La empresa inició su actividad a partir de una idea multipremiada por su innovación, pero cuya aplicación ha sido imposible en Cantabria debido a la falta de regulación: la conservación de muestras de sangre y tejido del cordón umbilical para uso privado. Ante ese obstáculo, la empresa ha acelerado su estrategia de expansión, trabajando en aquellas comunidades autónomas en las que estos servicios están contemplados por la ley, y ha potenciado el resto de líneas en las que basa su proyecto: el diagnóstico genético mediante técnicas no invasivas y, muy especialmente, el departamento de I+D en torno a la genética y las células madre.

J. Carlos Arrondo | Mayo 2019

Buena parte del éxito de una empresa depende de su flexibilidad a la hora de sortear las dificultades que se presentan. Rosa Blanco y Marisa Junco, fundadoras de StemVital, una startup biotecnológica nacida en Cantabria a partir  de una idea innovadora, han aprendido muy bien esta lección. Tras años de experiencia en grupos de investigación, decidieron poner en marcha un modelo de negocio basado en ofrecer la oportunidad  a quien tuviera interés de recoger y conservar muestras de sangre y tejido del cordón umbilical para uso privado, tal y como ya se estaba haciendo en otros sitios. El proyecto –que también incluía servicios de diagnóstico genético mediante métodos no invasivos y un departamento de I+D en torno a la genética y las células madre– fue galardonado con el premio UCem Economía y Empresa en 2015, y  en 2016 la compañía fue reconocida como la más innovadora de la región al obtener el premio Emprendedor XXI, además de lograr el tercer puesto en el Concurso de Creación de Empresas de Base Tecnológica de Sodercan. Paradójicamente, esta buena acogida contrasta con los obstáculos que ha tenido que afrontar para arrancar su actividad.

Tras el parto, existe la posibilidad de donar la sangre y el tejido del cordón umbilical al sistema público, con el fin de conservar las muestras y hacer uso de ellas en pacientes ajenos a quienes las han cedido. Otra opción es que una empresa las recoja, las congele y las ponga a disposición de sus titulares para uso propio –autólogo o intrafamiliar– cuando lo necesiten. La recogida en clínicas privadas está sujeta a una legislación de ámbito nacional que exige a estas estar autorizadas, mientras que en los hospitales públicos está sometida a la regulación de cada Comunidad Autónoma. “En Cantabria no está regulado. Lo sabíamos, pero contábamos con que se podría entrar en un hospital privado como Mompía, pero tampoco ha sido posible porque no es un centro autorizado”, señala Rosa Blanco, directora general de StemVital. Este escenario implica que la empresa no puede ofrecer este servicio en toda la región, a pesar de llevar dos años intentado cambiarlo: “Ninguna empresa privada lo había pedido antes y los trámites van despacio. En 2018 se han dado pasos, ha habido buena predisposición, pero habrá que esperar a la próxima legislatura”.

Marisa Junco, directora de operaciones de StemVital, apunta el problema que esto suponía para el comienzo de la actividad, que finalmente se produjo en 2017: “Fue un frenazo porque nos habíamos dado a conocer aquí y había gente interesada que nos llamaba incluso antes de abrir”. Sabiendo que depender de un largo e incierto proceso en la elaboración de un convenio regulador podría llevar a la empresa al borde de su desaparición apenas nacida, sus fundadoras optaron por acelerar la estrategia de expansión. “Teníamos previsto empezar en Cantabria, seguir por el norte, el resto de España y posteriormente salir fuera. Como aquí no se podía guardar muestras de forma privada, empezamos a recogerlas en clínicas privadas autorizadas de todo el país y a obtener autorizaciones de Comunidades Autónomas –como Castilla y León, Madrid o Andalucía– que tenían regulada la entrada en los hospitales públicos”, explica Rosa Blanco. A partir de esta modificación en el planteamiento inicial introdujeron alguna otra novedad en un modelo de negocio que se estructura en torno a dos grandes líneas: los servicios y la investigación.

Catálogo de servicios

StemVital ofrece a sus clientes tres tipos de servicios. Uno de ellos es la crioconservación de la sangre y el tejido del cordón umbilical para uso privado de sus titulares. Otro es la realización de test genéticos no invasivos a partir de muestras de sangre o de la mucosa bucal. Son servicios orientados a personas que acuden con prescripción médica y la directora de operaciones indica que en ocasiones suelen ir muy unidos: “Hay mujeres embarazadas que hacen un test genético prenatal con el fin de evitar una amniocentesis, que tiene un riesgo. Y después del parto se puede recoger el cordón”. Advierte que el panel de pruebas que pueden realizarse es muy amplio y difícilmente podrían abarcarlo todo, de modo que trabajan dirigidas a ciertos sectores o colectivos: “Por ejemplo, ahora estamos con nutricionistas, pero hay multitud de pruebas: de paternidad, oncología, etc”. La novedad ha sido diversificar la actividad –mediante un departamento denominado ‘tecbiomol’– con un tercer servicio que da soporte a empresas del sector biofarmacéutico y a grupos de investigación.

A partir de la diversificación que se introduce con ‘tecbiomol’, StemVital se establece como ‘empresa de investigación por contrato’. “Nuestros clientes son empresas farmacéuticas, biotecnológicas y grupos de investigación que requieren ensayos concretos y dentro de las técnicas de biología molecular y/o biología celular, con células madre o testado de fármacos”, detalla Marisa Junco. Tanto ella como su socia atesoran una larga experiencia, por lo que saben que a veces los grupos de investigación  disponen de recursos financieros pero no tienen el personal para llevarla a cabo. “Ahí vimos un nicho de mercado que podíamos cubrir con nuestra capacidad científico-técnica”, desvela Rosa Blanco, que añade un segundo argumento que explicaría su iniciativa: “Hay muchas empresas ‘biofarma’ que tienden a externalizar su I+D, por lo que también tenemos la posibilidad de realizar sus ensayos”.

El departamento de I+D

El segundo gran pilar que sostiene la estructura de la empresa es su departamento de investigación y desarrollo, en el que actualmente trabajan con la pulpa dental en un proyecto innovador cuyo principal objetivo es producir biofármacos basados en células madre e ingeniería genética orientados a la medicina regenerativa. Mediante donaciones del servicio de maxilofacial de Valdecilla, de salud bucodental de Liencres y de clínicas odontológicas privadas reciben piezas desechadas  –dientes de leche y muelas del juicio– de las que se obtienen células madre mesenquimales. Sus características son distintas a las de la sangre del cordón umbilical, cuya aplicación más común es el tratamiento de enfermedades oncohematológicas, como leucemias y linfomas. “Las células de la pulpa dental pueden dar lugar a distintos tejidos del organismo, como hueso, cartílago, etc”, aclara Marisa Junco, que hace hincapié en su posible alcance: “Su aplicación es relativamente nueva, pero las células mesenquimales tienen un gran potencial, más que las de la sangre”.

Hay muchas investigaciones que están utilizando actualmente este tipo de células. Ya se ha conseguido generar células que produzcan insulina para el tratamiento de la diabetes o piel para grandes quemados y se están usando en ensayos clínicos de tratamientos para enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer. El abanico de posibilidades es tal que, según su directora general, el departamento de I+D de StemVital investiga en la congelación de las células madre de la pulpa dental: “Porque, además de los biofármacos, también tenemos el objetivo de crear un banco de células mesenquimales”. En su opinión, todo este tipo de innovaciones científicas aportan aplicaciones que no suelen ser conocidas, por lo que considera como una parte más del negocio la tarea de divulgación: “Para nosotras es muy importante hacer llegar a la gente todo lo que somos capaces de hacer gracias a esos avances, porque mucha gente cree que hablamos de ciencia ficción y de servicios muy caros y no lo son”. La conservación durante 25 años de la sangre del cordón costaría entre 1.200 y 2.800 euros y, dependiendo del estudio, podría hacerse un test genético desde 90 hasta 400 euros.

La divulgación también les resulta útil como herramienta de contacto con los médicos, una forma de que estos conozcan las nuevas tecnologías. Es muy común, sin embargo, que los pacientes llamen directamente a la empresa y, ante la necesidad de acudir con prescripción médica, trasladen la información recabada al ginecólogo, al nutricionista o, en general, al especialista que les esté tratando. En principio, su idea pasaba por darse a conocer en Cantabria e ir abriendo camino expandiéndose por toda España, pero la directora de operaciones de StemVital es consciente de que trascienden lo local: “Con internet el mercado es global. Una persona hace una búsqueda y nos llama lo mismo de Málaga que de Argentina”. Cree que es importante poner al alcance de la gente estas técnicas novedosas y esta tecnología puntera: “No sólo se plantea como una necesidad que tiene la población. A nivel empresarial también se impulsa a Cantabria en innovación”.

Las socias fundadoras de Stem Vital: Marisa Junco, a la izquierda, directora de operaciones, y Rosa Blanco, directora general.

Las empresas biotecnológicas, en general, tienen un alto potencial, aunque su desarrollo suele ser lento y requieren de mucha inversión para crecer. Marisa Junco reconoce que la investigación es un elemento diferenciador en el sector: “Sobre todo si tienes un objetivo al que quieres llegar. Pero esto no es de hoy para mañana, tienes que sobrevivir en el día a día, por eso nuestro modelo de negocio tiene una parte de servicios y otra de I+D”. Rosa Blanco recalca que el equipamiento es muy caro y estima que si no estuvieran en el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC) no hubieran podido poner en marcha su proyecto: “Esto es una incubadora de empresas y eso significa que tenemos una fecha para salir de aquí. Las instalaciones de StemVital dentro de un tiempo tendrán que ser otras, con la inversión que eso conlleva”. Esta previsión, así como la búsqueda de vías de financiación que impulsen su crecimiento, son los motivos por los que se dan a conocer en rondas de inversores, como la que recientemente ha organizado la Fundación Innovación y Desarrollo (FIDBAN).

El reto de la financiación

Más  inversión aceleraría el proceso de crecimiento, pero saben que acceder a ella requiere tiempo. Por ahora tratan de consolidar la empresa con el apoyo de algunas ayudas, como el Plan de Diversificación de Sodercan para desarrollar su estrategia ‘tecbiomol’ o la denominada I+C=+C de la misma sociedad pública: “Se presenta un proyecto de investigación y pueden subvencionar hasta un 80%. Nos lo dieron en 2016 y en 2018, como una continuación de la anterior. Las ayudas son fundamentales porque la investigación es cara”, describe Marisa Junco. Esta circunstancia puede suponer un obstáculo prácticamente insalvable en los primeros pasos de un negocio de estas características. En su caso, a través del programa Emprecan lograron  apoyo económico, por ejemplo, para costear el equipamiento y también recibieron asistencia formativa en el ámbito financiero, del marketing o las ventas: “Porque cuando empezamos con el proyecto teníamos muy clara la idea  de lo que queríamos hacer en el laboratorio, pero cojeábamos a nivel empresarial”, recuerda la cofundadora y directora de operaciones.

También consideran un respaldo importante para el desarrollo y consolidación de su empresa la oportunidad de radicarla en el IBBTEC. Esto les permite utilizar instalaciones y equipos a los que en otras circunstancias no podrían acceder por su alto coste y según Rosa Blanco también aporta otro valor: “Nos permite estar en contacto con nuestros colegas, en un entorno científico-técnico y entre empresas que se basan en el conocimiento”. Para una empresa biotecnológica es más difícil establecerse en Cantabria que en ciudades como Madrid o Barcelona. En ellas hay más posibilidades de captar inversores y es más fácil que concurran varias compañías del sector, contribuyendo así a la formación de un entorno favorable al desarrollo científico. Aunque es un sector global en un mundo global, las consideraciones locales también influyen y un cierto aislamiento influye  negativamente en empresas de este tipo. Sin embargo, la directora general de StemVital asegura que nunca han tenido dudas de su apuesta por crecer en Cantabria: “Teníamos claro que queríamos estar y hacer algo grande aquí. Forma parte de nuestros objetivos, aunque sea más difícil. Aunque esté siendo más difícil”.

Entre sus perspectivas a corto plazo esperan que la recogida y conservación para uso privado del cordón umbilical quede finalmente regulada en Cantabria durante 2019 y poder así dar servicio a la amplia demanda que han detectado en la región. Entre sus planes inmediatos también está seguir impulsando la diversificación a través de ‘tecbiomol’. No obstante, Rosa Blanco apunta un poco más lejos: “A medio o largo plazo, el departamento de I+D es el futuro de StemVital. De él va a salir nuestro objetivo de crear un banco de células mesenquimales y de poder sacar algún fármaco basado en células madre e ingeniería genética. Una buena inversión aceleraría el proceso, pero cuando empezamos ya sabíamos que iba a ser una carrera de fondo”.