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Concebida como una iniciativa de colaboración entre productores e inspirada en un modelo que funciona con éxito en Francia desde hace un cuarto de siglo, ‘De Granja en Granja’ quiere acortar la distancia que separa a quienes elaboran los alimentos y quienes los consumen, favoreciendo a aquellas explotaciones con capacidad para fijar población al territorio. La plataforma, que admite solo a quienes transforman la materia prima que o bien producen ellos mismos o bien otros miembros de la red, ha sumado otros cuatro integrantes durante el último año, y cuenta ya con una treintena de granjas en toda Cantabria.

J. Carlos Arrondo | Enero 2022

Surgido por la iniciativa de la asociación Slow Food Cantabria, el proyecto ‘De Granja en Granja’ reúne a un grupo de productores de la comunidad autónoma que, a partir de la visibilización y dignificación de su labor cotidiana, trata de mantener vivo el mundo rural mediante una red de colaboración mutua y la puesta en común del saber hacer con el que tradicionalmente se ha trabajado en este entorno. Este impulso a la identidad agrícola, ganadera, recolectora y transformadora de la materia prima del territorio también debe ser la base para reconstruir puentes con un consumidor a quien los grandes canales de comercialización han ido desconectando del producto artesano local y, en última instancia, de un modelo alimentario mejor y más razonable.

Jorge Mariscal, director de la red ‘De granja en Granja’

En sintonía con el movimiento internacional de nombre análogo, surgido hace tres décadas en Italia y que tiene presencia en 160 países, Slow Food Cantabria se fundó en 2016 enfocada a trabajar por una buena alimentación, asequible para todos, que no perjudique al planeta, a la salud humana o al bienestar animal y que ofrezca una justa retribución al productor. Su presidente, Jorge Mariscal, también es el director de la red ‘De Granja en Granja’: “Empezamos a trabajar en este proyecto en 2017, al hilo del movimiento ‘De Ferme en Ferme’ que existe en Francia desde hace unos veinticinco años y ya cuenta con ochocientas granjas por todo el país. Cada año celebran un fin de semana de puertas abiertas en abril para que todo el público pueda ir a verlas”. Inspirados en este modelo, comenzaron a estudiar cómo reunir a productores que, a pesar de dedicarse a distintos ámbitos del sector primario, compartieran alguna característica común.

Granja: concepto común

Jorge Mariscal aclara que la utilización de la expresión ‘granja’ realmente se debe a que es un concepto común capaz de representar a todas: “Las hay de producción ganadera, agrícola, hortícola, incluso de recolección silvestre”. Explica que para estar en ‘De Granja en Granja’ es necesario que cada explotación esté presente desde el inicio del ciclo del producto que hace llegar al consumidor: “Por ejemplo, una bodega debe tener viñedo o una quesería debe tener ganado. O bien, si solo transforma, que lo haga con productos de la red o con productos, como puede ser la patata de Valderredible, que sin esa transformación realmente se podrían extinguir; pero estas son las excepciones”. A pesar de este criterio restrictivo, que supone que hay artesanos que no pueden formar parte de ella, durante este año se han incluido cuatro nuevos miembros, para sumar un total de treinta granjas distribuidas por buena parte de la geografía cántabra, si bien aspiran a que el proyecto pueda contar con participantes de otras comarcas aún no representadas.

“El principio es fijar territorio. Cualquier producción que no esté ligada al territorio peligra, como, por ejemplo, está ocurriendo con muchas denominaciones de origen en que la materia prima deja de producirse porque es más rentable su transformación; hasta el momento en que esa materia prima desaparece y, por lo tanto, esa denominación de origen también empieza a tener un riesgo de desaparición”, indica el responsable de la red. En su opinión, ese fenómeno ya se está observando en Cantabria y es una de las razones por la que tratan de darle mucha importancia al ciclo completo. Cree que reducir el número de eslabones de la cadena que une a productor y consumidor tiene una consecuencia lógica en la obtención de un mayor beneficio, pero destaca también otros aspectos a tener en cuenta: “Hablamos de la frescura de los alimentos y de la salud. Hablamos de los ciclos de economía circular y de la importancia de consumir cerca para generar un tejido social”.

Jorge Mariscal señala que la idea inicial consistía en dar visibilidad a su trabajo y restaurar la confianza del consumidor: “Ahora cada vez lo vemos más claro, pero en aquel momento existía cierta confusión en cuanto a las marcas de garantía alimentaria, especialmente la ecológica, o  las denominaciones de origen y se pervertía un poco lo que es realmente la producción local”. Así, en junio de 2019 se celebraron las primeras jornadas de puertas abiertas en veinte granjas. Durante un fin de semana, sábado y domingo, quien quisiera podía visitarlas de manera gratuita y vivir in situ su actividad diaria. Además, los anfitriones podían ofrecer a los asistentes aquellos productos de los que dispusieran para la venta. “Fue un éxito. Se contabilizaron 3.500 personas, con bastante afluencia del País Vasco, especialmente de Bilbao,  y también de Asturias y Palencia”, apunta el presidente de Slow Food Cantabria. Pero las restricciones de movilidad y reunión durante 2020 les obligaron a  virar en su estrategia y de las actividades presenciales tuvieron que dar paso a las digitales.

‘Come Cantabria Local’

Su principal iniciativa en internet ha sido la campaña de difusión ‘Come Cantabria Local’. Se trata de una serie de programas en los que se enseñan recetas con ingredientes ‘buenos, limpios y justos’, las tres características que representan al movimiento Slow Food. “No se trata tanto de enseñar a hacer un plato, como de dar unas pinceladas sobre qué productos utilizar y cómo”, afirma Jorge Mariscal. Los productores también están presentes en los videos a través de las vistas que les realiza el cocinero, algo que el director de ‘De Granja en Granja’ considera importante para ampliar su alcance, entre otros a un tipo de consumidor profesional: “Descubrimos que muchos restaurantes llamaban a la puerta de estos productores motivados por el programa. En esa primera temporada, totalmente a coste nuestro, hicimos seis programas y como creemos que acertamos, lo hemos continuado. Ahora hemos empezado la segunda, en la que se van a emitir ocho, ya con un pequeño patrocinio de la Oficina de Calidad Alimentaria y de Turismo”.

En el mapa, las explotaciones y productos que integran actualmente la red ‘De Granja en Granja’.

El éxito de los programas de ‘Come Cantabria Local’ se cifra en un alcance de unas ochenta mil personas en cada emisión, cantidad más que destacable dados los medios con los que cuentan. No obstante, el responsable del proyecto se pregunta si este fenómeno digital es real, algo que han tenido oportunidad de comprobar en el ‘Mercado de Granjeros’ recientemente celebrado en Maliaño: “Hemos demostrado que lo que estamos haciendo verdaderamente ha llegado a la gente. El trabajo tiene un punto de culminación, se llevó al mercado y fue una saturación, por encima de lo que habíamos imaginado”. Y matiza que, aunque es cierto que durante este verano ha habido muchas ferias multitudinarias en Cantabria, el hecho de haber organizado esta fuera de la temporada turística da más valor a la respuesta obtenida: “Te das cuenta de que el camino es el acertado, que el consumidor quiere hablar con el productor y no con el revendedor porque entiende que hay una diferencia. Realmente no es algo extraordinario, simplemente es volver al camino normal, a poder mostrar una actividad y ser auténtico”.

Eventos como el de Camargo o el ‘Mercado de la Tierra’, celebrado en octubre de 2020 y en el que participó una docena de integrantes de la red, propician el contacto ocasional entre productores y consumidores, pero es importante que esa relación estrecha se mantenga durante el resto del año. “Se trata de que no exista ningún tipo de intermediación. Si el consumidor quiere comprar algo, a través de nuestra web va a enlazar directamente con el productor”, resume Jorge Mariscal, quien revela que se está trabajando en proyectos comunes para poder abaratar los costes de distribución: “Esa es la batalla grande y la que puede posicionar mucho a este tipo de producción pequeña. Al final del verano ha empezado a desarrollarse entre tres socios una plataforma para distribuir el producto, aprovechar un vehículo y reducir costes. Ahora se trata de que puedan integrarse más productores”. Además, considera importante mostrar que todos los productos van de la mano: “Una experiencia piloto fue la tienda granjera –‘The Farmers Market’– que  montamos este verano en Noja o la ‘food truck’ que presentamos en el último mercado”.

No hay cifras globales de ventas, puesto que se realizan directamente por cada explotación, pero la sensación que tiene el director del proyecto es que en 2021 han mejorado las del año pasado: “Cada vez que se emitía un programa de ‘Come Cantabria Local’ los productores recibían llamadas. Y en esta última feria se quedaron sin existencias, lo que quiere decir que han superado sus expectativas. Lógicamente, no es únicamente por la red, porque también tienen sus propios méritos, aunque va un poco ligado”. En esta misma línea, le resulta gratificante que algunos consumidores hayan sugerido la posibilidad de adquirir una cesta de productos procedentes de la red, lo cual quiere decir que aprecian su calidad, su cercanía  e incluso sus precios: “Son muy  competitivos, a veces por debajo de los de mercado. Algunos tienen miedo a subir el precio por perder a sus clientes de toda la vida, pero eso ya es algo muy particular. También hay un consumidor para el que el precio no es un impedimento cuando hay un discurso, unas claves, detrás del producto”.

El sentido de la red

El proyecto agrupa a tres decenas de explotaciones heterogéneas que ofrecen al mercado un conjunto de productos muy variados. En un contexto así cabe preguntarse cómo se articula el concepto ‘red’ para que tenga sentido. Para Jorge Mariscal participar de una marca común ya es un paso importante para dar significado al trabajo conjunto, como también lo es compartir experiencias o saber hacer, incluso colaborar en las ventas de sus compañeros: “Vas a comprar algo a una granja y puedes comprar otros productos de los demás socios. Es un modelo clásico francés y funciona, atrae a más gente. Muchas ya lo están haciendo”. No obstante, el presidente de Slow Food Cantabria advierte de que a veces pensamos  que  a los granjeros solo les preocupa la parte productiva, pero tienen que enfrentarse a otras circunstancias para lo que ‘De Granja en Granja’ les puede ayudar: “Se nos olvida que en el mundo rural hay muchas trabas, limitaciones urbanísticas, licencias, etc y en ese tipo de luchas también sirve la red. Sencillamente es un lobby, un grupo de presión”.

Por ahora, el grado de satisfacción con el proyecto es bueno. Su director es consciente de que es un trabajo voluntario y que quizás con un enfoque profesional se podría abarcar más y desarrollar más propuestas: “Sabemos que puede llegar más lejos; también que es un trabajo constante. En el momento en que dejas de hablar de ‘De Granja en Granja’, desaparece. Pero creo que ya hay un bagaje y, sobre todo, una colaboración entre todos los miembros que permite que no se apague”. Jorge Mariscal admite que durante el invierno es difícil realizar algunos tipos de actuaciones y que buena parte de la difusión recaerá en la segunda temporada de programas de ‘Come Cantabria Local’, pero ya trabajan en otras formas de divulgación: “Hemos planteado a la Consejería de Educación una  actividad formativa para que los colegios e institutos puedan visitar las granjas o para que los granjeros puedan ir a los centros a explicar su labor. La idea es seguir tejiendo redes con distintos colectivos porque al final siempre determinamos que la alimentación es transversal a todas las áreas”.

Colaboración, pero no dependencia

‘De Granja en Granja’ mantiene una comunicación estrecha con la Consejería de Desarrollo Rural, sobre todo con la Dirección de Alimentación y la Oficina de Calidad Alimentaria, de quienes ha recibido apoyo para la organización de ferias y la grabación de los programas. La Consejería de Turismo también ha colaborado en aspectos como la impresión de mapas con la ubicación de las granjas o en el patrocinio de ‘Come Cantabria Local’. “Siempre hay un diálogo abierto sobre  las deficiencias del mundo rural y nosotros les ofrecemos consejos sobre los proyectos que se podrían desarrollar”, resalta Jorge Mariscal, quien considera importante puntualizar la naturaleza de su relación con sus patrocinadores, públicos y privados: “Necesitamos ayuda, pero no ‘dependemos de’, que es muy diferente. En el asociacionismo muchos proyectos mueren en el momento de dejar de tener una subvención. Desde el principio planteamos que el nuestro tenía que ser desarrollado al cien por cien con nuestro trabajo y nuestro tiempo. Todo lo que venga después, bienvenido sea; permitirá hacerlo más rápidamente, pero no frenarlo”.