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Los responsables de tres asesorías cántabras analizan el desempeño de sus despachos profesionales desde que hace algo más de un año se desatara esta crisis a la que en ningún caso se atreven a poner fecha de caducidad antes del finales de 2022. Meses, según conceden, de una carga “brutal” de trabajo bajo un aluvión de normas y decretos, muchos de ellos improvisados cuando no contradictorios. Valoran la fidelización de sus clientes, a los que reconocen haber prestado más servicios por lo mismo, y censuran por insuficientes y tardías las ayudas para tratar de socorrer a las empresas en dificultades. Consideran que aún se producirán cierres empresariales y que la recuperación económica será antes que la del empleo,al que auguran fuertes turbulencias con el final de los ERTE.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Mayo 2021

De súper caótico a excepcionalmente especial pasando por novedoso del que sacar algunas enseñanzas. Así caracterizan los responsables de tres asesorías y consultorías cántabras el espiral de trabajo en el que se han visto envueltos durante este largo año de pandemia. Los tres, sin excepción, coinciden en que sus despachos profesionales han tenido que hacer frente a una “ingente” carga de trabajo en unas condiciones especialmente difíciles, ya fuera por la imposición del teletrabajo, las restricciones de movilidad que han afectado a sus clientes o por el aluvión de normas y decretos al que se han enfrentado “un día sí y otro también”

“Ha habido un gran descontrol legislativo, informativo y sanitario. Y no sé en qué orden”, clama el economista y consejero de Cedenor Alfonso Pariza, que critica “la disparidad de opiniones y de toma de medidas” a lo largo de estos últimos doce meses. “En general, ha existido mucha contradicción, lo que ha hecho aún más complicada la labor de quienes teníamos que interpretarlo”, asegura.

En la misma línea se expresa el socio director del Grupo HFC Consultores, Ramón Cifrián, quien censura la maraña normativa muchas veces “improvisada” con la que han tenido que lidiar. “La tarea más difícil ha sido el análisis e interpretación de los decretos que se sucedían a toda velocidad”, resuelve.

Tampoco se aparta de este discurso su colega y uno de los gerentes de Gestisa, José Moreiras, para quien raro era el día en que no salía un decreto que modificaba al publicado el día anterior. “Teníamos que estar muy atentos por si aparecía algo nuevo sobre lo mismo. Entiendo que en aquellos primeros momentos no era fácil legislar, pero las modificaciones de las modificaciones eran muchas veces continuas”, aclara.

A este caos normativo, Pariza añade otros dos factores que, a su juicio, han contribuido a dificultar el trabajo. De un lado, alude tanto al cierre durante un largo periodo de las oficinas de las diferentes administraciones como al hecho de que, una vez abiertas, para cualquier gestión haya que pedir cita previa, que en ocasiones se eternizan en el tiempo. “Se ha perdido mucho de la agilidad de tantos años de conocimiento del funcionariado que a nosotros nos permitía manejarnos con mayor rapidez para solucionar los problemas de nuestros clientes”, afirma.

La tramitación de ERTE, de créditos ICO y la adapación a una normativa que cambiaba cada día ha multiplicado el trabajo en las asesorías durante el último año.

De otro, sostiene que esta crisis, que ha afectado a prácticamente todos los sectores productivos, ha generado “angustias financieras y problemas de pago y de tesorería” a algunos clientes que, al final, han terminado por verse reflejadas en los acuerdos profesionales que mantenían. “Tenemos una fidelización muy alta de clientes y por eso hemos seguido trabajando con ellos, pese a que en algunos casos hemos empezado a tener ciertas demoras en la atención de nuestras minutas”, concede antes de explicar que en su despacho han tenido casos de todo tipo, desde suspensiones de cuotas, hasta reducciones temporales que confían en recuperar en un futuro.

Esta situación también ha afectado al resto de despachos, tal y como reconoce Cifrián, quien igualmente cita a la elevada fidelidad de su clientela. “Son clientes de toda la vida a los que hemos tratado de ayudar mediante moratorias y fórmulas de aplazamiento de cuotas, pero a los que en muchos casos hemos hecho trabajos, sobre todo de tramitación de ayudas y subvenciones, que no les hemos facturado”, describe.

Su casuística es compartida por el gerente de Gestisa, que admite que a los clientes de los sectores más expuestos a la crisis les han prestado servicios que no han cobrado. “Más que renegociaciones de contratos o reducciones de cuotas, que algunas sí ha habido, aunque no muchas, lo que nos ha tocado es hacer más por lo mismo”, afirma.

Una vuelta de tuerca a su trabajo diario que los tres despachos han llevado a cabo con la misma plantilla y mayoritariamente de forma presencial, según confirman sus responsables.

“Hemos reutilizado nuestros recursos derivando personal de otras áreas para que apuntalaran el departamento laboral”, explica Moreiras. “Esta sobrecarga de trabajo ha puesto a prueba a todo el personal de la asesoría”, confiesa por su parte Cifrián, mientras que Pariza pone el ojo en las tensiones generadas por la avalancha de tramitaciones que han tenido que soportar durante todos estos meses: “No es lo mismo carga de trabajo que tensiones”, clarifica este economista para tratar de explicar lo que ha ocurrido en Cedenor. Así, afirma que toda la tramitación de los créditos ICO les ha reportado “muchísimo trabajo” no retribuido, mientras que los ERTE, que al principio de la pandemia también generaron enorme labor, han provocado después “mucha tensión” en su seguimiento “por la mala gestión del SEPE derivada en gran medida por la falta de personal”.

En este aspecto, el socio director de HFC Consultores conviene en que el embrollo no ha estado en la complejidad de los asuntos a realizar, sino en el elevadísimo número de solicitudes que tramitar. “El problema viene del volumen”, subraya.

De otro lado, Pariza resalta que su despacho aún mantiene “numerosas discusiones con las administraciones públicas por criterios de interpretación”. Así, asegura “que ningún otro año habían recibido tantas declaraciones paralelas del IRPF de 2020 por, según resalta, “cantidades muy pequeñas y sin tener en cuenta que la campaña de la renta del pasado año se llevó a cabo en unas condiciones heroicas”.

En lo que también coinciden estos tres asesores es en que la pandemia ha acelerado la digitalización de sus despachos y de muchos de sus clientes, aunque conceden que todavía hay algunos, sobre todo los más “tradicionales y de mayor edad”, que “siguen viniendo a traer los papeles a la asesoría”.

Alfonso Pariza, director de Cedenor.

Es lo que le sucede a Gestisa, donde su gerente admite que a gran parte de su clientela, integrada mayoritariamente por pequeñas empresas y comercios, aún le cuesta digitalizarse y prefieren mantener el trato directo son sus asesores.

Cifrián, por su parte, destaca que, aunque el perfil de sus clientes es igualmente el de una pyme, cada vez se comunican más por medios digitales. “Lo agradecen ellos y nosotros”, proclama al tiempo que concede que este proceso les ha permitido reducir las visitas a clientes y de clientes. La digitalización ha venido para quedarse en línea con lo que defiende nuestro país y el resto de Europa”, resume.

Ayudas insuficientes

A la hora de analizar y valorar las medidas económicas adoptadas por el Gobierno de España para ayudar a empresas y autónomos a superar esta crisis, la crítica es prácticamente unánime. En este sentido, el consejero de Cedenor no duda en calificarlas de manifiestamente mejorables: “Han sido insuficientes y cuando han llegado, si es que han llegado, ha sido muy tarde”, recalca para criticar, a renglón seguido, el uso y destino de los créditos ICO. “El Gobierno ha puesto muchísimo dinero en avales ICO pero no ha hecho suficiente seguimiento de estos préstamos que los bancos han utilizado, en muchos ocasiones, para sanear los riegos con sus clientes cuando, obviamente, este no era el objetivo previsto por la normativa”.

“Escasas y extemporáneas”. Así las tilda por su parte Moreiras, quien igualmente considera que “han llegado bastante tarde y, en algunos casos, nunca”. “Si pretendes ayudar, ayuda cuando hay que ayudar porque hay trabajadores que no han cobrado el ERTE”, insiste este gestor experto en Sociedades que se declara a título personal “contrario” a las subvenciones.

De su lado, el socio de HFC Consultores, aunque reconoce que las cosas podrían haberse hecho de una forma más ordenada, prefiere quedarse con la parte positiva. “Gran parte del empresariado ha podido resistir gracias a los préstamos ICO y a la posibilidad de acogerse a los ERTE, dos balones de oxígeno que han permitido a las empresas sobrellevar esta pandemia”. Con todo, Cifrián también comparte que las ayudas directas no han funcionado bien. “Han llegado tarde, mal y nunca y han generado mucha confusión”, apunta para subrayar que la gestión de los dineros públicos “no han sido la que debiera”.

En cuanto a las aprobadas por el Ejecutivo regional o las administraciones locales, los tres resaltan que han mantenido parecido perfil a las estatales, aunque con “menos ceros”.

“Sus recursos son más limitados y han hecho lo que han podido”, opina Cifrián que, en cualquier caso, critica la tremenda burocracia en su gestión, incluida para la propia Sodercan, que a su juicio “no ha contado con el personal suficiente para poder agilizar su tramitación”.

Impacto en la economía

Sobre los efectos económicos de esta pandemia, tanto Pariza como Cifrián y Moreiras convienen en que la crisis ya se ha llevado a empresas por delante, especialmente en aquellos sectores que se han visto más afectados por las restricciones.

José Moreiras, socio y uno de los gerentes de Gestisa.

Así lo estima el primero de ellos, que expresa su preocupación por lo ocurrido con las empresas de ocio nocturno, cerrado a cal y canto, o del sector de la distribución, donde “la capilaridad es tremenda y alrededor del 50% de las plantillas están en ERTE”.

Pero no son los únicos. El consejero de Cedenor considera que el sector industrial también se ha visto muy afectado al igual que lo ha hecho el turismo hotelero, un gremio en el que augura la llegada a España “de grandes grupos empresariales para hacerse con paquetes de hostelería”.

Pese a que se registrarán aún más cierres, sostiene que la caída de negocio no será tan pronunciada porque “se sustituirán unos muertos por otros nacimientos” y el país y esta región “seguirán siendo potencias turísticas”.

Cifrián, por su parte, fía el impacto a lo que ocurra una vez concluya la actual moratoria que pesa sobre el deber de presentar concurso de acreedores, aunque advierte que los problemas que tienen algunas empresas “no se arreglan en tres meses”, lo que le hace prever que aumente la insolvencia empresarial. “Quiero ser optimista, pero el efecto de la ola económica todavía no lo hemos llegado a palpar. Viene con retardo y cuando llegue tendríamos que hacer todo lo posible para que las empresas que eran viables en 2019 lo sigan siendo en 2022. No nos podemos permitir que cierren. Si no, el cementerio de los concurso de acreedores va a ser demasiado grande”, previene.

El gerente de Gestisa, por su lado, confía en que no se cumplan algunas expectativas que apuntan a que entre el 20 y el 25% de las empresas van a caer o verse muy afectadas, un porcentaje que según explica incluso se incrementa hasta el 30% en el caso de Cantabria. “¿Cuál será finalmente el impacto? Dependerá del nivel de aguante de cada uno, aunque está claro que algunos pequeños negocios no volverán a abrir su puertas”, resuelve.

Sobre el empleo

Lo que sí teme Moreiras es que muchas empresas se vean abocadas, para evitar su cierre, a transformar los ERTE en ERE, lo que de producirse dispararía el desempleo.

Así lo valora también Pariza, quien aventura que una vez terminen los ERTE se destruirá entre el 15 y el 20% de ese empleo y que el país cerrará el ejercicio con más de 700.000 parados más. “Lo veo bastante feo de aquí a dos años”, puntualiza sobre la base de que España, a diferencia de otros países de su entorno, necesita crecer mucho para generar empleo. “Es un mal endémico del sistema productivo español”, advierte al tiempo que muestra su preocupación por “un nivel de endeudamiento público como nunca en España, a pesar de todo el dinero que está llegando de Europa”.

Cifrián, por su parte, abunda en esta idea y considera “que la recuperación económica avanzará a mayor ritmo que la del empleo”, que ya partía, además, de unos niveles que no eran nada buenos. “La contratación tardará más en recuperarse y será en buena parte diferente a la que conocemos”, enfatiza para explicar que determinadas habilidades y profesiones van a dejar de ser necesarias. “El ejemplo lo tenemos ya en los bancos y sus ajustes irán trascendiendo a otros sectores”, predice. Por eso, reclama la necesidad de poner el foco en la formación, “que es lo que nos va permitir generar y cubrir el empleo del futuro”.

Ramón Cifrián, socio director de HFC-Grupo Consultores.

En lo que estos tres asesores muestran más reservas es en poner fecha a la salida de esta crisis y la vuelta a los niveles de actividad económica precovid. Aunque con cautela, el socio director de HFC Consultores estima que este hecho no ocurrirá hasta finales de 2022. “Hace falta un año entero de cierta normalidad para hacer una lectura de qué empresas han aguantado”, avisa convencido, no obstante, de que a partir de este otoño “ya pegaremos un salto”.

“Es complicadísimo”, revela Moreiras, quien también calcula que habrá que esperar al menos un año y medio para volver a ser lo que éramos. “Ya no vamos a retroceder, pero la salida será muy suave y poco a poco”, sentencia.

El más cauto es Pariza, quien advierte de que en cualquier caso la recuperación “va ser muchísimo más lenta de lo que algunos nos quieren vender”. “Va a ver mucha asimetría en la salida de la crisis”, subraya sin querer aventurar plazos. “No me atrevo. Y el que lo haga es un temerario o le pagan por decirlo; o las dos cosas”, concluye con cierta socarronería.

Gestisa cumple cuatro décadas de historia convertida en una de las mayores asesorías de Cantabria, con una trayectoria en la que ha sabido adaptarse a los profundos cambios del mercado manteniendo los valores de sus fundadores, por encima de los avatares económicos y en una continuidad generacional marcada por la incorporación como socios de los profesionales formados en el propio despacho.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Diciembre 2019

Tanto desde el lado de la oferta como desde el de la demanda, y tanto si tenemos en cuenta las características del servicio como los instrumentos con que se cuenta para prestarlo, pocas actividades han sufrido una transformación tan profunda como la vivida por el asesoramiento empresarial en las últimas décadas. A todos los cambios y revoluciones tecnológicas comunes a cualquier otro sector, se unen en su caso los derivados de la peculiar posición que tienen estos despachos profesionales como intermediarios entre sus clientes y la administración, lo que les convierte tanto en correas de transmisión de cualquier novedad, como en observadores atentos de una realidad económica y legal que están obligados a incorporar de forma inmediata a sus servicios. Haber convivido con esas circunstancias durante cuarenta años, un tiempo en el que además ha vivido con toda naturalidad el relevo de quienes la pusieron en marcha, convierte a Gestisa en un caso excepcional dentro de un sector enormemente competitivo y muy diferente a aquel en el que la empresa dio sus primeros pasos. Llegar hasta aquí, coinciden quienes hoy tienen la responsabilidad de dar continuidad al proyecto, es el resultado de un doble compromiso: mantener inalterados los valores y la vocación de servicio que alentaron a los fundadores y, a la vez, ser capaces de dar respuesta a un mercado cada vez más complejo, con una continua presión a la baja sobre los precios pero, a la vez, con clientes más formados y que piden más a quienes les asesoran.

Cuando decidieron dar el paso de crear Gestisa, los seis socios fundadores de la empresa contaban ya con una larga trayectoria profesional como asesores de empresa. Federico José Campos Pedraja, José Luis Arce Gil, Francisco Arsenio Tazón Expósito, Juan José Negrete Mazón, Salvador Prado Leñero y José Antonio Cantero Bernal concibieron lo que luego sería la nueva empresa durante el verano de 1979 para, tras apenas unas semanas de febril actividad, arrancar el proyecto en el piso desocupado que uno de ellos tenía en la calle San José, de Santander. Eran un abogado, tres profesores mercantiles, un economista y un perito mercantil, unos perfiles profesionales que cuatro de ellos completaron posteriormente sacando los titulos y perteneciendo al ‘Instituto de Censores Jurado de Cuentas de España’ y ‘Registro de Economistas y Auditores’.

Continuidad para afrontar los cambios

En ese germen de la empresa estaban ya algunos de los elementos distintivos de Gestisa, muy vinculados con la personalidad y trayectoria de sus fundadores: profesionales muy reconocidos, especialistas en disciplinas concretas que, asociados en un proyecto común, eran capaces de dar una respuesta integral a las necesidades del cliente. Dar continuidad a ese carácter, por encima de las circunstancias o incluso de los cambios en quienes tienen la responsabilidad de dirección, ha sido uno de los objetivos en el día a día de la actividad, hasta convertirse a la postre en uno de los elementos distintivos del despacho: “Se mantiene ese espíritu, esa misma forma de relación con el cliente que tenían ellos”, explica Alfredo Campos Soto, uno de los actuales socios del despacho e hijo de fundador, al igual que María Jesús Prado García, gerente, Carmen Cantero Cobián y Juan Negrete Maza, que también tienen esa relación de parentesco con quienes pusieron en marcha Gestisa, y que hoy son igualmente socios: “Hemos vivido la empresa desde sus comienzos”, recuerdan.

Además de los tres hijos de los fundadores, la nómina de socios actuales de Gestisa la completan José Ángel Moreiras –que comparte labores de gerencia con María Jesús Prado–, José Miguel Madrid y Javier Gurruchaga. Todos ellos, y eso sucede también en el caso de los hijos de los fundadores, han alcanzado la condición de socios después de haber trabajado varios años en la asesoría. “Yo me incorporé a Gestisa en 1989 –apunta Javier Gurruchaga para explicar un proceso que ha sido similar en todos los casos–, inicias una carrera que no sabes muy bien cómo va a ir, pero vas aprendiendo rápidamente y te vinculas a la empresa de muchas maneras. Después, cuando los socios fundadores dejan la empresa, su idea es vincular a las personas que llevan más tiempo, y que tienen una mayor responsabilidad. En mi caso, eso sucedió en 2007”.

María Jesús Prado destaca esa naturalidad en el relevo como una de las claves que ha llevado a la empresa a ser lo que es hoy, pero sobre todo pone el acento en la labor de los profesionales que en cada momento se han enfrentado a los avatares del mercado: “Los fundadores eran profesionales de renombre, que hicieron mucho por esta empresa, pero también lo han sido quienes hemos venido detrás”, indica la gerente de Gestisa, que destaca las circunstancias muy diferentes que ha tocado vivir a lo largo de los cuarenta años de historia de la asesoría: “También nos ha tocado pasar momentos difíciles. Hay que recordar que cuando nació Gestisa había muy pocas grandes asesorías en Cantabria, ahora la competencia es máxima, en ocasiones dando un buen servicio pero muchas veces ofreciendo únicamente precio. Ese proceso lo hemos vivido, y lo hemos pasado manteniendo nuestra plantilla de profesionales”.

Profesionales

Gestisa cuenta hoy con una plantilla de 43 personas, de las que más de la tercera parte son profesionales de distintas ramas –economistas, abogados, graduados sociales, auditores, gestores administrativos, etc– un equipo sobre el que recae la responsabilidad de dar ese servicio integral, y a la vez especializado, que es el elemento diferenciador de la empresa, y su principal arma competitiva para enfrentarse a quienes hacen del precio su principal argumento de venta. En esa batalla, Internet y las nuevas tecnologías se han convertido a la vez es una amenaza y en una oportunidad: “Hoy en día no es difícil encontrar en Internet a alguien capaz de transformar papeles en contabilidad, pero eso no es lo que hacemos nosotros. Un despacho profesional necesita dar una respuesta integral, tener profesionales de diferentes áreas, que puedan dar respuesta a los requerimientos del cliente. Hay que ser parte integral de la empresa para la que trabajas, esa es nuestra forma de hacer las cosas”, explica José Miguel Madrid, que recalca la importancia que la formación tiene para conseguir ese objetivo. En este sentido el carácter multidisciplinar del despacho, señala, permite un asesoramiento integral –fiscal, laboral, contable, mercantil, jurídico– tanto en momentos de estabilidad o expansión de los clientes, como en circunstancias de crisis coyunturales o estructurales, gestionando desde el mismo, expedientes de regulación de empleo, concurso de acreedores o cualquier otra medida regulatoria o de control.

Internet además ha facilitado el acceso a la información y al tratamiento de datos, lo que de nuevo es un elemento que facilita el acceso a nuevos competidores, pero también algo que puede favorecer a quienes buscan diferenciarse a través del servicio que prestan: “Los empresarios se han involucrado más con su asesor –añade María Jesús Pardo– antes éramos una obligación relacionada con los impuestos. Hoy no, hoy los empresarios nos piden más, nos consideran una herramienta más de su empresa, te piden consejo sobre una inversión, cómo financiarla, sobre sucesiones… Antes era una excepción que te pidieran que acudieras a un consejo de administración, ahora es muy habitual. Todo esto me parece muy positivo, y es algo que favorece a un despacho como el nuestro, que tiene capacidad para responder a ello”.

La tecnología tiene un protagonismo central en el proceso de transformación que ha vivido la actividad de asesoramiento empresarial en las últimas décadas, tanto por los cambios que ha inducido en el propio mercado como por su decisiva influencia en la forma en que los despachos se relacionan con sus clientes y con la Administración. Aunque nació mucho antes de que Internet se convirtiera en una realidad ineludible para cualquiera, y antes también de que los ordenadores pasasen a ser una herramienta de uso común para las empresas, Gestisa fue una de las primeras asesorías en contar con su propio departamento informático, y el primer despacho de España que utilizó un software propio para elaborar las declaraciones del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y Patrimonio neto, correspondientes al ejercicio fiscal de 1979. Desde ese momento hasta hoy, la tecnología no ha dejado de ganar relevancia en todos los ámbitos, pasando de ser algo para iniciados a un instrumento que es obligado conocer para cumplir con las obligaciones tributarias. Es un proceso que ha afectado a la actividad de las asesorías en todas sus áreas, y también en lo más directamente relacionado con el negocio, aumentando la carga de trabajo y convirtiéndolas en colaboradoras obligas de la Administración, a la que han sustituido en muchas de sus tareas.

“La informática ha sido el gran cambio, sin duda, para bien y para mal”, comenta Alfredo Campos, que coincide con el resto de socios del despacho a la hora de mencionar ejemplos de esas dos caras de la revolución tecnológica: las mayores facilidades para el intrusismo, la pérdida del contacto personal o los cada vez mayores obligaciones que se asumen frente a la Administración serían la cruz de una moneda que también tiene su parte positiva en el fácil acceso a información y expedientes, o en lo mucho que se ha facilitado el intercambio de documentos con los clientes.

La revolución tecnológica es solo una más entre las que le ha tocado vivir a Gestisa en sus 40 años de vida. El despacho nació en un momento histórico muy propicio para poner a prueba la vocación de servicio de sus promotores, que vivieron de primera mano la transformación de un país que en muy pocos años –los primeros de vida de la nueva asesoría– pasó de estar cerrado sobre sí mismo a integrase en Europa. La implantación del IVA, por ejemplo, generó una enorme expectación, llenando los salones en las jornadas divulgativas que organizó Gestisa, en unos actos que pusieron a prueba –ya en aquella etapa inicial– la estrecha vinculación entre el despacho y el tejido empresarial cántabro.

Gestisa avanza hacia el medio siglo de historia manteniendo esos lazos como una de las señas distintivas de su actividad, una constante que los responsables del despacho explican por la labor de los profesionales que han ejercido su labor en el despacho durante estos años, con una estabilidad y continuidad temporal que ha sido clave para avanzar en ese objetivo. La labor de la plantilla será decisiva igualmente para afrontar los retos que hoy le toca asumir a la asesoría, que plantea nuevas formas de poner en valor el conocimiento y las competencias desarrollado por sus profesionales. Conectar ahorradores y proyectos o buscar formas de rentabilizar start-ups serían algunas de las líneas de negocio que los responsables de Gestisa se plantean explorar en los próximos años. Un poco más allá en el tiempo, pero tampoco demasiado, tocará también plantear el relevo en la dirección, en un proceso que no preocupa a quienes hoy tienen la condición de socios, y que no será muy diferente al que se siguió tras el retiro de los fundadores. De los profesionales que hoy forman la plantilla, muchos ya con quince o veinte años de trabajo en la empresa, saldrán los nuevos socios.