Las líneas estratégicas presentadas por la Autoridad Portuaria de Santander marcan las líneas de actuación para consolidar tráficos, atajar las debilidades y afrontar las amenazas que condicionan el tránsito de mercancías. Las previsiones contemplan invertir 72 millones de euros en los próximos cuatro años, una cantidad que se destinará a mejoras en los muelle, la capacidad de almacenamiento y los dragados. El mayor condicionante, en todo caso, queda fuera de su alcance: la mejora del ferrocarril se apunta como principal actuación para garantizar la mejora de la posición competitiva del puerto.

Texto de Jose Ramón Esquiaga @josesquiaga

En un acto que tuvo un nada desdeñable componente reivindicativo, la Autoridad Portuaria de Santander presentó en enero las líneas estratégicas sobre las que se quiere asentar la competitividad del puerto en los próximos cuatro años. La relación de inversiones previstas y, sobre todo, el detallado repaso a las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades del puerto –en un análisis habitual en cualquier empresa, pero que nunca había trascendido públicamente en el caso del puerto de Santander– constituyen tanto una hoja de ruta como la primera declaración de intenciones del nuevo presidente de la institución, Jaime González, que cuenta con una dilatada experiencia en el ámbito de la logística portuaria pero cuya trayectoria ha estado siempre ligada al sector privado. La parte reivindicativa aparece precisamente al hablar de las debilidades: las deficiencias de la conexión ferroviaria encabezarían el listado, y esta es una materia cuya resolución no depende directamente ni del puerto, ni de la Administración regional.

Previsiones

De acuerdo con las previsiones presentadas por el presidente del puerto, esté recibirá en los próximos cuatro años inversiones por valor de 72 millones de euros en actuaciones destinadas a mejora de muelles, capacidad de almacenamiento y dragado de los canales de acceso. Con toda lógica, todas serían obras destinadas a mejorar la posición competitiva de las instalaciones portuarias santanderinas y a atajar alguna de las debilidades con las que operan, pero apenas algunas de ellas incide en la cuestión ferroviaria, dado el limitado poder de decisión que la Autoridad Portuaria tiene sobre esta cuestión. Además de encabezar el listado de debilidades, lo relacionado con el tren también tiene peso entre las amenazas a las que debe hacer frente el puerto en el futuro más inmediato: tanto Gijón como Bilbao han mejorado sus conexiones ferroviarias, lo que debilita la posición de Santander para captar nuevos tráficos, e incluso para retener alguno de los actuales.

Además de las inversiones y el análisis DAFO, La planificación estratégica presentada por la Autoridad Portuaria de Santander plantea objetivos tanto en toneladas como en resultado de explotación. En ambas conceptos contempla remontar las cifras actuales para volver a los registros que constituyen el récord del puerto. Por los muelles santanderinos transitaron 5,5 millones de toneladas de mercancías en 2015, una cifra que, de cumplirse las previsiones, debería elevarse progresivamente en los próximos ejercicios hasta llegar a los 6,88 millones en 2019. Esto supondría superar la cota de 6,7 millones de toneladas en las que quedó fijado el máximo del puerto en el ya lejano 2005. El 25% que deberían crecer las cifras de hoy para alcanzar ese objetivo suponen un reto notable, pero no tanto que el que el propio puerto se marca en lo relacionado con sus resultados.

Facturación y resultado

El puerto de Santander facturó el pasado año 19,89 millones de euros, lo que se tradujo en un beneficio de 1,6 millones de euros. En el periodo al que se refiere el plan estratégico presentado en enero, la facturación debería aumentar en paralelo al volumen de mercancías –ese 25% mencionado más arriba– pero la estimación de beneficios lo hace en una proporción mucho mayor. De acuerdo a los objetivos expuestos, la facturación en 2019 será de 24,75 millones de euros, y el beneficio alcanzará los 2,4 millones, un 50% más que la cifra con la que se cerró el pasado ejercicio.

El incremento de rentabilidad que reflejan estos datos supone de hecho el gran desafío del puerto para el próximo cuatrienio, muy por delante del aumento en el número de toneladas que pasan por los muelles santanderinos. Como no podía ser de otro modo, en esa línea van gran parte de las actuaciones previstas, así como los objetivos parciales a cubrir a corto, medio y largo plazo, que también recoge el documento con las líneas estratégicas presentado. Entre esos objetivos más inmediatos está la mejora de la accesibilidad mediante dragados, de la operatividad ferroviaria entre Muriedas y Raos o el incremento de la capacidad de almacenaje. En este último caso se descarta completamente la posibilidad de acometer nuevos rellenos, al tiempo que se valora la posibilidad de crecer verticalmente, esto es, con terminales en altura. El planteamiento de esos objetivos a corto plazo, a resolver este mismo año, incluye además el incremento en el número de escalas semanales de Brittany Ferries.

La mayor parte de lo anterior tiene que ver con aquellos segmentos que constituyen el núcleo de la actividad del puerto, donde este ha alcanzado un nivel de especialización que le permite competir en las mejores condiciones con los del entorno. En esa categoría entra el tráfico ro-ro –aquel en el que la carga y descarga de la mercancía se efectúa rodando, lo que incluye a los vehículos pero no solo a ellos– y los pasajeros, un tráfico en el que Santander ostenta una posición de liderazgo entre los del norte de España.

Valor añadido

Tanto estos segmentos, como el impulso de la actividad logística, coinciden en su condición de tráficos de alto valor añadido, con lo que incidirían en el objetivo de la rentabilidad. Otro tanto sucede con los contenedores, una mercancía para la que se confía en logran una primera posición en el ámbito de los tráficos intraeuropeos –a corto plazo– y atrayendo barcos mixtos de mercancía ro-ro y contenedores. En el largo plazo, y ahí se hablaría ya del quinquenio que va de 2020 a 2025, se plantean objetivos más ambiciosos, una vez más con el ferrocarril como gran protagonista. Ahí queda claro el potencial que ofrecería al puerto una conexión por tren como la que reivindica Cantabria como alternativa a la alta velocidad: el puerto quiere que durante la próxima década puedan acceder a los muelles trenes de hasta 900 metros de longitud, algo que solo será posible si Fomento acomete las mejoras que se le reclama.