Las pequeñas queserías cántabras se abren paso en el mercado moderno posicionándose en el sector gastronómico y el turístico y saliendo de las fronteras españolas gracias a su cada vez mayor presencia en tiendas especializadas. Creada para dar respaldo a quienes mantienen viva en la región la tradición de elaboración de queso, la Asociación Cantabria Quesera quiere dar un nuevo impulso al sector, combinando tareas de promoción con iniciativas que buscan vincular la elaboración artesanal con el turismo, reforzando la vinculación entre los productores.

Ana Bringas | Junio 2026

Cantabria se puede recorrer de muchas maneras. Las tradicionales y más evidentes son las rutas por mar y montaña conociendo playas y pueblos, sin embargo, poniendo el foco en la oferta gastronómica, existe una cartografía menos clara que se dibuja de queso en queso. Un producto que ya cumple una función vertebradora del territorio y que es reflejo de la economía rural, en lo gastronómico, pero también en lo turístico. Hoy, el sector quesero cántabro vive un momento “interesante”, según definen sus protagonistas. César Campo, presidente Cantabria Quesera y parte de la Quesería Javier Campo Queso de Tresviso, detalla que se trata de un instante “meseta”, una etapa de estabilidad que llega tras un ciclo de expansión, con pequeñas empresas consolidadas, sin crecimiento en número de queserías, pero con una modernización progresiva que poco a poco va llegando al sector.

En Cantabria existen actualmente 41 queserías, la mayoría de ellas de escala reducida. Dentro de ese conjunto, la asociación Cantabria Quesera, integrada en la Oficina Agroalimentaria creada por CEOE-Cepyme de Cantabria para dar visibilidad a las pequeñas empresas regionales que operan en el sector, agrupa a 15 artesanos, lo que supone aproximadamente el 35% del total. El perfil de las queserías cántabras se corresponde casi en su totalidad con empresas muy pequeñas, de hecho todas salvo una excepción –Lafuente– son microempresas de carácter familiar o incluso personal.

La asociación, que se creó para dar respaldo a quienes mantienen viva la tradición quesera de la región, no se articula en función del tamaño de las empresas que la integran, sino desde un criterio transversal. Es decir, agrupa desde pequeñas queserías familiares hasta proyectos más estructurados bajo una misma idea de base que pasa por preservar y proyectar el valor del queso. César Campo reconoce que el objetivo de Cantabria Quesera es ampliar representación y sumar nuevos socios. Sin embargo, según explica, ese crecimiento ha sido limitado en los primeros años de vida del colectivo –nació en 2022–, en parte por la dificultad de construir argumentos sólidos que justificaran la adhesión. Esa situación, no obstante, ha comenzado a cambiar recientemente. Desde 2025, la asociación ha intensificado su actividad con nuevas iniciativas y una mayor comunicación interna entre los productores.

César Campo, presidente de Cantabria Quesera. Foto: Nacho Cubero.

Uno de los elementos clave del análisis del sector es el consumo. En España se consumen 9 kilogramos de queso por persona al año, mientras que en otros países europeos se alcanzan los 20. Por ello, la meta más cercana de la asociación es incidir culturalmente en el consumidor cántabro y nacional.

César Campo detalla que existe una diferencia cultural que explica estos datos y que buscan corregirla mediante acciones comerciales que transformen la forma histórica de acercarse al consumidor, haciéndola más moderna y eficiente. Entre las medidas previstas o en desarrollo se encuentran la renovación de la imagen de marca de las queserías, así como la creación de formatos de difusión más actuales, especialmente en el ámbito de los eventos gastronómicos. En este contexto se enmarcan iniciativas como Tardíu, un festival de quesos y bebidas artesanas de Cantabria que combina música, mercado y demostraciones gastronómicas, y que supone una alternativa más atractiva y experiencial a los modelos de mercadillo tradicionales.

En este contexto, César Campo sostiene que el sector quesero cántabro atraviesa un momento con muchas posibilidades, comparable –a su juicio– al que vivió el sector del vino hace unos años. Entonces, muchas bodegas dejaron atrás las imágenes heráldicas para apostar por diseños más atractivos y contemporáneos. Ese mismo camino es el que ahora empieza a explorar el queso: dejar de percibirse como un subproducto del sector ganadero para ganar entidad propia, también desde lo visual, renovando etiquetas tradicionalmente asociadas a pastores o animales aunque sin renunciar a su identidad. Con todo, el cambio no se limita a la imagen. Campo avanza que Cantabria Quesera trabaja en un “proyecto piloto” para acercar el queso a los consumidores más jóvenes en los colegios.

Además, la transformación pasa por convertir el producto en experiencia. En esa línea, cada vez más queserías apuestan por abrir sus puertas al público y mostrar el proceso de elaboración, acercando el consumidor a la producción. Más allá de la leche, el cuajo o los fermentos, los productores cántabros buscan aportar un valor añadido a través de propuestas turísticas que permitan entender el queso desde dentro. “Es interesante que el consumidor pueda conocer al detalle cómo se produce”, apunta.

Expositor de Cantabria Quesera en el Salón Gourmets celebrado el pasado mes de abril en Madrid, una de las principales ferias del sector en España.

Ejemplos de este modelo son iniciativas como los talleres de elaboración de queso pasiego en La Jarradilla, las experiencias en Quesoba en el Valle de Soba, las visitas a la Granja Quesería El Pendo, las catas en Quesería Tresgallo o los talleres de queso fresco en Granja Cudaña. Todas son propuestas que refuerzan el papel de las queserías como activo turístico. Su distribución por toda la geografía cántabra contribuye, además, a dinamizar pequeñas localidades menos frecuentadas, incorporándolas a nuevos itinerarios ligados a la gastronomía.

El reto

Según el presidente de la asociación Cantabria Quesera, el reto es mantener producciones pequeñas en un mundo globalizado. Campo reconoce la dificultad, pero también matiza que existen ejemplos que rompen esa lógica. “Siempre se dice que para exportar hace falta mucho volumen de producción. Sin embargo, hay queserías pequeñas con presencia en muchos países, sobre todo en tiendas especializadas”, explica. Es el caso de la Quesería Javier Campo, en Tresviso; o La Pasiega de Peña Pelada, en La Cavada. Aún así, el presidente de la asociación que agrupa a los queseros cántabros subraya que fuera de Cantabria la presencia es “muy de nicho”, aunque concede que “viajar fuera de España y encontrarte con queso cántabro produce un orgullo inexplicable”.

Campo detalla además que el acceso al mercado responde a una cuestión de fases. La primera, explica, es la venta directa en mercados o ferias, donde productor y consumidor se conocen y, de esta manera, se obtiene un “’feedback’ inmediato” a través de la prueba del producto. Ese primer contacto, añade, también permite ganar visibilidad ante tiendas especializadas y, a medida que crece el volumen de producción, facilita la entrada en canales de distribución.

En ese proceso se encuentran ejemplos como Granja Quesería El Pendo, en Escobedo de Camargo, o Quesos El Bardal, en Zurita, empresas jóvenes que han logrado abrirse paso y que ya están presentes en algunas cadenas de supermercados a nivel regional.

Valor a la leche cántabra

Por otra parte, las queserías desempeñan un papel clave a la hora de poner en valor la producción ganadera de la región. Con esta pequeña industria, la leche cántabra se transforma en proximidad –cerca de las propias explotaciones– gracias a “buenas manos y la tradición quesera”, como subraya César Campo. Así, en muchos casos, las queserías trabajan con leche de ganaderías vecinas, lo que refuerza el vínculo territorial y añade valor e identidad al producto final. En otros, son los productores quienes transforman su propia leche. En ambas opciones, la tradición lechera de Cantabria es fundamental, sentencia el presidente.

En términos estructurales, la situación de Cantabria guarda similitudes con la de comunidades vecinas como Asturias o el País Vasco. En todas ellas predomina un tejido formado por pequeñas empresas, acompañado de una o dos firmas de mayor tamaño. En el caso cántabro, ese papel lo representa Lafuente; en Asturias, Central Lechera Asturiana.

Aun así, el peso del sector recae principalmente en proyectos de pequeña escala. Un modelo que contrasta con el de Castilla y León, donde, por razones culturales y productivas, la estructura del sector responde a dinámicas diferentes.

Vinculada durante años a la promoción inmobiliaria, la crisis de 2008 llevó a la empresaria María Ángeles Calvo a abrirse camino en la hostelería, a pesar de no contar ni con experiencia, ni con antecedentes familiares en este sector. Hoy gestiona los restaurantes Casimira y La Capitana, al que incorpora ahora un tercero, El Bonito, todos ellos en la zona de Puertochico. A las puertas de iniciar su temporada alta, la empresaria hostelera apunta a la alarmante falta de mano de obra y a las crecientes bajas laborales como dos de los principales problemas que afectan al conjunto de una actividad que puede ver con ello limitado su crecimiento.

Manuel Casino | Octubre 2025

De origen lebaniego, María Ángeles Calvo lleva 37 años en Santander. Vinculada durante años a una promotora de viviendas, la crisis de 2008 le acercó a la hostelería, un sector en el que reconoce que no contaba con antecedentes familiares. Hoy, es la titular de dos conocidos establecimientos de la capital cántabra asentados en Puertochico que dan empleo a unas 25 personas y a los que en unos días se sumará un tercero local, de nombre El Bonito, que abrirá en está misma zona convertida desde hace tiempo en uno de los principales reclamos gastronómicos de la ciudad. Calvo, que se identifica más con el término empresaria que con los de emprendedora o hostelera, admite que los inicios nunca son fáciles, y menos aún para una mujer en un sector, como casi todos, dominado generalmente por hombres. “Siempre hay más problemas por ser mujer”, conviene, antes de aclarar que abrir un negocio “siempre da vértigo”.

“Cuando abrí el primero Casimira, en 2011 a los ocho meses lo hubiera regalado. Luego, no tuve intención de abrir un segundo y ahí está La Capitana, en 2019. Ahora, casi seis años después, aún tenía menos ganas de un tercer proyecto y, por circunstancias de la vida, aquí estoy”, relata la empresaria en el repaso al encadenamiento de aperturas que ha dado lugar a un incipiente grupo de restaurantes, y explica las circunstancias que han dado lugar al último: “Lo he hecho porque es un establecimiento que no requiere mucho personal. De no ser así y de estar donde está muy cerca de los otros dos, de los que le separan apenas unos pocos metros, no me hubiera lanzado. En cualquier caso, prefiero dos que cuatro, advierte sobre la posibilidad de embarcarse en un futuro en nuevas iniciativas. Al menos, en principio”, cierra con una sonrisa.

María Ángeles Blanco posa en El Bonito, el restaurante que se suma ahora al grupo formado por el Casimira y La Capitana. Foto: Nacho Cubero.

Un nuevo reto empresarial que asume “ilusionada y entusiasmada” pero sin esconder lo complicado que en ocasiones resulta dar este paso. “Aunque sea un mero cambio de titularidad, como es el caso, es todo un vía crucis. Solo cambiar la titularidad del agua es algo tremendo. Hay quienes incluso desisten después de meses de intentarlo”, advierte un tanto contrariada. Unas dificultades a las que ahora se añade, además, la compleja situación que vive el sector a la hora de encontrar personal. “Ese es el problema fundamental”, afirma. Por eso, no duda en destacar que, a día de hoy, quien tiene un trabajador tiene un gran tesoro. “Contar con un buen trabajador es como si te tocara el euromillón”, enfatiza esta empresaria que reconoce que cada año se enfrenta a más y más problemas para contratar mano de obra. “Antes al menos te llegaban currículums, pero ahora ni eso. Llamas a diez personas y con suerte se presenta una”, explica con evidente preocupación convencida, no obstante, de que no se trata de un problema exclusivo de la hostelería, sino que se extiende en general a todos los sectores. “Afortunadamente, yo cuento con un porcentaje alto de personal estable que mantengo también durante el invierno, aunque haya meses en los que no necesite tanta plantilla. De hecho, varios trabajadores llevan conmigo desde el principio”, reflexiona.

Pero no es el único obstáculo al que se enfrenta el sector. En su opinión, a esta preocupante falta de personal hay que sumar las bajas laborales, un problema cada vez más relevante a tenor de los últimos datos conocidos, que reflejan que las bajas por enfermedad común han alcanzado su récord histórico en Cantabria en 2025, con 10.551 hasta abril.

Temporada estival

De cara al inminente inicio de la temporada estival, Calvo prefiere no hacer previsiones y esperar a que concluya. “No quiero adelantarme porque tampoco sirve de mucho ver la ciudad llena de gente si luego el consumo es mínimo”, advierte sobre una caída en el ticket medio que, según subraya, viene consolidándose tras la pandemia. “Antes se gastaba con más alegría”, recuerda. “El verano pasado fue bastante bueno, aunque hay que tener en cuenta que la temporada se reduce a poco más de mes y medio, desde mediados de julio hasta finales de agosto, cuando la caída es brutal”, razona para dejar claro que aquí el invierno es muy largo.

“Diría que en hostelería hay dos etapas a lo largo del año. Una primera, de enero a junio, que suele ser bastante mala y en la que hay que esperar a que haya algún puente o a Semana Santa. Y una segunda, de julio a diciembre, que es mucho más estable y en la que descansa buena parte de los resultados del ejercicio”. En cualquier caso, esta empresaria coincide en resaltar el papel fundamental que juega la climatología para el devenir del sector. “Que haga buen tiempo es muy importante”, aunque, resuelve, esta afirmación admite algún que otro matiz. “Claro que es fundamental el clima, pero si los días de verano salen nublados, en negocios como los míos también trabajas a mediodía. En cambio, si luce el sol, todo el mundo está en la playa y tienes que esperar a que caiga la tarde. Obviamente, ocurre todo lo contrario si habláramos de negocios a pie de playa”, precisa.

Tres restaurantes, tres conceptos

Sobre su nuevo establecimiento, aclara que en ningún caso hubiera dado el paso si esta oportunidad no hubiera surgido en Puertochico. “Tener uno tan cerca de otros te facilita bastante las cosas”, afirma consciente de que tendrá que repartir aún más su tiempo para poder atenderlos, si bien avanza que en estos primeros meses dedicará más atención a El Bonito que al resto, al menos hasta que defina el tipo de público y la oferta. En este caso, Calvo avanza su intención de que el perfil de tipo de negocio del nuevo local se sitúe a medio camino entre el de Casimira, enfocado al picoteo y a una comida más informal que incluye también el desayuno; y el de La Capitana, que responde más al clásico concepto de restaurante elegante para una ocasión especial, cocina más refinada y precios algo más elevados.

En principio, la idea de El Bonito, en consonancia con lo que indica su nombre, es la de dar protagonismo a este pez durante el la temporada de verano para, después y siguiendo un poco el hilo conductor de su local más veterano, en el que desde sus orígenes triunfan el tomate natural y la tortilla, ofertar también estos productos, pero en otras presentaciones. “Queremos elaborar una buena salsa de tomate para acompañar diferentes platos y ofertar huevos fritos caseros con patatas hechas en sartén”, apunta la empresaria hostelera. En barra, además, adelanta la oferta de “una buena” gamba roja y de otros productos del mar para consumir incluso por unidades.

Al fijar la vista en sus negocios, María Ángeles concede que los tres establecimientos están guiados por ofrecer productos de calidad, buen pan recién horneado e intentar mimar a la clientela. “Ese es el denominador común, además de cuidar pequeños detalles”, resume satisfecha de contar con numerosos clientes que lo son de los dos negocios y que ahora aspira a que también lo sean del tercero.

Desestacionalizar el turismo

En cuanto a la tan ansiada desestacionalización del turismo, esta hostelera coincide en la importancia de promover la celebración de congresos en Santander, y de algún que otro festival de música o de cine, además de programar atractivas exposiciones. “La ciudad va a contar en breve con una más que interesante oferta cultural que hay que saber poner en valor para ser capaces de atraerá nuevos públicos a lo largo de todo el año”, subraya.

María Ángeles Calvo, que sostiene que en Cantabria se puede comer barato y bien, aunque reconoce que lo lógico es que lo bueno se tenga que pagar, no comparte plenamente que caminemos hacia una hostelería de fin de semana. “Es verdad que antes se salía más, pero depende del tipo de negocio. Casimira, por ejemplo, trabaja casi todos los días y La Capitana lo hace muchísimo mejor los fines de semana. Pero es normal por el tipo de negocio que es cada uno”, especifica.

El restaurante La Capitana responde a la idea de restaurante clásico. Foto: Nacho Cubero.

Sobre los cambios en los hábitos de los clientes, comparte la opinión extendida en el sector de que, de un tiempo a esta parte, las cenas y el alterne a partir de ciertas horas han caído en picado, especialmente entre semana. “Cada vez se cena menos fuera de casa, pero no más pronto” puntualiza sobre la vuelta a los horarios nocturnos para cenar tan habituales antes de la pandemia. “Sigo recibiendo reservas para cenar a las diez y media de la noche, si bien también es cierto que ahora se han reducido un poco los horarios de los restaurantes y lo normal es que a las 12,30 o la una de la madrugada como muy tarde cierren sus puertas”.

En relación a los horarios de cocina, anuncia su idea de dar de comer en su nuevo local hasta las cinco de la tarde. Pero todo dependerá, advierte, de que encuentre o no personal, incide de nuevo sobre este problema que lleva camino de convertirse en crónico. En cualquier caso, esta empresaria apunta a la tendencia creciente de reducir los horarios de apertura de la hostelería para adaptarse tanto a las necesidades de descanso de las plantillas como de los nuevos hábitos de los clientes. “Antes era normal que muchos bares abrieran de siete de la mañana a una de la madrugada. Ahora, en general, los horarios se concentran en momentos más puntuales y habrá que ir acomodándose a esos picos de demanda. Si, además, no hay personal, en lugar de abrir siete días a la semana, habrá que hacerlo solo cuatro”, remata.

Cultura gastronómica y redes sociales

De otro lado, la propietaria de estos tres negocios hosteleros destaca la cultura gastronómica de sus clientes, especialmente entre las personas de cierta edad. “En general, las personas que ha comido bien en casa desde pequeños, cuando sus madres y abuelas cocinaban, saben más de cocina que las nuevas generaciones, más acostumbradas a la comida rápida”, detalla. “De hecho, las personas que más comen son las de mayor edad, muchos de los cuales aún piden primer plato, segundo y postre lo que, por lado, no es ya nada habitual. Los abuelos y los franceses. El resto, se inclina más por platos a compartir y un segundo, y eso con suerte”, concreta la empresaria.

Asimismo, Calvo resalta la importancia de la formación continua en un sector al que acceden muchos trabajadores sin experiencia previa. Según lamenta, hay dos o tres escuelas que no dan abasto para formar a todo el personal que demanda el sector, que necesita muchas más personas de que las que salen de estos centros de formación. “Pero aquí volvemos a lo mismo: como no hay mano de obra, tenemos que coger lo que hay, tengan o no experiencia”, resuelve sobre la realidad de un mercado laboral al que mayoritariamente ahora acceden extranjeros. “El 70% de mi plantilla está formada por personas de fuera de España y son trabajadores fabulosos”, explica.

Una camarera en el restaurante La Capitana. Entre este y el Casimira suman una plantilla de unos 25 trabajadores, de los que el 70% ha nacido fuera de España. Foto: Nacho Cubero.

En cuanto a la necesidad de digitalizar el sector, María Ángeles explica que ella siempre ha trabajado con herramientas digitales. “Desde que abrí Casimira he apostado por su uso y he instalado en los tres negocios ‘cashguard’”, el sistema avanzado de gestión de efectivo y cobro inteligente que, según reconoce, pasa por ser una de las mejores inversiones que ha hecho. “Dar a un botón y que te cuadre perfectamente la caja te ahorra tiempo y te evita muchos dolores de cabeza” cuando antes, recuerda, cuadrar la caja era casi misión imposible.

Sobre la cada vez mayor presencia en las redes sociales de la gastronomía en general y de los negocios hosteleros en particular, María Ángeles Calvo considera que corremos en riesgo de terminar comiendo con los ojos. “Creo que realmente existe una cierta sobresaturación. Están bien pero, como ocurre con todo, con cierto control. La gente llega al restaurante, le sirves el plato y le hacen veintisiete fotos. Cuando lo quieren comer, ya está frío”, ilustra sobre esta tendencia a fotografiarlo todo, sobre todo entre las nuevas generaciones.

El gestor y empresario cántabro prepara la ampliación del Museo del Ciclismo que ha reunido en las naves de la que fuera su empresa, en San Román de la Llanilla, y en el que expone una ingente colección de bicicletas, maillots y objetos relacionados con el deporte al que ha dedicado buena parte de su vida, primero como corredor aficionado y luego como organizador de pruebas y gerente del potente equipo que patrocinó Teka entre los años 1976 y 1990. Solo una mínima parte de lo expuesto procede de donaciones, habiendo sido el resto adquirido personalmente por Revuelta, que continúa comprando nuevo material y que no se plantea cobrar una entrada por el acceso: “Esto lo he hecho motivado por mi afición y porque tenía que devolverle al ciclismo algo de lo mucho que me ha dado”, explica.

Juan Carlos Arrondo | Julio 2025

Santiago Revuelta lleva toda una vida vinculado al ciclismo. Fue corredor aficionado en su juventud, un buen esprínter a decir de quienes le conocieron en aquella época. Ha sido organizador de carreras de categoría ‘amateur’, como el Campeonato de España por Regiones, y profesionales, desde el Circuito del Sardinero o la Subida a la Atalaya hasta la Vuelta a Cantabria. En algunas pruebas, incluso, condujo su coche particular para que los jueces-árbitro o los periodistas pudieran seguir la competición. Pero, sin duda, su papel más destacado, el que propició que se dijera de él que ha sido un impulsor del ciclismo moderno, fue ser durante década y media –entre 1976 y 1990– el ‘patrón’ del Grupo Deportivo Teka, el equipo más laureado del momento. Actualmente, a sus ochenta y cuatro años, se ocupa de la que puede ser la última o quizás, dado su carácter inquieto, la penúltima etapa de este itinerario ciclista y acude cada mañana a abrir el museo que ha dedicado al deporte que le apasiona desde niño.

El museo es un recreo para la vista y aviva los recuerdos de los aficionados que lo visitan. En una exposición principal de seiscientos metros cuadrados se alinean cientos de bicis, maillots, fotografías y otros objetos que, milimétricamente ordenados, representan más de un siglo de historia ciclista. “Desde 1902. Una bicicleta que nos demuestra que ya se hacían sillines llamados antiprostáticos, con un agujero en medio para no dañar la próstata”, apunta Santiago Revuelta. “Empecé a coleccionar en 1975 o 76 y ya entonces fui consiguiendo material anterior: del 58, del 59, año en el que Bahamontes ganó el Tour de Francia, etc.”. Fruto de una minuciosa labor de recopilación, tanto retrospectiva como contemporánea, el muestrario de camisetas, de las máquinas que ‘cabalgaron’ en competición tanto grandes campeones como ‘gregarios’ y de recuerdos gráficos y de otro tipo no solo es enorme, sino también muy completo: “Están todos o, mejor dicho, una parte. Porque para meter todo lo que ha habido en el ciclismo necesitaría veinte exposiciones como esta”.

Siempre le gustó reunir objetos relacionados con este deporte, aunque señala que la puesta en marcha del G.D. Teka y su salida al pelotón profesional en 1976 marcaron un hito en esta afición. “Empecé a viajar para ir tomando contacto con organizadores y federaciones. En aquella época tenían que invitarte a las carreras y a veces incluso pagar por participar, como en el Tour que cobraba dos millones y pico de pesetas a cambio de darte alojamiento y poner tres coches en carrera a cada equipo”. De esos viajes, de las reuniones y las competiciones nacían muchas relaciones, también con muchos corredores. Es precisamente el encuentro con uno de ellos, el mejor de todos los tiempos, donde Santiago Revuelta sitúa, simbólicamente, el origen del museo. Su memoria no puede precisar si fue en la ‘Grande Boucle’ de 1977 o de 1978, pero sí recuerda el agradecimiento que Eddy Merckx le mostró por ayudarle cuando se vio involucrado en una caída y el coche de su equipo no estaba cerca para asistirle.

“Merckx tuvo una caída con varios corredores, uno hizo el afilador y en cuanto cae uno, caen en serie. Nuestro mecánico le dio dos ruedas y, como le dolía la cabeza, yo le di un analgésico y un bidón de agua. Luego llegó su director, Lelangue, ¿qué pasa Eddy? Ya me han atendido estos… Siguió y cazó al pelotón”, relata el que fuera gerente del Teka. Aquel gesto tuvo su epílogo un par de días después, mientras los equipos esperaban a que los motoristas de la gendarmeria iniciasen la marcha hacia la salida de la etapa. Un sonriente ‘Canibal’, cargado con una gran bolsa de deportes en una mano y sus zapatillas de correr en la otra, aparece en el aparcamiento del hotel. “No se me olvidará nunca… ‘¡Bonjour! Ça va bien’… y dijo en francés: hoy voy a atacar. Coincidíamos allí tres equipos, el de Merckx, el de Gimondi y el nuestro. Entonces, abre la bolsa, saca un maillot y se acerca: señor Revuelta, ‘merci’, un obsequio. Y me dio el maillot que tengo ahí”.

La revolucionaria bicicleta con la que Francesco Moser batió el récord de la hora en 1984. Foto: Nacho Cubero.

Cada vez iba conociendo a más corredores, directores o auxiliares en las carreras y a algunos, con los que más confianza tenía, les preguntaba si disponían de algún maillot para él. El regalo de Merckx era emblemático, y a medida que iba reuniendo más no dejaba de rondarle la idea de que algún día podría verlos expuestos en algún sitio. La oportunidad llegó, años después de dejar el ciclismo profesional, cuando estaba a punto de poner fin a la actividad empresarial que había desempeñado al margen del deporte. Ordenando un trastero de su casa se dio cuenta del volumen de los recuerdos que había ido atesorando: “Había más de cuarenta maillots, tenía gorras, bidones y muchas otras cosas guardadas por ahí. En ese momento pensaba traspasar las tiendas de confitería –veintisiete llegué a tener– y ya estaba vaciando esta nave, que era desde donde las distribuía. Con todo esto ya vacío, mi nieto y yo empezamos a bajar todo lo que tenía en casa y, con un nivel y una cuerda, a colocarlo”.

A lo largo de los años, ha ido reuniendo todos estos obsequios. Sobre todo maillots –que a su vez sirven para ilustrar la larga lista de firmas que durante décadas han patrocinado el ciclismo– y un número incalculable de piezas sueltas. “Muchas veces me decían: toma, Santiago, por si te vale para algo. Yo las recogía, a mí me valía todo. Pero también empecé a comprar porque me enteraba que Fulano vendía la bici. O pedía a un equipo que me vendiera alguna y me solían decir que sí, que al final de la temporada. Yo les decía que me dieran alguna curiosa: tenemos aquí una de Hinault, ¿te parece bien? Me parece de p… Pero también la pagaba más cara. Además, iba a subastas y compraba por internet, en Ebay”. Las bicicletas, que con un mantenimiento profesional son auténticas máquinas de precisión y pueden durar indefinidamente, no se regalan así como así y eso queda claro en el museo donde, de las más de cuatrocientas con que cuenta la colección, apenas ocho son donadas.

“Esto lo he hecho, insisto, motivado por mi afición y porque tenía que devolverle al ciclismo algo de lo mucho que me ha dado”. Santiago Revuelta.

Sin contar otros costes que se hayan podido originar, como acondicionar el espacio expositivo o su mantenimiento, simplemente la compra de alrededor de cuatrocientas bicicletas, algunas muy cotizadas por los coleccionistas, supone un fuerte desembolso, que en este caso ha sufragado el propio Santiago Revuelta. Ante la cuestión, que probablemente le han formulado en no pocas ocasiones, de por qué no lo financia con la venta de entradas su respuesta no deja lugar a la duda: “Esto lo he hecho, insisto, motivado por mi afición y porque tenía que devolverle al ciclismo algo de lo mucho que me ha dado”. La gratuidad es uno de sus rasgos distintivos, en comparación con otros museos de similares características, pero sobre todo le diferencia la impronta de su creador: “He tenido contacto con más del ochenta por ciento de todo lo que hay expuesto aquí. A unos les he tenido como corredores durante dieciséis años, a una media de veinte por temporada. A los demás les he tratado en muchas carreras”.

Patrón del Teka

Tan pronto como el visitante entra en la exposición, al primer golpe de vista, se encuentra con algo que representa la parte más importante de la trayectoria de Santiago Revuelta, su etapa como ‘patrón’ del Teka: un Renault 12 y un Peugeot 505, el primer y el último de los coches auxiliares que la ‘escuadra’ cántabra utilizó en competición entre los años 1976 y 1990. Con su aparición se sumaba a un por entonces exiguo pelotón profesional español formado por el Super Ser y el Kas. “Fui el primer gerente de ciclismo en España. En muchos medios se ha publicado que fue el equipo que cambió el sistema y que su alma mater, Santiago Revuelta, siempre iba por delante”. Con el patrocinio de la firma de electrodomésticos del barrio de Cajo, su primer presupuesto fue de cincuenta millones de pesetas, una cantidad considerable para la época, aunque advierte: “Pero había equipos, incluido el Kas, que ya costaban ciento y pico millones. También saqué cosas regaladas para Teka”.

El Renault 12 y el Peugeot 505 que fueron, respectivamente, el primer y último modelo utilizados como coches auxiliares por el Grupo Deportivo Teka. Foto: Nacho Cubero.

Santiago Revuelta se encargaba de gestionar las cuentas, y la empresa Teka no intervenía en otra cosa que ingresar mensualmente las nóminas de los corredores y auxiliares y hacerse cargo de otros gastos necesarios. Destaca especialmente el de los vehículos, que sufrían mucho en carrera y debían sustituirse regularmente: “Había un gasto determinado en coches. Hubo un año que llegamos a tener siete y el autobús”. Este fue otra sus grandes aportaciones, ya que en los años setenta ningún equipo disponía de una comodidad así para los corredores: “Ocaña, con quien salí mal, dijo un día que lo más grande y hermoso que tenía el Teka era el autobús”. Sus patrocinadores –Gómez Casuso, director de la filial cántabra, y el doctor Graf, responsable de la matriz alemana– estaban muy satisfechos del rendimiento publicitario de toda esa inversión porque, a su vez, los resultados deportivos eran muy buenos: “Nos dedicábamos a ganar carreras: quinientas y pico carreras en total. Etapas en el Tour, en el Giro… ganábamos en todas las carreras”.

El carácter innovador de Santiago Revuelta no solo se manifestó en su etapa como gerente del G.D. Teka, también creó escuela como promotor de carreras ciclistas: “Cuando yo organizaba la Vuelta a Cantabria, ya tenía un camión escenario en las metas. La Vuelta a España, que entonces ponía unas vallas sujetando un tablado donde se subían los corredores y unas vigas de madera con la pancarta del gran premio, puso el camión cuatro o cinco años después”. Afirma que sus ideas también inspiraron a su amigo José Antonio Soto Rojas, atleta especializado en largas distancias, que en 1980 puso en marcha la prueba de los ‘100 km Pedestres Ciudad de Santander’ y que en la actualidad colabora activamente en el día a día del museo ciclista; a la vez, en las dependencias superiores de la nave, prepara en varias salas sendas exposiciones relacionadas con el atletismo: una dedicada íntegramente al medallista olímpico José Manuel Abascal, otra a la trayectoria del propio Soto Rojas y una tercera a carreras internacionales en la modalidad de 100 km.

Un museo en crecimiento y con compromiso de continuidad

La parte superior de la nave de la calle La Gloria, en San Román de la Llanilla, todavía dispone de espacio en el entresuelo y en el piso superior para habilitar más zonas de exposición, para dar salida al abundante material que Santiago Revuelta aún tiene guardado. “Yo sigo comprando. Ayer he comprado una bicicleta con los cambios en la barra que sube hacia el sillín. Es una virguería que llevaba Coppi y esa gente en aquellos años y por la que he pagado más de lo que debía, pero quería tenerla antes de que me llegue el turno de marchar”. Su propósito es que el museo siga creciendo y que el proyecto le sobreviva: “He hecho un contrato general con mi hijo en el que se compromete ante notario a continuar veinticinco años (con veinticinco años más, Dios quiera que los viva, mi hijo tendrá los que yo tengo ahora) y para que no se toque ni una pieza. Al revés, para que se añada aquí todo lo que se pueda”.

“Un poco más adelante. En cuanto terminemos lo de arriba queremos que lo inauguren Freire e Induráin”. Santiago Revuelta.

Desde que abrió al público, hace trece años, el Museo del Ciclismo ha recibido a más de 42.000 visitantes. Una cifra más que estimable si tenemos en cuenta que no ha sido especialmente publicitado y que, más bien, su existencia ha ido corriendo de boca en boca entre los aficionados. Pendiente de concluir la ampliación de la exposición, Santiago Revuelta guarda en una carpeta de su despacho las pruebas para la imprenta de lo que serán unos dípticos promocionales: “Un poco más adelante. En cuanto terminemos lo de arriba queremos que lo inauguren Freire e Induráin”. Los aficionados podrán disfrutar entonces de más bicicletas, maillots o fotografías, pero una cosa seguirá igual: la presencia cada día de un hombre que es parte de lo que allí se expone y que, a riesgo de que la visita pueda alargarse, les contará todo tipo de historias sobre el ciclismo: “Muchas veces me dicen: me alegro enormemente de haber estado más tiempo aquí porque las anécdotas siempre son interesantes”.

Los viticultores cántabros desafían las limitaciones del terreno y la climatología, especialmente desfavorable en la campaña actual, mientras se apoyan en el turismo para impulsar el crecimiento del sector. Aunque Liébana sigue siendo la comarca más conocida por su tradición en la elaboración de vino, es la indicación geográfica protegida (IGP) Vino de la Costa de Cantabria la que concentra el mayor volumen de producción y más ha impulsado su comercialización.

Ana Bringas | Noviembre 2024

Es casi imprescindible en la celebración, protagonista en el brindis y un acompañante excepcional para maridar las comidas más deliciosas. El vino atrapa el sabor de la uva y lo convierte en un producto que habla por sí mismo sobre su elaboración. El cántabro, en particular el que se formula bajo la indicación geográfica protegida (IGP) Vino de la Tierra Costa de Cantabria, nace entre las montañas y las olas, desafiando al caprichoso clima de nuestra región con la ayuda esencial de los pequeños productores que miman y protegen cada racimo de las inclemencias meteorológicas que experimenta el área de producción delimitada para su elaboración y sus consecuencias.

No todas las variedades obtienen ese sello de categoría que otorga la Oficina de Calidad Alimenticia de Cantabria (Odeca) para considerarse como IGP, de hecho los viñedos deben cumplir con un estricto pliego de condiciones para incluirse en la lista, y tampoco es más sencillo lograr comercializar su producción. Este reconocimiento protege la calidad de los vinos y apoya a los productores que continúan revitalizando la tradición vitivinícola en una región donde el esfuerzo humano es indispensable para afrontar las dificultades marcadas por el clima, las limitaciones de espacio y el mercado.

La zona comprendida para el Vino de la Tierra Costa de Cantabria se emplaza entre el mar y los valles interiores de influencia atlántica hasta la cota de 600 metros. De allí emergen vinos en su mayoría blancos y muy frescos, con aspecto limpio y brillante. Son mostos de una moderada graduación alcohólica y un equilibrio adecuado entre alcohol y acidez que conlleva una baja concentración en azúcares. Esta IGP autoriza variedades de uva en su mayoría blancas como Albariño, Chardonnay, Godello, Ondarribi Zuri, Riesling, Gewurtz Traminer y Treixadura (blancas), sin embargo también admite el tinto de Ondarribi Beltza.

Labores de vendimia en los viñedos de la Bodega Vidular, una de las pioneras en la elaboración del vino de la IGP Costa de Cantabria. Foto: Nacho Cubero.

La tradición del cultivo de vid en Cantabria se remonta al siglo XII. Desde entonces, los viticultores se han enfrentado a numerosos obstáculos, aunque las últimas dos décadas han sido claves en el desarrollo del sector. El origen real está en los monasterios y las familias locales que producían vino para el consumo doméstico y litúrgico. Hoy en día, gracias a la IGP, la región ha podido profesionalizarse con vinos que capturan la esencia de la tierra cántabra y, pese a que llegar al mercado es una tarea ardua, los consumidores alaban la producción de Cantabria en esta materia que juega también con el enoturismo para llamar la atención sobre sus vinos.

Los datos de la producción vinícola en España

De las 17 comunidades autónomas que conforman España ­–más sus dos ciudades autónomas– 12 producen vino con indicación geográfica. La que más variedades elabora es Andalucía, con 16 tipos; seguida por las Islas Baleares, con 6; y Aragón y Galicia que empatan en cinco clases de vino. El resto, Castilla la Mancha, Castilla León, Extremadura, La Rioja, Murcia, Navarra, Valencia y Cantabria producen entre una y dos variedades bajo indicación geográfica protegida. En el caso de nuestra región, son el Vino de la Tierra Costa de Cantabria y el Vino de la Tierra de Liébana, que juntos sumaron en la última campaña 1.575 hectolitros (hl) de producción.

Los datos de 2022/2023 a nivel nacional revelan un descenso del 12,64% respecto a la temporada 2021/2022, siendo las IGP de Castilla (1.314.128 hl), Extremadura (197.744 hl) y Castilla y León (177.513 hl) las que más volumen han comercializado correspondiendo un 73,74%, un 11,10% y un 9,96% respectivamente del total, cifrado en 1.782.065,81 hl. Del mismo informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación se desprende que en cuanto a comercialización predomina el vino tinto (48,80%), seguido por el blanco (41,17%), mientras que el vino rosado representa el 9,81% de la producción.

Poniendo el foco en el Vino de la Tierra Costa de Cantabria, los registros indican que el año pasado eran 23 los viticultores que cosechaban dentro de esta IGP, y lo hacían en una superficie de 57 hectáreas, es decir, 570.000 metros cuadrados. Sin embargo, los últimos datos muestran que ya son 24 los viticultores en esta modalidad y 11 las bodegas que consiguieron producir en la campaña 2022/2023 1.385 hectolitros de vino blanco que fueron destinados de manera íntegra a comercialización interior, sobre todo en la misma región, lo que se traduce en un valor económico de 1.108.000 euros. Con todo, es la séptima IGP con mayor número de bodegas en España.

La IGP Vino de la Tierra Costa de Cantabria es la séptima con mayor número de bodegas en España, con 11.

Mucho más pequeña es el área donde se cultivan las vides destinadas a la IGP Vinos de la Tierra de Liébana: 15 hectáreas, aunque son 25 los agricultores y 5 las bodegas que pertenecen a este grupo. Aunque la denominación es más popular, la producción obtenida es mucho menor con 190 hectolitros en la temporada pasada como fruto del área de producción que se encuentra delimitada por los términos municipales de Potes, Pesaguero, Cabezón de Liébana, Camaleño, Cillorigo de Liébana y Vega de Liébana. De dichos terrenos nacen vinos tintos, frescos, de aspectos limpios y brillantes, sabrosos y equilibrados, con un adecuado equilibrio entre alcohol y acidez y de color intenso. En este caso, de los 190 hectolitros, únicamente 63 se comercializaron –59 de tinto y 4 de blanco–, también en mercado interior resultando en un valor económico de 80.375 euros.

Cantabria no comercializa su vino con indicación geográfica fuera del territorio nacional, de hecho, del total de la producción de vino en IGP en España solo el 27% se destina a comercialización más allá de nuestras fronteras, siendo la Unión Europea el principal destino con Alemania a la cabeza, seguido por Holanda y, en tercer lugar, Japón se cuela en la lista de compradores de vino español, aunque no cántabro.

El crecimiento de la IGP Costa de Cantabria

Si nos remontamos 10 años atrás, a la campaña 2012/2013, el vino Costa de Cantabria abarcaba una superficie de 40 hectáreas en las que trabajaban 14 viticultores, 10 menos que hoy en día; y 8 bodegas frente a las 11 actuales que consiguieron elaborar en aquel entonces 1.494 hectolitros de vino blanco, 109 más que en la última temporada en la que el tiempo jugó, como de costumbre, un papel protagonista en la cosecha. No obstante, pese a la mayor producción, solo se comercializaron 556 hectolitros, todos ellos en mercado interior con valor económico de 444.520 euros. En este sentido, se denota una mejora en la introducción del vino en el mercado en la última década ya que al confrontar los datos destaca que en 2023 se comercializó el total de la producción con un valor nacional de 1.108.000 euros.

En el caso del Vino de Liébana, y de acuerdo al informe, se ha dado un aumento en el número de viticultores y bodegas, pero un descenso en la producción. En 2013 esta IGP contaba con un único viticultor con 7 hectáreas y 3 bodegas, y una producción de 655 hectolitros de vino tinto de los que se comercializaron 312, con un valor económico en el mercado nacional de 374.880 euros. En 2023 el dato desciende hasta los ya apuntados 80.375 euros por los 190 hectolitros que llegaron al mercado.

Lo que queda claro es que, si bien los productores están a merced de la meteorología, el mercado ha recibido un impulso en los últimos años gracias a los esfuerzos de promoción y marketing de Cantabria y sus productos. “Cantabria está de moda”, lo dice Asier Alonso, de Bodegas Sel D´Aiz, emplazadas en Corvera de Toranzo desde 2009. El espaldarazo al turismo en la región, y por ende también al enoturismo, despierta el interés de los aficionados de los vinos por los que se elaboran aquí.

Limitaciones administrativas al crecimiento

A pesar de ello, son las restricciones administrativas el principal obstáculo para que negocios como el de Asier puedan rentabilizar la producción de sus vinos con Indicación Geográfica Protegida. “No sabemos cuánto vamos a poder crecer por las limitaciones de disponibilidad de superficie para plantar viñedos, el futuro es un poco incierto. Va a ser muy complicado que personas que hasta ahora han sido ajenas al sector puedan introducirse en él, ya que se priorizan las solicitudes de los que ya tienen superficie con vides. Yo soy partidario del crecimiento paulatino y equilibrado en función de la demanda”, apunta.

Del mismo modo, Asier Alonso, que es miembro de la reciente asociación empresarial de productores Cantabria Brinda, impulsada por la Oficina Agroalimentaria de la CEOE-Cepyme, destaca como otra opción de apoyo la elaboración de mostos fuera de la IGP: “Que la filosofía de tu negocio sea trabajar con vinos amparados por la Indicación Geográfica Protegida de Cantabria no quiere decir que en un momento dado no puedas producir otros vinos en tu bodega para hacer sostenible tu proyecto”, y añade que el enoturismo supone una “fuente de crecimiento sólida” para el sector.

Mikel Durán, director de Bodegas Vidular. Foto: Nacho Cubero.

Algo, esto último, que bien saben desde Bodegas Vidular, una empresa que se originó en 1999, cuando la familia Durán, pionera en el sector en Cantabria, decidió plantar vides en la zona oriental de la región. En la actualidad, ya consolidados, cuentan con tres referencias: el blanco Ribera del Asón, el Cantabricus y el brut albariño Cantabricus, un espumoso en el que han invertido tres años de pruebas. Tienen en explotación 9 hectáreas repartidas entre las localidades de Voto, Solórzano y Bárcena de Cicero, a las que se suman sus instalaciones de turismo rural donde desarrollan actividades de enoturismo.

Tal y como explica Mikel Durán, desde el principio tuvieron claro que el turismo vinícola era una apuesta necesaria y segura. “Organizamos visitas unos 360 días al año y también ofrecemos la posibilidad de quedarse en los alojamientos rurales entre los viñedos. Aquí tenemos la dificultad de la climatología, y eso nos da seguridad”, explica el director de Vidular, que destaca lo que esa diversificación aporta en términos estratégicos: “Los números en el mundo del vino se echan cada cinco años, puedes tener varias campañas consecutivas maravillosas, pero seguro que una te viene con una granizada. En esos casos el apoyo de las visitas y los alojamientos es esencial para poder vivir del negocio”.

El desarrollo de su empresa fue lento pero seguro, arrancaron con tres hectáreas y obtuvieron sus primeras cosechas en 2004, desde entonces mantienen a sus primeros clientes. “Nos hicimos un hueco por el factor sorpresa”, relata Durán, quien también subraya los cambios que se han producido desde entonces en la forma de consumir, y los vínculos con lo local: “Estamos viviendo una revolución gastroalimentaria que nos beneficia. Los turistas van en busca de sensaciones y sabores que llevarse en el recuerdo, por eso nosotros queremos vender en Cantabria, no en Nueva York ni en Hong Kong. Nuestra supervivencia es gracias a la respuesta de los hosteleros cántabros y les estamos eternamente agradecidos”.

El proyecto de Juan de Miguel

En otro punto está el proyecto de Juan de Miguel. El empresario, conocido por presidir el grupo de construcción SIEC, cuenta entre sus negocios con empresas de servicios, hostelería y hotelería, en las que ya ha implementado el albariño producto de su incursión en el sector del vino en la IGP Costa de Cantabria. Así, cuenta desde 2017 con una pequeña plantación de viñedo de dos hectáreas emplazada en Novales, en la localidad de Alfoz de Lloredo donde previamente cultivó kiwis. Aprovechando la instalación existente para dichos árboles, colocó vides en espaldera, que, al estar alejadas del suelo, dificultan la aparición de enfermedades endémicas de la planta desencadenadas por la humedad. “Esa es nuestra particularidad”, detalla. En su caso, al cubrir únicamente la función de viticultor, la cosecha se convierte en vino embotellado con la colaboración de la Bodega Bahía de Santander en Castanedo. Por el momento, no contemplan elaborar vino para su venta, aunque sí han recibido numerosos piropos por parte de quienes ya han probado el vino en los diferentes negocios del empresario. “El vino tiene buena calidad porque la tierra de Novales es muy rica en minerales y eso la uva lo refleja”, describe, y deja abiertas las posibilidades que pueden abrirse en el futuro para sus vinos: “De momento vamos a seguir con lo que tenemos y, si se consolida, veremos si merece la pena seguir ampliando la producción”.

Juan de Miguel, presidente del Grupo SIEC, en el viñedo donde cultiva uvas de la variedad albariño. Foto: Nacho Cubero.

La vendimia este año no ha sido la mejor. Las condiciones idóneas para conseguir una buena producción son las estaciones marcadas: inviernos fríos, primaveras templadas y veranos calurosos. En temporadas como esta, en las que los días estivales brillan por su ausencia, los hongos proliferan en las vides y los viticultores se ven obligados a doblar sus esfuerzos –y sus inversiones– para aplacarlos o mitigar su efecto. “Así nos damos cuenta de que en los años malos también podemos hacer vino, pero los costes se triplican”, lamenta Mikel Durán. Con todo, su proyección a futuro es halagüeña. Seguirán confiando en la relación cercana con los clientes y la venta en bodega para fidelizarlos, aunque, para los hermanos Durán, el objetivo va más allá de eso: “Esto es un modo de vida, no nos mueve tanto el fin económico, aquí encontramos un bienestar que otros negocios no te dan”. Aunque el camino no es sencillo, el sector sigue evolucionando con proyección de futuro, mostrando que el vino blanco cántabro merece un hueco en el mercado pese a su aún extendido desconocimiento que va borrándose gracias a la creciente demanda de experiencias gastroalimentarias en la región y el impulso de la asociación entre empresarios.

El presidente de la Agrupación Empresarial de Transporte de Cantabria (Aetrac) repasa la actualidad del sector, marcada por el incremento de la actividad, la escasez de conductores y los retos que plantea la digitalización y la incorporación de tecnología.

P.-¿Qué valoración hacen desde Aetrac de la evolución de la actividad del transporte de mercancías por carretera en Cantabria en lo que llevamos de año?

R.- Durante el primer semestre de 2024, el transporte de mercancías por carretera en Cantabria ha mostrado un crecimiento notable. En el primer trimestre se transportaron 10,4 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 22,74% en comparación con el mismo periodo de 2023. Este crecimiento ha sido impulsado por varios factores, incluyendo la mejora de los precios del transporte y una disminución significativa del coste del carburante. Además, la nueva terminal del puerto de Santander ha contribuido positivamente, alcanzando los 7 millones de toneladas transportadas, un incremento del 9%

P.-En ese contexto, ¿cómo ha evolucionado la rentabilidad de la actividad y, en general, la capacidad del sector para repercutir sus costes a las tarifas que cobran a sus clientes?

R.- El sector del transporte de mercancías por carretera tiene una capacidad limitada para repercutir sus costes a los clientes. Esto se debe a varios factores: el primero de ellos es la intensa competencia que existe en un mercado altamente competitivo, lo que dificulta que las empresas puedan trasladar completamente los aumentos de los costes a los precios finales sin perder clientes; otro factor es la significativa fluctuación de los costes variables, principalmente los combustibles, que aunque muchas empresas puedan ajustar sus tarifas en función de estos cambios, no siempre es posible hacerlo de manera inmediata o completa; también hay que tener en cuenta que muchas empresas de transporte operan bajo contratos a largo plazo con tarifas fijas, lo que limita su capacidad para ajustar los precios en respuesta a los aumentos de los costes. En resumen, aunque las empresas de transporte de mercancías por carretera intentan repercutir sus costes a los clientes, diversos factores limitan su capacidad para hacerlo de manera efectiva, aunque bien es cierto que los cambios normativos que se produjeron en marzo de 2022 han servido para mejorar, en términos generales, la rentabilidad del sector.

Andrés R. Tárano, presidente de la Asociación de Empresas del Transporte de Cantabria (Aetrac). Foto: Nacho Cubero.

P.-La falta de conductores se señala reiteradamente como uno de los principales problemas a los que se enfrenta el transporte. ¿Cuál es el alcance del problema en Cantabria y qué puede hacerse, tanto desde el propio sector como desde la Administración, para avanzar en una solución?

R.- Las estimaciones sobre la falta de conductores profesionales en nuestra región se sitúan en el entorno de los 1.500 para los próximos cinco años, debido principalmente a la elevada edad media de los conductores actuales y la ausencia de un relevo generacional para cubrir las vacantes. Respecto a qué puede hacerse, hay varias estrategias que pueden ayudar a mitigar este problema. Mejorar las condiciones laborales y sociales, ofreciendo salarios competitivos, mejores condiciones de trabajo y horarios más flexibles, pueden atraer a personas que buscan un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal, etc. Implementar programas de formación que sean accesibles y subvencionados. Además, sería muy importante simplificar el proceso de obtención de los permisos de conducir vehículos pesados y ayudar a los futuros aspirantes a sufragar su coste económico. Hay que promocionar el sector realizando campañas de concienciación para destacar las oportunidades y la importancia del trabajo de los conductores, ayudando a cambiar la percepción pública y atraer a nuevos talentos. También es necesario invertir en tecnologías que mejoren la eficiencia y seguridad del transporte haciendo el trabajo más atractivo. Incentivar desde las Administraciones a las empresas que inviertan en la formación y contratación de nuevos conductores, mediante ayudas o incentivos fiscales. Ampliar las áreas de estacionamiento de los vehículos, garantizando la seguridad de los mismos y de sus conductores y facilitándoles todos los servicios necesarios para su descanso.

P-¿Cómo valora Aetrac los actuales mecanismos de acceso a la profesión, ya sea a través de la formación reglada o de cursos específicos?

R.- Debemos distinguir entre el acceso a la profesión de conductor y a la profesión de transportista. Respecto de la primera, en la que se requiere el Certificado de Aptitud Profesional (CAP), los mecanismos pasan por lo comentado en la respuesta anterior. Sobre el acceso a la profesión, lo que se conoce como Certificado de Competencia Profesional (CCP), la unificación de criterios a nivel nacional sobre las pruebas de aptitud, ha puesto en evidencia la mala calidad de la formación impartida por algunos de los centros que se dedican a este tipo de enseñanza y cuyo objetivo prioritario es meramente mercantil. Por ello, desde mi punto de vista, sería lo más razonable acceder a la profesión a través de la formación reglada.

P.-Tras la prórroga de hace un año, en los próximos meses se irá incorporando la obligación de implantar el tacógrafo digital de última generación a toda la flota. ¿Cómo contemplan ese proceso, el impacto económico que puede suponer y el alcance de las ayudas habilitadas para acometerlo?

R.- Teniendo en cuenta que la obligatoriedad de implantación del tacógrafo inteligente de segunda generación lo es para los vehículos que realicen transporte internacional y en Cantabria hay algo más de 2100 vehículos autorizados, a pesar de las primeras dificultades que hubo respecto a su abastecimiento, el proceso en la actualidad se está haciendo de manera paulatina, para llegar a la fechas exigidas con todos los vehículos equipados. Hay que tener en cuenta que ya desde el 21 agosto de 2023 todos los vehículos nuevos ya vienen equipados con este tacógrafo de segunda generación. Todos los vehículos matriculados anteriormente y que tengan tacógrafo analógico o digital si quieren hacer transporte internacional deberán tener instalado el nuevo tacógrafo, a mas tardar el día 31 de diciembre de 2024. Y para aquellos vehículos que hacen transporte internacional con vehículos que ya disponen de un tacógrafo inteligente, deberán tener instalado el nuevo tacógrafo a partir del 19 de agosto de 2025. Respecto del impacto económico de esta medida, dependerá del tipo de tacógrafo a sustituir, situándose su costo en el entorno de 2.000 euros por unidad. El Gobierno de Cantabria ha destinado un importante paquete de ayudas para este fin dependiendo del tamaño de las empresas, llegando prácticamente a subvencionar el gasto total en el caso de los transportistas autónomos.

Andrés R. Tárano junto a Gerardo Pontón, secretario general de Aetrac, en la rueda de prensa previa a la asamblea de la asociación del pasado junio. Foto: Nacho Cubero.

P.- ¿Cuál sería en su opinión el principal obstáculo para avanzar en la digitalización del sector? ¿Es una cuestión económica, de formación…?

R.- Yo creo que el primer obstáculo tiene que ver con la reticencia al cambio. Muchos profesionales del sector son reacios a adoptar nuevas tecnologías debido a que no están muy familiarizados con ellas y se encuentran cómodos con los métodos tradicionales. También la fragmentación del sector, con una estructura altamente atomizada, con muchas pequeñas empresas y autónomos hace muy difícil la implantación uniforme de las soluciones digitales. Otro aspecto a tener en cuenta son los costes iniciales. La inversión inicial en tecnología y formación puede ser significativa, lo que puede ser un impedimento para las empresas más pequeñas. Y un aspecto más puede ser la seguridad de los datos. La preocupación por la seguridad y la privacidad de los datos puede ser un obstáculo, especialmente en un sector donde la información sensible es crucial. No obstante, el proceso de digitalización en el sector ya está en marcha y es imparable. Muchas empresas de transporte, sobre todo en el sector logístico, ya han ido introduciendo de manera paulatina la documentación electrónica en sus procedimientos, adelantándose a los plazos de su obligatoriedad, previsiblemente en 2026.

P.- La concesión de la Ciudad del Transporte se ha prorrogado recientemente por un periodo de seis meses. ¿En qué situación se encuentran las iniciativas para habilitar un nuevo espacio que sustituya a esta infraestructura? ¿Cuál sería la preferencia de su asociación en cuanto a la ubicación de la misma?

R.- En una reciente entrevista con el Consejero de Fomento se nos avanzó que el Gobierno de Cantabria está barajando diversas soluciones para habilitar espacios para resolver al problema de los aparcamientos de vehículos pesados que se ocasionará por el fin de la concesión portuaria de la Ciudad de Transporte de Santander. En cualquier caso, se nos ha garantizado que los camiones no saldrán de la Ciudad de Transporte hasta que dicho problema quede resuelto. Respecto a nuestra preferencia sobre las ubicaciones, teniendo en cuenta que los transportistas que aparcan en la Ciudad de Transporte y que llevan más de treinta años en ella se encuentran radicados en el arco de la Bahía de Santander, evidentemente este es el perímetro preferente.

P.-El Puerto de Santander se movió el año pasado en cifras récord. ¿Qué impacto tiene esto en el sector del transporte de mercancías por carretera de Cantabria?

R.- Muy positivo. Hay que tener en cuenta que el Puerto de Santander constituye la industria más importante de nuestra región y que la mayoría de las mercancías que se mueven lo hacen a través del transporte por carretera. Esto incluye tanto mercancías generales, vehículos en el tráfico ‘ro-ro’, como contenedores. Aunque el puerto ha mejorado sus infraestructuras ferroviarias, el transporte por carretera sigue siendo esencial para complementar estos modos de transporte, facilitando la última entrega, por lo que hace de nuestro sector un componente vital para el funcionamiento y la competitividad del Puerto de Santander. Por eso, los buenos datos sobre el movimiento de mercancías y su crecimiento constante representan para nuestro sector un motivo de satisfacción y, por lo cual, no debemos por menos que felicitar a sus gestores.

La Escuela de Cine y Televisión de Javier Cifrián y Carmen Gutiérrez cuenta con  más de 300 alumnos entre los que destacan talentos emergentes como los actores Jacobo Camarena u Óscar Saiz, que ya forman parte de grandes proyectos audiovisuales tras pasar por el trampolín de su sede en el Sardinero. Aunque las propuestas formativas de la escuela van más allá de convertirse en un intérprete profesional, los cursos de interpretación son el principal reclamo de un centro que atrae a alumnos de otras regiones y que se plantea crecer con nuevas sedes.

Ana Bringas | Septiembre 2024

Ser actor en Cantabria o formarse como tal suena difícil, de hecho hasta hace unos años era casi imposible conseguir una oportunidad sin salir a encontrarla, y es que esta región no es precisamente Hollywood. La lista de intérpretes naturales de la popularmente conocida como ‘tierruca’ que han tenido que partir para buscar oportunidades –y también formación– fuera de nuestras fronteras es extensa: Eduardo Noriega (‘Abre los ojos’, ‘El espinazo del diablo’, ‘Los otros’); Marta Hazas (‘Velvet’, ‘El internado’, ‘Las chicas del cable’); o Ruth Díaz (‘Tarde para la ira’, ‘Dolor y gloria’, ‘Ni una más’) son caras muy conocidas del panorama artístico español que en su juventud se mudaron a la capital española para forjar sus carreras y convertirse en lo que ahora son. Este también fue el caso del actor y director Javier Cifrián (Santander, 1973), quien dejó su ciudad natal en 1996 de manera forzosa para seguir su sueño.

Casi treinta años después, con una dilatada carrera a sus espaldas y su meta cumplida, Cifrián se redime con la Escuela de Cine y Televisión de Cantabria. Él, como actor y director, y Carmen Gutiérrez, como gestora cultural, fueron los encargados de impulsar el centro de formación que comenzó su actividad en 2015 y que, a día de hoy, registra una gran demanda por parte de los alumnos, que en este momento son más de 300 de entre 8 y 87 años. La academia funciona como un semillero de talentos en Cantabria para una nueva generación de intérpretes que ya están presentes en los repartos de series y películas.

Javier Cifrián, en el plató de la Escuela de Cine y Televisión, en Santander. Foto: Nacho Cubero.

La idea de poner en marcha una Escuela de Cine y Televisión en Santander surgió por la “espinita” de Javier Cifrián, que se inició en el mundo de la interpretación por casualidad. Recuerda cómo un amigo le invitó a una obra teatral en la que participaba en el Palacio de Festivales: “De repente me pegó un flechazo, supe que eso era lo que quería hacer con mi vida. Al día siguiente me apunté allí a un curso de cuatro horas semanales y me quedé con muchas ganas de seguir aprendiendo”, confiesa. En ese tiempo, el emblemático Palacio de Festivales santanderino constituía la única opción a la hora de recibir formación teatral en Cantabria, y los interesados en recibir clases en una escuela oficial de arte dramático debían escoger entre Madrid, Barcelona, Sevilla o una nueva alternativa: Canarias. Hasta allí viajó Cifrián porque, tal y como detalla, el profesorado provenía de las mejores escuelas de interpretación europeas.

Una vez graduado y ya durante el ascenso de su carrera, viajó por toda Europa de la mano de una compañía teatral y se introdujo en el cine y la televisión. En el transcurso de ese tiempo una idea resonaba de manera constante en su cabeza: “En mi tierra no hay nada de esto” y, con ella, la propuesta de tomar la iniciativa y “montar algo parecido”, pero esa sugerencia siempre llegaba en compañía de varios desafíos que la hacían parecer abocada al fracaso: “En Santander hay poca gente, no sé cuánto interés generará, dónde puedo encontrar apoyo…” eran interrogantes a los que finalmente al actor hizo frente y, con todo, se aventuró a pedir el respaldo del Gobierno de Cantabria, en concreto del área de Cultura, para emprender y convertir en realidad su escuela. “Nos cedieron un espacio los sábados por la mañana en el Palacio de Festivales”, explica, y allí, en el mismo espacio donde se produjo su flechazo con la interpretación, arrancó el germen de la actual academia.

“Los cursos se llenaban”, rememora con cierto regocijo, “entre 60 y 70 personas se quedaban fuera anualmente, lo que nos hizo ver que la idea funcionaba muy bien. Buscamos otras localizaciones para impartir clases de arte dramático y fuimos alquilando salas, pero nunca ofertábamos las suficientes plazas, daba igual si eran cursos dirigidos a niños o de interpretación para adultos. Así que hace tres años –los cumplirán en octubre– nos instalamos en la Plaza Rubén Darío del Sardinero”. En cuanto al local que alberga el centro, su director describe que son 150 metros cuadrados divididos en dos estancias: un hall de entrada y un plató diáfano que ocupa la mayor parte del espacio. En ese lugar es donde se desarrolla la acción: ”Aunque a veces nos desplazamos a rodar en la playa o los jardines aledaños al edificio”, matiza el actor santanderino.

Las clases

Hoy por hoy la Escuela de Cine y Televisión ofrece seis tipos de clases impartidas por profesionales en activo como Adrián Alonso, Lorena Güemes o el propio Javier Cifrián, que abarcan Cine y TV Infantil (de 8 a 12 años), Cine y TV Juvenil (de 12 a 17 años), Interpretación, Entrenamiento Actoral, Cine Musical y Curso de Cortometrajes. Este último se trata de una nueva propuesta que arrancará en octubre de este año de la mano de Guillermo Sanz, un galardonado cortometrajista cántabro. Cada semana se imparten 22 sesiones, de las cuales una veintena se desarrollan de lunes a sábado en su sede del Sardinero y las dos restantes en la filmoteca de Cantabria. A razón de 15 alumnos por clase, se traduce en unos 330 estudiantes en total y seis empleados fijos para atenderlos. Las tarifas de cada formación oscilan entre los 59 y los 89 euros mensuales y los 499 y 750 euros el curso completo que comprende de octubre a junio. Además, el negocio de Cifrián y Carmen Gutiérrez también gestiona el aula de teatro de la Universidad Europea del Atlántico y organiza diferentes campus, como los campamentos de cine del Ejecutivo de Cantabria u otros que se desarrollan en época estival o en periodos no lectivos en colaboración con ayuntamientos.

Alumnado y profesorado, tras una de las clases de la escuela. Foto: Nacho Cubero.

En efecto, las sinergias con organismos públicos, espacios culturales o centros educativos es uno de los principios de la escuela que protagoniza varios proyectos centrados en acercar el cine a municipios cántabros como Villaescusa, Los Corrales de Buelna o Camargo. Se trasladan hasta diferentes localidades para enseñar a los jóvenes de 12 a 17 años a producir cortometrajes que después se presentan al Festival de Santander. Asimismo, colaboran con la Consejería de Economía, Hacienda y Fondos Europeos en una iniciativa pensada para dar a conocer Europa a través del cine y también trabajan con colegios e institutos para inculcar el gusto por el séptimo arte.

No obstante, la línea de negocio más rentable es la interpretación de adultos. “En todos los cursos de esta materia hay lista de espera. Yo tengo una clase de entrenamiento actoral, dirigido a quienes quieren dedicarse de manera profesional a la actuación, con 17 alumnos desde hace cinco años y no se ha marchado ninguno”, especifica el director, a lo que añade que todas las plazas están cubiertas y “hay solicitudes de una treintena de personas”. Es evidente que hoy la escuela es una máquina bien engrasada que marcha sin obstáculos dada la demanda que registra, pero empezó siendo para sus fundadores una actividad complementaria. “La evolución de todo actor es pasarse a la dirección, pero creo que otro tipo de progreso es la docencia”, indica el intérprete que comenzó a dar clases de la mano de la actriz Rosa Casuso, quien le propuso iniciar un curso que constató el interés de los cántabros por este tipo de formación al quedarse 60 personas fuera. “Descubrí que la docencia me llena tanto o más que la interpretación, de hecho me han llamado para rodar algunas series que implican desplazarse a Madrid por un año y lo he rechazado. Con 50 años, no es que haya llegado a tocar techo y volver, pero me siento muy realizado con mi profesión. La aceptación que tiene la escuela nos está llenando mucho, estamos muy a gusto y se ha convertido en nuestro principal negocio, aunque siga trabajando en series y películas”, concede.

Éxito de la escuela

A la pregunta sobre la clave del éxito, Cifrián alude a su fórmula de trabajo, que se distancia de la más habitual -–el método Stanislavski, que pasa por utilizar la memoria emocional como principio para realizar una interpretación creíble– y utiliza en su lugar el juego teatral, que implica ‘jugar a ser’. El actor esgrime esta razón para justificar que su escuela cuente incluso con alumnos que se desplazan de otras comunidades: cinco alumnos del País Vasco, dos vienen de Asturias y, a los cursos intensivos de fin de semana, que cuentan con la participación de intérpretes y directores de renombre, acude incluso gente del extranjero, por eso y porque “muchos de los actores que han pasado por la aulas han sido seleccionado para rodar anuncios series y películas”. En esa categoría están Óscar Saiz (Santander, 1981) y Jacobo Camarena (Santander, 2003), ellos, como Javier, vivieron el “flechazo” de la interpretación.

A sus 20 años de edad, Camarena asegura que está “enamorado” de la profesión desde niño, y cuando vio la película de Bayona ‘Lo imposible’ algo se removió en él. “En mi vida había contemplado algo tan triste y bello a la vez. Era muy pequeño para saber que lo que sentía era pasión por la interpretación”. Sin embargo, una vez más la chispa de la casualidad –o el popular algoritmo de Instagram– hizo su efecto. “El móvil nos escucha, por eso me empezaron a aparecer anuncios de la Escuela de Cine y Televisión de Cantabria y empecé participando en un curso intensivo con 14 o 15 años”. Fue el impartido por Gracia Querejeta, al que siguió el taller de Devora Borque, directora de casting de la serie de TVE HIT. Así comenzó su carrera profesional, gracias al fichaje de Borque en la academia. Camarena se siente “muy agradecido”: “Era una muy buena manera de empezar en una producción de nivel nacional de la que yo era súper fan. La escuela es lo más, me encanta y mi primera oportunidad laboral vino con ellos. Es una suerte tener a Javi en Cantabria y que traiga a sus contactos a Santander”. Ahora el santanderino sigue formándose en su ciudad natal y tiene “algunos proyectos” entre manos de los que poco o nada puede desvelar.

Los actores Jacobo Camarena y Óscar Saiz, alumnos de la escuela. Foto: Nacho Cubero.

Más sonado es el debut de Óscar Saiz, quien, de la mano de Rodrigo Cortés, se ha adentrado en la industria cinematográfica con ‘Escape’, una película con Mario Casas como protagonista y Martin Scorsese en el papel de productor, todo después de pasar por las clases de Javier Cifrián. Su entrada a la interpretación vino precedida por unas lecciones de música. “Cantando me di cuenta de que se me daba bien interpretar, así empecé en la escuela”, manifiesta. “Ahora mismo ambas disciplinas están al mismo nivel, aunque de profesión soy informático”, destaca con cierta ironía cuando comenta lo que ha supuesto para él la interpretación: “He decidido quitar de mi vida lo que no me llena el alma”, por lo que ha dejado su trabajo para centrarse en su pasión, aunque admite que todavía no es consciente del salto. Sobre la interpretación detalla que “el salto es hacia dentro” y ahora “se siente más libre y se conoce más”.

Visto el rendimiento del negocio, Javier Cifrián, como director de la escuela proyecta un futuro con más sedes en Cantabria y también fuera de ella a largo plazo. “Hay pocos centros formativos así, centrados en cine y televisión y no tanto en teatro”, apunta y fija su vista en emplazamientos como Torrelavega para responder la demanda de la zona occidental o Castro Urdiales o Laredo para hacer lo propio con la oriental. “A lo largo de los años nos gustaría abrir en otras provincias”, concluye el actor.

La Cámara de Comercio de Cantabria promueve la interrelación entre las empresas con actividades que combinan el componente lúdico con la generación de contactos que abran la posibilidad a nuevas relaciones de negocio. Con la internacionalización, la sostenibilidad y la digitalización e innovación como ejes, el Club Cámara ofrece formación a medida, la posibilidad de usas las salas e infraestructura de la sede cameral y descuentos en las actividades que organiza la entidad. Con una cuota que va de los 100 euros que paga un autónomo a los 3.000 que abonan los ‘partners’, la plataforma, que cuenta actualmente con 250 socios, quiere alcanzar los 300 antes de que acabe el año.

José Ramón Esquiaga |  @josesquiaga | Julio 2024

No es una iniciativa completamente nueva, y tampoco es la primera vez que la Cámara de Comercio de Cantabria busca nuevas vías para aumentar su catálogo de servicios y su atractivo para las empresas. Pero el renovado planteamiento que se ha realizado al Club Cámara dota a esta plataforma de argumentos para hablar, cuanto menos, de un cambio de naturaleza. Frente a la atonía y falta de definición que le ha caracterizado en muchos momentos desde que el conjunto de cámaras de comercio pusieran en marcha esta red, la de Cantabria ha conseguido activar varias vías que consiguieron aumentar su atractivo y utilidad. Lo que se pretende ahora es darle un nuevo empujón.

Francisco Dueñas es hoy el responsable del Club Cámara, tras heredar esas funciones de Ana González Pescador, a quien no duda en señalar como la ideóloga de la transformación que ahora le toca a él dotar de continuidad. De ella partió la idea de hacer pivotar el Club Cámara sobre el concepto ‘doing business’, poniendo los medios que puede articular la cámara al servicio de sus socios, pero sobre todo haciéndolo para alcanzar objetivos concretos en beneficio del conjunto. “Se trata de dar forma a un verdadera plataforma de negocios, ofreciendo ventajas específicas a los socios, recogiendo sus ideas y generando una red de contactos”, resume Dueñas.

Los diferentes ‘clubes’ a los que han ido dando forma las distintas cámaras españolas se concibieron como una alternativa para que estas entidades captasen socios dispuestos a abonar una cantidad determinada por pertenecer a ellos, sustituyendo así en cierto modo a lo fue la cuota cameral obligatoria con la que estas corporaciones de derecho público se financiaron hasta 2012. Pero lo cierto es que, más allá de ese objetivo genérico, pocas fueron las que concretaron qué hacer para que a una empresa determinada le compensase pagar una cantidad anual a cambio de la pertenencia a ese círculo empresarial. “No se ha hecho mucho, eso es cierto, y eso es lo que planteó cambiar Ana, dotando de contenido al club de manera que a sus socios les sea rentable el pago de la cuota. Y sobre todo queremos que quienes sea miembros del club nos usen, porque si nos usan salimos baratísimos”, asegura Francisco Dueñas.

Francisco Dueñas, responsable del Club Cámara, y Rosa Vega, vicesecretaria y directora de Operaciones de la Cámara de Comercio de Cantabria. Foto: Nacho Cubero.

Los miembros del Club Cámara pagan una cuota variable, que se fija en función de la facturación de las empresas y que va desde los 100 euros anuales que pagaría un autónomo a los 3.000 que corresponden a los ‘partner’, pasando por los 300 que abonan los colegios profesionales. A cambio de esa cantidad tienen derecho por ejemplo a un primer uso gratuito de las salas y equipos de la Cámara de Comercio, y a un descuento del 50% las siguientes. “Solo con eso ya hay muchos socios que rentabilizarían su pago, pero que es que lo que ofrecemos es mucho más que eso”, apunta el responsable del Club Cámara. Dueñas enumera alguna de esas ventajas: un 25% de descuento en las acciones formativas, con la posibilidad de diseñarlas a medida de lo que precisen los socios, apoyo a la asistencia jurídica de las empresas o la difusión de los logros y noticias generados por las empresas miembros en el boletín y las redes sociales del Club Cámara. A ello hay que añadir el amplio abanico de oportunidades que pueden generarse a partir de la interrelación entre quienes forman parte de la red, a la que sus responsables orientan en todo momento a la consecución de este objetivo.

Entre lo lúdico, lo social y lo profesional

Las jornadas organizadas en el marco del Club Cámara constituyen el principal escenario, aunque no el único, en el que pueden propiciarse esos contactos entre socios de los que luego pueden resultar oportunidades concretas de negocio. Son también el principal ejemplo del enfoque que se busca con la plataforma: aunar lo lúdico y lo social con lo empresarial, a través de eventos aptos tanto para desconectar del día a día como para presentar la propia empresa y conocer la del resto en un marco alejado de la rutina y los formalismos del día a día.

Como en otras áreas de la actividad del club, la organización de las jornadas está abierta a las sugerencias de los miembros. Es el caso, por ejemplo, de la organizada por Guppy el pasado 5 de marzo, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Eficiencia Energética, reuniendo a un grupo de empresarios del Club Cámara para disputar una prueba de conducción eficiente con los vehículos eléctricos facilitados por esta empresa. Aunque el resultado era lo de menos, los ganadores de esta primera edición de la ECORuta fueron Ingram Micro, Edscha Santander, Grupo Amper e Incentro. “Lo cierto es que lo pasamos muy bien, y también fue una oportunidad para que los participantes se conocieran de una manera muy distinta a como lo hubieran hecho en un encuentro formal de sus empresas”, señala Francisco Dueñas, que considera que ese es solo un ejemplo de las actividades que pueden llevarse a cabo en el seno del club, tan variadas como lo sean las ideas de sus miembros.

Actualmente el Club Cámara cuenta con 250 socios, entre los que se cuentan la mayoría de las mayores empresas de Cantabria. El objetivo, apunta su responsable, es alcanzar los 300 miembros antes de que acabe el año, para lo que confía en las labores de difusión de la propia Cámara de Comercio y en las que puedan realizar los propios socios a partir de su experiencia, pero también en la incorporación de nuevas ventajas que añadan atractivo a esta plataforma empresarial. Menciona, por ejemplo, la posibilidad de que los socios puedan utilizar servicios similares a los que disfrutan en Cantabria en otros puntos de España, o incluso en el resto de Europa, aprovechando la extensión de la red cameral. Pero sobre todo insiste en la idea central que inspira el proyecto: que los socios utilicen la red, que aprovechen lo que esta ofrece pero, al tiempo, que propongan iniciativas que puedan encajar en lo que siempre han sido los elementos distintivos de la oferta cameral, y que lo son también de la plataforma: la internacionalización, la sostenibilidad y la digitalización e innovación.

José Pinar, propietario de los cines Groucho, celebra estas dos décadas en Santander, pero reconoce sentirse cansado de defender una oferta cinematográfica consagrada a títulos de autor que ya casi nadie ofrece en España y anuncia su venta.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Junio 2024

Los cines Groucho, un reducto de cine independiente europeo de estreno, cumple veinte años. Lo hará el próximo diciembre, pero su propietario, José Pinar, ya ha empezado a celebrarlo con eventos especiales y la publicación de un libro. Pese a la celebración, Pinar no esconde que su propuesta por un cine de autor tiene los días contados. “Somos un oasis dentro del panorama nacional. El consumo de títulos en la gran pantalla ha ido por otros derroteros y el cine independiente ha acabado arrinconado”, lamenta este empresario antes de explicar el porqué de esta situación.

“Los que hoy van al cine son mayoritariamente jóvenes y adolescentes, que se han decantado por un cine meramente superficial, de Hollywood y familiar. Por mamarrachadas. Y el público de más edad, al que le gusta otro tipo de cine, más sesudo, está en franca retirada. El cine se ha convertido en un estercolero”, resume contrariado.

Ante este panorama, Pinar deja traslucir cierto hartazgo y revela su intención de vender el cine. “No veo futuro. Tal y como estas las cosas, es muy difícil defender esta oferta de cine auténtico y exclusivo. Siempre lo ha sido, pero ya estoy cansado y creo que es un esfuerzo que no me merece la pena”, admite con tristeza.

José Pinar, propietario de los cines Groucho. Foto: Nacho Cubero.

Según explica, para sacarle rendimiento a sus salas debería cambiar su propuesta. “Tendría que mezclar títulos de autor con otros más comerciales, compartir copias, programar eventos, una sesión matinal… Y no tengo equipo –son tres personas– ni recursos”, aclara. Además, apunta a otro factor que juega en su contra: la desbandada del público de más edad. “Después de la pandemia, llevamos treinta meses de deserción absoluta de la gente mayor. Las personas de 70 años o más han desaparecido por completo de las salas y ahora ven el cine en su casa”, lamenta.

Las cifras del negocio

Pinar sostiene que para poder vivir necesitaría volver a las cifras de 2005, cuando alcanzó los 38.000 espectadores. El año pasado, explica, acabaron el ejercicio con 24.000, y para este del que se han cubierto ya los primeros cuatro meses confía en pegar un pequeño salto hasta alcanzar los 30.000, que es la media habitual de los años prepandemia. “Pero para eso necesitamos que la gente consuma cine y conseguir algún taquillazo al año (la sala se queda con la mitad de la recaudación y la distribuidora la otra mitad). Eso nos daría vidilla”, admite antes de repasar cómo están siendo estos últimos meses.

“Después de un buen invierno, marzo y especialmente abril han sido desoladores. Entre diciembre y febrero he tenido los mejores resultados desde que inauguré gracias a películas que han cosechado gran éxito”, como ‘Fallen Leaves’, ‘La sala de profesores’ o ‘Perfect days’, un título que ha permanecido tres meses en proyección, lejos aún de ‘Parásitos’, la oscarizada película surcoreana que ostenta el récord de este cine con cinco meses en cartelera. “Pero ahora he programado diez o doce títulos que solo han aguantado una o dos semanas en pantalla. Y así, pese a que cuento con tres ayudas públicas estables –de Europa Cinemas, el Gobierno de Cantabria y del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA)– apenas llego para sacarme un sueldo”, remacha.

El responsable de los Groucho reconoce que, pese a que hoy hay más oferta de títulos que nunca, el público se conforma con ver un par de estrenos. Con cuatro películas, dice, da para cubrir la mitad de las 3.600 pantallas que existen en España, unas 35 de ellas en Cantabria. “Yo ahora puedo elegir entre muchas más películas que hace ocho años, pero el público solo quiere ver unas pocas. Es una contradicción, pero es así”, sostiene. De otro lado, Pinar lamenta que no se incida más en la formación y educación audiovisual y en la diversidad. “Todo está mercadeado y apenas se permite la pluralidad y la riqueza. Hay que apostar por la formación en el cine, por ofrecer otros puntos de vista, otros estilos, otros países… Pero la gente solo quiere productos como ‘Cazafantasmas’”, insiste.

Una venta frustrada

Para tratar de explicar el porqué de su decisión de vender los Groucho, Pinar rememora lo ocurrido desde las navidades de 2022, cuando un distribuidor de Oviedo le planteó por primera vez su interés por adquirir su cine. “Este empresario, que cuenta con salas en Oviedo y Madrid, me explicó su intención de crear un pequeño circuito en el que le encajaba mis salas. En principio, le dije que me lo dejara pensar, pero a la vista de la oferta que me formuló, muy por debajo de mis expectativas, resolví dejar aparcado el tema”.

Meses después, en junio de 2023, relata que apareció otro empresario que le ofreció un poquito más de dinero, pero también insuficiente. Así estaban las cosas cuando este pasado otoño le volvió a llamar el distribuidor de Oviedo para doblarme la oferta.

“No era lo que quería, pero lo acepté. Entonces me dijo que antes tenía que abrir y poner en marcha su nuevo proyecto de salas en Oviedo y ver cómo le iban las cosas. Sin embargo, este pasado marzo me dijo que no podía cerrar el acuerdo y que se echaba para atrás porque se le había ido de las manos la inversión en esas nuevas instalaciones”, subraya.

Exterior de una de las salas del cine. Foto: Nacho Cubero.

Sin ofertas en firme, Pinar ha puesto también el cine en venta a través de una inmobiliaria de Santander, “pero en cuatro meses nadie se ha interesado aún por el cine”, comenta. “Una vez pase el aniversario, si no me lo compran, aún no he decidido lo que haré. Seguramente siga, pero espero que aparezca alguien y se aprovechen las instalaciones. Es un espacio con personalidad, en el centro de la ciudad, con buen sonido y con butacas renovadas”, concluye.

El Capricho de Gaudí, una de las joyas arquitectónicas de Comillas, está gestionado por una sociedad limitada que mantiene empleo estable durante todo el año para 19 personas a tiempo completo y genera unos ingresos anuales de más de un millón y medio de euros. Viendo estos resultados se desprende la idea de que el legado arquitectónico y cultural puede ser por sí mismo rentable si hay una gestión eficaz. Además, el año pasado fue galardonado como el Mejor Referente Turístico Mundial en los premios Remarkable Venue Awards 2023, que otorga la plataforma de venta de entradas y experiencias, a partir de las opiniones de más de 1,6 millones de visitantes. Carlos Mirapeix, director general de la sociedad que gestiona el edificio modernista, no espera que con la concesión del premio crezcan las visitas, pero sí que pueda servir como espaldarazo al cambio de estrategia emprendido tras la pandemia, buscando diversificar la oferta y aumentar los ingresos sin necesidad de generar un mayor volumen de visitantes.

Cristina Bartolomé |  @criskyra | Mayo 2024

P.- ¿Qué perspectivas se abren ahora para el proyecto empresarial de El Capricho de Gaudí tras el reconocimiento como Best Ladmark Global 2023?
R.- Hace más de 13 años que comenzamos este camino como recinto monumental y museo. Hemos visto pasar muchas cosas: buenas, regulares y malas y también hemos cambiado mucho en todo este tiempo. Recibir un premio es algo maravilloso que nos permite hacer un alto en el camino y valorar el esfuerzo que hemos realizado todo el equipo. Pero al final, nuestro horizonte sigue siendo el mismo, nada ha cambiado. Seguiremos protegiendo y dando a conocer la obra de Gaudí, defenderemos nuestro modelo de gestión cultural y trataremos de hacerlo siempre de una manera original, con un sello de identidad propio. Ojalá este premio sea solamente la primera celebración de muchas. En el horizonte tenemos el 140 aniversario de la construcción Capricho de Gaudí que se terminó en 1885 o la celebración del centenario de la muerte del arquitecto en 2026. Son grandes oportunidades para seguir reivindicando la importancia de este edificio, quitarle la errónea etiqueta de ‘Gaudí menor’ y reclamar, quién sabe, que sea incluido dentro de las obras Patrimonio de la Humanidad de la Unesco como sucede con las que hay en Barcelona.

P.- ¿En qué factores dirías que se ha basado este premio internacional, cuáles han sido las claves del éxito?
R.- Hace tiempo publiqué una entrada en Linkedin que comenzaba con: “trabajar en una obra de Gaudí es una gran lección de humildad”. Y lo sigo manteniendo. Creo que es justo decir que el principal merecedor de este premio es Gaudí, que fue quien tuvo la genialidad de construir El Capricho. Sin olvidar a Máximo Díaz de Quijano, su promotor. Nos debemos a él y es bueno no olvidarlo. Y creo que debemos sentirnos orgullosos de tener en Cantabria una obra de Gaudí. Y no una obra cualquiera sino una de las tres únicas que están fuera de Cataluña y además una de las más antiguas que existen. Nosotros hemos intentado gestionar este regalo que nos dejó el arquitecto de la mejor manera posible. Siempre con respeto y corazón. Creo que le hemos puesto mucho cariño y mucho esfuerzo a este proyecto. El Capricho es un edificio muy original, lleno de secretos que son muy divertidos de descubrir. Nuestro trabajo es muy de las personas: creemos en el valor de la mediación, las actividades, los talleres. Hemos creado una propuesta que se adapta muy bien al público que tenemos. No es un espacio que caiga en el elitismo o el exceso de sobriedad de algunas instituciones culturales. Puedes venir con los niños y pasárselo bien o buscar un plan entretenido en pareja. Y no debo pasar por alto el gran apoyo que hemos recibido en estos premios. Es cierto que había un jurado muy exigente pero al final también había una parte de valoración que se basaba en los votos del público y aquí hemos tenido un gran apoyo. La gente de Cantabria en general y de Comillas en particular se ha volcado. Nos han apoyado instituciones públicas y privadas, museos amigos y muchísimas personas a título individual.

P.- ¿Qué significa para ti personalmente como director general?
R.- Cuando llegué al Capricho estábamos debajo de una sombrilla y nos empapábamos cuando llovía. Si me permites la metáfora parece que hoy, con esto del premio, hace sol y podemos estar aquí tumbados tan a gusto. Por eso le doy mucha importancia a la gente que nos ha acompañado en este viaje: a nuestro equipo, a colaboradores y proveedores. Hemos dejado nuestra vida en esto y no ha sido para nada fácil. Sé muy bien que no somos los mejores en casi nada por mucho que este premio diga que sí lo somos. Agradezco la palmadita en la espalda y es reconfortante que te digan algo bonito. Pero queremos seguir trabajando, hacer algo de lo que podamos sentirnos orgullosos. Con el tiempo me vuelvo más espiritual y a veces suelo decir que todas las crisis son un momento de catarsis y para nosotros la pandemia lo fue. Volver a la normalidad tras el drama del covid 19 fue también para nosotros un cambio de paradigma. Pusimos en marcha controles de aforo modernos, hicimos un ligero cambio de tarifas y emprendimos un viaje hacía la calidad y no la cantidad. No esperamos un aumento de visitas a raíz del premio, de hecho las hemos reducido alrededor de un 25% o 30% respecto a 2019. Buscamos si acaso diversificar nuestra oferta, crear nuevos tipos de visita, proponer nuevas experiencias. Esto a nivel económico es lo mismo que decir que queremos mejorar nuestros ingresos sin aumentar nuestro volumen de visitas. Y creo que este es un debate muy propicio para esta nueva era en la que estamos en la cresta de la ola del turismo y enfrente tenemos debates como la turistificación, la sostenibilidad, etc. Creo que uno de los conceptos que más presentes van a estar en el debate del turismo será la capacidad de carga.

Turistas visitan el edificio ideado por Antonio Gaudí y construido entre 1883 y 1885. Foto: Nacho Cubero.

P.- En cualquier caso, ¿qué podrá significar económicamente, qué porcentaje de aumento de beneficios o facturación se prevé, teniendo en cuenta que en 2021 la facturación se situó en los 1,6 millones de euros?
R.- Suelo decir que tengo envidia de las empresas escalables. De una empresa tecnológica, por ejemplo, que puede vender su producto a nivel global y multiplicando el volumen. Nosotros hemos puesto un máximo de gente que podemos acoger en nuestra casa y nuestra tarifa no es tan elástica como otros productos. Así que podemos hacer muchos esfuerzos pero hay un techo que no se puede romper. Además en el sector cultural es complicado hablar de economía ya que es un sector dominado eminentemente por lo público. Hablamos de cultura y este es un mercado muy difícil en el que cuesta hacer entender a la gente que es necesario pagar por entrar a un lugar patrimonial. Hablo siempre desde mi perspectiva en Cantabria, en otros lugares este debate ya está más que superado. Así que podemos esperar mejorar nuestro modelo, diversificarlo y buscar nuevos caminos pero creo que en todos los casos no serán cambios drásticos. Dicho esto creo que nosotros no estamos todavía en ese punto de madurez, todavía queda cierto camino de mejora y creo que podemos mejorar nuestros resultados.

P.- ¿Hay sobre la mesa proyectos de inversión de algún tipo en la villa, especialmente tras este reconocimiento?
R.- Siempre estamos invirtiendo en el edificio. Esto me gusta dejarlo siempre claro porque el principal secreto para conservar bien un edificio histórico como El Capricho es invertir en conservación preventiva. La peor enfermedad del patrimonio arquitectónico es el olvido y el desuso. Pero dicho esto, sí que tenemos proyectos de mejora en el horizonte. Por ejemplo coincidiendo con las obras que va a realizar Comillas en el marco de su Plan de Sostenibilidad Turística nosotros vamos a aprovechar y hacer unas importantes mejoras en servicios al visitante y accesibilidad. Implicarán una inversión que estimamos sea de al menos unos 400.000 euros. También estamos con un proyecto muy interesante de puesta en valor del jardín del Capricho, que por cierto es el único edificio de Gaudí que conserva su parcela original y el proyecto de paisajismo diseñado por el arquitecto. A esto le podemos añadir proyectos expositivos, nuevos eventos como El Arte del Compartir, tenemos un podcast que acabamos de publicar y recientemente hemos diseñado una nueva serie de mapas coleccionables para los peques de la casa. A veces la gente puede pensar que esto del Capricho es abrir la puerta y ya está pero nosotros no paramos de hacer cosas.

Ya somos 19 personas trabajando de manera fija, con contratos a jornada completa durante todo el año. En verano tenemos algún refuerzo y llegamos hasta las 22 personas pero siempre parece que somos pocos.

P.- ¿Podrán generarse más empleos?
R.- Uno de nuestros retos es la profesionalización de nuestra gestión. Hemos trabajado mucho en esto y seguiremos haciéndolo. Ya somos 19 personas trabajando de manera fija, con contratos a jornada completa durante todo el año. En verano tenemos algún refuerzo y llegamos hasta las 22 personas pero siempre parece que somos pocos. Nuestra directora de Operaciones, Verónica Valdés, sigue trabajando en esto y creo que el año que viene incorporaremos algún puesto más.

P.- Actualmente El Capricho de Gaudí es una realidad empresarial de carácter cultural. Antes, acogió un proyecto hostelero. Sin duda ha sido la historia de una voluntad de poner en valor el monumento. ¿Cuáles han sido los hitos desde que un grupo inversor japonés se decidió a invertir en este monumento y cuáles fueron los motivos para la compra y explotación de este BIC por parte de un grupo inversor japonés?
R.- Más que grupo inversor a mí me gustaría hablar de empresa familiar. El Capricho de Gaudí es un edificio de Cantabria, gestionado por una empresa de Cantabria con sede en Comillas y que tiene como particularidad que sus dueños son de origen japonés. Es como si uno de nosotros nos vamos a Francia y montamos una panadería. Intento simplificar esto porque así es más fácil entender nuestra escala. La propiedad actual compró el edificio como restaurante en 1990 y mantuvo esta actividad lo mejor que pudo hasta el año 2009. Pero volvemos a la escala, somos una pequeña empresa familiar que tuvo que lidiar con la crisis del 2008. El restaurante llevaba años perdiendo dinero y la situación era crítica. Los actuales presidentes, Tokiko (ella) y Taketo (él), tuvieron que liquidar aquella actividad e intentaron buscar opciones para salir adelante. Tras muchas vueltas y muchísimos problemas El Capricho de Gaudí abrió como monumento visitable el 24 de julio de 2010. No hemos inventado nada: ejemplos de edificios privados visitables hay por todo el mundo solo que en Cantabria muy pocos creían en nosotros. Hay un componente imprescindible de amor al edificio. Sin él sería imposible haber superado todo lo que ha pasado. Esto ha supuesto que se invierta siempre en conservarlo y en cuidarlo, incluso en los peores momentos. Lo hemos limpiado a mano, hemos mantenido el jardín nosotros mismos y hasta hicimos nuestro primer mapa.

P.- Actualmente, ¿hay algún tipo de colaboración económica por parte de las administraciones (local, regional, nacional) para apoyar el proyecto empresarial que gestiona el Capricho?
R.- Con las administraciones, regional y local tenemos muy buen trato pero no hay una aportación a nuestra actividad. Tampoco la buscamos con mucho esfuerzo, ya que uno de los argumentos que planteamos a la gente para legitimar nuestro trabajo es la independencia. La gente tiene que entender que el trabajo que hacemos, el que se ve y el que no se ve, cuesta mucho dinero. Y nosotros nos mantenemos exclusivamente gracias a nuestros visitantes. Cada persona que nos ha visitado es de alguna manera nuestro pequeño mecenas, nuestro patrón. Nosotros no hablamos del público como un objeto de laboratorio que se observa desde un despacho. Nosotros escuchamos, vemos y tocamos el público. Si algo no está bien lo sabemos en el minuto uno y lo corregimos inmediatamente. Por ejemplo, nuestra audioguía, los mapas en infantiles o la misma visita guiada se ha creado a partir de las necesidades que hemos ido escuchando de miles y miles de visitantes.

P.- ¿Existe un cálculo aproximado de la aportación a la economía de Comillas y de Cantabria que representa El Capricho?
R.- Voy a hablar de memoria pero en números gruesos el turismo representa el 10% de nuestro PIB y el sector cultural un 4%. Creo que son datos, ambos, suficientes para dar importancia a los sectores en los que participamos. Nuestra aportación a estos números será testimonial, muy limitada. En Cantabria hay grandes recursos turísticos como los que gestiona Cantur, que, obviamente, están interesados en promocionar sus instalaciones, son las grandes referencias; y luego están otros enclaves como el Centro Botín, el Museo Altamira… Nosotros jugamos en una liga más pequeña, pero creo que ahí somos un referente. En cuanto a los datos, generamos 19 puestos de trabajo fijos a jornada completa y también generamos algunos puestos temporales en temporadas altas. A esto hay que añadir que todos nuestros proveedores son de Comillas y alrededores en cuanto a mantenimiento y conservación, dando trabajo a carpinteros, albañiles, artesanos… que llevan con nosotros más de 20 años. Aunque para responder a esa pregunta más concretamente haría falta una auditoría y saber, por ejemplo, cuánto cuesta la marca.

La Dirección General de Turismo confirma su intención de aprobar a lo largo del verano el nuevo decreto que regule los pisos turísticos en Cantabria, para cuya elaboración anuncia que abrirá en breve un proceso de consulta pública. De su parte, los principales agentes del sector reclaman igualdad de condiciones para este modelo de negocio que prolifera sin control y que los administradores de fincas reconocen que ha cambiado para siempre la vida en las comunidades de propietarios.

Manuel Casino |  @mcasino8 | Febrero 2024

El turismo en Cantabria vivió el pasado año un auténtico boom. Así lo adelantaba en diciembre el director general de Turismo, Gustavo Cubero, quien entonces ya hablaba de “año histórico” en cuanto a visitantes recibidos, y lo ha refrendado los últimos datos sobre turistas extranjeros publicados hace unos días por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que señalan a la comunidad cántabra como uno de los tres destinos, junto al País Vasco y Asturias, que más crecieron respecto a 2019, y también en el último año, reafirmando de este modo el creciente tirón del norte de España como lugar de vacaciones preferido por los viajeros que en verano buscan escapar del calor extremo.

Este récord de visitantes –y también de gasto– registrado el pasado ejercicio confirma al turismo como una de las principales locomotoras de la economía regional, pero abre el debate, si es que se había cerrado alguna vez, de la sostenibilidad de un sector en el que de un tiempo a esta parte, pero especialmente a lo largo de los últimos años, un nuevo actor ha venido a poner patas abajo el modelo tradicional de oferta vacacional: las viviendas de uso turístico (VUT).

El crecimiento desmesurado de este tipo de alojamientos que generalmente permite a los viajeros opciones más baratas y flexibles, y a sus propietarios la oportunidad de obtener rendimientos más altos a los de los clásicos alquileres, ha destapado la dificultad de ponerlos bajo control, pese a los muchos intentos de las distintas administraciones por regular una actividad contra la que claman tanto asociaciones de turismo, que ven en estos pisos turísticos una competencia desleal, como muchos vecinos de los inmuebles afectados y otros particulares que, a raíz de su proliferación, han visto cómo se infla el precio de la vivienda a la par que se reduce la oferta de arrendamientos residenciales.

10.000 pisos turísticos en Cantabria

Según los datos facilitados por el Gobierno de Cantabria, a 31 de enero hay 2.081 viviendas de uso turístico autorizadas en la región, que en su conjunto ofertan 9.493 plazas. Santander, con 587 pisos turísticos, lo que representa el 28,2% del total, encabeza un listado en el que solo Comillas, San Vicente de la Barquera y Suances superan con 125, 120 y 103, respectivamente, el centenar de licencias legalizadas.

El INE, por su parte, en su última estadística conocida reflejaba que en Cantabria existían 6.920 viviendas turísticas en agosto de 2023, un 10% más que doce meses antes y un 41,6% más que en 2020.

Frente a estas cifras, la Asociación de Turismo Rural de Cantabria lleva tiempo denunciando el exponencial aumento de este tipo de alojamientos en la región, que según sus estimaciones ronda ya los 10.000, pero de los que calcula tan solo un 15% estarían legalizados. Para su vicepresidenta, Cristina Domínguez, el excesivo aumento de VUT –“que no solo existen en las grandes ciudades, sino también en pequeños núcleos urbanos”– supone una amenaza para el futuro de los 200 establecimientos asociados –palacios y casonas, posadas, viviendas rurales y cabañas pasiegas–, “todos debidamente inscritos en el registro oficial del Gobierno de Cantabria y que ofrecen una estancia legal, segura y, sobre todo, auténtica”, según recalca.

Cristina Domínguez, vicepresidenta de la Asociación de Turismo Rural de Cantabria. Foto: Nacho Cubero

 

Tras insistir que lo que reclaman es la igualdad de condiciones para todos, Domínguez expresa su confianza en que surta efecto el plan de choque que acaban de elaborar para evitar la pérdida de clientes que estas viviendas sin registrar están provocando entre muchos de sus asociados, especialmente durante los meses estivales. “Aún es poco pronto para valorar su eficacia, pero nuestro objetivo principal es que el huésped pueda identificar si está contratando un alojamiento legal o ilegal porque, al aparecer todos en las mismas plataformas digitales, hoy por hoy no hay forma de saberlo”, explica. “Queremos que el cliente sepa y pueda diferenciarnos”, insiste antes de detallar que para ello acaban de editar una guía con información actualizada de sus alojamientos –en papel y formato digital– que, además, se identificarán a partir de ahora con una placa de cerámica personalizada en su exterior en el que, junto al distintivo de la asociación, también figurará el número de registro legal en Turismo.

Una diferenciación que Domínguez también vincula a los servicios que prestan todos sus asociados. “Todos nuestros alojamientos están comprometidos con la sostenibilidad y con minimizar el impacto de su actividad. Trabajamos con productos de km. 0 y ofrecemos servicios de calidad ligados al entorno natural y cultural en el que nos ubicamos”, argumenta para diferenciarse de la oferta “intensiva y sin ningún compromiso y seguridad” que a su juicio representan las viviendas de uso turístico sin autorización.

Ante estas quejas y la constatación de que muchos estos pisos operan sin ningún tipo de control, Cubero ha venido sosteniendo en repetidas ocasiones que la regulación de las viviendas de uso turístico es una prioridad para su departamento en la que vienen trabajando desde hace tiempo con el fin de que el nuevo decreto que regule este tipo de negocios, que sustituirá al aprobado sin demasiado éxito en 2019, esté “muy avanzado” para cuando llegue el verano.

Desde la Consejería de Turismo se está trabajando en una regulación de las viviendas de uso turístico que sustituya al decreto aprobado sin demasiado éxito en 2019

A preguntas de esta revista, el director general de Turismo no ha comprometido una fecha concreta para su publicación porque, destaca, se trata de un decreto de gran complejidad técnica y una problemática que afecta a diferentes cuestiones como la actividad económica, la vivienda, la convivencia o la seguridad ciudadana, por citar algunas. Según subraya, en la actualidad se está finalizando el trabajo previo de estudio de la normativa existente, así como las afecciones a las competencias municipales, una cuestión que, recalca, hace de este decreto un texto complejo en su elaboración. “El próximo paso será abrir el proceso de consulta pública y recibir las aportaciones de todos aquellos ciudadanos o colectivos que quieran hacerlas. Se recibirán y estudiarán para ver qué se puede incluir en el decreto, siempre que se ajuste al marco legal y a nuestras competencias. Se avanza, pero no hay un calendario cerrado, aunque mantenemos nuestra intención de que a lo largo del verano pueda entrar en vigor”, matiza.

Tras asegurar su intención de garantizar la participación de todos los sectores implicados, Cubero reconoce que en los últimos meses su departamento ha recibido una gran cantidad de solicitudes a las que tratan de dar ir dando respuesta, ya sea para inscribir, comprobar la veracidad de las declaraciones responsables o para acordar el inicio de la cancelación del establecimiento. “Es un trabajo administrativo muy exigente que está suponiendo un gran esfuerzo para el personal de la Dirección General de Turismo, ya que todas las declaraciones responsables se comprueban, como debe ser”, enfatiza.

Elaboración del decreto

Sobre la participación en su elaboración, desde la Asociación de Turismo Rural, que en septiembre pasado presentó al Gobierno regional 400 denuncias contra otros tantos pisos turísticos, sostienen que están a la espera de poder elevar sus propuestas, toda vez que, según Domínguez, hasta la fecha la Consejería de Turismo solo les ha convocado a una reunión en octubre pasado, en la que también estuvieron otras muchas asociaciones y representantes de diferentes ayuntamientos, y en la que les trasladaron su intención de modificar el actual decreto. “Sabemos que están en ello, porque así nos lo han dicho, pero poco más. Estamos de acuerdo en que haya competencia, pero con las mismas reglas de juego para todos. Conocemos varios casos de este tipo de alojamientos extrahoteleros que ni siquiera tienen cédula de habitabilidad. Son garajes o locales comerciales que no cumplen ningún requisito”, afirma contrariada.

Por su parte, el presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Cantabria (Cafca), Alberto Ruiz-Capillas, lamenta que Turismo aún no se haya puesto en contacto con ellos para abordar este tema. “Desgraciadamente, nosotros no estuvimos convocados a aquella reunión de octubre o noviembre, y aún estamos a la espera de que la Dirección General de Turismo responda a la cita que le hemos solicitado hace ya varios meses para abordar esta problemática. Parece ser que las agendas deben de estar muy ocupadas”, resume.

Alberto Ruiz-Capillas, presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Cantabria (Cafca). Foto: Nacho Cubero

Pese a que en la mayoría de los casos esta actividad se desarrolla en inmuebles comunitarios, Ruiz-Capillas asegura que no han tenido noticias del decreto que elabora Turismo: “No nos han traslado ni un borrador, ni unas intenciones ni tampoco aspectos concretos que pudieran afectar tanto a las comunidades de propietarios como a los administradores de fincas colegiados. No sabemos por dónde va a ir la nueva regulación, si es que va ser nueva o parecida a la anterior”.

Sobre los contenidos concretos de este decreto, el presidente del Cafca reclama en primer lugar la posibilidad de incluir que las comunidades tengan legitimidad activa para denunciar los casos de viviendas de uso turístico que se estén explotando sin licencia o sin cumplir el reglamento. “Porque uno de los elementos esenciales para nuestros clientes es asegurar que todos los inquilinos, aunque lo sean por un tiempo muy corto, cumplan con las normas comunitarias, los estatutos y los reglamentos de régimen interno”, precisa.

Además, critica el “contrasentido” que, a su juicio, supone que desde la Dirección General de Turismo se estén enviando en la actualidad requerimientos a los secretarios-administradores de fincas para que emitan obligatoriamente un certificado de que en los estatutos o acuerdos de la comunidad de propietarios no se prohíbe o limita esta actividad, so pena de incurrir en una infracción que pudiera acarrear una sanción, un requisito que, recuerda, sí recogía inicialmente el vigente decreto de 2019 pero que se eliminó en una posterior modificación. Para Ruiz-Capillas, la dificultad de extender este certificado “no es baladí”: “No solo se refiere a los estatutos comunitarios, lo que sería relativamente sencillo para los administradores de fincas, sino también a acuerdos comunitarios a lo largo de toda la vida de la comunidad”.

En este caso, explica que puede ser que el administrador de fincas sea el mismo desde que se constituyó la comunidad, pero también puede ser que no, lo que obligaría a éste a leerse todas actas y todos los acuerdos anteriores a su nombramiento. “Esto, además de un absurdo, es una pérdida de tiempo que no está valorada ni pagada”, subraya para reivindicar a continuación que lo deseable sería que bastara con que la persona que quiere solicitar la licencia informara de manera responsable a Turismo o al organismo competente de la no existencia de esas limitaciones o prohibiciones, dejando a las comunidades de propietarios la posibilidad de impugnar o denunciar la concesión de esa licencia si esa declaración no fuera correcta.

Revuelo en las comunidades de propietarios

De otro lado, el presidente de los administradores de fincas cántabros afirma que aún persiste en las comunidades de propietarios el revuelo levantado por las dos recientes sentencias del Tribunal Supremo que avalaron el veto a sendas viviendas turísticas en San Sebastián y Oviedo porque así lo prohibían expresamente sus respectivos estatutos. “Cada vez más juntas ordinarias de comunidades empiezan a incorporar este punto en su orden del día”, admite al tiempo que augura un creciente debate vecinal entre los propietarios que quieren sacar un rendimiento a su inversión y quienes temen que la proliferación de este tipo de viviendas provoque molestias en la comunidad de vecinos.

Con todo, recuerda que a partir de la reforma de la Ley de Propiedad Horizontal (LPH) de 2019, en la que se estableció la potestad de las comunidades de propietarios de limitar esta actividad si así lo decide una mayoría cualificada de tres quintos de la junta, la doctrina se dividió entre quienes entendían que prohibir excede de la acepción de limitar que figura en la LPH, y los que, en cambio, consideraban que una limitación al extremo es una prohibición. “Esta controversia es muy reciente, por lo que aún no ha llegado al Tribunal Supremo, aunque sí a alguna Audiencia Provincial, como es el caso de la de Cantabria, que ha estimado que prohibir sí es una acepción de una limitación al extremo y que, por tanto, se puede prohibir esta actividad con un acuerdo de tres quintos de la junta”, razona sin tomar parte porque, según destaca, no es esta una función que entre dentro de las competencias de los administradores: “Lo somos de todos los propietarios, y solo a ellos corresponde decidir cuáles quieren que sean sus normas de convivencia”.

En cualquier caso, Ruiz-Capillas confirma que las viviendas de uso turístico han alterado la vida en las comunidades de propietarios. “Muchos vecinos no están acostumbrados a ver entrar y salir del portal a ciudadanos a los que no conocen de nada. El paradigma de lo que era tradicionalmente una comunidad ha cambiado y tenemos que acostumbrarnos a estos cambios para, en la medida de lo posible, tratar de regularlos para que no provoquen problemas ni a unos ni a otros. Y aquí, obviamente, el papel de los administradores de fincas colegiados es muy importante, sobre todo para informar y explicar este nuevo fenómeno”, concluye.