Es la primera decana del recién creado Colegio de Periodistas de Cantabria, una entidad que convivirá con la veterana Asociación de Periodistas y que compartirá con esta buena parte de sus fines, pero que actuará con la representatividad que le da el carácter de corporación de derecho público que tiene cualquier institución colegial. Desde esa condición, Olga Agüero confía en conseguir una mejor defensa de la profesión, combatir las malas prácticas y el intrusismo y contribuir a revertir la creciente visión negativa que la sociedad tiene del periodismo y de los periodistas.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Febrero 2022

El halo de solemnidad que rodea a cualquier institución colegial, e incluso la propia denominación del cargo que ostenta, casa mal con la combinación de emoción y proyectos con la que Olga Agüero (Santander, 1969) ha accedido a la condición de decana del recién nacido Colegio de Periodistas de Cantabria. Todo en el discurso de la periodista cántabra remite a la relevancia de los hechos fundacionales, algo perfectamente coherente si tenemos en cuenta que la entrevista se producía apenas unos días después de la asamblea constituyente de la nueva entidad, pero algo menos si consideramos que el proyecto del colegio nació en el seno de la centenaria Asociación de la Prensa de Cantabria –denominada hoy Asociación de Periodistas de Cantabria– con la que el colegio comparte buena parte de sus fines. Olga Agüero, que cuenta con una larga trayectoria periodística y hoy es la responsable de prensa del Parlamento de Cantabria, accedió al cargo encabezando una candidatura con presencia de profesionales que desarrollan su trabajo en medios escritos, radio, agencias o, como es su caso, en tareas de comunicación institucional. No hubo candidatura alternativa, en lo que la decana valora como una muestra del consenso con el que ha nacido el colegio, algo que considera fundamental para avanzar en la consecución de los objetivos que persigue: la defensa de la profesión y la lucha contra el intrusismo y contra todo aquello que ha contribuido al desprestigio del periodismo, con las ‘fake news’ y las malas prácticas a la cabeza.

Olga Agüero, decana del Colegio de Periodistas de Cantabria, en el monumento a José Estrañí, uno de los fundadores de la centenaria Asociación de la Prensa de Cantabria. (Foto: Nacho Cubero)

Pregunta.- Existe ya una Asociación de Periodistas, heredera de la antigua Asociación de la Prensa, con una historia centenaria y unos fines muy similares a los que persigue el recién creado Colegio de Periodistas de Cantabria. ¿Por qué entonces la creación de este nuevo organismo?
Respuesta.- El colegio lo ha impulsado la propia Asociación de Periodistas, que es quien en un momento dado decide dar ese paso, en sintonía con lo que se había hecho ya en otras Comunidades Autónomas. El de Cantabria es, de hecho, el colegio número diez entre los que existen en España. ¿Qué aporta respecto a la asociación? La Asociación de la Prensa tiene un carácter gremial, derivado de esa historia centenaria, y agrupa a profesiones muy distintas. Pero lo que antes era un oficio, hoy se ha profesionalizado, con titulaciones universitarias que existen desde los años setenta. Es importante que nosotros, los periodistas, tengamos lo mismo que otras profesiones: un colegio que nos represente. E insisto: fue la misma Asociación de Periodistas la que vio esa necesidad. Y bienvenido sea.

P.- ¿Cómo va a ser la relación con la asociación? ¿Esta pensado compartir locales o algún tipo de estructura?
R.- En principio son dos entidades absolutamente diferentes. El colegio es una corporación de derecho público que se convierte en el órgano oficial que representa a los periodistas de Cantabria, en tanto que la asociación es eso, una asociación con los fines que tiene, que por supuesto uno es la defensa del periodismo. ¿Que se comparten muchos objetivos? Es evidente. Hasta ahora esa defensa y la custodia del legado histórico la han hecho ellos. ¿A partir de ahora? Nosotros nos constituimos el sábado y ayer martes ya pedí una reunión para hablar con la directiva de la Asociación de Periodistas para sentar las bases de esa relación, que yo tengo la convicción de que será de fraternidad, de convivencia y de colaboración, porque no puede ser de otra manera. Pero es verdad que en este proceso nadie nos ha dicho que vayamos a compartir locales o cualquier otra cosa. Eso dependerá de la voluntad de las personas que están al frente del colegio y de la asociación y de los acuerdos a los que podamos llegar.

P.- La asociación, por esa trayectoria centenaria que mencionábamos y por la actividad desarrollada en ese tiempo, tiene un patrimonio con el que el Colegio de Periodistas no cuenta. ¿Cómo va a financiarse?
R.- Soy socia de la Asociación de Periodistas pero nunca he estado en su directiva y no sé el patrimonio que pueden tener. Pero es verdad que esta es una pregunta que me están haciendo mucho y que tiene una respuesta sencilla: nuestro colegio se va a financiar exactamente igual que el resto de colegios que existen en Cantabria, con las cuotas de los colegiados. Es cierto que cuando empiezas a cobrar una cuota, y no has podido ahorrar, o no has tenido aportaciones extraordinarias, o no heredas un patrimonio, naces desnudo. Pero el dinero no tiene que ser un problema, porque además me parece positivo que nos nutramos de las aportaciones de nuestros colegiados y no de otras fuentes, o del dinero público. Eso no quita que en determinado momento nosotros podamos ofrecer servicios, a otras instituciones o entidades, de los que puedan derivarse ingresos. Pero de entrada vamos a tener una economía ajustada, eso está claro. Respecto a la sede, no hemos decidido nada. Perfectamente podríamos funcionar sin una sede, o con una sede virtual, que de hecho quizá sea lo mejor teniendo en cuenta las circunstancias. Lo valoraremos entre todos en una próxima asamblea.

P.- El Colegio echa a andar con 187 colegiados…
R.- Esa es, en efecto, la cifra del primer censo, pero ahora ya tenemos 205 porque hubo gente que no llegó a tiempo y se ha colegiado más tarde. Ha habido muchos compañeros que se han enterado de la creación del Colegio cuando hemos tenido la asamblea constituyente, porque no estaba en la Asociación de Periodistas, porque no trabaja en Cantabria o acaba de graduarse.

P.- Más allá incluso de la propia cifra, ¿en qué medida es representativa la nómina de colegiados de la realidad de la profesión periodística en Cantabria?
R.- El 92% de quienes se han colegiado hasta ahora están en activo. Un centenar de ellos no estaban en la asociación, pero están activos en los medios y se han colegiado. Están representadas prácticamente todas las redacciones, todos los gabinetes de comunicación y hay también muchos autónomos. Porque esta es una profesión que camina hacia el autoempleo, en la que es muy difícil tener un trabajo fijo, y eso lo vemos muy representado. Y tenemos también jóvenes que se han incorporado mientras buscan empleo. Sí creo que formamos un colectivo muy representativo de lo que es la realidad de la profesión.

P.- ¿Cómo valora que la suya haya sido la única candidatura? ¿Es reflejo de la existencia de un consenso o simplemente es que nadie más ha querido afrontar el reto de ponerse al frente del proyecto, no sé si por su dificultad?
R.- Lo interpretamos como fruto de un gran consenso, y ha sido una enorme satisfacción para los que hemos dado forma a la candidatura. Ha sido impulsada por un número muy grande de colegiados, del que se ha seleccionado a un grupo de personas que creemos que representa casi todos los sectores: hay profesionales de la radio, de la prensa digital e impresa, de agencias, de gabinetes de comunicación… nos ha parecido que era muy plural en su composición. Todos somos personas en activo y eso también es un elemento conciliador. Creo que es un gran comienzo el que haya existido una candidatura de unidad, y que no haya habido ningún adversario. Es importante.

P.- El objetivo es la defensa de la profesión, pero quizá la primera dificultad es identificar de qué profesión hablamos, porque los cambios que se han dado en los últimos años han sido tremendos.
R.- Hoy precisamente lo hablaba con una compañera, que me decía que no es que haya cambiado el periodismo, que lo que cambia es la sociedad. Esa nostalgia del periodismo con olor a tinta, con una rotativa funcionando, con las imágenes de Lou Grant que podemos reconocer los de nuestra generación… todo eso ha muerto, o casi ha muerto porque es un campo de trabajo muy menor. Han surgido otros formatos, otras experiencias y nosotros, los periodistas, ampliamos nuestras funciones a un campo mayor, que es la comunicación. En el caso de Cantabria, por ejemplo, los jefes de gabinete, las personas más importantes que apoyan a los consejeros, son en su mayoría periodistas. Tenemos la capacidad de manejar redes sociales, que muchas veces se han dejado en manos de personas con menos experiencia en comunicación y eso está volviendo a nosotros. Hay también amenazas, el intrusismo, las noticias falsas… pero la profesión está muy viva.

Olga Agüero, junto a varios miembros de la primera junta directiva del Colegio de Periodistas, en el encuentro con la consejera de Presidencia. La decana encabeza un equipo que completan Cristina Dosal, Laro García, Teresa Díez, Jésica Quintero, José María Gutiérrez y Alexia Gómez Pelayo. (Foto: Silvia Bouzo)

P.- Es cierto que hay una presencia relevante de periodistas en tareas de comunicación política, o en la empresa, pero en realidad estamos hablando de dos profesiones distintas. ¿En qué medida pueden defenderse los intereses de ambas desde el colegio?
R.- Es un reto. De hecho, cuando hablamos de trabajar en comunicación los periodistas solemos definirlo como pasar al otro lado, o incluso pasar al lado oscuro. Yo he estado en los dos lados, que es algo muy habitual porque es muy difícil tener un trabajo fijo y trabajamos donde nos llaman. Pero es que además creo que la experiencia de trabajar en ambos lugares es enriquecedora y no debería suponer ningún estigma ni ninguna etiqueta. Del mismo modo que trabajas para una cabecera con una línea editorial, y luego para otra con otra completamente diferente, puedes trabajar en comunicación política. Tenemos que respetarnos y vernos a nosotros mismos como profesionales técnicos que hacemos esa labor. Y los primeros que tenemos que defenderlo somos nosotros. Lo importante es ejercer la comunicación, o el periodismo, con una reglas éticas que no se transgredan.

P.- Quizá no sea tanto un problema de puertas adentro, entre los profesionales, como en lo que puede afectar a la forma en que se ve a los periodistas por parte de los receptores de la información, que pueden cuestionar la independencia de quien ha trabajado en comunicación política para un determinado partido, y luego vuelve a ejercer el periodismo. O viceversa.
P.- Desde luego queremos combatir esa imagen, que como decía es un estigma que parte de una idea preconcebida bastante absurda. Un partido político no solo contrata a un periodista para que le lleve la comunicación, contrata también a una persona que está en la secretaría, otro en la base de datos… Yo nunca he oído que en los colegios de gestores administrativos se les tache de tener determinado color político por trabajar aquí o allí. Pero, ojo, porque ese es un estigma que también ha existido en los medios de comunicación: si uno trabaja para ‘La Sexta’, o ‘La Razón’ parece que está defendiendo intereses distintos, y no. Los periodistas estamos haciendo y defendiendo lo mismo en todas partes: la información elaborada según los criterios profesionales que corresponden. Los periodistas defendemos nuestra independencia con mucho coraje, con más del que la gente piensa. Jefes y cabezas pensantes tenemos en ambos lados, en la comunicación y en el periodismo, solo que parece más descarado cuando trabajas directamente bajo las siglas de determinado partido, pero hay medios de comunicación también muy vinculados a determinadas siglas. Contra eso, contra los ataques a la independencia, es contra lo que tenemos que luchar, vengan de donde vengan..

P.- En las asociaciones de la prensa se sientan en la misma mesa las empresas y los periodistas, lo que alguien podía pensar que dificulta esa defensa de la independencia frente a los intereses puramente empresariales de los medios de comunicación. No sé si este es un riesgo que también puede cuestionar la labor del colegio.
R.- Esta es un asociación de periodistas, no una asociación de medios de comunicación, y nosotros estamos aquí para defender a los periodistas, no a las cabeceras, las líneas editoriales o los intereses empresariales. Los periodistas escribimos para la gente, para los ciudadanos, y no debemos hacerlo ni para las instituciones ni para los consejos de administración. Esa es la independencia que tenemos que defender. ¿Que no es fácil y que las cosas cuestan? Por supuesto, es que esta es una profesión complicada, de equilibrios complejos. Pero tenemos el compromiso de defender con voz firme la independencia de los periodistas y, por supuesto, denunciar cuando nos conste que existan presiones que la cuestionen. Presiones que en ocasiones silenciamos o que incluso tendemos a considerar normales, y que no lo son.

P.- Una de las diferencias de los colegios, respecto a las asociaciones, es que entre sus obligaciones está no solo la de dar servicio a sus asociados, si no también a la sociedad, atiendo las reclamaciones que puedan producirse por una mala práctica profesional. ¿Hay previstas iniciativas en este campo?
P.- Queremos crear una comisión de deontología o de quejas, pero sobre todo lo que nos gustaría es que los periodistas nos abriésemos más a la sociedad. Nunca somos noticia, salgo ahora por ejemplo con la creación del colegio, pero sí debemos ser capaces de escuchar a la sociedad, conocer opinión que tienen sobre nosotros… que por cierto, es bastante negativa. La nuestra es una profesión desprestigiada, en línea con la visión que se tiene de los políticos. Eso queremos cambiarlo: escuchar a la sociedad, debatir, dialogar y reflexionar sobre lo que nos digan. Y explicar a los ciudadanos cómo trabajamos, lo que debería servir para distinguirnos de todo ese intrusismo del que hablaba antes. Hay pseudomedios de comunicación, plataformas digitales, redes sociales… que creen que la información es solo un negocio, que es verdad que también lo es, pero no se puede es traficar con algo tan delicado como eso. Halagar o criticar en función del dinero público que recibes, por ejemplo, no es periodismo. Tampoco lo es una plataforma que replica los comunicados oficiales: eso puede ser propaganda, pero no es periodismo. Parte de la mala fama que arrastramos ahora los periodistas creo que puede venir de ahí.

P.- ¿Y cómo se proponen combatirlo?
Queremos trabajar en dos líneas. Primero haciendo unos debates con los ciudadanos, en los que escuchar y explicar cómo hacemos las cosas. También queremos hacer un registro que distinga entre lo que es o no es un medio de comunicación, a partir de criterios objetivos. Alguien puede tener un blog en el que vierte sus opiniones, perfecto, eso está bien y no hay ningún problema. Pero eso no es un medio de comunicación. ¿Qué criterios objetivos son esos que nos permiten diferenciar quién es o no es un medio de comunicación? Por ejemplo, contar o no con información propia, tener al menos un periodista en plantilla, actualizar los contenidos con cierta regularidad… Esto ya está inventado, no es idea nuestra y otros colegios ya lo están haciendo. Eso también nos permite trabajar con el Gobierno para tratar de impulsar una regulación del reparto de la publicidad institucional, con criterios objetivos y transparentes, y que esos criterios, y lo que recibe cada uno, esté en el portal de transparencia, de manera que los ciudadanos puedan conocerlo. Me parece que eso es un sistema ético y justo.

P.- Ya en el caso de la Asociación de Periodistas, y ahora también en el proceso de la creación del colegio, la titulación de los profesionales ha centrado buena parte del debate. Puede dar la sensación que la batalla contra el intrusismo se plantea ahí, y no tanto en esas malas prácticas de las que habla.
P.- No es así. Yo precisamente pongo el acento en la identificación y denuncia de esas malas prácticas, y me da igual que quien las haga tenga o no la titulación de periodista. Esto me parece fundamental.