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Considerada por muchos dentro del grupo de las más bellas del mundo, la bahía de Santander es uno de los grandes patrimonios naturales de Cantabria y también uno de sus principales reclamos turísticos. Aprovechar ese recurso para generar beneficio económico ha sido el punto de partida que ha llevado a Manuel Cardenal a poner en marcha su proyecto empresarial: un negocio dedicado al alquiler de una embarcación tipo pontona, una versátil plataforma de gran estabilidad que permite disfrutar al máximo de estas aguas. Con una inversión inicial de 40.000 euros, la empresa ha completado su primera campaña veraniega y se prepara para encarar los meses más complicados para una iniciativa que, aunque vinculada al pujante sector del turismo náutico, tiene como principal condicionante la alta estacionalidad que esta actividad tiene en el Cantábrico.

Felisa Palacio | Octubre 2021

Cantabria es una región que mira al mar. Con 220 kilómetros de costa entre la Ría de Tina Menor y Castro Urdiales, el potencial que tiene este recurso para dinamizar la economía regional asociada al turismo es indiscutible. Especialmente interesante resulta la zona de la bahía de Santander, un espacio en el que se ubican la mayor parte de los puertos deportivos de la región y donde la presencia de embarcaciones deportivas de vela y motor forma parte del paisaje. Explotar el potencial que puede tener ese reclamo marítimo para generar actividad económica más allá del obvio turismo de sol y playa, y singularmente en lo que tiene que ver con el disfrute del mar a bordo de embarcaciones, ha dado pie a reiterados proyectos emparentados de una u otra forma con la náutica de recreo, siempre con un desarrollo y alcance que queda lejos del que se logra en la costa mediterránea. Con un planteamiento original en cuanto a las características de la embarcación y el servicio ofrecidos, el último intento de explorar esta ruta llega de la mano de Trave Sea, una empresa que alquila dispositivos flotantes a medio camino entre el barco y la plataforma, con capacidad para convertirse en auténticos salones en los que desarrollar eventos de todo tipo. La todavía atípica campaña veraniega que acabamos de dejar atrás ha sido la primera en la que ha podido ponerse a prueba la iniciativa, dando pie a algunos cambios en el planteamiento inicial y sentando las bases para enfrentarse a uno de los principales condicionantes para la viabilidad del proyecto: la fuerte estacionalidad del turismo en el Cantábrico.

La plataforma-embarcación de Trave Sea, fondeada en el Puntal en una imagen de la web de la propia empresa. A diferencia de otro tipo de alquiler náutico, donde lo que se ofrece es navegar, el servicio de Trave Sea se centra en la posibilidad de disfrutar de otra manera de la bahía de Santander.

Recién terminada la temporada turística de este año, los datos registrados demuestran que el sector se está recuperando a buen ritmo después de la pandemia. La ocupación hotelera por plaza en Cantabria fue en agosto la más alta de todo el país, con un 78,2%, casi trece puntos por encima de la media nacional. El consejero de Industria, Turismo, Innovación Transporte y Comercio, Javier López Marcano destacaba que Cantabria está acertando al ofrecer alternativas de mayor calidad vinculadas a nuestras grandes fortalezas turísticas, como es el caso de nuestro patrimonio cultural y paisajístico. “Las preferencias de los turistas están cambiando y se alejan de la masificación, buscando destinos más sólidos y de excelencia donde el clima no es la referencia principal”, explicaba. Se ha demostrado además que el sector náutico en España está experimentando un importante auge y “si el sector náutico tiene un potencial de crecimiento es, sin duda, en el norte de España”, según puso de manifiesto Carlos Sanlorenzo, secretario general de la Asociación de Empresas Náuticas (ANEN), cuando participó el pasado mes de mayo en Santander en el seminario ‘Oportunidades y retos del sector náutico para la economía azul’. Añadió en su ponencia que son las comunidades de la costa norte las que cuentan con condiciones climatológicas y de ubicación óptimas para impulsar el sector náutico, con un amplio abanico de posibilidades comerciales aún por desarrollar, si bien, de momento, la evolución de las cifras en el Cantábrico sigue siendo mucho más lenta que el mercado del Mediterráneo.

Click&Boat y Nautal, las principales plataformas online de alquiler de barcos, también confirman que el turismo náutico en España se consolida y lo hace, aseguran, al margen de la pandemia. Según sus estimaciones, para este año se prevé una subida de más del 150% respecto al año 2020. Consideran que este aumento en la demanda de turismo náutico responde a una tendencia que se ha consolidado con la crisis sanitaria derivada de la COVID-19: la búsqueda de espacios seguros en los que disfrutar al aire libre, ya sea en familia o con amigos. A diferencia de los grandes puertos deportivos del Mediterráneo, donde los barcos de recreo de tamaño medio y grande son los que ocupan gran parte de los atraques disponibles, en el entorno de Santander, lo más frecuente son medianas y pequeñas embarcaciones, entre las que los botes de no más de ocho metros son protagonistas.

Es en este contexto en el que se pone en marcha Trave-Sea en la bahía de Santander, uno de los 15 proyectos emprendedores que participaron en la séptima edición del programa ‘Coworking’ promovido por el Ayuntamiento de Santander e incluido entre las medidas de reactivación económica del plan de choque diseñado para paliar los daños económicos causados por la Pandemia del Covid 19. La empresa se constituye en primavera, con una inversión aproximada de 40.000 euros, que incluye un leasing de 25.000 mil euros para hacerse con la embarcación: una pontona modular con tres patines, ideal para navegar en aguas tranquilas y cuya configuración se adapta a las necesidades del cliente. “Tenemos ante nosotros una de las mejores y más bellas bahías del mundo para disfrutar del mar. Aguas tranquilas, orientación sur y una ubicación geográfica magnífica. Todo perfecto para poner en marcha nuestro negocio de alquiler de pontonas; una embarcación diferente, muy cómoda y adaptable a distintos usos. Podemos ir a pasar un día en la bahía y disfrutar de esta inmensa piscina natural, podemos hacer turismo, avistamiento de aves y un largo etcétera”, explica Manuel Cardenal, promotor de la iniciativa.

Manuel Cardenal, promotor de Trave Sea, con la embarcación de la empresa, que puede verse en la foto de la derecha en su atraque de Pedreña.

Inicialmente el desarrollo del proyecto se diseñó para distintos emplazamientos en el País Vasco, entre ellos la Ría de Bilbao o la zona de Urdaibai. La pandemia paralizó sus planes y, un año después, surgió la posibilidad de retomar la iniciativa en Santander, la ciudad de residencia de Cardenal desde hace ya más de 20 años. Gran parte de los objetivos y estudios previos eran perfectamente válidos para una ubicación final situada en la misma línea de costa, lo que aceleró la implantación en nuestra bahía, con unas perspectivas de alta rentabilidad a corto/medio plazo “considerando el precio de la embarcación y los costes asociados a su mantenimiento y explotación, unido al atractivo de la experiencia y la versatilidad de la embarcación a la hora de complementar su uso con otras actividades”, según plantea en sus objetivos.

Cardenal estuvo anteriormente vinculado al sector naval y así fue como entró en contacto con el Astillero Moggaro en Segovia. Dedicado al diseño y construcción de embarcaciones de aluminio para uso recreativo y profesional, el astillero disponía de un llamativo modelo de barco de recreo tipo pontona, un catamarán de gran estabilidad diseñado específicamente para compañías de turismo náutico. La embarcación, con un tamaño aproximado de 18 metros cuadrados y con capacidad para 12 personas, dispone de un motor fuera borda de 40HP y estructura de aluminio tipo catamarán. Su diseño permite colocar la equipación necesaria para su utilización en días de frío y lluvia, con toldos y sistema de calefacción y tiene además la ventaja de ser perfectamente accesible para personas con movilidad reducida. Está pensada especialmente para navegar en aguas tranquilas y ofrece una gran estabilidad, incluso en condiciones menos favorables.

“Una de las ventajas de este tipo de embarcación es que su versatilidad permite adaptarlo a prácticamente cualquier actividad en la bahía de Santander. Es posible colocar unos sofás, una mesa de trabajo, una cocina, dejar el espacio diáfano o lo que demanden los clientes en cada momento”, explica el responsable de Trave-Sea. Este primer verano ha servido para tomar nota de las demandas del mercado y, tras comprobar que la mayor parte de los alquileres se interesaban por desplazarse con la pontona hacia la zona del Puntal, la empresa trasladó el atraque desde el puerto de Raos hasta el de Pedreña, desde donde se accede más rápidamente a esa zona.

Chárter náutico

El negocio de alquiler de embarcaciones en la bahía de Santander ha ido creciendo tímidamente. Actualmente existen un puñado de empresas que tienen en el mercado distintos barcos que ofrecen en alquiler con patrón profesional al mando o permitiendo a los clientes que tengan el título necesario, hacerse al timón de las distintas embarcaciones. Hoy, en el arco de la bahía, las embarcaciones disponibles para alquiler son principalmente veleros convencionales, a un precio aproximado de 500 euros por día; veleros tipo catamarán por 850 euros; lanchas de unos cinco metros y medio sobre los 300 euros, zodiacs a partir de 250 euros o yates con una eslora aproximada de 15 metros desde 450 euros (precios aproximados).

Las tarifas oficiales de Trave-Sea son de 600 euros por un día completo de alquiler de este espacio flotante con capacidad para 12 personas, a lo que habría que sumar 200 euros más por el servicio del patrón si fuese necesario (para manejar la embarcación es suficiente la titulación básica de patrón de embarcaciones), aunque durante este primer verano de andadura de la empresa, se han realizado descuentos especiales para animar a los clientes a conocer la iniciativa.

Un hándicap al que deberá hacer frente ahora, terminado el verano, es la temporalidad del turismo, algo que tienen previsto compensar con otras actividades complementarias para las que la embarcación puede adaptarse hasta la llegada de la primavera. Si en julio y agosto ha sido la celebración de fiestas la principal fuente de ingresos, ahora están diseñando otros programas que incluyen excursiones de avistamiento de aves en el río Miera y en la ría Cubas o proyectos escolares para enseñar la bahía a los más pequeños, aprovechando para concienciar sobre la importancia de proteger el medio ambiente: “Está claro que las previsiones climatológicas del entorno condicionan la proyección de esta iniciativa, especialmente por los días de lluvia, pero la temperatura media es bastante aceptable excepto entre los meses de diciembre a febrero”, explica Cardenal.

El funcionamiento del negocio durante los próximos meses será decisivo para que la empresa valore la adquisición de un nuevo espacio flotante de similares características y la puesta en marcha del proyecto en otros lugares.

Con apenas un año de vida, la consultora especializada en ofrecer soluciones para mejorar la competitividad de la oferta turística se ha enfrentado a una crisis que ha dado un vuelco a las cifras de visitantes y pernoctaciones, y que amenaza con cambiar para siempre la forma de organizar el ocio viajero. El difícil contexto en el que le ha tocado trabajar, dicen sus responsables, es también una oportunidad para ponerse a prueba y demostrar su capacidad para mejorar el posicionamiento en el mercado de empresas y destinos. La consultora, que trabaja actualmente en la redacción de un plan de reactivación turística por encargo de la Federación de Municipios de Cantabria, tiene a las administraciones públicas como principales clientes, pero confía en continuar creciendo dentro del sector empresarial.

Sara Sánchez Portilla | Septiembre 2020

El fin del estado de alarma y de las restricciones a la movilidad dentro y fuera de España no han evitado el impacto sobre el sector turístico en uno de los meses más importantes para este. El número de establecimientos abiertos, según recoge la estimación del Instituto Nacional de Estadística (INE), cayó un 29,5% respecto al verano de 2019, en datos del comienzo de la temporada. Respecto al número de plazas ofertadas, los porcentajes han bajado aún más, llegando a una reducción del 44,8%, que no ha sido capaz de compensar el desplome sin precedentes de la demanda. Pese a estar en plena temporada alta del verano la ocupación por plaza ofertada se ha quedado a la mitad en comparación al año pasado con un 35% de ocupación total, en datos del conjunto de España. Aunque en Cantabria la situación está siendo comparativamente mejor en términos de ocupación, las empresas de la región conviven con índices de actividad que son menores a los de otros años y que, en todo caso, no compensan el parón sufrido en primavera.

El contexto podría considerarse que no es el mejor para la actividad de Arquia, una consultoría que centra su trabajo precisamente en el sector turístico, pero también ofrece un amplio campo en el que desarrollar las estrategias e iniciativas que buscan hacer más competitiva la oferta turística de empresas y destinos. Con lo datos y las previsiones sobre la mesa, Arquia turismo tuvo claro que era el momento de buscar soluciones y “sacar a flote” el sector turístico. Teniendo en cuenta que la estancia media se había situado en 2,19 días por viajero, el plan para Arquia turismo era trabajar sobre los datos y dirigir los planes en dirección al turismo a corto y medio plazo.

Ana Ceballos, gerente de Arquia Turismo, en las oficinas de la consultora en el
Centro de Desarrollo Tecnológico de la
Universidad de Cantabria (CDTUC).

Arquia comenzó su andadura en julio de 2019, con un equipo joven compuesto por dos personas que tienen previsto incrementar antes de que acabe el año con un tercer miembro “que aporte aún más valor añadido”, según explica Ana Ceballos, gerente de la empresa. Entre los proyectos que actualmente tiene en marcha la consultora se cuentan actuaciones en varios municipios cántabros, que han recurrido a Arquia para mejorar la competitividad de su oferta turística y atraer así a más viajeros. La gerente de Arquia tiene clara la importancia de saber gestionar la situación presente, como también la de estar preparados para un futuro en el que la pandemia puede seguir teniendo una influencia decisiva sobre el sector. “La Covid-19 ha creado un estado de reflexión generalizada que ha desembocado en un cambio de paradigma en el turismo a corto y medio plazo. Esta situación de incertidumbre ha puesto sobre la mesa una necesidad de reactivación y potenciación de los destinos turísticos”, señala Ana Ceballos, que cree que eso genera oportunidades para una empresa como la suya: “Somos una consultoría especializada en el asesoramiento y desarrollo de proyectos, tanto para la administración pública como para toda empresa privada que lo precise”. En esa labor, precisa, Arquia ha realizado planes estratégicos en los que se ha dado protagonismo a las nuevas tecnologías y las nuevas tendencias turísticas, a partir del análisis y el estudio de la coyuntura turística. “Esos planes constituyen la primera fase nuestra actuación”, precisa. A pesar de que los datos actuales pueda parecer desoladores, Ana Ceballos cree que también es el momento de “adaptarse y ponerse manos a la obra”, y “buscar soluciones a los tiempos que corren”: “Queremos crear valor con mayúsculas, generar proyectos que ayuden a nuestros clientes a posicionarse y destacar, y que nos permitan a nosotros crecer con ellos con una filosofía y espíritu de equipo. Nos apasiona el turismo y todo lo que le rodea. Nuestra cultura está forjada sobre el entusiasmo de un equipo joven con ideas frescas que lleva el trabajo en equipo como lema, apostando por las nuevas tendencias turísticas y adaptándose a los tiempos”.

Proyectos en marcha

Arquia está finalizando actualmente el Plan Estratégico de Turismo de Suances, y desempeñando varias actuaciones concretas para la potenciación del municipio de Los Tojos y su mejora en cuanto a reputación y renovación de la imagen de marca del destino, para el que está trabajando en la creación de una Oficina de Turismo Virtual. Un portal web, explica Ana Ceballos, donde agrupar todos los contenidos en materia turística, además de gestionarla íntegramente la oferta para que esté constantemente actualizada: “Realizamos también actuaciones de publicidad, creación de una imagen fresca, nueva, moderna y que capte la esencia del municipio y en otras actuaciones de marketing”. Arquia es igualmente la creadora de la página web del Día de Campoo de Reinosa, con la que el ayuntamiento apuesta decididamente por la declaración de la festividad como Fiesta de Interés Turístico Nacional, y ha sido contratada por la Federación de Municipios de Cantabria para redactar el Plan de Reactivación Turística post Covid-19. Estos planes estratégicos creados por Arquia turismo son hojas de ruta basadas en el diseño de campañas de potenciación turística, en las que se crea una cadena de colaboración entre todos los agentes que componen el sector. Posteriormente se analiza la situación actual del lugar donde se va a activar el plan y, finalmente, se proponen líneas de actuación y gestión de los recursos. Ana Ceballos precisa que estas iniciativas “son necesarias” y que tienen como fin “ayudar, apoyar, incentivar y regenerar el turismo”. No obstante, el principal objetivo de estos planes estratégicos es “posicionar” a los municipios cántabros como destinos “seguros, tranquilos y preparados”, donde el turista podrá disfrutar de experiencias no masificadas y sin aglomeraciones.

Paisaje playero en Suances, en la tercera semana del pasado mes de agosto.

De lo regional a lo nacional

En cuanto a proyectos futuros, la consultoría turística tiene ya sobre la mesa algunos otros encargos de municipios cántabros, siendo uno de ellos el de Santa María de Cayón. Aunque la intención también es expandirse, dar un paso hacia adelante y adentrarse en el sector turístico de cualquier territorio nacional, y llegar a zonas como la capital. Madrid, explica Ana Ceballos, está en el punto de mira y hay negociaciones en marcha para desarrollar alguna iniciativa allí. “En Santa María de Cayón trabajamos en un proyecto para crear una potente red turística y sacar todo el potencial a sus valiosos recursos, además de otros proyectos no menos importantes en pro a la mejora de los destinos turísticos. Estamos además negociando con Ayuntamientos más grandes, y ahí entraría lo que estamos avanzando en Madrid”, comenta Ana Ceballos.

Aunque el objetivo es extender a toda España los servicios que ofrece la consultora cántabra, centrarse en la región sería ahora mismo, y según señala su gerente, un “acto de responsabilidad” debido a la situación actual. “Nuestra raíz no se puede ocultar, en estos tiempos de incertidumbre creemos que trabajar de forma muy dedicada en Cantabria es un acto de responsabilidad. El potencial que ofrece Cantabria es incuestionable y debemos potenciar el mensaje para consolidar nuestra región como referente turístico. Paradójicamente, todos los trabajos realizados con la iniciativa privada son con compañías de fuera de Cantabria”, señala.

Según explica la gerente de la consultoría turística, Arquia trabaja tanto con el sector público como con la empresa privada, aunque el porcentaje más elevado de clientes lo aportan hoy en día en las administraciones públicas. “A día de hoy, y debido a la coyuntura existente, actualmente un 80% de nuestros clientes son administraciones públicas, municipios en su mayoría, mientras que el 20% restante son empresas privadas, para las que organizamos congresos y reuniones corporativas. Tanto la iniciativa privada como la Administración pública han acogido de manera muy positiva la frescura de nuestro producto”, según recalca Ana Ceballos.

Cabe destacar que, como afirma la gerente de la consultora turística, la actividad “ha crecido exponencialmente” y gracias a ello el negocio resulta ser “autosostenible” en cuanto a recursos se refiere: “Somos moderadamente optimistas de que el cierre del ejercicio será muy positivo. Nuestras proyecciones de aquí a final de año nos hacen pensar de manera ilusionante en un sector tan importante en nuestro país de manera general y en nuestra región de manera particular, en un segmento de negocio totalmente novedoso en Cantabria. Ya estamos trabajando activamente en lo que 2021 nos debe aportar”. Arquia turismo sería así otro de los ejemplos de empresas que, en estos tiempos de crisis debido a la pandemia, han sacado su labor adelante, gestionando la situación y aportando soluciones a las necesidades generadas a raíz de la Covid- 19.

El tirón nacional y la demanda de destinos que pueden percibirse como sanitariamente seguros han disparado el atractivo de la marca ‘rural’ y han convertido a los alojamientos alejados de las grandes urbes en los grandes protagonistas de una temporada veraniega que ha sido muy distinta de las anteriores, pero en la que Cantabria ha mantenido altos niveles de ocupación. Viviendas rurales, posadas, palacios y casonas han registrado cifras cercanas al lleno en agosto y se han convertido en los grandes abanderados del turismo seguro.

J. Carlos Arrondo | Septiembre 2020

Los efectos de la pandemia de coronavirus sobre el turismo español no sólo se han manifestado este verano en una sustancial caída de las cifras globales del sector, sino también en un apreciable cambio de preferencias en los destinos más demandados por los viajeros nacionales. En relación a temporadas precedentes, la llegada de turistas extranjeros y la salida de españoles han sido testimoniales, bien sea por el desincentivo que han supuesto las restricciones en terceros países como por la renuencia a elegir destinos internacionales en una situación sanitaria incierta. Esta prudencia también ha llevado a que muchos viajeros hayan optado por sustituir los habitualmente masificados destinos de las costas mediterráneas por otros en zonas rurales y, sobre todo, en el norte del país. Cantabria –junto a Asturias– ha sido una

de las pocas comunidades autónomas que en esta nueva normalidad ha logrado salvar la temporada veraniega de las caídas generalizadas, alcanzando en algunos momentos de agosto una ocupación prácticamente plena. A estos buenos resultados ha contribuido con especial fortaleza el sector de los alojamientos rurales. “En cuanto a visitantes y ocupación, hemos aprovechado una temporada que en los meses previos dábamos por perdida. Con la incertidumbre de la nueva situación, ha sido un trabajo previo muy duro y costoso para ofrecer una imagen de seguridad”, afirma Jesús Blanco, presidente de la Asociación de Turismo Rural de Cantabria. Tras el confinamiento y las sucesivas fases de la desescalada, la mayoría de los alojamientos rurales de la comunidad volvieron a abrir sus puertas entre los últimos días de junio y los primeros de julio. Si durante las primeras semanas los visitantes se concentraron fundamentalmente en los fines de semana, en la segunda

quincena de julio las pernoctaciones ya abarcaban de jueves a lunes. “Agosto ha tenido una ocupación muy buena, sobre todo la segunda mitad en que ha estado todo saturado. Todo iba muy bien, pero ha empezado a complicarse la situación sanitaria y ahora tenemos que vivir el día a día por la incertidumbre de no saber qué va a pasar mañana”, explica el representante de los establecimientos rurales cántabros.

Carteles indicadores de alojamientos de turismo rural en Cantabria. A falta de que los datos lo confirmen, los niveles de ocupación durante el mes de agosto han sido muy altos

Jesús Blanco aclara que las viviendas rurales –casas que se alquilan completas a familias u otros grupos–han estado prácticamente llenas desde la reapertura: “Es la primera opción que los turistas buscan en estos momentos, por la mayor tranquilidad y seguridad al estar más aislados”. Por su parte, la demanda de las habitaciones en posadas, casonas o palacios ha ido de menos a más durante el verano. Aunque es una opción en la que resulta más difícil mantener la seguridad, para el presidente de la Asociación de Turismo Rural los viajeros han percibido la imagen que los alojamientos cántabros estaban haciendo las cosas bien. Un ejemplo es la forma en que se han servido los desayunos: “Se han montado en los jardines o en las terrazas y, como ha acompañado el buen tiempo, la gente ha disfrutado mucho al aire libre y ha podido mantener las distancias. Hemos fomentado el disfrute del entorno de las casas y ha sido algo que ha ayudado mucho porque la naturaleza es parte de nuestra ‘marca’ en cualquier alojamiento de Cantabria”.

Los establecimientos de alojamiento turístico en el medio rural están regulados en Cantabria por el Decreto 83/2010, modificado parcialmente por el Decreto 89/2017. A modo resumen con trazo grueso, las dos modalidades de contratación son en régimen de habitaciones o en viviendas completas, y las edificaciones –cada una de ellas con una tipología constructiva y unas características concretas detalladas en la normativa autonómica– que pueden pertenecer a la categoría de ‘alojamiento rural’ son las posadas, los palacios y las casonas cántabras, las viviendas y los apartamentos rurales. “Tienen que estar en un entorno que no tenga más de mil habitantes, con una limitación de plazas en cada caso y que la edificación sea anterior a 1950”, apunta Jesús Blanco, que advierte del uso que se hace del concepto ‘rural’ a pesar de no cumplir siempre los requisitos legales que regulan este tipo de alojamientos: “No todo es ‘rural’. Muchos se han sumado a la marca ‘casa rural’, pero esa categoría no existe como tal, es una denominación genérica”.

El valor de la marca ‘rural’

El presidente de la Asociación de Turismo Rural de Cantabria es consciente de que la marca ‘rural’ vende, pero se lamenta de que mezclarlo todo adultera el producto: “Lo auténtico solamente es el alojamientos rural que está de acuerdo al decreto vigente. Todo lo demás que se llame ‘rural’, cuya comercialización se ha desbordado a través de internet, de alguna manera nos ha usurpado la marca”. No sólo considera importante disipar esta confusión, sino que cree necesario puntualizar que la oferta que representa va más allá de la explotación de una denominación con indudable atractivo comercial, especialmente dada la situación sanitaria: “La Asociación de Turismo Rural de Cantabria es la única que tiene un plan de contingencia en los establecimientos, que tiene algún alojamiento certificado con el sello de seguridad del Instituto de Calidad Turística Española (ICTE), que ha hecho un plan de formación, que ha implementado las normas y que ha trabajado en el objetivo de la seguridad sanitaria como la mejor experiencia que ahora tenemos que ofrecer”.

Desde que los portales de internet se han convertido en la mayor plataforma de venta, es habitual que convivan indiscriminadamente ofertas de alojamientos legalmente establecidos con otros que no lo están; un intrusismo que el sector del turismo rural ha venido denunciando reiteradamente. “Nos ha hecho mucho daño. Ha hecho que los precios hayan ido a la baja en algunos momentos de crisis, se ha deteriorado nuestra imagen y se ha devaluado nuestro producto”, señala Jesús Blanco, para quien es imprescindible destacar la profesionalidad de los pequeños negocios que representa: “Todos estamos registrados en la Dirección General de Turismo, estamos dados de alta en Hacienda y en la Seguridad Social, y cumplimos toda la normativa de seguridad, sanitaria, etc. La mayoría llevamos muchos años dedicados a esto y hemos hecho una inversión muy importante. Lo que hacemos no es solamente abrir una casa, subirla a una web y ahí está, sino que damos unos servicios, preparamos actividades, atendemos a todo lo que el cliente necesita o requiere desde que llega hasta que se va”.

A la asociación, que agrupa a unos trescientos profesionales del sector, se van sumando como socios colaboradores pequeños negocios que ofrecen experiencias –como la producción de queso, vino, cerveza, entre otras, así como rutas u otras actividades complementarias– a los clientes de los alojamientos. Su presidente recalca que el concepto del turismo rural trasciende al mero servicio de hospedaje: “El turista busca disfrutar de algo nuevo, que le pueda interesar o que le llame la atención; que tanto el alojamiento, los servicios, el entorno y las actividades le ofrezcan algo atractivo”. Su objetivo es estar a la altura de unas expectativas que, desde hace varios años, la Asociación de Turismo Rural de Cantabria fomenta mediante la producción y publicación de unos videos promocionales de las distintas comarcas de Cantabria: “En ese trabajo de promoción ponemos en valor nuestros alojamientos rurales y, además, todos las pequeñas empresas de esas comarcas que quieran estar con nosotros y con las que podemos ofrecer un paquete que se visualiza y se comercializa a través de la nuestra central de reservas”, destaca Jesús Blanco.

Los alojamientos rurales cántabros han centrado sus esfuerzos esta temporada en ofrecer a sus clientes seguridad sanitaria, la mejor y más apreciada experiencia en estos tiempos. Jesús Blanco cree que el buen resultado hasta el momento es fruto de una ardua labor que arranca a principios de junio cuando comienzan a preparar la reapertura: “A partir de ahí nos ponemos a trabajar intensamente: participamos en la elaboración de las normas de seguridad del ICTE; hemos hecho cursos de formación online para los asociados, para que conozcan las normas y las implementen; llegamos a acuerdos con una auditora para los que se quieran certificar y ya tenemos a dos en Cantabria; para quienes no pudieran costearse una auditoría externa creamos un sello, un compromiso de seguridad con las normas sanitarias y su implementación. Y todo esto, además de trabajo, supone un gasto próximo a los 3.000 euros, sin saber si esto iba a funcionar, sin saber qué iba a pasary después de tres meses perdidos sin ingresar nada”.

Las medidas de prevención frente a la covid-19 han obligado a los negocios de turismo rural a llevar a cabo diversos cambios en los alojamientos. Han tenido que despojarse de cortinas, cuadros y otros elementos de la decoración o el mobiliario que eventualmente pudieran favorecer la transmisión del virus. También ha sido eliminado el formato de bufet en los desayunos, se ha incrementado el uso de productos higiénicos y, en general, se han tenido que realizar modificaciones y reformas para ganar el espacio de seguridad que necesitan los clientes. Para el presidente de la Asociación de Turismo Rural todo ello ha supuesto tener que reinventarse: “Ha sido volver a abrir. No es que cierras tres meses y abres normalmente, es volver a empezar. Es una situación nueva, totalmente incierta, en la que hemos apostado por la seguridad. Ha sido un trabajo bajo una gran presión, con la duda de si era más acertado esto o no hacer nada, pero, al final, la situación nos ha dado la razón”.

Además de las normas sanitarias obligatorias y básicas, la mayor parte de los establecimientos cántabros de alojamiento rural han implementado voluntariamente las normas recomendadas por el ICTE y la Secretaría de Estado de Turismo. También han contado con la ayuda del plan de contingencia elaborado por la Asociación para facilitar a los empresarios la remodelación tanto de las habitaciones como de las viviendas completas. “Esto nos ha fortalecido mucho. Los clientes lo han ido viendo y transmitiéndolo unos a otros. El resultado es que estamos a tope de ocupación”, indica Jesús Blanco con la satisfacción de constatar que van por buen camino, aunque alerta de que no pueden bajar la guardia y deben seguir perseverando: “La covid-19 nos está dando una oportunidad nueva. La gente busca lo más auténtico, lo de más calidad, lo más agradable o lo que más seguridad ofrece y por esta situación, de alguna manera, nos está volviendo a descubrir, a disfrutar y a valorar”.

Más allá de algún video explicativo de las medidas de seguridad adoptadas, el turismo rural cántabro no ha necesitado poner en práctica promociones especiales para atraer clientela este verano, ni siquiera se han modificado los precios. “Tal vez ha habido alguna oferta inicial, pero luego se han mantenido los precios de temporada alta del año anterior y ha funcionado. La gente tenía ganas de salir y lo ha hecho cuando ha podido y cuando ha visto que había seguridad”, subraya el responsable de la asociación. En su opinión, habría incluso más razones para que las tarifas se hubieran incrementado: “Ahora hay más gastos, se necesita más personal, hay que comprar continuamente mascarillas, desinfectante, etc. Es un mayor esfuerzo, por lo que el precio no se podía bajar y no se ha bajado”. Resalta, además, que toda la inversión inicial y el mayor gasto diario a los que se han visto forzados por la situación los han afrontado sin recibir ninguna ayuda específica o finalista de dinero público.

Jesús Blanco, presidente de la Asociación de Turismo Rural de Cantabria.

El cóctel que explica el éxito del turismo rural cántabro esta temporada consta de múltiples ingredientes. El turista nacional apenas ha salido al extranjero y ha sustituido los viajes en avión por los desplazamientos en coche, siendo el norte de España un destino ideal para las vacaciones familiares lejos de la masificación de otros lugares. “Haciendo tan buen tiempo como ha hecho, siempre es más agradable y, dentro del norte, Cantabria está muy bien posicionada. Tenemos una buena imagen, una buena calidad y un buen servicio. Hay muchas ofertas de turismo rural en otros sitios que no tienen mucho servicio, la nuestra sí”, concluye Jesús Blanco. No obstante, sabe que en este momento es difícil prever si la tendencia seguirá siendo tan positiva en el futuro próximo: “Todo dependerá de cómo vaya evolucionando la situación sanitaria. Si todo va más o menos así y hace buen tiempo, la gente irá reservando sobre la marcha porque no sabe si habrá problemas de movilidad y el día a día se irá ocupando todo. Septiembre también puede ser un mes que ayude, pero es todo muy incierto”.

 

Tras un paréntesis de más de cinco años sin sumar nuevos establecimientos a la cadena, la incorporación del Hotel Casona de Carmona da un nuevo impulso a los planes del grupo para dar forma a una potente oferta de alojamientos a lo largo y ancho de toda la región. La cadena, que contaba ya con hoteles y apartamentos en Potes, Suances y Cabuérniga, tiene muy avanzados los contactos para tener presencia en Santander y en varios de los municipios de mayor tirón turístico de Cantabria. El modelo elegido para hacerlo, es siempre el alquiler con opción de compra, una fórmula que también utilizó en ocasiones anteriores, y que en el caso del Albatros de Suances se ha concretado ya en la adquisición definitiva del hotel.

Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Tras un parón en el que han tenido que ver tanto las cuestiones empresariales como las circunstancias personales de su principal accionista, la cadena hotelera Arha ha retomado sus planes para configurar una amplia oferta de alojamientos en toda la región, con Santander como un objetivo prioritario –y muy cerca de concretarse– pero con todas las grandes localidades turísticas de la región como candidatas a contar con un establecimiento del grupo. La incorporación del Hotel Casona de Carmona  dio en diciembre el pistoletazo de salida a la nueva etapa del grupo, que entró en el negocio hostelero en 1999 con la construcción del Hotel Arha de Potes, al que sumó después un edificio de apartamentos turísticos también en la capital lebaniega y, ya en 2012, los hoteles Arha Albatros, de Suances, y Arha Reserva del Saja, en Renedo de Cabuérniga.

Los últimos eslabones incorporados a la cadena

Arha asumió la gestión del popularmente conocido como Parador de Carmona el pasado 31 de diciembre, tras hacerse con la concesión de la explotación del establecimiento propiedad de la sociedad pública Cantur. No fue esta la única operación cerrada el pasado año por el grupo, ni la apertura del hotel –prevista para la próxima primavera– va a ser tampoco la última que vivirá la cadena en este año 2019. El año pasado, y un poco antes de formalizar la concesión del hotel de Carmona, Arha incorporó la finca conocida como Casona de San Antonio, en Renedo de Cabuérniga, 20.000 metros cuadrados de terreno en los que se levanta un palacete montañés del siglo XVIII y un edificio de principios del XX. En este último, formado por dos torres y un cuerpo central, está previsto habilitar una habitación nupcial, un salón de banquetes y un área de cocinas y servicio. El conjunto de edificio y terrenos servirá para la realización de todo tipo de eventos –con las bodas como objetivo principal–, con una oferta complementaria al cercano hotel Arha Reserva del Saja. Las sinergias que pueden generarse entre este, la Finca San Antonio y el Parador de Carmona tienen un carácter estratégico y muy evidente en los últimos movimientos realizados por la cadena, que tiene también muy avanzados los pasos para extenderse a otras zonas de la región, y muy particularmente a Santander. Tras dos intentos frustrados de tener presencia en la capital de Cantabria –primero con la construcción de un hotel de nueva planta en Monte, y luego asumiendo la transformación en hotel del Club de Regatas– el grupo tiene previsto asumir la gestión de un hotel en Santander a partir del próximo 1 de marzo, en una operación de alquiler con opción de compra pendiente solo de la formalización final del contrato.

Ariel Cuesta, gerente de Arha, en el centro, junto al resto de su equipo: Verónica Gómez, directora de Administración, María González, coordinadora general, Óscar Costas, responsable del Departamento de Mantenimiento y Nuria Sainz, directora financiera.

Con las excepciones del Arha Potes que fue el origen de la cadena, y la concesión acordada en el caso de Carmona, la fórmula del alquiler con opción de compra ha sido siempre la fórmula elegida para incorporar establecimientos a la cadena. El Hotel Albatros de Suances, en el que actualmente se están realizando importantes trabajos de acondicionamiento y modernización, es ya propiedad del grupo, después de ejercer la opción de compra pactada en 2012.

En total, la cadena Arha gestiona actualmente una oferta de 130 habitaciones, una cifra en la que no se contabilizan ni las del futuro hotel santanderino, ni las que sumarán las aperturas previstas en otras localidades turísticas de Cantabria, en unos planes que los responsables de Arha Hoteles consideran muy adelantados y que deberían concretarse antes de que finalice 2019: “Queremos tener presencia en todas las grandes localidades turísticas de Cantabria, y estamos convencidos de que muy pronto estaremos en condiciones de anunciar la apertura de un hotel en alguna de ellas”, asegura Ariel Cuesta, gerente del grupo, que no se plantea objetivos concretos en cuanto al número de establecimientos y habitaciones a alcanzar por el grupo: “Nuestra idea es aprovechar las oportunidades que puedan presentarse”.

Sinergias

Ampliar el número de establecimientos de la cadena, y consiguientemente el número de habitaciones que se ponen en el mercado, fortalece la posición del grupo a la hora de comercializar, y también le dota de músculo y masa crítica para reforzar su estructura. “La ampliación de la cadena Arha ha producido una profesionalización en todos los aspectos de la empresa”, explica Ariel Cuesta, que apunta algunos hitos en esa línea, como la creación los departamentos de comunicación y redes sociales, de marketing y eventos o la puesta en marcha de una central de compras. Además, ganar tamaño ha permitido al grupo ampliar el departamento económico administrativo. “Con ello se produce unas sinergias entre cada uno de los establecimientos, obteniendo una máxima optimización de los recursos generales para ser competitivos en un sector tan en auge en Cantabria. Nuestra intención es que la Arha Hoteles llegue a ser un referente en el sector turístico de la región”.

La cuestión de las sinergias entre establecimientos tiene uno de sus capítulos más evidentes en la relación que mantendrán los tres establecimientos que el grupo va a gestionar en Cabuérniga: el hotel Reserva del Saja, la Finca San Antonio y el Parador de Carmona. Los clientes de cualquiera de los dos hoteles podrán disfrutar de los equipamientos y la oferta de ambos, con independencia de en cuál de ellos estén alojados. Los que lo hagan en Carmona podrán utilizar el spa y el gimnasio del Reserva del Saja, en tanto que los clientes de este último podrán disfrutar de la amplia oferta de actividades y servicios que se ha diseñado para el parador. “En Carmona vamos  crear packs turísticos de cocina en fin de semana para los clientes junto a otras actividades como pueden ser rutas de senderismo y cursos de inmersión lingüística de inglés”, señala el gerente del grupo Arha.

Profesionalización

La profesionalización y el reforzamiento de la estructura de la cadena va a permitir también avanzar en el que es otro de los grandes objetivos del grupo: ampliar las fechas de apertura de cada establecimiento, con la idea última de que estas lleguen a cubrir la totalidad del año, cuanto menos durante los fines de semana. La formalización de una oferta complementaria de actividades y servicios –cuya plasmación más reciente, y también la más clara, es la que se ha diseñado para la Casona de Carmona– se considera uno de los pasos fundamentales para atajar en lo posible la estacionalidad que caracteriza la demanda turística de la región. Otra de las actuaciones que debería servir para avanzar en ese propósito, y relacionada también con el reforzamiento de las estructuras de la cadena, es la incorporación de profesionales de larga trayectoria en el sector, como Rodrigo Arroyo que será el responsable de los dos hoteles que la cadena tiene en el municipio de Cabuérniga.

Arha Hoteles emplea actualmente a 40 personas de forma directa. Ariel Cuesta destaca la aportación de todos ellos como un factor básico para el desarrollo de la cadena, y hace un mención expresa al equipo directivo del que se ha rodeado en estos años: Nuria Sainz, directora financiera, María González, coordinadora general, Verónica Gómez, directora de Administración, y Óscar Costas, responsable del Departamento de Mantenimiento: “Son personas de total confianza que han demostrado su implicación total a la empresa desde su inicio, y que han absorbido la filosofía inculcada por mi padre. Sin ellos no estaríamos donde estamos”.

La red de ‘Los pueblos más bonitos de España’ nació en 2011 con el objetivo de convertirse en un elemento para atraer visitantes a las zonas rurales con especiales atractivos culturales, paisajísticos y arquitectónicos. Tres localidades cántabras se han ganado el derecho a lucir el distintivo: Santillana del Mar, Bárcena Mayor y Liérganes. Por ser menos conocida dentro de  de los circuitos tradicionales y por haber obtenido la certificación en fechas más recientes, esta última es también la que en mayor medida puede poner a prueba las virtudes del sello como reclamo turístico. El Ayuntamiento calcula que el número de visitantes ha crecido un 30%, pero los hosteleros ponen en duda que ese incremento se deba a la pertenencia a la red.

Texto de J. Carlos Arrondo

Tras elegir recientemente la entrada de visitantes en España como el dato económico más relevante de 2017 y constatar el peso creciente que tiene en nuestra economía el sector turístico, la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) destacó la necesidad de avanzar en un incremento de los ingresos mediante una mayor aportación del turismo cultural. El ingente patrimonio histórico y artístico español diseminado por todo el país no siempre es lo suficientemente conocido por carecer de visibilidad y suele ser muy poco visitado por estar fuera de los grandes polos de atracción turística. Precisamente con el fin de preservar y difundir el patrimonio cultural y natural y de fomentar el turismo en zonas rurales con bajo nivel de industrialización y como instrumento para la reducción de desequilibrios territoriales y poblacionales, se constituyó en 2011 la asociación ‘Los pueblos más bonitos de España’.

Inspirada en una exitosa iniciativa francesa que comenzó en los años ochenta del pasado siglo, la red española de ‘pueblos bonitos’ ofrece una oportunidad para darse a conocer como destinos turísticos a enclaves rurales de menos de 15.000 habitantes que cumplan algunos requisitos, fundamentalmente de calidad urbanística y arquitectónica. Por ahora cuenta con 68 municipios participantes y hay otros 20 en proceso de adhesión. En Cantabria son tres los pueblos que lucen el distintivo de la asociación –Santillana del Mar, que entró en diciembre de 2013, Bárcena Mayor, en marzo de 2015, y Liérganes, en enero de 2016– y otros dos –cuyos nombres se mantienen en la confidencialidad en tanto se aprueba o no su adhesión– se hallan tramitando su ingreso.

“Desde que llegamos al equipo de gobierno, en junio de 2015, el objetivo que nos marcamos desde el punto de vista de la promoción turística del municipio fue entrar en ‘Los pueblos más bonitos de España”, indica Santiago Rego, alcalde de Liérganes, la última localidad cántabra que se sumó a la red. El procedimiento se inicia con una petición formal del ayuntamiento interesado, que deberá acreditar un patrimonio de calidad urbanística y arquitectónica, así como manifestar una política de valoración, desarrollo, promoción y animación del mismo. Previa a la resolución final sobre la entrada o no del pueblo solicitante, una auditoría se encarga de evaluar si la candidatura cumple con los requisitos de calidad establecidos, sus fortalezas y debilidades. “Las fortalezas de Liérganes son un conjunto histórico artístico –con  la categoría de Bien Cultural desde 1998– muy bien conservado y en el que no hay una sola casa en estado de ruina; una bonita leyenda, la del hombre-pez, por la que muchas veces es conocido el pueblo; una aceptable infraestructura turística, con alrededor de 400 camas; y una política municipal tendente a abrir nuevas sendas y rutas por las zonas de montaña y de bosque cercanas”, explica Santiago Rego. La auditoría recogía también algunas debilidades que no constituyeron un impedimento para el ingreso en la red, aunque llevaban aparejado el compromiso municipal de ir corrigiéndolas paulatinamente. “Nos indicaban que había que ir reduciendo la presencia de coches en el casco histórico y que había que ubicar la Oficina de Turismo en un edificio de mayor solera que esa especie de quiosco grande en el que está ahora”, describe el alcalde.

¿Más visitantes?

Los primeros 57 miembros –cuyo ingreso se produjo hasta 2016– han estimado que la afluencia turística a sus pueblos ha crecido entre un 30 y un 50% desde su incorporación a la asociación, gracias a la visibilidad y promoción a nivel nacional que esta les proporciona. Además, en enero de 2015, ‘Los pueblos más bonitos de España’ suscribió un acuerdo de colaboración con Turespaña, dependiente de la Secretaría de Estado de Turismo, y el Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España para promocionar, sobre todo internacionalmente, el turismo en los municipios integrantes de la red. “Los datos que tenemos de la Oficina de Turismo indican que hemos aumentado el número de visitantes casi en un 35%. Hay más visitantes nacionales y hemos notado también una mayor afluencia de extranjeros. Ha sido un gran logro situar a Liérganes en grandes webs que dan visibilidad nacional e internacional”, destaca el regidor, para quien el valor que la marca aporta al municipio compensa con creces la cantidad –un euro por cada uno de los 2.370 habitantes, más 1.000 euros fijos en concepto de gastos generales– que paga anualmente el Ayuntamiento: “Podemos lucir orgullosos el anagrama de ‘Los pueblos más bonitos de España’ en todos los accesos al pueblo porque la valoración es muy positiva”.

Santiago Rego, alcalde de Liérganes.

La web de la asociación también ofrece la posibilidad de promocionarse a través de ella y disponer del sello distintivo –con un coste de 75 euros al año– a aquellos establecimientos hosteleros y de otras actividades relacionadas con el turismo rural que estén enclavados en pequeñas poblaciones en un radio de 35 kilómetros del pueblo de referencia. Recientemente ha incorporado también una plataforma en la que los viajeros pueden realizar reservas en los negocios adheridos a ella. En Pámanes, la Posada Bernabales es uno de los varios establecimientos del municipio de Liérganes presentes en dicha central de reservas. “Por ‘pueblo bonito’ no ha venido todavía nadie a mi casa. Suelo ser yo quien les cuento que pertenecemos  a este club y no al revés. Mis compañeros y yo tiramos de sello, tiramos de orgullo, pero la mayor parte de la gente no conoce Liérganes, sino que viene porque está a diez minutos de Cabárceno”, advierte su propietario, José Manuel Fernández Hoz, que también preside la Asociación Hostelera de Liérganes.

El representante de los hosteleros locales reconoce como beneficiosa para el municipio la visibilidad que ofrece la marca y el añadido de calidad que aporta a los negocios de la zona, pero prefiere ser cauto en su valoración: “Es publicidad y trae gente al pueblo. Han llegado muchos visitantes, pero aún no tenemos datos fehacientes que nos permitan saber si han venido más por ser ‘pueblo bonito’ o porque el turismo ha crecido en toda Cantabria y en toda España”.

Quienes conocen el día a día del pueblo no dudan en afirmar que, sobre todo los fines de semana, incluso fuera de temporada turística, Liérganes goza actualmente de un ambiente muy animado en sus calles. Sin embargo, el presidente de los hosteleros observa que la mayor afluencia de visitantes y las cifras de negocio en su sector no están creciendo de forma pareja: “El año pasado hemos hecho cifras similares a las del año anterior, en general algo superiores, pero los visitantes han crecido en un porcentaje bastante mayor. No se está reflejando en la facturación, al menos en la hostelería, que está viniendo más gente”.

Para el alcalde esto es algo que escapa a su competencia y cree que su misión es velar porque el municipio ofrezca el marco adecuado como destino de calidad: “Nosotros ponemos  el traje, que es estar en ‘Los pueblos más bonitos de España’, y tratamos de mejorarlo teniendo un casco histórico ordenado, fomentando aparcamientos y creando nuevos recursos turísticos”.

La polémica de los bolardos

Uno de los compromisos adquiridos por el Ayuntamiento de Liérganes al ingresar en ‘Los pueblos más bonitos de España’ es el de reducir la presencia de vehículos  estacionados en el casco histórico. La instalación de unos bolardos que impiden el aparcamiento sobre las aceras ha suscitado una polémica sobre su idoneidad. José Manuel Fernández Hoz aclara que es un problema más vecinal que empresarial y que los hosteleros no se pronuncian al respecto como colectivo, pero advierte de la necesidad de solucionar la carencia de aparcamientos en la zona más céntrica del pueblo: “El visitante tiene que sentirse cómodo y no le puedes tener dando vueltas con el coche sin poder aparcar”.

José Manuel Fernández Hoz, presidente de la Asociación Hostelera de Liérganes.

Desde el equipo de gobierno municipal se recuerda que la semipeatonalización del casco histórico, donde los vehículos pueden circular pero no aparcar, figuraba en su programa electoral y, aunque suponga cierto desgaste, se ha apostado por ello y va a continuar. “Muchas personas con las que hablo están encantadas con esta decisión”, apunta Santiago Rego, que también anuncia la creación de unas 110 plazas de estacionamiento alternativo en un año.

La primera fase de la nueva oferta de aparcamientos en Liérganes forma parte del Plan de Movilidad Turística que ejecuta el Gobierno de Cantabria y consta de 53 plazas en el barrio de la Costera, una actuación que incluye también una marquesina de recepción de visitantes junto al Balneario. La segunda fase, dentro del Plan de Obras y Servicios recogido en el Decreto 50/2017 del Gobierno de Cantabria, contempla la creación de unas 60 plazas más en la zona de la iglesia de San Pedro Ad Vincula. En opinión del alcalde de Liérganes, el pueblo está corrigiendo las debilidades  que la auditoría de ‘Los pueblos bonitos de España’ detectó en 2015: “Hemos reducido la presencia de coches en el casco histórico, estamos aumentando los aparcamientos y la Oficina de Turismo, aunque no la hemos cambiado de de sitio, va a ser modificada esta primavera y va a quedar mucho mejor. Estamos en un buen momento”.

Las posibilidades de promoción que puede ofrecer el club de los ‘pueblos más bonitos’ no se agotan con la mera vinculación  a esta marca de calidad. Es necesario que cada pueblo realice actividades y acometa proyectos que añadan valor a dicha pertenencia. Desde su incorporación a la asociación, Liérganes cuenta con una ‘app’ con códigos QR que permite conocer sus edificios y monumentos y recientemente  el Ayuntamiento ha mejorado su  folleto turístico. Hace unos días ha sido inaugurada en el Pico Levante la vía ferrata más cercana a la bahía de Santander de toda Cantabria, una inversión de casi 13.000 euros financiada con los Fondos FEDER que gestiona el Grupo de Acción Local de la Mancomunidad de los Valles Pasiegos.

Otra apuesta importante, con una inversión cercana a los 50.000 euros, financiada por el Gobierno de Cantabria a través del proyecto ‘Villas termales’, ha sido la de unir los balnearios de Liérganes y Solares a través de una senda fluvial y una zona de recreo junto al río Miera. “Estamos mejorando la oferta turística del municipio, aunque creo que con 1.800.000 euros que tiene Liérganes de presupuesto no podemos hacer mucho más. Podemos hacer actuaciones con nuestros recursos, podemos hacerlas con la financiación del Gobierno de Cantabria… pero lo que no podemos hacer es dormirnos”, señala Santiago Rego.

El presidente de la Asociación Hostelera de Liérganes cree que para que sea positiva es imprescindible que los vecinos hagan de la iniciativa un motivo de orgullo y que crean en ella como algo propio. “Me consta que los vecinos creen que un sello de este tipo sólo es para quienes tenemos negocios hosteleros. El turismo es algo más que hostelería y en una marca así tiene que creer todo el pueblo porque la calidad, además de la buena atención en un hotel o en un restaurante, tiene que estar en la farmacia, en el quiosco o en la calle”, afirma José Manuel Fernández Hoz, que se muestra pesimista en su percepción: “No lo veo. Hay gente mayor en los pueblos, sobre todo en los cascos históricos habitados, como es el de Liérganes, que lo que menos le apetece es que se llenen de turistas, que molesten, que no se pueda aparcar. Esa gente tiene que ver que esta es una alternativa para sus hijos y nietos”.

El municipio de Liérganes, enclavado en una zona con escaso desarrollo industrial, ha visto como el sector primario ha caído drásticamente en las últimas décadas y de manera análoga a lo que está ocurriendo en todo el ámbito rural cántabro, está sufriendo un serio problema de despoblación. El turismo de calidad parece perfilarse como una de las principales salidas económicas para un lugar que goza de un entorno sosegado y agradable, ofrece buenos servicios, está bien comunicado y dispone de cierta tradición hostelera. “Ahora ya no se trata de ofrecer una cama o una comida, hay que ofrecer una ‘experiencia’. Siempre me ha parecido importante hacer ver a la gente que sacar un beneficio al turismo es más que la hostelería. Una tienda de artesanía, de ropa, una quesería, incluso pequeñas ganaderías a las que puede ir la gente a ver cómo se ordeña una vaca y tomar leche fresca, todos, al final, de una forma o de otra, pueden vivir de la gente que visita el pueblo o el municipio”,  explica el representante de los hosteleros de Liérganes, para quienes sería interesante poder enlazar la marca de los ‘pueblos bonitos’ con un punto de recepción de muchos visitantes cercano como es el parque de Cabárceno.

Para José Manuel Fernández Hoz ha sido una buena idea que Liérganes ingresara en ‘Los pueblos más bonitos de España’ y cree que habrá que ir sacándola más provecho con el tiempo: “Todavía hay muchas cosas por hacer, hay que dar bastante más visibilidad a la marca”. No obstante, advierte del error que sería confiar únicamente en ella toda su promoción exterior y reivindica más atención del Gobierno de Cantabria: “Necesitamos presencia, porque ahora no tenemos ninguna, en la publicidad oficial. Liérganes y, en general, los Valles Pasiegos no aparecemos por ningún sitio en la promoción institucional”.

La Comisión Europea calcula que la cultura aporta un 3% del PIB de la UE, genera 6 millones de empleos y mantiene un potencial económico notable, aunque admite que poco reconocido y escasamente valorado. Las empresas cántabras que operan en la industria cultural y creativa sufren esa misma falta de visibilidad y lamentan que no se valore adecuadamente su relevancia económica, aunque admiten que  parte del problema es responsabilidad del propio sector, integrado por micropymes que tienden a descuidar la dimensión puramente empresarial de su actividad.

Por Juan Carlos Arrondo

La Constitución, en su artículo 44.1, consagra el derecho de todos los españoles al acceso a la cultura y el deber de los poderes públicos de protegerlo y tutelarlo. En una sociedad de mercado como la nuestra, esto se traduce en el reconocimiento al ciudadano de su derecho a consumir cultura. Esta consideración como bien económico no invalida la de bien social y es en el equilibrio entre ambas en la que se sitúan las empresas y los profesionales que crean, producen, distribuyen o gestionan la cultura. Los organismos europeos apuestan por la innovación, la creatividad y el compromiso de las ‘industrias culturales y creativas’ (ICC) como motor del desarrollo local, de la cohesión y la transformación social. Además, con una aportación del 3% al PIB comunitario y más de seis millones de puestos de trabajo, constituyen para la Comision Europea un sector con un potencial económico notable, aunque infravalorado y poco reconocido.

Esta falta de reconocimiento es particularmente significativa en España, donde –a pesar de representar un 2,5% del PIB y superar los 500.000 empleos– está muy enraizada la opinión de que la cultura vive parasitariamente de las subvenciones públicas y poco ha hecho por desmentirla la Administración con sus erráticas políticas. La Plataforma de Empresas Culturales de Cantabria (PECCA) trata de demostrar que la inversión en cultura ofrece un fuerte retorno, tanto económico como social, y cree necesario que las comunidades autónomas, como instituciones competentes en la materia, hagan suya la apuesta europea. Al Gobierno de Cantabria le pide que establezca un rumbo mediante la elaboración de un plan estratégico, que defina una marca Cultura Cantabria y la posicione en el exterior.

Según los últimos datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en 2015 había 1.116 empresas culturales en Cantabria. En PECCA no están convencidos de que esta cifra ofrezca una dimensión real de un sector que incluye diversas ramas que no siempre constan en la Clasificación Nacional de Actividades Económicas –CNAE– en epígrafes inequívocamente culturales. “Las estadísticas sobre industrias culturales y creativas del Ministerio de Cultura se hacen partiendo de la CNAE. Hay actividades que están en epígrafes que son cajones de sastre y a la hora de elaborar las estadísticas no son tenidas en cuenta”, advierte Ángel Astorqui, presidente de PECCA. La plataforma ha demandado al Ministerio de Hacienda una reordenación de estas actividades en epígrafes que les permita tener una visibilidad oficial de la que hoy carecen, al tiempo que intenta que el ejecutivo autonómico averigüe la situación del sector en Cantabria: “Hemos reclamado un estudio de las industrias culturales y creativas para saber su estado actual y esto sirva como base para trazar objetivos y estrategias”, apunta su presidente.

La tarea no es sencilla porque, si bien se trata de una comunidad autónoma con mucha afición cultural, las empresas son muy pequeñas, tanto que en muchos casos sería más preciso hablar de ellas en términos de profesionales autónomos que a veces compaginan su actividad cultural con otras de distinta índole. Además, especialmente tras el estallido de la crisis económica, la precariedad en la que viven muchas de ellas hace que nazcan y mueran en poco tiempo.

La crisis sigue ahí

Ejemplos de cultura en la calle, y de la aceptación del público.

La reducción del consumo de productos culturales y el drástico recorte en los presupuestos públicos han supuesto que la crisis económica haya atacado con particular virulencia a las empresas de un sector que, a diferencia de otros, no parece dar grandes signos de recuperación. “Estamos sobreviviendo las que hemos podido sobrevivir porque hay mucha gente que ha tenido que optar por que la cultura sea su segundo modo de vida. Vivir de la cultura, y más en una comunidad pequeña como esta, no es fácil”, señala Isabel Lorente, coordinadora de proyectos de PECCA. En su opinión, un aspecto que continúa haciéndoles mucho daño es el tipo del IVA que grava sus actividades: “Tenemos uno de los ‘IVA culturales’ más altos del mundo, el sector no puede soportar el 21%. Ahora se dice que en las artes escénicas ha bajado al 10%, pero es engañoso porque sólo afecta a la compra de una entrada, todo el engranaje del espectáculo, que implica al artista, al que lo distribuye, a los técnicos que realizan la infraestructura de luces, de sonido, de adaptación al espacio, sigue al 21%. Esa bajada ni siquiera la va a notar el consumidor, porque en el precio de la entrada el teatro va a repercutir lo que ha pagado por el espectáculo, que no ha bajado”. Tampoco se está recuperando el nivel de inversión pública anterior a la crisis, algo que para PECCA significa que no se está siendo coherente con el apoyo a las industrias culturales y creativas que abanderan las instituciones europeas.

Las empresas culturales suelen enfrentarse a la dificultad de financiar sus actividades, un problema que se agrava cuanto menor es su tamaño. “Vas a pedir financiación a un banco y no te dan crédito. Te exigen lo mismo que a cualquier empresa de otro sector, pero en nuestro caso es más difícil que los números salgan porque hay mucha precariedad”, lamenta Ángel Astorqui. En junio de 2016 la Comisión Europea acordó destinar 250 millones de euros a través del Fondo Europeo de Garantía para proporcionar avales a pequeñas industrias culturales y creativas sobre el 80% del total a financiar.

El presidente de PECCA lo interpreta como un avance: “Supone que para desarrollar un proyecto no vas a tener que hipotecar tu casa. No soluciona completamente el problema, pero esperamos que sea un balón de oxigeno para poder desarrollar mayor actividad y crear más empleo”. Sin embargo, un año después de su creación, el programa aún no ha comenzado a funcionar. La idea original es que, como ocurre con otros fondos europeos, se gestionase a través de las entidades financieras, que se encargarían de crear unos productos con las correspondientes especificidades y de ponerlos a la venta en sus oficinas, pero la banca europea no ha respondido como se esperaba.

La solución para poner en marcha el programa en nuestro país llega de la mano de las Sociedades de Garantía Recíproca. “Hay una específica para industrias culturales y creativas a nivel nacional, CREA SGR, con la que ha firmado el Fondo Europeo de Garantía su distribución en España para que nos llegue a las empresas, que se podrán dirigir a esa o a las Sociedades de Garantía Recíproca que hay en cada Comunidad Autónoma”, explica Ángel Astorqui.

La aportación pública

En el negocio cultural hay mucha vocación, pero a nadie se le escapa que para desarrollarla, para continuar esa forma de pensar y entender la vida, se necesita una sostenibilidad económica porque en definitiva es un medio de vida. Dicha sostenibilidad depende en buena medida de los ingresos procedentes del dinero público y, para hacer frente a esa imagen de ser empresas que viven de las subvenciones, las empresas se han marcado como objetivo que se tenga en cuenta el impacto económico y social de cada céntimo que las instituciones invierten en el sector. Economistas como Lluis Bonet o Pau Rosell, especializados en este campo y que han asesorado a los gobiernos españoles en la elaboración de la Cuenta Satélite de la Cultura, han sido capaces de medir el citado impacto económico. Su conclusión es que por cada euro de dinero público invertido en cultura, hay un retorno de siete euros en el territorio en el que se produce la actividad.

El presidente de la Plataforma de Empresas Culturales de Cantabria recuerda hoy un estudio de referencia titulado ‘Valor social de la cueva de Altamira’: “El valor social es la capacidad que tiene la comunidad donde se desarrolla esa actividad de identificarse, de hacerse suyo, de que eso les retorne algo. No solo puestos de trabajo o turistas, sino que aporta algo como ser humano y en este estudio eso se mide. Un ejemplo de este valor social es que en Italia se está estudiando el retorno que la cultura tiene en ahorro sanitario”.

La medición de ese impacto no debería ceñirse exclusivamente a aquellas ramas afectas directamente al sector: gestión cultural, artes escénicas, artes plásticas, audiovisuales, patrimonio cultural, diseño gráfico, música, ediciones, danza, etc. Requiere además la valoración de las aportaciones indirectas de otros sectores, algunos tan estrechamente ligados como el turismo y la educación. En torno al 14% de los turistas que vienen a España lo hacen por motivos culturales y nueve de cada diez turistas consume cultura.

Los economistas de la cultura han valorado estas circunstancias, aunque según Ángel Astorqui carecen de suficientes datos en origen para afinar sus modelos: “Los comportamientos turísticos han cambiado. Ahora están más asociados a ‘tribus’: los moteros, los que viajan a un festival de música, etc. Esto habría que analizarlo bien, pero en las encuestas oficiales se siguen haciendo preguntas de los años setenta”. La cultura también tiene una fuerte relación con el sistema educativo. En los escalones más bajos, tanto dentro del currículo como en actividades extraescolares, hay una fuerte demanda de productos culturales. En ámbitos superiores, muchas empresas del sector ofrecen diversos servicios a universidades y centros de investigación. Isabel Lorente añade que esa relación también alcanza a la educación no reglada: “La cultura es transversal a muchas actividades formativas. Por ejemplo, las artes escénicas están en cursos de preparación al profesorado, de oratoria o para perder el miedo a hablar en público”.

Sin embargo, la transversalidad con otros sectores económicos no se produce con la Administración: “Hablamos con la Dirección General de Cultura, pero no con la de Educación o la de Industria. Podemos acceder a los programas y subvenciones culturales, pero no tenemos acceso al I+D+i de Sodercan porque no nos consideran industria, a pesar de que en la UE seamos industrias culturales y creativas”, lamenta el presidente de PECCA.

De sus relaciones institucionales, que califican de fluidas aunque apenas se llega a concretar nada, los miembros de PECCA se han marcado como objetivos prioritarios la consecución de un consenso político y la elaboración de un Plan Estratégico de la Cultura de Cantabria. “Estamos intentando reunirnos con todos los partidos para intentar consensuar que la cultura no dependa de los cambios políticos, que los adelantos que vayamos logrando y, en definitiva, nuestro futuro no dependan de quién está en el poder en cada momento”, explica la coordinadora de proyectos de la Plataforma. Su reivindicación al Gobierno cántabro se centra en la petición de un planteamiento político a futuro sistematizado en un plan estratégico. Es necesario, señalan, conocer con precisión el estado actual de la cultura en Cantabria, a partir del cual establecer unos objetivos de lo que se pretende ser y diseñar una estrategia para alcanzarlos. “Después hay que dotarlo de unos recursos económicos, técnicos y humanos, hacer un cronograma, poner unos hitos y unos indicadores de cumplimiento, para ver finalmente las desviaciones que han podido producirse y por qué”, desgrana el presidente de PECCA, que se ofrece a colaborar aportando diálogo y crítica constructiva: “Trasladamos al Gobierno la importancia de que se reconozca la Marca Cultura Cantabria. Tenemos diez cuevas Patrimonio de la Humanidad, empresas que se están moviendo a nivel europeo. El Gobierno debe llevar consigo esa marca cultural cuando sale de Cantabria porque ahora no lo está haciendo y esto no puede coordinarlo ni encabezarlo nadie más”.

PECCA, asociación que nació a finales de 2011 y reúne a cerca de 40 empresas del sector, ha renovado recientemente su junta directiva, marcándose tres grandes líneas de trabajo: mejorar la comunicación a nivel interno y externo, crecer mediante una campaña de captación de socios y mejorar la organización interna, intentando que sea más horizontal y participativa a través de la creación de varias mesas de trabajo. Una de ellas es la de proyectos, que coordina Isabel Lorente: “Somos una región con un gran componente cultural, pero un entorno muy pequeño y si queremos desarrollarnos tenemos que salir fuera. Con ‘Cultura en movimiento’ estamos trabajando junto a Artekale –Asociación de Artes Escénicas de Calle de Euskadi– y ACPTA –Asociación de Compañías Profesionales de Teatro y Danza de Asturias– en cauces de colaboración para crear proyectos en común con todo el tejido cultural desde Gijón hasta Bilbao, pasando por Santander, y multiplicar así nuestro potencial”.

El otro gran proyecto de la Plataforma es dar continuidad al éxito de las primeras Jornadas Marca Cultura Territorio. Isabel Lorente resume así su desarrollo: “En las primeras Jornadas conseguimos traer expertos del mundo de la cultura, de la educación, del turismo, de los proyectos de redes de colaboración. Tratamos de que fuera un punto de encuentro del sector, donde pudieran ponerse en común sus problemas y sus proyectos”. La segunda edición se celebrará en marzo de 2018 y para Ángel Astorqui la principal novedad reside en que se dará voz a la ciudadanía: “Las nuevas tecnologías permiten a la gente crear cultura además de consumirla. La cultura, como bien común, debe crearse entre todos”.

La regulación turística desde hace tres años de las cabañas pasiegas ha disparado el interés por recuperar este tipo de construcciones de singular valor etnográfico y cultural exclusivas de la montaña oriental de Cantabria. La Dirección General de Turismo cuenta con 18 cabañas registradas y 126 plazas disponibles, cifra muy inferior a la que maneja la Asociación de Propietarios de Cabañas Pasiegas, que habla de un repunte de la compraventa y de muchas más edificaciones rehabilitadas, aunque reconoce que no todas se han destinado a alojamiento turístico. Tras un agosto en que las cabañas han rozado el 100% de ocupación, su presidente admite que los viajeros tienen por lo general bien aprendido el concepto de turismo alternativo que ofrecen, pero reclama más apoyo institucional para evitar que muchas de estas cabañas, especialmente las más aisladas, terminen hundiéndose.

Texto de Manuel Casino @mcasino8

Las cabañas pasiegas propias de la montaña oriental de Cantabria hace tiempo que han dejado de ser construcciones exclusivamente vinculadas a la explotación ganadera. La aprobación hace poco más de tres años de un decreto autonómico que regula su uso turístico ha permitido que estas edificaciones disfruten de una segunda oportunidad. En este tiempo, dieciocho cabañas se han registrado en la Dirección General de Turismo del Gobierno de Cantabria como alojamiento extrahotelero, según datos facilitados por este departamento, que cifra en 126 el total de plazas disponibles para quienes buscan otra forma alternativa de pasar sus vacaciones en contacto permanente con la naturaleza y el medio rural.

Estos datos, sin embargo, no concuerdan con los que maneja la Asociación de Propietarios de Cabañas Pasiegas, una agrupación fundada hace más de una década para promover la legalización del cambio de uso ganadero a residencial en el que hoy se integran cerca de 70 propietarios, muchos de ellos titulares de varias cabañas. Según destaca su presidente, Fidel Sainz Carral, solo en el valle de Carriedo la lista de cabañas rehabilitadas supera la treintena, aunque reconoce que algunas se han destinado a uso particular como segunda residencia.

En lo que sí coinciden Turismo y esta asociación es en los indudables beneficios que ha traído consigo este decreto para el desarrollo económico de los valles pasiegos en general, y la conservación y salvaguarda de estos singulares edificios en particular.

Desde el Ejecutivo regional resaltan que la normativa elaborada por la Consejería de Innovación, Industria, Turismo y Comercio ha permitido preservar y poner en valor un patrimonio etnográfico y cultural que ha de conservarse tanto arquitectónica como culturalmente, al mismo tiempo que ha facilitado el desarrollo de una actividad económica como alternativa en el sector primario y otro modo de vida e ingresos para sus habitantes.

Asimismo, señalan que este decreto ha favorecido la puesta en valor de un nuevo atractivo turístico en la región complementario a otros ya existentes, pero único y exclusivo ya que no se puede encontrar en ningún otro lugar de España ni del mundo. Se trata, conceden, de un producto diferenciador con personalidad propia que se adapta muy bien a las demandas del turista actual y que permite conocer y apreciar la cultura y las costumbres locales. “Adaptar las cabañas a usos turísticos es una propuesta de evolución más que de transformación”, insisten en Turismo para subrayar las oportunidades que pueden ofrecer este tipo de construcciones tras dejar de cumplir con su tradicional cometido de viviendas ganaderas. Por último, Turismo también sostiene que la regulación autonómica garantiza al cliente la prestación de unos servicios de calidad acordes a las exigencias de habitabilidad, comodidad, dotaciones y seguridad que se exigen actualmente a los establecimientos turísticos.

Fidel Sainz Corral, presidente de la Asociación de Propietarios de Cabañas Pasiegas.

Sainz Carral, que junto a su familia explota cinco cabañas en Selaya, asegura por su parte que antes incluso de la aprobación de este decreto la compraventa de cabañas para su rehabilitación vivió años de auténtica locura. “Conozco un propietario que coincidiendo con el boom de la construcción vendió casi 200 cabañas”, afirma para a renglón seguido apostillar que, tras el posterior parón derivado de la crisis económica, el sector ha vuelto a resurgir desde hace poco más de un año, “aunque no al nivel de antes”.

El presidente de esta asociación no se atreve a aventurar el precio medio que puede alcanzar este tipo de edificaciones en el mercado inmobiliario porque, según remarca, depende de la ubicación y de los servicios que ofrezca. Con todo, sostiene que en el valle de Carriedo el coste de una cabaña para rehabilitar de unos 60 metros cuadrados de planta, situada en un radio de tres kilómetros a un núcleo urbano, con acceso rodado, dotada de luz y agua y levantada sobre un terreno de aproximadamente hectárea y media, puede fluctuar entre los 30.000 y los 40.000 euros, que pueden llegar hasta los 150.000 en el caso de que el comprador la adquiera ya rehabilitada.

Sainz Carral afirma que la mayoría de los interesados en invertir en estas edificaciones proceden de Castilla y León, Madrid y el País Vasco, comunidades de las que, según resalta, también proviene el grueso de la clientela en los meses de invierno. “Son turistas que por lo general tienen bien aprendido el concepto de cabaña y montaña, y que esto no es un chalé al que se puede venir en zapatos de piel o con tacones”, asegura.

Elevada ocupación

Sin embargo, reconoce con cierta sorpresa que los clientes en los meses de verano proceden en casi su totalidad de la costa mediterránea. Tarragona, Murcia, Elche Valencia o Benidorm se llevan la palma de un turismo que, admite, “no ha cumplido las expectativas en el mes de julio”, donde el grado de ocupación se ha movido entre el 60 y el 75% en todos los valles pasiegos, pero que “ha remontado en agosto con el cartel de completo colgado prácticamente todos los días”.

Más optimista aún se muestra el gerente de ‘Cabañas con Encanto’, Agustín Valentín-Gamazo, la cabeza visible de un proyecto familiar surgido en 2015 para promover este tipo de turismo, quien asegura que las seis cabañas que oferta en San Roque de Riomiera han rozado el 100% de ocupación durante julio y agosto. “En estos meses, especialmente en el último, hemos tenido más demanda de la que podíamos satisfacer”, afirma el responsable de esta iniciativa empresarial que prevé la apertura de otras dos nuevas cabañas en el mismo municipio antes del próximo verano.

Además, Valentín-Gamazo se muestra “satisfecho” de la ocupación media alcanzada por sus cabañas a lo largo de 2016. “Hemos conseguido el 26%, un porcentaje que se sitúa dos puntos por encima de la media de los alojamientos rurales de Cantabria, que el Instituto Cántabro de Estadística cifra en el 24%. Apenas llevamos dos años de actividad y las perspectivas son de seguir creciendo”, indica.

‘Cabañas con Encanto’, que emplea directamente a entre cuatro y cinco personas durante todo el año, mantiene abiertas otras dos líneas de negocio. Así, según explica su gerente, este proyecto de turismo sostenible también asume la rehabilitación o, en su caso, la redecoración y la adaptación a la normativa de otras cabañas, así como la gestión de su explotación turística para terceros, una propuesta que, aclara, “hemos empezado a explorar este ejercicio y a la que ya se han acogido dos cabañas”.

Más apoyo institucional

Pese a estos “buenos” de ocupación, Sainz Carral echa de menos un mayor apoyo por parte de las administraciones para conseguir la rehabilitación de más cabañas y con ello atraer a más viajeros a la comarca pasiega. Su petición no va dirigida tanto a Turismo, departamento que asegura “es bastante ágil” en los trámites que son de su competencia, aunque lamenta que no haya una oficina regional de información turística –“en Villacarriedo está la Agencia de Desarrollo Comarcal Pisueña, Pas y Miera, pero cierra los fines de semana”, advierte–, sino hacia la Comisión Regional de Ordenación del Territorio y Urbanismo (CROTU), órgano consultivo y de gestión en estas materias adscrito a la Consejería de Universidades, Investigación, Medio Ambiente y Política Social, de la que afirma que, por lo general, “ponen mil problemas a la hora de legalizar y convertir las cabañas en alojamientos”. Además, destaca, “muchas veces estás en manos del técnico que analice tu expediente. Y cada uno, como es lógico, tiene su criterio personal”, enfatiza.

En este punto, recuerda que la asociación que preside se ha visto obligada a renunciar a la subvención de 5.000 euros que Turismo le concedió a finales del pasado año para apoyar la promoción y difusión de las cabañas pasiegas y su entorno por, según recalca, “falta de tiempo”. “Había además que adelantar el dinero y muchos propietarios no estaban por la labor. Hubiera sido mejor que la subvención se la dieran a los ayuntamientos, y que ellos, que sí tienen más personal y medios, la gestionaran”, admite un tanto contrariado.

Pese a ello, Sainz Carral insiste en reclamar algún tipo de ayuda para evitar que muchas cabañas, especialmente la más aisladas y alejadas, terminen hundiéndose. “El Gobierno podría sacar alguna subvención aunque solo fuera para arreglar el tejado, porque basta con que no entre agua para que la cabaña no se hunda”, subraya al tiempo que sugiere el uso de estas cabañas de alta montaña como refugios para montañeros y excursionistas. “Sería una buena fórmula para garantizar su pervivencia”, expone.

Valentín-Gamazo, por su parte, coincide en destacar el papel de Turismo en la potenciación y dinamización de la economía de los valles pasiegos. “Ha habido intención”, asegura convencido de que el viento sopla a favor de las cabañas pasiegas.


10.300 Cabañas Catalogadas

El presidente de la Asociación de Propietarios de Cabañas Pasiegas asegura que de las 10.300 catalogas que existen repartidas por los valles del Pas, Miera, Asón y Carriedo muchas aún se utilizan para el ganado, sobre todo las más alejadas. “Es muy difícil saber cuántas se han rehabilitado y en cuántas todavía se practica la trashumancia, pero lo que está claro es que muchas están desapareciendo”, afirma con cierto pesar. De las recuperadas para el turismo, Sainz Carral asegura que la mayoría son construcciones de dos alturas con una planta de entre 50 y 60 metros cuadrados. “Las hay de mayor superficie, pero son las menos”, concede.

Las cabañas se alquilan generalmente por estancias mínimas de dos noches en invierno y cinco en verano, con un precio medio que, según el presidente de la asociación, oscila entre los 18 y 20 euros por persona y noche, un coste que el gerente de ‘Cabañas con Encanto’ mantiene que, en su caso, puede llegar a ser como máximo de unos 67 euros por huésped y día en una cabaña de dos plazas alquilada durante un fin de semana de temporada alta.

El decreto de 2014 considera cabañas pasiegas a todas aquellas edificaciones catalogadas como tales por parte de los 19 municipios contemplados en el mismo: Arredondo, Castañeda, Corvera de Toranzo, Liérganes, Luena, Miera, Puente Viesgo, Riotuerto, Ruesga, San Pedro del Romeral, San Roque de Riomiera, Santa María de Cayón, Santiurde de Toranzo, Saro, Selaya, Soba, Vega de Pas, Villacarriedo y Villafufre.

 

Montar una pequeña industria transformadora es ya un recurso relativamente habitual como fórmula para buscar rentabilidad en las explotaciones agrícolas o ganaderas. La última tendencia apunta a ir un paso más allá y entrar en el sector turístico ofreciendo servicios de alojamiento, combinando todo en una oferta conjunta en la que muchas veces es difícil identificar cuál es la actividad principal de la empresa.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

El enoturismo abrió el camino. Los protagonistas de ‘Entre copas’, una película que tuvo un éxito notable en el año 2004, recorrían las bodegas de California, visitando los viñedos y catando los caldos ‘in situ’, en las tiendas y espacios habilitados para ello por los bodegueros. Por entonces ya era normal que las grandes bodegas españolas se hubieran trasladado a modernos edificios, firmados por arquitectos de renombre y concebidos como un reclamo para los visitantes. A la tradicional combinación de explotación agrícula e industrial que es cualquier bodega, se le añadía el componente turístico, en un proceso que ha ido extendiéndose a otros sectores y a empresas de todos los tamaños.

A una escala que es mucho menor, con independencia del criterio que se utilice para la comparación, la unión de una explotación ganadera con una pequeña industria transformadora –que utilizase la producción propia como materia prima– ha venido siendo un recurso de uso más o menos habitual en la búsqueda de rentabilidad para las granjas cántabras. Lo que no era tan común, y empieza a serlo, es que a lo anterior se añadiera una oferta de servicios, en forma de tienda o negocio hostelero, colocando a las empresas que optan por esta fórmula a caballo entre los tres sectores de la economía: el primario, el transformador y el terciario. Lo curioso es que, muchas veces, la forma en que se combina esa oferta hace difícil identificar cuál es la actividad principal de las empresas.

Vidular: enoturismo cántabro

Mikel Durán, en uno de los viñedos de Bodegas Vidular.

Probablemente no sería este el caso de Bodegas Vidular, que es atípico también por asentar en la agricultura, y no en la ganadería, su vertiente primaria. El proyecto de la familia Durán nació en 1999 con el objetivo de producir vino, y hoy sigue estando ahí el corazón de la empresa, por más que a los viñedos y la bodega se haya añadido un alojamiento rural y un centro de turismo enológico. “Lo que hemos buscado es diversificar, pero siempre en torno al vino. ¿Tendría sentido el alojamiento rural sin los viñedos y la bodega? Probablemente sí, pero todo sería más complicado, no solo la parte hostelera. El conjunto de las tres cosas es lo que nos permite diferenciarnos. El enoturismo está de moda y esta es una forma de aprovecharlo”, explica Mikel Durán. A diferencia de lo que puede suceder en otros ámbitos, aquí la clave no es tanto la generación de sinergias como la forma en que las diferentes ofertas interactúan. Quien se aloja en un establecimiento rural lo hace precisamente buscando la experiencia que puede ofrecerle el viñedo, o conocer la forma en que se elabora el vino. De igual modo, el turista que se ha alojado en Vidular es un buen cliente para los vinos que allí se elaboran, y puede ser también un excelente embajador para promocionarlos cuando vuelva a su lugar de origen.

Villa Sofía y la sidra

El esquema se repite con mínimas variaciones en los otros ejemplos que traemos a estas páginas, aunque no siempre el origen del proyecto está en la explotación agraria o ganadera. Los hermanos Concepción y Julián Pérez Villoslada abrieron el pasado año los Apartamentos Villa Sofía, en Oyambre, y están dando los primeros pasos para comenzar a elaborar sidra a partir de

Concepción y Julián Pérez Villoslada, en la puerta de Apartamentos Villa Sofía.

las manzanas que recogerán de los 1.400 árboles que han plantado en la finca: “Nuestra idea original es la hostelería, los manzanos y la sidra son una forma de dar utilidad al suelo y también un atractivo que añadir a los que ofrecemos a nuestros visitantes”, admite Julián. Que se le conceda esa condición complementaria, no significa que el proyecto de la sidrería es secundario, o que sea fruto de la improvisación. “Contábamos con 4 hectáreas y valoramos distintas opciones: el albariño, los arándanos… Por unas u otras razones, descartamos ambos y optamos por los manzanos”.

Las previsiones que manejan contemplan alcanzar una producción de entre 34.000 y 35.000 kilos de manzanas cuando los árboles alcancen su máximo rendimiento, lo que no sucedera antes de dos o tres años. Esa cantidad de kilos se traducirá en un número de botellas prácticamente equivalente: “Con eso será suficiente. Habrá que ir invirtiendo en automatización a medida que nos vayamos acercando a esa cifra, pero por el momento no es necesario”. Julián y Concepción han producido ya las primeras botellas de sidra, a partir de manzanas adquiridas en Asturias, en un primer ensayo del proyecto. Su idea es vender la mayor parte de la producción en su propio establecimiento, como una forma de complementar lo que se ofrece a los clientes de los apartamentos, que también podrán conocer de primera mano cómo es todo el proceso de elaboración.

Casa Milagros: contra la crisis ganadera

Simón Gutiérrez Roiz y Milagros Díaz, de la Quesería Casa Milagros.

El caso de Simón Gutiérrez Roiz es el habitual en muchos explotaciones lecheras de Cantabria: “Nosotros somos ganaderos, eso fue lo primero. Pero no se puede vivir de ello, así que pasamos a ofrecer alojamiento y después, desde 2013, comenzamos a elaborar nuestros propios quesos. Todo esto lo haces para sobrevivir”. La granja de Simón, en Santillana del Mar, explota 60 cabezas de ganado y vende 140.000 litros de leche al año a la industria. Su quesería transforma ya 35.000 litros, y la intención es seguir incrementando la producción de queso. El hospedaje Casa Milagros, el tercer pilar del negocio, ofrece siete habitaciones.

“Lo que sucede con la ganadería ya lo conocemos, te pagan lo mismo que hace veinte años, y puedes producir y que no te lo recojan. Con la hostelería el problema es la estacionalidad. Llenamos en julio y agosto, pero es resto del año es difícil”. De lo que no tiene dudas el ganadero de Santillana es de dónde está el principal atractivo de su establecimiento: “El turista quiere conocer la explotación ganadera, ver la quesería y desayunar la leche recién ordeñada”. El trato diario con los clientes del hospedaje también le lleva a cuestionar la forma en que en Cantabria se valora el producto local: “Los de fuera aprecian mucho más lo que se hace aquí, de lo que lo hacemos los propios cántabros”.

La quesería Casa Milagros distribuye sus quesos directamente, bien vendiéndolos en su propio establecimiento o llevándolos con sus furgonetas a tiendas de la zona. Aunque su objetivo es dejar de depender de la gran industria, eso no pasa por un incremento descontrolado de la producción de la quesería: “No queremos perder la pequeña escala. El queso nos permite aumentar el valor de la leche que producimos, y lo ideal sería que eso a su vez nos vaya permitiendo producir menos leche. Volver a la ganadería que se ha hecho siempre, que los animales produzcan menos y vivan más… Esa es nuestra idea”.

El Seve Ballesteros-Santander vive sus horas más bajas desde 2007. Su dependencia de Ryanair, compañía que opera seis de cada diez vuelos que aterrizan y despegan de Parayas y que el pasado verano decidió suprimir seis de sus rutas, ha provocado un desplome en el número de pasajeros y operaciones, que el Gobierno de Cantabria prevé superar a partir de este invierno. Conseguirlo pasa, en gran medida, por lo que ocurra con las negociaciones que el Ejecutivo mantiene en secreto con la aerolínea irlandesa para la renovación del acuerdo que une a ambas partes, y que vence a finales de año. Por su parte, el director del aeródromo cántabro pone el acento en tratar de mejorar las frecuencias con Madrid y Barcelona, los destinos, a su juicio, “con mayor tráfico y demanda en nuestra región”.

Texto de Manuel Casino @mcasino8

El aeropuerto Seve Balleteros-Santander lleva más de medio año de capa caída. Ni el cacareado récord de turistas con el que Cantabria espera concluir el ejercicio, ni el anuncio de nuevas rutas o la llegada de nuevas compañías han permitido al aeródromo cántabro remontar el vuelo. Desde abril, el aeropuerto encadena mes a mes preocupantes descensos en las cifras de pasajeros nunca inferiores al 14% con respecto a 2015, según los últimos datos provisionales facilitados por AENA. Y aunque tanto el consejero de Innovación, Industria, Turismo y Comercio, Francisco Martín, como el director del aeropuerto, Bienvenido Rico, se muestran convencidos de que las estadísticas mejorarán a partir de noviembre –los datos de ese mes se conocerán el próximo día 12–, todas las previsiones apuntan a que el Seve Ballesteros cerrará el año sensiblemente por debajo de los 800.000 pasajeros, lo que representará el peor registro desde 2007.

Para tratar de explicar estas cifras, Martín pone el acento en la supresión este verano por parte de Ryanair por motivos “financieros y estratégicos” de seis de sus rutas –las domésticas a Sevilla, Valencia, Palma de Mallorca, Gran Canaria y Lanzarote, y la internacional de Frankfurt–. Además, recuerda que el peso específico de las distintas compañías de bajo coste que operan el aeropuerto de Santander es del 74%, muy por encima de lo que ocurre en otros aeródromos de la cornisa cantábrica, que sí registran aumentos en sus tráficos de pasajeros, como es el caso de los de Asturias, Bilbao, A Coruña o Vigo, pero donde el papel de las ‘low cost’ es más limitado. “Si analizamos el peso concreto de Ryanair en los dos aeropuertos del norte de España en los que opera, Santiago y Santander, podemos ver cómo su cuota de mercado es del 42,57% en el primero y del 60,94% en el segundo. Esta dependencia de una única compañía supone que cualquier reducción que ésta haga produce en nuestro aeropuerto un mayor efecto”, razona el consejero.

Rutas perdidas

Por ello, el titular de Turismo subraya que el objetivo del Ejecutivo regional se ha centrado, por un lado, en “recuperar todas las rutas perdidas” –Sevilla, a partir de este mes; y Valencia, desde marzo próximo, ambas con Volotea; Palma de Mallorca, desde junio pasado, con Vueling; y Frankfurt, cambiada por Berlín en invierno, con Ryanair en una ruta que, destaca, “en esta estación del año no se opera desde ningún otro aeropuerto del norte de España”–. De otro, en “ampliar” el número de destinos y compañías que operan en el Seve Ballesteros –Air Nostrum vuela a Lisboa desde marzo pasado y Wizz Air lo hará a Varsovia a partir de la primavera de 2017– para “evitar una dependencia excesiva” de la aerolínea irlandesa.

Pero Ryanair, compañía a la que Martín se refiere como “nuestra socia estratégica en el aeropuerto”, no es la única razón para este descalabro. Además, recuerda que, por muy año de turismo récord que sea este 2016, “dos de cada tres pasajeros internacionales que llegan a Cantabria lo hacen por carretera o vía marítima”. Y puntualiza que esta pérdida de pasajeros “se ha centrado básicamente en los vuelos nacionales porque las rutas internacionales no se han visto reducidas”. Con todo, el máximo responsable regional de Turismo no oculta que recuperar la senda de crecimiento en el aeropuerto descansa, en gran medida, en las conversaciones que el Gobierno mantiene con los propietarios de Ryanair para la renovación del convenio que une a ambas partes, y que vence a finales de año. Sin desvelar nada –“las negociaciones con las compañías aéreas son muy complejas y además entran en juego diversas variables socio-económicas”, arguye–, Martín se muestra “optimista” al respecto. “Mientras las negociaciones sigan abiertas no parece prudente que el contenido de las mismas se haga público por ninguna de las partes. El interés en continuar creciendo es compartido y esa es la mejor base para una negociación y un acuerdo”, anuncia sin querer dar más precisiones.

Sea como fuere, el consejero de Turismo no tiene ninguna duda sobre la eficacia de este y el resto de acuerdos de promoción turística firmados por el Gobierno con las aerolíneas que operan en el Seve Ballesteros (hace 15 meses se filtraron a los medios de comunicación los contenidos de estos contratos, que en el caso de la compañía irlandesa suponía un desembolso para las arcas regionales de 3,2 millones de euros al año). “Han demostrado ser una herramienta muy potente de marketing para nuestra región”, asevera antes de matizar que “el contenido económico de estos convenios hay que valorarlo con respecto a su retorno y éste tiene dos aspectos importantes: uno intangible, que es el social de conectividad que permite a los cántabros estar directamente conectados con otras regiones o capitales de Europa sin tener que recurrir a los aeropuertos vecinos. Y otro más tangible, que es el impacto económico directo e indirecto en términos de empleo y de gasto de los viajeros no sólo en el sector turístico sino en otros como transporte, comercio…”.

Los malos datos de tráfico de pasajeros coinciden con las negociaciones para renovar el acuerdo con Ryanair.

En este punto, Martín recurre a lo afirmado por la Asociación Internacional de Aviación Civil (OACI), que sostiene que por cada millón de pasajeros se generan entre 700 y 1.000 puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos. “Es decir –continúa–, que el gasto turístico que los pasajeros generan en Cantabria revierte con creces a las acuerdos de promoción turística que se llevan a cabo con las aerolíneas” y cuyas cuantías, según aclara, “no son aleatorias sino que se ajustan a los precios de mercado que, lógicamente, están directamente relacionadas con el impacto que alcanzan en el mercado turístico”.

El director del aeródromo cántabro, por su parte, liga las estrategias a seguir a la revisión “constante” del plan de marketing del aeropuerto que realiza el Comité de Coordinación Aeroportuaria de Cantabria. Según asegura Rico, este organismo, del que forma parte tanto el Gobierno de Cantabria como AENA y distintos organismos empresariales y sociales, trabaja en la actualidad en “ampliar los mercados existentes, desarrollar rutas domésticas transversales, diversificar la presencia de compañías aéreas, mejorar la conectividad a través de los vuelos a Madrid y favorecer la instalación de bases en el aeropuerto por parte de compañías aéreas”.

Potenciar Madrid y Barcelona

En su opinión, y más tras los recientes anuncios de nuevas operaciones y compañías, el Seve Ballesteros cuenta con un amplio número de rutas con Europa y con distintos puntos de España. Por ello, su director aboga por “seguir trabajando dentro del Comité de Coordinación Aeroportuaria para mejorar las frecuencias con Madrid y Barcelona”, los destinos que, a su juicio, cuentan “con mayor tráfico y demanda en nuestra región”.

Precisamente, el titular de Turismo recurre a este organismo, constituido el 27 de marzo de 2014, es decir, “gobernando el PP en Cantabria”, para contextualizar el papel del comité de seguimiento que el Parlamento de Cantabria acordó crear el pasado 30 de junio y cuya convocatoria el Partido Popular viene reclamando con insistencia ante la que juzga “inacción” y pasividad del bipartito PRC-PSOE. En este sentido, Martín recuerda que el Comité de Coordinación Aeroportuaria, que corresponde convocar a AENA, tiene una composición y unas funciones, en forma de un amplio abanico competencial, recogidas en un Real Decreto-ley, de julio de 2012, “que no puede asumir o suplantar” un organismo de ámbito regional. “En consecuencia, concibo el comité propuesto por los populares, que sin duda será creado para dar cumplimiento a la resolución parlamentaria, como un órgano consultivo de la Administración regional al que se convocará cada vez que vaya a haber una reunión del Comité de Coordinación Aeroportuaria de Cantabria para darle a conocer el orden del día y escuchar sus observaciones o sugerencias con relación al mismo”, subraya el consejero, que también se mostró dispuesto a a dar cuenta a este órgano consultivo de las informaciones recibidas y de los acuerdos alcanzados en las reuniones del Comité oficial.

Por otro lado, Martín, pide paciencia para ver los resultados porque, según subraya, las negociaciones “llevan su tiempo” y su éxito “también está condicionado por la disponibilidad de aviones”. No obstante, el consejero reitera que desde su departamento se lleva a cabo un trabajo “constante” analizando “cuáles podrían ser las mejores aerolíneas que podrían operar en nuestro aeropuerto y desde qué destinos”. Para ello, asegura, mantienen contactos permanentes con muchas compañías aéreas a las que se les suministran información muy diversa. Una labor que Martin explica se completa con el desarrollo de una “intensa” campaña de promoción del Ejecutivo regional en destinos extranjeros (París, Lisboa y Berlín) en colaboración con el Instituto Cervantes y la participación del cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón, que presenta su película ‘La vida que te espera’.

Finalmente, el consejero de Turismo se inclina por apoyar la petición de bajada de las tasas aeroportuarias en España que reclaman las aerolíneas y asociaciones del sector hasta 2021, y por la que también aboga la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), en contra del parecer de AENA, que defiende su congelación. “No es una decisión que se encuentre entre nuestras competencias, pero, como norma general, somos partidarios de todas aquellas decisiones que puedan favorecer el crecimiento de la actividad y fomentar la mejora de los resultados tanto en términos absolutos como relativos, y parece que la bajada de las tasas puede conseguir estos efectos”, aclara.

Esta será, por cierto, una de las primeras decisiones que deberá adoptar el nuevo ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, a partir de la propuesta de congelación de tarifas realizada por AENA en el Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA) para el periodo 2017-2021, y que aún está pendiente de aprobación por parte del Consejo de Ministros.

La marca ‘Calidad Rural Valles Pasiegos’ es uno de los distintivos más singulares de cuantos se utilizan en Cantabria, por cuanto no identifica orígenes o calidades de producto, sino el compromiso y la vinculación con la comarca. Un total de 18 empresas cuentan ya con este sello, que está llamado a ser la marca territorial europea y que está operativo ya en 29 áreas geográficas españolas. Aunque es un distintivo con una clara vocación turística, entre las empresas certificadas hay representantes de todos los sectores de la economía.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

Visto desde una óptica cántabra, puede sorprender que haya quien ponga en duda el carácter singular del territorio pasiego, pero esa fue precisamente una de las dificultades que tuvieron que superar quienes buscaban que la comarca se sumara al sello Calidad Rural, uno de los distintivos más singulares entre los muchos con los que Europa busca refrendar la vinculación entre las empresas y su entorno. De hecho, de no ser por la popularidad del sobao, los Valles Pasiegos hubieran tenido mucho más difícil convertirse en una de las 29 comarcas españolas que hoy forman la red española amparada por este sello –y una de las dos únicas que por el momento existen en la cornisa cantábrica– superando la auditoria realizada por la Universidad de Córdoba, encargada por la UE de la gestión de la marca en España. Lo cierto es que entre las empresas de la zona ese desconocimiento no cogió a nadie por sorpresa, habituadas como están a que la comarca no tenga la popularidad de otras, cuando menos cuando uno sale de las fronteras regionales. Dar visibilidad a la zona es, precisamente, uno de los objetivos de Calidad Rural Valles Pasiegos pero, a decir de quienes ya ostentan el distintivo, esto tiene carácter secundario respecto a otras formas de poner en valor el territorio que también llegan de la mano de la marca, si bien de una forma más indirecta: potenciar la colaboración entre las empresas y dinamizar económica y socialmente la zona serían los efectos más importantes que, de una forma incipiente, ya están alcanzándose.

Actualmente son 18 las empresas que se han certificado de acuerdo a los criterios de Calidad Rural Valles Pasiegos, en tanto que otras 20 están en lista de espera y un número similar han pedido ya información para hacerlo. Aunque la marca tiene una clara vocación turística, tanto entre las acreditadas como entre las aspirantes a estarlo hay empresas de todos los sectores. Pueden encontrarse actividades más o menos cercanas a la hostelería y también otras que, por fabricar productos típicos o por su relación con oficios tradicionales, es fácil vincular con el territorio. Pero también hay alguna empresa que se sale del marco que más fácilmente se identifica con los espacios rurales, como puede ser el caso de una clínica dental o de las dos últimas en sumarse al programa: Cuero Sin Parangón, dedicada a la marroquinería, y Limpiezas Sarón. Esta heterogeneidad en el catálogo de oficios, y que puede chocar con algunos estereotipos, explica el alcance que se quiere otorgar al sello. Al respecto, Mateo Monasterio, técnico de Dinamización, Comunicación y Cooperación de la Asociación para la Promoción y Desarrollo de los Valles Pasiegos, destaca el valor que tiene una iniciativa como esta para dar respaldo a todas aquellas acciones que tienen como consecuencia última fijar a la población al territorio, ofreciendo cualquier producto o servicio que contribuya a mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Allison Boyden, gerente de Alpacas del Alto Pas, una de las empresas certificadas, lo resumen de forma categórica: “Hay quien sigue confundiendo lo rural con lo rústico, pensando que tradición es vivir sin comodidades. Eso es un error, quienes vivimos en los pueblos tenemos las mismas necesidades y las mismas inquietudes culturales que quienes lo hacen en la ciudad. ¿Por qué no va a encajar en calidad rural una clínica dental, que evita que me tenga que desplazar a la ciudad?”.

Allison Boyden, gerente de Alpacas del Alto Pas, en su explotación de San Pedro del Romeral.

Allison Boyden fue una de las participantes en un coloquio que Mateo Monasterio improvisó para hablar de la calidad rural tal y como la entiende la marca territorial europea. En torno a la mesa se sentaron también Gabriel Cabañas, del hotel casona El Arral, José Manuel Fernández Hoz, de la posada Bernabales, y Orlando Gómez, director de Casa Ibáñez, fabricante de sobaos y quesadas. Los dos establecimientos hosteleros están radicados en Liérganes, en tanto que el obrador de sobaos tiene su sede en Puente Viesgo. Por su parte, la explotación de alpacas está ubicada en San Pedro del Romeral. El abanico de localizaciones da cuenta del amplio territorio al que da cobertura la denominación Valles Pasiegos, y que va algo más allá de las villas que tradicionalmente han tenido esa consideración. Todos los participantes en la charla se identificaban con el gentilicio, y ese punto común es también otra de las características de la comarca: ser pasiego es hoy, apuntan, motivo de orgullo.

Esa es de hecho, por más que no se exprese como tal, una de las bases sobre las que se asienta el sello, tanto aquí como en cualquiera de las otras comarcas identificadas como tales en España o en los otros países europeos donde ha echado a andar este distintivo, que aspira a convertirse en el sello territorial de la UE, al estilo de lo que las denominaciones de origen han supuesto para los alimentos. Si en estos el objetivo es subrayar los lazos del producto, o de su forma de elaboración, con determinadas zonas geográficas, en el caso de Calidad Rural se busca reconocer a aquellas empresas o instituciones cuya labor incide positivamente en el territorio donde operan. En consecuencia, no se certifica el producto, sino elementos como el respeto medioambiental o el compromiso social y económico con el entorno. “En realidad, de manera tácita, estamos hablando de responsabilidad social de las empresas, aunque entendido de una manera distinta a como se hace en las grandes corporaciones. Aquí puede ser donar sobaos para las fiestas del pueblo, apoyar al equipo de fútbol, poner el logo en una camiseta… y siempre contar con los vecinos a la hora de generar empleo, esa es la forma más importante de implicación con el territorio”, explica Mateo Monasterio. En consonancia con esa visión, las auditorías que se realizan a los candidatos a certificarse evalúan factores como la conciliación entre el tiempo de trabajo y la familia, el impacto de la actividad en entorno o la participación en la vida social y cultural. “No nos centramos tanto en el producto en sí, porque entendemos que para eso están otros sellos”, apunta el técnico de la Asociación Valles Pasiegos.

Gabriel Cabañas, en la puerta de su establecimiento, el Hotel-Casona El Arral, en Liérganes.

En su visión más global, la marca Calidad Rural Valles Pasiegos se plantea como objetivo el dotar de la máxima visibilidad tanto a la comarca como a las empresas que trabajan en ella. Desde ese enfoque, se trata de una marca especialmente vinculada con el sector turístico, por lo que tiene de reclamo para atraer visitantes. En todo caso, el efecto es transversal y alcanza a todos los sectores, en una confluencia de intereses que conocen bien quienes se sitúan más cerca del visitante, los hosteleros: “Cada vez más, muchos de los que se hospedan en nuestro hotel han venido a veros a vosotros”, afirma Gabriel Cabañas, director de la Casona El Arral, refiriéndose a Alpacas del Alto Pas y a Casa Ibáñez. Ambas, pese a no tratarse de empresas propiamente turísticas, han habilitado un programa de visitas para dar a conocer cómo se trabaja con los animales o la forma de elaboración de los sobaos y quesadas.
José Manuel Fernández Hoz, de la posada Bernabales, incide en la misma cuestión, destacando la confusión que a su juicio se produce entre el turismo y la hostelería: “El turista puede interactuar con cualquier empresa del valle, y tiene que notar la preocupación por la calidad y la vinculación con el territorio en todas ellas. Tenemos que aunar fuerzas y creer todos en nuestro proyecto, darle un valor que a veces no le damos. Eso es lo que me parece que aporta este sello”, señala.

“Una marca que ponga en valor el territorio es fundamental para nosotros –apunta por su parte el director de El Arral– el visitante llega con las ideas mucho más claras que antes, sabe a dónde viene y lo que quiere: conocer la comarca, su cultura, la forma de vida de sus habitantes… Lo vemos cada día”. La generación de sinergias entre las actividades de unos y de otros es una de los principales virtudes que mencionan quienes comparten la marca, como también lo es el conocimiento que promueve del territorio no solo entre los forasteros, sino también entre los propios empresarios de la zona, más conscientes de los servicios y productos que se ofrecen en la zona. “Cuando ahora uno de mis huéspedes me pregunta dónde puede ir, o dónde puede comprar tal cosa, sé mucho mejor qué responderle. Antes el conocimiento que teníamos de la oferta era mucho más limitado”, admite Gabriel Cabañas.

Aunque es una cuestión que nunca puede darse por superada cuando se habla de Cantabria, el discurso de todos los reunidos para hablar de la marca territorial coincide en señalar que el individualismo que tradicionalmente se asocia a los habitantes de la comarca no está suponiendo un gran problema a la hora de fomentar la colaboración entre las diferentes propuestas, a través del vínculo territorial que subraya la denominación Valles Pasiegos. Allison Boyden tiene una experiencia directa de las virtudes de la colaboración entre empresas de la comarca, ya que el producto que elabora su empresa se comercializa conjuntamente con el de Alpacas de la Tierruca, de Llanos de Penagos y también certificada como Calidad Rural Valles Pasiegos, a través de una sociedad creada al efecto. Pero los efectos positivos de la colaboración, explica, van mucho más allá de eso: “Para todos nosotros es interesante consolidar la población del entorno, y para ello es fundamental tener empresas, y que esas empresas creen empleo femenino. Yo lo decía siempre, cuando estaba validando nuestro proyecto: hay que dar empleo a las mujeres, porque donde hay mujeres hay hombres y hay familias. Eso es positivo para cualquiera que viva o trabaje aquí”.

Mateo Monasterio y Ana Manrique, técnico y gerente de la Asociación para la Promoción y Desarrollo de los Valles Pasiegos, respectivamente, y Angel Saiz, en el centro, presidente del grupo de Acción Local.

En el territorio que cubre la marca Valles Pasiegos viven 60.000 personas, una cifra que, como sucede en otras zonas rurales, tiende a decrecer a pesar de los valores naturales de la comarca. La falta de oportunidades laborales es uno de las principales razones para esa demografía en recesión. La marca se plantea también objetivos en este sentido, y para ello organiza jornadas de formación, encuentros entre empresas o jornadas para, por ejemplo, dar a conocer las posibilidades de acceder a los mercados exteriores. Esos encuentros, como también los mercados de productos locales que celebran los distintos pueblos, actúan también como una forma de dar a conocer la marca de Calidad Rural y para promover su extensión a otras empresas.

Casa Ibáñez fue la primera empresa en certificarse de acuerdo a los criterios de la marca Valles Pasiegos, algo con lo que en un primer momento buscaba un elemento más que subrayara el origen de sus sobaos y quesadas. Con el tiempo, a ese objetivo se han ido uniendo otros, siempre con la vinculación territorial como referencia. “Para nosotros la marca Valles Pasiegos es un elemento más de diferenciación pero tiene potencial para ser más que eso. Cuando veo el sello de Calidad Rural en un producto de cualquiera de las comarcas certificadas, lo veo como un argumento para la compra, y también para visitar la zona. Por eso me parece fundamental que se haga un esfuerzo para promocionar y dar a conocer el distintivo”, señala Orlando Gómez, director de Casa Ibáñez.

Por el momento, explica Mateo Monasterio, la pertenencia a la marca no tiene ningún coste para las empresas, aunque no se descarta que pueda pedírseles colaboración para acciones puntuales de comunicación, por ejemplo. La financiación del programa Calidad Rural llega por la vía de aportaciones de la Consejería de Desarrollo Rural, fondos Feder y también provenientes del Estado. Además de las acciones de formación y los encuentros entre empresas, una parte del presupuesto de ha destinado también a promocionar la propia marca. El objetivo que se marca el técnico de la Asociación Valles Pasiegos es acercarse cuanto menos al centenar de empresas certificadas.

Que la marca gane peso, tanto la de Valles Pasiegos como la propia denominación de Calidad Rural en su conjunto, se contempla como un factor clave para que la comarca gane en relevancia y se sitúe –en términos de reclamo turístico– al nivel de otros existentes en Cantabria. Tanto Gabriel Cabañas como José Manuel Fernández Hoz –los dos empresarios hosteleros presentes en el coloquio– conocen de primera mano cuáles son los principales focos de atracción para el visitante que llega a Cantabria: Santander, Santillana del Mar, Comillas, Liébana… “El turista llega ya con el plan hecho, y es muy difícil cambiar esto. Lo que tenemos que conseguir que tenga interés por la comarca antes de venir, como sucede con esos sitios. A eso nos tiene que ayudar la marca. Tampoco estaría de más un poco de apoyo en las campañas turísticas del Gobierno regional, por ejemplo mencionando alguna vez que Cabárceno está en los Valles Pasiegos”, señala José Manuel Fernández.