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La fuerte demanda de cable impulsa a Flymca

Planta de Flymca, en el polígono de Morero. Foto: Nacho Cubero.

La transición energética, la obligada mejora de las interconexiones y la electrificación del transporte multiplican la necesidad de construir nuevas redes y desborda la capacidad productiva de los fabricantes de cable, obligados a ampliar fábricas o construir otras nuevas. La empresa cántabra, que diseña y construye las máquinas con las que se fabrican los cables eléctricos y para telecomunicaciones, ha triplicado su capacidad para dar respuesta a un mercado en ebullición y se ha convertido en un proveedor de referencia dentro de uno de los nichos más especializados y de mayor valor añadido: las armadoras que aportan el último recubrimiento a los cables usados en las redes submarinas.

José Ramón Esquiaga | Mayo 2026

Con independencia de la perspectiva desde la que se contemple, la ruptura que la epidemia del covid-19 provocó en la continuidad más o menos natural de cuanto acontece ha llevado a situar ahí un hito temporal en el que marcar un antes y un después de cualquier trayectoria. En lo empresarial, esto es así incluso para aquellos que, como Flymca, no se vieron afectados por aquello en mayor medida que otros, lo que no impide que, pasados ya seis años de aquel momento, vean en la pandemia un punto de inflexión. La empresa cántabra, dedicada al diseño y fabricación de maquinaria para la fabricación de cable, encontró ahí el momento de acelerar inversiones estratégicas que le han permitido mejorar su posición en un sector –y ahí aparece el antes y el después de la crisis sanitaria– en ebullición debido a los esperados crecimientos de la demanda derivados de la transición energética y la electrificación de la movilidad. La sustitución progresiva de sistemas tradicionales por renovables —hidráulica, eólica, solar— exige nuevas redes, tanto terrestres como submarinas. Electrificar islas, interconectar países y transportar grandes volúmenes de energía desde parques marinos a centros de consumo implicará inversiones multimillonarias, en un proceso que apenas ha dado sus primeros pasos.

El mercado que atiende Flymca, y en el que ya se había labrado una posición relevante antes de la pandemia, se mueve al compás que marcan unos pocos jugadores, y tiene en un extremo de la cadena de valor a las administraciones públicas de las que dependen las inversiones en las redes eléctricas, y en el otro a los consumidores –industrias y particulares– que son o bien usuarios, o bien productores de esa energía. En un punto intermedio, pero de máxima relevancia, se sitúan los fabricantes de cable, en torno a media docena de grupos multinacionales de enorme tamaño entre los que Flymca tiene a sus clientes. La masiva necesidad de infraestructuras de transporte de energía y comunicaciones que se deriva de este marco tiene como contrapunto una limitada capacidad productiva para satisfacer la demanda de cable necesaria para darle respuesta. En ese contexto, la empresa cántabra se ha convertido en uno de los proveedores más activos, y lo es particularmente en el segmento de mayor crecimiento del sector: el cable submarino para energía y comunicaciones.

El cable destinado a su uso en las profundidades marinas debe estar adecuadamente protegido para resistir corrientes, abrasión, actividad biológica y tensiones mecánicas, características todas ellas que se traducen en una mayor complejidad de las máquinas que deben fabricarlo. Las armadoras que diseña y construye Flymca son las encargadas de aplicar al cable capas de alambres de acero y recubrimientos bituminosos que garantizan su resistencia en entorno marino. Esa fase final del proceso es crítica y altamente especializada, y ahí es donde la empresa cántabra considera que cuenta con una ventaja competitiva relevante.

Carlos Carrillo, director de Flymca. Foto: Nacho Cubero.

“Somos un reflejo de lo que ha ocurrido en el mundo de la energía, ha habido una recolocación global hacia lo eléctrico y eso ha empujado toda la cadena de valor”, resume Carlos Carrillo, director de Flymca, que destaca los pasos dados por la empresa, ya con anterioridad a ese tirón energético, para aprovechar ese impulso del mercado. Antes de 2020, recuerda, la empresa ya encadenaba años de crecimiento, un marco en el que la irrupción del covid actuó como un catalizador para acelerar decisiones, reordenar capacidades internas y orientar la actividad hacia los productos de mayor complejidad técnica, un perfil al que se ajusta el cable submarino, cuya demanda se ve a su vez impulsada tanto por la necesidad de nuevas conexiones eléctricas como por el impulso de los proyectos de energía renovable mar adentro, lo que se conoce como ‘off shore’.

Proyectos a medida

Flymca ha asentado su competitividad y su crecimiento sobre los proyectos a medida, que aportan la mayor parte de la facturación. “No trabajamos con máquinas estándar. Todas tienen un alto grado de ‘customización’”, señala Carlos Carrillo, que explica que el diseño de soluciones específicas y de mayor complejidad se da en el diseño y fabricación de máquinas para la fabricación de cable submarino. En todo caso, cualquiera de los proyectos realizados por la empresa cántabra tiene una gran carga de ingeniería y se acomete desde cero y a medida de lo que pide el cliente, con un plazo de ejecución no menor de 12 o 15 meses de trabajo en planta, a los que hay que sumar otros cinco o seis de montaje en destino. En total, un mínimo de dos años desde que se firma el contrato hasta que se da por finalizado el encargo, un tiempo al que habría que añadir el empleado en los contactos previos, y que da cuenta de la que es una de las características de un mercado dominado históricamente por grandes grupos industriales –tanto entre los fabricantes de cable como entre sus proveedores– y en el que la empresa cántabra sigue siendo, en términos de tamaño, uno de los actores más pequeños, aunque la distancia se haya estrechado: “En el mercado submarino posiblemente seamos el proveedor que más proyectos ha ejecutado en los últimos años”, estima Carlos Carrillo.

El programa de inversiones acometido por la empresa desde 2020 ha estado dirigido a aumentar la capacidad productiva, incidiendo sobre todo en la ampliación y reordenación de espacios. Así, se reconvirtió un almacén parcialmente alquilado para trasladar allí parte de su fabricación y concentró en una nueva nave —tras adquirir una parcela contigua— la actividad de mecanizado, calderería, pintura y almacenamiento. En conjunto, Flymca dispone ahora de unos 7.000 metros cuadrados dedicados a fabricación mecánica, 5.000 para montaje final y cerca de 2.000 metros cuadrados adicionales en una planta auxiliar. Como resultado de todo ello, la capacidad productiva multiplica por tres las cifras previas a la pandemia, moviéndose en una horquilla de entre 35 y 40 millones, con picos superiores dependiendo del calendario de ejecución de proyectos. Ese calendario de ejecución, y lo prolongado en el tiempo de los trabajos, resta relevancia al dato de la facturación anual, que en todo caso tiende a moverse por encima de esas cifras, gracias a la aportación de la subcontratación.

Mercado en ebullición

En ese aspecto puede encontrarse otro de los cambios provocados por el tirón de la demanda asociado al nuevo escenario energético. Antes de esto, Flymca había asumido buena parte de las tareas que antes contrataba a terceros, en un proceso que ha sido clave para afrontar la nueva situación de mercado en las mejores condiciones, pero que ha tenido que revertirse en parte para dar respuesta al incremento de actividad. Actualmente la empresa realiza en torno a la mitad de la fabricación en sus propias instalaciones. El resto se apoya en una red de proveedores, principalmente en el norte de España, con empresas del País Vasco, Navarra, Asturias, Burgos, León y también de Cantabria.

La práctica totalidad de la producción de Flymca se vende fuera de España, donde se concentran a su vez las grandes inversiones de los fabricantes de cobre, bien para poner en marcha nuevas plantas o bien para ampliar las ya existentes. El mayor de los proyectos acometidos hasta ahora por la empresa cántabra, finalizado ya en lo relativo al trabajo en fábrica, ha sido precisamente para equipar una planta sueca llamada a convertirse en una referencia mundial en fabricación de cable submarino. Geográficamente, Europa es el destino de aproximadamente el 60% de las ventas de Flymca, en tanto que el resto se reparte entre un 35 y un 40% en Estados Unidos, en un reparto que completa Taiwán con el pequeño porcentaje restante. Aun con esa mínima presencia actual, Asia es un mercado al que el director de Flymca concede un significativo recorrido en el futuro, asentado tanto en la presencia actual como en los contactos que ya se mantienen para formalizar contratos en Corea del Sur y Japón.

Una de las piezas que se trabajan en Flymca. Foto: Nacho Cubero.

Con proyectos de presupuestos millonarios y largos plazos de ejecución, la posición en el mercado de proveedores como Flymca se asienta en una combinación de capacidad técnica y confianza, una condición esta última para la que es clave la trayectoria y los trabajos previos. “El cliente tiene que saber que te metes en un proyecto de gran complejidad con capacidad real de cumplirlo”, apunta el director de Flymca, que explica que en el caso de Japón, donde la empresa no ha trabajado con anterioridad, a ello se unen las particularidades culturales y comerciales. La relación, dice, no suele establecerse directamente con el fabricante final, sino a través de grandes compañías de ‘trading’ que actúan como intermediarias: “Los proyectos se maduran durante dos o tres años, con múltiples contactos en ferias internacionales antes de cerrar contrato”.

La mayor diversificación geográfica que aportaría el crecimiento de la actividad en Asia contribuiría a paliar una de las principales incertidumbres del mercado al que atiende Flymca: la compleja situación del comercio internacional provocada por la política arancelaria de Donald Trump. Estados Unidos, admite Carlos Carrillo, es un mercado prioritario para Flymca, no solo por el peso que tiene actualmente en las ventas, sino por la gran necesidad que tiene de renovar sus infraestructuras eléctricas lo que, teniendo en cuenta las dimensiones continentales que tiene el país, implica un enorme potencial de crecimiento en el futuro. Ahí, en la necesidad de dar respuesta a esas necesidades, acaban las certidumbres: las tensiones geopolíticas, los conflictos bélicos, la volatilidad en el precio de materiales y los cambios regulatorios son factores que pueden alterar el ritmo de inversión y que complican enormemente la gestión en el sector en el que opera Flymca, y no solo en lo tocante al mercado norteamericano. “Fijar hoy un precio para un proyecto con entrega en 2028 no es sencillo”, lamenta el director de la empresa cántabra, que considera especialmente compleja la valoración del impacto de unos aranceles que, más allá de su cuantía, se han convertido en un factor completamente imprevisible que puede alterar significativamente la rentabilidad esperada de los proyectos.

Con todo, Flymca tiene hoy carga de trabajo asegurada para este y los dos próximos ejercicios, y la confianza en que la combinación de la electrificación del transporte, la descarbonización industrial y la expansión de renovables prolonguen el ciclo de fuerte demanda de cable más allá de una década. Ante esa perspectiva, la empresa confía en mantener el ritmo de creación de empleo de los últimos años, aunque identifica ahí otro de los elementos que ponen un punto de incertidumbre sobre las previsiones. Flymca genera hoy un volumen de empleo que se sitúa en el entorno de los 140 trabajadores, entre trabajadores directos e indirectos, una cifra que prácticamente dobla a la previa a 2020, con perfiles profesionales –mecánicos ajustadores, mecanizadores, soldadores especializados e ingenieros con experiencia industrial– no especialmente fáciles de encontrar. “Puedes incorporar jóvenes recién salidos de la escuela, pero requieren un proceso largo de aprendizaje. Y los trabajadores con experiencia en nuestro sector prácticamente no existen”, lamenta Carlos Carrillo.