El café del Doctor Luisito se convierte en el primer proyecto de Socialiland, una cooperativa cántabra que quiere impulsar las iniciativas de colaboración con Etiopía a partir de los principios del comercio justo.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga Publicado en mayo de 2015

Que en un producto alimentario marque el precio el eslabón más fuerte de la cadena no tiene nada de extraordinario y de ello pueden dar fe, por ejemplo y bien a su pesar, los ganaderos que venden leche a la industria, según unas tarifas que se fijan completamente al margen de sus intereses. Lo extraordinario es que alguien decida dar la vuelta a las leyes del mercado permitiendo que sea el productor el que ponga ese precio, y adaptando luego las estructuras de transporte, elaboración y distribución para asegurar la rentabilidad del propio proyecto. Esta condición, que es la esencia del comercio justo, es también el elemento sobre el que pivota el plan de empresa de la cooperativa cántabra Socialiland, responsable de la importación, tueste, distribución y comercialización del café Doctor Luisito. El producto se elabora con materia prima procedente de Etiopía, pagada no de acuerdo a las cotizaciones del café verde en algún lejano mercado de valores, sino en función de lo que los productores –agrupados también en una cooperativa– consideran un precio adecuado para cubrir sus propios costes, asegurar una renta adecuada a los cultivadores y dejar margen para poner en marcha proyectos sociales y medioambientales en la zona, en este caso la vasta región etíope de Oromia.

El proyecto que se concretó con la importación de la primera partida de café verde –600 kilos que se tostaron y comenzaron a salir al mercado coincidiendo con las pasadas navidades– comenzó a tomar forma a partir de los contactos establecidos por Maribel Morencia, una psicopedagoga con una larga trayectoria como gestora de organizaciones no gubernamentales, en un viaje a Etiopía, en mayo de 2013. Es entonces cuando conoce la labor de la unión de cooperativas que agrupa a la mayor parte de los productores de la región –más de 200.000 cultivadores– y empieza a buscar la forma de hacer viable un proyecto basado en el café que producen, doblemente certificado como ecológico y de comercio justo.

A partir de ahí comienzan a darse una serie de circunstancias afortunadas que van a hacer posible la iniciativa a pesar de que sus promotores no cuentan con capacidad para afrontar grandes inversiones. Así, y ya en 2014, Café Dromedario ofrece su colaboración para tostar y empaquetar el producto, lo que soluciona una de las partes más complejas del proyecto. El tueste se hace en una pequeña tostadora, que la empresa cántabra utiliza para pequeñas series y que permite una elaboración artesanal controlada directamente por Marisa Baqué, responsable de calidad de Dromedario y multipremiada catadora de café.

Maribel Morencia y Zekariyas Zerihun en las oficinas de Doctor Luisito, en Santander.

Sentadas las bases para solucionar la parte industrial del proceso, Maribel Morencia vuelve en julio del pasado año a Etiopía y confirma la puesta en marcha del proyecto con Zekariyas Zerihun, responsable de exportación de la unión de cooperativas de Oromia. Es ahí donde va a darse una segunda circunstancia afortunada que facilitará el arranque de la iniciativa, cuando el propio Zerihun se traslada a Cantabria con una beca para cursar un master en la Universidad de Cantabria. Se convierte entonces en el responsable de la importación del producto para Doctor Luisito y en un factor decisivo para que todo el proyecto salga adelante en un tiempo récord. En diciembre, apenas seis meses después de que se creara la cooperativa Socialiland, los primeros paquetes del café del Doctor Luisito llegaban a las tiendas.

En consonancia con lo limitado de la producción y su condición de producto doblemente certificado –como ecológico y de comercio justo– el café de Doctor Luisito se vende solo en tiendas especializadas, y por el momento solo de Cantabria. También en coincidencia con todo lo anterior, no es un producto barato, aunque Maribel Morencia destaca que esta es una cuestión muy relativa: a razón de 25 euros kilo es más caro, en efecto, que una marca blanca de supermercado, pero bastante más económico que cualquiera de las cápsulas de las marcas más conocidas.

A cambio de ese precio, destacan los promotores del proyecto, el consumidor adquiere un producto de la máxima calidad y los productores reciben una retribución adecuada por su trabajo. El reto para Socialiland, que no descarta importar café verde para terceros, es conseguir márgenes suficientes para rentabilizar este proyecto e impulsar otros que están en espera y que se moverían en parámetros similares. Una vuelta al concepto del precio justo que desafía alguna de las lógicas del mercado, pero no todas: la diferenciación –que sería en este caso tanto por calidad como por compromiso social– siempre ha sido un buen argumento de venta.