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La sociedad laboral creada por los trabajadores de ‘Cantabria Negocios’ ha vivido en una montaña rusa desde su fundación en 2019, afrontando los retos habituales de una empresa en sus inicios, adaptando después su plan de negocio a los condicionantes de la crisis sanitaria para, finalmente, alcanzar los objetivos de facturación y empleo que se planteaban para la fase de puesta en marcha del proyecto. Además de editar la revista de información económica de referencia en Cantabria, la empresa produce vídeos corporativos y diseña y posiciona páginas web para clientes de toda España, con una actividad creciente en el País Vasco, donde tiene presencia estable a través de una delegación comercial. Completado el catálogo de servicios y dotada ya de la estructura necesaria para asumir nuevos retos, Maremagno Comunicación SLL se prepara ahora para seguir creciendo.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Julio 2021

Sin necesidad de que ninguna pandemia venga a acentuar tal circunstancia, los primeros años de vida de una empresa tienen siempre la condición crítica que se le supone a los proyectos en incubación. Por más que esa condición pueda verse atenuada en el caso de una empresa nacida para dar continuidad a una actividad de décadas, la vertiginosa sucesión de acontecimientos que se ha dado en los dos últimos años ha supuesto todo un desafío para el proyecto de Maremagno Comunicación SLL, la sociedad laboral creada por los trabajadores de Cantabria Negocios para asumir la edición de la revista tras la jubilación de Eduardo Zúñiga, fundador y anterior propietario de la cabecera. A los inevitables –y esperados– condicionantes administrativos, burocráticos y financieros de todo inicio, se unió después la imprevisible crisis sanitaria, para con todo ello dar forma a un escenario que dejó sin efecto los planes trazados con anterioridad y puso en cuestión los objetivos fijados cuando se puso en marcha el proyecto. Con todo, y pasada la frontera de los dos años, Maremagno ha llegado al punto previsto en aquel planteamiento inicial, por más que lo haya hecho siguiendo rutas diferentes a las previstas entonces.

El equipo de Maremagno, en las instalaciones de la empresa. De izquierda a derecha, Rubén Gutiérrez y Josune Gómez, técnicos del departamento web, Antonio Ruiz Garmendia, fotógrafo y operador de drones; José Ramón Esquiaga, director de la revista ‘Cantabria Negocios’; Chema Echeverría, gerente; Lola de María, responsable de diseño y directora del departamento web; Ibana Morales, responsable de la delegación del País Vasco; y Ana Fernández, de Administración.

Maremagno Comunicación SLL formalizó su nacimiento en mayo de 2019, y estrenó su condición de editora de Cantabria Negocios dos meses después, con el número correspondiente a agosto de aquel año. Fue el primer paso en una transición que contemplaba la recuperación de la oferta de productos y servicios que ya se ofrecían en la etapa anterior para, a partir de ahí, crecer tanto en volumen como en mercados en los que tener presencia, tanto sectorial como geográficamente. El objetivo siempre fue hacerlo con los mismos trabajadores que ya lo eran de Ediciones Finder –la anterior editora de la revista–, de manera que cada nuevo servicio que iba asumiendo Maremagno implicaba la incorporación de los empleados que ya venían desempeñando esa labor, en ocasiones desde muchos años atrás. Este último era el caso de los tres fundadores de Maremagno Comunicación –Chema Echeverría, gerente, que trabaja en Cantabria Negocios desde su fundación en 1999, José Ramón Esquiaga, director, que lo hace desde el tercer número de la revista, y Lola de María, diseñadora gráfica, que se incorporó en 2003–, pero también en mayor o menor medida del resto de profesionales que se fueron sumando a Maremagno en los meses posteriores a su creación.

Además de editar esta revista de información económica, Maremagno Comunicación SLL produce contenidos audiovisuales –vídeo corporativo, en su mayor parte, aunque su oferta cubre casi cualquier necesidad que pueda plantear el cliente– y elabora y posiciona páginas web. Un catálogo de productos que en buena medida es resultado del proceso de diversificación emprendido a partir de 2012 por la antigua editora –y por los mismos profesionales que hoy mantienen esa estrategia en la nueva empresa– como forma de enfrentarse a la fuerte caída que la crisis de 2008 provocó en el sector de la edición periodística, que hasta entonces aportaba la totalidad de los ingresos. La creación de Maremagno ha permitido destinar más recursos a esa diversificación, a la que se le ha añadido una nueva rama con la apertura de una delegación comercial en el País Vasco. Los apenas dos años que la empresa lleva operando con su nueva estructura, pero sobre todo el que en ese tiempo haya tenido que enfrentarse a las consecuencias de la crisis sanitaria, han permitido poner a prueba las virtudes de esa estrategia, haciéndolo además con una intensidad que nadie estaba en condiciones de prever.

Imprevisible 2020

Las previsiones con las que arrancó 2020 –el que iba a ser primer ejercicio completo de la nueva empresa– contemplaban un leve incremento de la facturación procedente de la revista y crecimientos más acusados en los pedidos a atender desde los departamentos de elaboración de páginas web y producción audiovisual. La declaración en marzo del estado de alarma, y el consiguiente confinamiento, dio un vuelco a ese planteamiento, pero lo hizo afectando de una forma diferente a cada área de negocio, y con ritmos que también iban a ser distintos en la recuperación de la actividad.

Chema Echeverría y Antonio Ruiz Garmendia con uno de los drones que se utilizan en la producción audiovisual.

Nadie, eso sí, estuvo en condiciones de apreciar esas diferencias durante los primeros días tras la declaración del estado de alarma. El parón fue en ese momento prácticamente absoluto, y afectó casi por igual a todos los departamentos, que de una manera o de otra se enfrentaban a una disyuntiva muy parecida: mantener o no la actividad ante una caída de ingresos que inevitablemente iba a llevar las cuentas a los números rojos. En el caso de la revista hubo desde el principio la convicción de que era imprescindible seguir en los quioscos, aunque ello implicara hacerlo con pérdidas. El mercado publicitario se había venido abajo, especialmente en sectores que aportan una proporción muy significativa de los anunciantes de la revista, como el automóvil, lo que convirtió a la revista correspondiente al mes de abril del pasado año en la que menos facturación publicitaria ha aportado en las más de dos décadas de historia de Cantabria Negocios. A cambio fue el número más vendido en quioscos –directorios empresariales al margen– de los últimos años.

A diferencia de lo que sucedió en el caso de la revista, donde se consiguió mantener cierta apariencia de normalidad pese a la caída de ingresos, el departamento web vio prácticamente paralizada su actividad durante las primeras semanas del confinamiento. No hubo nuevos pedidos para elaborar páginas web e incluso buena parte de las que estaban en producción quedaron en suspenso. El cierre de toda la actividad considerada como no esencial afectaba a gran parte de los clientes del área de negocio digital, con lo que se acordó suspender los proyectos en marcha mientras estuvieran vigentes las restricciones. Otro tanto sucedió en lo relativo a la producción audiovisual, donde existía además una imposibilidad de trabajar debido al estado de alarma.

Como en tantas otras empresas en similar situación, los ERTE fueron un instrumento fundamental para conseguir adecuar la capacidad de la empresa a la caída de los pedidos. En cambio, no hubo en ningún momento problemas de liquidez que obligaran a recurrir a la financiación de los créditos ICO. Además de lo que aportaron en términos de flexibilidad, la evolución de los expedientes temporales de regulación de empleo es también un buen indicador de cómo los diferentes departamentos de Maremagno Comunicación se vieron afectados por la crisis, y de la forma en que fueron saliendo de ella. Así, los trabajadores directamente implicados en la edición de la revista tuvieron una reducción de jornada que nunca fue superior al 70%, y que se dio por terminada a finales de julio. En el departamento web hubo un ERTE completo durante el primer mes tras la declaración del estado de alarma y al 50% durante los dos meses siguientes. Llegado el 1 de agosto de 2020, la totalidad de la plantilla de la empresa trabajaba ya a tiempo completo.

José Ramón Esquiaga, director de ‘Cantabria Negocios’

La vinculación entre la jornada de trabajo y la recuperación de la actividad, y lo que ello pueda tener de indicativo de la forma en que se encararon las difíciles circunstancias del mercado en los meses del confinamiento, no estaría completa sin tener en cuenta la aportación de los proveedores externos, algo especialmente decisivo en el caso de un medio de comunicación impreso como es Cantabria Negocios. El compromiso de Camus Impresores –donde se imprime la revista– fue clave para poder llegar a los quioscos durante los meses en que estuvo vigente el estado de alarma, como lo fue también el de los distribuidores y los propios quiosqueros. Otro tanto puede decirse de los periodistas ‘free lance’ que colaboran en la elaboración de los contenidos de cada número de la revista, y del fotógrafo encargado de tomar las imágenes, sin los que hubiera sido imposible acudir a la cita con los lectores.

El recuerdo a las circunstancias en las que Maremagno celebró su primer aniversario, en pleno confinamiento, se completa con la inevitable mención al teletrabajo. Desde el 16 de marzo hasta bien entrado el mes de julio del pasado año, las oficinas de la empresa en la calle Rualasal de Santander permanecieron vacías, con los trabajadores haciendo sus tareas desde sus propios domicilios. Si bien la naturaleza de las funciones a realizar no suponía demasiado problema para el trabajo a distancia, la coordinación entre los diferentes departamentos y la comunicación con los clientes sí que supusieron auténticos retos, sacados adelante con el auxilio de la tecnología y con la buena voluntad de todos.

Recuperar objetivos

Lola de María, Josune Gómez y Rubén Gutiérrez, trabajando en el departamento de diseño web de Maremagno

La progresiva vuelta a la actividad permitió a los responsables de Maremagno liberarse de la presión del día a día que concentró todos los esfuerzos durante el confinamiento y volver a fijar la mirada algo más lejos para revisar los planteamientos y objetivos con los que se inició el año, en circunstancias radicalmente diferentes. Pese al terreno perdido hasta agosto, la recuperación del mercado publicitario y el tirón de la demanda de páginas web que se produjo a partir del verano fueron empujando la cifra de facturación hasta cotas muy cercanas a las que se preveían al iniciar el ejercicio. Ello permitió además completar la transición de la antigua ediciones Finder a la nueva Maremagno Comunicación, que inició 2021 ya con seis trabajadores en plantilla, los mismos con que contaba la anterior editora. Los algo más de 280.000 euros de facturación con los que se cerró el año de la pandemia quedaron ligeramente por debajo de las previsiones, pero no muy lejos de estas.

Ibana Morales, responsable de la delegación de Maremagno Comunicación en el País Vasco.

El impacto de la crisis sanitaria ha dado un vuelco a los mercados que atienden los diferentes productos de la empresa, pero no en todos ellos con consecuencias negativas. Es pronto todavía para valorar la forma en que se verá afectada la edición de la revista Cantabria Negocios, que opera en un mercado tan maduro como estable, pero en el caso del departamento de creación y desarrollo de páginas web es un hecho que la pandemia ha provocado un claro incremento de la demanda. En el caso de la producción audiovisual, la recuperación fue mucho más lenta y, de hecho, apenas se percibió hasta el último trimestre de 2020, pero este año es con mucho la actividad que más crece. Durante los primeros meses del año se han hecho grabaciones en Vizcaya, Guipúzcoa, La Rioja y Castellón, además de las realizadas en Cantabria. Buena parte de los cerca de 20.000 euros invertidos por Maremagno en el último año se han destinado precisamente a este área de producción, con la compra de dispositivos de grabación, cámaras y drones.

Previsiones

Maremagno prevé cerrar el presente ejercicio con una facturación que se movería en el entorno de los 360.000 euros, de los que aproximadamente la mitad procederían del área de edición y un 40% los aportaría el diseño y elaboración de páginas web, quedando el resto a cargo de la producción audiovisual. Esta diversificación en producto se traslada también al ámbito geográfico, a pesar de ser un proceso más incipiente. Como no puede ser de otro modo, la práctica totalidad de lo que factura la revista Cantabria Negocios tiene origen cántabro, pero en el resto de departamentos la procedencia es mucho más variada. Tanto por lo que supone el contar con presencia en el enorme mercado del País Vasco, como por el cada vez mayor número de contratos que se cierran por Internet, los encargos de webs y vídeos llegan de toda España, hasta el punto de que si tenemos en cuenta lo sucedido en los primeros meses del año, ha habido varios momentos en los que eran más los pedidos llegados de fuera de Cantabria que los que se recibían desde la región. Entre los clientes que el departamento web ha atendido este último mes hay empresas y particulares de Burgos, Logroño y Barcelona, además de los más habituales de las provincias vascas.

De acuerdo a las previsiones para el ejercicio en curso, las ventas realizadas fuera de las fronteras regionales aportarán a cierre de 2021 cerca del 20% de la cifra de negocio de Maremagno Comunicación SLL. Es un porcentaje que, de acuerdo a los objetivos que manejan los responsables de la empresa, debería ir incrementándose en los próximos años, convirtiéndose en el principal motor del crecimiento de facturación que contempla el plan de negocio de la empresa.

 

El abaratamiento de la tecnología y los nuevos modelos de negocio en la gestión de contenidos hacen que cada vez sean menos los campos vedados el emprendimiento, también en el terreno de los medios de comunicación. Con una mínima inversión y un gran esfuerzo a la hora de poner de acuerdo voluntades, dos jóvenes santanderinos han puesto en marcha Arco FM, una emisora con 14 horas diarias de programación propia.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Probablemente con la única salvedad de la construcción, el de los medios de comunicación ha sido el sector que en mayor medida ha sufrido el impacto de la crisis económica, con una masiva desaparición de empresas y una abrumadora pérdida de empleo. Posiblemente por ello, ha sido también el campo de juego en el que se han puesto a prueba alguna de las iniciativas más novedosas en materia de autoempleo. Pocas lo han sido tanto como la última, que confirma que cada vez son menos los terrenos vedados al emprendimiento: la puesta en marcha de una emisora con 14 horas diarias de programación propia, partiendo desde cero y sin contar con grandes recursos económicos.

Arco FM, que comenzó a emitir el pasado 3 de octubre, es el proyecto de dos santanderinos que, pese a moverse en los albores de la treintena, cuentan con una trayectoria de varios años de trabajo en radio y medios de comunicación. Aunque llevaban mucho tiempo dándole vueltas a la idea, Nano Teja y Jesús García-Bermejo dieron los primeros pasos para poner en marcha el proyecto la pasada primavera, lo que les ha obligado a cubrir etapas en un tiempo récord para conseguir llegar a las ondas coincidiendo con el arranque de la temporada radiofónica. La inversión realizada para conseguirlo no ha sido tanto económica como de horas de trabajo y gestión, en lo que es una de las principales características de la iniciativa. “Nano y yo asumimos que tenemos por delante no menos de dos años de mucho trabajo y ninguna retribución económica. Esa es la principal inversión que realizamos en nuestro proyecto”, explica Jesús García-Bermejo. Más allá de esa partida de difícil cuantificación, Arco Cantabria Comunicación SL –la empresa creada para gestionar la emisora– ha destinado 25.000 euros a la puesta en marcha de la cadena, una cantidad con la que se han adquirido los equipos, alquilado la frecuencia y acondicionado el local, como gastos más importantes. A partir de ahí, el objetivo es que los ingresos de los primeros años den para cubrir los gastos fijos, un capítulo en el que los salarios tienen un peso mínimo.

Jesús García-Bermejo, izquierda, y Nano Teja, los dos socios que han puesto en marcha Arco FM

Esa liviana estructura empresarial es una de las claves sobre las que descansa el plan de viabilidad de la emisora, y también refleja los cambios que se han producido en la forma en que los medios de comunicación gestionan los contenidos. Las catorce horas de programación de Arco FM se han completado llegando a acuerdos con los responsables de cada uno de los programas, prácticamente todos ellos con una trayectoria previa en otras cadenas y con una audiencia fiel. A partir de ahí, se contemplan dos modelos de relación con los colaboradores: o bien se les retribuye con un porcentaje de la publicidad contratada para sus programas, o bien la emisora cobra una cantidad fija a los productores del espacio y estos ingresan la totalidad de la publicidad que consigan. Emmedios, la empresa que produce El Faradio –programa anteriormente conocido como Buenas Tardes Cantabria y emitido hasta la última temporada en Mix FM– se ajusta a esta última fórmula. Ha sido uno de los fichajes estrella de la nueva cadena, y uno de los mejores ejemplos de las artes de seducción con las que se manejan los impulsores de Arco FM: “Nosotros estábamos muy contentos en la anterior emisora. ¿Por qué entonces el cambio? Hay un motivo económico, por supuesto, pero sobre todo nos hemos sentido muy identificados con el proyecto”, explica Óscar Allende, junto a Guillem Ruisánchez uno de los dos socios propietarios de Emmedios.

Aunque ya se habían cerrado algunos acuerdos antes de firmar la llegada de El Faradio –que en su nueva etapa tiene versión de mañana y de tarde– la presencia del antiguo Buenas Tardes Cantabria en la parrilla ha sido clave para completar la programación de la nueva cadena. En ella aparecen otros nombres muy conocidos en el ámbito radiofónico, como Chuchi Guerra, que conducirá el magazine de la mañana tras varios años retirados del medio.

La reducción del tiempo dedicado a la programación local por parte de las grandes emisoras nacionales ha sido otro de los elementos que Jesús García-Bermejo y Nano Teja han valorado a la hora de poner en marcha el proyecto. Además de facilitar el acceso a profesionales que habían tenido que dejar la radio –Chuchi Guerra sería el principal ejemplo, pero no el único– el menor peso de la programación local en las emisiones de los grandes grupos permite competir en un mercado publicitario con menos jugadores, aunque este siga sin dar demasiadas muestras de recuperación. La apuesta por los contenidos propios tiene otro valor estratégico no menos importante: con ello Arco FM busca ajustarse a los requerimientos de un futuro concurso para la concesión de licencias radiofónicas: “Todo lo que rodea a la empresa cumple con la normativa y está contemplado acudir al nuevo concurso de arrendamiento de licencias de radiodifusión que convoque el Ejecutivo regional. Al estar el último concurso recurrido, desconocemos cuándo llegará esa fecha. Por nosotros, cuanto antes mejor”.

De 2008 a 2015 la industria española de la comunicación perdió 12.200 empleos de todo tipo, entre periodistas, comerciales, administrativos y trabajadores de rotativa, periodo en el que 375 medios se vieron obligados a cesar en su actividad. En la región, con una caída de entre el 20 y el 30% de la inversión publicitaria, la situación es similar, y el reciente cierre de ‘El Mundo Cantabria’ ha supuesto un nuevo golpe para el sector.

Texto de Jesús García-Bermejo @chusgbh

El 3 de marzo salía a la venta el último ejemplar de la edición regional de El Mundo. Atrás quedaban ocho años de intenso trabajo en los que el diario había logrado hacerse con un hueco en el panorama informativo de Cantabria, una trayectoria meritoria, y más teniendo en cuenta los continuos ajustes de plantilla y paginación a los que se vio sometida la publicación. Con su cierre, 15 profesionales del sector pasan a engrosar las ya pobladas listas del paro, aunque en su prometedor inicio –el primer número data de febrero de 2008– más de 30 personas poblaban la redacción de un medio que surgía fruto de un acuerdo entre Unidad Editorial, editora de El Mundo a nivel nacional, y Prensa y Medios de Cantabria, sociedad creada por los propietarios de la constructora ECC Viviendas.

Aunque no hayan tenido la relevancia mediática que pudiese esperarse, este tipo de episodios se han convertido en habituales en los últimos tiempos, y no sólo en la región: Prisa, Canal 9, Telemadrid, Televisión Española, Vocento, Unidad Editorial… Pocos o muy pocos son los grupos de comunicación que no se han visto obligados a reducir plantilla, recortar gastos o, incluso, cerrar sus puertas. De hecho, las cifras de destrucción de empleo admiten comparación con alguno de los sectores más castigados por la crisis, y basta con echar un vistazo al Informe Anual de la Profesión Periodística 2015, editado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), para comprobarlo.

El estudio estima que, entre mediados de 2008 y octubre de 2015, la industria española de los medios perdió 12.200 empleos de todo tipo –periodistas, comerciales, administrativos, trabajadores de rotativa, etc–, destacando sobre el resto los ejercicios de 2013 y 2014 con 2.771 y 2.465 puestos de trabajo destruidos, respectivamente. Así mismo, en este periodo se registró el cierre de 375 medios, entre diarios de pago, gratuitos, revistas, televisiones, radios, digitales y agencias de información.

Precariedad laboral

“Los bajos salarios y el importante paro existente son los mayores problemas a los que se enfrenta el sector a día de hoy, lo que no quiere decir que sean los únicos”. Así de contundente se mostraba la presidenta de la Asociación de la Prensa de Cantabria (APC), Dolores Gallardo, al ser cuestionada por la situación de los medios de comunicación en la región. Y es que, de acuerdo a las cifras que se manejan desde la organización, las remuneraciones han caído entre un 18 y un 20% en la comunidad autónoma desde que comenzase la crisis, siendo 113 los profesionales que se encontraban sin empleo a cierre de 2014, año en el que el número de periodistas afiliados a la Seguridad Social en Cantabria ascendía a 806.

El informe llevado a cabo por la APM va más allá e incluye un estudio de la devaluación de los salarios base de los periodistas españoles con convenio colectivo entre los años 2010 y 2015. Así, los redactores jefes de los diarios sufrieron un recorte en sus remuneraciones del 23% en el citado periodo hasta los 37.300 euros brutos anuales, mientras los jefes de sección las vieron reducidas un 20% hasta los 33.200 euros. Del mismo modo, los sueldos de los redactores de primera categoría cayeron un 22%, situándose en 2015 en los 27.300 euros, y los salarios base promedios de los redactores B bajaron un 14% –22.200 euros–. La televisión

es el único medio en el que las retribuciones básicas de los redactores o sus equivalentes se incrementaron entre 2010 y 2015: un 2% –40.600 euros– para los de categoría más elevada y un 20% –30.000 euros– en el caso de los redactores B. Por el contrario, en las cadenas nacionales de radio sufrieron recortes particularmente intensos: un 32% los redactores jefe y un 22% el resto. “La nuestra es una profesión puramente vocacional, caracterizada históricamente por salarios bajos y eternas jornadas laborales  –afirma la presidenta de la APC–. Podríamos decir que somos un sector en permanente crisis que ha sufrido como poco las consecuencias de la crisis económica, por lo que el resultado no podía ser otro que el recorte de derechos laborales. En Cantabria la situación es francamente desoladora: apenas existen dos diarios, la presencia de la televisión regional es poco más que testimonial y las radios están auténticamente asfixiadas. El cierre de El Mundo ha sido un palo muy duro para todos, pero lo más preocupante es que no creo que vaya a ser el último”.

Por si el panorama no fuese lo suficientemente sombrío, el Informe Anual de la Profesión Periodística 2015 habla de diferentes escenarios en los escasos medios de comunicación en los que se están produciendo contrataciones, consecuencia de la flexibilización de la legislación laboral en los últimos años. El resultado es la aparición en las redacciones de una doble escala salarial, según la cual las cuantías son diferentes en función de si el trabajador estaba en la empresa antes o después de la renovación del convenio. Además, algunos convenios colectivos recogen ya la consideración como idénticos de todos los días de la semana, con lo que desaparecería la compensación por festivo trabajado.

En este capítulo, el estudio concluye que, tras la crisis económica, los medios de comunicación españoles se han instalado en un escenario con un nivel de empleo significativamente menor, unos puestos de trabajo de inferior calidad y unas relaciones laborales más inestables, factores que, necesariamente, van en detrimento de la calidad del trabajo informativo.

Incierto futuro

La caída de la inversión publicitaria, que la propia Gallardo cifra entre el 20 y el 30% desde que comenzase la crisis, es el principal problema al que se han debido enfrentar los medios de comunicación en los últimos años, y el caso de El Mundo Cantabria es un claro ejemplo de ello. De hecho, la publicación vivió sus mejores momentos durante los tres primeros ejercicios desde su salida a las calles, en los que el proyecto estuvo cubierto desde el punto de vista económico por parte de la sociedad editora: Prensa y Medios de Cantabria. Fue en este periodo cuando contó con hasta 18 profesionales en redacción, además de fotógrafos, colaboradores, comerciales y personal de administración, lo que permitió al diario regional alcanzar su récord absoluto de páginas, 56, las cuales se incluían en la parte central del periódico nacional. “Por aquel entonces, el mínimo eran 32 páginas, aunque los fines de semana lo habitual era que, con los suplementos, nos fuésemos hasta las 40 ó 48 –recuerda Félix Villalba, exdirector de la publicación–. A pesar de que en algún ejercicio llegamos a cubrir gastos, desde febrero de 2011, momento en el que se cortó la financiación, hubo que empezar a hacer ajustes tanto en plantilla como en paginación”.

Así, tras el Expediente de Regulación de Empleo iniciado a finales de 2012, El Mundo Cantabria fue reduciendo progresivamente su extensión hasta las 16 páginas para recortar gastos. Y es que, el acuerdo alcanzado en su día establecía que, hasta esa cifra, los costes de impresión corrían por cuenta de Unidad Editorial. A cambio, todo lo obtenido por la venta de periódicos iba a parar a la editora nacional, por lo que los únicos ingresos con los que contaba la cabecera, más allá de las inyecciones puntuales del grupo inversor, eran los procedentes de la publicidad. Ya en la última etapa, y tras un nuevo ERE, esta vez de extinción, el diario se redujo a una pequeña separata de apenas 8 páginas. Con 15 personas en plantilla, la publicación carecía de los medios necesarios para mucho más.

Tras su cierre definitivo, la edición regional de El Mundo pasa a unirse a la extensa lista de medios de comunicación cántabros que se han visto obligados a concluir prematuramente sus proyectos, en la que, por cierto, ya figuran varios diarios que trataron de competir con cabeceras que podrían considerarse clásicas en la comunidad autónoma: El Norte, Diario 16, Aquí… “Hemos aguantado 8 años, bastante más que otras iniciativas similares, y creo que hicimos muchas cosas bien, aunque probablemente también alguna mal. Lo complicado era hacernos con un hueco entre los lectores cántabros, y lo conseguimos. Incluso hubo una época en la que éramos nosotros los que marcábamos la agenda informativa. Sin embargo, la caída publicitaria producida por la crisis, determinadas sentencias judiciales que no nos beneficiaron y la mala suerte en momentos puntuales nos acabaron por condenar”, lamenta Félix Villalba.

La falta de un soporte digital que acompañase a la publicación en papel supuso un serio hándicap para El Mundo Cantabria, algo que estaba contemplado en el propio proyecto, pero que no salió adelante por la delicada situación económica que, por aquel entonces, atravesaba Unidad Editorial, la cual provocó un importante recorte en todas las inversiones previstas por el grupo. Y lo cierto es que, en un entorno cada vez más tecnológico, potenciar un medio de comunicación sin una página web ni presencia en las redes sociales se antoja complicado. Es más, el propio estudio de la APM habla de una paulatina e inevitable transición al ámbito digital.

Precisamente, es este nuevo mercado el que arroja algo de luz sobre el sombrío panorama de la comunicación en nuestro país, al menos en opinión de la presidenta de la APC. “No creo que, como muchos se atreven afirmar, el papel vaya a desaparecer en 10 ó 15 años. Ahora bien , sí considero que el futuro pasa por el soporte digital, y este ofrece a los profesionales la posibilidad de crear sus propios medios sin necesidad de asumir grandes costes, cosa que hace años era impensable. Avanzamos hacia un modelo en el que el periodista tiene que especializarse cada vez más para ofrecer algo distinto a lo que el gran público puede encontrarse en la red, y no son pocos los diarios digitales y blogs surgidos de acuerdo a este esquema en los últimos tiempos”.

En este sentido, el informe editado por la APM habla de 579 medios lanzados por periodistas entre 2008 y 2015, 458 de los cuales seguían activos el pasado verano. De estos, la tercera parte ya facturaba más de 50.000 euros en 2014, y un 17% más de 100.000. Este tipo de iniciativas fueron las que permitieron reducir un 8% el paro en el sector en 2015 hasta los 8.680 profesionales, según cifras del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Otro dato positivo que puede extraerse del estudio es el crecimiento, por primera vez en el último lustro, de la cifra de negocio conjunta de televisiones, radios, revistas y diarios: un 9% a cierre de 2014, mejoría que vino propiciada por el aumento del 5% registrado en la inversión publicitaria. “Parecía que en 2015 la tendencia estaba cambiando, suavizándose la destrucción de empleo en el sector e incrementándose la facturación en varios medios –expone Dolores Gallardo–. Sin embargo, la incertidumbre política en la que nos encontramos ha frenado de lleno esa tímida mejoría. Esperemos que, una vez se aclare el panorama, podamos volver al crecimiento iniciado en el segundo semestre del pasado ejercicio”.

El centenario de la Asociación de la Prensa de Cantabria se celebra cuando están abiertas todas las incertidumbres sobre el modelo de negocio y el futuro de la profesión. La historia de la institución, que corre paralela a la de los medios en los que trabajan sus socios, recoge el enorme salto dado en el siglo, pero también algunos elementos comunes con el contexto en el que nación la asociación, en 1914.

El paso del tiempo borra la distancia que existe entre los hechos y su narración –si es que existe alguna– y confunde el tiempo vivido con la forma en que este nos ha sido contado. Ese es el hilo conductor de la exposición con la que la Asociación de la Prensa de Cantabria está conmemorando su centenario, que se abrió en abril en la Biblioteca Central de Santander y que recorre la región desde entonces. Los organizadores han reunido paneles con portadas de prensa, archivos sonoros y material cinematográfico y televisivo, en una muestra que quiere probar que buena parte de los propios recuerdos están ahí, fijados en la memoria, porque los contó un periodista. Cualquiera que haya visitado la exposición podrá constatar lo acertado del planteamiento, y también el enorme salto que se ha dado en los medios y formas de comunicar durante el último siglo, y su correspondencia con los cambios en la propia profesión y en el modelo de negocio que la sustenta. Más allá de la exposición, la historia de la Asociación de la Prensa ofrece un recorrido por esos cambios, pero también constata los elementos que mantienen el vínculo entre quienes ejercían el periodismo en los meses previos al estallido de I Guerra Mundial y quienes lo hacen en la actualidad.

La Asociación de la Prensa de Cantabria quedó formalmente constituida el 13 de abril de 1914, cuando de aprobaron los estatutos y se nombró como primer presidente a José Estrañí, director de El Cantábrico. Hay que pensar que la idea vendría de más atrás en el tiempo, pero un texto publicado en el Boletín de Comercio apenas un mes antes de constituir esa primera junta da el definitivo impulso para crear la asociación. Se defendía ahí la necesidad de una institución que aglutinara a los profesionales “de la incansable pluma” y respaldara sus derechos “ayudándoles a sobrellevar estas penalidades de la vida estrecha”. Esta doble idea, la defensa de los derechos y las estrecheces económicas, nunca ha dejado de formar parte de las preocupaciones de la profesión y marca un primer punto de encuentro entre el ayer y el hoy. Desde un punto de vista formal, no hay muchos más: El Cantábrico en el que trabajaba el primer presidente ya no existe, y tampoco el Boletín de Comercio, ni La Atalaya, aunque sí El Díario Montañés. Todos forman la nómina de fundadores de la asociación, que era de la prensa en sentido estricto y que así seguiría siéndolo hasta que en 1934 comenzara a emitir Radio Santander, la primera emisora comercial de la región.

La relación de medios de comunicación y soportes técnicos ofrece un primer vehículo para acercarse a la historia del organismo que representa a los periodistas que, como no puede ser de otro modo, corre paralela a la de las empresas en las que estos trabajan. Atendiendo a ese criterio habría que concluir que ninguna época es mejor que la actual, por cuanto nunca han sido más quienes emiten información con vocación de llegar a un público masivo. El número, de hecho, es difícilmente cuantificable, algo en lo que tiene mucho que ver la irrupción de Internet, y algo menos –aunque también– la proliferación de radios que emiten al margen de las autorizaciones administrativas. Ambos fenómenos tienen que ver con la democratización del acceso a los medios técnicos, que también puede rastrearse en el abaratamiento de los costes de impresión, pero nada de todo ello se ha traducido en una mejora de la rentabilidad de las empresa, inmersas en una doble crisis, económica y de modelo de negocio.

En lo que toca más directamente a los medios y a sus vínculos con la Asociación de la Prensa, ningún otro episodio tiene mayor relevancia que la Hoja del Lunes de Santander. Al igual que sucedía en otras asociaciones de periodistas españolas, la de Cantabria se convirtió a partir de 1935 en editora de esta publicación, un periódico que llegaba a los quioscos el primer día de la semana, cuando el descanso dominical de los periodistas dejaba a los lectores sin un diario que echarse a los ojos.

Hoja del lunes

Entre el año de su fundación y la salida de su último número, el 9 de julio de 1984, la Hoja del Lunes se convirtió en una magnífica fuente de financiación para la Asociación de la Prensa y también, por momentos, en una de las voces más relevantes del panorama periodístico de la región. Lo primero tuvo consecuencias curiosas, como las restricciones que se ponían a los aspirantes a asociarse, que tenían menos que ver con el celo a la hora de valorar capacitaciones profesionales como con el cuidado del reparto de los dividendos. De lo segundo, de la relevancia del medio, pueden hablar los autonomistas, que encontraron en la Hoja del Lunes que dirigía Juan González Bedoya uno de los principales cauces para expresarse durante los primeros años de la Transición. Todo acabó cuando el recién privatizado diario Alerta decidió sacar su propia edición de los lunes, una decisión en la que rápidamente fue secundado por El Diario Montañés. La Hoja santanderina, como las que había en el resto de España, lanzó entonces su número de despedida.

Aunque nada tienen que ver las circunstancias actuales, la desaparición de aquel periódico trae a colación el destino que muchos auguran al papel impreso y a los periódicos tal y como hoy los conocemos. Poner en cuestión al que ha sido principal soporte para la información a lo largo de buena parte del último siglo ha sido uno de los principales efectos de la llegada de Internet, por más que estos alcancen a todos y cada uno de los medios. El canal digital borra la tradicional distinción entre prensa, radio y televisión, asume las funciones de todos ellos y lanza una catarata de interrogantes sobre la forma que tomará el negocio de la información de aquí en adelante.

Además de romper las técnicas, Internet también ha dado una nueva dimensión al tradicional debate sobre quién es, o deja de ser, periodista. Es esta otra de esas cuestiones que entronca con los orígenes de la asociación, que ha alimentado controversias a lo largo de toda la existencia de esta y que hoy en día, con la llegada de las redes sociales y con la idea del periodismo ciudadano ofrece perspectivas sorprendentes. No es un desafío menor ni de fácil respuesta pero, como sucede con la proliferación de medios, confirma el atractivo de una actividad que ha dibujado los recuerdos de varias generaciones, con el trabajo de profesionales hechos a convivir con las penurias económicas. Un atractivo que es la cara y la cruz del periodismo.