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Considerada por muchos dentro del grupo de las más bellas del mundo, la bahía de Santander es uno de los grandes patrimonios naturales de Cantabria y también uno de sus principales reclamos turísticos. Aprovechar ese recurso para generar beneficio económico ha sido el punto de partida que ha llevado a Manuel Cardenal a poner en marcha su proyecto empresarial: un negocio dedicado al alquiler de una embarcación tipo pontona, una versátil plataforma de gran estabilidad que permite disfrutar al máximo de estas aguas. Con una inversión inicial de 40.000 euros, la empresa ha completado su primera campaña veraniega y se prepara para encarar los meses más complicados para una iniciativa que, aunque vinculada al pujante sector del turismo náutico, tiene como principal condicionante la alta estacionalidad que esta actividad tiene en el Cantábrico.

Felisa Palacio | Octubre 2021

Cantabria es una región que mira al mar. Con 220 kilómetros de costa entre la Ría de Tina Menor y Castro Urdiales, el potencial que tiene este recurso para dinamizar la economía regional asociada al turismo es indiscutible. Especialmente interesante resulta la zona de la bahía de Santander, un espacio en el que se ubican la mayor parte de los puertos deportivos de la región y donde la presencia de embarcaciones deportivas de vela y motor forma parte del paisaje. Explotar el potencial que puede tener ese reclamo marítimo para generar actividad económica más allá del obvio turismo de sol y playa, y singularmente en lo que tiene que ver con el disfrute del mar a bordo de embarcaciones, ha dado pie a reiterados proyectos emparentados de una u otra forma con la náutica de recreo, siempre con un desarrollo y alcance que queda lejos del que se logra en la costa mediterránea. Con un planteamiento original en cuanto a las características de la embarcación y el servicio ofrecidos, el último intento de explorar esta ruta llega de la mano de Trave Sea, una empresa que alquila dispositivos flotantes a medio camino entre el barco y la plataforma, con capacidad para convertirse en auténticos salones en los que desarrollar eventos de todo tipo. La todavía atípica campaña veraniega que acabamos de dejar atrás ha sido la primera en la que ha podido ponerse a prueba la iniciativa, dando pie a algunos cambios en el planteamiento inicial y sentando las bases para enfrentarse a uno de los principales condicionantes para la viabilidad del proyecto: la fuerte estacionalidad del turismo en el Cantábrico.

La plataforma-embarcación de Trave Sea, fondeada en el Puntal en una imagen de la web de la propia empresa. A diferencia de otro tipo de alquiler náutico, donde lo que se ofrece es navegar, el servicio de Trave Sea se centra en la posibilidad de disfrutar de otra manera de la bahía de Santander.

Recién terminada la temporada turística de este año, los datos registrados demuestran que el sector se está recuperando a buen ritmo después de la pandemia. La ocupación hotelera por plaza en Cantabria fue en agosto la más alta de todo el país, con un 78,2%, casi trece puntos por encima de la media nacional. El consejero de Industria, Turismo, Innovación Transporte y Comercio, Javier López Marcano destacaba que Cantabria está acertando al ofrecer alternativas de mayor calidad vinculadas a nuestras grandes fortalezas turísticas, como es el caso de nuestro patrimonio cultural y paisajístico. “Las preferencias de los turistas están cambiando y se alejan de la masificación, buscando destinos más sólidos y de excelencia donde el clima no es la referencia principal”, explicaba. Se ha demostrado además que el sector náutico en España está experimentando un importante auge y “si el sector náutico tiene un potencial de crecimiento es, sin duda, en el norte de España”, según puso de manifiesto Carlos Sanlorenzo, secretario general de la Asociación de Empresas Náuticas (ANEN), cuando participó el pasado mes de mayo en Santander en el seminario ‘Oportunidades y retos del sector náutico para la economía azul’. Añadió en su ponencia que son las comunidades de la costa norte las que cuentan con condiciones climatológicas y de ubicación óptimas para impulsar el sector náutico, con un amplio abanico de posibilidades comerciales aún por desarrollar, si bien, de momento, la evolución de las cifras en el Cantábrico sigue siendo mucho más lenta que el mercado del Mediterráneo.

Click&Boat y Nautal, las principales plataformas online de alquiler de barcos, también confirman que el turismo náutico en España se consolida y lo hace, aseguran, al margen de la pandemia. Según sus estimaciones, para este año se prevé una subida de más del 150% respecto al año 2020. Consideran que este aumento en la demanda de turismo náutico responde a una tendencia que se ha consolidado con la crisis sanitaria derivada de la COVID-19: la búsqueda de espacios seguros en los que disfrutar al aire libre, ya sea en familia o con amigos. A diferencia de los grandes puertos deportivos del Mediterráneo, donde los barcos de recreo de tamaño medio y grande son los que ocupan gran parte de los atraques disponibles, en el entorno de Santander, lo más frecuente son medianas y pequeñas embarcaciones, entre las que los botes de no más de ocho metros son protagonistas.

Es en este contexto en el que se pone en marcha Trave-Sea en la bahía de Santander, uno de los 15 proyectos emprendedores que participaron en la séptima edición del programa ‘Coworking’ promovido por el Ayuntamiento de Santander e incluido entre las medidas de reactivación económica del plan de choque diseñado para paliar los daños económicos causados por la Pandemia del Covid 19. La empresa se constituye en primavera, con una inversión aproximada de 40.000 euros, que incluye un leasing de 25.000 mil euros para hacerse con la embarcación: una pontona modular con tres patines, ideal para navegar en aguas tranquilas y cuya configuración se adapta a las necesidades del cliente. “Tenemos ante nosotros una de las mejores y más bellas bahías del mundo para disfrutar del mar. Aguas tranquilas, orientación sur y una ubicación geográfica magnífica. Todo perfecto para poner en marcha nuestro negocio de alquiler de pontonas; una embarcación diferente, muy cómoda y adaptable a distintos usos. Podemos ir a pasar un día en la bahía y disfrutar de esta inmensa piscina natural, podemos hacer turismo, avistamiento de aves y un largo etcétera”, explica Manuel Cardenal, promotor de la iniciativa.

Manuel Cardenal, promotor de Trave Sea, con la embarcación de la empresa, que puede verse en la foto de la derecha en su atraque de Pedreña.

Inicialmente el desarrollo del proyecto se diseñó para distintos emplazamientos en el País Vasco, entre ellos la Ría de Bilbao o la zona de Urdaibai. La pandemia paralizó sus planes y, un año después, surgió la posibilidad de retomar la iniciativa en Santander, la ciudad de residencia de Cardenal desde hace ya más de 20 años. Gran parte de los objetivos y estudios previos eran perfectamente válidos para una ubicación final situada en la misma línea de costa, lo que aceleró la implantación en nuestra bahía, con unas perspectivas de alta rentabilidad a corto/medio plazo “considerando el precio de la embarcación y los costes asociados a su mantenimiento y explotación, unido al atractivo de la experiencia y la versatilidad de la embarcación a la hora de complementar su uso con otras actividades”, según plantea en sus objetivos.

Cardenal estuvo anteriormente vinculado al sector naval y así fue como entró en contacto con el Astillero Moggaro en Segovia. Dedicado al diseño y construcción de embarcaciones de aluminio para uso recreativo y profesional, el astillero disponía de un llamativo modelo de barco de recreo tipo pontona, un catamarán de gran estabilidad diseñado específicamente para compañías de turismo náutico. La embarcación, con un tamaño aproximado de 18 metros cuadrados y con capacidad para 12 personas, dispone de un motor fuera borda de 40HP y estructura de aluminio tipo catamarán. Su diseño permite colocar la equipación necesaria para su utilización en días de frío y lluvia, con toldos y sistema de calefacción y tiene además la ventaja de ser perfectamente accesible para personas con movilidad reducida. Está pensada especialmente para navegar en aguas tranquilas y ofrece una gran estabilidad, incluso en condiciones menos favorables.

“Una de las ventajas de este tipo de embarcación es que su versatilidad permite adaptarlo a prácticamente cualquier actividad en la bahía de Santander. Es posible colocar unos sofás, una mesa de trabajo, una cocina, dejar el espacio diáfano o lo que demanden los clientes en cada momento”, explica el responsable de Trave-Sea. Este primer verano ha servido para tomar nota de las demandas del mercado y, tras comprobar que la mayor parte de los alquileres se interesaban por desplazarse con la pontona hacia la zona del Puntal, la empresa trasladó el atraque desde el puerto de Raos hasta el de Pedreña, desde donde se accede más rápidamente a esa zona.

Chárter náutico

El negocio de alquiler de embarcaciones en la bahía de Santander ha ido creciendo tímidamente. Actualmente existen un puñado de empresas que tienen en el mercado distintos barcos que ofrecen en alquiler con patrón profesional al mando o permitiendo a los clientes que tengan el título necesario, hacerse al timón de las distintas embarcaciones. Hoy, en el arco de la bahía, las embarcaciones disponibles para alquiler son principalmente veleros convencionales, a un precio aproximado de 500 euros por día; veleros tipo catamarán por 850 euros; lanchas de unos cinco metros y medio sobre los 300 euros, zodiacs a partir de 250 euros o yates con una eslora aproximada de 15 metros desde 450 euros (precios aproximados).

Las tarifas oficiales de Trave-Sea son de 600 euros por un día completo de alquiler de este espacio flotante con capacidad para 12 personas, a lo que habría que sumar 200 euros más por el servicio del patrón si fuese necesario (para manejar la embarcación es suficiente la titulación básica de patrón de embarcaciones), aunque durante este primer verano de andadura de la empresa, se han realizado descuentos especiales para animar a los clientes a conocer la iniciativa.

Un hándicap al que deberá hacer frente ahora, terminado el verano, es la temporalidad del turismo, algo que tienen previsto compensar con otras actividades complementarias para las que la embarcación puede adaptarse hasta la llegada de la primavera. Si en julio y agosto ha sido la celebración de fiestas la principal fuente de ingresos, ahora están diseñando otros programas que incluyen excursiones de avistamiento de aves en el río Miera y en la ría Cubas o proyectos escolares para enseñar la bahía a los más pequeños, aprovechando para concienciar sobre la importancia de proteger el medio ambiente: “Está claro que las previsiones climatológicas del entorno condicionan la proyección de esta iniciativa, especialmente por los días de lluvia, pero la temperatura media es bastante aceptable excepto entre los meses de diciembre a febrero”, explica Cardenal.

El funcionamiento del negocio durante los próximos meses será decisivo para que la empresa valore la adquisición de un nuevo espacio flotante de similares características y la puesta en marcha del proyecto en otros lugares.

El sector interpondrá una demanda ante la Unión Europea para intentar eliminar el impuesto de matriculación en las embarcaciones deportivas, una reivindicación histórica que no han conseguido sacar adelante con independencia del color político de quienes han ocupado el Gobierno de España. Esa sigue siendo la principal reclamación de las empresas cuya actividad depende de una u otra forma de la flota deportiva, que por contra han conseguido respuesta a sus peticiones en algunas otras: a partir de ahora será posible hacer un uso profesional de los títulos náuticos de recreo, y la actividad contará con un área propia dentro de la Dirección General de la Marina Mercante. Todo ello en el marco de una recuperación del mercado que, al menos por el momento, no ha alcanzado a Cantabria.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Mayo 2019

Como sucede con otros indicadores económicos –y por pequeño que sea ese mercado, el de embarcaciones deportivas es uno más entre ellos– la recuperación de las ventas en la náutica de recreo está llegando a Cantabria con un evidente retraso respecto al resto de España. En el conjunto del país las cifras encadenan varios ejercicios consecutivos en positivo, en una lenta recuperación de los efectos de la crisis, en tanto que en Cantabria las ventas llevan tiempo intentando remontar los mínimos a los que llegaron tras la recesión, perdiendo un año lo que recuperaron en el anterior, o viceversa, y siempre moviéndose en unas cotas que apenas se acercan a la mitad de las registradas de 2008, antes de que la recesión cambiara bruscamente las referencias cuantitativas en las que se movía la actividad. De hecho, y a diferencia de otros mercados, en el de embarcaciones de recreo las cifras siguen muy lejos de las que se registraron antes de la crisis, y eso vale tanto para Cantabria como para el conjunto de España. El tiempo pasado desde entonces sí ha servido, en cambio, para que se articularan algunos cambios legales que, en buena medida, han ido en la línea de lo que reclamaba el sector, en aspectos como la regulación de las titulaciones o la fiscalidad del alquiler. En contraste, no se ha logrado avance alguno en la principal reivindicación del sector: la eliminación del impuesto de matriculación para las embarcaciones deportivas.

Novedades

La actualidad ha traído algunas novedades tanto en la cuestión de la fiscalidad de las matriculaciones como en la de los títulos que habilitan para el gobierno de embarcaciones de recreo, si bien en sentidos muy diferentes en ambos casos. En el primero, en lo que hace referencia a un tributo que es una particularidad del sistema fiscal español, el sector ha dado por agotado el camino en nuestro país y ha decidido interponer una demanda ante la UE para reclamar su eliminación. Según se explicó en el congreso náutico organizado el pasado mes de marzo en Palma de Mallorca por la Asociación Nacional de Empresa Náuticas (ANEN), la reclamación planteará que el impuesto de matriculación de las embarcaciones de recreo es un gravamen anacrónico e injusto, argumentando que su eliminación supondrá un aumento de la productividad y competitividad para el sector que superaría los ingresos que actualmente consigue la administración por vía de ese tributo. El impuesto de matriculación grava la venta de embarcaciones nuevas de más de 8 metros de eslora, con una tasa del 12% de la que estaban exentas –tras una modificación legal efectuada en 2013 en línea de lo que pedía el sector– los barcos destinados al alquiler.

El arrendamiento turístico de las embarcaciones de recreo es también la actividad que en mayor medida puede verse beneficiada por otra de las novedades recién aprobadas: la que permite hacer un uso profesional de los títulos que habilitan para el gobierno de embarcaciones de recreo. Hasta ahora, el mismo título que permitía navegar como particular, no era válido si alguno de los pasajeros que iban a bordo había contratado ese servicio. Para los alquileres con patrón, por tanto, era obligado que quien arrendaba el barco contratase a alguien con una titulación profesional –náutico-pesquera, o de marina civil– para que se ocupase de esa tarea. La paradoja era que, en un alquiler sin patrón, el gobierno de la embarcación sí que puede asumirlo uno de los clientes que arrienda el barco, si cuenta con un título de recreo que lo habilite para ello, pero ese mismo título no era válido si quien se pone a los mandos de la embarcación era el arrendador. La modificación aprobada mediante real decreto el pasado mes de abril pone fin a esa aparente incongruencia, y abre la puerta al uso profesional de los títulos de recreo, siempre que se supere un curso para ello. La posibilidad de gobernar una embarcación con pasajeros, en todo caso, estará limitada a los patrones y capitanes de yate –las dos titulaciones que habilitan para mayores esloras y distancias de navegación– y acotando el número de pasajeros a un máximo de seis. El uso profesional –ver cuadro junto a estas mismas páginas– se amplía a más supuestos, además del alquiler. En muchos de esos casos –como el mover embarcaciones dentro de una marina, o la posibilidad de gobernar las lanchas neumáticas de socorrismo– se da carta de naturaleza a situaciones que ya anteriormente se hacían con el título de recreo, si bien de forma irregular.

Los cambios llegan en un momento en el que el mercado –medido en matriculación de embarcaciones nuevas– da síntomas de recuperación, si bien de una forma geográficamente irregular. En el conjunto de España las ventas subieron el año pasado un 3,3%, si bien la práctica totalidad de esa subida es achacable al buen comportamiento de las Islas Baleares, con mucho el principal mercado español de embarcaciones. En Cantabria, por el contrario, las 57 embarcaciones vendidas el pasado año son una menos que las del año anterior. Si atendemos al dato del primer trimestre de 2019 –último periodo con cifras cerradas– el diferencial se ensancha: crecen las ventas un 17% en toda España, y se mantienen sin cambios en el caso de Cantabria.