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La penúltima aventura de Santiago Revuelta

El gestor y empresario cántabro prepara la ampliación del Museo del Ciclismo que ha reunido en las naves de la que fuera su empresa, en San Román de la Llanilla, y en el que expone una ingente colección de bicicletas, maillots y objetos relacionados con el deporte al que ha dedicado buena parte de su vida, primero como corredor aficionado y luego como organizador de pruebas y gerente del potente equipo que patrocinó Teka entre los años 1976 y 1990. Solo una mínima parte de lo expuesto procede de donaciones, habiendo sido el resto adquirido personalmente por Revuelta, que continúa comprando nuevo material y que no se plantea cobrar una entrada por el acceso: “Esto lo he hecho motivado por mi afición y porque tenía que devolverle al ciclismo algo de lo mucho que me ha dado”, explica.

Juan Carlos Arrondo | Julio 2025

Santiago Revuelta lleva toda una vida vinculado al ciclismo. Fue corredor aficionado en su juventud, un buen esprínter a decir de quienes le conocieron en aquella época. Ha sido organizador de carreras de categoría ‘amateur’, como el Campeonato de España por Regiones, y profesionales, desde el Circuito del Sardinero o la Subida a la Atalaya hasta la Vuelta a Cantabria. En algunas pruebas, incluso, condujo su coche particular para que los jueces-árbitro o los periodistas pudieran seguir la competición. Pero, sin duda, su papel más destacado, el que propició que se dijera de él que ha sido un impulsor del ciclismo moderno, fue ser durante década y media –entre 1976 y 1990– el ‘patrón’ del Grupo Deportivo Teka, el equipo más laureado del momento. Actualmente, a sus ochenta y cuatro años, se ocupa de la que puede ser la última o quizás, dado su carácter inquieto, la penúltima etapa de este itinerario ciclista y acude cada mañana a abrir el museo que ha dedicado al deporte que le apasiona desde niño.

El museo es un recreo para la vista y aviva los recuerdos de los aficionados que lo visitan. En una exposición principal de seiscientos metros cuadrados se alinean cientos de bicis, maillots, fotografías y otros objetos que, milimétricamente ordenados, representan más de un siglo de historia ciclista. “Desde 1902. Una bicicleta que nos demuestra que ya se hacían sillines llamados antiprostáticos, con un agujero en medio para no dañar la próstata”, apunta Santiago Revuelta. “Empecé a coleccionar en 1975 o 76 y ya entonces fui consiguiendo material anterior: del 58, del 59, año en el que Bahamontes ganó el Tour de Francia, etc.”. Fruto de una minuciosa labor de recopilación, tanto retrospectiva como contemporánea, el muestrario de camisetas, de las máquinas que ‘cabalgaron’ en competición tanto grandes campeones como ‘gregarios’ y de recuerdos gráficos y de otro tipo no solo es enorme, sino también muy completo: “Están todos o, mejor dicho, una parte. Porque para meter todo lo que ha habido en el ciclismo necesitaría veinte exposiciones como esta”.

Siempre le gustó reunir objetos relacionados con este deporte, aunque señala que la puesta en marcha del G.D. Teka y su salida al pelotón profesional en 1976 marcaron un hito en esta afición. “Empecé a viajar para ir tomando contacto con organizadores y federaciones. En aquella época tenían que invitarte a las carreras y a veces incluso pagar por participar, como en el Tour que cobraba dos millones y pico de pesetas a cambio de darte alojamiento y poner tres coches en carrera a cada equipo”. De esos viajes, de las reuniones y las competiciones nacían muchas relaciones, también con muchos corredores. Es precisamente el encuentro con uno de ellos, el mejor de todos los tiempos, donde Santiago Revuelta sitúa, simbólicamente, el origen del museo. Su memoria no puede precisar si fue en la ‘Grande Boucle’ de 1977 o de 1978, pero sí recuerda el agradecimiento que Eddy Merckx le mostró por ayudarle cuando se vio involucrado en una caída y el coche de su equipo no estaba cerca para asistirle.

“Merckx tuvo una caída con varios corredores, uno hizo el afilador y en cuanto cae uno, caen en serie. Nuestro mecánico le dio dos ruedas y, como le dolía la cabeza, yo le di un analgésico y un bidón de agua. Luego llegó su director, Lelangue, ¿qué pasa Eddy? Ya me han atendido estos… Siguió y cazó al pelotón”, relata el que fuera gerente del Teka. Aquel gesto tuvo su epílogo un par de días después, mientras los equipos esperaban a que los motoristas de la gendarmeria iniciasen la marcha hacia la salida de la etapa. Un sonriente ‘Canibal’, cargado con una gran bolsa de deportes en una mano y sus zapatillas de correr en la otra, aparece en el aparcamiento del hotel. “No se me olvidará nunca… ‘¡Bonjour! Ça va bien’… y dijo en francés: hoy voy a atacar. Coincidíamos allí tres equipos, el de Merckx, el de Gimondi y el nuestro. Entonces, abre la bolsa, saca un maillot y se acerca: señor Revuelta, ‘merci’, un obsequio. Y me dio el maillot que tengo ahí”.

La revolucionaria bicicleta con la que Francesco Moser batió el récord de la hora en 1984. Foto: Nacho Cubero.

Cada vez iba conociendo a más corredores, directores o auxiliares en las carreras y a algunos, con los que más confianza tenía, les preguntaba si disponían de algún maillot para él. El regalo de Merckx era emblemático, y a medida que iba reuniendo más no dejaba de rondarle la idea de que algún día podría verlos expuestos en algún sitio. La oportunidad llegó, años después de dejar el ciclismo profesional, cuando estaba a punto de poner fin a la actividad empresarial que había desempeñado al margen del deporte. Ordenando un trastero de su casa se dio cuenta del volumen de los recuerdos que había ido atesorando: “Había más de cuarenta maillots, tenía gorras, bidones y muchas otras cosas guardadas por ahí. En ese momento pensaba traspasar las tiendas de confitería –veintisiete llegué a tener– y ya estaba vaciando esta nave, que era desde donde las distribuía. Con todo esto ya vacío, mi nieto y yo empezamos a bajar todo lo que tenía en casa y, con un nivel y una cuerda, a colocarlo”.

A lo largo de los años, ha ido reuniendo todos estos obsequios. Sobre todo maillots –que a su vez sirven para ilustrar la larga lista de firmas que durante décadas han patrocinado el ciclismo– y un número incalculable de piezas sueltas. “Muchas veces me decían: toma, Santiago, por si te vale para algo. Yo las recogía, a mí me valía todo. Pero también empecé a comprar porque me enteraba que Fulano vendía la bici. O pedía a un equipo que me vendiera alguna y me solían decir que sí, que al final de la temporada. Yo les decía que me dieran alguna curiosa: tenemos aquí una de Hinault, ¿te parece bien? Me parece de p… Pero también la pagaba más cara. Además, iba a subastas y compraba por internet, en Ebay”. Las bicicletas, que con un mantenimiento profesional son auténticas máquinas de precisión y pueden durar indefinidamente, no se regalan así como así y eso queda claro en el museo donde, de las más de cuatrocientas con que cuenta la colección, apenas ocho son donadas.

“Esto lo he hecho, insisto, motivado por mi afición y porque tenía que devolverle al ciclismo algo de lo mucho que me ha dado”. Santiago Revuelta.

Sin contar otros costes que se hayan podido originar, como acondicionar el espacio expositivo o su mantenimiento, simplemente la compra de alrededor de cuatrocientas bicicletas, algunas muy cotizadas por los coleccionistas, supone un fuerte desembolso, que en este caso ha sufragado el propio Santiago Revuelta. Ante la cuestión, que probablemente le han formulado en no pocas ocasiones, de por qué no lo financia con la venta de entradas su respuesta no deja lugar a la duda: “Esto lo he hecho, insisto, motivado por mi afición y porque tenía que devolverle al ciclismo algo de lo mucho que me ha dado”. La gratuidad es uno de sus rasgos distintivos, en comparación con otros museos de similares características, pero sobre todo le diferencia la impronta de su creador: “He tenido contacto con más del ochenta por ciento de todo lo que hay expuesto aquí. A unos les he tenido como corredores durante dieciséis años, a una media de veinte por temporada. A los demás les he tratado en muchas carreras”.

Patrón del Teka

Tan pronto como el visitante entra en la exposición, al primer golpe de vista, se encuentra con algo que representa la parte más importante de la trayectoria de Santiago Revuelta, su etapa como ‘patrón’ del Teka: un Renault 12 y un Peugeot 505, el primer y el último de los coches auxiliares que la ‘escuadra’ cántabra utilizó en competición entre los años 1976 y 1990. Con su aparición se sumaba a un por entonces exiguo pelotón profesional español formado por el Super Ser y el Kas. “Fui el primer gerente de ciclismo en España. En muchos medios se ha publicado que fue el equipo que cambió el sistema y que su alma mater, Santiago Revuelta, siempre iba por delante”. Con el patrocinio de la firma de electrodomésticos del barrio de Cajo, su primer presupuesto fue de cincuenta millones de pesetas, una cantidad considerable para la época, aunque advierte: “Pero había equipos, incluido el Kas, que ya costaban ciento y pico millones. También saqué cosas regaladas para Teka”.

El Renault 12 y el Peugeot 505 que fueron, respectivamente, el primer y último modelo utilizados como coches auxiliares por el Grupo Deportivo Teka. Foto: Nacho Cubero.

Santiago Revuelta se encargaba de gestionar las cuentas, y la empresa Teka no intervenía en otra cosa que ingresar mensualmente las nóminas de los corredores y auxiliares y hacerse cargo de otros gastos necesarios. Destaca especialmente el de los vehículos, que sufrían mucho en carrera y debían sustituirse regularmente: “Había un gasto determinado en coches. Hubo un año que llegamos a tener siete y el autobús”. Este fue otra sus grandes aportaciones, ya que en los años setenta ningún equipo disponía de una comodidad así para los corredores: “Ocaña, con quien salí mal, dijo un día que lo más grande y hermoso que tenía el Teka era el autobús”. Sus patrocinadores –Gómez Casuso, director de la filial cántabra, y el doctor Graf, responsable de la matriz alemana– estaban muy satisfechos del rendimiento publicitario de toda esa inversión porque, a su vez, los resultados deportivos eran muy buenos: “Nos dedicábamos a ganar carreras: quinientas y pico carreras en total. Etapas en el Tour, en el Giro… ganábamos en todas las carreras”.

El carácter innovador de Santiago Revuelta no solo se manifestó en su etapa como gerente del G.D. Teka, también creó escuela como promotor de carreras ciclistas: “Cuando yo organizaba la Vuelta a Cantabria, ya tenía un camión escenario en las metas. La Vuelta a España, que entonces ponía unas vallas sujetando un tablado donde se subían los corredores y unas vigas de madera con la pancarta del gran premio, puso el camión cuatro o cinco años después”. Afirma que sus ideas también inspiraron a su amigo José Antonio Soto Rojas, atleta especializado en largas distancias, que en 1980 puso en marcha la prueba de los ‘100 km Pedestres Ciudad de Santander’ y que en la actualidad colabora activamente en el día a día del museo ciclista; a la vez, en las dependencias superiores de la nave, prepara en varias salas sendas exposiciones relacionadas con el atletismo: una dedicada íntegramente al medallista olímpico José Manuel Abascal, otra a la trayectoria del propio Soto Rojas y una tercera a carreras internacionales en la modalidad de 100 km.

Un museo en crecimiento y con compromiso de continuidad

La parte superior de la nave de la calle La Gloria, en San Román de la Llanilla, todavía dispone de espacio en el entresuelo y en el piso superior para habilitar más zonas de exposición, para dar salida al abundante material que Santiago Revuelta aún tiene guardado. “Yo sigo comprando. Ayer he comprado una bicicleta con los cambios en la barra que sube hacia el sillín. Es una virguería que llevaba Coppi y esa gente en aquellos años y por la que he pagado más de lo que debía, pero quería tenerla antes de que me llegue el turno de marchar”. Su propósito es que el museo siga creciendo y que el proyecto le sobreviva: “He hecho un contrato general con mi hijo en el que se compromete ante notario a continuar veinticinco años (con veinticinco años más, Dios quiera que los viva, mi hijo tendrá los que yo tengo ahora) y para que no se toque ni una pieza. Al revés, para que se añada aquí todo lo que se pueda”.

“Un poco más adelante. En cuanto terminemos lo de arriba queremos que lo inauguren Freire e Induráin”. Santiago Revuelta.

Desde que abrió al público, hace trece años, el Museo del Ciclismo ha recibido a más de 42.000 visitantes. Una cifra más que estimable si tenemos en cuenta que no ha sido especialmente publicitado y que, más bien, su existencia ha ido corriendo de boca en boca entre los aficionados. Pendiente de concluir la ampliación de la exposición, Santiago Revuelta guarda en una carpeta de su despacho las pruebas para la imprenta de lo que serán unos dípticos promocionales: “Un poco más adelante. En cuanto terminemos lo de arriba queremos que lo inauguren Freire e Induráin”. Los aficionados podrán disfrutar entonces de más bicicletas, maillots o fotografías, pero una cosa seguirá igual: la presencia cada día de un hombre que es parte de lo que allí se expone y que, a riesgo de que la visita pueda alargarse, les contará todo tipo de historias sobre el ciclismo: “Muchas veces me dicen: me alegro enormemente de haber estado más tiempo aquí porque las anécdotas siempre son interesantes”.