El trazo y la huella de Andy Torre
El Parlamento de Cantabria rindió homenaje en noviembre al dibujante que a lo largo de seis décadas de trabajo contribuyó decisivamente a divulgar la historia de la región a través de personajes como Laro El Cántabro, la más popular de sus creaciones, pero también ilustrando clásicos de la literatura regional o comentando la actualidad en su labor como viñetista en varios periódicos. Presencia habitual en la prensa diaria durante medio siglo y autor de albumes que recogían las aventuras de sus personajes, Andy Torre repasa su trayectoria en un oficio al que llegó por vocación, pero al que nunca se dedicó profesionalmente: “El dibujo para mí era un hobby y lo que no me gustaba tanto, porque no era lo mío, era con lo que me ganaba el cocido”.
Juan Carlos Arrondo | Marzo 2026
Durante seis décadas, los dibujos de Andrés Torre han contribuido a divulgar el legado cultural e histórico de una tierra, Cantabria, que cuando su mano cogió por primera vez un lápiz ni siquiera era reconocida por este nombre. En los años cuarenta, para un niño de una aldea de Cabuérniga no era fácil comprender por qué su enciclopedia mencionaba a Santander como una provincia castellana mientras en el pueblo se hablaba de subir a Castilla. Tampoco lo era leer sobre las guerras cántabras y apenas conocer nada del territorio de los guerreros que luchaban contra los romanos. Con los años, siempre presente la inquietud por los avatares de la región y con su destreza como dibujante, ese niño se convirtió en Andy, un prolífico autor que ha ilustrado la actualidad política, social y deportiva en la prensa diaria, ha plasmado sus paisajes y ha creado personajes mediante los que ha situado a Cantabria en el mapa de la historia. Una trayectoria que, en perspectiva, ha tenido cierto peso en la formación de su actual autonomía.
Nacido en Santander en 1938, tras el incendio Andrés Torre se instaló con su familia en Ucieda, donde pasó la infancia. En aquellos crudos inviernos en los que salir era casi imposible, dio rienda suelta a su afición: “Como al que le da por jugar al futbol o a otra cosa, a mí me dio por el dibujo”. Aprovechaba para pintar y borrar sobre los azulejos del fogón que hizo su padre, algo que también repetía en la escuela, con peores resultados: “Lloré más de una vez porque se perforaba el papel con la goma de tanto borrar. Pero poco a poco fui aprendiendo. Fue algo innato, no tuve influencia de nadie”. En el pueblo apenas disponía de una enciclopedia y no fue hasta su regreso a la ciudad, con nueve años, cuando conoció cómics –entonces llamados ‘chistes’– de la época, como ‘El guerrero del antifaz’ o ‘Roberto Alcázar y Pedrín’: “Empecé a copiarlos y a hacer mis propias historietas. Imaginaba un guion, hacía unas viñetas y así seguí para adelante”.
En su juventud empezó a difundir sus dibujos y probablemente fuera la revista de Standard Eléctrica, donde trabajaba, el primer medio en publicarlos. En 1962 inició su colaboración en ‘El Diario Montañés’ con ‘Colás’, un personaje que ilustraba las crónicas futbolísticas de José Ignacio Viota: “Le hice cosas para la Peña Miera y me propuso hacer algo del Racing. No tenía contrato ni cobraba, pero sentía la satisfacción de ver mis dibujos publicados”. Poco después, el periodista se incorporó al ‘Alerta’ y le pidió acompañarle. Pese a haber tenido algún desencuentro previo con su director, Francisco de Cáceres, por unos dibujos que había enviado y no fueron publicados, finalmente se reconciliaron y dio el paso: “Allí ilustraba sucesos, recorridos de la Vuelta a España o lo que aconteciera”. Durante un tiempo simultaneó ambos periódicos: “En ‘Alerta’ disimulaba el trazo y, en vez de firmar Torre, empecé a poner Andy. Pepe Viota me decía que pusiera mi apellido para que se viera que iba en serio. Pero Andy me parecía más artístico y con ese nombre me quedé”.

Algunas de las viñetas que Andy publicaba en prensa diaria, en este caso el diario ‘Alerta’. Arriba, las realizadas cada lunes para comentar los partidos del Racing. Abajo, una tira de Laro El Cántabro, de publicación diaria.
Bautizado para la posteridad como Andy y asentado ya únicamente como colaborador del ‘Alerta’, durante muchos años ilustró la actualidad racinguista en sus páginas. Inicialmente no iba al campo a presenciar los partidos y, como el periódico no salía hasta el martes, para sus viñetas se empapaba de la crónica de la ‘Hoja del Lunes’. Aunque alguna vez se comentó que ni siquiera le gustaba el futbol, Andy lo niega: “Nunca he sido muy deportista. Me gustaba el ciclismo y no me perdía las traineras, porque soy muy ‘pedreñero’. El futbol me gusta, pero no soy forofo: ni del futbol, ni de la política, ni de nada. Después he sido socio del Racing, pero al principio el bolsillo no daba para muchas cosas”. Sus análisis gráficos rebosaban chispa y eran un fiel reflejo de los partidos y su popularidad hizo que durante una temporada esas mismas viñetas se publicaron en el ‘Marca’ y en ocasiones también en periódicos de las ciudades de los equipos contra los que jugaba el representativo cántabro.
Desde niño sintió curiosidad por la historia de su tierra, aunque los medios de que disponía no le aclaraban mucho: “Cogía la enciclopedia y hablaba de las guerras cántabras contra los romanos. ¿Quiénes eran esos cántabros? Más adelante leí que ocupaban esta zona y dije: ¡si estos son los míos! Era la provincia de Santander porque de Cantabria no se hablaba”. Esta inquietud le acompañó siempre, ampliando sus lecturas con autores como Joaquín González Echegaray, el padre Martino o Ángel Ocejo. En literatura de ficción, declara su devoción por los dos autores que más huella le han dejado: “Manuel Llano, que vivió en Sopeña, cerca de Ucieda, y que lo que relataba yo lo he vivido; y José María de Pereda, pero sobre todo lo que escribió de la mar”. No es casualidad que uno de sus primeros trabajos para el suplemento semanal de ‘Alerta’ fuera una adaptación de ‘Sotileza’: “Empecé a dibujarlo en viñetas. Tuve la suerte de que Simón Cabarga estaba en la redacción y me ayudaba cuando tenía alguna duda”.
Cuando acabó ‘Sotileza’, el suplemento del ‘Alerta’ la sustituyó por ‘Laro el cántabro’, que sin duda ha sido la creación más importante y reconocida de la carrera de Andy: “Había leído ‘Los cántabros’ y tenía el conocimiento de la historia tal y como la contaba González Echegaray. Pero luego había que tener imaginación para inventar los personajes y las aventuras, que eso el libro no me lo daba. Me daba fechas y circunstancias, el resto corría por mi cuenta”. Quienes han indagado en sus orígenes aseguran que ‘Laro’ se estrenó en diciembre de 1972, pero él, que confiesa no fijar muy bien algunas de estas fechas, cree que fue justo un año antes. Tras una primera publicación en plancha –a página completa–, el director del periódico estaba tan entusiasmado con las aventuras del guerrero cántabro que decidió seguir dándolo en tiras en la edición diaria: “Compartía página con las americanas de la King Feature Syndicate: ‘Phantom’, que aquí era ‘El hombre enmascarado’, ‘Johnny Hazzard’ y otras”.
“Hasta 1971 aquí nadie se llamaba Laro. Ramón Bohigas me dijo que un mérito que nadie podía quitarme es que soy el ‘padre’ de mucho Laro en Cantabria», Andy Torre, dibujante.
Las tiras de ‘Laro el cántabro’ siguieron publicándose hasta 1985 y su éxito ha trascendido a ámbitos que sorprenden a su propio autor: “He hecho muchas cosas, pero esto es por lo que me conocen en todos los sitios. No lo valoré hasta que me fui dando cuenta de cómo había calado: me paraban por la calle, me escribían. Incluso hicieron una pintada en un puente que ponía: Laro, resucita, Cantabria te necesita”. Un detalle elocuente del impacto que ha generado puede encontrarse en el Registro Civil: “Hasta 1971 aquí nadie se llamaba Laro. Ramón Bohigas me dijo que un mérito que nadie podía quitarme es que soy el ‘padre’ de mucho Laro en Cantabria. A la gente le gustó el nombre y luego también se ha ido sacando de ahí alguno más: Caelia, Tedo…”. A pesar de su gran éxito, algunos cambios en la dirección y ciertas decisiones mermaron su importancia en el periódico, de modo que su autor decidió darle un descanso y crear otros personajes.
En 1985 sustituyó al célebre guerrero, por ‘El chico de Laredo’, fruto de otra de sus inquietudes personales: “La participación que tuvo nuestra región en la Guerra de la Independencia contra los franceses era un tema que siempre me había interesado”. Y tampoco fue casual que las aventuras se localizaran en la zona oriental: “Para la prensa de Santander lo que pasaba más allá de Laredo estaba dejado de la mano de Dios y yo quería que también se tuviera en cuenta”. Finalizada esta serie en 1992, durante algunos meses repitió el patrón de crear un personaje de Cantabria situado en un determinado contexto histórico con ‘Héctor el conquistador’, en este caso en el descubrimiento de América. Pero los frecuentes desencuentros con la dirección del periódico le llevaron a dejar Alerta ese mismo año –en 2009 regresó fugazmente a su suplemento con una versión en color y a toda página de ‘Laro el cántabro’– y pasó brevemente por la efímera edición cántabra de Diario16, lo que prácticamente cerraría su trayectoria en la prensa.
Más allá de las mencionadas, es imposible recopilar en estas páginas todas sus colaboraciones periodísticas. A modo de ejemplo, ilustró las reseñas que Juan G. Bedoya en ‘De la A la Z’ y Mann Sierra en ‘De pueblo en pueblo’ hicieron de los municipios de Cantabria, hizo viñetas de crítica política o social y creó el ‘Cantabringo’, personaje que simbolizaba un juego que ‘Alerta’ ofrecía a sus lectores; todas ellas con el humor como rasgo común. “Que se tiene o no se tiene, pero también se cultiva”, matiza Andy y subraya cómo se formó mediante un curso por correspondencia: “En CEAC me acreditaron como dibujante humorístico con sobresaliente. Por cierto, es el único título que tengo”. No obstante, aclara que no ha tenido mejor escuela que el propio periódico: “Empecé llevando regla, cartabón, goma… Al final llevaba un bolígrafo y punto. Aprendí que siempre había que hacer las cosas con rapidez, que no te podían estar esperando, y que lo que hiciera no había que borrarlo”.

Andy saluda a Laro, el más popular de sus personajes, en una imagen recogida en el cartel del homenaje que le tributó el Parlamento de Cantabria.
En paralelo a su carrera en la prensa ha desarrollado una amplia actividad como ilustrador de libros. A grandes rasgos, destaca el encargo de ilustrar cuatro obras de una colección de Nova Editorial sobre grandes protagonistas de la historia: Cristóbal Colón, los hermanos Pinzón, Juan de la Cosa y los Reyes Católicos. Ya fuera solo como dibujante o también como guionista, ha participado en diversos proyectos de divulgación de la historia de Santander y de Cantabria, además de adaptar a este formato a Pereda –con ‘Sotileza’ y algunos otros relatos– y su propio ‘Laro el cántabro’. Ha colaborado con su amigo Javier Rodríguez en algunos títulos de temática circense y de un remoto rincón de su memoria recupera una de las primeras cubiertas que dibujó: la de la novela ‘Abigail’, publicada en 1973 por ‘El Machinero’, por entonces compañero en el periódico: “Era cronista de sucesos en ‘Alerta’ y también escribía artículos con un humor muy agradable. Me pidió hacer la portada e hice dos, para la primera y la segunda edición”.
Viñetista, ilustrador, cartelista, en varias ocasiones también ha expuesto su obra de paisajes de Cantabria a plumilla, una técnica que, siendo una persona nerviosa, asegura que le relaja. Llama la atención cómo ha podido lograr una obra tan voluminosa simultaneándola siempre con su trabajo en la fábrica: “Durante muchos años, salía de la empresa, llegaba a casa y me ponía a dibujar. Pero es que el dibujo para mí era un hobby y lo que no me gustaba tanto, porque no era lo mío, era con lo que me ganaba el cocido”. Aunque en sus comienzos tuvo alguna oportunidad de ser profesional en Barcelona o Valencia, las condiciones laborales que ofrecían las editoriales no compensaban el tener que abandonar su tierra: “No pagaban muy bien y los dibujantes que trabajaban a jornada eran obreros que ni siquiera tenían derechos de autor. Yo estaba en una de las mejores empresas de España, los salarios de Standard no los había en ninguna parte, y ni se me pasó por la imaginación marcharme de Santander”.
Andy fue uno de los firmantes en 1976 del ‘Manifiesto de los cien’, embrión de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), en cuya fundación también fue partícipe. En la medida de sus posibilidades, cree que ha contribuido a la formación de la comunidad autónoma de Cantabria, un nombre que apenas se conocía cuando empezó a dibujar a ‘Laro’: “La gente ignoraba la historia y los orígenes de esta palabra”. El pasado noviembre fue homenajeado en un acto en el Parlamento regional cuyo lema –‘Andy el cántabro. Historia regional y cultura gráfica popular’– deja entrever la influencia que ha tenido su obra: “Mentiría si dijera que no me ha agradado, aunque nunca busqué esta meta: siempre me he dado por satisfecho viendo mis trabajos publicados y apreciados. Sí que me considero partícipe en la autonomía de esta tierra y en dar a conocer nuestras cosas, pero no le he dado mayor importancia. He hecho lo que quería y luego he visto con satisfacción que eso ha gustado”.





