El ascenso a la máxima categoría del fútbol español culmina el proceso de reestructuración del Racing, que verá multiplicados sus ingresos y tendrá la oportunidad de dejar definitivamente atrás la que ha sido la etapa más difícil de su historia, tanto en términos deportivos como económicos. Con una deuda total que se mantiene en el entorno de los 23 millones de euros, el reto pasa ahora por mantener esa estabilidad en una categoría, la primera división, en la que el club solo ha sido capaz de evitar las pérdidas con la aportación de los ingresos extraordinarios por venta de futbolistas, lo que en su día abocó a la declaración del concurso de acreedores que estuvo a punto de llevar a su desaparición.
José Ramón Esquiaga | Julio 2026
Por más que hablemos de un club habituado a darle a los ascensos la relevancia que merecen, no hay nada en la centenaria historia del Racing que pueda compararse a la forma en que se ha celebrado la última vuelta a la máxima categoría del fútbol español, primero de manera espontánea a ras del partido del 16 de mayo en el que se certificó, y luego al día siguiente, de forma más organizada, en el recorrido del autobús descubierto con el que jugadores y cuerpo técnico hicieron el camino hasta los Campos de Sport del Sardinero, convertidos en escenario del espectacular acto con el que se cerró el festejo. Una falta de precedentes, esta de la celebración, que subraya lo que este último ascenso tiene como culminación de un proceso de reestructuración que ha servido para dejar atrás los tiempos más difíciles de la entidad, que en los trece últimos años cayó a la tercera división en más ocasiones que en los cien anteriores, y que bordeó el abismo de la desaparición en varios momentos desde la declaración del concurso de acreedores de 2011.
Al éxito deportivo le acompaña esta vez un desempeño económico que, en línea con lo sucedido desde el último cambio de propietario, ha permitido cerrar las cuentas de cada ejercicio en superávit o, cuando menos, en niveles tan cercanos al equilibrio como para no aumentar una deuda que sigue siendo el principal condicionante para la estabilidad financiera de la sociedad anónima deportiva. Competir en la primera división –en la Liga EA-Sports de acuerdo a su denominación comercial– permitirá aumentar significativamente los ingresos, además de propiciar un escenario más favorable para sacar adelante alguna de las inversiones con las que el club quiere reforzar su estructura, como la ampliación del estadio –un plan ya presentado y en el que forzosamente deberá contar con la colaboración del Ayuntamiento de Santander–, o la construcción de una ciudad deportiva que sustituya a las actuales instalaciones de La Albericia, una vez constatada por la vía de los hechos la imposibilidad de crecer en la actual ubicación.
El incremento presupuestario también hará más fácil externalizar la deuda, un objetivo expresado por el máximo accionista ya en la junta de 2024. El Racing dejó atrás la situación concursal tras abonar en diciembre de 2024 el último plazo del convenio firmado con los acreedores en 2012 y completado –tras sucesivos aplazamientos y periodos de carencia derivados de la situación deportiva– con las aportaciones de Sebman Sport, la empresa que ostenta la mayoría accionarial de la sociedad anónima deportiva Real Racing Club. Es esa deuda contraída con su propietario, que se mantiene en el entorno de los 24 millones de euros, la que se quiere refinanciar para romper la coincidencia que hoy se da entre el máximo accionista y el principal acreedor de la sociedad, una identificación que no plantea ningún problema legal, pero que no deja de ser una singularidad que remite a todas las dificultades por las que se ha pasado en la última década y media. La principal dificultad para lograr esa externalización es hacerlo en unas condiciones similares a las que se tienen ahora en intereses y plazos, algo que era imposible en segunda división y que tampoco será sencillo en la máxima categoría del fútbol español.

Un momento de la celebración por el ascenso de categoría. Foto: Nacho Cubero.
El Racing ha completado una temporada para la que presupuestó una facturación algo superior a los 20 millones de euros, una cifra que doblaba la alcanzada tres años atrás, al cierre de la primera temporada jugada en segunda división tras el último ascenso desde la tercera, y también una previsión que con toda seguridad se verá superada por los ingresos reales una vez se contabilice el cierre del ejercicio. A diferencia de lo que sucedía en los tiempos en los que el Racing incrementó su deuda hasta hacerla insostenible, los presupuestos deben hoy pasar el filtro de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), que para validar la previsión de ingresos se basa en los precedentes inmediatos de recaudación de cada partida. Eso, y que ese cálculo se haya visto desbordado cada vez, explican el progresivo incremento registrado en las cuentas duran- te los cuatro últimos ejercicios, jugados todos en la LFP.
Estos precedentes, tanto en lo tocante a los ingresos como a la disciplina presupuestaria, constituyen el principal argumento frente a los que, en sentido contrario, aporta la referencia de los últimos años en los que la sociedad anónima deportiva compitió en la máxima categoría, ejercicios en los que el déficit en las cuentas se convirtió en estructural, generando la deuda que terminó por poner en cuestión la propia supervivencia de la sociedad anónima deportiva. La espiral de incremento de ingresos y gastos –con estos creciendo a un ritmo siempre mayor que aquellos– llegó entonces a argumentarse desde la propiedad como una circunstancia consustancial a la propia competición, que obligaba a asumir riesgos económicos para minimizar los deportivos. Lo cierto es que aquella gestión fue calificada posteriormente como administración desleal, llevando al banquillo de los acusados e incluso a la cárcel a uno de sus expresidentes, Ángel Lavín.
Que un desempeño económico como ese sea hoy difícilmente concebible –tanto por la distancia con el modelo aplicado estos años como por la propia vigilancia de la LFP– no significa que sea sencillo eludir los riesgos de caer en una espiral que, aun sin llegar a esos extremos, termine por llevar a escenarios no muy diferentes. Clubes con largas trayectorias en primera, e incluso con participaciones en la máxima competición euro- pea, como el Valencia o el Sevilla, están hoy en una situación financiera peor que la del Racing, que en lo deportivo se enfrentará a una tempo- rada muy complicada y proclive, por tanto, a relajar la disciplina presupuestaria.

Sebastián Ceria y Manolo Higuera, respectivos máximo accionista y presidente de la SAD Real Racing Club, en el partido que certificó el ascenso. Foto: Nacho Cubero.
Como sucedió en las dos temporadas anteriores –las que han tenido a Sebman Sport como principal accionista y a Manolo Higuera como presidente–, los presupuestos aprobados en noviembre se han visto desbordados tanto en ingresos como en gastos al completar la temporada, algo consecuencia del aumento del volumen de negocio ordinario pero, sobre todo, de las cantidades percibidas por traspasos de futbolistas, invertidas a su vez en gasto en la plantilla deportiva. Es una situación que no ha supuesto desequilibrios en las cuentas –el Racing acabó la temporada 23/24 con pérdidas de apenas 30.000 euros, y con un beneficio de algo más de 715.000 euros la siguiente– y que se dará de nuevo este año, en el que el Racing ha ingresado 7 millones por Jeremy Arévalo, reinvertidos en parte en el mercado de fichajes de invierno. Con un presupuesto que contemplaba cerca de dos millones de euros de beneficio, todo indica que el Racing volverá a cerrar en positivo la que ha sido, por el momento, su última tempo- rada en la categoría de plata. Sobre el papel, y salvando los precedentes de hace década y media, todo debería ser más sencillo a partir de ahora.
Aunque la cifra que recibirá el Racing por derechos de televisión se moverá entre las más bajas de la categoría, solo por este capítulo el presupuesto del próximo año sumará unos 40 millones de euros de ingresos, una cantidad que prácticamente dobla el total de lo facturado este año. Con una subida media del 25% en el precio de los abonos, que se moverá en términos equivalentes o incluso superiores en el caso de las entradas, también es de esperar un incremento significativo respecto a los en torno a 5 millones facturados por ese concepto en el ejercicio 2025-26. El incremento en el resto de partidas–patrocinios, publicidad y tienda, sobre todo– dará lugar a un presupuesto que puede superar los 60 millones de euros, lo que triplicará el aprobado para la temporada que acaba de finalizar y dejará el ratio de deuda sobre ingresos en una cifra ventajosamente comparable a la de muchos clubes de la categoría. Ese es el marco, en principio favorable, en el que el Racing pondrá a prueba la solidez de su reestructuración.








