Una oportunidad en la defensa
El compromiso de alcanzar el 2% del PIB en gasto y un contexto internacional proclive al aumento en las inversiones en defensa y seguridad dibujan un escenario en el que los proveedores de las fuerzas armadas tienen claras opciones de crecimiento, en tanto que para quienes todavía no tienen esa condición se abre la posibilidad de trabajar para un sector que demanda un amplio abanico de productos y servicios. Sin un gran integrador de referencia y con apenas un 0,5% del PIB vinculado a este mercado, Cantabria no se sitúa entre las regiones mejor posicionadas para sacar partido de esta situación, pero cuenta con una nómina cualitativamente notable de empresas que ya participan en proyectos de Defensa en áreas como las telecomunicaciones o la industria metalúrgica, y la oportunidad de identificar otras que podrían incorporarse a ese catálogo de proveedores
José Ramón Esquiaga | Noviembre 2025
En lo que supone un vuelco respecto a la situación de hace apenas unos años, la seguridad y la defensa han escalado hasta las primeras posiciones en el listado de prioridades de los gobiernos europeos, convirtiendo a las inversiones vinculadas a estas materias en tractores de la economía y abriendo una enorme ventana de oportunidad para las empresas que, directa o indirectamente, pueden proveer de productos y servicios a las fuerzas armadas. Además de despejar dudas políticas, la invasión rusa de Ucrania ha cambiado la percepción de un sector que hasta entonces provocaba reticencias no solo entre la opinión pública, sino en las empresas con producciones susceptibles de tener cabida en ese mercado, e incluso entre las que ya trabajan en el ámbito de la defensa, tendentes a ocultar esa parte de su actividad. La llegada de Trump a la Casa Blanca, su política arancelaria y sus exigencias en materia de gasto a sus aliados en la OTAN han terminado por configurar un escenario potencialmente favorable a la generación de actividad y empleo, pero no exento de incertidumbres, que por las características de su tejido industrial son mayores en el caso de una región como Cantabria.
En el informe con el que BBVA Research actualiza sus previsiones económicas, presentado en su apartado relativo a Cantabria el pasado septiembre, la entidad financiera identifica el aumento de las inversiones en defensa como uno de los factores que puede actuar como motor del crecimiento en los próximos años, pero relativiza el efecto que esto puede tener en la economía cántabra. Según sus cálculos, apenas el 0,5% del PIB de Cantabria está vinculado con la actividad que genera este sector, lo que a su juicio limita considerablemente las posibilidades de aprovechar la actual coyuntura en la medida en que pueden hacerlo otras regiones. Es un diagnóstico muy basado en lo cuantitativo y que puede pasar por alto la aportación de empresas regionales en alguno de los programas más ambiciosos del Ministerio de Defensa, pero con el que en lo esencial coinciden desde el Clúster de la Industria de la Defensa (CID), una agrupación empresarial con sede en Cantabria nacida en gran medida para afrontar ese problema.
“Al margen de que haya muchas empresas que hacen cosas muy significativas, es cierto que en Cantabria no hay un conglomerado de ellas tan relevante como para poder decir que este es un sector realmente importante para la economía de Cantabria”, admite Manuel Vila, presidente del CID, que relaciona buena parte de ese menor peso relativo con la carencia de un integrador, una gran empresa que contrate directamente con Defensa: “En otras regiones puede haber un Navantia, por ejemplo, y a su alrededor hay una pléyade de proveedores que dependen de él. Eso no lo tenemos aquí, y paliar esa carencia es precisamente uno de los objetivos que dio lugar a la creación del clúster”.
Composición del CID
Fundado en 2019, el CID supera hoy el centenar de socios, buena parte de ellos empresas que tienen su sede fuera de Cantabria. Una vocación global que ya estaba en el planteamiento original y que tiene que ver con esa búsqueda de oportunidades que menciona su presidente: “El mercado de defensa es nacional, es más, podríamos decir que es europeo, aunque las barreras de entrada para mantener la tecnología y la soberanía, digamos, industrial, hacen que realmente se pueda repartir el mercado en los distintos países miembros de la UE. Nosotros tenemos que desarrollar nuestra actividad teniendo en cuenta esa realidad, lo que no quita que los socios cántabros tengamos un peso importante en el clúster”, explica Manuel Vila, que además de presidir el CID dirige la empresa cántabra Newtesol.
El perfil de las empresas cántabras que trabajan para la defensa se corresponde con el de una pyme que opera o bien en el sector de las telecomunicaciones, normalmente en nichos de altas prestaciones, o bien en el metalúrgico e igualmente en fabricaciones de altos requerimientos técnicos, o bien prestando servicios avanzados. En todos los casos se trata de proveedores que no tienen una relación directa con el cliente final –serían Tier-2 o Tier-3, según la terminología que clasifica las cadenas de suministro en función de lo más o menos cercanos al vértice en que se sitúe cada uno– y en cuya actividad este área de negocio tiene un peso menor.

Manuel Vila, presidente del Clúster de la Industria de Defensa (CID). Foto: Nacho Cubero.
La relación incluiría nombres como los de Textil Santanderina –una de las pocas que no responde al perfil sectorial apuntado–, Fernández Jove, Acorde Technologies, Grupo Faed, Enwesa, Reinosa Forgings & Castings, Erzia, Mecánica Brañosera o la propia Newtesol. Para buena parte de ellas ha sido Navantia su cliente, en proyectos como los de las fragatas de la serie F-110, cuya primera unidad fue botada el pasado 11 de septiembre, o los submarinos S-80, también ya con un barco en el agua y otros seis en proceso de construcción en el astillero que Navantia tiene en Cartagena. En este último proyecto, probablemente el más ambicioso y complejo de cuantos ha acometido la industria española de defensa, participa también Gamesa Electric, una empresa que no tiene su sede en Cantabria pero que fabrica en su planta de Reinosa el motor eléctrico de estos sumergibles.
El punto en común de la aportación cántabra a estos proyectos, además de no contratar nunca directamente con Defensa, es el alto valor añadido de la producción destinada a estos proyectos. Como referencia, Erzia suministra conjuntos integrados de microondas para las nuevas fragatas F110, a las que Acorde ha contribuido equipándolas con tecnología y componentes para sus sistemas de telecomunicaciones y guerra electrónica. Enwesa realizó el montaje mecánico y soldaduras de parte de la estructura del S-81, para el que Newtesol fabricó los pasacascos y Fernández Jove –el grupo industrial cántabro con más actividad en el sector de defensa– los sistemas de sellado para garantizar la integridad de las comunicaciones y los servicios electrónicos a bordo.
Más allá de las dudas y las certezas que pueda plantear esta situación de partida, el aumento del gasto ya aprobado, y las posibilidades de que con ello se abra la puerta a una estabilidad de las inversiones en este campo, sitúa a las empresas ante el reto de o bien entrar en ese mercado, para aquellas que están fuera, o bien acompañarlo en su crecimiento, en el caso de las que ya cuentan con experiencia en el sector. Manuel Vila no tiene dudas: “Hay margen para crecer, tanto con actividad nueva como incrementando lo que ya se está haciendo en Cantabria. Lo que estamos intentando desde el clúster es atraer hacia el sector defensa a empresas que tienen tecnología dual de aplicación en otros ámbitos, pero que perfectamente se podrían utilizar para suministrar a las fuerzas armadas”.
Planitec-CID
Identificar esas potencialidades y trasladar a las empresas las claves a considerar en la relación con el Ministerio de Defensa son dos de los objetivos del Plan Industrial y Tecnológico del Clúster de la Industria de Defensa (Planitec-CID), una iniciativa puesta en marcha durante el último trimestre del año pasado y que tiene en marcha actualmente su segunda edición. El programa, financiado por Sodercan y que se ofrece gratuitamente a los socios del clúster, se desarrolla de la mano de la consultora Atsalia, que dirige el capitán de fragata Fernando Mato, quien fue responsable de un plan con idénticos objetivos ligado al Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS) en la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa.
Mato, que también puso en marcha y dirigió la empresa Sistemas de Misiles de España (SMS), adjudicataria del mayor contrato entre los que hasta ahora ha puesto en el mercado el Fondo Europeo de Defensa, describe el Panitec-CID como un instrumento para aportar valor a los socios del clúster, y una herramienta que permite hacer una foto de conjunto de las empresas, identificar cuáles son sus capacidades industriales y tecnológicas, ver dónde están posicionadas en la cadena de valor y conocer cuáles sus ambiciones: “La participación es por supuesto voluntaria, y a quienes lo hacen les pedimos que nos den mucha información para ayudarles, que se desnuden un poco”, explica el responsable del programa, que entiende que ese requisito, concretado en un amplio cuestionario previo, podía suponer un obstáculo en algunos casos: “Lo cierto es que nos sorprendió la respuesta que tuvimos en la primera edición, en la que considerábamos que si se apuntaban 20 o 25 empresas tendríamos ya una visión medianamente completa de lo que había. Pero lo cierto es que se apuntaron cerca de cuarenta”.

Fernando Mato, responsable del Planitec-CID, el programa con el que el CID quiere identificar las potencialidades de las empresas para trabajar en el sector. Foto: Nacho Cubero.
El resultado de esa labor de prospección no fue muy diferente al que esperaba, y confirma el abismo que existe entre esa minoría de empresas que tiene experiencia en programas de Defensa y el resto: “Por el tamaño de las empresas, el histórico de sus trabajos, por su estructura… vimos que prácticamente ninguna había trabajado en este sector y muchas de ellas, o la inmensa mayoría, tampoco conocían qué es lo que necesitaban para hacerlo”, y ello pese a que su condición de socios del CID podía llevar a suponerles un bagaje previo. “Están ahí porque intuyen que lo que hacen puede tener interés para Defensa, y tienen razón, pero no habían dado el paso. Es precisamente a estas empresas a las que más valor podemos aportarles con el plan”. La experiencia de Fernando Mato al frente del Planitec-CID, y la que tuvo trabajando en la Dirección General de Armamento y Material, le lleva a constatar las consecuencias que ha tenido la distancia que ha caracterizado la relación entre sociedad civil y fuerzas armadas en las últimas décadas: “Es triste, pero te das cuenta de que ni el Ministerio de Defensa conoce la cantidad de buenas empresas que tiene en España, ni esas empresas saben cómo mostrar esas capacidades al Ministerio de Defensa”.
Desaprovechar la oportunidad
Esa distancia y ese desconocimiento mutuo son dos de los riesgos que pueden hacer que el anunciado aumento de los presupuestos de Defensa no se traslade en una medida equivalente al tejido empresarial, ni sirva para generar una industria con capacidad para ser relevante tanto en términos económicos como estratégicos. Tanto Manuel Vila como Fernando Mato coinciden en reclamar una estabilidad en los planes que no dependa de los presupuestos de cada año o que, como sucede ahora, propicie picos de gastos que den pie a la adquisición de tecnología y equipamientos fuera de España, o a poner en marcha programas a los que luego no se dé continuidad: “El programa S-80 contempla construir cuatro submarinos, y el F110 cinco fragatas. ¿Y luego, qué? En Estados Unidos pueden estar treinta años fabricando el mismo tipo de barco, el mismo solo aparentemente, porque lo equipan y lo actualizan con la tecnología de cada momento. Pero es esa estabilidad y la existencia de unas líneas de inversión constantes lo que verdaderamente permite generar una industria y un conocimiento alrededor. Eso es lo que necesitamos aquí”, reclama el presidente del CID.
Fernando Mato confirma que las empresas españolas, por mucho que sea su potencial, no están preparadas para dar respuesta a la enorme demanda que puede generar un aumento del presupuesto como el que se está contemplando, lo que puede obligar a comprar fuera y desperdiciar las opciones de generar una verdadera industria de defensa en España, generando un gasto, pero no una verdadera inversión: “Lo ideal es que ese aumento fuera gradual y sostenido en el tiempo. En todo caso, lo que podemos esperar a corto plazo es que las cadenas de suministro se queden cortas, y los contratistas busquen nuevas empresas con las que trabajar. Eso va a dar muchas oportunidades a empresas como las que conocemos en Cantabria. Hay que estar preparado para ello”, concluye.








