Orulisa, Brezomiel, Anchoas Catalina y Casa Ibáñez sumaron para Cantabria 8 de las 41 estrellas que España cosechó en los ‘Great Taste Awards’, certamen considerado como los Óscar de alimentación. Y lo hicieron con productos típicos de la gastronomía regional, algunos de los cuales darán el salto a otros países aprovechando el galardón logrado.

Texto de Jesús García-Bermejo @chusgbh

La aceptación de los productos típicos de la gastronomía cántabra en el mercado nacional está fuera de toda duda. De hecho, resulta hasta habitual encontrar anchoas de Santoña, orujo de Potes o sobaos pasiegos en cualquier punto de la geografía nacional, ya sea en grandes superficies, tiendas gourmet o en la hostelería y la restauración. Una vez superadas las limitaciones propias de toda pequeña empresa para extender su radio de acción, lo que incluye la perecidad del producto, las dificultades para conformar una completa red de distribución o incluso el incremento en el volumen de producción para nutrir los distintos puntos de venta, estos productos han contado con el indiscutible respaldo del público. Y basta con echar un vistazo a las cifras de las firmas que encajan en este esquema para comprobar cómo Cantabria tiene cada vez menos peso en sus cuentas de resultados.

Bien distinta es la tendencia si hablamos del mercado exterior. Salvo casos puntuales, las compañías que elaboran alimentos regionales no se han atrevido a dar el salto a otros países, y mucho menos a otros continentes, aunque las pocas experiencias que han tenido lugar hasta la fecha demuestran que la comida y bebida de la comunidad autónoma cuenta con la aprobación de paladares de todos los puntos del planeta. Sin ir más lejos, recientemente, las firmas Orulisa, Brezomiel, Anchoas Catalina y Casa Ibáñez han visto cómo varios de los productos más típicos de nuestra gastronomía eran reconocidos con distintos galardones en el certamen internacional Great Taste Awards 2015, considerado como los Óscar del mundo de la alimentación.

Referencia internacional

Concretamente, Orulisa –Orujo de Liébana SA– presentó a la prueba su licor de orujo y té, que obtuvo una valoración de dos estrellas, así como un licor de orujo con miel al que se le concedió una estrella. Además, las anchoas premium de Conservas Catalina lograron dos estrellas, mientras que el bonito del norte de la firma, la quesada pasiega de Casa Ibáñez y la miel de mil flores con eucalipto de Brezomiel consiguieron otra estrella.

En total, Cantabria sumó 8 de las 41 estrellas que fueron a parar a empresas españolas, lo que deja en muy buen lugar los productos de estas compañías y las posibilidades de comercializarlos en mercados internacionales, no en vano, los Great Taste Awards son considerados la evaluación independiente más rigurosa de comida y bebida de cuantas se celebran en el planeta.

Ana Fernández, copropietaria con Orlando Gómez del obrador Casa Ibáñez.

Estos premios, concedidos anualmente por la asociación británica ‘The Guid of Fine Food’, se basan en una selección que se realiza durante varios meses sobre un total de 10.000 productos, cupo máximo de la competición. En este periodo, cerca de 450 jueces procedentes de distintos países y diversos ámbitos del mundo gastronómico deben clasificar los alimentos participantes puntuándolos con tres, dos, una o ninguna estrella, para lo que se realizan catas a ciegas en las que se tienen en cuenta aspectos como la textura, el sabor o la calidad. Así, si alguna de las comidas o bebidas es destacada por al menos tres de los diferentes jurados, logra una estrella, y la calificación obtenida queda reflejada en un distintivo que, durante sus tres años de validez, las firmas pueden incorporar al empaquetado del producto premiado.

Pero este sello carecería de valor alguno si no fuese por la excelente consideración de los ‘Great Taste Awards’ a nivel mundial. Al contrario que en otros certámenes de este tipo, en los que los precios de inscripción alcanzan cifras astronómicas, optar a las estrellas británicas tiene un coste de solo 45 libras por alimento presentado, lo que, unido a la cata ciega, deja fuera de lugar cualquier especulación acerca de la rigurosidad del concurso. Del mismo modo, el certificado, el diploma y, sobre todo, la valoración organoléptica que se le entrega a cada participante con los aspectos positivos y negativos de la comida o bebida aportan un valor añadido al empresario, quien obtiene, siempre desde el punto de vista del público británico, una evaluación objetiva que puede arrojar algo de luz sobre la aceptación de sus productos a escala internacional.

No es de extrañar, por tanto, que Conservas Catalina decidiese repetir participación después de que sus anchoas premium lograsen dos estrellas en la edición de 2014, y que lo hiciese, no solo con las propias anchoas, sino también con el bonito. “Ya estamos valorando qué presentamos en 2016. Puede que sea buen momento para testar nuestros boquerones, o tal vez los mejillones”, comenta Adolfo Belaustegui Suárez, gerente de la firma.

Adolfo Belaustegui, gerente de Conservas Catalina.

Y es que, según él mismo asegura, estos reconocimientos y otros, como los premios a la mejor anchoa cosechados en la Cata de la Anchoa 2014 y 2015, que organiza anualmente la Cofradía de la Anchoa en Santoña, han contribuido a que el interés internacional por los productos de la conservera se haya incrementado entre un 60 y un 70% en los últimos dos ejercicios, lo que ha tenido su reflejo en las ventas, las cuales crecieron cerca de un 40% en el mismo periodo. “Además de comercializar en toda España, desde hace años exportamos anchoas a Australia, Kuwait, Francia e Italia, y estas distinciones nos han permitido aumentar clientes en dichas zonas. Es más, hemos recibido felicitaciones de varios de nuestros distribuidores, y no descartamos abrirnos a otros concursos que, como este, tengan repercusión en distintas partes del mundo”, afirma.

Una miel única

También Casa Ibáñez repetía participación en el certamen británico, aunque, en el caso de la firma dirigida por Orlando Gómez Caldevilla, tras lograr una estrella con el sobao pasiego en 2014, este año era el turno para la quesada de la firma. Y en lo que respecta al otro producto con el que el obrador cuenta en el mercado nacional, las galletas de mantequilla, deberán esperar a la edición de 2016. “Nos parece muy interesante conocer la opinión de jueces gastronómicos internacionales acerca de los puntos fuertes y débiles de nuestra oferta, no porque estemos pensando en dar el salto al extranjero, algo muy complejo dada la perecidad de este tipo de alimentos, sino porque también en España se valoran mucho estos  premios”, considera.

De hecho, el gerente de la compañía ya sabe lo que es ver incrementadas las ventas tras obtener una distinción, algo que en este 2015 puede lograr en mayor medida, dados los resultados cosechados por Casa Ibáñez en los Superior Taste Awards, concurso que tiene lugar en Bruselas, cuya inscripción asciende a 1.000 euros y al que concurren, no solo pequeños productores, como sucede en el celebrado en el Reino Unido, sino grandes multinacionales. “Nuestro sobao pasiego obtuvo una valoración de tres estrellas, la máxima posible, lo que equivale a un sabor excepcional”, recuerda.

Monte Santos, propietaria de Brezomiel.

Brezomiel, por su parte, suma tres ediciones participando en los Great Taste Awards, aunque, sin lugar a dudas, fue en la de 2014 en la que dejó el pabellón más alto. En esa ocasión, la miel ecológica de mil flores de la pequeña firma cántabra recibía dos estrellas, pero la de brezo tocaba el cielo logrando las cotizadas tres estrellas, una calificación que solo reciben 125 alimentos de los 10.000 presentados cada año.

Estos afortunados compiten en una segunda cata y optan a estar entre los 50 mejores productos del certamen, salvo unos pocos elegidos que concurren a una competición paralela por el Tenedor de Oro o Golden Fork, el mejor producto del año. Pues bien, la variedad de brezo que elabora la modesta Brezomiel –apenas factura 40.000 euros anuales–, a punto estuvo de lograr esta distinción, lo que, sumado a las medallas de oro y plata conseguidas por la propia miel de brezo y la de mil flores, respectivamente, en Biolmiel, el concurso más importante del sector a nivel mundial, deja a las claras que la miel llevada a cabo en Mirones se encuentra entre las mejores del planeta. “Buscaba un reconocimiento al producto que hago, y, aunque estaba convencida de su calidad, los resultados me sorprendieron incluso a mí –expone Montse Santos Leiva, gerente de Brezomiel–. No busco dar el salto a otros mercados ni aumentar ventas, porque, a día de hoy, ya doy salida a toda mi producción. Al ser miel ecológica estoy muy limitada, y son los factores medioambientales los que determinan si el ejercicio va a ser bueno o malo. De hecho, he recibido propuestas de multinacionales y de grandes superficies del país, y he tenido que rechazarlas, pues no puedo moverme en esos volúmenes de producción. Mi apuesta es por la calidad, y no por la cantidad, y con mi actual estructura crecer es inviable. Esto es una afición convertida en empresa; no busco hacerme rica”.

Testando respuestas

Bien distinto es el caso de Orulisa. La firma, que ya había logrado colarse en la Guía Peñín de destilados 2015 con valoraciones por encima de los 90 puntos para todas sus referencias, se presentaba en 2015 por primera vez a los Great Taste Awards, y lo hacía con su licor de orujo y té, que obtenía dos estrellas, y con el licor de orujo con miel, que lograba una. No en vano, la orujera dirigida por Isabel García Gómez ha comenzado a exportar algunos de sus productos este mismo año, y el certamen británico era una oportunidad perfecta para testar la respuesta del público europeo, además de una ocasión idónea para ganar prestigio a nivel internacional. “Aunque llevamos más de 20 años vendiendo aguardiente de orujo en Japón, país en el que este tipo de bebida de alta graduación alcohólica encaja muy bien, el resto de nuestras operaciones se han centrado hasta la fecha en el territorio nacional, en donde contamos con presencia en tiendas de alimentación, establecimientos ‘gourmet’, grandes superficies, cadenas de supermercados, hostelería y restauración –afirma la gerente de la compañía–. Ahora queremos dar el salto al mercado continental, comenzando con nuestros licores y el aguardiente de orujo en Alemania, Austria y Países Bajos, y siempre a través de comercios especializados. A partir de ahí, la idea es ir extendiendo tanto el alcance como el número de referencias, y el objetivo es asentar nuestra red de distribución en estos y otros puntos a lo largo del próximo año”.

Isabel García Gómez, gerente de Orulisa.

Con una producción anual de unas 50.000 botellas y la crisis ya superada, no sin dificultades –entre 2008 y 2014 las ventas de la firma cayeron entre un 30 y un 40%–, Orulisa ha recuperado en este 2015 la senda del crecimiento, una tendencia que la orujera, que a día de hoy continúa elaborando su aguardiente con las tradicionales alquitaras, espera mantener e incluso mejorar con su apuesta por el mercado exterior. De hecho, según asegura la propia gerente, la empresa tiene lista una nueva marca bajo la que comercializará distintos licores –café, té, fresa, limón, etc– elaborados a partir de aguardiente de orujo ecológico: Justina de Liébana. “El nombre es en honor a mi abuela, y el proyecto es un desafío personal que, ya desde su concepción, estuvo pensado para coctelería y exportación. Hemos comenzado con él este mismo 2015 y estamos a punto de darlo a conocer. Es más, es probable que el año que viene nos presentemos a los ‘Great Taste Awards’ con alguno de los nuevos licores”.

Y es que, con 24 alquitaras en sus instalaciones, la compañía cuenta con sobrada capacidad para incluso duplicar su producción actual y nutrir así las nuevas referencias y destinos. “Estamos deseando crecer, y si no lo hemos hecho antes ha sido por las propias limitaciones del mercado nacional. Ahora iniciamos un nuevo y apasionante reto”.