Gestisa cumple cuatro décadas de historia convertida en una de las mayores asesorías de Cantabria, con una trayectoria en la que ha sabido adaptarse a los profundos cambios del mercado manteniendo los valores de sus fundadores, por encima de los avatares económicos y en una continuidad generacional marcada por la incorporación como socios de los profesionales formados en el propio despacho.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Diciembre 2019

Tanto desde el lado de la oferta como desde el de la demanda, y tanto si tenemos en cuenta las características del servicio como los instrumentos con que se cuenta para prestarlo, pocas actividades han sufrido una transformación tan profunda como la vivida por el asesoramiento empresarial en las últimas décadas. A todos los cambios y revoluciones tecnológicas comunes a cualquier otro sector, se unen en su caso los derivados de la peculiar posición que tienen estos despachos profesionales como intermediarios entre sus clientes y la administración, lo que les convierte tanto en correas de transmisión de cualquier novedad, como en observadores atentos de una realidad económica y legal que están obligados a incorporar de forma inmediata a sus servicios. Haber convivido con esas circunstancias durante cuarenta años, un tiempo en el que además ha vivido con toda naturalidad el relevo de quienes la pusieron en marcha, convierte a Gestisa en un caso excepcional dentro de un sector enormemente competitivo y muy diferente a aquel en el que la empresa dio sus primeros pasos. Llegar hasta aquí, coinciden quienes hoy tienen la responsabilidad de dar continuidad al proyecto, es el resultado de un doble compromiso: mantener inalterados los valores y la vocación de servicio que alentaron a los fundadores y, a la vez, ser capaces de dar respuesta a un mercado cada vez más complejo, con una continua presión a la baja sobre los precios pero, a la vez, con clientes más formados y que piden más a quienes les asesoran.

Cuando decidieron dar el paso de crear Gestisa, los seis socios fundadores de la empresa contaban ya con una larga trayectoria profesional como asesores de empresa. Federico José Campos Pedraja, José Luis Arce Gil, Francisco Arsenio Tazón Expósito, Juan José Negrete Mazón, Salvador Prado Leñero y José Antonio Cantero Bernal concibieron lo que luego sería la nueva empresa durante el verano de 1979 para, tras apenas unas semanas de febril actividad, arrancar el proyecto en el piso desocupado que uno de ellos tenía en la calle San José, de Santander. Eran un abogado, tres profesores mercantiles, un economista y un perito mercantil, unos perfiles profesionales que cuatro de ellos completaron posteriormente sacando los titulos y perteneciendo al ‘Instituto de Censores Jurado de Cuentas de España’ y ‘Registro de Economistas y Auditores’.

Continuidad para afrontar los cambios

En ese germen de la empresa estaban ya algunos de los elementos distintivos de Gestisa, muy vinculados con la personalidad y trayectoria de sus fundadores: profesionales muy reconocidos, especialistas en disciplinas concretas que, asociados en un proyecto común, eran capaces de dar una respuesta integral a las necesidades del cliente. Dar continuidad a ese carácter, por encima de las circunstancias o incluso de los cambios en quienes tienen la responsabilidad de dirección, ha sido uno de los objetivos en el día a día de la actividad, hasta convertirse a la postre en uno de los elementos distintivos del despacho: “Se mantiene ese espíritu, esa misma forma de relación con el cliente que tenían ellos”, explica Alfredo Campos Soto, uno de los actuales socios del despacho e hijo de fundador, al igual que María Jesús Prado García, gerente, Carmen Cantero Cobián y Juan Negrete Maza, que también tienen esa relación de parentesco con quienes pusieron en marcha Gestisa, y que hoy son igualmente socios: “Hemos vivido la empresa desde sus comienzos”, recuerdan.

Además de los tres hijos de los fundadores, la nómina de socios actuales de Gestisa la completan José Ángel Moreiras –que comparte labores de gerencia con María Jesús Prado–, José Miguel Madrid y Javier Gurruchaga. Todos ellos, y eso sucede también en el caso de los hijos de los fundadores, han alcanzado la condición de socios después de haber trabajado varios años en la asesoría. “Yo me incorporé a Gestisa en 1989 –apunta Javier Gurruchaga para explicar un proceso que ha sido similar en todos los casos–, inicias una carrera que no sabes muy bien cómo va a ir, pero vas aprendiendo rápidamente y te vinculas a la empresa de muchas maneras. Después, cuando los socios fundadores dejan la empresa, su idea es vincular a las personas que llevan más tiempo, y que tienen una mayor responsabilidad. En mi caso, eso sucedió en 2007”.

María Jesús Prado destaca esa naturalidad en el relevo como una de las claves que ha llevado a la empresa a ser lo que es hoy, pero sobre todo pone el acento en la labor de los profesionales que en cada momento se han enfrentado a los avatares del mercado: “Los fundadores eran profesionales de renombre, que hicieron mucho por esta empresa, pero también lo han sido quienes hemos venido detrás”, indica la gerente de Gestisa, que destaca las circunstancias muy diferentes que ha tocado vivir a lo largo de los cuarenta años de historia de la asesoría: “También nos ha tocado pasar momentos difíciles. Hay que recordar que cuando nació Gestisa había muy pocas grandes asesorías en Cantabria, ahora la competencia es máxima, en ocasiones dando un buen servicio pero muchas veces ofreciendo únicamente precio. Ese proceso lo hemos vivido, y lo hemos pasado manteniendo nuestra plantilla de profesionales”.

Profesionales

Gestisa cuenta hoy con una plantilla de 43 personas, de las que más de la tercera parte son profesionales de distintas ramas –economistas, abogados, graduados sociales, auditores, gestores administrativos, etc– un equipo sobre el que recae la responsabilidad de dar ese servicio integral, y a la vez especializado, que es el elemento diferenciador de la empresa, y su principal arma competitiva para enfrentarse a quienes hacen del precio su principal argumento de venta. En esa batalla, Internet y las nuevas tecnologías se han convertido a la vez es una amenaza y en una oportunidad: “Hoy en día no es difícil encontrar en Internet a alguien capaz de transformar papeles en contabilidad, pero eso no es lo que hacemos nosotros. Un despacho profesional necesita dar una respuesta integral, tener profesionales de diferentes áreas, que puedan dar respuesta a los requerimientos del cliente. Hay que ser parte integral de la empresa para la que trabajas, esa es nuestra forma de hacer las cosas”, explica José Miguel Madrid, que recalca la importancia que la formación tiene para conseguir ese objetivo. En este sentido el carácter multidisciplinar del despacho, señala, permite un asesoramiento integral –fiscal, laboral, contable, mercantil, jurídico– tanto en momentos de estabilidad o expansión de los clientes, como en circunstancias de crisis coyunturales o estructurales, gestionando desde el mismo, expedientes de regulación de empleo, concurso de acreedores o cualquier otra medida regulatoria o de control.

Internet además ha facilitado el acceso a la información y al tratamiento de datos, lo que de nuevo es un elemento que facilita el acceso a nuevos competidores, pero también algo que puede favorecer a quienes buscan diferenciarse a través del servicio que prestan: “Los empresarios se han involucrado más con su asesor –añade María Jesús Pardo– antes éramos una obligación relacionada con los impuestos. Hoy no, hoy los empresarios nos piden más, nos consideran una herramienta más de su empresa, te piden consejo sobre una inversión, cómo financiarla, sobre sucesiones… Antes era una excepción que te pidieran que acudieras a un consejo de administración, ahora es muy habitual. Todo esto me parece muy positivo, y es algo que favorece a un despacho como el nuestro, que tiene capacidad para responder a ello”.

La tecnología tiene un protagonismo central en el proceso de transformación que ha vivido la actividad de asesoramiento empresarial en las últimas décadas, tanto por los cambios que ha inducido en el propio mercado como por su decisiva influencia en la forma en que los despachos se relacionan con sus clientes y con la Administración. Aunque nació mucho antes de que Internet se convirtiera en una realidad ineludible para cualquiera, y antes también de que los ordenadores pasasen a ser una herramienta de uso común para las empresas, Gestisa fue una de las primeras asesorías en contar con su propio departamento informático, y el primer despacho de España que utilizó un software propio para elaborar las declaraciones del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y Patrimonio neto, correspondientes al ejercicio fiscal de 1979. Desde ese momento hasta hoy, la tecnología no ha dejado de ganar relevancia en todos los ámbitos, pasando de ser algo para iniciados a un instrumento que es obligado conocer para cumplir con las obligaciones tributarias. Es un proceso que ha afectado a la actividad de las asesorías en todas sus áreas, y también en lo más directamente relacionado con el negocio, aumentando la carga de trabajo y convirtiéndolas en colaboradoras obligas de la Administración, a la que han sustituido en muchas de sus tareas.

“La informática ha sido el gran cambio, sin duda, para bien y para mal”, comenta Alfredo Campos, que coincide con el resto de socios del despacho a la hora de mencionar ejemplos de esas dos caras de la revolución tecnológica: las mayores facilidades para el intrusismo, la pérdida del contacto personal o los cada vez mayores obligaciones que se asumen frente a la Administración serían la cruz de una moneda que también tiene su parte positiva en el fácil acceso a información y expedientes, o en lo mucho que se ha facilitado el intercambio de documentos con los clientes.

La revolución tecnológica es solo una más entre las que le ha tocado vivir a Gestisa en sus 40 años de vida. El despacho nació en un momento histórico muy propicio para poner a prueba la vocación de servicio de sus promotores, que vivieron de primera mano la transformación de un país que en muy pocos años –los primeros de vida de la nueva asesoría– pasó de estar cerrado sobre sí mismo a integrase en Europa. La implantación del IVA, por ejemplo, generó una enorme expectación, llenando los salones en las jornadas divulgativas que organizó Gestisa, en unos actos que pusieron a prueba –ya en aquella etapa inicial– la estrecha vinculación entre el despacho y el tejido empresarial cántabro.

Gestisa avanza hacia el medio siglo de historia manteniendo esos lazos como una de las señas distintivas de su actividad, una constante que los responsables del despacho explican por la labor de los profesionales que han ejercido su labor en el despacho durante estos años, con una estabilidad y continuidad temporal que ha sido clave para avanzar en ese objetivo. La labor de la plantilla será decisiva igualmente para afrontar los retos que hoy le toca asumir a la asesoría, que plantea nuevas formas de poner en valor el conocimiento y las competencias desarrollado por sus profesionales. Conectar ahorradores y proyectos o buscar formas de rentabilizar start-ups serían algunas de las líneas de negocio que los responsables de Gestisa se plantean explorar en los próximos años. Un poco más allá en el tiempo, pero tampoco demasiado, tocará también plantear el relevo en la dirección, en un proceso que no preocupa a quienes hoy tienen la condición de socios, y que no será muy diferente al que se siguió tras el retiro de los fundadores. De los profesionales que hoy forman la plantilla, muchos ya con quince o veinte años de trabajo en la empresa, saldrán los nuevos socios.