La limpieza y desinfección de oficinas, despachos y espacios púbicos está siendo una actividad clave desde el inicio de la crisis sanitaria, pero esta ha tenido un impacto desigual en las empresas que ofrecen estos servicios. Pese al crecimiento de la demanda asociado a las nuevas necesidades, el teletrabajo y la propia crisis sanitaria han provocado una contracción del mercado, tanto por la disminución en la carga de trabajo como en la presión a la baja sobre los precios. El balance final de todo ello se mueve entre el equilibrio y el descenso de facturación, y sobre todo abre la puerta a cambios que darán un vuelco a la forma de operar en el futuro.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Mayo 2021

De acuerdo a los datos recogidos en un estudio realizado por la consultora DBK de Informa, antes de la llegada de la pandemia durante la primavera de 2020, el sector de la limpieza acumulaba en España cuatro años consecutivos de crecimiento. Aunque podría pensarse que esa racha se vería prolongada debido al aumento de las necesidades de higiene y desinfección provocadas por la irrupción de la Covid-19, lo cierto es que ese mismo estudio adelanta ya –sin ponerle todavía cifras– una contracción del mercado que, aunque de forma desigual, redujo la demanda que atienden las empresas españolas que operan en este sector. Los efectos del cierre decretado durante el Estado de alarma, el impacto del teletrabajo y, en general, las consecuencias de la contracción de la economía son factores negativos que, según los cálculos de la consultora, terminan por contrarrestar los crecimientos de la actividad que hayan podido registrarse con motivo de la pandemia.

Tomás Turienzo, presidente de la Asociación Regional de Empresas de Limpieza de Edificios y Locales (Arelca) se remite a la heterogeneidad del sector y a la transformación que ha sufrido el mercado en los últimos meses para explicar lo difícil que resulta hacer cualquier balance general de la actividad: “Ha habido empresas que han sufrido restricciones fuertes, y otras que lo han notado menos o que incluso, con las desinfecciones, han visto crecer su actividad Pero esto último fue en un momento muy determinado, y ya se ha acabado”, señala el representante de las empresas, que considera que los factores que finalmente han tenido más peso son los directamente relacionados con la crisis: “Sigue habiendo muchos clientes que están en ERTE, o que tienen sus oficinas vacías porque están teletrabajando. Eso reduce el número y volumen de los servicios que nos encargan y, además, les lleva a renegociar contratos buscando una rebaja en el precio”.

Tomás Turienzo, presidente de la Asociación Regional de Empresas de Limpieza de Edificios y Locales (Arelca).

Como en otras crisis, la incertidumbre y la pérdida de actividad en las empresas clientes les lleva a buscar una reducción de costes equivalente a la caída de su propio mercado, y ahí la partida de limpieza es una de las primeras en las que se detiene la vista: “Nuestras facturas son por importes llamativos, porque nuestros servicios son intensos en mano de obra. Por poner un ejemplo, limpiar un gimnasio pueden suponer facturar unas 10.000 horas de trabajo al año. Eso es un volumen importante y el cliente intenta reducirlo en una proporción similar a la que ha bajado su propia rentabilidad”, explica Tomás Turienzo. Esa reducción, que normalmente busca concretarse con una reducción de horas, incide directamente sobre el empleo del sector.

En Cantabria la limpieza de oficinas, edificios y locales da trabajo a entre 5.000 y 6.000 trabajadores, empleados por entre 24 y 28 empresas. Estas cifras, señala el presidente de Arelca, son similares a las que existían antes de la crisis sanitaria, que sin embargo sí cree que ha podido tener incidencia en el número de trabajadores por cuenta propia que se dedican ahora a esta actividad: “Hay que tener en cuenta que este es un trabajo en el que no es difícil iniciarse como autónomo. También es un sector en el que existe mucha economía sumergida. De todos modos, aunque sí que ha podido crecer el número de quienes trabajan por cuenta propia, tampoco ha sido de una forma especialmente significativa”, señala el representante de las empresas de limpieza que, aun así, cree que el efecto último es que el mismo trabajo, o menos, se reparte entre más trabajadores.

A ello hay que añadir la competencia de las empresas de fuera de Cantabria. En sector de la limpieza conviven una mayoría de microempresas y pequeñas empresas locales, con un grupos de entre 14 o 16 grandes empresas –en algunos casos incluso multinacionales– con presencia en todo el país. Como referencia, Tomás Turienzo recuerda que al último concurso para el servicio de limpieza convocado por la Consejería de Educación de Cantabria concurrieron 21 empresas.

Oficinas, despachos, supermercados, centros educativos, centros médicos, instalaciones deportivas… el abanico de espacios en los que las empresas del sector prestan sus servicios es tan amplio como puede ser la tipología de quienes lo hacen. El nivel de especialización que tienen alguna de estas empresas hace que el impacto de la crisis en unas y otras haya sido muy distinto, con un aumento de la actividad en supermercados –por ejemplo– y una caída en las oficinas y centros de atención al público cerrados por la pandemia, con el teletrabajo incidiendo negativamente en la demanda que atienden la empresas de limpieza. El cierre de la hostelería, en cambio, ha tenido una incidencia menos, según explica el presidente de Arelca: “Es un sector muy especializado, que suele resolver sus necesidades de limpieza al margen de la oferta del sector. Sucede con bares y cafeterías, que suelen ocuparse de la limpieza con sus propios medios y también, aunque de otra manera, con los hoteles, que externalizan ese servicio recurriendo a empresas muy especializadas que trabajan solo en esa actividad”.

Cambio de modelo

Más allá del impacto que haya podido tener la crisis sanitaria en la actividad del sector durante el último año, el presidente de Arelca está convencido de que lo sucedido desde la irrupción de la pandemia de la Covid-19 llevará a un cambio en los usos y costumbres que incidirá en el conjunto de la economía y también, como no puede ser de otro modo, en la forma de prestar los servicios de limpieza. Algunas tendencias, señala, ya empezaban a dejarse notar antes de la crisis sanitaria, como sucede con los horarios, pero se han agudizado con tras la llegada de la crisis. Otras, como la pérdida de protagonismo de la oficina como lugar de trabajo, tienen un origen más directamente relacionado con las restricciones sanitarias, pero han abierto una puerta que difícilmente se cerrará cuando se supere la actual situación: “Vamos hacia jornadas de trabajo que acaben antes, y hacia espacios híbridos, en los que convivirá el trabajo presencial y a distancia. Eso va a suponer una reducción de la demanda de nuestros servicios, porque si trabajan tres personas donde antes trabajaban cinco, las necesidades de limpieza son menores”, señala Turienzo que cree que con los cambios habrá también oportunidades, aunque no sea fácil detectarlas aún: “Seguramente se abrirán también nichos de mercado nuevos, como la desinfección, aunque ese es todavía un campo por regular”.

Los primeros meses de la crisis sanitaria trajeron aparejados también  cambios en la cadena de suministros de las empresas de limpieza, con problemas puntuales de desabastecimiento y, en determinados productos, fuertes incrementos de precios. Con el paso del tiempo, la situación fue corrigiéndose: “Hubo mucha especulación y los precios se dispararon. La mayor parte bajaron después, pero todos están hoy más caros de lo que estaban antes de la pandemia”, señala Tomás Turienzo que, en todo caso, explica que el impacto de este precio en la rentabilidad de las empresas es relativamente limitado: “Los materiales suponen entre el 3 y el 4% de nuestros costes. Cuando suben, lógicamente ese incremento va a nuestra cuenta de resultados, pero el impacto es pequeño y se asume”.