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Los otros rescates de Cruz Roja

Parte del equipo de Cruz Roja que opera en los centros de Santander, Torrelavega, Sarón, Laredo y Castro Urdiales. Foto: Nacho Cubero.

El programa de empleo de la entidad ha atendido a más de 16.500 personas en sus veinticuatro años de vigencia, todas ellas pertenecientes a colectivos que por edad, género u origen se enfrentan a especiales dificultades para acceder a un puesto de trabajo. Aunque sigue siendo uno de los servicios menos conocido entre los que presta Cruz Roja de Cantabria, el año pasado se cerró con los mejores resultados de su historia en cómputo anual, superando las 2.000 personas atendidas y las 500 colaboraciones empresariales.

Juan Carlos Arrondo | Abril 2026

Tras las grandes cifras del paro se esconden muchas historias de exclusión y desesperanza. Hay un número considerable de desempleados que, generalmente por estereotipos o prejuicios derivados de su edad, género u origen, se enfrenta a mayores dificultades para integrarse en el mercado laboral. Hace un cuarto de siglo, Cruz Roja puso en marcha un programa nacional cuya finalidad es ayudar a este tipo de personas vulnerables a superar barreras, mejorar sus competencias y ofrecerles la oportunidad de encontrar trabajo. En Cantabria, este plan de empleo ya suma 16.548 personas atendidas en sus veinticuatro años de vigencia; más de la mitad ha participado en programas formativos para mejorar su empleabilidad y en torno a la tercera parte ha logrado un contrato. Detrás de estos logros está el esfuerzo de la entidad, de sus técnicos y voluntarios, pero también el de las casi 2.400 empresas que han cooperado en un reto por la inserción sociolaboral que en 2025 ha alcanzado sus mejores datos anuales, superando las dos mil personas atendidas y las quinientas colaboraciones empresariales.

“Nuestro objetivo principal, a través de diferentes programas y proyectos, es facilitar y mejorar la empleabilidad de las personas con las que trabajamos”, indica Esther San Miguel, directora del área de empleo de Cruz Roja Cantabria. Explica que los participantes no solo sufren las dificultades propias de quien está en el paro, sino que además deben enfrentarse a otro tipo de barreras sociales o económicas que complican aún más su integración laboral: “Dentro de estos proyectos atendemos a diferentes perfiles, como pueden ser mujeres en dificultad social, jóvenes en riesgo de exclusión, solicitantes de asilo o desempleados de más de 45 años”. Y apunta como circunstancia agravante en muchos de estos casos el hecho de llevar bastante tiempo alejados del mercado laboral, aunque puede darse el extremo opuesto: “También hay gente que está en activo y que quiere mejorar. Ahora tenemos un nuevo programa sobre pobreza laboral para personas que están trabajando en sectores muy precarios o a jornadas parciales y necesitan salir de esos contextos para mejorar su situación”.

Bien sea por la difusión que Cruz Roja hace en redes sociales, por llegar de otras áreas de la entidad o desde el Servicio Cántabro de Empleo, o simplemente por el boca a boca, quien accede hasta este plan de empleo, más allá de los matices propios de cada proyecto específico, seguirá un esquema general, un itinerario de inserción a través de distintas fases. La primera es la orientación laboral, que se trabaja tanto de manera individual como en grupos reducidos, y que se combina con una segunda de formación. “Son cursos que denominamos capacitaciones profesionales. No es una formación reglada, no son certificados de profesionalidad, pero se incluyen en sectores donde puede haber oportunidades de trabajo: restauración, comercio, alimentación o industria”, describe Esther San Miguel. Gracias a empresas de todos estos sectores que colaboran en los programas, esta capacitación puede nutrirse con el desarrollo de prácticas no laborales; una colaboración empresarial que también tendrá su importancia en la tercera fase del itinerario, la de intermediación laboral.

Esther San Miguel, directora del área de empleo de Cruz Roja Cantabria. Foto: Nacho Cubero.

Cuando una persona llega al área de empleo de Cruz Roja Cantabria es derivada al programa en que mejor pueda encajar, en un itinerario individual y personalizado. Su responsable hace hincapié en que hay mucho trabajo de asesoramiento por parte de los técnicos, que va complementándose con talleres de habilidades o de motivación para mejorar su empleabilidad: “En las primeras entrevistas se hace un diagnóstico, porque no todo el mundo parte desde el mismo punto. Hay personas que tienen más experiencia laboral que otras; muchos jóvenes no tienen ni formación ni experiencia; o gente que tiene algo más de formación pero carece de experiencia”. En su opinión, el común denominador en circunstancias tan variopintas es que todas ellas acuden voluntariamente, nadie está obligado a participar, y lo hacen con un alto grado de interés: “Para ellos supone ver la luz. Es tener una rutina de horarios, volver a estar en contacto con la realidad y a motivarse, conocer gente o aprender nuevas habilidades. A veces, encontrar un empleo no es el único objetivo”.

El plan de empleo de Cruz Roja Cantabria consta actualmente de diez proyectos, se desarrolla en siete oficinas de cinco asambleas locales –Santander, Torrelavega, Sarón, Laredo y Castro Urdiales– y tiene planificados veinticinco cursos de formación. Dicha planificación, que se hace entre octubre y noviembre del año anterior, tiene un soporte fundamental en el área de Prospección, según señala la directora del equipo de empleo: “Está en contacto con las empresas y hace un trabajo clave para conocer cuál es la demanda que existe en el mercado laboral y los momentos en que puede haber posibilidades de contratación”. A través de diferentes módulos, que van desde las competencias básicas hasta las prácticas no laborales en empresas colaboradoras, el objetivo es formar profesionales que puedan cubrir vacantes en sectores con una oferta de empleo consolidada, como puede ser la hostelería, pero también en otros emergentes. En este sentido, el proyecto ‘Itinerarios en nuevas economías’ trabaja tanto en el empleo blanco –sociosanitario, cuidados– como en el verde –medioambiental– y en el digital.

Una de las piedras angulares del plan es la colaboración empresarial que está encontrando en Cantabria. En 2025 han participado más de quinientas, superando el promedio de entre 450 y 480 de los últimos años, y en general de manera muy fidelizada, con algunos casos que ya superan los veinte años cooperando. Esther San Miguel aclara que estas alianzas se pueden generar en cualquiera de las fases del itinerario de inserción, como pueden ser las charlas y las visitas guiadas en la de orientación o las cesiones de espacios y donaciones en especie en la de formación: “Por ejemplo, nos han donado carne para los cursos de carnicería y charcutería. O ahora, que estamos haciendo un curso de camarera de piso, un hotel nos ha cedido dos habitaciones para la formación teórico-práctica”. Además, muchas de esas empresas colaboradoras acogen a alumnos en breves periodos de prácticas, que, si bien carecen de categoría laboral, son útiles como toma de contacto con el sector profesional en que se están formando.

“En 2025 hemos trabajado con 2.060 personas y el ratio de inserción está, más o menos, en el 50%. Depende de los proyectos, algunos se han quedado en el 38%, otros en el 70%”.  Esther San Miguel, directora del área de empleo de Cruz Roja Cantabria.

La fase del itinerario de inserción en la que más alianzas con empresas tiene Cruz Roja Cantabria es la de intermediación de ofertas de trabajo, destaca la responsable del área de empleo: “Nosotros gestionamos procesos de selección, hacemos toda la criba, y ellas nos facilitan la contratación y el posterior seguimiento”. Considera que el resultado es muy satisfactorio porque conocen a la persona que seleccionan y su compromiso, pero también el puesto a cubrir: “Es clave la formación y la intermediación a la carta, que es lo que trabajamos de la mano del tejido empresarial para saber qué es lo que realmente demanda”. En última instancia, se trata de que los participantes en cualquiera de los diversos programas puedan incorporarse al mundo laboral: “En 2025 hemos trabajado con 2.060 personas y el ratio de inserción está, más o menos, en el 50%. Depende de los proyectos, algunos se han quedado en el 38%, otros en el 70%. Por ejemplo, ‘Desafío +45’, con mucha gente de más de 60 años, ha sido de los que menos”.

La edad, uno de los mayores obstáculos

“El mayor éxito es que una persona haya pasado por todas las fases y ya no necesite nuestro apoyo. Hay quien lo consigue a los tres o a los seis meses; otros continúan de un año a otro, aunque intentamos dar prioridad a la entrada a gente nueva”, afirma Esther San Miguel. El factor de la edad –el ‘edadismo’, de lo que se ocupa el citado proyecto ‘Desafío +45’– es uno de los mayores obstáculos que se encuentran los participantes para encontrar trabajo. Mientras otros consiguen un contrato en menos tiempo, a mayores de 55 o 60 años, generalmente con un bagaje laboral muy amplio, suele costarles más. También se dan casos de personas que alcanzan muy rápido un empleo, generalmente de temporada, y en un periodo corto vuelven al paro: “Entonces continúan con los programas o pueden formarse en otra cosa. Además, hay otros objetivos. Por ejemplo, en jóvenes, el retorno educativo. Quizás no encuentran esa inserción laboral, pero retoman sus estudios o hacen formaciones complementarias a las que nosotros podemos ofrecerles”.

La firma de un contrato de trabajo puede parecer el final del recorrido, pero en Cruz Roja saben que muchas veces solo es un éxito parcial. Algunos de los perfiles a los que atienden son personas en activo que sufren la denominada ‘pobreza laboral’, ya sea porque entran y salen del mercado de trabajo con frecuencia, por tener una jornada parcial insuficiente para cubrir sus necesidades básicas o por estar en un sector muy precario. En Cantabria, el área de empleo de la entidad, junto a los de otras tres autonomías, acaba de arrancar un programa pionero –‘Empleos decentes, comunidades fuertes’– para tratar de abordar estos problemas: “Es un proyecto financiado por el Fondo Social Europeo que se va construyendo según se avanza, no tenemos programa marco ni metodología previa. El objetivo es sacar a las personas de ese contexto y que consigan un empleo decente que les permita mejorar. Es algo muy novedoso en que también va a haber un trabajo potente de manera comunitaria, con entidades y con la Administración”.

Financiación: fondos propios y ayuda pública y privada

Cruz Roja es una organización que también atiende a otros frentes, en el ámbito de los socorros, la inclusión, el medio ambiente, la educación o la salud. Si bien cuenta con el importante respaldo de los 15.217 socios en Cantabria, sus recursos no dejan de ser limitados y para cubrir los gastos de los programas del plan de empleo necesita la ayuda de instituciones públicas y entidades privadas. “En los proyectos del Fondo Social Europeo estamos financiados al 60%. El otro 40% lo recibimos de fondos propios. El Servicio Cántabro de Empleo actualmente nos cofinancia cuatro proyectos con 45.000 euros. Nuestro objetivo con estas y otras cofinanciaciones es liberar fondos para dirigirlos a otras áreas de Cruz Roja”, precisa Esther San Miguel, que subraya la dificultad de ajustar sus presupuestos a los costes, sobre todo de los formadores: “En la zona norte la formación cada vez es más cara y en Cantabria tampoco hay muchas empresas que gestionen este tipo de cursos”.

Alumnos y profesores en una de las aulas de formación con que Cruz Roja cuenta en su sede del Alisal, en Santander. Foto: Nacho Cubero.

La figura del voluntario –2.170 en Cantabria en 2025– es fundamental en todos los ámbitos de acción de Cruz Roja. La responsable del área de empleo detalla que, junto a un equipo técnico de dieciocho personas, unas cincuenta más en toda la región colaboran de forma voluntaria en las distintas fases del itinerario de inserción, la mayor parte impartiendo talleres de orientación grupales, sobre todo en competencias básicas y transversales: “Generalmente tienen formación universitaria y experiencia laboral en formación u orientación, pero ahora, por ejemplo, se ha sumado una persona que nos va a dar apoyo administrativo”. Algunos voluntarios llevan mucho tiempo prestando su ayuda y cada año se añaden otros, pero resalta la necesidad de que lleguen más para poder abarcar todas las iniciativas en marcha y las que puedan venir en el futuro: “Nos gustaría mantener los programas que tenemos y llevarlos a sitios donde está Cruz Roja, pero no hemos llegado con el plan de empleo, como la zona de Reinosa o la de Santoña”.

Tras dos décadas y media, cabe preguntarse si el plan de empleo está funcionando o si necesita mejorar. Esther San Miguel estima que siempre hay margen para hacerlo, pero insiste en que lo importante es dar oportunidades a quienes las necesitan y cree que la línea que se está siguiendo es la correcta: “El año pasado, en el evento conmemorativo del 25 aniversario en toda España, contamos con testimonios de personas y empresas que habían participado estos años y ahí se pudo ver muy bien cómo hemos evolucionado y el impacto positivo que esto ha tenido en la mejora de sus vidas”. Y llama la atención sobre el hecho de que en su área trabajan por ratios y deben cumplir una serie de objetivos: “Si no funcionase, no tendríamos financiación. Si los participantes no encontrasen empleo, los proyectos desaparecerían. Pero realmente el éxito es que no vuelvan y si lo hacen que sea, por ejemplo, para traer a otros o para ayudarnos como voluntarios, porque el vínculo que se genera con ellos es muy potente”.