional ha sido elegido como Oficina de Transformación Digital para ayudar a las pymes a avanzar en su proceso de digitalización.

P.– La CNMC lleva tiempo poniendo en tela de juicio la colegiación obligatoria en determinadas profesiones y defiende que ciertos Colegios sean Asociaciones Profesionales. ¿Es su caso?
R.– No, no es nuestro caso pero reconozco que es un tema complicado. Estamos hablando de la Ley de Colegios Profesionales que regula qué profesionales tienen que estar colegiados por la trascendencia de las funciones que ejercen. Sin embargo, la Ley Ómnibus, aprobada por Zapatero en 2009, tiende a que los colegios desaparezcan con carácter general. Está claro que es tema aún no resuelto. Desde la Unión Profesional defendemos que la colegiación es necesaria como garantía para los ciudadanos de su buen hacer profesional. En este caso, además, coger el caso de Europa no es comparable. Seguramente la sociedad avanza en la línea de que las competencias se solapen entre varias profesiones, pero otra cosa muy distinta es que esto conlleve a la desaparición de los colegios.

P.– Santander debe hacer frente a retos urbanísticos de enorme calado –integración ferroviaria, remodelación del Frente Marítimo, la protección de su franja costera…– Y todo ello con una norma, el PGOU, de hace más de 20 años. ¿Lo encuentra razonable?
R.– No, desde luego que no. En este asunto nos enfrentamos de nuevo al problema de los tiempos de tramitación. ¿Cuántos años puede suponer reactivar el derogado? Lo que ocurre ahora es un auténtico sinsentido. Todos los colectivos vinculados con el desarrollo urbanístico entendemos que el funcionamiento de las ciudades no puede estar pendiente de la tramitación de un PGOU que, por término general, se va a los 15 años. El día a día de las ciudades necesita respuestas dinámicas. Desde el Colegio estamos impulsando una mesa de debate para evaluar las distintas figuras de planeamiento urbano y desarrollo regional para darles sentido espacial y temporal.

P.– Tras años de profunda crisis, la profesión vive ahora años de bonanza. ¿Cómo ve el futuro inmediato? ¿Cree que su profesión es suficientemente valorada?
R.– En relación a su primera cuestión, es cierto que el nivel de paro de los ingenieros de caminos está en torno al 4,6-4,7%, lo que no deja de ser un nivel envidiable. Pero también es cierto que la mayoría de los ingenieros se ha tenido que ir fuera de España a trabajar porque hasta la fecha el volumen de obra era insuficiente para dar cabida a todos los titulados, aunque reconozco que ahora ha vuelto a aumentar. Sobre la segunda parte de su pregunta, le diré que soy de los que piensa que el ingeniero de caminos nunca ha estado desprestigiado. Lo que ocurre es que de un tiempo a esta parte hay otras titulaciones, especialmente las relacionadas con las nuevas tecnologías,  que han despertado un mayor interés entre los estudiantes. La percepción que tenemos es que los alumnos escogen otras ingenierías en detrimento de la de Caminos. Ahora lo que está de moda es lo digital.

Maite Rodríguez dirige los restaurantes Marucho y La Flor de Tetuán, en Santander, dos establecimientos diferentes en filosofía y posicionamiento, pero en los que la empresaria aplica idéntico concepto empresarial y una misma visión del negocio, con la mejor atención al cliente como premisa inquebrantable. La empresaria del año repasa en esta entrevista alguna de las claves que han guiado su trayectoria, ofrece una visión sobre la situación de la hostelería en Cantabria y se muestra moderadamente optimista sobre las posibilidades de desestacionalizar el turismo en la región.

Manuel CASINO

Esta campurriana afincada en Santander se mueve como pez en el agua entre mariscos y pescados, los dos productos que colman los expositores de ‘Arriba’ y ‘Abajo’, que es como en realidad ella llama a La Flor de Tetuán y al Marucho, sus dos restaurantes y su otra casa con dos puertas con la que aspira a convertirse en la mejor anfitriona de Cantabria. Junto a su marido Elías, “pescador y un gran cocinero y el único socio al que admito”, según reconoce orgullosa, ofrece amor y sonrisas a una nutrida y variopinta clientela a la que mima y trata como familiares. Casi siempre de negro –es elegante, además de limpio, aclara– y con las gafas colgadas al cuello, concede que el trabajo en equipo es fundamental –emplea a 26 personas–, que lo suyo son los postres y la tortilla de patatas y que le encantan las lentejas que le hacía su suegra para desayunar. Dice ser muy golosa, de buen comer y de beber solo cuando llega a casa, además de muy coqueta y de disfrutar mucho con su profesión. La entrevista está servida.

Pregunta.- Los datos apuntan a que la restauración es cosa de hombres. ¿Dispuesta a llevar la contraria?
Respuesta.- Totalmente. Es cuestión de temperamento. Todas las empresas parecen ser cosa de hombres, pero las tornas están cambiando. Eso sí, aún hace falta que las mujeres nos animemos un poco más a dar el paso.

P.- Su vida laboral discurre a toda prisa en apenas 50 metros, los que separan al Marucho, una tasca marinera, de La Flor de Tetuán, una marisquería refinada de altas prestaciones. ¿Dos mundos en uno?
R.- Sí (sonríe). Para mí lo realmente difícil es el Marucho, porque yo me he preparado para este servicio [La Flor de Tetuán]. Vengo del Club Marítimo y sé cómo gestionar este tipo de restaurantes. Pero el caso del Marucho es diferente. Cuando lo adquirí, hace casi trece años, mi marido y yo tuvimos que hacer un cursillo exprés en dos semanas. De repente, me vi dirigiendo un equipo que no conocía y una tasca. Yo soy más académica. Lo complicado es sacar rendimiento a un local como el Marucho. Allí no hay reservas.

P.- Emprender se convierte en ocasiones en una carrera llena de obstáculos. ¿Ha sido su caso?
R.- Sí, claro. En mi caso no fue por problemas burocráticos, porque el Marucho ya estaba en funcionamiento, sino económicos. Con todo, tengo que decir que casi no encuentro la antigua licencia de apertura que necesitaba para el cambio de titularidad. Cuando me lancé a esta aventura tenía algo de dinero ahorrado, pero no lo suficiente. Y el banco se quedó a mitad de camino. Los que realmente me han facilitado emprender, tanto en uno como en otro restaurante, han sido sus antiguos dueños, que me han dado todas las facilidades de pago.

P.- No hace mucho leí a una colega suya decir que había aprendido más como comensal en los restaurantes que trabajando en las cocinas o en el comedor. ¿Usted también?
R.- No, yo no soy nada crítica. Cuando salgo a comer fuera trato de disfrutar. Lo único que pido es que me atiendan bien, con una sonrisa. La actitud en este negocio lo es todo. La persona que te atienda tiene que oficiar de anfitrión, igual que si estuviera en su casa. Mi intención es que el cliente esté incluso mejor que en su casa. Para eso salen.

P.- De un tiempo a esta parte comer en algunos restaurantes se ha convertido en una experiencia gastronómica en la que todo cuenta. ¿El ambiente y los detalles son tan importantes como la comida?
R.- Desde luego. Cada uno gobierna su casa como quiere. Entiendo, o ese es al menos mi caso, que va con su manera de ser. Yo busco que el cliente me quiera, igual que yo le quiero a él. Y lo intento con un estilo clásico, con música tranquila y luz tenue y amarillenta… Me gusta que se relajen.

P.- La gastronomía no tiene que ser alta ni baja, sino para todos. ¿Lo comparte?
R.- Sí. Precisamente por eso cambié la carta de La Flor e introduje otros platos con raciones de la barra. Mi intención es que a los clientes no les dé miedo entrar. Tú te puedes dar un festín de marisco un día, pero no todos los días pueden ser especiales. Y yo lo que quiero es que les apetezca volver.

P.- ‘Cocina honesta’ es una expresión habitual en su sector. ¿Debo entender pues que hay mucho deshonesto?
R.- La verdad es que esta frase yo no lo había escuchado antes. En cualquier caso, lo que no podemos pensar es que el cliente es tonto. En mi opinión se trata más de una cuestión de desconfianza que de poca o mucha honestidad. Yo no he visto el programa de Chicote, pero ¡caramba! ¡Me tienen frita con la perca del Nilo! Y le aseguro que lo que nosotros vendemos es mero.

P.- Es evidente que la irrupción de la tecnología está cambiando la forma en que se relacionan con sus clientes, pero aún hay muchos a los que les cuesta entender que la puerta de su restaurante ya no es de madera ni de cristal, sino digital. ¿Lo percibe usted también así?
R.- Totalmente. Tenemos que saber adaptarnos y aprovechar los múltiples recursos que nos ofrecen las nuevas tecnologías. Yo llevo seis meses intentando aprender. Y eso que en mi caso hay ciertas herramientas que no necesito porque somos un negocio muy pequeño. Las reservas, por ejemplo, las gestiono directamente con el móvil. No quiero abrir una ventana en internet porque prefiero la gestión directa, más personal y adaptada a los gustos y necesidades de cada cliente. Mi teléfono es la oficina de reservas.

P.- En cualquier caso, el éxito online de un restaurante siempre es consecuencia de la excelencia offline. ¿Cuál son sus claves para alcanzarlo?
R.- El amor que pongo en lo que hago. La constancia. He de reconocer que soy muy pesada en todos los sentidos. Me gusta estar pendiente de todo.

P.- ¿Puede el turismo gastronómico contribuir a la desestacionalización del turismo en Cantabria que tanto se predica?
R.- Creo sinceramente que este objetivo ya se está consiguiendo. Las temporadas se están alargando aunque lo cierto es que muchas veces dependemos del clima.

P.- Ya que lo menciona, cada último domingo de octubre la industria de la restauración se tira de los pelos por un cambio horario que, según aseguran, provoca un cambio repentino de mentalidad en los clientes dejando a muchos en casa. ¿Realmente es así?
R.- Sí, y si además coincide con mal tiempo, que suele coincidir, entonces olvídate.

P.- Qué es más perjudicial para su negocio, la lluvia o este horario de invierno?
R.- El agua, sin duda. Con el frío salimos, pero con la lluvia nos cuesta algo más. Si llueve, las terrazas no funcionan y la actividad se limita de puertas para adentro.

P.- Sostiene que uno de los principales retos del sector es la formación de calidad. ¿Echa de menos una mayor atención en este ámbito?
R.- No especialmente. Creo que en el mercado hay suficientes opciones de formación. Lo que quizá no hay es tanto interés por formarse, por avanzar en esta profesión.

P.- Se busca camarero. ¿Lo puede ser cualquiera?
R.- No. Del mismo modo que tampoco cualquiera puede ser médico. Para serlo, en su caso, es necesario mucho esfuerzo, sacrificio y años de formación. Y en este oficio, salvando las distancias, ocurre algo parecido. Ser un buen camarero no se aprende de un día para otro. Hace falta disponibilidad, porque los horarios son los que son; que te guste lo que haces y querer formarse continuamente. Yo ahora estoy formándome para poder ahumar en mesa. Lo que está claro es que hay que innovar.

P.- La hostelería cántabra debería ponerse las pilas e invertir tanto en sonrisas como en amabilidad. Verdad o mentira.
R. Bueno. Creo que de unos años para acá lo estamos haciendo. Es cierto que, en algunos casos, aún parece que les debes algo. Lo de ‘tú no eres de aquí’, si eres simpática, es todo un clásico. Lo primero que tiene que cambiar es el propio empresario. Si cambia, lo hará también su equipo. Yo al mío le ordeno felicidad.

P.- Pese a los avances logrados, todavía hay camareros que se extrañan de que una mujer acuda a comer sola, quienes sirven el vino a los hombres y el agua o los refrescos a las mujeres y quienes siempre entregan la cuenta al caballero. ¿Alguna receta para evitar estos micromachismos?
R.- Es que no creo que se trate de una cuestión de machismo, sino más bien de protocolo social. Y las cosas están cambiando muchísimo. Nosotros la cuenta siempre se la damos a la persona que la pide. A mi casa, además, vienen a comer muchas mujeres en grupo o solas. Y nunca se me ha ocurrido preguntarle a ninguna si está esperando a alguien.

P.- Según la Federación Española de Hostelería y Restauración, los restaurantes españoles desperdician más de 63.000 toneladas de comida al año. ¿Nos falta conciencia social y pensar más en global?
R.- ¡Vaya! (se sorprende por el dato). Puede ser, aunque hay que tener en cuenta que la comida tiene un proceso y una caducidad. Sea como fuere, creo que un buen cocinero es el que sabe cocinar con lo que tiene en la nevera. Y la frase no es mía.

María Vega, presidenta del Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria, está convencida de que el sector continuará presentando grandes oportunidades de negocio en los próximos años, bien por la construcción de nuevas centrales, el desmantelamiento de las antiguas o la investigación en los nuevos sistemas de fusión. Las empresas cántabras, asegura, están en condiciones de aprovechar esos nichos de mercado, algo a lo que cree que puede contribuir de forma decisiva la actividad del clúster.

Una entrevista de Cristina Bartolomé

El Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria (CINC) se creó en 2016, es por tanto un organismo joven pero que ya ha dado pasos importantes en sus objetivos de hacerse visible a nivel internacional, buscar oportunidades de negocio y facilitar la formación. También tiene como objetivo la permanente actualización tecnológica para que sus socios puedan dar respuesta a los nuevos retos. A nivel nacional el sector nuclear genera 27.500 puestos de trabajo de alta cualificación y aporta 28.000 millones al producto interior bruto nacional, cifras a las que Cantabria hace una aportación significativa gracias sobre todo a la presencia en la región de la fábrica de Equipos Nucleares SA SME (ENSA), tanto por la actividad que genera como por los proveedores con los que cuenta. Como no podía ser de otro modo, ENSA tiene un protagonismo indiscutible en el CINC, y es su directora de Desarrollo de Negocios, María Vega, la presidenta del clúster nuclear cántabro. Fue la primera becaria del COIE de la Universidad de Cantabria que empezó en Ensa. Y se quedó, de hecho, son ya 22 años los que lleva en esta empresa participada al 100% por la Sociedad Española de Participaciones Industriales, la SEPI. Con María Vega hablamos del clúster cántabro, de los retos de la industria nuclear y de las posibilidades que las empresas cántabras tienen para hacerse un hueco en este sector.

P.- ¿Cómo ha materializado hasta ahora sus objetivos el Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria (CINC)?
R.- El clúster es bastante joven, lo dimos de alta en 2016, aunque ya antes fijamos su plan estratégico. Hemos ido avanzando poco a poco, teníamos tres pilares, la promoción comercial de las empresas, la formación y la colaboración entre las empresas que lo forman. Somos empresas y lógicamente va inherente a nuestro ser el buscar oportunidades comerciales. Por ello hemos estado ya en un número importante de ferias, asistimos a la World Nuclear Exhibition de París en 2016 y este año repetimos. En 2017 estuvimos por primera vez en la feria de desmantelamiento británica y pensamos continuar. Además seguimos intentando fijar alianzas con clústeres internacionales que nos puedan ayudar a fijar alianzas con empresas a las que ellos clusterizan: en 2017 hemos cerrado un acuerdo con el Britain’s Energy Coast Business Cluster, muy importante dentro del Reino Unido. Nos han invitado a un evento muy importante que se celebra en abril, en Cumbria, y empezaremos los primeros contactos con las empresas británicas y esperamos encontrar vías de colaboración que nos den más presencia comercial.

P.- Teniendo en cuenta que ENSA es la empresa más veterana, y la mayor dentro del clúster, ¿no existe el riesgo de que pueda eclipsar a las otras empresas del clúster?
R.- No se trata de que ENSA eclipse a nadie. La presencia de ENSA en el clúster se vio como una oportunidad, porque al ser la mayor empresa que hay en Cantabria en el sector nuclear, y que además somos 100% nucleares, podríamos hacer de motor. Por nuestras características, probablemente somos los que podemos llegar primero a esas oportunidades de mercado o a intentar mover el clúster en el mercado internacional. Nuestras actuaciones, desde CINC, van siempre dirigidas a poner en valor las capacidades de las empresas de Cantabria, y entendemos que poder movernos conjuntamente es la vía más interesante para acometer este mercado, y en ello estamos.

P.- ¿El clúster está abierto a otras empresas?
R.- Completamente abierto, damos la bienvenida a cualquier empresa que esté trabajando actualmente en el sector nuclear, sea cual sea su dedicación a este sector dentro de su portfolio. De lo que se trata es de que aumenten esa participación. Seguimos valorando la posibilidad de que alguna empresa más que ya se nos ha acercado pueda entrar, pero al final son los socios los que confirman esta adhesión. Sin embargo nunca ha habido ningún problema, al contrario, estamos muy abiertos a poder sumar.

P ¿Cómo puede ayudar el clúster a las empresas a acceder a nuevos mercados tanto geográficamente como en cuanto a nuevos nichos de negocio? ¿Cómo es la gestión del clúster en eventos y ferias internacionales?
R.- Trabajamos para conseguir que podamos ir a ferias internacionales. A veces hay empresas pequeñas para las que es muy complicado acudir, con lo que  el clúster se convierte en una vía para aglutinar esfuerzos, y propiciar la presencia de las empresas allí donde hay oportunidades comerciales. Siempre se puede ayudar a la proyección de las empresas cuando hay una oportunidad comercial. Desde el clúster gestionamos todo lo relativo al stand y al evento al que vamos, pero luego es cada empresa la que decide si va a tener presencia o no la va a tener, ellos evalúan el interés que tienen en ese mercado en concreto.

P.- ¿Y si una empresa no acude?
R.- Nuestro merchandising, nuestros folletos, nuestras acciones promocionales, incluyen información por el clúster completo. Lógicamente para todos los miembros del clúster no es fácil explicar lo que hace o lo que es otra empresa, pero si alguna no acude y detectamos interés por ella, recogemos las inquietudes de las empresas que nos transmiten ese interés y las ponemos en contacto.

P.- ¿Las empresas del clúster pueden llegar a competir entre ellas?
R.- Se puede dar ese caso. Pero lo que se busca en estas oportunidades que identificamos es que, más que competir, podamos asociarnos y sumar esfuerzos. Siempre hay una forma de poder compatibilizar y compartir esa fabricación que puede resultar de los contactos. Hasta la fecha tengo que decir que no hemos tenido ningún malestar entre empresas. De cualquier modo, hay que ser capaz de poder mostrar a las empresas que sumando capacidades pueden llegar a aprovechar las sinergias que se generan y eso puede redundar en beneficio de todos. El clúster es un ente de cooperación y quien se asocia ya tiene esta mentalidad.

P.- En este momento en el que se aboga por las energías renovables, ¿qué futuro le augura a las centrales nucleares?
R.- Eso es difícil de predecir, existen demasiadas incógnitas y condicionantes. Pero desde el sector nuclear junto a la Sociedad Nuclear Española y el Foro de la Industria Nuclear Española sí que entendemos que en el mix energético hay cabida para todas las fuentes. Están muy bien las energías renovables, por supuesto que son una alternativa interesante, pero no sola ya que de momento no solucionan las necesidades del mercado; no es una energía de base. La nuclear sí lo es, y además libre de emisiones de CO2, y por tanto una alternativa muy interesante para cumplir los objetivos del protocolo de Kioto.

P.- ¿Llega a influir en el día a día de las empresas del sector ese ambiente internacional a favor de las energías renovables y el cuidado del medio ambiente?
R.- Sí influye porque el negocio no es sencillo. Ahora en Europa Occidental hay solo tres centrales en construcción, lo cual quiere decir que las oportunidades son pocas, y no son fáciles. Pero realmente el clúster se creó pensando que hay oportunidades de futuro. En España estaba el Almacén Temporal Centralizado de Residuos Nucleares, y en Europa por ejemplo tenemos la nueva instalación del reactor de fusión ITER. Todos esperamos que esto nos dé muchas oportunidades en los próximos años.

P.- Visto como están las cosas, podría pensarse que buena parte de la actividad que se espera en los próximo años será la relacionada con el desmantelamiento de las centrales que alcancen el final de su vida útil.
P.- Es cierto que ahí hay muchas oportunidades, y también es algo que nos interesa. Pero también hay planes para construir nuevas centrales. Inglaterra, por ejemplo, tiene solo una central en construcción, pero cuenta con planes para construir nuevas centrales, con lo cual todo esto sigue vivo. Países como Arabia Saudí o como Emiratos Árabes Unidos, que está trabajando en su consolidación energética, están también apostando por la energía nuclear y de hecho están ya construyendo nuevas centrales. Para nosotros es pronto para que nos lleguen encargos desde esos mercados, porque no somos diseñadores, tecnólogos, de una planta nuclear, sino fabricantes de componentes y suministradores de servicios a Planta, pero en cuatro o cinco años podremos tener oportunidades allí.

P.- China es un país con una altísima y creciente demanda de energía.
R.- Es un mercado importantísimo. Tiene mucha extensión, mucha población y un plan industrial al que tienen que aportar soluciones para abastecerse de energía. Tienen planes de construcción de nuevas nucleares impresionantes y se ha desarrollado mucho tecnológicamente. Y hay otros mercados muy interesantes: Argentina,  Chile y Bolivia se plantean nuevas centrales, y parece que la oportunidad más cercana puede ser Argentina. También Brasil, y Corea del Sur, a la que vemos como una oportunidad para nosotros. Por su parte, Estados Unidos sigue con su carrera nuclear, y siempre es una oportunidad, difícil pero oportunidad y nuestra experiencia en el mercado nos sitúa en una posición privilegiada.

P.- Mencionaba antes el ITER, que investiga la posibilidad de contar con una energía nuclear que no genere residuos radiactivos. ¿Cómo valora ese campo de trabajo y esa oportunidad de negocio? 
R.- El ITER de Francia es una oportunidad muy interesante, pero no solo por el ITER mismo, sino por los ITER que pueda haber en un futuro. Es muy interesante por la visibilidad de futuro que te da, nos obliga a estar en la cresta de la tecnología porque todos los equipos que se van a utilizar allí son de nuevo desarrollo, no hay  nada convencional. Los hemos diseñado nosotros, a veces apoyándonos en otras empresas colaboradoras.

P.- Más allá de ENSA, ¿las empresas cántabras del clúster pueden acudir a estos  mercados tan complicados y de tan altos requerimientos tecnológicos y técnicos?
R.- Claro, ese es el objetivo. Por ejemplo y por lo que se refiere a Reino Unido, que es nuestro primer objetivo en el mercado internacional, ya hay empresas del clúster que están trabajando allí, aunque no en el sector nuclear todavía, que es donde vemos la oportunidad de crecimiento. El objetivo es que vayan introduciéndose. Ya hay empresas del clúster que están compitiendo en el mercado internacional nuclear, con lo cual todo esto no es completamente nuevo para ellas.

P.- Dice que el desmantelamiento de las centrales obsoletas significa un nicho de negocio importante, ¿el desmantelamiento de la central de Garoña es también una oportunidad? 
R.- Tristemente para todos, Garoña es una central que ha cesado su actividad antes incluso de finalizar su vida útil. Es cierto que ahora se presenta la siguiente oportunidad, que es la del desmantelamiento. Una oportunidad triste, porque nos habría gustado que siguiera funcionando, pero efectivamente es una posibilidad de negocio para las empresas del clúster. La adjudicación de estos  trabajos se hará a través de concurso público, con lo que la competencia será importante. Este año saldrán quizás las primeras licitaciones, pero es un proceso que puede durar muchos años.

P.- ¿Están las empresas de Cantabria preparadas para estos proyectos?
R.- Dentro del clúster hay empresas más maduras y otras menos, pero el conocimiento que existe en Cantabria del sector nuclear es enorme. Tenemos empresas dedicadas a la ingeniería que están trabajando y compitiendo en el sector nuclear, tenemos fabricantes, empresas de inspección, de software para centrales nucleares así como empresas que hacen montajes y servicios en campo. Tenemos presencia en todas las áreas de trabajo que puede demandar una central nuclear, y además con empresas que tienen una experiencia bastante importante. A esto hay que sumar la aportación importantísima de la Universidad de Cantabria y del Centro Tecnológico de Componentes, indispensable para poder ayudarnos en todo lo que es innovación, otro de los grandes objetivos del clúster.

P.- ¿Es necesario un pacto de Estado sobre materia energética en España?
R.- No solo aquí en España, sino en cualquier país, y no solo a nivel energético, que es muy importante, sino también a nivel industrial, es necesario saber hacia dónde tenemos que derivar nuestros esfuerzos dentro de las empresas. Por ejemplo, en desarrollo tecnológico e innovación debemos saber en qué tenemos que invertir para poder llegar a buen fin. Pero son temas que se nos escapan a nosotros, son políticas nacionales que de momento es difícil que lleguen hasta un clúster que es local, como el nuestro. El Foro Nuclear y la Sociedad Nuclear Española, que engloba a todo el sector a nivel nacional, son los canales para impulsar la opinión del sector.

P.- ¿Vamos desacompasados en España con respecto a otros países en materia energética?
R.- Cada país tiene que tomar la decisión sobre cuál es su estrategia energética y tiene que decidir sobre ella. Reino Unido, por ejemplo, ha decidido ir hacia la energía nuclear y también tiene sus propios condicionantes, ya que es una isla. Tiene muchos planes, aunque también va muy despacio. En todo caso tiene unos objetivos claros, que pasan por potenciar la energía nuclear. Respecto a su pregunta, no creo que vayamos desacompasados, cada país tiene su ritmo, tiene sus  necesidades, y toma sus propias decisiones. Personalmente me gustaría que tuviéramos unos planes de construcción de centrales nucleares enorme, pero es algo que tendrá que decidir el Ministerio.

En el transporte, las finanzas o la hostelería, la conocida como economía colaborativa ha transformado la forma de entender la relación entre clientes y proveedores, dando la vuelta también al concepto de trabajo, de empleador y de empresa. Todo ello abre un debate con implicaciones fiscales, sobre la competencia desleal o acerca del propio modelo económico. El economista David Cantarero y la periodista Eva Miguélez nos hablan de todo ello en esta entrevista.

Por Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Cualquiera puede hoy contratar un traslado por carretera sin necesidad de contar con una empresa de autobuses, o un taxi, un alojamiento prescindiendo de los hoteles, una comida sin restaurantes o incluso un crédito sin pasar por el banco. Todo ese abanico de posibilidades, al que podrían añadirse otras tantas en una enumeración a la que es difícil poner fin, tiene que ver con lo que se conoce como economía colaborativa, una red de intercambios que tejen los ciudadanos prescindiendo de los tradicionales intermediarios y abriendo un territorio de dimensiones inabarcables y fronteras difusas. También lleno de incertidumbres, la mayor parte de ellas relacionadas con el tradicional vértigo ante lo desconocido, pero también otras que entran de lleno en cuestiones más o menos acotadas por las normas, como  la competencia desleal y la economía sumergida. Desde dos ópticas distintas pero complementarias, Eva Miguélez y David Cantarero repasaron las oportunidades, los desafíos y las dudas de la economía colaborativa en una jornada organizada por el Colegio de Economistas de Cantabria. Ella es periodista y consultora de comunicación freelance, miembro de OuiShare, una comunidad de activistas que trabajan por el cambio hacia una economía colaborativa; él, profesor de economía de la Universidad de Cantabria, especializado precisamente en políticas públicas y en cómo financiarlas. Con ambos hablamos justo antes de que comparecieran ante el público congregado en el Centro Casyc, de la Fundación Caja Cantabria, en una conversación en la que se trataron los retos y desafíos que hay por delante, con una conclusión clara: no tiene sentido prohibir lo imparable, pero es imprescindible alcanzar acuerdos que marquen el terreno de juego.

Pregunta.- Blablacar o Uber ofrecen un coche para trasladarse, Airbnb un lugar donde alojarse, también hay plataformas en las que puedes contactar con un particular que da comidas en su casa. Todos son servicios que hasta ahora ofrecían empresas, y que ahora dan ciudadanos, lo que pone en pie de guerra a las primeras. ¿A dónde puede llevarnos todo esto?
David Cantarero (D.C.).- Estamos ante un proceso joven, que rompe con todo lo que hemos conocido hasta ahora en relación con los intercambios de mercado. Todo esto es muy interesante desde el punto de vista de un economista. ¿A dónde nos lleva? No lo sabemos, y ahí está precisamente el interés. Sabemos lo que tenemos ahora, pero no hacia dónde vamos. A partir de ahí podemos identificar posibles escenarios, el impacto que puede tener sobre los sectores tradicionales, pero también sobre variables de las que se habla menos: los precios, por ejemplo. Es cierto que ahora nos movemos en un limbo legal, y que nos encontramos con dos posturas encontradas ante el fenómeno: una que podemos identificar con la economía más tradicional, que es la que parece que mantiene el Ministerio de Hacienda, y otra más comprensiva, que es la que vemos en el Tribunal de la Competencia, o incluso en el Ministerio de Industria. Es necesario ir resolviendo esas tensiones.

Eva Miguélez (E.M.).- Ahora mismo lo que es fundamental es que las administraciones innoven a la hora de regular. Porque todo se mueve en un gris alegal pero, pese a ello, ya se está generando economía y riqueza. Hay que dar forma a todo esto para que nadie quede al descubierto: ni la plataforma, ni el ciudadano productor, el que ofrece sus servicios. Y es urgente hacerlo, porque hay cientos de camas en Airbnb, de asientos en Blablacar…Hay que dar respuesta a todo esto, y lo mejor es hacerlo mediante acuerdos.

P.- Ante todo esto se suscitan sobre todo dos dudas: la competencia desleal y la economía sumergida, porque toda esta actividad puede quedar opaca a los ojos de Hacienda.
E.M.- Es discutible que a Hacienda se le escape el control de esto, porque no hay nada más trazable que los ingresos y gastos de estas plataformas. Si tú tienes tu casa en Airbnb, o si has compartido tu coche por Blablacar, en tu declaración de la renta aparecerán esos ingresos: todo lo que pasa por la plataforma se sabe a dónde va. Otra cosa es lo que ocurre con el ciudadano productor, y si esos ingresos los tenemos que encajar en una actividad económica concreta, que obligue a darse de alta como autónomo o no. Todo eso es lo que tiene que establecerse en esa regulación que reclamamos, y que tendrá que ser de verdad innovadora. Lo que no tiene sentido es la prohibición, porque es imposible. La economía colaborativa ya está aquí, es imparable y mueve millones de euros.

D.C.- Ante esto hay dos planteamientos: uno es negarlo, pensar que no va a ir a más, y que se puede impedir su desarrollo con impuestos, prohibiendo… negando la realidad, en suma. Yo creo que no debe irse por ahí, y pienso que de hecho no va a irse por ahí. Lo que también es cierto es que no en todos los sectores va a tener la misma penetración, que va a haber diferencias entre los países, relacionadas también con la demografía… Lo que hay que hacer es tener en cuenta todo eso y dar la mejor respuesta, que no debería ser la más hostil. Esto va a generar actividad en ámbitos como el aseguramiento, lo está haciendo ya, y como decía también va a tener un impacto en los precios. Por un lado presionará a la baja los que cobran los servicios tradicionales, pero por otro también hay que pensar que subirán los que hoy se ofrece en las plataformas, por la regulación y porque quien las usa será cada vez más exigente. Si todo eso se hace bien, puede redundar en una mejora de la competitividad, y eso es bueno para la economía.

E.M.- Ya hay compañías de seguros que han visto un nicho de mercado en la economía colaborativa. Axa, por ejemplo, ha desarrollado un producto concreto para los usuarios de Social Car, de manera que quien alquila un vehículo en esta plataforma, y quien lo cede para el alquiler, están perfectamente cubiertos.

David Cantarero y Eva Miguélez, durante la jornada organizada por el Colegio de Economistas para analizar los retos de la economía colaborativa.

P.- El problema, tanto en materia de impuestos como en cuestiones como la de los seguros, es cuando la economía colaborativa se mueve fuera de esas plataformas. Uno puede utilizar Blablacar para un primer contacto, pero luego buscar otras formas de contactar con los interesados.

E.M.- Ahora mismo eso no es tan sencillo, quizá lo sea algo más en localidades pequeñas, pero en Barcelona no parece fácil que uno pueda resolver sus necesidades de transporte sin usar una gran plataforma. De todos modos es cierto que si todo evoluciona como esperamos, las plataformas van a ser cada vez menos necesarias, y eso nos parece positivo. Quienes estamos en esto preferimos que todo esté más descentralizado, que el contacto entre el usuario y quien ofrece el servicio sea directo, sin intermediarios. ¿Con eso se pierde trazabilidad? No necesariamente, porque los datos van a estar ahí.

P.- Asumamos que no es lo mismo economía colaborativa que economía sumergida. Queda la cuestión de la competencia desleal: el transporte, o el turismo, son sectores muy regulados, que exigen a las empresas autorizaciones, trámites y homologaciones. Frente a eso, quien se limita a poner su coche, o su piso, juega con ventaja.
D.C.- Yo entiendo la postura de ambas partes, y sobre todo me preocupa la incertidumbre que existe actualmente, de manera que nadie sabe hasta dónde puede llegar. En eso vamos por detrás de otros países, y sentencias como la de Blablacar han sorprendido porque han fallado en contra del agente tradicional. Vuelvo a la idea de la necesidad de regular, que sería bueno para todos: para el agente tradicional, que sabría cuáles son las reglas del juego, y también para quienes operan en la economía colaborativa, que se pondrían a cubierto frente a excesos que pueden llevar al desprestigio de estas plataformas.

E. M.- En Cataluña se ha creado una comisión interdepartamental para el estudio de todo esto, para analizar la normativa sectorial, sobre todo en movilidad, vivienda y turismo, que son las actividades más maduras en economía colaborativa. A partir de ahí tendremos un mapa del que partir para llegar a acuerdos con las plataformas. Me parece que ese es el camino. Curiosamente, son las ciudades las que están teniendo el máximo protagonismo a la hora de buscar acuerdos, con muchas diferencias entre ellas. Barcelona, por ejemplo, está teniendo una posición bastante frontal respecto a Airbnb. Pero tendrán que llegar a acuerdos, innovando en la regulación, como decía antes.

P.- Otro aspecto que puede generar dudas es el empleo. Por lo que pueda tener de pérdida de puestos de trabajo tradicionales, y su sustitución por trabajadores autónomos, con pocos ingresos y poca cotización. Y el impacto de todo ello en asuntos como el de las pensiones.
E. M.- Hablar de empleo tradicional, en este mundo líquido en el que ya estamos, se me hace un poco extraño. Quizá porque yo soy autónoma y estoy habituada a otras fórmulas. En todo caso, cuando hablamos de economía colaborativa no necesariamente hay que pensar en que sea un modo único de ganarse la vida. Hoy ya un 6% de la población española entraría dentro de esa figura de ciudadano productor: ha tenido alguna experiencia en plataformas y ha ingresado un dinero. Eso no significa que haya ganado 2.000 euros todos los meses, eso no pasa, lo que se genera es un complemento. Hay que cambiar de mentalidad, se sigue hablando de salarios y habría que empezar a hablar de los ingresos que seas capaz de generar. Con tu trabajo, tus habilidades o por los que puedan llegar por la economía colaborativa. En relación con las pensiones, tengo la sensación de que los futuros posibles van a ser tan disruptivos, tan diferentes de lo que conocemos ahora, que me siento incapaz de responder a esa pregunta. Y volvemos al tema de la regulación, y a la necesidad de que las Administraciones entren en estos temas. Si tuviera un hijo de cuatro o cinco años, estaría reclamando al Gobierno que pusiera este asunto encima de la mesa.

D.C.- No creo en esos escenarios futuros que se nos dibujan como únicos, aunque los análisis técnicos estén bien hecho, porque siempre hay variables que no conocemos. Es cierto que en el futuro quienes alcancen la edad de jubilación lo van a hacer tras cotizar menos años, y por menos importe, que quienes se están jubilando hoy. Pero llegados a este punto el debate tiene que ser otro, y quizá habría que pensar en romper el concepto de contributariedad, siquiera ligeramente. Que no esté ligada la pensión a lo cotizado, o que no lo esté totalmente. Se puede complementar utilizando la caja general, a la que también contribuirá la economía colaborativa. La insostenibilidad del sistema de pensiones me la creo en el contexto actual, pero ese contexto y esa estructura se pueden cambiar. Solo hay que estar de acuerdo en hacerlo.

P.- Mencionaban antes las brechas, la distancia que puede existir entre el uso que se hace de los recursos que ofrece la economía colaborativa dependiendo del ámbito geográfico, del conocimiento de la tecnología, o incluso de la edad de cada cual. ¿Puede eso llegar a ser un problema?
E. M.- Yo vivo entre Barcelona y Santander, seis semanas allí y cinco días aquí. Hay una diferencia enorme en cómo se viven estos temas en las grandes ciudades y lo que sucede en las pequeñas. Y en efecto existe el riesgo de que en el futuro el protagonismo económico se concentre en las grandes urbes, pero aquí en Santander también tenemos gente con su piso en Airbnb, su asiento en Blablacar… Tenemos que ver todo esto como una oportunidad para ser curiosos, explotadores, listos, productivos… Hay que estar despiertos para que no se nos pasen los trenes.

D.C.- Si la cuestión de la brecha no se resuelve bien, sí que puede generar un problema importante, aumentando la desigualdad. Estamos viendo ya que la automatización está acabando con los empleos de menor valor añadido, y la economía colaborativa puede acentuar esa distancia entre quienes usan la tecnología y le sacan partido, y quienes quedan al margen. Habrá una mayor brecha entre los salarios más altos y los más bajos, y quizá también un paro estructural permanente. Es importante que todos esto se resuelva adecuadamente.

Son los chefs del momento. Los titulares de los dos únicos restaurantes cántabros con dos estrellas en la Guía Michelin, un reconocimiento solo al alcance de otra veintena de establecimientos en España. Hablamos con ellos de lo que supone dirigir un restaurante con estrella, de lo exclusivo o no de la cocina de autor, de lo que aportan los premios y de la rentabilidad de un negocio con corazón gastronómico.

Texto de Manuel Casino @mcasino8

Uno, Jesús, creció entre huertas de Navarra y no hace mucho que vive plácidamente instalado en los cincuenta. El otro, Óscar, tiene sangre mejicana y cántabra y aún anda navegando por los treinta. Al primero le queda muy poco para celebrar sus bodas de plata al frente de los fogones del Cenador de Amós. El segundo está a las puertas de celebrar el décimo aniversario de Annua. Sánchez, que así se apellida el primer citado, buscó una casa-palacio del siglo XVIII rodeada de verde para dar rienda suelta a su creatividad. Calleja, el nombrado después, prefirió soltar amarras al abrigo de una villa marinera y al arrullo del Cantábrico. Aquél sabe lo que es vivir estrellado desde hace 22 años. Éste, solo desde hace un lustro. Los dos son cocineros de renombre que desde hace unos meses lucen con orgullo la segunda estrella Michelin, una distinción que les eleva definitivamente a los altares de la gastronomía internacional. Son Jesús Sánchez y Óscar Calleja, o viceversa, dos maneras de mirar la alta cocina con desbordante imaginación e inusual brillantez. Pasen y acomódense. El menú esta servido

Pregunta. ¿Se esperaba esta segunda estrella o le ha cogido por sorpresa?
Jesús Sánchez.- Uno nunca espera un reconocimiento de este calibre. Por este lado siempre existe un pequeño porcentaje de sorpresa. Pero también es cierto que llevábamos un tiempo en las quinielas por lo que algo podíamos esperar. Lo que sí tengo claro es que ha sido fruto del un trabajo muy profundo y sostenido en el tiempo. Esa ha sido nuestra fórmula: seguir trabajando con el espíritu y la convicción de hacerlo cada día mejor. Y en ello seguimos, si cabe con más fuerza.
Óscar Calleja.- No, la verdad. Sí era consciente de que íbamos por el buen camino, de que habíamos evolucionado desde que en 2012 conseguimos la primera estrella. Pero realmente me cogió de sorpresa. De hecho, en noviembre tenía previsto viajar a México y tuve que cancelar todo.

P. Ahora va a jugar en otra liga (ha pasado de compartir distinción con 150 restaurantes a hacerlo solo con otros 22). ¿Es la liga que usted quería? ¿Se han disparado las reservas?
J. S..- Desde luego es algo a lo que uno quiere aspirar. Estamos ahí, pero no nos conformamos. mejoraremos cada día para dar motivos a cada uno de nuestros visitantes para pensar que su experiencia es aun mejor de lo esperado. Sí, se ha notado un incremento y, sobre todo, muchos clientes vienen con intención de hacer la súpercomida del año en nuestra casa.
Ó.C.-Sí, por supuesto. Uno trabaja para eso. Es una realidad que me llena de satisfacción y de orgullo. Sobre la segunda cuestión, es cierto que se ha notado un incremento considerable de las reservas. Pero bueno, aún tenemos sitio. Donde sí se ha notado y mucho es en Mexsia, el otro restaurante que tenemos en Santander.

Jesús Sánchez, cocinero y propietario del Cenador de Amós.

P. Más de seis millones de turistas viajan a España cada año para realizar alguna actividad relacionada, directa o indirectamente, con la gastronomía. ¿La estela de la estrella deja dinero?
J. S.- Desde luego que sí. Trabajando conjuntamente con la Consejería de Turismo sabemos que la gastronomía es una de los cinco motivos principales por los que se visita Cantabria. Y dentro de ese interés las estrellas Michelin son un enorme reclamo, si cabe el mayor. De hecho, ¿sabía que nuestra comunidad es la que posee un mayor ratio de restaurantes con estrella Michelin por habitante junto al País Vasco? Pues todo eso aporta mucho dinero. ¡Y más que debería aportar!
Ó. C.- Evidentemente un restaurante gastronómico como el nuestro despierta el interés de muchas personas que buscan disfrutar de la alta cocina. Como reconoce la propia guía, los restaurantes con dos estrellas son por sí solos merecedores de un cambio de ruta. Lo de las comidas de negocios del puro y la copa ya se ha acabado. Al Annua se viene a vivir una experiencia y nosotros tratamos de ofrecérsela a nuestra clientes. Y eso que yo solo he conocido la crisis, ya que abrimos en 2008.

P.  ¿Una estrella (o dos) lucen más que tres soles, la máxima distinción de la Guía Repsol?
J. S.- Es diferente. La estrella Michelin posee una notoriedad única a nivel global. Te posiciona como un referente máximo ante la crítica y también la sociedad. Los Soles son menos conocidos, pero ojo, están repartidos por la Cofradía de la Buena Mesa, es decir, un organismo colindante con la Real Academia Española de Gastronomía. Para nosotros ser el único restaurante de Cantabria con esta distinción es un honor y, sobre todo, una responsabilidad.
Ó. C.- Son distinciones distintas, si bien es cierto que la primera te da un reconocimiento más internacional. Pero todos los reconocimientos son bienvenidos. Es el premio a tu lucha diaria. Lo que no tengo duda es que la estrella o el sol llegan por el plato. Sobre todo la primera. En la segunda quizá influyen otros factores, como el enclave, la filosofía personal del cocinero, el servicio de sala… Pero yo no cocino para las guías, lo hago para mis clientes.

P.  ¿No tiene miedo ante la ‘esclavitud’ del prestigio, de sentirte continuamente examinado?
J. S. ¿Miedo? En absoluto, ¡si es lo que buscamos! Mire, cuando uno crea un restaurante de estas características lo hace desde el corazón, desde su lado más romántico. Y sabemos que esto te pone en la picota, porque la gente va a opinar. Nos encanta que eso ocurra porque al final de todo, trabajamos para esto, para generar satisfacción en nuestro cliente y eso sólo se puede establecer desde la opinión de cada unos de nuestros comensales.
Ó. C.- Al contrario. Llevo veintidós años cocinando y no entendería mi vida de otro modo. De todas formas, esta es una profesión un tanto masoquista. Yo no consigo quitarme nunca la cocina de la cabeza, ni cuando estoy de vacaciones. Pero estoy muy contento con las propuestas que traemos para esta nueva temporada. Será una cocina de mucho sabor, de contrastes y de raíces. Por otro lado, en este oficio la regularidad es fundamental. Y nosotros somos muy regulares y constantes.

P.  ¿Cuántas personas trabajan actualmente en el restaurante? ¿Tiene pensado ampliar plantilla o acometer nuevas inversiones para cumplir con las seguro que mayores exigencias que conlleva la 2ª estrella?
J. S. Entre 15 y 20 personas, dependiendo de la temporada. Sí, hemos incorporado nuevos perfiles al equipo, en distintas partes de la estructura. Pero para nada se debe a la exigencia de la segunda estrella. Esto es algo importante: cuando a uno se le reconoce con la segunda estrella es porque ya lo vale; aquí no se regala nada. Es decir, ya teníamos un equipo de ese nivel. Pero en nuestro ADN está el crecer e ir a más. Y para eso tratamos de apoyarnos en los mejores talentos de nuestro país y extranjero. Crecemos cada año, haya reconocimiento o no, en pro de hacer mejor nuestro trabajo.
Ó. C.- En Annua somos un equipo de 32 personas para dar de comer a un máximo de 30 clientes. Actualmente estamos buscando personal, sobre todo de sala, pero no está resultando nada fácil porque ahora todo el mundo quiere ser cocinero y muy pocos trabajar en sala. Y  sí, vamos a llevar a cabo mejoras en la decoración, en la cocina, en sala… Pero sin locuras. Lo cierto es que, con independencia de los premios o distinciones, cada vez que podemos tratamos de dar una vuelta de tuerca a nuestro restaurante. En todo, en instalaciones y también en equipo.

P. ¿Hay personal cualificado en Cantabria para satisfacer las exigencias de un restaurante como el suyo o está encontrando dificultades a la hora de contratar personal de sala?
J. S.- Posiblemente sea unos de los chef más afortunados al respecto. Durante años he tenido a Marián al frente de la sala, haciendo un trabajo maravilloso en la fidelización y cuidado de cada unos de nuestros comensales. Y hace un par de años fichamos a Urko Mugartegui. Para mí y para muchos es el mejor jefe de sala de este país. Aporta estrategia, conocimiento y un gran valor al cuidado del cliente. Hemos formado un equipo de sala homogéneo y poderoso, aunando talento, esfuerzo y carisma. Y nuestros clientes lo perciben, sin duda.

Óscar Calleha, de Annua.

Ó. C.- Como le decía antes, no es sencillo encontrar buenos profesionales de sala. Es un trabajo complicado. Tenga en cuenta que cuando preguntas a alguien qué tal ha comido, el 99% de los comensales responde que bien, aunque sea solo por educación. Por eso, este personal debe tener una mezcla de actor y psicólogo. Yo busco personal educado, amable, honrado y con chispa. Y puedo contratar a alguien solo con verle entrar por la puerta, sin necesidad de leer su currículum. Luego me podré o no equivocar.

P.  Hay colegas suyos que sostienen que muy pocos restaurantes de este tipo son rentables. ¿Lo comparte?
J. S.- No es nuestro caso. Está claro que los márgenes de beneficio en un restaurante gastronómico no son los más amplios del sector, pero si se hace bien deja margen. Además nosotros damos catering y bodas lo que permite unos mejores márgenes. Tenemos un negocio sólido y saludable, entre otras cosas porque una gran parte de nuestros beneficios se reinvierten en una mejor experiencia para nuestros clientes y ese es la única fórmula para que quieran volver.
Ó. C.- No, creo que en este tipo de negocios sí se puede encontrar la rentabilidad. De hecho, nuestros tres últimos ejercicios han sido positivos.

P.  Dicen que con la primera estrella suele llegar el primer crédito. ¿Y con la segunda?
J. S.- Con nuestra primera estrella llegó la confirmación de que Marián y yo habíamos escogido correctamente nuestra forma de vida. Con la segunda llega el estímulo para que no sea la última en nuestro haber. Si nos a traído algún tipo de crédito será el de nuestros clientes, que la han sentido como suya. De los créditos bancarios, por ahora, sabemos bien poco (se ríe).
Ó. C.- Estoy convencido de que hay muy pocos cocineros que reciban una estrella y no inviertan. Si hay que pedir, se pide. ¿Qué ha llegado en nuestro caso con la segunda? Más créditos (se ríe), pero esperemos que también más clientela. Lo que está claro es que las estrellas no traen los euros debajo del brazo. Requieren más trabajo, más equipo, renovar menús…

P.- A algunas personas les parece excesivo pagar 200 euros por comer. ¿Qué opina? ¿Son restaurantes solo para ricos?
J. S.- En absoluto. El otro día leí una definición que se aproxima mucho a lo que creo sobre el valor a ojos vista del cliente de nuestros negocios: “Puede que no seamos asequibles, pero si somos baratos”. En nuestro restaurante se puede comer desde 65€ por persona. ¿Es eso asequible? Entiendo que para algunas personas no. Pero, ¿y si te digo que por ese precio tienes a un equipo de 20 profesionales de lo mejor del país a tu servicio mientas pruebas, en la casa-palacio del siglo XVIII, sabores y aromas únicos con aquellas personas a las que más quieres? Si lo llevas a otra sectores como la moda, el arte o los espectáculos… ¿encontrarías lo mismo por el mismo precio? Lo dudo mucho. Así pues, a nuestra casa puede venir casi todo el mundo y le demostraremos que la experiencia vale bastante más de lo que va acabar pagando.
Ó. C.- Rotundamente no. Hay que desterrar esa idea de elitista. ¿Acaso lo es ir al fútbol o a un concierto por el que muchas veces se paga bastante más dinero que en nuestro restaurante? Es mucho más accesible de lo que mucha gente se cree. En nuestro caso buscamos que el cliente se sienta cómodo, que viva una experiencia global. Se trata de comer, pero también de sentir, de transmitir. Somos 32 personas al servicio de 30. ¿Se puede pedir más? Además, España es el país, junto con Portugal, donde más barato resulta comer en restaurantes con estrella Michelin.

P.  Cómo lleva la faceta de cocinero/empresario? ¿Qué es más difícil, o estresante, gestionar una cocina o el restaurante?
J. S.- Bien. Por suerte tengo un gran equipo que me ayuda muchísimo, empezando por mi socia/ mujer Marián Martínez. Además, con el tiempo he descubierto que hay una gran similitud entre dirigir una cocina y una empresa. En ambos casos es una cuestión de orden, trabajo y esfuerzo.
Ó. C.- El 15 de marzo iniciamos nuestra décima temporada. Han sido años duros de crisis económica que me han hecho aprender y madurar mucho como empresario. Tengo 38 años y siempre he entendido mi trabajo como una pasión, más que como una profesión. En cualquier caso, no separaría ambos conceptos. Se trata más bien de conjugar el buen hacer del cocinero con la gestión empresarial. En este cometido, ahora tengo la suerte de contar con el apoyo de algunas marcas comerciales, como Estrella Damm o más recientemente Ford, que se interesan por el restaurante y quieren estar a tu lado. Y el 7 de abril grabaré un programa de MaterChef de La Primera con Jordi Cruz. Es el precio de la fama (se ríe).

P.  Los platos, ¿hay que explicarlos?
J. S.- A quien quiera, sí. Una de nuestras máximas es que la experiencia del cliente es suya, no nuestra. Nosotros estaremos para dar aquella explicación que cada cliente demande, desde el perfil más técnico hasta al que no le interese o prefiera optar por descubrir las cosas por sí mismo.
Ó. C.- Yo creo que sí, aunque muchas veces dejamos que el cliente piense. Yo lo compararía con una obra de teatro. Tardamos dos horas y media en dar de comer, en tratar de contar una historia a través de un menú de pequeños bocados.

P. ¿Se puede comer increíblemente bien en sitios donde no te ponen ni mantel?
J. S.- Claro que sí. ¡Y Cantabria tiene muchos sitios así!
Ó. C.- Sí, desde luego. El hábito no hace al monje. De hecho, muchos buenos restaurantes están yendo hacia está fórmula. Se tiende hacia la calidez y comodidad. Y no podemos olvidar que, al final, el auténtico alma de un restaurante es la cocina y no otras cuestiones.

P. ¿Se ve con una tercera? Por el contrario, si llegara el caso, ¿teme el apagón de las estrellas?
J. S.- No soy una persona que pase mucho tiempo soñando. Lo que si tengo claro es que aun vamos a hacer mejor las cosas y seguro que esto nuestros clientes lo percibirán, incluidos la Guía Michelin.
Ó. C.- Sí, por qué no. Sin prisa, pero sin pausa, nuestro objetivo es ir a por la tercera. Y realmente, si seguimos haciendo las cosas bien es muy difícil que nos quiten las que tenemos. Es un proyecto que, de momento, no tiene fin.

P.- ¿No cree que Michelin es un poco cicatera con España porque no le interesa dar alas a la gastronomía española?
J. S.- No lo sé. Ellos tienen su criterio, que yo desconozco. Lo que sí creo es que cuando uno coge la guía de España y Portugal no se equivoca nunca. Es decir, no sé si están todos los que son pero desde luego ¡sí son todos los que están!
Ó. C. Puede ser. Pero no sé, yo creo que lo que busca Michelin son cocineros con identidad, que ofrezcan un proyecto personal, estén donde estén. Creo, además, que para conseguir una estrella hay que complicarse un poco la vida.  A mí me ha ido bien con ellos, pero no me cabe duda de que las estrellas hay que currárselas. E insistir, insistir y no bajar nunca la guardia.

P.-  Una apuesta. ¿Cuál será el próximo restaurante con estrella de Cantabria?
J. S.- Repito, eso lo desconozco. De lo que estoy seguro es que en el futuro habrá más, porque el nivel es muy alto y además cada año mejora.
Ó. C.- En esta edición me salían otros nombres que se merecían la segunda estrella y me la dieron a mí. Creo sinceramente que en Cantabria hay una excelente cantera y que Annua, y también Solana, han venido modestamente a agitar este mundillo que en Cantabria estaba un tanto adormilado. Mi apuesta es Sergio Bastard, de La Casona del Judío.

Gervasio Pinta, presidente de la Asociación de Promotores y Constructores de Cantabria, lamenta que el crédito a la promoción siga parado, pero celebra que comience a fluir la financiación a los compradores de vivienda. Cree que el sector está listo para volver a crear empleo neto, pero teme que tengan problemas para acceder a determinados perfiles profesionales.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Pregunta.- ¿Qué valoración hacen de la situación actual del sector, y de sus perspectivas?
Respuesta.- Habría que hacer una diferenciación, entre la construcción y la promoción. En la construcción la situación sigue siendo muy difícil, en la promoción empezamos a tener clientes y, lo que es más importante, a esos clientes empieza a concedérseles crédito. Según los parámetros de hace veinte años, sobre el 80% de la tasación y con tasaciones acordes al mercado.

P. ¿El crédito al promotor también ha mejorado?
R.- No. A día de hoy los bancos empiezan a visitarnos a los promotores, pero la financiación sigue parada.

P.- ¿Están en condiciones las empresas de volver a crear empleo?
R.- De hecho estamos creciendo en empleo y en actividad, aunque es cierto que muy poco a poco. Pero si se mantienen las condiciones estamos en condiciones de crear empleo de forma significativa a corto plazo, con las características que tiene nuestro sector. Lo que tememos es que en ese momento podamos encontrarnos con falta de profesionales.

P.- Llama la atención que pueda existir ese problema, con la cantidad de trabajadores de la construcción que perdieron su empleo no hace tanto tiempo.
R.- En determinados perfiles nos encontramos ya con esa falta de profesionales. Esa bolsa de empleo que existía, ha ido haciéndose más pequeña. Muchos trabajadores se han ido al extranjero, otros han encontrado empleo en otros sectores, y volver a la obra es duro. Nos va a costar encontrar trabajadores, es cierto que hay muchos en paro, pero no tantos como van a necesitarse.

P.- ¿Qué perspectivas manejan en cuanto a la oferta de obra civil?
R.- Confiamos en que la inversión pública crezca un poco, o cuanto menos que las partidas presupuestarias se estabilicen.

P.- ¿Hay alguna posible solución para el problema de las bajas temerarias?
R.- Las bajas temerarias son muy peligrosas para el sector, y tampoco son beneficiosas para la Administración. En la medida en que esta tenga los instrumentos para hacerlo, debería solucionarse, pero no será fácil. No puede ser que un técnico haga una valoración de los trabajos y que una empresa se los adjudique por la mitad de esa cantidad. La lógica invita a pensar que cuando eso sucede algo está fallando, y que hay que cambiar los métodos, cambiar la forma de baremación de los concursos… Pero ahora mismo hay una legislación con la que eso no es posible.

P.- ¿En qué medida la rehabilitación está funcionando como alternativa a la construcción de obra nueva?
R.- Está siendo muy importante. Es un área en el que la Administración está ayudando, y en la que los resultados están a la vista. Se ha generado mucho trabajo, y además para empresas pequeñas, que eran las que más lo necesitaban.

P.- ¿Hasta qué punto la anulación de los planes de PGOU de Santander y Laredo puede condicionar la actividad del sector?
R.- Pensábamos que la recuperación era un hecho, y esto ha supuesto un auténtico jarro de agua fría, por la inseguridad que genera en los inversores y por las actuaciones que ahora pueden estar en el aire. Confiamos, eso sí, en que se van a poner todos los medios para que esto se solucione. Otra cosa son los plazos en que pueda hacerse.

P.- En materia de propuestas, o reivindicaciones si se quiere, ¿qué le pedirían a la Administración para mejorar la situación del sector?
R.- Que agilicen los trámites en los procesos administrativos. Solo eso. Con eso es más que suficiente. Con eso, estamos convencidos de que vamos a salir adelante, y que nuestro sector tendrá un papel importante en la economía, porque nuestro país lo necesita. Un papel que no será tan grande como el que tuvo, pero sí mucho mayor del que tiene ahora.

Miguel Ángel Berrazueta, presidente del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Cantabria, lamenta el estancamiento de las cifras de construcción de obra nueva en unas cifras que se sitúan en mínimos históricos y lejos del nivel que considera razonable: unas 8.000 viviendas al año, diez veces más de las que se construyen ahora.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Pregunta.- ¿Qué valoración hacen de la situación actual y de las perspectivas del sector de la construcción en Cantabria?
Respuesta.- Teniendo en cuenta que la actividad principal de los aparejadores es la dirección de la ejecución material de la obra, y concretamente en lo que se refiere al uso residencial, podemos afirmar que Cantabria no ha experimentado ningún crecimiento durante el año 2016, y de hecho se ha producido un ligero descenso. En nuestra estadística se han contabilizado un total de 552 viviendas en 2016, cantidad inferior a las 568 que se contabilizaron en el 2015. De acuerdo con los datos contabilizados en los últimos cuatro años, podemos afirmar que hemos tocado suelo pero no hemos salido de él, especialmente si tomamos como referencia el año 2006 en el que se contabilizó el mayor número de promociones con una suma total de 16.588 viviendas. Esta cifra, aunque no cabe duda que supuso un motor importante para la economía de nuestra región, no sería bueno que se volviera a producir ya que fruto de estos excesos es lo que actualmente estamos padeciendo. Posiblemente la cifra que nos daría estabilidad se acercaría a las 8.000 viviendas/año, entendiendo, por tanto que nos encontramos lejos del objetivo deseado. En cuanto a las perspectivas del sector, todas ellas se basan principalmente en la creación de empleo estable, eliminación del stock de vivienda y facilidades de financiación tanto al promotor como al futuro adquirente, de cuyos condicionantes estamos todavía un poco lejos.

P.- Como referencia, y dentro de su colectivo ¿cuál era la situación en términos de empleo antes de la crisis, y cuál es ahora?
R.- Antes de la crisis podemos afirmar que la situación era prácticamente de pleno empleo, bien por cuenta ajena o por cuenta propia, rechazándose, de hecho, ofertas como asalariados por resultar más interesante el ejercicio libre de la profesión e incluso se redujo la presencia del número de compañeros en las oposiciones a la administración. En la actualidad se carece de la actividad principal que es la dirección de la ejecución de obras, dedicándose nuestro colectivo a la realización de pequeños trabajos en materia de rehabilitación, informes, etc. Desgraciadamente no hay trabajo para todos, provocando que un número importante hayan tenido que darse de baja del Colegio y abandonar la profesión por no poder soportar los gastos que el ejercicio profesional conlleva.

P.-¿En qué medida las reformas y rehabilitaciones son una alternativa real, como motor de activida y empleo?
R.- Efectivamente esta actividad, aunque no es comparable a la de obra nueva, es la que más ha crecido en los últimos años y la que está dando sustento a una parte del sector de la construcción y consecuentemente a nuestros profesionales, pero la gran parte de esta actividad está promovida por los propietarios de las viviendas y locales o por las comunidades de propietarios. En mi opinión no se puede afirmar que la rehabilitación sea una alternativa a la caída de la obra nueva ya que su volumen es muy inferior con referencia al que sería deseable en la obra nueva. En épocas de crisis se tiene las mismas dificultades para promover viviendas en edificios de obra nueva que en edificios a rehabilitar, con la ventaja para estos últimos de que por su mejor ubicación tiene mayor demanda, aunque consecuentemente mayor precio. Con referencia al número de intervenciones, en el año 2016, la obra nueva ha tenido como promotor a personas físicas en un 84% y a sociedades en un 16%; mientras que la rehabilitación ha dependido tan solo del 7% de sociedades, el 43% de personas físicas y el 50% de comunidades de propietarios.

P.-¿Hasta qué punto está teniendo incidencia en la actividad del sector, y en el empleo del colectivo que representa, la obligación de pasar inspección técnica por parte de los edificios más antiguos?
R.- La inspección técnica de edificios está suponiendo un incremento en la actividad de nuestro colectivo al ser, junto con los arquitectos, los únicos técnicos competentes para la realización de los Informes de Evaluación de Edificios. A esto se suma que en el caso de que los informes den un resultado desfavorable es preciso la realización de obras de reparación donde lógicamente vuelven a intervenir estos técnicos como autores del proyecto y dirección facultativa de la obra.

P.- Desde un punto de vista más reivindicativo, o de propuestas, ¿qué creen que puede hacerse desde la Administración para mejorar la situación del sector?
R.- Los ayuntamientos deben agilizarse al máximo los periodos de concesión de licencias, y la administración, tanto municipal como regional, agilizar igualmente los trámites de revisión o redacción de planeamientos urbanísticos, al incidir estas demora de manera importante en el precio final de la vivienda, originando graves problemas en la promoción de viviendas y por tanto en la economía en general. Una reivindicación particular de nuestro colectivo es que por parte de los ayuntamientos se cumpla con lo dispuesto en el Código Técnico de la Edificación respecto a la exigencia de proyecto o la preceptiva “memoria técnica” en la solicitud de licencias de obras de todas las intervenciones a realizar en edificios existentes, lo cual garantiza la existencia de un técnico en dichas intervenciones y consecuentemente la asunción de las tareas de coordinación en materia de seguridad en beneficio de los trabajadores y las personas en general que se pueden ver afectada por la falta de medios de seguridad.

P- ¿Qué incidencia consideran que que puede tener en el sector la anulación de los PGOU de Santander y Laredo?
R.- Teniendo en cuenta que cuando un plan es anulado queda en vigor el anterior, se puede afirmar que los municipios afectados se encuentran con un planeamiento prácticamente agotado en cuanto a sus posibilidades de edificación, lo cual dificulta las posibilidades de recuperación del sector, afectando consecuentemente a la economía general de la sociedad. Todo ello con independencia de los problemas directo que ocasiona como consecuencia de la anulación de proyectos en trámite, obras públicas, etc.

Enrique Conde, presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos de Cantabria, considera que existen instrumentos legales para atajar las que denomina bajas desproporcionadas, pero pone el acento en la responsabilidad de quienes trabajan en construcción y obra pública: “Hemos devaluado nuestro propio conocimiento”, señala.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Pregunta.- Desde la perspectiva de su colectivo, ¿qué valoración puede hacerse de la situación del sector de la construcción y de sus perspectivas?
Respuesta.- En Cantabria la actividad de obra pública arrastra un histórico negativo de licitación por parte del Gobierno central. La obra pública regional se ha ido haciendo, acertada o desacertadamente, no entro ahora a valorar eso, aunque haya también obra pendiente. Creemos que la Consejería de Obras Públicas es muy sensible a este tema, y tal vez no lo sea tanto el resto del Gobierno regional. Está intentando sacar obra, pero a nuestra manera de ver les falta apoyo para hacerlo. Esto, unido al déficit que existe en la obra licitada por el Estado, ha condicionado que el balance final sea negativo. En cuanto a perspectivas, creemos que la llegada de Íñigo de la Serna al Ministerio de Fomento ha sido muy positiva, porque conoce los problemas que tiene esta región. No es un tema que sea de aquí o no, es que conoce el déficit de infraestructuras de primera mano. Parece que algo se está moviendo, pero seguimos sin tener obra ya, por ese histórico negativo. Y eso otras comunidades lo tienen. Todo eso se traduce en que el sector sigue mal, con un tremendo exceso de oferta, tanto de empresas como de trabajadores.

P.- ¿Puede cuantificarse ese exceso de profesionales, en lo que tiene que ver con los ingenieros de caminos?
R.- Calculo que tendremos un 10% de nuestros colegiados trabajando en el extranjero. Un 10% es un porcentaje importante, pueden ser un centenar de colegiados. En términos de desempleo podemos hablar de otro 11 o 12%, y ha habido más. Lo peor es la gente joven que se incorpora desde la Universidad y se encuentra sin trabajo. Es difícil incluso encontrar prácticas para los nuevos titulados.

P.- ¿Qué consecuencias está teniendo el problema de las bajas temerarias en el sector?
R.- Yo intento hablar de bajas desmesuradas, porque bajas temerarias es una figura técnica, que existe en la Administración, y que está intentando rechazarse. Ofertas que son un 10, un 15% más bajas que la media de las presentadas. No existiría justificación para que si la media de las ofertas rebaja la cantidad de licitación un 40%, una empresa se descuelgue con un 55%.

P.- Pero eso sucede, y parece que no hay instrumentos legales para evitarlo.
R.- En abril de 2016 la UE sacó una directiva que premia la calidad frente a la economía. El problema es que no hemos tenido Gobierno hasta noviembre, y no se ha traspuesto esa directiva. Pero más allá de la ley, lo que debería existir en la Administración es un control de los contratos que salen a licitación pública. Porque si alguien rebaja un 60% la cantidad de licitación pueden pasar dos cosas: o los técnicos de la Administración no han hecho bien su trabajo cuando han presupuestado la obra, o la empresa que ha hecho la oferta no va a cumplir las condiciones, porque es imposible. Si en la adjudicación se dice que tiene que haber un ingeniero de caminos, un ingeniero de obras públicas y un topógrafo, no puede ser que vayas a la obra y solo tengas un administrativo y un ingeniero. Eso significa que estás haciendo una obra de peor calidad, y que ibas a crear unos puestos de trabajo y no los creas. El principal perjudicado de todo esto es el ciudadano.

P.- En todo esto hay también una clara responsabilidad del sector.
R.- Sin ninguna duda, en el asunto de las bajas el principal culpable es el propio sector, somos nosotros. Detrás de todo esto está la visión que tiene el sector de sí mismo: las empresas creen que el único objetivo es subsistir, que no hay más posibilidad que esa. Esa es una visión muy poco positiva para salir adelante, y que lleva a presentar esas bajas desproporcionadas, y luego a no cumplir. El sector es el primero que ha devaluado su propio conocimiento: si tú no te valoras, eso se transmite a toda la cadena.

P.- Como portavoz de tu colectivo, si tuvieras que hacer una reivindicación a la Administración, ¿cuál sería?
R.- Podría hablar de tal o cual obra pero, de verdad, lo más importante sería hacer que los contratos se cumplan. El gran reto es este, y que se cumpla la ley en materia de pagos. Y ambas cosas no solo en nuestro sector. En pagos, por ejemplo, te encuentras con empresas que pagan a 240 días, y he conocido propuestas de pago a 350 días. Y esto lo sufren sobre todo las empresas pequeñas, que son precisamente las que más dificultades tienen para financiarse.

P.- ¿Qué lectura hace de la anulación de los PGOU de Santander y Laredo y qué alcance puede tener ese problema?
R.- Ahora mismo la falta de confianza de cualquier inversor que venga a Cantabria es tremenda. Que puedan anular un plan ya redactado, que creías definitivo, crea una inseguridad jurídica tremenda. Nosotros conocemos proyectos en marcha, con la inversión hecha, con el terreno comprado, que ahora no sirven. La ordenación del territorio, que es clave, responde a un sistema anclado en el pasado, debería ser más ágil. No puede ser que una tramitación de un plan lleve diez años, que haya municipios con planes de hace 25 años, tirando de modificación de normas urbanísticas… El ciudadano no lo entiende.

P.- ¿Qué opinión le merecen las soluciones que se están poniendo sobre la mesa para arreglar el problema?
R.- No percibo que haya una voluntad real de colaborar para buscar una solución. Lo que hay es un enfrentamiento político. Un problema de este calibre debería requerir un acuerdo por parte de todos, que se sienten los partidos políticos y busquen un acuerdo, cediendo cada uno lo que tenga que ceder. No veo que exista esa voluntad.