Los pequeños negocios dedicados a la fabricación y venta de joyas no pasaban por un buen momento ya antes de la pandemia, pero la llegada de esta ha supuesto para muchas el empujón definitivo para bajar la persiana. El difícil relevo generacional era el principal lastre para la continuidad cuando la irrupción de la crisis sanitaria provocó un frenazo en el mercado que tumbó la rentabilidad de estos establecimientos. La incertidumbre económica, unida a la ausencia de celebraciones y eventos que propicien la entrega de regalos, han acelerado el descenso en el número de joyerías, que en la última década ha pasado en Cantabria de más de 200 tiendas a apenas 75.

Sara Sánchez Portilla | Marzo 2021

El año 2020 no ha sido propicio para gastar en joyas y todo apunta a que el 2021 tampoco lo será. Ni fiebre del oro, ni fiebre de otros metales, el impacto de la pandemia y las estrecheces económicas han generado una considerable caída de las ventas, además del cierre definitivo de muchos negocios dedicados a elaborar y vender productos de joyería. En la actualidad, España cuenta con 12.000 puntos de producción y comercialización de joyas, de los cuales 4.000 pertenecen a autónomos. Son  en su mayoría negocios pequeños y familiares que subsisten en un mercado con escaso relevo generacional, y que afrontan un futuro lleno de incertidumbres.

Esas perspectivas no eran especialmente favorables antes de la irrupción de la crisis sanitaria, y se han visto agravadas debido al confinamiento, el cierre perimetral y de comercios y la escasa celebración de eventos sociales, tradicionales motores de la demanda de este tipo de artículos. Salvador Victorino Fernández, presidente de la Agrupación de Joyeros, Relojeros, Orfebres y Gemólogos de Cantabria, señala que toda esa situación ha llevado a que se produzca un “bajada considerable” en el número de establecimientos que mantienen la actividad en la región, que en la actualidad se sitúa en 75 joyerías. Además, recalca que el sector suma a todos los condicionantes y dificultades que hoy tiene el mercado el hándicap de la continuidad generacional, que ha llevado a muchos de los establecimientos al cierre por jubilación –“en el mejor de los casos”– y no da pie a que el negocio siga adelante dentro del núcleo familiar.

“Para nuestros sucesores, la joyería está dejando de ser un negocio rentable. Estamos pasando a ser un sector de segunda clase. La inversión que tiene que realizar un joyero es importante y las generaciones más jóvenes cuando ven la situación no lo ven una salida a la crisis y desempleo, y razón no les falta”, señala el representante de los joyeros cántabros.  Los jóvenes, indica Salvador Fernández, tienen otra perspectiva de empleo y futuro y no quieren, admite, un negocio que “dé pérdidas, sino algo novedoso y rentable”.

Cantabria cuenta en la actualidad con unas 75 joyerías en funcionamiento. Según los cálculos del sector, al menos 20 tiendas han cerrado en los últimos 6 años.

Debido a la restricción de aforos y a la escasa o nula realización de eventos sociales se ha “prescindido” de la realización de regalos para eventos sociales y celebraciones como bodas, aniversarios, bautizo o comuniones, por mencionar los actos más propicios a la compra de joyas o relojes como obsequio, a los que hay que sumar otros igualmente afectados por las suspensiones, como las competiciones deportivas de base. “Este tipo de regalos ha caído más de un 60% en cuanto a ventas. Se ha visto afectada la joyería, la relojería, los detalles de homenajes para todo tipo de eventos. Por ejemplo, todos las medallas y trofeos, en referencia a deportes y eventos deportivos ha disminuido la venta de forma sustancial”. Sin embargo, otro tipo de detalles han tenido mayor equilibrio y, como apunta Salvador Fernández, en el caso del regalo personal tan sólo ha registrado un descenso del 20%. “Los complementos han pasado a no ser imprescindibles, pero sigue habiendo el detalle para la pareja y familiar más allegado”, comenta.

Cuando los joyeros de pequeños establecimientos oyen hablar de cierre perimetral “se echan las manos a la cabeza”, señala el presidente de la asociación que los agrupa: “Cerrar puertas implica que en el mejor de los casos vas a seguir pagando tus letras, mercadería, alquiler, pero no obtendrás ningún beneficio”, asegura Salvador Fernández, quien hace balance y recuerda cómo, diez años atrás, llegada la época de Navidad era necesario más personal y los pequeños comercios contrataban a más de tres empleados debido a la cantidad generosa de clientes que demandaban joyas para sus regalos navideños.

“También hace diez años había alrededor de 200 joyerías en la región y ahora apenas somos 75.  Los joyeros de la región lo están pasando muy mal, no es una situación agradable, por eso muchas joyerías han cerrado por jubilación del personal, pero lo malo, es tener que jubilarse porque no se puede llegar a últimos de mes”, señala el representante de los joyeros, que calcula que en Cantabria habrán cerrado, en los últimos seis años, una veintena o más o más de establecimientos: “Pero no solo hablamos de joyerías, que es lo que se ve físicamente, detrás de la joyería está el taller, personal dedicado al arreglo de joyas y relojes, y talleres cada vez quedan menos”, lamenta.

A todo lo anterior hay que sumar un cambio de paradigma que está afectando especialmente al joyero tradicional. Cada vez son más las tiendas con grandes marcas que ocupan considerables establecimientos y acaparan la clientela, dejando al pequeño comercio de lado. Sin embargo, según Salvador, esto no supone un gran problema y solo es, dice, “una competencia más”: “Las marcas tienen su aquel. Las marcas grandes también son vendidas en joyerías, como puede ser el caso de Pandora, por poner un ejemplo. En el caso de Tous les interesan más las franquicias porque es una marca familiar y consolidada, buscan vender en franquicias en vez de en comercio al detalle. Sin embargo, creo que simplemente es una competencia más. Todo nuestro sector depende de lo que la gente quiere gastar y a qué precio. Igual hace unos años a los clientes no les importaba hacer un regalo de más de 200 euros, mientras que ahora se mira mucho por lo que se gasta”, explica.

Y aunque la situación hace que “no haya tantos desembolsos” las compras navideñas trajeron un repunte en las ventas, concretamente en las de oro, como recalca Salvador Fernández: “Hemos concluido que la gente al no hacer viajes o celebraciones ha invertido parte de lo que no ha gastado durante la pandemia, regalando una joya. Un ahorro que antes se gastaba de otra forma, viajando por ejemplo, las personas han preferido  disfrutarlo de otras formas. Esto supuso un repunte de un 10% en nuestras ventas”.

Joyería cerrada en la calle Juan de Herrera de Santander, en una de las principales zonas comerciales de la capital de Cantabria.

Para el sector de la joyería, teniendo en cuenta la situación vivida durante los últimos meses, esa pequeña subida en las ventas “significa mucho”, sobre todo cuando los pequeños comercios salieron del confinamiento de la pasada primavera con un stock “bastante importante”, según explica el representante de los joyeros cántabros que destaca también cómo influyen las tendencias y las modas. Antes, señala, era habitual buscar una joya personalizada, única, como también encargar arreglos o adaptaciones de la joyería que ya pertenecía al cliente. “Antaño la compostura de arreglar cadenas era prioritaria, ahora ha pasado a un segundo plano. El cliente prefiere comprar una joya nueva, y las joyas a medida han perdido mercado. Si en un año te piden dos diseños adaptados te puedes dar con un canto en los dientes. Todo ha cambiado, los hábitos, los gustos, las modas”.

No obstante, Salvador Fernández también advierte de lo imprescindible que es adaptarse a estas nuevas tendencias y cómo añadir novedades y que el cliente vea que se renueva el muestrario es algo a lo que todos los joyeros tienen que dar respuesta.  Por esa vía, señala, es por donde es posible hacer que el sector resurja. “Lo que tenemos que hacer es reinventarnos, buscar otras salidas. Aunque el sector de relojería ha bajado en la venta de relojes, el reloj analógico y digital, el cliente busca otro tipo de relojería, en este caso la inteligente, los famosos ‘smart-watch’. Antes de empezar la pandemia se empezaron a ver este tipo de relojes en relojerías, nosotros cuando cerramos introducimos el primer ‘smart’ por un precio muy asequible, y tuve pedidos de más de una docena. Esto lo que implica, lo que sugiere, es que estemos abiertos a todo tipo de novedades que van llegando”, explica.

Cabe destacar que la pandemia y sus estragos también han tenido un punto positivo es un aspecto que siempre ha preocupado al sector, y que tiene una incidencia directa en sus cuentas: la seguridad. Las joyerías siguen siendo negocios de “bastante riesgo” que han sufrido actos de delincuencia que han conllevado considerables pérdidas para los dueños de los establecimientos. Gracias a la pandemia, al estado de alarma y a las restricciones horarias los delitos en este sector han supuesto una bajada importante de la criminalidad.

La tasa de criminalidad en Cantabria, hecha pública por el Ministerio del Interior, ha determinado que la comunidad autónoma es una de las más seguras de España, con una incidencia de 28,5 delitos por cada 1.000 habitantes. Eso sitúa a Cantabria 8,9 puntos por debajo de la tasa de criminalidad del conjunto del país, que es de 37,4 infracciones penales por cada 1.000 habitantes. Por lo que el número total de infracciones penales en Cantabria entre enero y diciembre del pasado año ha sido de 16.598, lo que supone 1.475 delitos menos que en el año 2019, estimando el porcentaje en un 8,2% de disminución.

Salvador Victorino Fernández, presidente de la Agrupación de Joyeros, Relojeros, Orfebres y Gemólogos de Cantabria.

Cifras que el sector de la joyería valora positivamente.  “Tenemos negocios de bastante riesgo, porque el oro cuando lo roban es fácil de fundir, ponerlo en movimiento y hacerlo desaparecer mientras que en otro tipo de artículos no es tan sencillo. Nosotros tenemos que hacer un desembolso muy importante en seguridad, todos tenemos cámaras de videovigilancia, tenemos nuestros seguros, contratos con centrales de alarma y ni eso evita que roben. Lo que sí hemos notado es que con los toques de queda y restricciones de movilidad han disminuido los delitos a nuestros negocios. Porque si a las diez de la noche tienes que estar en casa no queda otro remedio, no puedes estar delinquiendo”, concreta Salvador Fernández, quien además apunta que la limitación de aforo ha hecho que los robos al descuido también hayan disminuido considerablemente: “En seguridad nos estamos manteniendo, pero claro, hemos tenido momentos muy malos y al cabo del año se notaba en la facturación y cuesta levantarse. Y si las cosas no van muy bien, tiras la toalla”, concluye el presidente de la Agrupación de Joyeros, Relojeros, Orfebres y Gemólogos de Cantabria.