La música en vivo desborda sus cifras prepandemia gracias a los festivales
El sector de la música en directo ingresó en 2024 cerca de 719 millones de euros, un 77,1 % más que en 2019. Los factores que explican este incremento son una mayor asistencia a los eventos, el aumento del precio para ver a los grandes nombres y también el mayor poder de convocatoria de los festivales, responsables ya del 55,4 % de todos los ingresos por la música en directo en España.
Francisco Rouco del Olmo | Febrero 2026
En 2024, último año con cifras disponibles, la recaudación por eventos de música en directo en España alcanzó los 718,872 millones de euros, según el anuario de la SGAE. Esta cifra, un 25,4% superior al año anterior, no solo afianza la recuperación del sector tras la debacle de 2020, cuando se recaudaron 103,3 millones de euros fruto de las medidas de protección durante la pandemia, sino que los números recientes suponen un récord histórico de recaudación. Cinco años después de la pandemia, el sector se apunta una mejora del 77,1% sobre los ingresos de 2019 (405,8 millones de euros).
Las cifras de conciertos también subieron. En 2024 se celebraron 120.510 conciertos, un 9,4% más que el año anterior y un 32,3% más que en 2019. Al hablar de récords absolutos de recaudación, podríamos suponer que en 2024 se celebraron más conciertos que nunca, pero lo cierto es que desde 2005 hasta 2011 siempre se superaron holgadamente los 120.000 eventos en directo, llegando al pico en 2008, con 138.613 conciertos.
En cuanto a la asistencia, 2024 sí destaca notablemente, con 33,9 millones de personas, un 18,9% más que en 2023, un 20,6% más que en 2019. Solo encontramos una cifra superior en las últimas décadas en 2008, con 35,7 millones, pero la cifra, la de 2024, tiene truco, como se verá más adelante.
Con estos datos, 2024 se consolida como el año de la recuperación para el sector tras lo vivido en 2019: hubo más conciertos (+32,3% sobre 2019) y más asistentes (+20,6% sobre 2019). Pero, ¿son ambas magnitudes suficientes para explicar un aumento de la recaudación de +77,1% con respecto a aquel año?
“También hay que decir que las entradas han subido, pero no es solo eso, sino que viene todo un poquito enlazado”, introduce Samuel Pacheco, que forma parte de la asociación Industrias Portugal, organizadora del festival Torrelavega SoundCity, que se celebra en agosto coincidiendo con las fiestas grandes de la localidad y cuenta con una subvención del ayuntamiento de 100.000 euros. Para Pacheco, el punto de partida para el buen momento que vive la música en directo fue el aumento explosivo de la demanda de conciertos que se vivió tras la pandemia, especialmente entre 2021 y 2022. La gente acudió con tantas ganas a ver música en directo que los aforos se quedaron cortos.
“Las bandas pequeñas que antes podías ver en la sala Sol o en Copérnico [ambas en Madrid, con aforos de 640 y 800 personas, respectivamente], ahora van a La Riviera [con capacidad para 1.800 personas en su sala principal], y las que antes hacían La Riviera ahora van al Wizink [ahora Movistar Arena, con aforo entre las 3.600 y las 17.450 personas]. Pero es que las que ya hacían el Wizink, ahora hacen dos o tres días de Wizink y te organizan gira a un año o dos vista”, explica Pacheco en referencia a la gira de Dani Martín, cuyas entradas para 2026 pudieron comprarse en noviembre de 2024.
Aumentan los aforos, suben los cachés
Actuar para más gente y llenar salas cada vez más grandes supuso que las bandas inflaran sus cachés hasta cifras insospechadas incluso antes de la pandemia, cuadruplicando e incluso quintuplicando sus tarifas, apunta Pacheco. Con estos números, la capacidad de recaudación de las salas medianas y grandes resultó cada vez más insuficiente para afrontar el caché de los artistas: ni con ‘todo vendido’ era posible recaudar el dinero necesario para asumir determinados conciertos. La consecuencia fue doble. Por un lado, los artistas multiplicaron los aforos de las salas repitiendo concierto varios días seguidos en la misma ubicación. Por otro, los grupos populares o en la rampa para serlo se dejaron querer por los grandes festivales, capaces de pagar cachés elevados.
“Los festivales han cambiado el negocio”, explica Pacheco. “Se pagan mucho mejor [que las salas], porque tienes mucha más asistencia de gente, y la banda no cobra igual si actúa para 2.000 personas que para 6.000. Así que hay bandas quepueden seguir haciendo el circuito de salas en invierno y tocar en algún festival en verano. Pero también hay otras que entran en una dinámica de hacer 10 festivales entre abril y septiembre, que están muy bien pagados, y no les merece la pena económicamente desgastarse en salas”.
Para Javier Palacios, responsable de El Silencio Music, empresa detrás de Escenario Santander o el festival Estéreo Live, de Camargo, los festivales suponen un incentivo para las bandas, pero también tienen sus desventajas: “Un grupo nacional no te va a cerrar un circuito de salas si ve que puede actuar en siete festivales a 30.000 euros al día, que va a tocar 65 minutos, con la escenografía justa y sin tener que llevar la furgoneta porque está todo montado. Sacrifican cosas de su gira, como tocar para su público, porque el de los festivales es el que es y te hacen poco caso. Pero a cambio consiguen una rentabilidad económica muy alta”. Y lo mismo pasa con los grupos internacionales que, explica, “hacen cinco fechas en toda Europa, muchas veces con compromisos de exclusividad con los festivales que les impiden hacer giras, y se llevan 40.000 euros limpios por día en vez de los 25.000 o 30.000 que se llevarían en eventos más pequeños dentro de sus giras”.

Javier Palacios, responsable de El Silencio Music, empresa detrás de Escenario Santander y varios festivales en la región. Foto: Nacho Cubero.
Los festivales tiran del sector
Cuántos festivales se celebran al año en España es una pregunta que nadie responde. Son entre 800 y 900. Lo que sí es posible encontrar, paradójicamente, es la cifra aproximada de sus asistentes, dato que ofrece la SGAE para lo que denominan ‘macrofestivales’, que son eventos con una duración mínima de 12 horas y, por lo menos, 10.000 asistentes por jornada (bajo este criterio, la SGAE deja sin contabilizar como festivales un buen número de eventos locales, como es el caso del Torrelavega SoundCity, con unos 6.000 asistentes por día).
En 2024 asistieron a este tipo de eventos más de 8 millones de personas, un 22,8% más que en 2023 y un 23% más que en 2019. Al comparar las cifras de público en festivales con las de todos los eventos musicales, desde 2016 se puede observar que siempre han rondado en torno al 20%: dos de cada 10 personas que asisten a un evento en directo van a un festival. Tiempo atrás este porcentaje era más reducido: en 2015 fue del 17,6%, en 2008, del 5,2%.
En cuanto a la recaudación en 2024, los macrofestivales supusieron por sí solos 398,4 millones de euros, un 30,9% más que en 2023 y con respecto a 2019, un muy reseñable aumento del 86,6%. Si se analiza qué parte del total de recaudación corresponde solo a los festivales, la cifra es concluyente: el 55,4%. Récord absoluto de toda la serie que permite comparaciones interanuales, esto es, 2008. Desde que hay datos, hubo que esperar casi una década hasta encontrar un equilibrio tan igualado entre el peso de festivales y el del resto de eventos musicales: 2017, con el 52,8%. Antes de esa fecha, el reparto siempre dejaba por debajo a los festivales en favor del resto de eventos musicales: 36% en 2014, 19,9% en 2011, 20,4% en 2008. (Aquí se explica el truco que se mencionaba antes al hablar del récord de asistentes de 2024: si se excluyen los 8 millones de personas que acudieron a los macrofestivales ese año, esas cifras quedarían por debajo de todas las registradas entre el periodo 2008-2011, cuando rebasaban fácilmente los 25 e incluso los 30 millones de asistentes). Al combinar esas cifras inéditas de asistencia a festivales con el precio para acceder a estos eventos (100 euros por día, entre 200 y 400 euros por abono), se explica, en parte, la recaudación récord de 2024.
Las entradas para ver a Bruce Springsteen en Anoeta, en junio de 2025, oscilaban entre los 88 euros en pista y lejos del escenario y los 445 euros del palco VIP
Otra vía de ingresos que ha contribuido a esos números son los extras que añaden un sobreprecio a la entrada a cambio de mejoras. Son los pases VIP que dan acceso a palcos con catering o a zonas de pista más cercanas al escenario, o que permiten entrar antes al recinto. Las entradas VIP y la división de zonas de visionado del concierto con distintos precios (zonificación) empiezan a ser comunes en los grandes festivales, pero hay un tipo de evento donde son particularmente habituales: los conciertos-acontecimiento, aquellos que se celebran en estadios y sitúan sobre el escenario a grandes artistas internacionales. Por ejemplo, a Bruce Springsteen, que visitó España en dos citas en Anoeta en junio de 2025, cuyas entradas se pusieron a la venta en octubre de 2024 y se agotaron en minutos. Para acceder a pista se pagaron 88 euros en la parte trasera y 140 euros en la delantera. Un palco VIP, con asiento reservado y catering de bebidas y comidas, se pagaba entre 268 y 300 euros. Y aún podía mejorarse con la opción ‘Hospitality’, que ofrecía un asiento todavía mejor situado y el acceso a una sala exclusiva. Todo ello por 445 euros, es decir, más de cuatro veces el precio de la entrada básica.
A estas vías de ingreso hay que sumar otro fenómeno reciente: los precios dinámicos de las entradas. Cuanta más gente intenta comprar una entrada a través de la web de la tiquetera, más se infla su precio. El resultado es que, de nuevo con Springsteen, las entradas de pista en los primeros momentos de venta llegaron a superar los 400 euros.
Javier Palacios, de El Silencio Music, reconoce que estas fórmulas son necesarias porque el precio de la entrada básica no es suficiente para pagar el caché de estos artistas. Pero también aclara que los festivales y los conciertos-acontecimiento de 100 euros la entrada poco tienen que ver con el día a día de las salas en nuestro país. La suya, Escenario Santander, que gestiona como concesión del ayuntamiento, tiene un aforo para 976 personas, y una asistencia media de unas 600 –“antes eran 400 y pico”–. Programa unas 140 actuaciones al año, de las cuales un tercio provocan pérdidas. “Funcionamos con el 70% restante, que aguanta el golpe y con 10-12 llenos de gente que vemos que va a funcionar. Es verdad que ahora hay más público, pero, vamos, si quitas a Rosalía, a Bad Bunny, a Oasis cuando anuncien su gira, si quitas a Coldplay… hay entradas para comprar. Las salas están parecidas, de vacías, y hoy hay tantas entradas para comprar como antes. ¿Boom de la música en vivo? No hay ningún boom”.





