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Siete empresas de Cantabria han tomado parte en el proyecto industrial más ambicioso acometido por la construcción naval española, culminado en su primera etapa con la puesta a flote del submarino S-81, el primero de una serie que contará como mínimo con otras tres unidades en las que también han garantizado su participación. Con la construcción del sumergible, España se convierte en uno de los únicos diez países del mundo con capacidad para diseñar y construir este tipo de buques, lo que abre un amplio abanico de posibilidades para atender encargos procedentes de otros países. Además de las oportunidades que ello supone para las empresas participantes, el altísimo nivel tecnológico y los requerimientos técnicos que exige un proyecto de estas características son un verdadero aval de la capacidad y competitividad de quienes han tomado parte en el programa.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Mayo 2021

Casi atendiendo a cualquier variable que pueda considerarse, pero singularmente si consideramos el alcance y la exigencia tecnológica del proyecto, la construcción de los submarinos de la serie S-80 que la Armada Española ha encargado a Navantia constituye el programa más ambicioso acometido nunca por la industria española. Con la puesta a flote del primero de los cuatro sumergibles de la serie, un acontecimiento celebrado el pasado 22 de abril en el astillero de Cartagena donde se construye el S-81, España se convierte en uno de los pocos países con capacidad para diseñar y construir buques de este tipo, haciéndolo además con tecnología propia y con unas prestaciones que convierten al ‘Isaac Peral’ –nombre con el que se le ha bautizado– en el submarino más avanzado del mundo entre los que utilizan propulsión distinta a la nuclear. La relación de proveedores con que ha contado Navantia para la construcción de la unidad botada en abril, y también para las que vendrán después, incluye una presencia mayoritaria de empresas españolas y, entre ellas, siete de Cantabria que, bien en sus propias instalaciones o bien trabajando en el astillero murciano, han fabricado e instalado componentes del sumergible. Una tarea esta que, más allá de las dimensiones de lo realizado por cada una –y en algunas la aportación ha sido de gran relevancia–, supone un incuestionable aval de la capacidad técnica de los participantes.

Aunque España ya había construido submarinos anteriormente, hasta ahora lo había hecho siempre con tecnología y licencias de otros países. Es el caso, por ejemplo, de los sumergibles de la clase Galerna –o serie S-70–, desarrollados por los astilleros franceses DCN y construidos por Bazán –la actual Navantia– en los años ochenta del pasado siglo. Es precisamente a esa serie a la que se viene a dar relevo con el programa S-80 –o clase Isaac Peral, por el nombre de su primera unidad– para el que el astillero público optó por hacer un desarrollo propio. La dificultad del empeño queda clara si tenemos en cuenta los obstáculos que han tenido que superarse y que han retrasado en una década la fecha prevista para la entrada en servicio de estos submarinos, obligando a la Armada a acometer una renovación completa de la última de las unidades de la vieja serie S-70 –lo que se conoce como gran carena– para prolongar su tiempo de servicio. El principal contratiempo en el desarrollo del programa S-80 fue el error detectado en 2012 –apenas un año ante de la fecha inicialmente prevista para la entrega– que obligó a recalcular las dimensiones de la nave y que en la práctica supuso la puesta en marcha de un nuevo programa, el que se conoce como S-80 Plus.

Navantia ha organizado la construcción del S-81 dividiendo el submarino en cuatro grandes secciones y adjudicando los trabajos a realizar en cada una de ellas a empresas diferentes. Enwesa ha sido la encargada de elaborar y montar las estructuras y montajes mecánicos de una de esas cuatro secciones.

El diseño, desarrollo y construcción de las cuatro unidades de la serie contempla una inversión de 3.900 millones de euros, una cantidad que según los cálculos de Navantia supone una aportación de en torno a 250 millones de euros anuales al PIB español. Además de lo que está cifra tiene de relevante en sí misma, la importancia del programa para la industria española se mide sobre todo en términos cualitativos, al haber contado con un importante número de empresas nacionales para su realización, con el uso de tecnologías de última generación, transferibles al ámbito civil. En total son unas 800 las empresas españolas las que han participado o están participando en la construcción de los submarinos de la clase Isaac Peral, de las que siete –Gamesa Electric, Ensa, Enwesa, Fernández Jove, Atecsol, Newtesol y la Fundación CTC– son de Cantabria.

Empresas cántabras

La relación de empresas cántabras participantes es representativa del perfil de proveedores habitual en construcción naval –metalurgia y calderería– pero lo es ante todo de la alta exigencia y capacitación tecnológica que requiere un proyecto de estas características. Buena parte de esas empresas, de hecho, son proveedoras habituales de la industria nuclear, un ámbito donde el nivel de exigencia es perfectamente comparable con el que requiere la construcción de un sumergible. La colaboración de esa parte del tejido industrial cántabro en el programa, y el retorno que esa participación tiene en términos económicos y estratégicos, es también representativa de la relevancia que el sector de defensa tiene como cliente.

“Un proyecto como el del submarino S-81 es básico para la industria española y ha podido demostrar las capacidades de las empresas españolas en un sector tan importante como la defensa”, resume David Peris, presidente del grupo de trabajo GT2 de Construcción Naval dentro del Clúster de la Industria de Defensa (CID). Creado en Cantabria en 2019, el clúster CID es el primero de estas características creado en España, con el fin precisamente de reforzar la participación tecnológica e industrial de las empresas españolas con el sector de la defensa. Peris, que destaca como un motivo de orgullo la participación de empresas cántabras en un proyecto como el del S-80, formen o no parte del clúster, está convencido de que este programa puede ser un punto de inflexión: “Este tipo de apuestas son las que se necesitan en una industria que esta pasando por tiempos difíciles y esta necesitada de grandes inversiones para que las empresas del sector puedan desarrollar todo su potencial y convertirse en un referente a nivel internacional”. El representante del clúster CID considera que haber tomado parte en un proyecto como este se convertirá en una “lanzadera” para quienes lo han hecho, que podrán exportar y aplicar muchos de los conocimientos que han desarrollado para este trabajo: “Hemos demostrado que sabemos hacerlo y lo hemos hecho bien”.

La instalación del motor en el S-81, en el astillero. El propulsor, de 3.500 caballos, es el encargado de mover al submarino mientras navega en inmersión.

La empresa cántabra que ha tenido probablemente una de las participaciones más importantes en el programa, y casi desde el inicio del mismo, ha sido Gamesa Electric, que cuando todavía era conocida como Cantarey Reinosa asumió el diseño y fabricación del motor eléctrico encargado de propulsar al submarino cuando navega bajo el agua. La capacidad para operar en inmersión –gracias a un sistema capaz de generar electricidad sin necesidad de utilizar los motores diesel y, por tanto, sin precisar aire para su funcionamiento– es una de las principales ventajas operativas del submarino diseñado por Navantia, que es capaz de permanecer hasta 30 días sumergido, una autonomía fuera del alcance de cualquier otro submarino no nuclear. En ese tiempo, la responsabilidad de mover la nave recae sobre el propulsor construido en Reinosa, un motor eléctrico síncrono de imanes permanentes de 3.500 caballos. Cantarey entregó el primero de estos motores en 2010, a tiempo para la fecha inicialmente prevista para la entrada en servicio del S-81. Los posteriores cambios en el programa, que básicamente supusieron un aumento de la eslora de la nave, no afectaron en nada a la participación de la empresa cántabra en el proyecto ni al motor fabricado en lo que hoy es la fábrica cántabra de Gamesa Electric.

La participación del Grupo Fernández Jove en el programa S-80 se ha articulado a través de la empresa FJ I Integral Supply, que cuenta con una larga trayectoria de trabajo para el sector naval de Defensa. Dentro del programa S-80, FJ I Integral Supply ha sumnistrado sistemas de sellados fabricados por otra de las empresas del Grupo Fernández Jove, la firma Hawke Transit System. Concretamente el EMC (Electromagnetic Coupling), un sistema de sellado modular capaz de abarcar un amplio rango de cables o tuberías,  garantizando la integridad de las comunicaciones y los servicios electrónicos a bordo. Este sistema, explican desde la empresa cántabra, mitiga las señales  de ruido e interferencias a niveles que no afecten la operativa normal de los equipos eléctricos; además de estar certificado como barrera contra el fuego, agua, aire. “Para FJ I Integral Supply, esta colaboración supone un importante y ambicioso salto hacia nuevos tipos de buques, animándonos a seguir investigando y desarrollando nuevos proyectos I+D+i con el fin de seguir aportando productos novedosos a la Armada Española y al sector naval de defensa”.

Por las características de buena parte de los trabajos realizados en la construcción de los submarinos de la clase Isaac Peral –calderería de altos requerimientos y soldadura muy especializada– el proyecto tiene puntos de contacto con los habituales en el sector nuclear, lo que tiene su reflejo en la participación de las empresas cántabras del grupo Ensa –la propia Equipos Nucleares y su filial Enwesa– y de otras que trabajan habitualmente con estas, como la Fundación CTC.

El S-81 en la grada del astillero, durante su construcción.

La aportación de Enwesa al programa S-80 se cuenta entre las más relevantes dentro de las asumidas por empresas establecidas en Cantabria. El proyecto ademas tendrá continuidad en el tiempo al haberse confirmado ya su participación en la construcción del S-82 y el S-83, la segunda y tercera de las cuatro unidades que ha encargado la Armada Española. Al igual que en el caso de la empresa matriz Ensa, la especialización de Enwesa en el sector nuclear ha sido clave para haber logrado tomar parte en unos trabajos que requieren de una alta cualificación, capacidad técnica y garantía. De hecho, y debido igualmente a esa especialización de Enwesa en el ámbito nuclear, la colaboración de Enwesa con Navantia tiene un largo recorrido en el tiempo, al iniciarse ya en el año 2012. Destaca entre los trabajos realizados la participación en la gran carena del S-70, con la que se ha buscado mantener la operatividad de este submarino hasta la entrada en servicio de la nueva serie S-80.

En el caso del proyecto S-80 la participación de Enwesa se ha articulado en dos niveles. Por un lado, realizar el montaje mecánico y la soldadura de grandes estructuras en el propio astillero de Cartagena donde se ha construido el S-81 y donde se construyen también el resto de unidades de la serie; por otro, y en paralelo, suministrar equipos de altísimos requerimientos técnicos fabricados en Cantabria.

Para el trabajo en el astillero, Navantia ha organizado la construcción del S-81 dividiendo el submarino en cuatro grandes secciones y adjudicando los trabajos a realizar en cada una de ellas a empresas diferentes. Enwesa ha sido la encargada de elaborar y montar las estructuras y montajes mecánicos de una de esas cuatro secciones. Los requerimientos que plantea un buque de estas características muestran la relevancia de los trabajos de ingeniería realizados, que incluyen fabricación y montaje de tuberías y tanques, entre otras estructuras vitales para el funcionamiento de un submarino. Los equipos fabricados por Enwesa, en sus instalaciones de Heras, incluyen la fabricación de uno de los dos intercambiadores de calor del agua dulce/agua salada que equipan al S-81.

Enwesa está ya trabajando en la segunda de las unidades que se fabrican para la Armada Española y también ha conseguido ya la adjudicación para participar en la tercera unidad, el S-83. Esta línea de actividad supone la continuidad en la colaboración en el proyecto S-80 con una previsión inicial de trabajo para los próximos tres años.

Enmarcada dentro de su línea estratégica de ingeniería avanzada, la participación de la Fundación CTC en el programa S-80 está muy vinculada a la experiencia de este centro en la investigación de materiales, y relacionada a su vez con los trabajos asumidos por las empresas cántabras del grupo Ensa. Así, los analistas de CTC realizaron la verificación del cumplimiento de códigos de diseño por parte de los intercambiadores de agua del submarino S-81, construidos con aleaciones de cobre y de acero y destinados al sistema centralizado de refrigeración del submarino. CTC ha asumido además tareas de revisión y verificación de cargas y tensiones de otros materiales y elementos empleados en la construcción de la nave.

Atecsol es otra de las empresas cántabras que ha trabajado en el propio astillero donde se construyen los submarinos del programa S-80. En su caso, ha realizado recargues por soldadura con material anticorrosión mediante un sistema orbital automático, al tener que realizar los trabajos ‘in situ’ y sin poder rotar las piezas. El recargue por soldadura es un procedimiento por el cual se aplica un material sobre otro utilizando un proceso de arco eléctrico. El recubrimiento aplicado mediante este sistema por parte de Atecsol ha tenido como destino varios componentes para  los sistemas de estabilización y refrigeración del S-81.

La empresa cántabra, que en todo momento ha tratado directamente con Navantia, tiene contratada ya su participación en la construcción del S-82 y el S-83, en los que intervendrá a partir de este próximo verano y también durante el año que viene. Aunque Atecsol tiene una línea de trabajo relacionada con el sector naval, desde la empresa admiten que no es habitual realizar para este sector tareas con el nivel de exigencia que plantean las realizadas para Navantia en el S-81, semejantes a las que si realiza para el sector nuclear o petroquímico. En este caso concreto, estos componentes una vez recargados, son sometidos a ensayos por líquidos penetrantes y ultrasonidos para comprobar la calidad de la soldadura, con resultado de cero defectos.

David Peris, presidente del grupo de trabajo GT2 de Construcción Naval dentro del Clúster de la Industria de Defensa.

En total, la participación en la construcción de los tres submarinos sumará unas 800 horas de trabajo, una cifra notable pero que no da cuenta del alcance y complejidad técnica de lo realizado. Sí que está más cerca de hacerlo otra referencia: para el encargo de Navantia para el programa S-80, Atecsol ha desplazado a Cartagena una instalación de 150.000 € desarrollada por la propia empresa específicamente para este proyecto.

Dedicada como Atecsol al recargue de soldadura, y también al mecanizado e superficies y la fabricación de componentes, Newtesol ha hecho todos los pasos de casco del S-81, pasos de mamparos resistentes o partes fijas de pasos de estructuras resistentes, recargados con una aleación resistente a la corrosión de base níquel. También las tubuladas –para escape, ‘snorkel’ o medios de detección, entre otras– así como en otros componentes susceptibles de sufrir corrosión, como los de los tubos lanzatorpedos.

El acto de puesta a flote del S-81 –en realidad el bautismo y presentación del buque– está lejos de suponer el final de los trabajos a realizar en esa nave, a lo que habrá que sumar todo lo pendiente por hacer en el S-82 y S-83 –ya en construcción ambos– y en el S-84. La entrega del ‘Isaac Peral’  a la Armada está prevista para finales del año que viene, sucediéndose las del resto de unidades del programa S-80 hasta el año 2027. Pero el alcance del proyecto, y por tanto el impacto de este en la actividad de las empresas que participen, no acabaría ahí: el hecho de que Navantia se haya sumado al exclusivo club de quienes tienen capacidad para desarrollar sus propios sumergibles la sitúa en condiciones de pujar por contratos en todo el mundo. Navantia compite ya con otros cinco astilleros por la construcción de cinco submarinos con destino a la Marina india. Un contrato que, de conseguirse, garantizaría carga de trabajo para el astillero público español y también para un gran número de empresas de una gran capacitación técnica y una producción de gran valor añadido. Como las siete cántabras que ya lo han demostrado con su participación en la construcción del ‘Isaac Peral.

El Distintivo de Igualdad en la Empresa, un sello que en Cantabria ostentan Banco Santander, Equipos Nucleares, Mutua Montañesa y Soemca Empleo, acredita a las empresas que consiguen la excelencia en las medidas que buscan eliminar cualquier discriminación entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Romper el techo de cristal o cerrar la brecha salarial son dos de los objetivos que avala la acreditación, cuya obtención implica un proceso largo y actuaciones en toda la organización de la empresa. Aunque difíciles de medir, los retornos alcanzan también a todas las áreas, incluyendo las relacionadas más directamente con la competitividad.

J. Carlos Arrondo

Cuatro empresas cántabras acreditan la excelencia de sus medidas de igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres. Banco Santander, Equipos Nucleares, Mutua Montañesa y Soemca Empleo son parte del centenar y medio de entidades españolas que en los últimos ocho años han recibido el distintivo ‘Igualdad en la Empresa’ (DIE), un sello que otorga el Ministerio de Igualdad como reconocimiento a las organizaciones que destaquen en la implantación, en el desarrollo y en los resultados de sus planes integrales tendentes a eliminar la discriminación de género en el ámbito laboral. Con esta marca, el ejecutivo trata de estimular en el tejido empresarial un entorno igualitario de trabajo como un valor estratégico y que contribuya a su beneficio económico.

En 2008, Equipos Nucleares (Ensa) fue pionera con el primer plan de igualdad que se aprobaba en Cantabria. También fue el inaugural en el grupo SEPI –al que pertenece la empresa con fábrica en Camargo– y uno de los diez iniciales en España tras la entrada en vigor de la ley que establece su obligatoriedad en los casos en que las plantillas superen los 250 empleados. En 2010 tuvo lugar la primera de las convocatorias anuales de la marca DIE y la empresa de Maliaño fue una de las 39 entidades –entre ellas el Banco Santander– que recibieron dicha acreditación. Ensa considera la igualdad de trato y de oportunidades como uno de sus pilares organizativos y para su fortalecimiento establece una serie de objetivos en los ámbitos de la selección y contratación de los empleados, su clasificación y promoción profesional, retribución, formación, conciliación de la vida personal, familiar y laboral, la prevención del acoso, así como la sensibilización y la comunicación por parte de la compañía. Las medidas de aplicación y el desarrollo de estos aspectos forman parte de los aspectos evaluados para la concesión del distintivo de excelencia.

Un proceso largo y laborioso

Quienes han alcanzado la acreditación –cuya validez se prolonga por periodos prorrogables de tres años– coinciden en resaltar lo laborioso y difícil que resulta obtenerla. Es preceptivo presentar una memoria con los detalles de las políticas de igualdad de la empresa para ser valoradas con una puntuación cuya suma determina el acceso o no al DIE. “Es imprescindible tener todas las medidas documentadas y accesibles”, advierte Ana María González Gallat, gestora de Igualdad y miembro del Comité de Igualdad de Mutua Montañesa. Esta entidad colaboradora con la Seguridad Social recibió su distinción en la convocatoria de 2014 y a ello contribuyó significativamente que en su plantilla se superara el 40% de mujeres, que no existiera brecha salarial de género y la mejora producida en la ordenación del tiempo para la conciliación. En opinión de su responsable de Igualdad aportaron otra característica especialmente relevante: “En 2014 incluimos en nuestro convenio de empresa tanto el plan de igualdad como el protocolo de prevención del acoso sexual por razón de sexo y del acoso moral, con lo que adquirían carácter normativo”.

Carmen Fonfría, directora de Recursos Humanos de Amica.

El nivel de excelencia no sólo se mide por la plasmación en un plan de igualdad de un sobresaliente catálogo de medidas. Requiere además que sean sostenidas en el tiempo, algo que acaba teniendo un reflejo en las empresas. “A través de una evaluación periódica hacemos un seguimiento del impacto de las mejoras que vamos implementando”, indica la gestora de igualdad de Mutua Montañesa. Un buen ejemplo ha sido el incremento en el número de mujeres directivas, que han pasado de ser tres –el 16,5%– a siete –el 36%– entre 2014 y 2018, un crecimiento significativo si se tiene en cuenta que la media de edad de la plantilla de 45 años y su rotación es pequeña. “Hay mujeres que han entrado como becarias, han tenido bajas maternales y ahora son directivas. Han podido cruzar el techo de cristal porque Mutua apostó por su talento, no por el género”, precisa Ana María González Gallat.

También es reconocible el impacto de las políticas de igualdad en Soemca Empleo, centro especial de empleo de la asociación Amica que da trabajo protegido a personas con discapacidad. La paridad en su plantilla es prácticamente total, apenas hay brecha salarial de género –el 2,5% según la herramienta de autodiagnóstico del Ministerio, en contraste con el 28% de promedio en Cantabria– y ha ido corrigiendo equiparando la presencia de hombres y mujeres en los puestos intermedios mediante la promoción interna. “Desde el principio hemos trabajado con criterios de igualdad, que materializamos en un plan cuando salió la Ley. Después nos pusimos retos anuales para ir avanzando cada día”, apunta Carmen Fonfría, directora de Recursos Humanos de Amica, quien explica cómo decidieron optar al DIE: “Teníamos el objetivo de demostrar al exterior que se puede ser productivo teniendo políticas de igualdad. Nos pareció que este distintivo podía avalarnos a la hora de ser un ejemplo para que otras empresas se animen a contratar mujeres y que no se tenga miedo a contratar a gente mayor, inmigrante o con otras diferencias porque vemos que la diversidad produce mayor riqueza y complementariedad entre las personas”.

Es muy valorado que las empresas tengan definido un protocolo para la prevención y la atención del acoso laboral, sexual y por razón de sexo, que la plantilla lo conozca y sepa hacer uso de él. La empresa torrelaveguense acudió a la convocatoria de 2014 del DIE con uno muy completo, algo que sin duda favoreció la concesión de dicha acreditación. También lo hizo su política de formación en igualdad a lo largo de los años, tanto en lo referente a la sensibilización en este ámbito como en otras medidas formativas innovadoras. “La formación se evalúa a través de cuestionarios de satisfacción por quienes participan y siempre ha sido valorada como muy positiva. Yo creo que esta medida caló porque ha calado entre la plantilla”, considera Isabel Lamsfus, agente de Igualdad de Soemca Empleo, quien señala que como una tercera medida altamente puntuada la prevención de riesgos laborales, con la inclusión de un apartado de especial atención a la maternidad, la lactancia y la capacidad reproductiva de la plantilla.

En los espacios de trabajo de Soemca Empleo se han fortalecido todas estas medidas con la colocación de cartelería con mensajes fácilmente comprensibles para que la igualdad sea muy visible por todos. La directora de Recursos Humanos de Amica es consciente de que aún hay mejoras por hacer, pero observa que el personal es más sensible y está más satisfecho en un entorno así: “Es una apuesta que tiene que verse reflejada sobre todo en el clima de trabajo, en que las personas estén a gusto y sepan que luchan por objetivos”. La cuestión es si este tipo de políticas, representadas al más alto nivel por el distintivo ‘Igualdad en la Empresa’, producen algún impacto económico en la entidad. “No es fácil comprobar si se es más productivo o no. ¿Es una inversión o un coste? Son cosas que hay que hacer porque el mejorar día a día se tiene que traducir en mejores resultados económicos”, afirma Carmen Fonfría.

Un elemento estratégico

Ana María González Gallat, gestora de Igualdad y miembro del Comité de Igualdad de Mutua Montañesa.

Mutua Montañesa asumió un coste inicial en la elaboración del plan de igualdad y en la formación de la plantilla en la materia y el resto lo ha hecho aplicando medidas internas. “En realidad un coste muy bajo si se compara con los beneficios que aporta ser una empresa en igualdad y haber obtenido el DIE”, asegura Ana María González Gallat. Contar con medidas que favorezcan la vida laboral y familiar, la formación, la igualdad en la promoción y en las retribuciones, según la gestora de Igualdad, propicia un orgullo de pertenencia: “No cabe duda de que aumenta el compromiso con la empresa. En Mutua tenemos comprobado que retiene el talento”. Algo que se constata con el bajísimo índice de rotación –el 1,72%– de la plantilla.

El distintivo de excelencia puede utilizarse en el negocio ordinario de la empresa y con fines publicitarios. También es valorado en la concesión de subvenciones y en la adjudicación de contratos con las Administraciones Públicas. “A nivel internacional, a la hora de adjudicar contratos, los clientes cada vez valoran más positivamente la aplicación de medidas de responsabilidad social, entre las que destacan reconocimientos y políticas de igualdad”, subraya Laura Rioyo, responsable de Relaciones Laborales y Gestión Social de Ensa. Considera que el DIE, además de un reconocimiento en materia de igualdad, “supone una ventaja comparativa respecto a otras empresas, tanto en lo relativo a su imagen social como a la rentabilización del talento humano”.

Red DIE

Las 149 empresas y otro tipo de entidades que en las ocho convocatorios celebradas han obtenido y mantienen el distintivo de excelencia en materia de igualdad forman desde 2013 la Red DIE. Para las empresas, de diversos sectores de actividad y tamaño –el 35,6% son pymes–, en las que trabajan unas 263.000 personas, de las que el 44% son mujeres, supone una oportunidad de difundir sus políticas, lo que las convierte en modelo del cambio social. “Tratamos de conseguir avances en el entorno en el que trabajamos, conseguir una realidad más justa”, explica Carmen Fonfría, que resalta la importancia de proyectar sus experiencias al exterior: “Al final, es devolver algo a la sociedad”. Para alcanzar este objetivo es necesario que las empresas participen activamente en las distintas actividades que dinamizan la Red.

Los participantes tienen la posibilidad de intervenir en distintos tipos de iniciativas y a través de diferentes canales. Las jornadas técnicas son encuentros en los que se reúnen para tratar en profundidad temas de interés en la materia. También tienen a su disposición herramientas virtuales, como un foro en línea habilitado para facilitar la comunicación interna. A través de este instrumento surgen grupos de trabajo, en los que se ponen en común sus líneas de actuación. “Tenemos una participación muy activa en jornadas y en grupos de trabajo. Compartir información es de gran ayuda, nos sirve de ejemplo para mejorar en nuestras empresas”, destaca Ana María González Gallat. El objetivo es que de la actividad de la Red surjan ideas innovadoras y ‘buenas prácticas’ sean útiles para cualquier organización, dentro o fuera de la Red.

Todas las empresas coinciden en el orgullo que les produce tener el distintivo ‘Igualdad en la Empresa’ y, por añadidura, pertenecer a la Red DIE. Valoran como positiva una experiencia cuyo alto nivel de exigencia les obliga a mejorar permanentemente en la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, pero que a la vez les permite enriquecerse con las aportaciones de las mejores en este ámbito. Sin embargo, a nivel general, planea la duda de si una iniciativa que por el momento tiene tan pocos participantes puede tener realmente el alcance que la transformación social necesita, algo que sólo podremos valorar en los próximos años.

María Vega, presidenta del Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria, está convencida de que el sector continuará presentando grandes oportunidades de negocio en los próximos años, bien por la construcción de nuevas centrales, el desmantelamiento de las antiguas o la investigación en los nuevos sistemas de fusión. Las empresas cántabras, asegura, están en condiciones de aprovechar esos nichos de mercado, algo a lo que cree que puede contribuir de forma decisiva la actividad del clúster.

Una entrevista de Cristina Bartolomé

El Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria (CINC) se creó en 2016, es por tanto un organismo joven pero que ya ha dado pasos importantes en sus objetivos de hacerse visible a nivel internacional, buscar oportunidades de negocio y facilitar la formación. También tiene como objetivo la permanente actualización tecnológica para que sus socios puedan dar respuesta a los nuevos retos. A nivel nacional el sector nuclear genera 27.500 puestos de trabajo de alta cualificación y aporta 28.000 millones al producto interior bruto nacional, cifras a las que Cantabria hace una aportación significativa gracias sobre todo a la presencia en la región de la fábrica de Equipos Nucleares SA SME (ENSA), tanto por la actividad que genera como por los proveedores con los que cuenta. Como no podía ser de otro modo, ENSA tiene un protagonismo indiscutible en el CINC, y es su directora de Desarrollo de Negocios, María Vega, la presidenta del clúster nuclear cántabro. Fue la primera becaria del COIE de la Universidad de Cantabria que empezó en Ensa. Y se quedó, de hecho, son ya 22 años los que lleva en esta empresa participada al 100% por la Sociedad Española de Participaciones Industriales, la SEPI. Con María Vega hablamos del clúster cántabro, de los retos de la industria nuclear y de las posibilidades que las empresas cántabras tienen para hacerse un hueco en este sector.

P.- ¿Cómo ha materializado hasta ahora sus objetivos el Clúster de la Industria Nuclear de Cantabria (CINC)?
R.- El clúster es bastante joven, lo dimos de alta en 2016, aunque ya antes fijamos su plan estratégico. Hemos ido avanzando poco a poco, teníamos tres pilares, la promoción comercial de las empresas, la formación y la colaboración entre las empresas que lo forman. Somos empresas y lógicamente va inherente a nuestro ser el buscar oportunidades comerciales. Por ello hemos estado ya en un número importante de ferias, asistimos a la World Nuclear Exhibition de París en 2016 y este año repetimos. En 2017 estuvimos por primera vez en la feria de desmantelamiento británica y pensamos continuar. Además seguimos intentando fijar alianzas con clústeres internacionales que nos puedan ayudar a fijar alianzas con empresas a las que ellos clusterizan: en 2017 hemos cerrado un acuerdo con el Britain’s Energy Coast Business Cluster, muy importante dentro del Reino Unido. Nos han invitado a un evento muy importante que se celebra en abril, en Cumbria, y empezaremos los primeros contactos con las empresas británicas y esperamos encontrar vías de colaboración que nos den más presencia comercial.

P.- Teniendo en cuenta que ENSA es la empresa más veterana, y la mayor dentro del clúster, ¿no existe el riesgo de que pueda eclipsar a las otras empresas del clúster?
R.- No se trata de que ENSA eclipse a nadie. La presencia de ENSA en el clúster se vio como una oportunidad, porque al ser la mayor empresa que hay en Cantabria en el sector nuclear, y que además somos 100% nucleares, podríamos hacer de motor. Por nuestras características, probablemente somos los que podemos llegar primero a esas oportunidades de mercado o a intentar mover el clúster en el mercado internacional. Nuestras actuaciones, desde CINC, van siempre dirigidas a poner en valor las capacidades de las empresas de Cantabria, y entendemos que poder movernos conjuntamente es la vía más interesante para acometer este mercado, y en ello estamos.

P.- ¿El clúster está abierto a otras empresas?
R.- Completamente abierto, damos la bienvenida a cualquier empresa que esté trabajando actualmente en el sector nuclear, sea cual sea su dedicación a este sector dentro de su portfolio. De lo que se trata es de que aumenten esa participación. Seguimos valorando la posibilidad de que alguna empresa más que ya se nos ha acercado pueda entrar, pero al final son los socios los que confirman esta adhesión. Sin embargo nunca ha habido ningún problema, al contrario, estamos muy abiertos a poder sumar.

P ¿Cómo puede ayudar el clúster a las empresas a acceder a nuevos mercados tanto geográficamente como en cuanto a nuevos nichos de negocio? ¿Cómo es la gestión del clúster en eventos y ferias internacionales?
R.- Trabajamos para conseguir que podamos ir a ferias internacionales. A veces hay empresas pequeñas para las que es muy complicado acudir, con lo que  el clúster se convierte en una vía para aglutinar esfuerzos, y propiciar la presencia de las empresas allí donde hay oportunidades comerciales. Siempre se puede ayudar a la proyección de las empresas cuando hay una oportunidad comercial. Desde el clúster gestionamos todo lo relativo al stand y al evento al que vamos, pero luego es cada empresa la que decide si va a tener presencia o no la va a tener, ellos evalúan el interés que tienen en ese mercado en concreto.

P.- ¿Y si una empresa no acude?
R.- Nuestro merchandising, nuestros folletos, nuestras acciones promocionales, incluyen información por el clúster completo. Lógicamente para todos los miembros del clúster no es fácil explicar lo que hace o lo que es otra empresa, pero si alguna no acude y detectamos interés por ella, recogemos las inquietudes de las empresas que nos transmiten ese interés y las ponemos en contacto.

P.- ¿Las empresas del clúster pueden llegar a competir entre ellas?
R.- Se puede dar ese caso. Pero lo que se busca en estas oportunidades que identificamos es que, más que competir, podamos asociarnos y sumar esfuerzos. Siempre hay una forma de poder compatibilizar y compartir esa fabricación que puede resultar de los contactos. Hasta la fecha tengo que decir que no hemos tenido ningún malestar entre empresas. De cualquier modo, hay que ser capaz de poder mostrar a las empresas que sumando capacidades pueden llegar a aprovechar las sinergias que se generan y eso puede redundar en beneficio de todos. El clúster es un ente de cooperación y quien se asocia ya tiene esta mentalidad.

P.- En este momento en el que se aboga por las energías renovables, ¿qué futuro le augura a las centrales nucleares?
R.- Eso es difícil de predecir, existen demasiadas incógnitas y condicionantes. Pero desde el sector nuclear junto a la Sociedad Nuclear Española y el Foro de la Industria Nuclear Española sí que entendemos que en el mix energético hay cabida para todas las fuentes. Están muy bien las energías renovables, por supuesto que son una alternativa interesante, pero no sola ya que de momento no solucionan las necesidades del mercado; no es una energía de base. La nuclear sí lo es, y además libre de emisiones de CO2, y por tanto una alternativa muy interesante para cumplir los objetivos del protocolo de Kioto.

P.- ¿Llega a influir en el día a día de las empresas del sector ese ambiente internacional a favor de las energías renovables y el cuidado del medio ambiente?
R.- Sí influye porque el negocio no es sencillo. Ahora en Europa Occidental hay solo tres centrales en construcción, lo cual quiere decir que las oportunidades son pocas, y no son fáciles. Pero realmente el clúster se creó pensando que hay oportunidades de futuro. En España estaba el Almacén Temporal Centralizado de Residuos Nucleares, y en Europa por ejemplo tenemos la nueva instalación del reactor de fusión ITER. Todos esperamos que esto nos dé muchas oportunidades en los próximos años.

P.- Visto como están las cosas, podría pensarse que buena parte de la actividad que se espera en los próximo años será la relacionada con el desmantelamiento de las centrales que alcancen el final de su vida útil.
P.- Es cierto que ahí hay muchas oportunidades, y también es algo que nos interesa. Pero también hay planes para construir nuevas centrales. Inglaterra, por ejemplo, tiene solo una central en construcción, pero cuenta con planes para construir nuevas centrales, con lo cual todo esto sigue vivo. Países como Arabia Saudí o como Emiratos Árabes Unidos, que está trabajando en su consolidación energética, están también apostando por la energía nuclear y de hecho están ya construyendo nuevas centrales. Para nosotros es pronto para que nos lleguen encargos desde esos mercados, porque no somos diseñadores, tecnólogos, de una planta nuclear, sino fabricantes de componentes y suministradores de servicios a Planta, pero en cuatro o cinco años podremos tener oportunidades allí.

P.- China es un país con una altísima y creciente demanda de energía.
R.- Es un mercado importantísimo. Tiene mucha extensión, mucha población y un plan industrial al que tienen que aportar soluciones para abastecerse de energía. Tienen planes de construcción de nuevas nucleares impresionantes y se ha desarrollado mucho tecnológicamente. Y hay otros mercados muy interesantes: Argentina,  Chile y Bolivia se plantean nuevas centrales, y parece que la oportunidad más cercana puede ser Argentina. También Brasil, y Corea del Sur, a la que vemos como una oportunidad para nosotros. Por su parte, Estados Unidos sigue con su carrera nuclear, y siempre es una oportunidad, difícil pero oportunidad y nuestra experiencia en el mercado nos sitúa en una posición privilegiada.

P.- Mencionaba antes el ITER, que investiga la posibilidad de contar con una energía nuclear que no genere residuos radiactivos. ¿Cómo valora ese campo de trabajo y esa oportunidad de negocio? 
R.- El ITER de Francia es una oportunidad muy interesante, pero no solo por el ITER mismo, sino por los ITER que pueda haber en un futuro. Es muy interesante por la visibilidad de futuro que te da, nos obliga a estar en la cresta de la tecnología porque todos los equipos que se van a utilizar allí son de nuevo desarrollo, no hay  nada convencional. Los hemos diseñado nosotros, a veces apoyándonos en otras empresas colaboradoras.

P.- Más allá de ENSA, ¿las empresas cántabras del clúster pueden acudir a estos  mercados tan complicados y de tan altos requerimientos tecnológicos y técnicos?
R.- Claro, ese es el objetivo. Por ejemplo y por lo que se refiere a Reino Unido, que es nuestro primer objetivo en el mercado internacional, ya hay empresas del clúster que están trabajando allí, aunque no en el sector nuclear todavía, que es donde vemos la oportunidad de crecimiento. El objetivo es que vayan introduciéndose. Ya hay empresas del clúster que están compitiendo en el mercado internacional nuclear, con lo cual todo esto no es completamente nuevo para ellas.

P.- Dice que el desmantelamiento de las centrales obsoletas significa un nicho de negocio importante, ¿el desmantelamiento de la central de Garoña es también una oportunidad? 
R.- Tristemente para todos, Garoña es una central que ha cesado su actividad antes incluso de finalizar su vida útil. Es cierto que ahora se presenta la siguiente oportunidad, que es la del desmantelamiento. Una oportunidad triste, porque nos habría gustado que siguiera funcionando, pero efectivamente es una posibilidad de negocio para las empresas del clúster. La adjudicación de estos  trabajos se hará a través de concurso público, con lo que la competencia será importante. Este año saldrán quizás las primeras licitaciones, pero es un proceso que puede durar muchos años.

P.- ¿Están las empresas de Cantabria preparadas para estos proyectos?
R.- Dentro del clúster hay empresas más maduras y otras menos, pero el conocimiento que existe en Cantabria del sector nuclear es enorme. Tenemos empresas dedicadas a la ingeniería que están trabajando y compitiendo en el sector nuclear, tenemos fabricantes, empresas de inspección, de software para centrales nucleares así como empresas que hacen montajes y servicios en campo. Tenemos presencia en todas las áreas de trabajo que puede demandar una central nuclear, y además con empresas que tienen una experiencia bastante importante. A esto hay que sumar la aportación importantísima de la Universidad de Cantabria y del Centro Tecnológico de Componentes, indispensable para poder ayudarnos en todo lo que es innovación, otro de los grandes objetivos del clúster.

P.- ¿Es necesario un pacto de Estado sobre materia energética en España?
R.- No solo aquí en España, sino en cualquier país, y no solo a nivel energético, que es muy importante, sino también a nivel industrial, es necesario saber hacia dónde tenemos que derivar nuestros esfuerzos dentro de las empresas. Por ejemplo, en desarrollo tecnológico e innovación debemos saber en qué tenemos que invertir para poder llegar a buen fin. Pero son temas que se nos escapan a nosotros, son políticas nacionales que de momento es difícil que lleguen hasta un clúster que es local, como el nuestro. El Foro Nuclear y la Sociedad Nuclear Española, que engloba a todo el sector a nivel nacional, son los canales para impulsar la opinión del sector.

P.- ¿Vamos desacompasados en España con respecto a otros países en materia energética?
R.- Cada país tiene que tomar la decisión sobre cuál es su estrategia energética y tiene que decidir sobre ella. Reino Unido, por ejemplo, ha decidido ir hacia la energía nuclear y también tiene sus propios condicionantes, ya que es una isla. Tiene muchos planes, aunque también va muy despacio. En todo caso tiene unos objetivos claros, que pasan por potenciar la energía nuclear. Respecto a su pregunta, no creo que vayamos desacompasados, cada país tiene su ritmo, tiene sus  necesidades, y toma sus propias decisiones. Personalmente me gustaría que tuviéramos unos planes de construcción de centrales nucleares enorme, pero es algo que tendrá que decidir el Ministerio.