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Radarmetrics se asoma al planeta desde Cantabria

Fundada en 2020 por un ingeniero con una larga trayectoria profesional en el especializadísimo nicho de los radares de apertura sintética (SAR), Radarmetrics trabaja en el desarrollo de instrumentos basados en esa tecnología pero de dimensiones mucho más pequeñas que los que ahora se utilizan, y con un coste también muy inferior. La empresa cuenta con siete personas en plantilla y trabaja en el que hasta ahora es su mayor contrato: el diseño y fabricación de un instrumento para medir en Groenlandia la incidencia del deshielo sobre la circulación oceánica.

José Ramón Esquiaga | Abril 2026

No es sencillo explicar qué son los radares de apertura sintética (SAR, por sus siglas en inglés), una tecnología basada en principios idénticos a los que emplean los dispositivos destinados a detectar objetos o medir velocidades, pero con aplicaciones muy distintas a las que habitualmente asociamos al concepto más tradicional de radar. Tampoco encaja bien con las ideas preconcebidas el que sea precisamente con esas herramientas con las que opera una pequeña empresa cántabra que, en su todavía corta trayectoria, ha trabajado ya para clientes de la mayor relevancia, haciéndolo además con desarrollos disruptivos en los que coinciden las elevadas expectativas de negocio con un no menor riesgo de fracaso. O que entre sus proyectos esté construir un instrumento basado en esa tecnología, y enviarlo después a la estratosfera para ponerlo a prueba.

Todas ellas son, sin embargo, características que definen a Radarmetrics, una empresa creada en 2020 por un ingeniero llegado de Airbus que, en los pocos años pasados desde entonces, ha dado forma a una oferta que combina la consultoría con la realización de proyectos de I+D+i financiados por convocatorias de ayudas públicas, al tiempo que realizaba trabajos para terceros y va dando los pasos necesarios para el diseño de una línea de producto estandarizado, con la que facilitar el acceso a unos instrumentos que hoy quedan fuera del alcance de cualquier empresa o institución que no maneje elevadísimos presupuestos.

Los radares de apertura sintética –un nicho, como lo define José Márquez, fundador de Radarmetrics, para describir lo especializado del producto– hacen posible obtener imágenes de alta resolución desde larga distancia, embarcados en un satélite por ejemplo. Como cualquier otro radar, funcionan transmitiendo una señal electromagnética y procesando los ecos reflejados por la superficie terrestre, lo que hace que las imágenes generadas no se vean afectadas por la iluminación solar, las nubes o el mal tiempo, una condición que los aventaja frente a otros sistemas, a lo que hay que añadir su capacidad para estudiar características del terreno o cambios en aquello que se capta, características estas que son propias y exclusivas de los SAR. Esas propiedades permiten, por ejemplo, medir corrientes en los océanos, una de las principales áreas en las que ha desarrollado su trabajo José Márquez antes y después de crear Radarmetrics y un nicho dentro del nicho, si nos remitimos a la metáfora utilizada por el ingeniero.

José Márquez, fundador y director de Radarmetrics. Foto: Nacho Cubero.

En este ámbito doblemente especializado se enmarca, de hecho, el mayor de los contratos firmados hasta la fecha por la empresa cántabra, que contempla el diseño y fabricación de un instrumento para medir la forma en que el deshielo de grandes masas de agua dulce en Groenlandia afecta a la corriente del Golfo. Por un importe superior al millón de euros y un plazo de ejecución de dos años, Radarmetrics tendrá como ‘partner’ científico al National Oceanography Centre (NOC, el instituto oceanográfico del Reino Unido) y como cliente a Advanced Research and Invention Agency (ARIA), una agencia gubernamental creada por el gobierno británico para financiar investigaciones en la frontera del conocimiento.

En el programa en que participa la empresa cántabra, el objetivo es crear un sistema de alerta temprana para identificar lo que se conoce como puntos de inflexión climática, puntos a partir de los cuales el sistema terrestre ya no vuelve a su estado anterior. “Los científicos buscan esos puntos porque detectarlos a tiempo puede marcar la diferencia entre gestionar el riesgo y tomar medidas preventivas o enfrentarse a cambios irreversibles”, apunta José Márquez, que acota la labor de su empresa en un proyecto que podría durar cinco años: “El NOC propuso monitorizar la corriente del giro subpolar ártico y ver efectivamente cómo esa corriente se ve afectada por el deshielo. Y nosotros diseñamos y desarrollamos el instrumento que lo hará posible”.

Del total de tiempo de duración del proyecto, explica el fundador y director de Radarmetrics, los dos primeros años se destinan al desarrollo del instrumento y la selección de la plataforma aerotransportada no tripulada en la que irá embarcado. Una vez completada esta fase, que es en la que se trabaja actualmente, los tres años siguientes se harán campañas para la toma de datos en Groenlandia y el estudio de las corrientes. “En la campaña operaremos el instrumento y haremos también el procesado de los datos que obtenga, para entregárselos después a los científicos, que serán quienes deriven los parámetros geofísicos y los interpreten”.

“Lo que hacemos está dentro de lo que llaman ‘deep tech’, cosas muy a la vanguardia en tecnología que no se han hecho antes”. José Márquez, fundador y director de Radarmetrics.

El instrumento, actualmente en construcción en las instalaciones que la empresa tiene en el Centro de Desarrollo Tecnológico de la Universidad de Cantabria (CDTUC), es innovador en tamaño, precio y coste, y lo es hasta el punto de caminar sobre ese filo entre altas expectativas y elevado riesgo que caracteriza la actividad de Radarmetrics. “Este tipo de instrumentos se pensó inicialmente para el espacio, con pesos de 600 o 700 kilos. Luego se hizo un demostrador en la Agencia Espacial Europea que se voló en un avión, y que se movía en el entorno de los 100 kilos. El nuestro pesará menos de 5 kilos y se volará en aeronaves no tripuladas”, describe Márquez para explicar la principal diferencia de su dispositivo con los que hasta ahora han venido utilizándose: “Estamos hablando de una reducción de varios órdenes de magnitud en peso y dimensiones, lo que supone miniaturizar todos sus componentes: antenas, estabilizadores… Lo que hacemos está dentro de lo que llaman ‘deep tech’, cosas muy a la vanguardia en tecnología que no se han hecho antes”.

El camino hasta Cantabria

Ese ir por delante constituye el principal pilar sobre el que Radarmetrics asienta su competitividad, y también puede encontrarse ahí el núcleo en torno al que se construyó el propio proyecto empresarial. José Márquez, un ingeniero natural de Sant Joan Despí y formado en la Universidad Politécnica de Cataluña, comenzó su carrera profesional trabajando para la Agencia Espacial Alemana (DLR, por sus siglas en alemán) participando en el desarrollo y lanzamiento del primer satélite alemán de alta resolución SAR, algo bastante excepcional. “Es una oportunidad que te llega muy joven y no acabas de darte cuenta de lo importante que es, porque luego es muy difícil ser parte de una misión que va al espacio”, explica. Tras esa etapa, regresó a Barcelona para trabajar durante siete años en una empresa dedicada a proyectos y consultoría para la Agencia Espacial Europea, un periodo que considera clave para entender no solo la parte técnica –por otro lado la más cercana a su propia formación– sino también cómo funciona el sector desde dentro, cómo se accede a los contratos y qué se espera ver en una propuesta. Ya ahí, en una empresa de tamaño medio y muy dinámica, trabaja en un área vinculada a toda su carrera posterior: el desarrollo de instrumentos de radar innovadores para la observación de la Tierra y, en concreto, para medir corrientes oceánicas.

El último paso antes de establecerse por su cuenta lo dio en Airbus, en el Reino Unido, donde permaneció casi seis años, participando en grandes programas de observación de la Tierra, con presupuestos de cientos de millones de euros y equipos internacionales. “Trabajar en una empresa tan grande te da una visibilidad muy amplia, desde ser ingeniero jefe del instrumento de un satélite hasta campañas de vuelo o desarrollos muy avanzados”, recuerda.

La pandemia y la inminencia del Brexit fueron decisivos en 2020 para que José Márquez decidiera que había llegado el momento de hacer realidad una idea a la que llevaba tiempo dando vueltas. “Siempre había tenido el gusanillo de empezar algo por mi cuenta”, admite, un propósito que coincidió con la voluntad de volver a España tras muchos años fuera, algo que se vio reforzado por el encadenamiento de acontecimientos de aquel año. A la hora de elegir destino para ese retorno, Cantabria, la región de procedencia de su pareja, aparecía en el primer lugar de las preferencias, y no solo por esa circunstancia familiar: “Llevaba viniendo más de veinte años y me pareció un sitio que podía encajar bien: hay un ecosistema de telecomunicaciones y radiofrecuencia relativamente potente, con empresas que son referentes en el sector, como Erzia, Celestia o Acorde, y con una universidad con reputación en este campo”.

Una de las reuniones de trabajo de Radarmetrics, que cuenta ya con siete personas en su plantilla. Foto: Nacho Cubero.

Radarmetrics se constituye en septiembre de 2020 y empieza a operar en enero de 2021. El primer contrato, con Airbus, llega a mitad de ese año y resulta determinante. “Fue el que ayudó a financiar todo lo que ha sido el resto del crecimiento de la empresa”, afirma el fundador de Radarmetrics, que destaca la importancia que en ello tuvo su anterior vinculación con el que ahora era su cliente. A partir de ahí, la compañía empieza a construir tecnología propia, en lo que era el verdadero objetivo fundacional.

En esa línea se enmarca un proyecto directamente vinculado con la miniaturización de los radares de apertura sintética: el diseño, construcción y ensayo de un instrumento SAR asequible para la observación de la tierra por satélite. Para su desarrollo, Radarmetrics logró una ayuda del programa NEOTEC del Centro de Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, un programa altamente competitivo que subvenciona a fondo perdido proyectos con alto componente de I+D+i en empresas de base tecnológica de reciente creación. Fueron algo más de 300.000 euros para financiar una iniciativa que en etapas anteriores también fue respaldada por Sodercan con su programa para apoyar la contratación de personal técnico, y que ha ido cubriendo etapas hasta estar ya a las puertas de la última: testar el instrumento enviándolo a la estratosfera, algo que se hará presumiblemente desde Cantabria mediante un globo de gran altitud similar a los que se emplean con fines meteorológicos.

El hito que supondrá el lanzamiento de este instrumento, el contrato con Airbus o el firmado con el NOC dan cuenta de la enorme heterogeneidad del catálogo de Radarmetrics, que desde su nacimiento ha combinado dos tipos de actividad: proyectos troncales de desarrollo tecnológico y otros más pequeños de asesoría técnica para grandes actores, como el de Airbus o los realizados para la Agencia Espacial Europea. A estos, y a los de consultoría, está previsto añadir una nueva línea de negocio que supondría abrir un mercado hasta ahora inexistente: la construcción de instrumentos que usen la tecnología SAR, pero en un formato estandarizado y con un tamaño y coste que lo hagan asequible para instituciones y entidades para los que hoy los radares de apertura sintética quedan presupuestariamente fuera de su alcance. “Queremos empezar a desarrollar instrumentos como producto, no solo como proyecto”, resume el director de Radarmetrics.

La incorporación de esa línea de producto supondrá un salto adelante para una empresa que en sus poco más de cinco años de actividad ha ido cubriendo etapas hasta alcanzar los siete trabajadores en plantilla y situar su facturación en el entorno de los 700.000 euros, con expectativas de alcanzar el millón al cierre del ejercicio que acaba de comenzar. Tanto a lo largo de esta todavía corta trayectoria, como ante las perspectivas que abren los planes en marcha, Radarmetrics ha tenido la oportunidad de poner a prueba las fortalezas y debilidades de un proyecto empresarial asentado sobre el conocimiento técnico de su fundador, y puesto en marcha en un lugar fuera de los que pueden considerarse grandes polos tecnológicos del país.

Fortalezas y debilidades

“El objetivo ahora es seguir haciendo tecnología de muy alto nivel, pero traducirla en productos y en un modelo más comercial”, dice José Márquez, que ve en esa necesidad de profesionalizar el acceso a los mercados la consecuencia más clara de la que considera la principal carencia de la empresa: su escasa estructura. “Tenemos muchas cosas en marcha y muchas ideas a desarrollar en paralelo, pero soy consciente de que ahora mismo parecemos un centro de investigación, más que una empresa. Tenemos que generar beneficios que nos permitan reinvertir en la empresa y crear equipos, pero el día a día nos ocupa por completo”, lamenta el director de Radarmetrics, que a su labor como técnico añade las que tienen que ver no solo con la parte comercial, si no también con la administrativa y la financiera.

Precisamente en la cuestión financiera y la captación de talento –aspectos en buena parte relacionados entre sí– se resumen los principales retos a resolver tanto para poder crecer en la medida que contemplan los planes, como para que ese crecimiento pueda asentarse sobre bases sólidas. José Márquez no descarta buscar inversores con los que puedan empujar los planes de expansión, ya sea con los nuevos productos o accediendo a nuevos mercados que hoy, dice, están lejos del alcance de Radarmetrics: “Una de las cosas que se aprenden muy pronto es que es muy difícil para una empresa pequeña hacer una venta muy grande”.

A pesar de las dificultades que puedan tener que ver con esa captación de recursos financieros, es en la parte humana en la que el director de la empresa ve el mayor cuello de botella para crecer, y el principal elemento limitante que, de una u otra forma, puede relacionarse con la ubicación de la empresa. “Conseguir ingenieros es un factor crítico. Cuando presentas un plan de negocio lo primero que te dicen es: ¿de dónde vas a sacar quince ingenieros en Cantabria?”, lamenta José Márquez, que mantiene una relación estrecha y fluida con la Universidad de Cantabria y no ha encontrado razones para poner en cuestión su idea de que existe aquí un ecosistema favorable para el sector en el que opera, lo que no significa que no existan limitaciones relacionadas con el tamaño de la región.

Son pocos, explica, los estudiantes que se gradúan cada año, y menos aún los que se doctoran, pero son muchas en cambio las empresas que quieren contratarlos, de dentro y fuera de la región. Para las locales, sin embargo, es complicado atraer profesionales cualificados que trabajen fuera de Cantabria y que quieran continuar su carrera en un lugar que probablemente no conocen y en el que las oportunidades para asentar una carrera siempre van a considerarse como menores a las que ofrecen Madrid, Barcelona o, en general, las grandes capitales. “Es un problema, sin duda, pero confiamos en que lo atractivo del proyecto siga permitiéndonos, como hasta ahora, atraer los profesionales que necesitamos”, concluye.