Entradas

Considerada por muchos dentro del grupo de las más bellas del mundo, la bahía de Santander es uno de los grandes patrimonios naturales de Cantabria y también uno de sus principales reclamos turísticos. Aprovechar ese recurso para generar beneficio económico ha sido el punto de partida que ha llevado a Manuel Cardenal a poner en marcha su proyecto empresarial: un negocio dedicado al alquiler de una embarcación tipo pontona, una versátil plataforma de gran estabilidad que permite disfrutar al máximo de estas aguas. Con una inversión inicial de 40.000 euros, la empresa ha completado su primera campaña veraniega y se prepara para encarar los meses más complicados para una iniciativa que, aunque vinculada al pujante sector del turismo náutico, tiene como principal condicionante la alta estacionalidad que esta actividad tiene en el Cantábrico.

Felisa Palacio | Octubre 2021

Cantabria es una región que mira al mar. Con 220 kilómetros de costa entre la Ría de Tina Menor y Castro Urdiales, el potencial que tiene este recurso para dinamizar la economía regional asociada al turismo es indiscutible. Especialmente interesante resulta la zona de la bahía de Santander, un espacio en el que se ubican la mayor parte de los puertos deportivos de la región y donde la presencia de embarcaciones deportivas de vela y motor forma parte del paisaje. Explotar el potencial que puede tener ese reclamo marítimo para generar actividad económica más allá del obvio turismo de sol y playa, y singularmente en lo que tiene que ver con el disfrute del mar a bordo de embarcaciones, ha dado pie a reiterados proyectos emparentados de una u otra forma con la náutica de recreo, siempre con un desarrollo y alcance que queda lejos del que se logra en la costa mediterránea. Con un planteamiento original en cuanto a las características de la embarcación y el servicio ofrecidos, el último intento de explorar esta ruta llega de la mano de Trave Sea, una empresa que alquila dispositivos flotantes a medio camino entre el barco y la plataforma, con capacidad para convertirse en auténticos salones en los que desarrollar eventos de todo tipo. La todavía atípica campaña veraniega que acabamos de dejar atrás ha sido la primera en la que ha podido ponerse a prueba la iniciativa, dando pie a algunos cambios en el planteamiento inicial y sentando las bases para enfrentarse a uno de los principales condicionantes para la viabilidad del proyecto: la fuerte estacionalidad del turismo en el Cantábrico.

La plataforma-embarcación de Trave Sea, fondeada en el Puntal en una imagen de la web de la propia empresa. A diferencia de otro tipo de alquiler náutico, donde lo que se ofrece es navegar, el servicio de Trave Sea se centra en la posibilidad de disfrutar de otra manera de la bahía de Santander.

Recién terminada la temporada turística de este año, los datos registrados demuestran que el sector se está recuperando a buen ritmo después de la pandemia. La ocupación hotelera por plaza en Cantabria fue en agosto la más alta de todo el país, con un 78,2%, casi trece puntos por encima de la media nacional. El consejero de Industria, Turismo, Innovación Transporte y Comercio, Javier López Marcano destacaba que Cantabria está acertando al ofrecer alternativas de mayor calidad vinculadas a nuestras grandes fortalezas turísticas, como es el caso de nuestro patrimonio cultural y paisajístico. “Las preferencias de los turistas están cambiando y se alejan de la masificación, buscando destinos más sólidos y de excelencia donde el clima no es la referencia principal”, explicaba. Se ha demostrado además que el sector náutico en España está experimentando un importante auge y “si el sector náutico tiene un potencial de crecimiento es, sin duda, en el norte de España”, según puso de manifiesto Carlos Sanlorenzo, secretario general de la Asociación de Empresas Náuticas (ANEN), cuando participó el pasado mes de mayo en Santander en el seminario ‘Oportunidades y retos del sector náutico para la economía azul’. Añadió en su ponencia que son las comunidades de la costa norte las que cuentan con condiciones climatológicas y de ubicación óptimas para impulsar el sector náutico, con un amplio abanico de posibilidades comerciales aún por desarrollar, si bien, de momento, la evolución de las cifras en el Cantábrico sigue siendo mucho más lenta que el mercado del Mediterráneo.

Click&Boat y Nautal, las principales plataformas online de alquiler de barcos, también confirman que el turismo náutico en España se consolida y lo hace, aseguran, al margen de la pandemia. Según sus estimaciones, para este año se prevé una subida de más del 150% respecto al año 2020. Consideran que este aumento en la demanda de turismo náutico responde a una tendencia que se ha consolidado con la crisis sanitaria derivada de la COVID-19: la búsqueda de espacios seguros en los que disfrutar al aire libre, ya sea en familia o con amigos. A diferencia de los grandes puertos deportivos del Mediterráneo, donde los barcos de recreo de tamaño medio y grande son los que ocupan gran parte de los atraques disponibles, en el entorno de Santander, lo más frecuente son medianas y pequeñas embarcaciones, entre las que los botes de no más de ocho metros son protagonistas.

Es en este contexto en el que se pone en marcha Trave-Sea en la bahía de Santander, uno de los 15 proyectos emprendedores que participaron en la séptima edición del programa ‘Coworking’ promovido por el Ayuntamiento de Santander e incluido entre las medidas de reactivación económica del plan de choque diseñado para paliar los daños económicos causados por la Pandemia del Covid 19. La empresa se constituye en primavera, con una inversión aproximada de 40.000 euros, que incluye un leasing de 25.000 mil euros para hacerse con la embarcación: una pontona modular con tres patines, ideal para navegar en aguas tranquilas y cuya configuración se adapta a las necesidades del cliente. “Tenemos ante nosotros una de las mejores y más bellas bahías del mundo para disfrutar del mar. Aguas tranquilas, orientación sur y una ubicación geográfica magnífica. Todo perfecto para poner en marcha nuestro negocio de alquiler de pontonas; una embarcación diferente, muy cómoda y adaptable a distintos usos. Podemos ir a pasar un día en la bahía y disfrutar de esta inmensa piscina natural, podemos hacer turismo, avistamiento de aves y un largo etcétera”, explica Manuel Cardenal, promotor de la iniciativa.

Manuel Cardenal, promotor de Trave Sea, con la embarcación de la empresa, que puede verse en la foto de la derecha en su atraque de Pedreña.

Inicialmente el desarrollo del proyecto se diseñó para distintos emplazamientos en el País Vasco, entre ellos la Ría de Bilbao o la zona de Urdaibai. La pandemia paralizó sus planes y, un año después, surgió la posibilidad de retomar la iniciativa en Santander, la ciudad de residencia de Cardenal desde hace ya más de 20 años. Gran parte de los objetivos y estudios previos eran perfectamente válidos para una ubicación final situada en la misma línea de costa, lo que aceleró la implantación en nuestra bahía, con unas perspectivas de alta rentabilidad a corto/medio plazo “considerando el precio de la embarcación y los costes asociados a su mantenimiento y explotación, unido al atractivo de la experiencia y la versatilidad de la embarcación a la hora de complementar su uso con otras actividades”, según plantea en sus objetivos.

Cardenal estuvo anteriormente vinculado al sector naval y así fue como entró en contacto con el Astillero Moggaro en Segovia. Dedicado al diseño y construcción de embarcaciones de aluminio para uso recreativo y profesional, el astillero disponía de un llamativo modelo de barco de recreo tipo pontona, un catamarán de gran estabilidad diseñado específicamente para compañías de turismo náutico. La embarcación, con un tamaño aproximado de 18 metros cuadrados y con capacidad para 12 personas, dispone de un motor fuera borda de 40HP y estructura de aluminio tipo catamarán. Su diseño permite colocar la equipación necesaria para su utilización en días de frío y lluvia, con toldos y sistema de calefacción y tiene además la ventaja de ser perfectamente accesible para personas con movilidad reducida. Está pensada especialmente para navegar en aguas tranquilas y ofrece una gran estabilidad, incluso en condiciones menos favorables.

“Una de las ventajas de este tipo de embarcación es que su versatilidad permite adaptarlo a prácticamente cualquier actividad en la bahía de Santander. Es posible colocar unos sofás, una mesa de trabajo, una cocina, dejar el espacio diáfano o lo que demanden los clientes en cada momento”, explica el responsable de Trave-Sea. Este primer verano ha servido para tomar nota de las demandas del mercado y, tras comprobar que la mayor parte de los alquileres se interesaban por desplazarse con la pontona hacia la zona del Puntal, la empresa trasladó el atraque desde el puerto de Raos hasta el de Pedreña, desde donde se accede más rápidamente a esa zona.

Chárter náutico

El negocio de alquiler de embarcaciones en la bahía de Santander ha ido creciendo tímidamente. Actualmente existen un puñado de empresas que tienen en el mercado distintos barcos que ofrecen en alquiler con patrón profesional al mando o permitiendo a los clientes que tengan el título necesario, hacerse al timón de las distintas embarcaciones. Hoy, en el arco de la bahía, las embarcaciones disponibles para alquiler son principalmente veleros convencionales, a un precio aproximado de 500 euros por día; veleros tipo catamarán por 850 euros; lanchas de unos cinco metros y medio sobre los 300 euros, zodiacs a partir de 250 euros o yates con una eslora aproximada de 15 metros desde 450 euros (precios aproximados).

Las tarifas oficiales de Trave-Sea son de 600 euros por un día completo de alquiler de este espacio flotante con capacidad para 12 personas, a lo que habría que sumar 200 euros más por el servicio del patrón si fuese necesario (para manejar la embarcación es suficiente la titulación básica de patrón de embarcaciones), aunque durante este primer verano de andadura de la empresa, se han realizado descuentos especiales para animar a los clientes a conocer la iniciativa.

Un hándicap al que deberá hacer frente ahora, terminado el verano, es la temporalidad del turismo, algo que tienen previsto compensar con otras actividades complementarias para las que la embarcación puede adaptarse hasta la llegada de la primavera. Si en julio y agosto ha sido la celebración de fiestas la principal fuente de ingresos, ahora están diseñando otros programas que incluyen excursiones de avistamiento de aves en el río Miera y en la ría Cubas o proyectos escolares para enseñar la bahía a los más pequeños, aprovechando para concienciar sobre la importancia de proteger el medio ambiente: “Está claro que las previsiones climatológicas del entorno condicionan la proyección de esta iniciativa, especialmente por los días de lluvia, pero la temperatura media es bastante aceptable excepto entre los meses de diciembre a febrero”, explica Cardenal.

El funcionamiento del negocio durante los próximos meses será decisivo para que la empresa valore la adquisición de un nuevo espacio flotante de similares características y la puesta en marcha del proyecto en otros lugares.

El sector interpondrá una demanda ante la Unión Europea para intentar eliminar el impuesto de matriculación en las embarcaciones deportivas, una reivindicación histórica que no han conseguido sacar adelante con independencia del color político de quienes han ocupado el Gobierno de España. Esa sigue siendo la principal reclamación de las empresas cuya actividad depende de una u otra forma de la flota deportiva, que por contra han conseguido respuesta a sus peticiones en algunas otras: a partir de ahora será posible hacer un uso profesional de los títulos náuticos de recreo, y la actividad contará con un área propia dentro de la Dirección General de la Marina Mercante. Todo ello en el marco de una recuperación del mercado que, al menos por el momento, no ha alcanzado a Cantabria.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Mayo 2019

Como sucede con otros indicadores económicos –y por pequeño que sea ese mercado, el de embarcaciones deportivas es uno más entre ellos– la recuperación de las ventas en la náutica de recreo está llegando a Cantabria con un evidente retraso respecto al resto de España. En el conjunto del país las cifras encadenan varios ejercicios consecutivos en positivo, en una lenta recuperación de los efectos de la crisis, en tanto que en Cantabria las ventas llevan tiempo intentando remontar los mínimos a los que llegaron tras la recesión, perdiendo un año lo que recuperaron en el anterior, o viceversa, y siempre moviéndose en unas cotas que apenas se acercan a la mitad de las registradas de 2008, antes de que la recesión cambiara bruscamente las referencias cuantitativas en las que se movía la actividad. De hecho, y a diferencia de otros mercados, en el de embarcaciones de recreo las cifras siguen muy lejos de las que se registraron antes de la crisis, y eso vale tanto para Cantabria como para el conjunto de España. El tiempo pasado desde entonces sí ha servido, en cambio, para que se articularan algunos cambios legales que, en buena medida, han ido en la línea de lo que reclamaba el sector, en aspectos como la regulación de las titulaciones o la fiscalidad del alquiler. En contraste, no se ha logrado avance alguno en la principal reivindicación del sector: la eliminación del impuesto de matriculación para las embarcaciones deportivas.

Novedades

La actualidad ha traído algunas novedades tanto en la cuestión de la fiscalidad de las matriculaciones como en la de los títulos que habilitan para el gobierno de embarcaciones de recreo, si bien en sentidos muy diferentes en ambos casos. En el primero, en lo que hace referencia a un tributo que es una particularidad del sistema fiscal español, el sector ha dado por agotado el camino en nuestro país y ha decidido interponer una demanda ante la UE para reclamar su eliminación. Según se explicó en el congreso náutico organizado el pasado mes de marzo en Palma de Mallorca por la Asociación Nacional de Empresa Náuticas (ANEN), la reclamación planteará que el impuesto de matriculación de las embarcaciones de recreo es un gravamen anacrónico e injusto, argumentando que su eliminación supondrá un aumento de la productividad y competitividad para el sector que superaría los ingresos que actualmente consigue la administración por vía de ese tributo. El impuesto de matriculación grava la venta de embarcaciones nuevas de más de 8 metros de eslora, con una tasa del 12% de la que estaban exentas –tras una modificación legal efectuada en 2013 en línea de lo que pedía el sector– los barcos destinados al alquiler.

El arrendamiento turístico de las embarcaciones de recreo es también la actividad que en mayor medida puede verse beneficiada por otra de las novedades recién aprobadas: la que permite hacer un uso profesional de los títulos que habilitan para el gobierno de embarcaciones de recreo. Hasta ahora, el mismo título que permitía navegar como particular, no era válido si alguno de los pasajeros que iban a bordo había contratado ese servicio. Para los alquileres con patrón, por tanto, era obligado que quien arrendaba el barco contratase a alguien con una titulación profesional –náutico-pesquera, o de marina civil– para que se ocupase de esa tarea. La paradoja era que, en un alquiler sin patrón, el gobierno de la embarcación sí que puede asumirlo uno de los clientes que arrienda el barco, si cuenta con un título de recreo que lo habilite para ello, pero ese mismo título no era válido si quien se pone a los mandos de la embarcación era el arrendador. La modificación aprobada mediante real decreto el pasado mes de abril pone fin a esa aparente incongruencia, y abre la puerta al uso profesional de los títulos de recreo, siempre que se supere un curso para ello. La posibilidad de gobernar una embarcación con pasajeros, en todo caso, estará limitada a los patrones y capitanes de yate –las dos titulaciones que habilitan para mayores esloras y distancias de navegación– y acotando el número de pasajeros a un máximo de seis. El uso profesional –ver cuadro junto a estas mismas páginas– se amplía a más supuestos, además del alquiler. En muchos de esos casos –como el mover embarcaciones dentro de una marina, o la posibilidad de gobernar las lanchas neumáticas de socorrismo– se da carta de naturaleza a situaciones que ya anteriormente se hacían con el título de recreo, si bien de forma irregular.

Los cambios llegan en un momento en el que el mercado –medido en matriculación de embarcaciones nuevas– da síntomas de recuperación, si bien de una forma geográficamente irregular. En el conjunto de España las ventas subieron el año pasado un 3,3%, si bien la práctica totalidad de esa subida es achacable al buen comportamiento de las Islas Baleares, con mucho el principal mercado español de embarcaciones. En Cantabria, por el contrario, las 57 embarcaciones vendidas el pasado año son una menos que las del año anterior. Si atendemos al dato del primer trimestre de 2019 –último periodo con cifras cerradas– el diferencial se ensancha: crecen las ventas un 17% en toda España, y se mantienen sin cambios en el caso de Cantabria.

 

La nueva regulación de los títulos náuticos de recreo aumenta las esloras permitidas, relaja mínimamente las condiciones para navegar sin ninguna titulación y llena de dudas a un mercado que sufre la indefinición sobre a la entrada en vigor de la norma. En paralelo, y por más que se trate de unas cifras casi simbólicas, las ventas de embarcaciones registran los primeros datos de crecimiento desde el comienzo de la crisis.

Texto de José R. Esquiaga @josesquiaga Fotos de Nacho Cubero
Publicado en mayo de 2014

En 2012 se dijo que la nueva ley que regulará la náutica de recreo estaría lista en seis meses, el mismo plazo que volvió a mencionarse hace un año, cuando los foros de aficionados a la navegación echaban chispas aventurando las consecuencias de una resolución de Marina Mercante que abría la puerta a las banderas de conveniencia para la flota de recreo. Este pasado mes de abril, y coincidiendo con la celebración en Barcelona del congreso náutico que organiza la Asociación Nacional de Fabricantes de Embarcaciones de Recreo (ANEN), el Gobierno daba carta de oficialidad al borrador de la nueva normativa, pero dejaba su entrada en vigor en los mismos términos de indefinición de siempre: será, apuntó el portavoz de la Dirección General de la Marina Mercante, Fernando Henríquez, “en breve”. El contenido del borrador no ha dejado contento a nadie –lo que si hacemos caso al saber popular podría considerarse un punto a favor de la norma– en tanto que la incertidumbre sobre los plazos provocaba los efectos indeseables a los que tan acostumbrado está el sector: ante la incertidumbre, cae la demanda de determinadas embarcaciones, o los interesados posponen su decisión de matricularse en las academias para cursar tal o cual titulación.

La reforma de los títulos que autorizan al gobierno de una embarcación de recreo es una de las demandas históricas del sector, que tradicionalmente ha visto la normativa como uno de los obstáculos a los que se enfrentaba el mercado de venta y alquiler. Aunque por razones distintas, las academias también han considerado necesaria una reforma de los contenidos a impartir, que hasta ahora han sido sobre todo teóricos, muy farragosos y poco adaptados a los conocimientos y competencias realmente necesarios para el manejo de un barco. Las posturas estaban algo más distantes en lo relativo a otros aspectos a contemplar por la reforma: los fabricantes y vendedores de embarcaciones abogaban por la máxima liberalización, de manera que se abrieran las posibilidades de navegar sin necesidad de ningún permiso o bien se ampliaran las atribuciones –en cuanto a eslora y zonas de navegación– de los títulos existentes. Ninguna de esas posibilidades, pero sobre todo la primera, tenía buena acogida entre las empresas que se dedican a impartir la formación requerida para el manejo de una embarcación.

El borrador presentado en abril apenas abre la mano en lo referente a manejar un barco sin título alguno, pero sí que aumenta las atribuciones de los títulos existentes, aunque sin cubrir las expectativas que se habían levantado en el largo intervalo de tiempo pasado desde que empezó a hablarse del cambio legal hasta que éste ha empezado a concretarse. Todo esto se produce, además, en un momento en el que toda la regulación normativa de la náutica de recreo –la relativa a los títulos, pero también toda la referente a los barcos, incluyendo el material de seguridad o la necesidad de pasar revisiones– se ha visto puesta en entredicho por la posibilidad de abanderar la embarcación bajo pabellón de cualquier país de la Unión Europea, lo que abría la puerta a hacerlo bajo los colores de un Estado –y existen varios– en el que las exigencias sean menores que en España.

La cuestión abierta con el libre abanderamiento no es secundaria tampoco en lo referente a la gran cuestión pendiente sobre reforma de los títulos: la fecha de su entrada en vigor. Quienes han seguido de cerca la tramitación están convencidos de que más allá del texto presentado con motivo del congreso de Barcelona, desde Fomento se sigue dando vueltas a una fórmula que ataje la barra libre abierta con el abanderamiento. Un tema que, por su complejidad –la mayor parte de las fuentes consultadas consideran directamente que es tarea imposible– puede retrasar la publicación de la reforma hasta después del verano lo que, teniendo en cuenta el obligado periodo transitorio para que las academias y las editoriales que publican los manuales se adapten, aplazaría la entrada en vigor hasta finales de año o, incluso, hasta comienzos de 2015.

“Todo lo que conocemos hasta ahora es una nota de prensa de los fabricantes, nada más”, apunta Aitzol Burguete, que como propietario de una academia náutica en San Sebastián y como socio de la Asociación de Navegantes de Recreo (Anavre, de la que ha sido delegado en el País Vasco) ha seguido con especial interés todo lo relativo a la larguísima gestación de la reforma de las titulaciones. Burguete, que en todo caso está convencido de que lo publicado va a corresponderse casi exactamente con la redacción final, piensa que la normativa dará todavía unas cuantas vueltas antes de ser aplicable, y que todo ese tiempo no será bueno ni para el sector, ni para los aficionados al mar. “Es un escándalo que estemos hablando de esto, que es lo mismo de lo que hablábamos hace doce meses y que, me temo, será también asunto de conversación dentro de un año. Mientras tanto, la gente no se matricula en las academias, o si pensaba comprar un barco no lo hace. Lo curioso es que hay otros que piensan que los cambios ya están en vigor, y que con su título de PER pueden llevar barcos de 15 metros”.

Aitzol Burguete se refiere al título con mayor demanda entre los aficionados. El patrón de embarcaciones de recreo (PER) está habilitado para gobernar barcos de hasta 12 metros en la zona de navegación comprendida entre la costa y la línea paralela a esta trazada a 12 millas de distancia. Con el borrador de la reforma, quedará autorizado para patronear barcos de hasta 15 metros en la misma zona de navegación, aunque con lo que podíamos llamar un ‘curso puente’ y el correspondiente examen puede ampliar la eslora hasta los 24 metros y capacitarse para navegar entre la península y Baleares. Los cambios sirven para ilustrar alguna de las pautas que se han seguido a la hora de modificar las atribuciones, con el aumento de la eslora como factor más relevante.

Tanto como profesional de la formación como en su condición de socio de Anavre (asociación que no cuenta con delegado en Cantabria) Burguete es muy crítico con el rumbo que se ha dado a la reforma, que a su juicio sigue el dictado de los fabricantes y va en sentido contrario a lo que es la realidad del sector náutico en España. “El 80% de lo que se venden son barcos pequeños, de menos de 8 metros, y todo el empeño de la reforma es habilitar para esloras más grandes. ¿Por qué? En la reunión anual de ANEN, en la que estuve presente, se nos presentó como ponente a un profesional inmobiliario especialista en vender grandes mansiones a los rusos. Me temo que los fabricantes buscan eso mismo: vender grandes barcos a los rusos. Eso puede ser un pelotazo para algunos, pero no una solución para el sector náutico”.

Aunque distantes en muchos otros aspectos, cuanto menos en este último el discurso de Aitzol Burguete viene a coincidir con el que mantiene Jaime Piris, que como director de Yates y Cosas –una de las principales empresas comercializadoras de embarcaciones de recreo en Cantabria– está en condiciones de ofrecer una perspectiva muy cercana a la realidad del mercado de compraventa. Como Burguete, está convencido de que la reforma de las titulaciones no va a tener un efecto positivo en el mercado y, también como aquel, lamenta que se haya centrado en las grandes esloras. La principal diferencia entre las valoraciones de uno y otro tiene que ver con la propia naturaleza de la norma, que Jaime Piris considera excesivamente intervencionista, frente a la referencia que ofrecen países con una mayor tradición náutica, donde no se pide título alguno o, cuanto menos, las exigencias son menores.

“Se ha hecho un parche y se ha perdido una oportunidad para acercarnos a países como el Reino Unido, donde no es necesario ningún título, o Italia, donde no hay necesidad de tenerlo para gobernar barcos de menos de 8 metros”, apunta el director de Yates y Cosas, que considera un absurdo la limitación de eslora en los títulos y que aboga porque los límites, de existir, se centren en las zonas de navegación. Piris es especialmente crítico con la reforma en lo que tiene que ver con los escalones de entrada a la náutica. Actualmente pueden gobernarse sin necesidad de ninguna autorización los barcos de menos de cuatro metros; con la reforma podrán tener hasta cinco metros si son de motor (con menos de 15 caballos), y seis si son a vela, siempre en navegación diurna por aguas delimitadas por Capitanía Marítima. Para barcos mayores, ya es obligado contar con la Autorización Federativa, conocida como ‘titulín’, que hoy habilita para esloras de hasta 6 metros y 50 caballos y que con la reforma –y con la nueva denominación de licencia de navegación– lo hará para idéntica eslora y zona pero con la potencia recomendada por el fabricante,. “Se siguen poniendo muchos obstáculos a quien quiera iniciarse en la navegación de recreo, y eso me parece un error que perjudica a todo el mercado, también a las academias porque si no se facilita la iniciación obviamente no se van a comprar barcos, pero tampoco va a haber personas que, tras los primeros pasos, quieran matricularse en una academia para gobernar barcos más grandes, o navegar más lejos de la costa”, explica Piris.

Lo que es común para fabricantes, comercializadores y academias es el perjuicio que ocasiona la incertidumbre sobre la entrada en vigor de la reforma. En relación con las ventas, lo más notable puede ser lo relativo a los barcos de menos de 6 metros equipados con motorizaciones de menos de 50 caballos, de lo que hoy existe una amplia oferta por adecuarse a lo dispuesto por el titulín, pero que pueden quedarse sin mercado al anularse la limitación de potencia.
Los efectos perversos del actual periodo de indefinición son más claros, si cabe, en el caso de las academias. Además de cambiar las atribuciones de los títulos, la reforma contempla modificaciones en los planes de estudio, que darán más peso a las prácticas en detrimento de la teoría. Sobre el papel, esto supone aligerar esta última –que llena manuales de más de 200 páginas– y facilitar el aprobado. Con independencia de que esto sea finalmente así, las expectativas creadas en ese sentido están afectando a la demanda de formación. “No sé si va a ser más fácil –apunta Aitzol Burguete– de lo que no hay duda es de que va a ser más caro: se piden más horas de práctica y se exige que haya menos alumnos por barco, y eso va a encarecer los cursos. No sé si quien está esperando tiene en cuenta eso, pero lo cierto es que la indefinición nos está haciendo mucho daño. Buena o mala, lo que necesitamos es que la reforma entre en vigor cuanto antes”.

El actual periodo de cambios llega después de uno de los ciclos más negativos a los que se ha enfrentado nunca el sector náutico. Durante 2013 las ventas continuaron ahondando la caída iniciada en 2007, sumando un 20% adicional en términos interanuales y alcanzando ya el 69% de descenso desde el comienzo de la crisis. Con esos datos, el aumento en el número de matriculaciones registrado en febrero y marzo de este año –un 5 y un 15% en relación con los mismos meses de 2012– bien puede considerarse una anécdota, aunque también da argumentos a quien busque puntos de inflexión. De momento, y según los cálculos que hace el gerente de Yates y Cosas, los precios de las embarcaciones nuevas llevan seis años congelados, en tanto que el mercado de ocasión acumula caídas de entre el 30 y el 40%, equivalente a las que registra el valor de los atraques. Pueden ser argumentos para respaldar la reactivación del mercado, pero sólo si el resto de la economía y la ley acompañan.