La crisis energética provocada por la invasión de Ucrania y las necesidades de reducir la dependencia del exterior han vuelto a situar a la nuclear en el centro del debate y, por primera vez en mucho tiempo, liberada de buena parte de las percepciones negativas que suelen acompañarla. El anuncio de los planes para construir nuevas centrales, buena parte de ellas en la vecina Francia, supone poner sobre la mesa una ingente inversión a desarrollar a lo largo de más de una década, lo que supondrá poner en el mercado contratos para una industria auxiliar que cuenta con notable representación en Cantabria y, en gran parte de esos proveedores, con la experiencia que aportan los años de trabajo para Equipos Nucleares. A la carga de trabajo relacionada con la puesta en marcha de nuevas centrales hay que unir la que supone el mantenimiento de las existentes y el desmantelamiento de las que agotan su vida útil, tareas todas ellas con un enorme potencial para generar actividad industrial de alto valor añadido.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Diciembre 2022

Ignacio Araluce, presidente del Foro Nuclear, hizo explícita la idea durante su intervención en un curso de la UIMP el pasado agosto: por primera vez en muchos años se contemplan los aspectos positivos de la energía producido por la fisión del átomo. La fiabilidad en el suministro, las pocas fluctuaciones en el precio o la estabilidad en el suministro del combustible, explicaba en su intervención, ganan peso en un debate que, admitía, había venido poniendo el foco en los aspectos más controvertidos. En ningún otro ámbito económico la percepción social tiene la importancia estratégica que alcanza en el sector nuclear, refractario como pocos a los vaivenes políticos y obligado a contemplar plazos muy largos para amortizar las cuantiosas inversiones que implica la puesta en marcha de cualquier proyecto.  De hecho, ese marco más o menos intangible al que hacían referencia las palabras del presidente del Foro Nuclear español tenía ya el refrendo de iniciativas concretas que permiten hablar del recuperado protagonismo que el sector está teniendo dentro de las políticas energéticas globales, con Francia de nuevo como principal impulsor dentro de la Unión Europea. Por más que nada de lo anterior haya tenido repercusión alguna en el ámbito más cercano, en el que nada indica que vaya a ponerse en cuestión el actual programa de cierre de centrales, las inversiones anunciadas, e incluso el desmantelamiento de las centrales que dejen de funcionar, cotiza en el campo de las oportunidades para una industria auxiliar que cuenta en Cantabria con una nutrida representación, y que podría tener ahí una de los motores para la reindustrialización que dibujan los planes con los que Europa quiere hacer frente a la crisis pandémica y a la provocada después por la invasión rusa de Ucrania.

Operarios de la empresa cántabra Enwesa en tareas de mantenimiento en la central de Trillo

En Cantabria tiene su sede el único clúster que agrupa en España a empresas con una actividad que, en mayor o menor medida, se  vincula directamente con el sector nuclear. Creado en torno a Equipos Nucleares SA, empresa pública situada en los escalones más altos de la pirámide de proveedores del sector, el Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria (CINC) cuenta con una veintena de miembros que suman unos 200 millones de euros de facturación anual conjunta y dan trabajo a unas 1.500 personas. El perfil de los socios, que es también una muestra del catálogo de productos y servicios que demanda el sector, incluye fabricantes de equipos y componentes, centros tecnológicos y proveedores de servicios, además de la Universidad de Cantabria e incluso al operador de una instalación nuclear, la empresa Nuclenor, propietaria de la central de Santa María de Garoña. “Tenemos un perfil de industrias muy heterogéneo y altamente complementario y cooperativo. Entre nuestros socios contamos con grandes empresas, pymes y micropymes, todas asentadas en Cantabria”, resume María Vega, presidenta del clúster cántabro, que destaca varios puntos en común en todas ellas: “Cuentan con una gran capacidad de actuación, un importante valor añadido tecnológico y mucho potencial competitivo en el mercado nuclear”.

En su repaso a los proveedores cántabros del sector nuclear, la presidenta del CINC hace hincapié en el nivel de conocimiento y experiencia de las empresas del clúster. En ambas circunstancias –la competencia técnica y la referencia de los trabajos ya realizados– resulta decisiva la aportación de Ensa, no solo como impulsora de un parque de proveedores notable en número y capacidad de respuesta, sino por su posición dentro del mercado nuclear global. La empresa pública es proveedora directa de las ingenierías que construyen las centrales nucleares, incluso se sitúa algo más arriba en el escalafón en algunos proyectos que puede desarrollar con ingeniería propia. La fábrica de Maliaño, de hecho, pertenece a un club muy exclusivo, con no más de ocho plantas en todo el mundo con capacidad para competir con ella por los contratos que genera el mantenimiento y la construcción de centrales, solo otras dos de ellas en

María Vega, presidenta del Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria (CINC)

Europa. Esa posición ha hecho que la empresa participe en proyectos nucleares prácticamente desde los años en los que esta tecnología comenzó a desarrollarse, lo que a su vez ha dado lugar a que un número significativo de proveedores –muchos de ellos cántabros– haya acumulado una experiencia similar en ese tiempo. “El tejido industrial cántabro participa activamente en proyectos muy importantes”, recalca María Vega, que destaca la relevancia de algunos de estos contratos: “Abarcan desde nuestra presencia en las actuales plantas de producción (centrales nucleares de fisión) hasta actuaciones en las grandes instalaciones científicas de estudio de la fusión como ITER en Francia, fuentes de espaliacion, aplicaciones sanitarias en materia radiológica o aquellas destinadas al estudio de materiales especiales”.

Es desde esa posición desde la que la industria cántabra puede afrontar las oportunidades derivadas del renovado interés que lo nuclear despierta en las políticas energéticas, tanto dentro como fuera de Europa. Primero la crisis sanitaria y después ­–y sobre todo– la guerra de Ucrania han llevado a que vuelva a contemplarse esta energía como principal respaldo a las renovables, evitando así la dependencia de los combustibles fósiles importados desde fuera de la UE –con las implicaciones geopolíticas y el efecto sobre los precios que eso supone–, y cuyo uso implica además un nivel de emisiones de carbono incompatible con la lucha contra el cambio climático. “Nos encontramos en un momento singular con grandes perspectivas de interesantes oportunidades de negocio”, admite la presidenta del CINC.

Oportunidades

Con más rotundidad, si cabe, se expresa Fabien Berrier, un ingeniero francés asentado hace años en Cantabria, donde ha trabajado en proyectos vinculados con lo nuclear en empresas como Newtesol o la propia Ensa. En 2019 fundó Fabe Business Development, una consultora con sede en Torrelavega que trabaja captando proyectos de las ingenierías que trabajan para el sector nuclear en Francia, con el objetivo de encontrar empresas españolas que participen en su fabricación. “El volumen de proyectos que van a salir al mercado en los próximos años va a saturar la capacidad de fabricación que existe hoy en día, y la industria española, y la cántabra en participar, está magníficamente posicionada para aprovechar las oportunidades que van a generarse”, asegura. A Fabien Berrier le basta remitirse al programa nuclear francés para esbozar, en cifras, las dimensiones del desafío: el país vecino ha anunciado la construcción de seis nuevos reactores de última generación de aquí a 2035, lo que por sí solo podría movilizar una inversión de entre 24.000 y 30.000 millones de euros. Pero el programa anunciado por el presidente Macron no

Fabien Berrier, director de Fabe Business Development, una consultora con sede en Torrelavega que trabaja captando proyectos de las ingenierías que trabajan para el sector nuclear en Francia, con el objetivo de encontrar empresas españolas que participen en su fabricación.

descarta que el número de nuevas centrales se amplíe hasta las 14, lo que multiplicaría la inversión en una proporción equivalente. A esto habría que añadir los proyectos que generará la ya anunciada prolongación de la vida útil de los reactores existentes –los 56 franceses, pero también los tres belgas y probablemente los tres alemanas– que implicará igualmente inversiones de una cuantía sin parangón en cualquier otra industria, y todo ello sin salir de la UE: “Va a producirse un cuello de botella, porque a la construcción de nuevas centrales se une el final de la vida útil de las existentes, que comenzaron a funcionar en los años setenta y ochenta y cuyo cierre quiere ahora evitarse invirtiendo en su actualización”. La carga de trabajo que va a suponer todo esto, destaca el ingeniero francés, es enorme: “De hecho ya hay ingenierías que están reservando capacidades en los proveedores para poder hacerle frente”.

Ante ese previsible ‘shock’ de oferta, y la subida de precios que puede esperarse, la industria cántabra de proveedores se encontraría especialmente bien posicionada, y no solo por la proximidad geográfica con Francia. Por un lado, está la trayectoria vinculada a Ensa y a la labor del CINC, entre cuyos objetivos, destaca su presidenta, está la identificación de las fortalezas de las empresas asociadas y promover la agrupación y cooperación del tejido industrial para desarrollar y poner a disposición del cliente la solución al reto o necesidad que plantee. Pero es que además, destaca por su parte Fabien Berrier, la industria española tiene hoy unos mejores argumentos competitivos que la francesa, y también una mayor capacidad de producción. Un fenómeno este que, explica el director de Fabe Business Development, se debe a la confluencia de elementos vinculados con la coyuntura internacional con otros de naturaleza puramente biológica: “El accidente nuclear de Fukushima

Andrés García Fuentes, director técnico comercial de Santander Global Metal, agrupación de interés económico de la que forman parte seis empresas metalúrgicas cántabras.

coincidió con el relevo generacional en las industrias que habían participado en el desarrollo del programa nuclear de los setenta y ochenta. Esto, unido a las dudas que se plantearon sobre el futuro de la energía nuclear, hizo que estas empresas reorientaran su actividad hacia otros sectores”, relata Berrier, que destaca que con ello se perdió volumen de producción y parte del nivel de especialización que precisa un sector como este: “Ha habido categorías de producto para las que ha quedado prácticamente solo un par de proveedores, como en puertas blindadas o en la fabricación de puentes grúa específicos para nucleares. Pero el problema es generalizado e implica que los precios se hayan disparado y que se hayan alargado también los plazos de respuesta”. En paralelo a esa pérdida de competitividad del parque de proveedores del país vecino, en España seguía existiendo un sector industrial con experiencia en el sector o con capacidad para adaptarse a los requerimientos del sector, y ello con una flexibilidad mucho mayor que la que existe en el país vecino y con un coste que Berrier calcula que es un 30 por ciento inferior: “Todo esto hace que para las ingenierías que construyen las centrales en Francia sea muy interesante contar con proveedores españoles”, señala.

El catálogo de productos susceptibles de ser objeto de demanda por parte del sector nuclear está siempre conformado por series pequeñas, de imposible automatización y con elevados requerimientos técnicos, características que lo ponen relativamente a salvo de la competencia asiática y hacen particularmente interesante la ventaja competitiva que aportan los menores costes laborales españoles. A ello hay que unir, en el caso de Cantabria, la existencia de un potente sector metalúrgico y una sólida tradición industrial, incluso fuera de la nómina de proveedores de Ensa: “Tenemos la falsa percepción de que vivimos del turismo, cuando la industria aporta mucho más al PIB de Cantabria, y también más de lo que aporta la industria al conjunto del PIB español. Somos una región industrial, aunque a veces lo olvidemos”, recalca Fabien Berrier, que considera que en la región hay empresas con capacidad para optar directamente a los proyectos de las ingenierías nucleares francesas.

Secador primario para un generador de vapor de una central nuclear, en las instalaciones de la empresa cántabra Newtesol.

Santander Global Metal (SGM) es una agrupación de interés económico (AIE) que reúne a seis empresas metalúrgicas cántabras que trabajan habitualmente para los sectores de energía, industria, construcción y transporte, en proyectos complejos que integran ingeniería, construcción mecánica, soldadura especializada y montajes industriales. En el ámbito energético, su principal campo de actuación está hoy en el área de las renovables o el ‘oil &gas’, pero lo nuclear es un área de negocio con capacidad para tener un peso creciente en su cartera, dado el perfil de sus componentes. “SGM está en condiciones de brindar una amplia variedad de servicios, que abarcan los distintos procesos requeridos por el sector nuclear: ingeniería, acopio de materiales, mecanizados de precisión de grandes dimensiones, construcción mecánica, procesos especializados de soldadura y recargue, calderería mecanizada, recubrimientos electrolíticos y fabricación y montaje de tuberías”, repasa Andrés García Fuentes, director técnico comercial de esta AIE, cuya facturación vinculada al sector nuclear se mueve hoy en el entorno del 3,5% del total.

Por encima de lo que cuantitativamente pueda aportar hoy el trabajo para este sector, la oportunidad que puede suponer la reactivación de lo nuclear en el mundo, y particularmente lo que pueden suponer los planes franceses, abre un abanico de opciones que García Fuentes considera especialmente ajustadas a lo que oferta SGM: “El objetivo de internacionalización del grupo se alinea con la participación en proyectos de valor agregado desarrollados en Europa, con Francia entre los primeros destinos de interés para SGM, por lo que el beneficio puede ser notable si efectivamente se consolida la construcción de los nuevos reactores anunciados”.

Fortalezas y debilidades

En línea con lo expresado por María Vega y Fabien Berrier, Andrés García Fuentes destaca que las principales fortalezas de la industria cántabra para optar a proyectos dentro de este sector tienen que ver con la experiencia acumulada en trabajos previos: “Estar familiarizados con los estándares y altos requerimientos del sector nuclear representa una gran ventaja, en cuanto a los puntos de mejora, la exigencia de plazos ajustados podría originar solape con el resto de actividades y proyectos en marcha para otros sectores, que deben ser preidentificados para evitar dilaciones”, advierte.

Con todo, y por encima de cualquier otra circunstancia, la principal debilidad con la que lidian las industrias cántabras que operan en el ámbito nuclear tiene que ver con la escasez de trabajadores en los oficios más demandados, sobre todo soldadores y caldereros. Un problema común a todo el sector secundario cántabro pero que se agrava en el caso nuclear debido a sus especiales circunstancias: “Hay que asumir que tradicionalmente, y por cuestiones de imagen, no ha sido un sector especialmente atractivo”, admite Fabien Berrier, que en todo caso concede a esa circunstancia una importancia menor dentro del problema, al que otorga una dimensión de más calado, y también de resolución más complicada: “Hoy los jóvenes ni siquiera conocen lo que es un soldador o un calderero, y sobre todo no saben las posibilidades de desarrollo profesional que hay en esos trabajos”, asegura. Con ello, señala, se reduce el número de estudiantes que optan por cursar formación profesional en estas especialidades lo que, unido a lo que considera una mala adecuación de la oferta formativa a lo que demandan las empresas, plantea un enredo de muy complicado desenlace.

“La captación y retención del talento actualmente es un serio problema para el crecimiento de la industria cántabra en un sector como el nuestro”, confirma por su parte María Vega, que apunta algunas líneas de trabajo puestas en marcha por el clúster que preside para intentar paliarlo: “Desde cambiar la perspectiva de oportunidades del sector y hacerlo atractivo a los más jó́venes, hasta promover las oportunidades laborales una vez terminada su formación, ya sea técnica profesional o superior universitaria, pasando por lograr una mayor aportación empresarial en los planes de estudios”.

Trabajadores de Ensa posan ante la tapa de vasija de un reactor fabricado en la planta de Maliaño, con destino a una central estadounidense, en junio de 2019.

Fabien Berrier lamenta que ya hoy las empresas pierden oportunidades de crecimiento debido a las dificultades para acceder a la mano de obra necesaria –«prácticamente todas las empresas con las que hablo me dicen que podrían doblar o triplicar su actividad si contasen con trabajadores para ello”, dice–  pero sobre todo teme los efectos que esto va a tener de aquí a unos pocos años. Como en el caso de la pérdida de tejido industrial en Francia debido al relevo generacional, de nuevo se remite a la referencia del país vecino para adelantar el escenario al que se enfrentará España en un futuro próximo: “Allí el problema va por delante, porque los profesionales de esos gremios ya se han jubilado. En España va a pasar lo mismo, pero todavía estaríamos a tiempo de prepararnos para ello, aunque ya vamos muy justos”, advierte.

Que un soldador alcance la competencia y destrezas que requiere el sector nuclear, explica el director de Fabe Business Development, requiere de no menos de dos años una vez completados sus estudios, y de cinco o seis para alcanzar la excelencia. A partir de ahí, asegura, al trabajador se le abrirían una perspectivas de enorme atractivo, tanto por los retos profesionales que podría afrontar como por la remuneración que se paga en el sector. Dar a conocer esta realidad a los alumnos que deben decidir hacia dónde orientar sus estudios sería una de las líneas de actuación para afrontar la escasez de trabajadores actual y la que se espera a medio y largo plazo. Otra sería actuar sobre la oferta formativa, algo que –teme Fabien Berrier– difícilmente tendrá efectos el corto espacio de tiempo con que se cuenta, teniendo en cuenta los plazos con los que se maneja la administración.  “Si la formación reglada no da una respuesta, la solución podría ser que las propias empresas pusieran en marcha planes formativos a medida. En este sector las certificaciones son más importantes que los títulos, y ahí la iniciativa privada puede poner en marcha iniciativas con resultados rápidos y a la medida de lo que necesita el sector”, concluye el ingeniero francés.